¿A qué edad el bebé debe dejar la cuna?

¿Cuándo debería cambiar a mi hijo de la cuna a la cama?

¿A qué edad el bebé debe dejar la cuna?

Tener un hijo es un huracán de decisiones para las que casi nadie os prepara y que, casi sobre la marcha, habréis de decidir como si de ello dependiera el futuro de toda la humanidad.

La mayoría de ellas están influenciadas por el marketing y la publicidad, pero si os paráis a pensar tan solo un segundo, llegaréis a la conclusión de que no todo es tan necesario como te lo venden y que es probable que no haya una solución perfecta para lo que necesita vuestro hijo, por mucho que la vecina del quinto os diga que a ella eso que también le recomendaron le fue de maravilla.

Como bien sabéis, este no es un blog sobre crianza, es un blog sobre salud infantil, así que muchos estaréis pensando que en qué jardín nos estamos metiendo a la hora de hablar de cunas y de cuándo sacar a los niños a la cama. Y tenéis parte de razón.

Sin embargo, esta pregunta nos la habéis hecho con frecuencia y nos hemos tomado la libertad de escribir esta entrada desde el punto de vista de padres, pero también como pediatras.

Hablaremos de tipos de cunas, de su seguridad, del colecho, de las caídas de la cama…, pero al final, como todo con los hijos, vosotros tendréis que decidir qué hacer con vuestros angelitos cuando os llegue el momento.

Tipos de cuna

Existen miles de cunas diferentes, sobre todo por su tamaño y el uso que se les puede dar. Una ardua investigación (unos tres minutos mirando en Google) nos ha permitido organizarlas en cinco tipos diferentes. Vamos a verlas:

  • Minicuna: normalmente con un tamaño pequeño de unos 80x50cm. Es muy práctica durante los primeros meses de vida ya que cabe en cualquier rincón de la habitación, además se puede trasportar fácilmente de una habitación a otra (a veces tienen hasta ruedas) para que el bebé se eche la siesta en el salón mientras os veis una serie de Netflix. Tienen un problema, suelen quedarse pequeñas pronto y hay que cambiar a una de mayor tamaño al cabo de pocos meses.

Típica “minicuna”. Pequeña y fácil de cambiar de sitio.

  • Moises: algo más pequeña que la minicuna (70x35cm), pero más bonita (para el que le gusten las cestas y los lazos), pero en general poco práctica (se quedan pequeñas muy pronto).

Cuna tipo “moises”. Una cuna bonita para quien viva apegado al pasado.

  • Cuna “normal”: la típica de toda la vida que guardan los abuelos en el pueblo de cuando éramos pequeños y que no habría inconveniente en reutilizarla. Tienen un tamaño de 120×60 cm y barreras a ambos lados. Además, suelen permitir poner el somier a diferentes alturas para que, a medida que el niño crece, no se escape de su “cárcel” de madera. El problema que tienen es que son bastante más grandes que las minicunas y que casi ninguna se puede convertir en cama (quitando las barreras) cuando el niño se hace mayor, pero te pueden valer para muchos meses/años. Algunas permiten bajar un poco uno de los laterales para que sean más accesibles y así no os rompáis los riñones a la hora de coger al niño.

Cuna “normal”. Con sus barrotes para que el niño no se caiga. El colchón/somier se puede poner a diferentes alturas.

  • Maxi-cuna: muy similar a la anterior pero con un tamaño mayor, en general 140x70cm. También permite poner el colchón a diferentes alturas, por lo que se puede usar incluso si el niño es pequeño. Además, se pueden quitar las barreras de los laterales sin que se desmorone y convertirse en una camita pequeña hasta que decidáis comprar una cama de “niño mayor”.

“Maxi-cuna” en sus dos versiones: 1) Tipo cuna pera que el niño no se escape (el colchón/somier se puede poner a diferentes alturas); 2) Tipo cama a ras de suelo para cuando ya es mayor. Aunque no lo parezca es la misma cuna-cama.

  • Las mal llamadas “cunas de colecho”: su nombre más correcto sería “cuna tándem” o “sidecar”, porque o el bebé hace colecho (y duerme en la cama de sus padres) o duerme en la cuna (y por tanto no colecha), pero las dos cosas a la vez no son posibles (a no ser que sea alguno de los progenitores el que se meta en la cuna del niño a compartir el lecho con su bebé). Son cunas adosadas con correas a la cama de los padres para que no se separen con uno de los laterales bajado, lo que permite al bebé pasar de la cuna a la cama con cierta independencia, si es que ya se mueve lo suficiente, y a los padres cogerlo sin tener que levantarse, ideales para que toda la familia pueda descansar. Su tamaño es variable, unos 95×60 cm, entre una minicuna y una cuna convencional. Aunque normalmente se anclan a la cama de los padres, también se pueden usar con independencia por lo que son muy prácticas y duran algo más de tiempo que una minicuna.

Típica cuna “de colecho” adosada a la cama de los padres. Tiene un lateral bajado para poder coger al niño con facilidad, pero también se podría usar como una cuna normal (subiendo el lateral) de tamaño algo mayor a una minicuna.

Y ahora que hemos repasado “todos” los tipos de cunas, os toca a vosotros decidir cual queréis para vuestros hijos. Pensadlo con calma, que cada familia tiene unas necesidades y un nivel adquisitivo diferente. No hace falta que el niño pase por todas estas cunas, ni mucho menos.

Tened en cuenta que los niños crecen y lo que ahora os parece una maravilla, en tres o cuatro meses puede que haya que cambiarlo (y no solo la cuna, sino toda la ropa de cama, …). Al fin y al cabo, lo que necesita un niño es que lo mimen y no tener todas las cunas del catálogo de la tienda de bebés en su casa.

Hasta es una muy buena opción pedirle la cuna a alguna amiga o familiar que haya tenido un bebé hace unos meses y acabe de cambiar de cuna.

Lo que sí es importante es que comprobéis que están homologadas (todas las cunas que se venden suelen estarlo) ya que esto garantiza que la cuna es segura para que vuestro bebé duerma sin riesgo, por ejemplo, de quedarse atrapado entre los barrotes.

A veces tendemos a comprar una cuna que se “ajusta” al tamaño del niño cuando esto no es necesario. No pasa nada por que la cuna le quede “grande”. De hecho, ¿a quién no le gusta dormir en una cama tamaño kingsize?

En nuestra opinión de padres, una buena combinación es una “cuna de colecho” (por que para por las noches es muy practica, por que es más grande que la minicuna y también por que se puede usar de forma independiente) y luego directamente una “maxi-cuna” (ya que te sirve como una cuna cuando todavía el niño es un bebé, pero se puede trasformar en una cama de un tamaño muy digno más adelante). Pero oye, cada uno que tome su decisión.

¿Y qué pasa con el colchón?

Ahora toca ponerse serio y cambiar el chip de padres a pediatras.

Sinceramente, como pediatras nos da bastante igual la cuna que elijáis: haced lo que más ilusión os haga o lo que quede mejor con el color de la habitación donde dormís.

Sin embargo, en cuanto al tema del colchón y qué debe haber en la cuna mientras vuestro hijo duerme, los pediatras sí que tenemos mucho que opinar.

La única recomendación oficial por parte de la Asociación Española de Pediatría y la Academia Americana de Pediatría sobre la superficie sobre la que tiene que dormir un niño es que sea firme y que no se hunda para prevenir la muerte súbita del lactante, además de que el colchón se ajuste bien a la propia estructura de la cuna. Así de simple. Un colchón que no sea lo suficientemente blando como para que se deforme con el peso del niño. Eso es lo único importante.

Materiales para colchón hay muchos (espuma, muelles, latex, viscolástica…) y varían mucho de precio de unos a otros. Desde uno “normalito” hasta el tope gama que anuncian las infleuncers de Instagram a bombo y platillo.

En el fondo, el material que elijáis da bastante igual ya que ninguno ha demostrado científicamente que mejore respecto a los otros la salud de los bebés. Así que de nuevo, comprad el que más os apetezca, siempre y cuando no se hunda.

Sí sería conveniente que tuviera una funda por aquello de que algún día vomiten o se les salga el pis y lo podáis lavar con independencia.

Algunos diréis, “pero es que yo he visto una marca que dice que vende unos colchones que previenen la muerte súbita del lactante y, claro, como no se lo voy a comprar a mi hijo…”.

Desde luego que estos colchones no son “malos”, pero lo importante es que no son mejores que cualquier otro ya que lo que realmente previene la muerte súbita del lactante es que el bebé duerma BOCA ARRIBA sobre una superficie firme, y eso se consigue con cualquier tipo de colchón. Otra vez, mucho marketing detrás de este tipo de cosas…

Así no: bebé durmiendo boca abajo, uno de los factores de riesgo más importantes para el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (Nota: cuando ellos se dan la vuelta solos y se ponen así ya no hay peligro).

Además, también querríamos recordaros que las cunas deben estar despejadas de objetos durante al menos los seis primeros meses de vida (peluches, mantitas de apego y demás).

Y por otro lado, la Asociación Española de Pediatría recomienda que los niños duerman en su propia cuna, en la misma habitación que los padres, al menos hasta los seis meses de vida como parte de la prevención de la muerte súbita.

Vale, vale…, pero entonces, ¿cuándo cambio a mi hijo de la cuna a la cama?

Ya os habréis dado cuenta que es muy probable que durante los primeros años de vida de vuestro hijo tengáis que cambiar de cuna para que no parezca una sardina enlatada a medida que crece.

Y si habéis sido observadores, todas las cunas están diseñadas con unos elementos de seguridad que impiden que los niños se caigan cuando aprenden a sentarse o a ponerse de pie.

Además, muchas permiten ir bajando el somier para que el fondo de la cuna quede más abajo a medida que el niño gana en altura y así impedir que se escape con facilidad.

El quid de la cuestión viene cuando hay que tomar la decisión de cambiar la cuna, esa pequeña cárcel con barrotes de madera que impide que el niño se escape a media noche en busca de una ración extra de galletas de la cocina, por una cama de “niño mayor”. Para daros respuesta tenemos dos opciones: la primera como pediatras y la segunda como intento de psicólogos infantiles:

  • En el momento en el que un niño aprende a salirse solo de la cuna saltando los barrotes es mejor pasarlo a una cama bajita. Siempre será preferible que se levante por la noche y os vaya a buscar a la habitación por que quiere dormir con vosotros a que lo intente una vez saltando de la cuna y se pegue un trastazo en la cabeza que os haga ir a urgencias con un brecha en medio de la frente o algo peor. Para algunos será con año y medio, para otros más tranquilos cerca de los tres…, pero al final lo que más os debe hacer tomar esta decisión es la seguridad de vuestros hijos.
  • Y la segunda opción es porque el niño lo pida. Hay niños pequeños a los que no les gusta la cuna, por que tienen hermanos mayores a los que ven ya en sus camas, por que quieren subirse a jugar solos en ese espacio que ya han hecho suyo, por que no quieren sentirse “encerrados” entre los barrotes… Por diversas razones. En estos casos también es adecuado pasarlos a una cama de su tamaño aunque todavía no sepa escarparse de la cuna. Si os da apuro que se caigan porque son muy movidos por la noche, comprad camitas bajas y poned una barrera.

¿Y los que hacemos colecho?

Faltaría hablar de los niños que no duermen en cuna y duermen en la cama de sus padres (sea el motivo que sea por el que lo haya decidido la familia). Si nos seguís, sabréis que tenemos un post sobre cómo practicar colecho seguro que es al fin y al cabo lo que a nosotros como pediatras nos interesa para vuestros hijos. Que cada familia decida cómo quiere descansar.

Mamá y su bebé practicando colecho

Sin embargo, sí que hay una cosa que nos preocupa del colecho. De vez en cuando aparece por Urgencias algún niño que se ha caído de la cama de sus padres al hacer colecho, y como bien sabréis, la altura a la que están los colchones de los adultos es bastante considerable, con el consecuente posible traumatismo craneal de mayor o menor gravedad.

Hasta que el niño no se voltee por si solo es difícil que se caiga, pero el ser humano es un animal muy confiado… Y llega el día en el que pones a dormir a tu hijo de ocho, nueve o diez meses en la cama, como lo habías hecho todos los días de su vida al iniciar la noche, y te vas a cenar y descansar de la ardua jornada laboral.

Y al rato oyes un golpe y antes de llegar a la habitación ya sabes lo que ha pasado…

En nuestra opinión, si hacéis colecho con niños que pequeños, las camas deben estar a ras de suelo. De nada sirve rodearlos de cojines a modo de barrera.

No lamentemos una caída con una lesión grave cuando se podría haber evitado.

También podrías poner barreras a las camas done hacéis colecho, pero pasa un poco lo mismo que con las cunas, que llega el día en el que aprenden a saltarlas.

¿Y cuándo dejar de hacer colecho? Pues esta es una decisión que también tendréis que tomar vosotros como familia y en la que los pediatras tenemos poco que opinar.

Por ejemplo, en Japón -una sociedad en la que el colecho es un práctica habitual para todas las familias- esperan a que sea el niño el que tome la decisión (hacia el inicio de la primaria coincidiendo con los 6-7 años), pero hay familias que están encantadas y que lo mantienen más tiempo. Aquí que cada uno haga lo que quiera.

Y ya está, no hay que darle más vueltas a lo de las cunas y las camas. Mucho sentido común y seguridad para vuestros hijos.

Bibliografía:

Источник: https://blogs.20minutos.es/dos-pediatras-en-casa/2020/06/15/cuando-cambiar-bebe-cuna-cama/

El sueño y su hijo de 1 a 3 meses

¿A qué edad el bebé debe dejar la cuna?

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Cuando creía que dormir por la noche era un sueño inalcanzable, su bebé empezará a dormir durante períodos más largos por la noche. El ciclo de sueño de su bebé se está empezando a parecer al suyo, y es posible que su pequeño se alimente menos a menudo por la noche.

Pero no dé por sentado todavía que usted podrá dormir a pierna suelta. En esta etapa, «dormir toda la noche de un tirón» se considera dormir solo cinco o seis horas seguidas.

¿Durante cuánto tiempo dormirá mi bebé?

Puesto que los bebés de esta edad están más despiertos, más alerta y más atentos a lo que los rodea durante las horas de luz, es más probable que estén más cansados por la noche y se duerman. Pero sigue habiendo una gran variabilidad dentro de lo que se considera normal.

Según la Fundación Nacional del Sueño de EE.UU. (NSF, por sus siglas en inglés), los bebés de hasta 3 meses de edad deben dormir de 14 a 17 horas cada período de 24 horas. Muchos ya habrán establecido una rutina de sueño diaria de dos o tres siestas al día, seguidas de un «dormir toda la noche de un tirón» después de la última toma.

¿Cómo deben dormir los bebés?

La Academia Americana de Pediatría (AAP) recomienda compartir la habitación con el bebé sin compartir la cama con él durante, por lo menos, sus primeros seis meses de vida o, idealmente, hasta su primer cumpleaños. Esta es la etapa en que el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) es más alto.

Compartir la habitación con el bebé consiste en acostar al bebé en una cuna, cunita portátil o moisés dentro de la habitación de sus padres, en vez de dejarlo dormir en una habitación independiente. Esto permite tener al bebé cerca por la noche y facilita las tomas, así como la posibilidad de consolarlo y de supervisarlo por la noche.

Aunque compartir la habitación con el bebé es seguro, poner al bebé a dormir en la cama junto a usted no lo es. Compartir la cama con un bebé aumenta el riesgo de SMSL y de otras muertes relacionadas con la conducta de dormir.

Siga las siguientes recomendaciones para que el ambiente de su pequeño para dormir sea seguro:

  • Coloque siempre a su bebé boca arriba (sobre la espalda) para dormir, no lo coloque nunca boca abajo (sobre el abdomen) ni de costado. El índice de SMSL se ha reducido mucho desde que la AAP introdujo esta recomendación en 1992.
  • Utilice una superficie firme y estable como colchón. Cubra el colchón con una sábana que quede bien ajustada. Asegúrese de que la cuna o el moisés cumpla con las normas de seguridad vigentes en la actualidad.
  • No coloque nada más en la cuna o el moisés. Guarde los juguetes de peluche, las almohadas, las mantas, las cubiertas, edredones, o colchas, las sábanas que no ajusten bien y los protectores de cuna apartados del área donde duerma el bebé.
  • Evite el sobrecalentamiento. Vista a su bebé según la temperatura de la habitación, sin abrigarlo más de lo necesario. Fíjese en los signos del sobrecalentamiento, como el sudor o estar muy caliente al tacto.
  • Mantenga a su bebé alejado del humo del tabaco. Ser fumador pasivo aumenta el riesgo de SMSL.
  • Ponga a dormir a su bebé llevando puesto el chupete. Pero, si su hijo rechaza el chupete, no lo fuerce a dormir con él. Si suelta el chupete mientras está dormido, no se lo vuelva a poner. Si amamanta a su bebé, espere a ofrecerle un chupete hasta que la lactancia esté firmemente establecida.
  • Esté atento a otros peligros. Evite artículos con cordones, cordeles o cintas que se puedan enrollar alrededor del cuello del bebé, así como objetos de cualquier tipo con esquinas o bordes afilados. Fíjese bien en los objetos que su bebé podría tocar mientras está sentado o de pie sobre la cuna. Los móviles colgados sobre la cuna, los adornos que cuelgan de la pared, como los cuadros y los tapices, y los cordeles de las persianas pueden ser peligrosos si se encuentran al alcance del bebé.

Cómo ayudar a su bebé a dormir

Si aún no lo ha hecho, inicie una rutina para acostar a su bebé por la noche, que a su pequeño le acabará resultando familiar y relajante. Bañarlo, leerle y cantarle puede tranquilizar a un bebé y señalarle el final del día.

A algunos bebés les gusta que los envuelvan en una sábana o mantita ligera, algo que se puede hacer hasta que empiezan a girar sobre sí mismos, o darse la vuelta desde la posición de estar acostado.

Si siempre hace esto su bebé pronto asociará estos pasos a la conducta de dormir.

Si mece a su bebé para que se duerma antes de ponerlo en la cuna, es posible que él espere que lo meza para poder conciliar el sueño cada vez que se despierte por la noche. En lugar de hacer eso, intente dejar al bebé en la cuna o el moisés mientras está somnoliento pero aún despierto. De este modo, su bebé aprenderá a quedarse dormido solo.

Algunos bebés se retuercen, gimotean y hasta lloran un poco antes de volverse a quedar dormidos por sí solos. A menos de que crea que su bebé tiene hambre o está enfermo, intente ver qué ocurre si lo deja solo durante unos pocos minutos; es posible que sea capaz de tranquilizarse solo.

Si su bebé se despierta durante el período en que usted quiere que duerma, mantenga la actividad al mínimo. Intente mantener las luces en penumbra y resístase al deseo de hablar o jugar con él. Cambie o alimente a su bebé y vuélvalo a dejar en su cuna o moisés.

Si su bebé se está despertando temprano por la mañana para comer, unos pequeños cambios podrían permitirle modificar ligeramente su horario. Puede intentar despertar a su bebé para su última toma a una hora que se adapte al ritmo de sueño que tiene usted:

  • Por ejemplo, si su bebé suele dormir desde la toma de las 7 de la tarde y se suele despertar sobre las 2 de la madrugada, pruebe a despertar y alimentar a su bebé a las 11 de la noche. Luego, acueste al bebé para que duerma hasta la primera toma de la mañana, sobre las 5 o las 6 de la madrugada.

Tal vez tarde unas cuantas noches en establecer esta nueva rutina pero, si la aplica de manera constante mejorará sus probabilidades de éxito.

¿Cuándo debería llamar al médico?

Algunos bebs de esta edad ya empiezan a dormir de un tirón por la noche, pero sigue habiendo una gran variabilidad dentro de lo que se considera normal. Si hay algo que le preocupa sobre el sueño de su bebé, hable con su médico.

Revisado por: Elana Pearl Ben-Joseph, MD

Fecha de revisión: junio de 2019

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/sleep13m-esp.html

¿Cuál es la edad adecuada para pasar de la cuna a la cama?

¿A qué edad el bebé debe dejar la cuna?

Una de las cuestiones que más dudas generan entre los papás es cuál es la edad adecuada para que el pequeño pase de la cuna a su cama.

Muchas veces se deja al azar, y se acaba haciendo cuando se ven en la obligación o cuando creen que lleva mucho tiempo durmiendo en la cuna.

Algunos están en la cama cuando apenas tienen un año, mientras que a otros se les pone en ella cuando no pueden moverse.

Bebés y hermanos mayores

En ocasiones, la cuna se necesita para un nuevo bebé, y se acelera el momento en que su hermanito mayor dormirá en la cama. Y cuando son los pequeños los que ven a sus hermanos durmiendo en un colchón más grande, querrán hacer lo mismo cuanto antes porque las ganas de imitarlos son muy fuertes.

En cualquier caso, es importante destacar que el paso de la cuna a la cama es bastante serio. Hacerlo a una edad inadecuada puede ser un tanto traumático, por lo que se tiene que valorar con cuidado.

No obstante podemos decir que hay un momento justo para dar ese paso, marcado por el propio desarrollo del pequeño.

Un cambio importante

Siempre habrá niños que quieran acelerar el proceso y dormir en una cama grande antes de tiempo. También los hay que a pesar de sentirse a gusto cuando están en la cama de sus padres, no quieren ni ver que van a dormir en su propia cama.

En realidad es una reacción bastante normal, sobre todo porque ha sido en su cuna donde se acostumbró a dormir durante toda la noche. Siente que las paredes le protegen y está más seguro. Se puede decir que ha sido donde se han ido ajustando sus ciclos vitales.

Así que no es buena idea arrancarle de la cuna y ponerle en la cama rápidamente si notamos que se resiste a hacerlo.

En parte por su propio desarrollo ya también para que los adultos puedan descansar bien, porque pasar de nuevo toda la noche intentando que deje de llorar es algo que no aguanta nadie.

– Animando a que dé el paso

Para que sea la criatura quien se sienta impulsada a cambiar, es bueno hacer que forme parte de la decisión. Por ejemplo, se puede dejar que elija detalles que tengan que ver con la compra de la ropa de cama, como los colores, estampados, etc.

También es positivo que ayude a desmontar la cuna, recogerla y guardarla, que lleve alguna cosa y la coloque. Y cosas por el estilo.

– Cuando hace falta que se adapte

No todos los niños podrán pasar directamente a la cama. A veces hace falta un. Tiempo para que se adapten, por ejemplo pasando la noche en la cuna, pero haciendo la siesta en la cama. O llevándole a la cama cuando se duerma para que despierte en ella. Así ganará confianza y acabará yéndose directamente a la cama por la noche algunas veces.

También es bueno hablar y explicar por qué tiene que ir dejando la cuna, siempre teniendo en cuenta que estamos tratando con una persona de corta edad, y habrá que hablarle como tal.

Además, deberás llevar todo lo que utiliza para conciliar el sueño, como su juguete, manta o peluche favorito.

Esas cosas que parecen sin importancia, pero que en realidad generan confianza cuando llega la noche.

Eligiendo la cama adecuada para niños

Tal vez creas que es suficiente con poner una cama de adultos en la habitación y dejar que el niño empiece a dormir en ella. Sin embargo, puede que termine durmiendo a lo ancho, pegado a la almohada porque el colchón le queda muy grande.

Si aún no tienes una cama y quieres elegir la adecuada, hay una serie de factores importantes que debes tener en cuenta. No hay una cama perfecta para todos, ya que cada niño es diferente y por tanto su descanso también lo es. En cualquier caso, lo primero que debes garantizar es la seguridad.

– La forma

No nos referimos a si la cama debe ser rectangular o no, porque es evidente que lo será. Hablamos de evitar que la cama tenga elementos que pudieran causar daños, como esquinas acabadas en pico o bordes muy duros. Estudia bien este aspecto porque no solo cuando duerma, sino cuando juegue o esté en su habitación será importante que no haya riesgos.

– Barandilla

Durante los primeros años en los que esté en la cama, debe haber por lo menos una barandilla lateral. De este modo evitarás que haya peligro de caerse cuando se mueva durante la noche. En caso de que la cama esté colocada en medio de la habitación coloca una a cada lado, evidentemente.

Ten en cuenta que al dormir se moverá mucho, y su cuerpo todavía no cuenta con la capacidad de reaccionar a tiempo si llega al borde del colchón.

– Cabecero

Lo mejor es elegir un cabecero sencillo, que no tenga elementos peligrosos. Por ejemplo los barrotes no son buena idea en esta parte de la cama porque puede haber peligro. Escoge un cabecero acolchado o incluso pon la cama sin él, bien pegada a la pared para que no queden huecos. Lo que nos lleva al siguiente punto.

– Que no haya ningún hueco

Es sumamente importante que el colchón y la cama encajen perfectamente y no haya huecos entre ellos, por los que se pueda meter el pie o la mano. Muchas lesiones se pueden evitar con algo tan sencillo como esto.

– Altura

Otro detalle importante, sobre todo por si hubiera alguna caída a pesar de todas las medidas para evitarlo. Cuando la cama es muy alta, puede hacerse mucho daño. También si está andando por la habitación y se da con ella.

Otra razón por la que es bueno buscar una cama que no sea muy alta es que pueda acostumbrarse a subir por su propio pie. Ganará confianza y se sentirá más independiente que si durante mucho tiempo lo tienes que subir tú.

– Calidad y precio

Aunque el precio de la nueva cama es un factor secundario, está claro que también se tiene que valorar cuando se mira una compra. Ten en cuenta que ni lo más caro es siempre mejor, ni hay que buscar siempre lo más barato. Antes de ver el precio fíjate en la calidad del producto.

Un detalle que puede ser de ayuda es mirar las mejores marcas en descanso, que destacan precisamente por llevar mucho tiempo desarrollando artículos resistentes, duraderos y con buenos materiales.

Ten en cuenta que una cama es una inversión a medio o largo plazo. Por tanto necesitas algo que dure el mayor tiempo posible. Elige la relación calidad – precio que mejor se adapte a tus necesidades y tu bolsillo.

Unos buenos hábitos de sueño

Un detalle final es que es importante hacer el paso de la cuna a la cama cuando se hayan adquirido unas pautas de sueño. Sobre todo para que los papás no tengan que ir de un lado a otro de la casa para atenderlo. Ni tampoco para que el niño se vaya de su habitación a la de sus padres.

Por eso, aún cuando ya duerma en la cama se deben mantener las mismas costumbres antes de dormir. Como tomar un baño, cenar e ir a la cama, tener su muñeco a mano y hasta usar al principio la misma ropa de cuna para que no haya demasiadas variaciones.

Источник: https://noumesos.es/blog/cuando-pasar-cuna-cama/

Por qué los niños no deben dormir en la misma habitación que los padres

¿A qué edad el bebé debe dejar la cuna?

Una de las dudas más habituales entre los padres primerizos es en qué momento deben buscarle una habitación a sus hijos para que duerman solos.

No nos referimos al polémico colecho, es decir, a que los bebés duermen en la misma cama que los adultos y que, como puso de manifiesto un estudio publicado en el 'British Medical Journal' en 2013, tienen hasta cinco veces más posibilidades de sufrir una muerte súbita, muchas veces por asfixia, sino a separarnos de ellos durante la noche.

Una nueva investigación publicada en la revista 'Pediatrics', una de las referencias académicas en el mundo de la infancia, puede cambiar por completo todo lo que pensábamos hasta el momento.

Según la mayor parte de guías, como la de la American Academy of Pediatrics, los niños deben dormir en la misma habitación que los padres, cerca de su cama –pero en una superficie diferente–, “idealmente hasta el primer año, pero por lo menos durante los primeros seis meses”.

Deben encontrarse en “posición supina (es decir, completamente de espaldas) hasta que cumplan el primer año”.

A la edad de un año, los niños que pernoctaban en su propia habitación dormían de media 40 minutos más que los que aún lo hacían en el cuarto paterno

El estudio advierte que los niños que duermen en la misma habitación que los padres descansan mucho peor que los que lo hacen en una habitación separada, y ello tiene consecuencias negativas tanto para los pequeños como para los padres.

Según las conclusiones del estudio, “compartir la habitación con los niños de edades entre los cuatro y los nueve meses está ligado a un menor tiempo de sueño durante la noche, menos ratos de sueño y prácticas de sueño poco saludables asociadas con el SMSL (síndrome de muerte súbita del lactante)”.

Aunque a los cuatro meses el tiempo de descanso de unos y otros es similar, la distancia se ensancha a medida que pasa el tiempo, han comprobado los autores después de revisar los patrones de sueño de 279 familias.

A esa edad, los niños que habían aprendido a reposar solos en su propia habitación dormían de media 40 minutos más que los que aún pernoctaban en el cuarto de sus padres y 24 que aprendieron más tarde a descansar lejos de sus padres.

Una sustancial diferencia que puede determinar la salud de toda la familia.

Como ha señalado el autor principal del estudio, el doctor Ian M.

Paul de la Escuela de Medicina de la Universidad de Penn, “los bebés tienen breves episodios en los que se despiertan por las noches, y sospecho que si los padres están en la misma habitación tienen más posibilidades de responderles que dejar que vuelvan a dormirse por sí mismos”. De esa manera, los pequeños se acostumbran a la rápida reacción de sus progenitores, por lo que no llegan a aprender a reposar por su cuenta.

Un equilibrio difícil de encontrar

No se trata solamente de la duración del sueño, sino también, de las interrupciones nocturnas.

De media, los niños que se habían acostumbrado pronto a dormir lejos de sus padres eran capaces de mantenerse dormidos 100 minutos más de media que los que compartían habitación, y 45 más que los que habían tardado más tiempo.

Cuando los niños habían cumplido 30 meses, aquellos que descansaban solos a los nueve meses dormían cada noche 45 minutos más que los que no lo habían hecho.

Las parejas que comparten la habitación con el niño muestran unos resultados relacionados con el sueño más pobres

Si el niño duerme menos horas de las que debería o lo hace mal –la National Sleep Foundation recomienda de 14 a 17 horas hasta los tres meses y de 12 a 15 hasta los 11–, las consecuencias pueden perjudicar tanto a los niños como a los padres. Los primeros porque un descanso poco reparador multiplica las posibilidades de que sufran sobrepeso y problemas de sueño a una edad más avanzada; los padres, por razones obvias relacionadas con la calidad de su descanso.

Estos resultados plantean, lógicamente, una pregunta: ¿qué es preferible, dejar que los niños duerman con los padres por su seguridad, aunque ello empeore la calidad de su sueño, o enseñarles desde el principio a ser independientes? Precisamente, el año pasado la American Adamy of Pediatrics publicó una actualización de sus recomendaciones para 2016 para intentar reducir el número de muertes anuales causadas por el síndrome de muerte súbita del lactante, alrededor de 3.500 en Estados Unidos.

El documento señalaba que “hay pistas de que dormir en la habitación de los padres, pero en una superficie diferente, reduce el riesgo de SMSL en un 50%”, para lo cual se apoyaba en antiguas investigaciones como la editada en el 'British Medical Journal' o 'The Lancet'.

“La cuna del niño, el transportín o el parque deben situarse en el dormitorio de los padres hasta el primer cumpleaños del niño”, señalaba el documento.

“Aunque no hay evidencias específicas para trasladar a un niño fuera de su habitación antes de esa edad, los primeros seis meses son particularmente críticos, porque los niveles de SMSL, y otras muertes relacionadas con el sueño, especialmente aquellas que se producen en situaciones de colecho, son más altas”.

Guerra de niños

Según las recomendaciones de dicha organización, se debe colocar la cuna cerca de la cama de los padres, de forma que se encuentre siempre a su vista, y sea de fácil acceso para facilitar “la alimentación, el consuelo y la monitorización del niño”. Los responsables de la nueva investigación no están tan de acuerdo, especialmente en lo que se refiere al tiempo que debe pasar el niño junto a sus padres, y que hace justicia a lo de “pan para hoy y hambre para mañana”.

Descansar en la misma habitación se asociaba con una transición de un día para otro a compartir la cama, algo desaconsejado

“Nuestros hallazgos muestran unos resultados relacionados con el sueño más pobres y unas prácticas de sueño menos saludables entre las parejas que comparten la habitación más allá de la primera infancia y sugiere que la AAP debería reconsiderar y revisar sus recomendaciones en lo que concierne a compartir habitación hasta el primer año”, ha declarado el doctor Paul a 'MedPage Today'.

El investigador propone revisar de nuevo las guías de la AAP, pero también, la manera en que muchos padres implantan estas recomendaciones.

“Quizá el descubrimiento más impactante era que descansar en la misma habitación se asociaba con una transición de un día para otro a compartir la cama, algo que está totalmente desaconsejado por la AAP”, explicaba Paul.

La diferencia de criterio entre unos y otros es, ante todo, una muestra de que en la crianza hay pocos acuerdos unánimes y muchas dudas.

Si hace unos años el doctor Eduard Estivill se enfrentó con su 'Duérmete, niño' al pediatra Carlos González respecto a si había que dejar llorar o no a los niños, dividiendo a los padres en dos escuelas distintas, pronto este tema puede dar lugar a nuevas (y enconadas) discusiones.

Источник: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-06-09/ninos-dormir-habitacion-padres_1394335/

Embarazo saludable
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