Agresividad infantil

La agresividad infantil: comprendiéndola y solucionándola

Agresividad infantil

El comportamiento agresivo hacia otros niños de la misma edad es una queja habitual entre los padres y maestros, ya que se trata de una conducta relativamente frecuente.

Especialmente cuando son muy pequeños, los niños usan las conductas agresivas para fines instrumentales (por ejemplo, conflictos para obtener un juguete), y es frecuente que con ellas finalmente alcancen sus objetivos, por lo que la agresividad se perpetúa como una forma sencilla, rápida y directa de obtener sus metas.

Sin embargo, a pesar de su –en cierto modo- normalidad, el problema de la agresividad infantil es uno de los que más agotan a padres y maestros junto con la desobediencia (Ver artículo: “11 consejos para lograr que tu hijo te haga caso”).

No es fácil saber cómo actuar ante un caso de agresividad, manipulación o rebeldía infantil.

¿Cuándo la agresividad empieza a ser preocupante?

Como hemos comentado, la agresividad instrumental es bastante frecuente entre los niños pequeños, y también relativamente normal.

A medida que los niños se desarrollan en edad y en madurez, el objetivo es que aprendan a adoptar medios más adaptativos para conseguir sus objetivos, como compartir y negociar.

El comportamiento agresivo comienza a ser preocupante cuando el niño se mantiene en él (o incluso lo aumenta) con el paso del tiempo, en lugar de aprender otras estrategias y alternativas de conducta.

El comportamiento agresivo tiene tendencia a persistir a lo largo del tiempo cuando se suma a otros problemas conductuales que no son correctamente abordados por padres y/o profesionales (como problemas de hiperactividad, falta de control de impulsos, trastornos de aprendizaje, trastornos del lenguaje, problemas emocionales…), o bien cuando ocurren en el contexto de una situación familiar alterada o disfuncional.

Por otra parte, la conducta agresiva problemática se diferencia de la normativa cuando se origina con una fuerte hostilidad y una intención manifiesta de dañar al prójimo por el simple placer de hacerlo.

Un comportamiento excesivamente agresivo no tratado en la infancia puede derivar en fracaso escolar y en conductas antisociales en la adolescencia.

También la agresividad extendida en el tiempo puede ocasionar dificultades para socializarse y adaptarse al contexto, por lo que puede dar lugar a niños o adolescentes poco integrados en su ambiente social y escolar.

¿Por qué los pequeños usan la agresividad?

Éstas son algunas de las causas que, combinadas entre sí, dan lugar al comportamiento agresivo de un niño.

Atender a ellas puede ayudarte a comprender por qué tu hijo se comporta de esa manera, para poder incidir directamente en el origen del problema.

– Algunos factores biológicos influyen en el comportamiento agresivo, como el funcionamiento hormonal, ciertos problemas neurológicos, mala nutrición, problemas de salud…

– No tiene las suficientes habilidades lingüísticas para expresar con palabras lo que desea. En este caso, la agresividad se convierte en una herramienta útil para obtener sus fines. Es por eso que la agresividad es frecuente en niños con problemas del lenguaje (principalmente problemas de expresión, más que de comprensión).

Baja tolerancia a la frustración y/o déficit en la capacidad de controlar sus impulsos. Éstas son características normales a cierta edad, como es el caso de los niños preescolares.

– Falta de habilidades sociales.

Las deficientes estrategias para contactar con iguales dan lugar al aislamiento, por lo que aislamiento y agresividad se convierten en un círculo vicioso que se va retroalimentando: a más aislamiento más agresividad, y a más agresividad más aislamiento, ya que los niños agresivos suelen ser menos aceptados entre sus compañeros debido a sus conductas hostiles.

– La agresividad se ve premiada o reforzada positivamente (consigue sus objetivos, obtiene atención de sus padres, consuelo de sus maestros…) y, por tanto, se mantiene.

– En el hogar, el niño ve ejemplos de agresividad física y/o verbal, o bien ésta se permite. Es totalmente incongruente pedir a los hijos que no sean agresivos si se están utilizando modelos de crianza agresivos, como pueden ser los gritos, castigos físicos o amenazas contra el niño (Ver artículo “Por qué no gritar a tus hijos I”, y “Por qué no gritar a tus hijos II”).

Un estilo parental autoritario (conductas hostiles y coercitivas que desaprueban constantemente al niño) o excesivamente laxo (pocas normas y nula organización en el hogar) pueden dar lugar a un comportamiento agresivo en el hijo.

– Relación de pareja deteriorada entre sus padres, conflictos de pareja crónicos, tensión familiar, discusiones, agresividad explícita e implícita entre los padres.

– Conducta agresiva como alarma de un problema de fondo del niño. Cuando alguna situación le está preocupando o afectando, la agresividad puede funcionar como un “tubo de escape”, una forma de llamar la atención diciendo “aquí estoy, y me pasa algo”, ya que de otra manera no obtiene la atención de sus padres (los niños prefieren la atención negativa que la no atención).

Algunos ejemplos son el nacimiento de un hermanito, un cambio de colegio o de vivienda, estar viviendo una situación de acoso escolar, separación de los padres…

– El ambiente social y las normas culturales de la comunidad en la que el niño se cría también influyen en su comportamiento agresivo, ya que algunas comunidades son más permisivas con la agresión que otras, o bien está muy arraigado el estereotipo de agresividad como forma de masculinidad.

¿Qué hacer? Algunos consejos para padres y maestros

El comportamiento agresivo es una conducta aprendida, y, como tal, puede modificarse.

Así, el objetivo es doble: desaprender la conducta inadecuada y adquirir la conducta adaptativa. Son cambios complicados que no van a darse de un día para el otro, sino que requieren de paciencia y perseverancia.

En algunos casos, la planificación y la ayuda de un profesional serán imprescindibles. Desde casa y desde el colegio se puede apoyar el trabajo profesional de la siguiente manera:

– Detecta en qué situaciones el niño se comporta de forma agresiva: por qué lo hace (qué le provoca la conducta), cómo interpreta la situación, qué consecuencias positivas y negativas obtiene de esa conducta.

– Actúa de forma rápida y congruente siempre que el niño se ponga agresivo. No esperes ni des varias oportunidades de rectificar. Si le llamas la atención varias veces por agresividad de forma poco consistente, el niño no interpreta que su conducta tiene una consecuencia lógica que le sigue.

La idea es que asocie su comportamiento a la consecuencia: comprender que ha hecho algo malo, que esa conducta no está permitida, y que tiene una consecuencia (por ejemplo, apartarse de la situación conflictiva y quedarse solo durante unos minutos).

Es importante que las consecuencias que obtenga sean lógicas y ajustadas a la intensidad de su comportamiento. Un castigo desproporcionado o incoherente hará más mal que bien.

– Mantén la calma, a pesar del enfado. Intenta no gritarle ni pegarle, pues empeorarás su comportamiento agresivo en lugar de frenarlo. Darle ejemplo con tu propio autocontrol es una forma de enseñarle a controlar su temperamento.

– Sé constante en tu forma de marcar la disciplina. Responde a cada episodio de agresividad de la misma forma que lo hiciste la última vez.

Al responder de forma predecible (“Has pegado otra vez a tu hermano, ahora te tienes que quedar solo en tu cuarto otra vez durante cinco minutos”) enfatizas un patrón que el niño aprenderá a reconocer y esperar, lo cual fortalecerá el aprendizaje.

– Enséñale alternativas. Cuando el niño esté más calmado, habla tranquilamente con él sobre lo que ha ocurrido. Pídele que te cuente lo que pasó, sus razones para haberse comportado así, qué pensó, cómo se sintió…

Explícale que es natural enfadarse, pero que hay formas de demostrar el enfado que son inadmisibles, mientras que otras sí que están permitidas, porque no hacen daño a otros ni a uno mismo.

Descubre con él cuáles son esas formas alternativas de enfadarse que no hacen daño (tiempo fuera, correr, dibujar, contar hasta diez, avisar a un adulto, apretar un cojín…) y anímale a ponerlas en práctica la próxima vez.

– Prémiale cuando se comporte adecuadamente, en lugar de darle tu atención solamente cuando se porta mal. Una forma de recompensarle es con palabras tiernas, caricias, besos, abrazos y elogios asociándolos a su buena conducta (“¡Qué bien te has comportado con tu compañero pidiéndole ese juguete! Me gusta que lo hagas así”).

¿Qué áreas trabajará el psicólogo infantil?

Si sientes que no puedes dominar la situación, busca ayuda de un profesional especializado en psicología infantil.

En consulta con el niño, se perseguirán una serie de objetivos a trabajar con él:

– Detectar y comprender el comportamiento del niño en su globalidad, incluyendo otros problemas (bien paralelos a la agresividad o bien causantes y/o consecuentes).

– Trabajar su asertividad (la forma adecuada de comunicarse con los demás, sin caer en la agresividad ni en la pasividad).

– Fomentar su empatía.

– Aprender a reconocer sus emociones y expresarlas.

– Tolerar mejor la frustración.

– Incluir en su repertorio comportamental ciertas conductas alternativas a la agresividad.

– Reflexionar y trabajar con valores.

– Aprender técnicas para gestionar la rabia o el enfado.

– Desarrollar sus habilidades sociales.

– Aprender técnicas para regular y manejar mejor el estrés (por ejemplo, técnicas de relajación).

El pronóstico de la agresividad

La agresividad infantil no tiene por qué tener implicaciones de cara al futuro, especialmente si el niño es muy pequeño.

Pero la cólera y la agresividad pueden llegar a causar problemas sociales más graves si el niño no aprende otras estrategias de comunicación con su entorno y no adquiere flexibilidad en la adopción de perspectivas.

Por eso, es importante detectar a tiempo la conducta agresiva y trabajar desde su inicio para rectificarla.

¡Compártelo si te ha gustado!

Источник: http://www.elportaldelhombre.com/con-hijos/item/977-la-agresividad-infantil-comprendiendola-y-solucionandola

Causas de conducta agresiva en los niños y estrategias para controlarla

Agresividad infantil

Compartir en TuitearWhatsapp

Cada vez son más los padres que acuden a las consultas de Psicología en la búsqueda de una solución para las conductas agresivas de sus hijos. Las quejas más frecuentes se refieren a un comportamiento rebelde y manipulador.

Sin embargo, se trata de un problema al que hay que ponerle coto cuanto antes ya que lo que comienza con una agresividad ante situaciones puntuales, puede convertirse en un trastorno negativista desafiante.

De hecho, se trata de una alteración muy común, según los datos de la Sociedad de Pediatría, en España el 15% de los niños menores de 16 años la padece.

Sin embargo, se debe puntualizar que la conducta agresiva en los niños no comienza de manera repentina sino que obedece a causas específicas, algunas son de carácter interno, otras se deben a la influencia del medio.

Causas externas

John B.

Watson, uno de los padres de la Psicología conductista, afirmaba: “Dadme una docena de niños sanos para que los eduque, y me comprometo a elegir uno de ellos al azar y adiestrarlo para que se convierta en un especialista de cualquier tipo – médico, abogado, artista, hombre de negocios e incluso mendigo o ladrón”. Por supuesto, se trata de una afirmación exagerada pero hoy conocemos que los factores externos desempeñan un rol importante en el desarrollo de la personalidad del niño y, por supuesto, pueden incidir en la agresividad.

  • Disciplina familiar. La familia es el primer y más importante grupo social en el que el niño se inserta y en el cual aprende las normas básicas de convivencia. Por tanto, la disciplina que apliquen los padres, juega un papel importante en la expresión de la agresividad. De hecho, se conoce que una educación poco exigente o, por el contrario, demasiado rígida u hostil, fomentan el comportamiento agresivo en el niño.
  • Modelos de conducta. Otro factor importantísimo que incide en la expresión de la agresividad son los patrones de conducta que el niño recibe, sobre todo de sus padres. Es lo que se conoce como modelación y se refiere al proceso de imitación de las conductas que el pequeño ve en su entorno. De esta manera, si los padres o demás referentes sociales mantienen una conducta hostil o agresiva, el niño comprenderá que este modelo es adecuado y repetirá esos mismos patrones de respuesta negativos.
  • Incongruencia educativa. Otro elemento que influye en la agresividad es la incongruencia educativa. Esa incongruencia se manifiesta cuando los padres desaprueban la actitud hostil pero la castigan con otra conducta hostil o amenazante, o cuando una misma conducta agresiva a veces es castigada y otras veces ignorada. Asimismo, el desacuerdo entre los padres en lo que respecta a las normas educativas, es otra forma de incongruencia que puede promover la agresividad infantil.

Causas internas

La agresividad no solo está provocada por factores externos, también existen causas internas, esa es la razón por la cual algunos niños, aunque crezcan en entornos hostiles o en familias desestructuradas, no siempre responden con violencia.

  • Factores orgánicos. No son pocos los casos de agresividad infantil que sientan sus bases en problemas de índole orgánica, como las alteraciones hormonales o incluso deficiencias nutricionales. También pueden estar implicados factores más complejos, como las alteraciones en algunos de los mecanismos cerebrales, sobre todo en los lóbulos frontales, que son los que regulan el comportamiento. Además, en las personas con tendencia a la agresividad, se han encontrado niveles anormalmente bajos de serotonina, un neurotransmisor implicado en el manejo de las emociones.
  • Déficit de habilidades sociales. Las habilidades sociales son las que nos permiten insertarnos en la vida social desde una postura tolerante, flexible y abierta. Sin embargo, todos los niños no son capaces de desarrollar estas habilidades, lo cual puede desencadenar una tendencia a responder de manera agresiva. De hecho, se ha apreciado que la ausencia de estrategias sociales para enfrentar la frustración o el estrés a menudo es una causa de agresión y hostilidad.

5 estrategias para controlar la agresividad infantil

  1. Fomenta el diálogo emocional. Hazle notar sus emociones, ponles un nombre y pídele que te hable sobre cómo se siente. Identificar las emociones y hablar sobre sus sentimientos fomenta la autorregulación emocional.
  2. Enfatiza las consecuencias.

    Hazle comprender que sus conductas tienen consecuencias negativas en las otras personas y que puede lastimarlas, no solo a nivel físico sino también psicológico.

  3. Refuerza las relaciones de amor. No respondas con agresividad e impulsividad, promueve relaciones donde prime el amor, la comprensión y la serenidad.

    Recuerda que los padres son el principal modelo a seguir por parte del niño.

  4. Potencia la reflexión. Ayúdale a encontrar otras respuestas ante los conflictos, enséñale soluciones de afrontamiento más asertivas para relacionarse con los demás.
  5. Mantén un estilo educativo firme.

    Es importante evitar el autoritarismo, así como la permisividad extrema. Tu hijo debe saber que existen normas y se deben cumplir pero que, a la vez, en algunas áreas hay espacio para el diálogo y la flexibilidad.

Источник: https://www.etapainfantil.com/agresividad-infantil

Agresividad infantil: qué significa y cómo se controla

Agresividad infantil

¿Quien no ha sido testigo del pataleo, grito, insulto o empujón de un niño hacia alguien o algo? Antes o después, todos tenemos experiencias más o menos cercanas de agresividad infantil, y  cuanto menos es una situación que no resulta indiferente. Puede generar diferentes puntos de vista, respecto al origen y al cómo gestionar el momento, incluso si cabe la opción de recurrir a un psicólogo infantil.

Pero, ¿por qué ocurren esas conductas agresivas en los niños?

Esas reacciones tan frecuentes como incómodas, son lógicas y normales en ciertas edades.

Aparecen alrededor de los 2 años, debido a la inmadurez de la corteza prefrontal que es la encargada de regular las emociones, haciendo que el niño exprese su malestar a través de conductas agresivas.

La manifestación de la agresividad infantil alcanza el punto álgido entre los 3-4 años, y en muchos casos se extienden hasta los 6-7, siendo a partir de entonces cuando conviene prestarles cuidadosa atención.

Como hemos comentado, su aparición se debe al principio a la inmadurez de la zona encargada de la regulación emocional, llevando al pequeño a tener que manifestar su incomodidad, frustración, miedo o ira a través de conductas agresivas, pero a medida que el niño va creciendo debe ir aprendiendo a gestionar las emociones de una manera más adaptativa. Es decir, la educación debe lograr que al crecer dejen de manifestarse las conductas de cólera.

La agresividad infantil manifiesta diferentes alteraciones del ámbito familiar,  social y/o personal. Dentro de la familia de un niño que manifiesta agresividad, podemos encontrar alguno de estos factores de riesgo:

  • Estilo educativo inadecuado, combinando control paterno en una de sus dos versiones extremas, es decir extremadamente exigente  o demasiado relajado, con una escasa empatía y manifestación de los afectos, que los estudios demuestran que fomenta la agresividad infantil, además de otros rasgos desadaptativos.
  • Incongruencia de los valores familiares, cuando por ejemplo, se desaprueba la agresividad, pero se hace uso de ella en diferentes modalidades, incluso equiparándola con poder o cualidad preciada.
  • Autoridad inconsistente, donde los padres unas veces castiguen a su hijo  por mostrar conductas agresivas y otras veces las ignoren, o incluso la aplaudan.
  • Dificultades no resueltas entre los padres , haciendo que se traspasen al ámbito de la autoridad, generando incompatibilidad de pautas, haciendo que el niño reciba mensajes alternativos ante la misma situación generando  confusión acerca de lo que debe hacer y de lo que no debe hacer.
  • Restricciones no razonables y excesivas.
  • Falta de habilidades emocionales para reconocer, empatizar y gestionar todo lo relacionado con el campo de los sentimientos .

También puede haber factores a nivel sociocultural que fomentan la aparición de agresividad infantil, ya que tienden a:

  • Presentar la agresividad como capacidad de lucha, de superación y  de poder.
  • Primar las motivaciones individuales frente a las sociales.
  • Excesiva agresividad expuesta en los medios, facilitando la identificación y desensibilización.
  • Preferencia por juegos electrónicos violentos en los que se premia los objetivos alcanzados con agresividad.

Y también una agresividad infantil puede estar manifestando unas dificultades personales que deben ser tenidas en cuenta. Entre ellas pueden estar:

  • Factores hormonales y mecanismos cerebrales como una lesión cerebral o una disfunción, que son activados y producen cambios corporales ante emociones como rabia, excitación y miedo, pudiendo generar comportamientos agresivos.
  • La agresión se halla íntimamente unida a los procesos de emocionalidad, actividad e impulsividad
  • Mala nutrición, problemas de salud específicos y estrés, pueden originar en el niño una menor tolerancia a la frustración y pueden incrementar las conductas agresivas infantiles.
  • Déficit de habilidades necesarias para afrontar situaciones frustrantes. Por ejemplo, el déficit en habilidades lingüísticas se relaciona con la emisión de comportamientos agresivos, ya que hacen que el niño tiende a responder  impulsivamente en lugar de hacer una reflexión antes de actuar.
  • También el déficit en habilidades sociales es un factor de riesgo para las conductas agresivas durante la infancia.

¿Y qué deben hacer los padres ante la agresividad infantil de sus hijos?

En primer lugar, es fundamental incrementar la convivencia entre padres y niños pequeños con una comunicación individualizada y cálida para que la formación de lazos afectivos se refuerce y que ello haga posible la transmisión de valores que fomenten la empatía, la generosidad o la autoestima, que son los grandes inhibidores de la agresividad, enseñando a la vez, que la agresión es una estrategia poco apropiada para conseguir objetivos.

Es necesario que los padres sean conscientes de los factores de riesgo que pueden estar acumulándose detrás de la manifestación de la agresividad de su hijo, para poder comprender e intervenir adecuadamente.

A pesar de las dificultades personales que pueden estar en el niño que presenta conductas agresivas, los estudios demuestran que pueden ser reducida y reconducidas con el ambiente educativo adecuado, enseñando al niño a responder de una  manera que esté basado en un modelo alternativo y más adaptativo que  la agresividad.

Según Belsky (1991) el temperamento del niño puede ser influido por los padres, tanto de forma positiva como negativa.

Por lo general, unas pautas básicas pueden ayudar a los padres a gestionar la agresividad infantil y controlarlo en casa, como: la eliminación de elementos desencadenantes, premios, castigos, modelado, cambio de creencias, cambio de sentimientos, formación de hábitos, y razonamiento.

Conviene comenzar desde el principio y en el periodo de 2 a 5 años, y las medidas más eficaces son:

  • “Tiempo fuera” (separar al niño unos minutos de los demás).
  • Hacerle reflexionar sobre lo que ha hecho.
  • Elogio de las conductas opuestas.
  • Sanciones (consecuencias desagradables de su acción), o retirada de privilegios.
  • Sobrecorrección (que el niño haga algo de modo que al tiempo de corregirle  le proporciona un modo positivo de actuar).
  • Ignorar lo que hace (en especial cuando el niño lo que quiere es llamar la atención).
  • Extinción del comportamiento por falta de respuesta.

El objetivo primordial ante las conductas agresivas,  no es que el niño obedezca sino que aprenda a controlar su agresividad.

En ningún caso y bajo ningún pretexto, deje que desde pequeño el niño consiga lo que desea cuando patalea, grita o empuja a alguien o algo.

  Espere a dárselo cuando lo pida de forma calmada dándole instrucciones acerca de cómo debe hacerlo, y refuércele con una sonrisa, o un «así me gusta», reconociendo siempre cualquier intento por pequeño que sea, de comportarse adaptativamente en situaciones conflictivas.

Pero a pesar de estas sugerencias, veces la situación resulta preocupante y demasiado difícil de gestionar y los padres deben plantearse la necesidad de pedir ayuda a un psicólogo infantil cuando la edad, duración, frecuencia e intensidad de los episodios de agresividad, supera a lo esperado, separando lo que es un periodo evolutivo de lo que es un problema o un trastorno.

Podemos hablar de problema cuando tiene un origen educativo, y trastorno a lo que tiene un origen biológico, tratándose en todas las opciones de un asunto muy serio, ya que un comportamiento excesivamente agresivo en la infancia predice, no solo la manifestación de agresividad durante la adolescencia y el resto de la vida, sino una mayor probabilidad de fracaso académico y la existencia de otras patologías psicológicas durante la edad adulta.

El psicólogo infantil debe valorar qué factores de riesgo pueden estar influyendo en la conducta agresiva infantil y plantear una estrategia para reconducción de la situación, trabajando tanto a nivel individual con el menor, como con la familia y entorno socioeducativo.

La intervención debe incluir programas para aprendizaje autorregulación emocional, construcción de los sistemas ejecutivos y al aprendizaje de las normas morales.

Para reducir la agresividad infantil, el psicólogo, tendrá que orientar a los padres hacia un estilo educativo adecuado que incluya la atención, dedicación, afectuosidad, control, flexibilidad y disciplina, con capacidad de negociar, ya que es según demuestran los estudios, los que generan niños sin problemas (Schaffer, 1989).

Directora de la Unidad de Psicología Infantil

Источник: https://centta.es/infantil/agresividad-infantil-significa-se-controla

Cómo ayudar a los niños pequeños a canalizar su agresividad

Agresividad infantil

Recurso para padres

Estrategias para padres para manejar la agresividad en los niños pequeños

Pregúntele a cualquier padre si quiere que su hijo sea una persona agresiva y es probable que reciba más de una respuesta.

Después de todo, la agresividad se relaciona con comportamientos tanto aprobados como desaprobados en nuestra mente y en nuestra sociedad: tanto con la energía y el propósito que nos ayudan a dominar activamente las dificultades de la vida como con las acciones ofensivas y las fuerzas destructivas.

La mayoría de nosotros quiere que nuestros hijos sean capaces de adoptar una postura firme cuando otros los tratan con brusquedad.

Esperamos que no comiencen peleas, pero si los atacan que puedan enfrentar al atacante y no se vean abrumados.

El aprendizaje de un niño para encontrar un equilibrio saludable entre un comportamiento demasiado agresivo y muy poco agresivo probablemente sea la tarea más difícil del crecimiento.

Según la teoría del desarrollo, los impulsos o deseos agresivos son innatos en el niño humano y son un aspecto crucial de la fuerza vital sicológica y de la supervivencia.

En el curso del desarrollo saludable, estos impulsos se expresan normalmente en varios comportamientos en diferentes edades y, con la ayuda de padres y otros, gradualmente van pasando al control de la persona: moderado, canalizado y regulado, pero de ninguna manera eliminado.

La agresividad es parte del desarrollo saludable

Durante el primer año, no es frecuente pensar que el niño se comporta de manera agresiva pese a que vea que cuando un niño pequeño empuja, estira o ejerce fuerza contra otro son señales de energía dirigida hacia afuera y firmeza que ponen de manifiesto la maduración saludable de la agresividad.

Pero el niño de nueve meses que le tira a usted del cabello no sabe que eso podría causar dolor: lo hace con el mismo espíritu exuberante y juguetón que se ve en otras actividades.

Es solamente en el segundo año, cuando el niño desarrolla una mejor conciencia de que es una persona separada —“yo” y “tú»—, cuando puede comenzar a entender que él está enojado con alguien y se comporta con fuerza intencionada. Por lo general, no hablamos que un niño es cruel u hostil hacia otros hasta en algún momento durante el segundo año.

Aun entonces, el niño no sabe lo suficiente sobre causa y efecto para entender las consecuencias de su acción o cómo regular este comportamiento hacia otros. Cuando su hijo de 15 meses rompe y destruye un objeto frágil, él siente el placer de expresar confianza sin anticipar su resultado.

A veces los padres me cuentan que su niño pequeño “sabe” que no debe golpear ni morder. Ellos creen que esto es así porque cuando lo regañan, él parece avergonzado. Lo que el niño entiende no es que ha lastimado a alguien o que ha destruido algo sino que se ha ganado la desaprobación de sus padres.

A la inversa, cuando lo elogian por ser amable con otro, él sabe y le agrada saber que es aprobado por ese comportamiento en ese momento. Lleva tiempo y muchos recordatorios antes de que él pueda entender que no golpear ni morder se aplica a muchas situaciones.

Los niños pequeños, en particular los menores de tres años y medio, poco saben de su propia fuerza.

No se comprende automáticamente las diferencias entre un beso y un mordisco, entre una caricia y un golpe, entre un empujoncito y un empujón hasta tirarle al suelo a alguien, y los niños necesitan muchos recordatorios como: “Déjame que te muestre cómo acariciar al bebé (o al perro de la familia o la mejilla de papá)”; “Acariciar siente bien. Golpear puede doler”; o “Hazlo suavemente (o despacito), así.”

Aprenda “qué esperar” en diferentes edades y etapas

Así como también se aplica al desarrollo de un niño pequeño en otras áreas, hay pasos y fases en la socialización de la agresividad, vale la pena aprender algo sobre qué tipo de comportamiento esperar en varias edades.

Si usted entiende de lo que es capaz un bebé, un niño pequeño o de cuatro años de edad, usted puede ajustar sus propias acciones y enseñanzas a expectativas realistas y ahorrase angustias y frustraciones.

Usted no necesita la ansiedad de imaginarse que su niño pequeño que se enoja mucho y tiene muy poco control sobre su agresividad cuando está frustrado o molesto está destinado a convertirse en una persona de 4, o 10 o 20 años enojada, destructiva y no controlada.

Por otra parte, si su hijo de cuatro años tiene estallidos frecuentes de agresividad y no parece preocuparse del efecto de su agresividad, o hasta parece disfrutar cuando lastima a otros, usted estará en lo cierto al preocuparse y buscar maneras de ayudarle a lograr un comportamiento más saludable.

Estrategias para padres para manejar la agresividad en niños muy pequeños

¿Entonces qué deben hacer los padres para moderar y canalizar la agresividad de su hijo sin eliminarla al ser demasiado severos? Mientras no hay una receta exacta, las siguientes son 12 sugerencias que pueden ayudarle a proporcionar a su hijo la orientación que necesita.

  1. Los límites son parte del cariño. Tenga presente que el hecho de que su hijo se sienta amado y cuidado con afecto sienta las bases para su aceptación de la orientación que usted le dará a medida que vaya creciendo.

    Los niños que se sienten amados quieren agradar a sus padres la mayor parte del tiempo y responderán a la orientación de éstos.

    El poner restricciones razonables al comportamiento de su hijo es parte de amarlo, así como alimentarlo, consolarlo y jugar con él respondiendo a sus deseos.

  2. Trate de determinar lo que desencadenó el comportamiento agresivo de su hijo.

    Pregúntese qué pudo haber pasado para eso: su comportamiento o el de otra persona, o alguna otra cosa en la situación; tal vez él esté muy cansado o no se sienta bien físicamente.

    El hecho de que lo hayan apurado, tratado de manera abrupta, negado algo que quería o aun no poder hacer algo que ha tratado de hacer con un juguete o actividad física con frecuencia produce sentimientos de frustración y enojo que dan lugar a un comportamiento agresivo.

  3. Use lo que usted sabe. Utilice lo que usted conoce sobre el temperamento de su hijo, sus ritmos, preferencias y sensibilidades. Por ejemplo, si usted sabe que él está irritable o malhumorado durante la primera hora del día o sin ánimo cuando está cansado o con hambre, usted no va a escoger ese momento para pedirle mucho en cuanto a control.

  4. Sea claro. Dígale a su hijo lo que usted quiere haga o no haga en una situación específica (pero trate de no darle un sermón largo). Su hijo sabrá de su desagrado por el tono de voz y por la manera como le hable. Es importante que usted trate de ser claro sobre su desaprobación.

    No obstante, los sermones largos y las predicciones graves por lo general son contraproducentes. Decirle a una niña de tres años que no puede mirar televisión por dos semanas si le golpea a su hermanito pequeño puede alterarla, pero es poco probable que le ayude a entender y desarrollar sus propios controles.

    Un mejor motivo es que usted no quiere que le golpee porque eso duele. El que a usted no le gustó el comportamiento de ella es su mensaje más eficaz.

    A cualquier niña pequeña que se ha ganado la desaprobación de uno de los padres le ayuda si se le recuerda que ella es amada aun cuando a usted no le gusta el comportamiento.

  5. Sea un observador cuidadoso. Cuando su niño pequeño está jugando con otros niños, mantenga un ojo sobre la situación pero trate de no estar encima.

    Lo que comienza como una riña en broma, correr y perseguir o compartir juguetes puede convertirse rápidamente en una batalla entre niños y pueden necesitar un árbitro.

    Sin embargo, hay ocasiones en que usted puede dejar que los niños pequeños solucionen las cosas entre ellos. Naturalmente, lo que marca una diferencia es la edad.

  6. Use el reencauce. Cuando su hijo está siendo agresivo de maneras que a usted no le gusta, frene el comportamiento y dele otra cosa que hacer.

    Usted puede sugerir y ayudar a iniciar una nueva actividad o tal vez puede guiarle a un lugar donde puede descargar los sentimientos agresivos sin hacerse daño ni hacerle daño a otros, los juguetes o al animalito de la familia.

    Por ejemplo, se puede utilizar una esquina donde haya algo donde se puede dar puños , golpear o arrojar. Usted puede decir algo como: “Si tienes ganas de golpear, ve y golpea tu almohada (o saco de boxeo), pero no le puedes golpear al perro (o golpear la mesa con un martillo).

    ” Una oportunidad así no solamente le ayuda al niño a descargar algunos sentimientos agresivos sino también le ayuda entender que puede haber un momento y un lugar para esas acciones.

  7. Sea un entrenador. Cuando el tiempo lo permita, demuéstrele cómo manejar una situación en la cual hay conflicto entre niños. Por ejemplo, si su hijo es lo suficientemente mayor, le puede enseñar algunas palabras para usar a fin de evitar un conflicto o solucionarlo.

    A un niño de dos años le puede ayudar sujetar un juguete y decir “no” o “mío” en lugar de siempre empujar o llorar cuando otro niño trata de quitarle un juguete.

    Los niños necesitan sugerencias y demostraciones específicas de los adultos a fin de aprender que maneras eficaces de manejar los desacuerdos que son más aceptables que los ataques físicos y las represalias.

  8. Utilice el lenguaje. Si su hijo tiene aptitudes de lenguaje, ayúdele a explicar por qué está enojado. Si usted lo puede adivinar y él no puede decirlo, hágalo por él, como: “Creo que estás enojado porque no puedes ir a jugar con José . Sé cómo te sientes, pero es muy tarde para ir hoy” (o cualquiera sea el motivo).

  9. Pregúntese si usted está enviando “mensajes contradictorios” a su hijo sobre su agresividad. Si usted le dice: “No pegues” o “Sé amable”, mientras usted sin mucho disimulo está disfrutando del comportamiento agresivo de su hijo hacia otra persona, él se sentirá confuso y dichas confusiones tienden a hacer que sea más difícil desarrollar autocontrol.

  10. Sea un modelo.

Источник: https://www.zerotothree.org/resources/1857-como-ayudar-a-los-ninos-pequenos-a-canalizar-su-agresividad

▷ Agresividad infantil | Activital Psicólogos Madrid

Agresividad infantil

Las rabietas, enfados, o berrinches de los niños, son algo común durante la infancia, tanto que solemos acostumbrarnos, a veces, a ignorar muchos de estos episodios. No obstante, estos pueden descontrolarse y dar lugar a un tipo de trastorno catalogado como de “agresividad infantil”, el cual debemos vigilar y tratar con la mayor anticipación posible.

Por ello, en Activital vamos a mostrarte qué factores caracterizan a este problema, cómo podemos localizarlo y las formas más recomendables para solucionarlo.

¿Qué es la agresividad infantil?

El trastorno por el que se produce la agresividad infantil es un problema de esta etapa en la que se desarrollan ciertas conductas negativas y situaciones agresivas en los niños. Podemos observar casos de infantes controladores, manipuladores, o rebeldes, que no tienen control sobre sus propios actos, por lo que debemos tomar medidas psicológicas para ello.

Los arrebatos de este estilo suelen presentarse a esta edad, pero una vez que comprobemos que existe una incapacidad para dominarlos y estos se prolongan en el tiempo, es fundamental tomar medidas.

En estos casos, podemos comprobar que se presentan características de agresión física mediante puñetazos, patadas, o empujones, o verbal a través de insultos o palabrotas. Sin embargo, también se puede reflejar de forma indirecta mediante la agresión a objetos que han sido el motivo de conflicto.

Las gesticulaciones en el rostro por frustración, los gritos y ciertos gestos de burla, son otras de las representaciones que pueden avisarnos sobre un posible problema de agresividad en el menor.

Existen muchos condicionantes de la agresividad en un niño, como pueden ser los personales (situación en los hogares), ambientales, aceptación por parte de sus círculos, forma de ser como estudiante y del profesor… etc. Por ello, podemos destacar varios tipos de agresividad según el comportamiento.

Tipos de agresividad

La agresividad infantil, como ya hemos mencionado, viene determinada por varios factores personales y externos que harán que se desarrolle de una forma u otra en el menor. Estas teorías pueden dividirse en activas y reactivas.

  • Agresividad reactiva o impulsiva: Aquellas conductas que se dan como una respuesta refleja a situaciones de presión en el niño y que se vuelven negativas para el mismo. Característica del TDAH (Trastorno por déficit de atención e hiperactividad).
  • Agresividad activa o funcional: Cuando un infante tiene tendencia a la manipulación, es frecuente que la agresividad se presente como forma de conseguir un objetivo o beneficio. No es característica del TDAH.

Factores influyentes en el desarrollo de la agresividad infantil

Las reacciones agresivas suelen ser frecuentes en niños de hasta 6 o 7 años debido al desarrollo de su cerebro y a la regulación de sus emociones; con el tiempo, estas deben moderarse hasta acabar desapareciendo de manera impulsiva e instintiva.

No obstante, a partir de esta etapa, debemos de ser plenamente conscientes de su crecimiento y de proporcionarle la educación necesaria para controlar y acabar con estas conductas. Por ello, ¿cuáles serían los factores condicionantes?

Factor familiar

Dentro del ámbito familiar, podemos encontrar varios elementos que podrían ser detonantes en el desarrollo de una agresividad infantil.

Esto es debido a que la primera condición ambiental y social a la que se expone es a la propia familia, por lo que la forma de ser y las enseñanzas de estos son fundamentales para establecer la base de su comportamiento.

Una educación en la que no se muestra empatía o sentimientos hacia el pequeño, o se usa una versión muy o poco exigente puede ser un gran condicionante para ello, además de la incongruencia de los valores (te prohíbo usar la violencia, pero la demuestro en mis propios comportamientos, en situaciones de poder).

También la relación entre los padres es un motivo por el que nace esta agresividad, ya que el niño se confunde sobre lo que se debe o no hacer. Los castigos excesivos, por otro lado, aumentan su frustración.

Factor sociocultural

A nivel sociocultural, la agresividad infantil suele originarse en las relaciones con el entorno y la cultura en que se desarrolla su personalidad, ya que estos serán los próximos condicionantes después de la educación en la familia.

Por ejemplo, la exposición a agresividad como característica de lucha, poder, y superación, la presentación de excesiva violencia en los medios, y la preferencia por videojuegos que la muestran de manera explícita.

En otro orden de cosas, también cuenta como una de ellas el hecho de que el niño valore en mayor medida sus motivaciones individuales que las sociales, lo que puede detonar en un amplio trastorno antisocial.

Factor personal

No obstante, no todo reside únicamente en el entorno en el que se mueve el pequeño, sino que también sus propios condicionantes van a tener un papel fundamental a la hora de desarrollar agresividad infantil o no.

Los factores hormonales o posibles problemas respecto a lesiones cerebrales o disfunciones, producen la agitación de diversas emociones como la rabia, excitación, miedo y la propia violencia.

También una mala nutrición puede determinar estos comportamientos, debido a la posibilidad de producirse estrés o problemas más graves de salud.

Por otro lado, encontramos el déficit o la dificultad en el desarrollo de habilidades sociales o educacionales. Tener problemas para relacionarse con el resto de personas de su entorno, o la incapacidad de seguir el ritmo a otros compañeros de clase, recae en el estrés y frustración del niño, por lo que aumentará el riesgo de padecerla.

Tratamiento y posibles soluciones

Si estás interesado en la forma de solucionar, de forma lenta pero continua, el problema de la agresividad infantil, es importante que sepas que todas las formas adjuntas para ello son pequeños pasos para minimizarla, pero siempre es recomendable la ayuda de un profesional especializado.

No obstante, aquí exponemos unas cuantas de ellas:

Debilitar la conducta agresiva

Para conseguir que la agresividad infantil se minimice, debemos debilitarla mediante ciertos pasos específicos. Por ejemplo, alejarlo de aquellos ambientes hostiles o reducir los estímulos que provocan esta conducta.

Para llevar a cabo esto, debemos hacer un análisis mediante observación del pequeño con el fin de descubrir qué es exactamente lo que provoca que este reaccione de esa manera y cuáles han sido los factores originarios de ello.

Si, por ejemplo, este tiene acceso al uso de videojuegos violentos, reducir en gran medida su uso o eliminarlos de su rutina.

Reforzar respuestas alternativas

Basándonos en la investigación que hemos realizado de la educación y conductas del niño, también podremos saber qué formas de conducta malas han tomado de nuestra educación, cuáles han sido permitidas.

Si, por ejemplo, hemos “reído sus gracias” cuando ha llevado a cabo una conducta que no es correcta, habrá sido reforzada con el tiempo. Para lograrlo a la inversa, siempre que vuelva a mostrar estos comportamientos, debemos ignorarlos y valorar otras alternativas, como la negociación, el diálogo, el razonamiento, etc.

De esta manera, recompensando juegos cooperativos o acciones empáticas, él entenderá que estas son las que debe imitar.

Se trata de un ejercicio que solo es aplicable en ciertos casos, en niños con más de 9 años de edad. Este tiene como objetivo hacer partícipe al mismo de la conducta que se está intentando cambiar para que coopere en la mejora de su comportamiento.

Acudir a un psicólogo infantil

La primera opción a la que acudir, ya que se trata de un especialista que te dará esta serie de consejos y muchos más, es la de acudir a un psicólogo infantil para resolver este tipo de problemas de agresividad infantil. No se trata de algo malo para el niño, como muchos piensan, sino de una ayuda profesional que facilitará mucho más el proceso.

Источник: https://activital.es/agresividad-infantil/

Embarazo saludable
Deja una respuesta

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!: