Ayuda a tus hijos a resolver sus problemas solos

9 pasos para enseñar a nuestros hijos a resolver problemas

Ayuda a tus hijos a resolver sus problemas solos

Todos tenemos problemas a lo largo de nuestra vida, y los niños no están exentos de ellos. Aunque sus problemas puedan resultar minúsculos para nosotros, son muy importantes para ellos. Es imprescindible que aprendan de pequeños a lidiar con situaciones así.

Aquí te dejamos 9 pasos para enseñar a tus hijos a resolver problemas.

Los problemas pueden ser tanto algo interno, como alguna situación particular de ellos que no sepan resolver, como con un tercero (y sea una o varias personas). Dichas situaciones pueden generar emociones negativas como estrés, discrepancia entre las distintas partes o posibles enfrentamientos.

Una de las principales cosas que debemos enseñarles es que siempre esmejor buscar una solución que resuelva la situación en forma positiva para todas las partes involucradas. Esto le permitirá mantener una buena relación con los otros y buscar siempre la satisfacción mutua ante los conflictos.

Además, debemos hacerles entender que no es necesario (ni preferible) ser agresivo. Dicho comportamiento sólo generaría más inconvenientes y alejaría la posibilidad de encontrar una pronta solución.

¿Qué puedo hacer para favorecer la resolución de problemas?

Puedes seguir algunos consejos para que la resolución sea de forma positiva:

  • Da ejemplo de resolución de conflictos: puedes utilizar de ejemplo a personas que conozca o incluso situaciones de algún programa o película. Lo importante es que sea lo suficientemente claro.
  • Aumenta su autoestima: deben saber cuánto valen y aprender a valorarse. Esto permitirá que se sientan capaces de resolver los problemas por sí mismos.
  • Genera debates: intercambiar opiniones y debatir de forma pacífica con otras personas le permitirá incorporar la idea de que no siempre alguien tiene la razón, de que no podemos estar de acuerdo en todo y que es importante aceptar lo que el otro piensa sin sobresaltarnos ni reaccionar mal.
  • Da consejo: son niños, no lo saben todo, y necesitan tu consejo. A medida que vayan creciendo les será más fácil resolver ciertas situaciones. Pero siempre debes brindarle tu consejo y apoyo.

Actividad física, supervisión y juegos

Debéis tener muy en cuenta estos tres aliados:

  • La actividad física permite al niño expresarse físicamente; ellos también sufren de estrés.
  • La supervisión de su comportamiento es muy importante, ya sea por parte de los padres o tutores, o algún adulto responsable; alguien debe indicarle qué es lo que está bien y qué es lo que está mal.
  • Finalmente, jugar con ellos es una forma de enseñarles de forma indirecta. Ten presente que ellos siempre están atentos a lo que pasa a su alrededor, absorben todo y lo incorporan. ¡No olvides dar siempre el ejemplo!

9 pasos para enseñar a nuestros hijos a resolver problemas:

  • Identifica el problema: Para poder resolverlo primero debes saber cuál es y entenderlo.
  • Analiza la situación: Una vez identificado el problema, debes analizar qué es lo que lo genera. Entender la causa ayudará a resolverlo.
  • Permite expresar al niño cómo se siente ante ese problema: entender sus sentimientos ante las situaciones será de gran ayuda para saber cómo es mejor resolver una situación.
  • Permite expresar las necesidades de todas las partes que están involucradas: Todos tienen voz ante un conflicto, y es importante que todos sean escuchados.
  • Genera un brainstorming (lluvia de ideas): Busca formas creativas de solucionar el problema. Cuanto más se exprese el niño, mejor será. Esto le permitirá buscar sus propias soluciones a medida que va creciendo. Mientras sea muy pequeño, deberás ayudarle sugiriendo diferentes alternativas.
  • Analiza las ideas generadas en el paso anterior: Analiza los pros y los contras de todas esas ideas y la viabilidad de cada una. Ayuda a tu hijo a razonar sobre ellas; con el tiempo aprenderá a hacerlo sólo.
  • Elige la mejor solución entre todas las opciones: Después de haberlas analizado ya estarán en condiciones de tomar la decisión.
  • Implementa la idea: Elegir una opción no sirve de nada si no lo llevas a cabo, así que debes enseñarle al niño que debe realizar la opción elegida.
  • Analiza los resultados: Después de implementar la solución escogida, recuerda hacer un seguimiento de ello y ver los resultados obtenidos. Esto le permitirá aprender a hacerse responsable por sus actos y sus elecciones.

Источник: https://eresmama.com/9-pasos-ensenar-nuestros-hijos-resolver-problemas/

Tres pasos para enseñar a nuestros hijos a resolver problemas

Ayuda a tus hijos a resolver sus problemas solos

La técnica de resolución conjunta de problemas permite encontrar entre ambas partes una solución satisfactoria tanto para padres como para hijos, sin necesidad de que haya vencedores ni vencidos. Tu hijo podrá participar en la elección de la solución, se sentirá respetado y comprendido y se involucrará en la decisión tomada.

El mejor momento:

Cuando todos estáis en calma, en frío, y podéis controlar las emociones.

Método:

  1. Hablar de tus necesidades y de las suyas, así como de vuestros sentimientos.
  2. Buscar soluciones conjuntamente sin evaluarlas.

    Tan solo escribir todo lo que se os ocurra, sean practicables o no.

  3. Decidir entre ambas partes cual es la solución o soluciones más interesantes, las que son más respetuosas con todas las necesidades y dificultades, desechando las que no interesen.

Beneficios:

  • Tu hijo ha participado en el acuerdo y lo ha aceptado, por lo tanto es más probable que funcione que si la decisión la han tomado los padres unilateralmente.
  • Es un buen método para conocer las dificultades que tienen los hijos, dificultades que a menudo ignoramos o nos esconden los verdaderos motivos del conflicto.
  • Todos salen ganando: tu hijo no quedará frustrado porque ha de obedecer “porque lo dices tú” y no acabará ganando porque no cederás por cansancio a su tozudez.
  • La familia aprende a negociar, sin que ello sea sinónimo de perder la autoridad. Tu hijo aprenderá a hacer concesiones, a proponer ideas creativas, a “ponerse en la piel de los demás”, contribuyendo a su maduración y a la maduración de la familia en general.

Un ejemplo práctico:

Enrique, 13 años. No consigue mantener en orden su cuarto. Las peleas son diarias con sus padres. La mejor manera para que cambie de actitud es involucrarlo en el problema.

  • Madre: Casi a diario por la mañana tu habitación tiene tu ropa sucia por el suelo, los libros desordenados, las camisas amontonadas en la silla, los zapatos con barro (describe el problema)… Me preocupa que no puedas controlar tus propias cosas y que además tu hermano aprenda de este descontrol. Siento que no eres respetuoso con el resto de la familia (primer paso: hablar de nuestros sentimientos).
  • Enrique: ¡No está tan desordenado!
  • Madre: También entiendo que estás cansado por la mañana y apenas te queda tiempo para ordenar tu habitación. Tienes muchas cosas que hacer y ordenar tu cuarto no es tu prioridad (primer paso, hablar de las necesidades de tu hijo).
  • Enrique: Es que me acuesto muy tarde haciendo deberes… Y los días de fútbol estoy muy cansado.
  • Madre: Comprendo… Sin embargo, es un asunto importante no solo para ti sino también para los demás ya que todos vivimos bajo el mismo techo y tu descontrol no solo afecta a tu cuarto sino también a la cocina o al cuarto de baño, por ejemplo. ¿Cómo te sentirías si al ir a estudiar a tu mesa estuviera llena de ropa y trastos de tu hermano? Así se siente él…
  • Enrique: No hay para tantooo….
  • Madre: ¿Qué tal si pensamos en una solución que satisfaga a todos? (Segundo paso: buscar soluciones conjuntas, sean válidas o no)
  • Enrique: ¡Vale! La mejor solución es que no entres a mi habitación..
  • Madre: De acuerdo. ¿Qué más?
  • Enrique: Podrías decirle a Miguel (su hermano de 10 años) que limpiara mi cuarto por mi.
  • Madre: Ja,ja, dudo que quiera colaborar… ¿Qué tal otra solución más realista?
  • Enrique: Vale. Puedo levantarme 10 minutos y ordenar. Pero el problema es que no tengo sitio en el armario para todo.
  • Madre: Entonces se me ocurre que podría ayudarte una primera vez a ordenar contigo el armario para conseguir el espacio suficiente.
  • Enrique: Eso estaría bien. Ya que tú me ayudas con el armario, yo intentaré hacerme cada día la cama. Pero solo estirarla ¿vale?
  • Madre: ¿Crees que sería útil ponerte una estantería nueva para que pudieras tener espacio para tus libros?
  • Enrique: ¡Eso es genial! Y que Miguel no entre sin mi permiso a mi cuarto. Muchas veces él es quien me desordena los libros.
  • Madre: Uhmm, ¿cómo podríamos solucionar eso?
  • Enrique: No sé, le daré algunos de los libros que ya no leo para ver si se monta su propia biblioteca y ya no me molesta. 
  • Madre: ¡Buena idea! Ahora la ropa sucia. ¿Cuál es el problema para no tirarla al cesto de la lavadora?
  • Enrique:  ¡Es que el cesto está muy lejos y como no lo veo, se me olvida. ¿Puedo colocar el cesto de la ropa sucia más cerca de mi cuarto, junto al pasillo? Así me acordaré de tirarla al cesto por la noche. Y si me dejas tener la caja de limpiar los zapatos en mi cuarto de baño en lugar del lavadero, también podría limpiar un día a la semana los zapatos del colegio. Tú podrías ayudarme con el barro de los deportivos los días de lluvia.
  • Madre: Lo apunto. ¿Qué más?
  • Enrique: Sí, que no me gustaría que vinieras cada día a mi habitación para controlar cómo la he dejado. Apunta que solo te pasarás los domingos.
  • Madre: Me parece sensato. ¿Algo más? ¿No? Pues miremos nuestra lista.

Ahora lee en voz alta todo lo que han dicho, las valoran, eliminan las que no son operativas y hace una nueva lista con las medidas tomadas por consenso (tercer paso: elegir las estrategias más válidas para la situación).

  • Madre: Hemos quedado que:– Te levantarás 10 minutos antes cada día para ordenar tu habitación.– Yo te ayudaré una tarde a organizar el armario para que tengas espacio suficiente para mantenerlo ordenado y con la ropa en su sitio.– Harás cada día tu cama, aunque sea estirándola.– Colocaremos una estantería nueva para que puedas colocar todos los libros que ahora están amontonados en tu mesa y en la mesita de noche– Le pasarás a tu hermano aquellos libros que ya no leas para que él tenga su propia biblioteca.– Colocarás el cesto de la ropa sucia cerca de tu cuarto y te limpiarás los zapatos en tu baño una vez a la semana.– Yo te ayudaré con el barro de los zapatos los días de lluvia.– Papá o yo supervisaremos tu cuarto los domingos. ¿Qué te parece la lista? ¿Crees que podremos llevarla a cabo?
  • Enrique: Probemos…puede que funcione… ¡Gracias, mamá!

Te sorprenderá ver un gran cambio de actitud en tu hijo cuando al acercarte no buscas castigos sino ayudarle a solucionar sus problemas. A veces, como en el ejemplo, es un proceso largo, pero merece la pena dedicar 15 minutos a solucionar definitivamente un problema que a veces se cronifica o empeora.

A partir de aquí, valora sus esfuerzos por mantener las estrategias. Observa dónde falla y vuelve a hacer resolución del conflicto intentando buscar nuevas soluciones a aquellas que fallaron.

Por ejemplo, si Enrique se hace la cama, tira la ropa a lavar pero continua con el armario muy desordenado, valora sus mejoras y reflexiona junto a él sobre la mejor estrategia para mantener el armario ordenado: quizás tiene demasiada ropa, quizás deba aprender a doblarla de otra manera que ocupe menos, quizás debe trasladar parte del contenido…

Un problema es el mejor material para ayudar a nuestros hijos a detectar el error y buscar las mejores estrategias resolutivas. Ante una situación conflictiva, lápiz y papel y resolución de problemas

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos

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Источник: http://www.solohijos.com/web/tres-pasos-para-ensenar-a-nuestros-hijos-a-resolver-problemas/

Cómo ayudar a un hijo con problemas

Ayuda a tus hijos a resolver sus problemas solos

Los problemas forman parte de la vida, y los hijos tendrán que enfrentarse a ellos en cualquier momento de su desarrollo. A pesar de tratarse de algo inevitable, cuando llega el momento de afrontarlos, muchos niños no disponen de las estrategias adecuadas, puesto que no las han aprendido.

Cuando el niño presenta un conflicto en su quehacer diario, los padres pueden tener diferentes reacciones: • Algunos, tienden a resolver los problemas. A pesar de las buenas intenciones, el niño no aprenderá a enfrentarse a sus dificultades.

• En otros casos, los padres pueden entrar en un ciclo de preocupación desmesurada, lo que puede generar una sobreprotección que limite las experiencias del niño.

• Otros padres pueden sentirse perdidos, sin saber cómo actuar y hasta qué punto intervenir en los conflictos de su hijo.

Aunque la finalidad de dichas reacciones paternas es ayudar al niño en lo posible, lo más probable es que impidan que el pequeño aprenda estrategias apropiadas de solución de problemas y, por tanto, que sus dificultades se mantengan.

Protagonismo de los padres

El niño, en su constante crecimiento, necesita aprender a resolver sus dificultades de manera independiente. Los padres juegan un papel protagonista en la enseñanza de las estrategias apropiadas.

Si los padres disponen de estrategias eficaces en la resolución de conflictos, podrán transmitírselas tanto de forma directa (explicando cómo hacerlo) como indirecta (llevándolas a la práctica en el día a día y que el niño pueda observarlas).

Resolución de conflictos

Para enseñar al niño esta herramienta, es conveniente que los padres la conozcan y la apliquen en el día a día.

Para entrenar, coja lápiz y papel, elija cualquier dificultad que tenga actualmente y conteste a estas preguntas.

Podrá comprobar lo clarificador que resulta y cómo ayuda a sentirnos más seguros ante las dificultades y su solución. Fases para solucionar problemas de manera eficaz:

1. Reconozco que tengo un problema.2. “Mi problema es…”. Describo el problema de forma concreta.3. ¿Cuántas y cuáles son las soluciones que puede tener el problema?4. ¿Qué acciones puedo poner en práctica para lograrlas?5. ¿Qué consecuencias positivas o negativas puede tener cada una de las soluciones anteriores?6. Escojo la solución con menos consecuencias negativas y con más positivas.7. ACTÚO. Pongo en práctica la solución escogida.

Los conflictos de los hijos

Antes de enseñar al niño a resolver problemas eficazmente, conviene que rompamos con las falsas creencias que se puedan tener. Te mostramos una columna con pensamientos inadecuados y otra con pensamientos más adecuados.

Lea detenidamente la lista de pensamientos inadecuados y, si se siente identificado con alguno de ellos, pase al pensamiento adecuado que le corresponde. Reflexione sobre ello.

Tener pensamientos adecuados sobre los problemas del niño nos permitirá entenderlo mejor.

Pensamientos inadecuados sobre los problemas• Es terrible tener un problema. Los niños no tienen problemas. Solo mi hijo tiene problemas.Los problemas se pueden evitar. •Solo las personas mayores tienen problemas. •Si mi hijo tiene un problema, tengo que reaccionar rápidamente. •Hay personas que nacieron con una habilidad especial para resolver problemas.Mi hijo no dispone de esa habilidad y, por tanto, no puede hacer nada para solucionarlos. •Todos los problemas tienen solución. •Siempre hay una solución perfecta para un problema, debo encontrar esa solución y enseñársela a mi hijo. •Las personas mayores deben solucionar los problemas de los hijos porque saben más de la vida. Pensamientos adecuados sobre los problemas Es normal tener problemas.No es agradable pero tampoco insoportable. • Muchos niños tienen problemas y puede pasar antes o después.Esto forma parte de la vida y no lo podemos evitar. •Las personas, niños o adultos, tienen problemas. •La mejor solución no suele ser la primera que se nos ocurra. Es necesario tomarse un tiempo para pensar y tratar de ser lo menos impulsivo posible. Aunque es inevitable tener problemas, se puede encontrar una forma satisfactoria de enfrentarnos a ellos.Todas las personas pueden aprender a resolverlos. •No todos los problemas tienen solución. •No siempre hay una solución perfecta, ya que los problemas tienen varias posibles soluciones.Enseñaré a mi hijo a tomar decisiones convenientes. •Los niños no siempre necesitan la ayuda de los adultos para resolver problemas.

Transmita al niño que los problemas son normales e inevitables y que, como a lo largo de toda su vida irán surgiendo de una u otra manera, tiene que aprender a afrontarlos. No es necesario esperar a que el niño tenga algún problema para enseñarle a resolverlo.

Estos pasos se pueden aprender en situaciones planteadas a través de diferentes juegos. Recuerde que, durante todo el proceso, puede proporcionar ayudas al niño pero éstas deben ser mínimas y con el único objetivo de ayudarle a pensar y fomentar la creación de nuevas alternativas.

No hay una forma única y perfecta de resolución de conflictos sino que tendrá que aprender a elegir la que mejor se adapte a cada momento.

El niño tendrá que aprender a reconocer las señales que su cuerpo le transmite para advertirle de que se encuentra ante un aprieto. Por ejemplo, un niño puede perder jugando y no experimentar sentimientos desagradables. Sin embargo, otro puede enfadarse y llorar.

Es conveniente aprovechar estos momentos para explicarle que los sentimientos, emociones y reacciones que está experimentando son la señal encargada de indicar que se encuentra ante una situación que, para él, es un problema.

Una vez que el niño sea capaz de identificar que tiene un problema, deberá aprender a definirlo. Para ayudarle, le podemos pedir que conteste a las siguientes preguntas: •

¿Quién tiene el problema?• ¿En qué consiste?• ¿Por qué es un problema para mí?• ¿A qué áreas de mi vida afecta?• ¿A qué otras personas afecta?¿Desde cuándo lo tengo?

No podemos olvidar adaptar dichas preguntas a la edad del niño. El siguiente paso consistirá en elaborar una lista de alternativas de solución. Si el niño tiene dificultad para ello, puede pedirle que se imagine a su personaje de ficción preferido teniendo el mismo problema y resolviéndolo; o que piense en cómo abordó situaciones parecidas en el pasado.

Aunque lo ideal es que las alternativas partan del propio niño, al ser una tarea difícil, los padres pueden hacerle sugerencias. Cuando tenga la lista hecha, puede pensar en las ventajas y las desventajas que tienen las diferentes posibilidades. Así pondrá en la balanza las soluciones y tomará la decisión más apropiada.

Le aconsejaremos que elija la solución que: • Consiga eliminar los sentimientos de malestar. • No ocasione daño a los demás. • Más ventajas y menos perjuicios le ocasione. Una vez que la solución esté elegida, conviene que el niño piense en los pasos que va a llevar a cabo para ponerla en práctica.

Tras haber puesto en práctica la solución elegida, el niño deberá aprender a evaluar los resultados logrados. Le ayudará contestar a las siguientes preguntas:

¿Qué pasó?¿Cuáles han sido los resultados?• ¿Cómo afronté el problema?• ¿Qué debo cambiar para la próxima vez?

Es recomendable que, además de la satisfacción personal que pueda sentir el niño por haber sido capaz de resolver su problema, reciba refuerzo de los padres por cada avance.

La práctica de esta estrategia no solo permitirá que el niño aprenda a reflexionar sobre los problemas, a afrontarlos de manera más segura y desarrollar su inteligencia emocional.

Julia Silva García, Psicóloga

Источник: https://www.conmishijos.com/educacion/aprendizaje/como-ayudar-a-un-hijo-con-problemas/

Enseña a tu hijo a resolver conflictos

Ayuda a tus hijos a resolver sus problemas solos

Nadie se libra de vivir situaciones conflictivas. Estas se dan en todos los ámbitos y edades y tarde o temprano nuestros hijos van a tener que enfrentarse a ellas.

 Los conflictos pueden suponer desde un malentendido con un compañero o profesor en clase, una diferencia de opiniones con sus amigos o incluso algún problema que tengan con ellos mismos, ya que existen los llamados ‘conflictos internos’ que muchas veces crean dudas personales que hay que saber atajar.

Enseñar a nuestros hijos a resolver conflictos no es una tarea fácil, ya que en muchas ocasiones ni nosotros mismos, los padres, estamos preparados para hacerlo. Como mejor aprenderá nuestro hijo a resolverlos es siguiendo nuestro ejemplo y nuestros consejos sobre cómo poner algo de objetividad al asunto para poder resolverlo más eficazmente.

Buscar la razón del conflicto

En primer lugar, debemos buscar la raíz del conflicto. Conocer el por qué estamos en una determinada situación y comprender qué nos ha llevado hasta ella.

Sabiendo el origen del conflicto ya tenemos mucho ganado para su solución, ya que podemos prevenirlo o actuar de una forma diferente la próxima vez.

A veces la razón del conflicto puede deberse a un simple malentendido y reaccionar para solucionarlo a tiempo puede evitar que el conflicto vaya a más.

Ejemplo práctico: Un amigo de nuestro hijo deja de contar con él porque un día bajó a jugar y no le avisó. Este típico conflicto puede solucionarse con una simple disculpa a tiempo y no dejar que se pierda esa amistad. Como padres, debemos dar soporte y consejo a nuestro hijo sobre qué pasos seguir si quiere que la situación se resuelva.

Enfrentarse al conflicto

Hemos de enseñar a nuestros hijos que no sirve de nada huir de un determinado problema, ya que éste seguirá ahí y, aunque muchas veces puedan obviarlo a corto plazo, es muy probable que otro conflicto igual o similar se repita a largo plazo, momento en el que tampoco van a saber arreglarlo. La única forma es enfrentarse a él, no solo para poner remedio al actual conflicto, sino también para ir aprendiendo y obteniendo herramientas de vida para solucionar los futuros conflictos que se presentarán en sus vidas.

Ejemplo práctico: En el caso de una pelea con un compañero o profesor de clase, nuestro hijo y la otra parte deberán buscar lo que originó el malentendido (por ejemplo, que le habló de malas maneras en caso del amigo o le puso en ridículo delante de compañeros en el caso del profesor) y hablarlo tras ello, viendo lo que ha hecho mal cada parte y lo que les ha llevado a esa situación. Solo de esta manera podrán comenzar a construir una solución, viendo además en lo que puede mejorar cada parte.

No podemos evitar los conflictos

También es bueno hacer que nuestros hijos entiendan que los conflictos no se pueden evitar, que forman parte de la vida diaria y del proceso de madurez de cada persona. Lo importante no es evitar el conflicto, ya que muchas veces no será posible, sino saber gestionarlo para encontrar una solución.

En este proceso también aprenderemos que, en algunas ocasiones, una parte pone más que la otra para solucionar el conflicto, o cederá más que la otra para llegar a un acuerdo o solución. Aquí es donde entra de nuevo la madurez que irán adquiriendo los niños durante su crecimiento emocional. Si quieren avanzar, muchas veces tendrán que ser poco o nada egoístas para solucionar sus problemas.

Conflictos internos, un trabajo personal

No estar contento con las notas, no sentirse bien físicamente, estar insatisfecho con el círculo de amigos que tiene…serán algunos de los conflictos internos que irán apareciendo en la vida de nuestros hijos mientras crecen y se relacionan.

En estos casos también debemos buscar el origen del problema y enfrentarnos a él para atajarlo, pero en este caso la solución estará en ellos mismos y en plantearse qué es lo que deben hacer para que el conflicto personal desaparezca, y no en los demás.

Ejemplo práctico: ¿Qué no están contentos con sus notas? Pues pueden intentar cambiar su técnica de estudio o dedicarle más tiempo, además de buscar ayuda externa si lo necesita.

¿Qué nuestro hijo no se siente bien físicamente? Deberá cuidar su alimentación y plantearse cuál es su deporte favorito para comenzar a sentirse mejor…y así sucesivamente con los conflictos que vayan apareciendo.

Trasladar nuestra experiencia de vida a los hijos

Ayudar a nuestros hijos en la gestión de los conflictos no es fácil, pero tampoco imposible. Como adultos debemos guiarles, ofrecerles nuestro apoyo y trasladarles nuestra experiencia de vida y lo que hemos aprendido resolviendo nuestros conflictos para llegar a la mejor solución posible.

Desde Supertics seguimos la máxima de ¡No preocuparse, sino ocuparse! ;)

Источник: https://www.supertics.com/blog/ensena-a-tu-hijo-a-resolver-conflictos

Ayuda a tus hijos a resolver sus problemas solos

Ayuda a tus hijos a resolver sus problemas solos

Todos los hermanos, por mucho que se quieran, tienen peleas y discusiones, sobre todo cuando ambos son pequeños y se llevan poco tiempo.

Generalmente, cuando esto ocurre, intervenimos en nombre del niño que percibimos como menos poderoso diciendo frases como «Deja en paz a tu hermana» o «Deja que tu hermano lo tenga… ¡Es más pequeño que tú!» o «¡Deberías saberlo mejor!».

El problema es que esta forma de intervenir puede aumentar los celos y el resentimiento, reforzando los conflictos entre ellos y no logrando que aprendan a defenderse de manera saludable o a resolver solos sus conflictos. Veamos otra manera de actuar.

Índice

¿Cómo ayudar a los niños a resolver sus problemas?

La labor de un padre no es resolver todos los problemas y conflictos de sus hijos, sino enseñarles y proporcionarles las herramientas necesarias para que aprendan ellos mismos a resolverlos. Desafortunadamente, no podemos evitar que nuestros hijos tengan problemas, y tampoco podemos estar siempre ahí para defenderlos o ayudarlos; por eso, lo que tenemos que hacer es enseñarles.

Asimismo, cuando hablamos de conflictos entre hermanos, surge otro problema: el uso de los padres por parte de los niños.

Ambos acudirán a sus padres buscando su apoyo contra su hermano, pero debemos establecer límites e intentar no intervenir nunca a favor de uno u otro.

La forma más efectiva para que nosotros como padres intervengamos es enseñarles a nuestros hijos a establecer límites entre sí, en lugar de ser nosotros los que nos posicionemos de uno u otro lado.

En otras palabras, podemos enseñar a nuestros hijos las habilidades para defender lo que quieren o necesitan, sin atacar a sus hermanos. Podemos enseñarles a escucharse unos a otros. Podemos enseñarles a pedir perdón. Y podemos enseñarles a trabajar juntos para encontrar soluciones. Así que olvídate de sentir que tienes que ser el juez y el jurado. Hay una mejor manera: ser un entrenador. Para conseguirlo, puedes seguir estos trucos ante un conflicto entre tus hijos:

1- Describe lo que sucede sin que ninguno de los dos niños se sienta atacado por ti.

Jugar en familia ayuda a construir una relación familiar sólida y duradera.

El juego entre padres e hijos, entre hermanos, entre abuelos y nietos ayuda a fortalecer la complicidad entre los miembros de la familia, abre vías de comunicación, permite exteriorizar las expresiones de afecto, deja aflorar las emociones de una forma natural y espontánea. Aprende a jugar con tus hijos: estar con los niños y niñas mientras juegan es importante, pero no es suficiente.

Y tambien:

2- Empatiza con ambos niños.

3- Enseña a cada niño a identificar y expresar sus necesidades y emociones sin atacar al otro. Si es necesario, también deberás:

– Respaldar a uno de tus hijos si ignora los límites establecidos por el otro.

– Repetir las reglas familiares si un niño las ignora.

– Ayudar a los niños a resolver problemas.
 

Ejemplos sobre cómo debes intervenir entre hermanos

Vale, la teoría está clara y parece sencilla, pero a la hora de la verdad, no lo es tanto. Por eso, vamos a ayudarte con algunos ejemplos y situaciones comunes:

1- Sofía, de 5 años, está jugando con sus muñecas a bailar por la habitación y, en uno de sus giros, se choca contra la casa de muñecas de su hermana mayor, Lidia, de 7 años, que está jugando con ella en ese momento.

Lidia: “¡Lo has estropeado todo! ¡Te odio!”.

Mamá: “Pareces muy enfadada, Lidia. ¿Puedes explicarle a tu hermana qué sientes sin atacarla?”.

Lidia: “Me siento muy enfadada. ¡Lo acababa de montar y me lo ha tirado todo!”.

Mamá: “Es normal que estés enfadada, te ha costado mucho tiempo… Siento que tengas que empezar de nuevo”.

Sofía: “Yo también lo siento, Lidia. Fue sin querer. ¿Quieres que te ayude a montarlo de nuevo?”.

Lidia: “No es tan sencillo, no sé si tú podrás ayudarme…”.

Sofía: “Al menos a levantar todo…”.

Lidia: “Está bien… ¡Pero ten cuidado!”.

En este caso, la madre no regañó a Sofía ni la excusó. En cambio, empatizó con Lidia y su enfado, estableciendo un límite, lo que ayudó a que Sofía se disculpara y todo se solucionara.

2- Daniel, de 4 años, está empujando a su hermano Nicolás, de 2 años, que está llorando.

Papá: “Chicos, ¿os estáis divirtiendo con este juego? Veo a Nicolás llorando”.

Nicolás, entre lágrimas, dice que no con la cabeza.

Papá: “Nicolás, si no te gusta, puedes decírselo a tu hermano”.

Nicolás: “No me gusta”.

Papá: “Dani, Nicolás dice que no le gusta que le empuje. ¿Dejarás de hacerlo?”.

Dani asiente y se echa a un lado.

Si no asiente y sigue mirando con cara de querer continuar, hay que intervenir de nuevo:

Papá: “Dani, parece que no estás listo para dejar de empujar. Nicolás dice que no le gusta empujar. Necesita que estés de acuerdo, para que se sienta seguro y deje de llorar. ¿Dejarás de empujar?”.

Dani dice que no con la cabeza. Papá: “Está bien, parece que realmente quieres empujar en este momento, y Nicolás no es para empujar. ¿Qué más podrías empujar? ¿Tu muñeco Bob? Aquí, vamos a sacarlo para que puedas empujarlo tanto como quieras.

¿Puedes mostrarme cuánto te apetece empujar a tu muñeco Bob? ¡Guauu! ¡Eso es un fuerte empujón, Dani! ¡Mira cómo empujas!… Ahora voy a limpiar la cocina.

Nicolás, ¿quieres venir conmigo y ayudarme a hacer burbujas para lavar los platos? ¡Después de eso, todos podemos hacer algunos juegos juntos!”

En este caso, el padre ayuda al niño más pequeño, que está siendo atacado, a defenderse a sí mismo en lugar de simplemente decirle al agresivo hermano mayor que deje de empujar.

Si este es su enfoque habitual, el pequeño se sentirá empoderado y no recurrirá a morder u otro comportamiento típico de un niño pequeño para defenderse.

El papá necesitaba intervenir y redirigir cuando uno de los niños estaba presionando al otro, pero en lugar de equivocarse, simplemente estableció un límite claro. Y cuando necesitaba volver a sus tareas, separó a los niños, en lugar de simplemente esperar que la agresión se detuviera.

3- Otro ejemplo con niños pequeños, a los que les cuesta más verbalizar.

Samuel, de quince meses, golpea a Eva, de tres años.

Eva: (sin moverse) «¡Ay!» Samuel se ríe y la golpea de nuevo.

Eva: (riéndose) «¡Ay!»

Samuel: «¡Ay!» Cuando golpea a Eva de nuevo, riendo.

Mamá: “Oye, escucho a Eva decir ¡ay! pero también os escucho a ambos riéndose. ¿Os estáis divirtiendo?”.

Eva: «No quiero que me pegue, pero es difícil…».

Mamá: «Parece que queréis divertiros juntos, pero no estás segura de que te guste el golpe… Eva, puedes jugar con él de otra manera. ¿Qué más podéis hacer?».

Eva: «Creo que le gusta cuando digo ¡Ay!”. Aquí, Samuel, golpea el sofá. “¡Así es!”. Tanto Eva como Samuel dicen ¡ay! y golpean el sofá, riendo.

Los niños a menudo comienzan con juegos que terminan volviéndose demasiado salvajes y acaban haciéndose daño, aunque no sea su intención.

En este ejemplo, el niño mayor no sabía cómo establecer un límite, por lo que la madre le apoyó para que lo hiciera.

Probablemente pocas veces actúes como en los ejemplos, pero no te avergüences, es normal. La mayoría de nosotros no crecimos de esta manera. Necesitamos escuchar ejemplos, y necesitamos practicar. Así que toma nota, e intenta ponerlo en práctica la próxima vez que estalle un conflicto entre tus hijos.

TodoPapás es una web de divulgación e información. Como tal, todos los artículos son redactados y revisados concienzudamente pero es posible que puedan contener algún error o que no recojan todos los enfoques sobre una materia. Por ello, la web no sustituye una opinión o prescripción médica.

Ante cualquier duda sobre tu salud o la de tu familia es recomendable acudir a una consulta médica para que pueda evaluar la situación en particular y, eventualmente, prescribir el tratamiento que sea preciso.

Señalar a todos los efectos legales que la información recogida en la web podría ser incompleta, errónea o incorrecta, y en ningún caso supone ninguna relación contractual ni de ninguna índole.

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