Bebés con autismo

Signos y síntomas

Bebés con autismo

De acuerdo con la tabla siguiente, una persona puede tener una inteligencia promedio, poco interés en otras personas, utilizar un lenguaje verbal limitado, realizar conductas muy autoestimulantes como aletear con las manos, reaccionar poco al dolor y de manera exagerada a los sonidos, tener muy buenas destrezas motoras gruesas y ser menos hábil en las destrezas motoras finas.

Los trastornos del espectro autista (TEA) son una discapacidad del desarrollo provocada por diferencias en el cerebro. Los científicos desconocen exactamente qué provoca estas diferencias en la mayoría de las personas con TEA. Sin embargo, algunas tienen una diferencia conocida, como una afección genética. Existen muchas causas para los TEA, si bien aún la mayoría son desconocidas.

A menudo, no hay indicios en el aspecto de las personas con TEA que los diferencien de otras personas, pero es posible que se comuniquen, interactúen, se comporten y aprendan de maneras distintas a otras personas.

Las capacidades de aprendizaje, pensamiento y resolución de problemas de las personas con TEA pueden variar; hay desde personas con muy altos niveles de capacidad (dotadas, o gifted en inglés) y personas que tienen muchas dificultades.

Algunas necesitan mucha ayuda en la vida diaria, mientras que otras necesitan menos.

Actualmente, el diagnóstico de TEA incluye muchas afecciones que solían diagnosticarse por separado e incluyen el trastorno autista, el trastorno generalizado del desarrollo no especificado de otra manera (PDD-NOS, por sus siglas en inglés) y el síndrome de Asperger. Hoy en día, a todas estas afecciones se las denomina trastornos del espectro autista.

Los TEA comienzan antes de los 3 años de edad y duran toda la vida de la persona; no obstante, los síntomas pueden mejorar con el tiempo. Algunos niños con TEA muestran indicios de problemas futuros en los primeros meses de vida. En otros casos, es posible que los síntomas no se manifiesten hasta los 24 meses o incluso después.

Algunos niños con un TEA parecen desarrollarse normalmente hasta los 18 a 24 meses de edad y después dejan de adquirir destrezas nuevas o pierden las que tenían antes.

Los estudios realizados han mostrado que entre un tercio y la mitad de los padres de niños con TEA observaron un problema antes del primer año de vida de sus hijos y entre el 80 % y 90 % de los padres detectaron problemas antes de los 24 meses.

Es importante destacar que algunas personas que no tienen un TEA también pueden presentar algunos de los síntomas. Pero, en el caso de las personas con TEA, los problemas hacen que la vida sea muy difícil.

Posibles “signos de alarma”

Las personas con un TEA pueden presentar las siguientes características:

  • No responder a su nombre para cuando tienen 12 meses de edad.
  • No señalar los objetos para demostrar su interés (no señalar un avión que pasa volando) para cuando tienen 14 meses de edad.
  • No jugar juegos de simulación (jugar “a darle de comer” a un muñeco) para cuando llegan a los 18 meses de edad.
  • Evitar el contacto visual y querer estar solos.
  • Tener dificultades para comprender los sentimientos de otras personas y para hablar de sus propios sentimientos.
  • Presentar retrasos en las destrezas del habla y el lenguaje.
  • Repetir palabras o frases una y otra vez (ecolalia).
  • Dar respuestas no relacionadas con las preguntas que se les hace.
  • Irritarse con los cambios pequeños.
  • Tener intereses obsesivos.
  • Aletear las manos, mecerse o girar en círculos.
  • Tener reacciones poco habituales al sonido, el olor, el gusto, el aspecto, el tacto o el sonido de las cosas.

Destrezas sociales

Los problemas sociales son uno de los síntomas más comunes de todos los tipos de TEA. Los problemas sociales de las personas con un TEA no son simplemente “dificultades” sociales, como ser tímidos. Son dificultades sociales que pueden generar problemas graves en la vida diaria.

Algunos ejemplos de los problemas sociales relacionados con los TEA son los siguientes:

  • No responder al nombre para cuando tienen 12 meses de edad.
  • Evitar el contacto visual.
  • Preferir jugar solos.
  • No compartir intereses con los demás.
  • Interactuar únicamente para llegar a una meta deseada.
  • Tener expresiones faciales apáticas o inadecuadas.
  • No comprender los límites del espacio personal.
  • Evitar o resistirse al contacto físico.
  • No sentir el consuelo que le dan otras personas cuando están angustiados.
  • Tener dificultades para comprender los sentimientos de otras personas y para hablar de sus propios sentimientos.

Los bebés con un desarrollo típico se interesan por el mundo y las personas que los rodean.

Para cuando cumplen el primer año de vida, los niños pequeños con desarrollo típico interactúan con los demás haciendo contacto visual, repitiendo palabras y acciones, y usando gestos simples como aplaudir y decir “adiós” con la mano.

Los niños con un desarrollo típico también muestran interés por los juegos sociales como las escondidas y las palmaditas con las manos. Pero los niños pequeños con un TEA pueden tener mucha dificultad para aprender a interactuar con otras personas.

Es posible que algunas personas con TEA no se interesen en absoluto en los demás. Otras, tal vez, quieran tener amigos pero no comprendan cómo entablar las relaciones de amistad. A muchos niños con un TEA les cuesta mucho aprender a turnarse y compartir, bastante más que a los otros niños. Esto puede hacer que los otros niños no quieran jugar con ellos.

Las personas que tienen un TEA pueden tener problemas para demostrar sus sentimientos o hablar de ellos. También es posible que tengan problemas para comprender los sentimientos de los demás. Muchas personas con un TEA son muy sensibles al tacto y, posiblemente, no quieran que se las abrace.

Los comportamientos autoestimulantes (p. ej., aletear con los brazos) son habituales en las personas con TEA. La ansiedad y la depresión también afectan a algunas personas que tienen un TEA. Todos estos síntomas pueden hacer que los otros problemas sociales sean aún más difíciles de manejar.

Comunicación

Cada persona con TEA tiene distintas destrezas de comunicación. Algunas personas pueden hablar bien. Otras no pueden hablar en absoluto o hablan muy poco.

Cerca del 40 % de los niños con un TEA no hablan nada. Entre el 25 % y el 30 % de los niños con TEA dicen algunas palabras entre los 12 y 18 meses de edad y después dejan de hacerlo.

1 Otros pueden hablar pero no hasta entrada la niñez.

Algunos ejemplos de problemas de comunicación relacionados con los TEA incluyen los siguientes:

  • Presentar un retraso en las destrezas del habla y el lenguaje.
  • Repetir palabras o frases una y otra vez (ecolalia).
  • Invertir los pronombres (p. ej., decir “tú” en lugar de “yo”).
  • Dar respuestas no relacionadas con las preguntas que se les hace.
  • No señalar ni responder cuando se les señala algo.
  • Usar pocos o ningún gesto (p. ej., no decir adiós con la mano).
  • Hablar con un tono monótono, robótico o cantado.
  • No jugar juegos de simulación (p. ej., no jugar “a darle de comer” al muñeco).
  • No comprender los chistes, el sarcasmo ni las bromas.

Las personas con TEA que hablan pueden usar el lenguaje de maneras poco habituales. Es posible que no puedan poner palabras en oraciones reales. Algunas personas con TEA dicen solo una palabra por vez. Otras personas repiten las mismas palabras o frases una y otra vez.

Algunos niños repiten lo que dicen los demás, una afección que se denomina ecolalia. Pueden repetir las palabras inmediatamente después de que las escucharon o después.

Por ejemplo, si le pregunta a alguien con un TEA: “¿Quieres jugo?”, es posible que la persona repita “¿Quieres jugo?” en lugar de responder la pregunta.

Si bien muchos niños que no tienen TEA atraviesan una etapa en la que repiten lo que escuchan, habitualmente se les pasa para cuando tienen tres años. Algunas personas con un TEA pueden hablar bien pero podrían tener dificultades para escuchar lo que dicen los demás.

Las personas con TEA pueden tener dificultades para usar y comprender los gestos, el lenguaje corporal o el tono de voz. Por ejemplo, las personas con TEA pueden no comprender qué significa decir adiós con la mano. Es posible que las expresiones faciales, los movimientos y los gestos no coincidan con lo que están diciendo. Por ejemplo, es posible que sonrían cuando dicen algo triste.

Las personas con TEA podrían decir “yo” cuando quieren decir “tú” o viceversa. Es posible que su tono de voz suene monótono, robótico o agudo.

Las personas que tienen un TEA podrían pararse demasiado cerca de las personas con quienes hablan o hablar de un tema de conversación durante demasiado tiempo. Podrían hablar mucho sobre algo que les gusta, en lugar de tener una conversación recíproca con la otra persona.

Algunos niños con destrezas de lenguaje bastante buenas hablan como pequeños adultos, sin poder expresarse como se expresan comúnmente los niños.

Intereses y comportamientos poco habituales

Muchas personas con TEA tienen intereses o comportamientos poco habituales.

Algunos ejemplos de intereses y comportamientos poco habituales relacionados con los TEA incluyen los siguientes:

  • Formar líneas con juguetes u otros objetos.
  • Jugar con los juguetes de la misma forma todas las veces.
  • Mostrar interés por partes de los objetos (p. ej., las ruedas).
  • Ser muy organizados.
  • Irritarse con los cambios pequeños.
  • Tener intereses obsesivos.
  • Tener que seguir determinadas rutinas.
  • Aletear las manos, mecerse o girar en círculos.

Los movimientos repetitivos son acciones que se repiten una y otra vez. Pueden incluir una parte del cuerpo o todo el cuerpo, o incluso un objeto o juguete.

Por ejemplo, las personas con un TEA pueden pasar mucho tiempo aleteando los brazos de manera repetitiva o meciéndose de lado a lado. Pueden encender y apagar una luz o hacer girar las ruedas de un automóvil de juguete de manera repetida.

Estos tipos de actividades se conocen como autoestimulación o “conductas estereotipadas”.

Las personas con TEA frecuentemente se desenvuelven si tienen rutinas. Un cambio en la rutina habitual del día, como hacer una parada en el camino de la escuela al hogar, puede ser algo muy angustiante para las personas con TEA. Podrían “perder el control” y tener una “crisis” o berrinche, en especial si están en un lugar desconocido.

Algunas personas con TEA también podrían crear rutinas que parecen inusuales o innecesarias. Por ejemplo, mirar por todas las ventanas cuando pasan por un edificio o querer mirar siempre un video de inicio a fin, incluidos los anticipos y créditos. Si no se les permite seguir este tipo de rutina, esto puede provocar gran frustración y berrinches.

Otros síntomas

Algunas personas con TEA tienen otros síntomas. Estos pueden incluir los siguientes:

  • Hiperactividad (exceso de actividad)
  • Impulsividad (actuar sin pensar)
  • Corta capacidad de concentración
  • Agresión
  • Autolesionarse
  • Berrinches
  • Hábitos de alimentación y sueño poco habituales
  • Estado de ánimo o reacciones emocionales poco habituales
  • Falta de miedo o más miedo de lo esperado
  • Reacciones poco habituales al sonido, el olor, el gusto, el aspecto o el tacto de las cosas

Las personas con TEA pueden tener respuestas poco habituales al tacto, el olor, los sonidos, el aspecto y el gusto de las cosas. Por ejemplo, es posible que tengan poca reacción o una reacción exagerada al dolor o a un ruido fuerte.

Podrían tener hábitos alimentarios anormales. Por ejemplo, algunas personas con un TEA limitan su alimentación únicamente a algunas comidas. Otros pueden comer cosas que no son comestibles como tierra o piedras (esto se denomina pica).

Además, podrían tener problemas como estreñimiento o diarrea crónicos.

Las personas con TEA pueden tener hábitos del sueño extraños. También pueden tener estados de ánimo o reacciones emocionales anormales.

Por ejemplo, es posible que se rían o lloren en momentos inusuales, o bien, que no demuestren una respuesta emocional en momentos en los que es de esperarse.

Además, es posible que no le tengan miedo a cosas peligrosas y que le tengan miedo a objetos o situaciones inofensivos.

Desarrollo

Los niños con TEA se desarrollan a ritmos distintos en áreas diferentes. Es posible que muestren un retraso en las destrezas del lenguaje, sociales y del aprendizaje, mientras que sus destrezas para caminar y trasladarse sean prácticamente iguales a las de otros niños de su edad.

Es posible que sean muy buenos para armar rompecabezas o resolver problemas de computadora pero que tengan dificultades con actividades sociales tales como hablar o hacerse amigos. Los niños con un TEA también podrían aprender una destreza difícil antes de aprender una más sencilla.

Por ejemplo, es posible que un niño lea palabras largas pero que no pueda decir qué sonido tiene la letra “b”.

Los niños se desarrollan a su propio ritmo, de modo que puede ser difícil predecir exactamente cuándo aprenderán una destreza en particular. Pero existen indicadores del desarrollo específicos para cada edad que se utilizan para medir el progreso social y emocional de un niño durante los primeros años de vida.

Para obtener más información más sobre los indicadores del desarrollo, visite “Aprenda los signos. Reaccione pronto.

” una campaña diseñada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades ( CDC) junto con otros socios para enseñar a padres, profesionales de atención médica y proveedores de cuidado de niños sobre el desarrollo temprano de los niños, incluidos los posibles “signos de alarma” en torno a los trastornos del espectro autista.

Referencias

  1. Johnson, C.P. Early Clinical Characteristics of Children with Autism. In: Gupta, V.B. ed: Autistic Spectrum Disorders in Children. New York: Marcel Dekker, Inc., 2004:85-123.

Источник: https://www.cdc.gov/ncbddd/spanish/autism/signs.html

Cómo reconocer los primeros síntomas de autismo en los bebés

Bebés con autismo

Uno de cada 160 niños tiene autismo, según la OMS (Organización Mundial de la Salud). Estas cifras, no obstante, pueden variar mucho de unos países a otros.

De hecho, para AETAPI (Asociación Española de Profesionales del Autismo), en España uno de cada cien niños que nace tiene TEA, mientras que en Estados Unidos la cifra es de uno de cada 60 menores.

Se habla de TEA (trastorno del espectro del autismo) porque no hay una sola forma de autismo sino diferentes manifestaciones, como el síndrome de Asperger.

Por el momento no se ha podido establecer la causa del autismo, pero sí se sabe que hay una intervención decisiva de la genética; es decir, es un trastorno que está ahí desde el nacimiento,aunque no se haga evidente hasta unos meses más tarde.

En el caso de que un hijo nazca con autismo, las probabilidades de que un nuevo hermano tenga este trastorno son del 10% (frente al 1% de la población general). Si son dos los hijos con autismo, el porcentaje de que un tercero lo tuviera se eleva al 30%.

En la actualidad, el número de niños diagnosticado con autismo es cuatro veces mayor que el de niñas.

Lee también: El autismo infantil: cómo ayudar a tu hijo en su día a día

¿A qué edad se puede diagnosticar el autismo?

Los primeros síntomas del autismo son detectables ya en los primeros meses de la vida del bebé. Hay algunas alteraciones que pueden advertir de que algo no va bien, aunque no en todos los casos se tratará de un TEA.

“El autismo es un trastorno del neurodesarrollo que involucra al lenguaje y la sociabilidad, lo que interfiere la comunicación y la relación con otros”, explica la Dra. Mª José Mas, pediatra especialista en Neuropediatría y autora del blog Neuronas en Crecimiento.

Hay tres áreas básicas: el lenguaje, la sociabilidad y el juego, en los que serán visibles esas diferencias y dificultades que pueden alarmar de que algo está sucediendo.

Por eso, para hacer el diagnóstico hay que esperar hasta que el niño alcance la edad en que surgen la mayoría de esas habilidades, que es a partir de los 12 meses.

¿Cuáles son los síntomas de alarma del autismo?

Siempre que haya un retraso en la adquisición de cualquier habilidad o a los padres les surja alguna preocupación en relación al desarrollo del niño, conviene consultar cuanto antes. Es muy importante, no solo en el caso del TEA.

“El autismo no es el único trastorno del neurodesarrollo, y cuanto antes detectemos los problemas antes podremos actuar”, destaca la Dra. Mas.

A veces son los padres los que dan la voz de alarma, porque intuyen que algo no va bien, y otras son el centro escolar o el pediatra los que advierten de que puede haber una alteración en este sentido.

Con respecto a los síntomas precoces que pueden alertar de que el bebé tiene autismo son:

  • Muestra poco interés o dificultades para relacionarse con los demás niños o con adultos. Esto se puede percibir ya desde los 12 meses cuando un adulto se le acerca, pues el niño parece no anticiparse a esa interacción, como si no le importase.
  • No posee “atención compartida”. La atención compartida es una habilidad por la cual cuando alguien, con gestos o miradas, quiere mostrarte algo que es de tu interés, tú reaccionas. En el caso de los niños con autismo, no hay atención compartida. “En vez de mirar hacia donde le señalan o mirar a la persona que reclama su atención, se muestra indiferente o no parece entender lo que se espera que haga”, detalla la neuropediatra. Esto se ve claramente en los juegos de interacción sencillos como el cu-cu-tras, ante los que el bebé no reacciona.
  • No dice ninguna palabra con sentido o no muestra ninguna intención de comunicarse en el periodo evolutivo correspondiente; esto es, entre los 10 y los 16 meses.
  • Mantiene una conducta o un juego que ocupa más del 50% de su tiempo. Además, este juego suele ser repetitivo (abre y cierra objetos, los alinea…). Tampoco hay juego simbólico (por ejemplo, el que se lleva a cabo con un muñeco).

En algunos casos, esas destrezas o habilidades estaban presentes en los primeros meses de vida, pero se produce una involución y el niño parece haberlas “olvidado”.

¿Cómo se diagnostica el autismo?

“Antes de hacer un diagnóstico de autismo, debemos estar muy seguros, pues estos síntomas pueden corresponder a otros problemas y solo la evolución nos permite confirmar que se trata de autismo”, revela la neuropediatra.

El diagnóstico del autismo es clínico; esto significa que no hay pruebas médicas (como una radiografía o una analítica) que permitan corroborar lo que el médico ha observado. Este valorará las dificultades del niño en distintas ocasiones para cerciorarse, teniendo en cuenta su desarrollo psicológico y cognitivo.

Además, se puede hacer un examen genético para intentar descubrir alguna alteración que provoque el trastorno.

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¿Por qué es tan importante la intervención temprana en autismo?

Los beneficios de diagnosticar y aportar atención precoz a los niños con autismo son enormes. Son años vitales en el neurodesarrollo que no se deben dejar pasar. Por ejemplo, “el lenguaje empieza su neurodesarrollo muy pronto y si está alterado y no se interviene, continuará desarrollándose con dificultades.

Las personas con autismo que consiguen mejorar sus habilidades comunicativas y del lenguaje tienen mucha más probabilidad de mejoría y de ser adultos independientes”, enfatiza la experta. “Lo mismo sucede con habilidades sociales y también con dificultades cognitivas que muchos niños tienen asociadas”, destaca la Dra.

Mª José Mas, autora también de los libros El cerebro en su laberinto y La aventura de tu cerebro.

Por este motivo, en cuanto hay una sospecha de que algo no va bien, de que el bebé no responde como otros niños, conviene acudir a un especialista para que sea valorado. En ocasiones, el niño parece ausente no porque tenga autismo sino porque hay problemas de audición o de otra naturaleza. Sea cual sea la causa, hay que descubrirla cuando antes y tratarla.

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Источник: https://www.hola.com/ninos/20201116179247/sintomas-autismo-bebes-tg/

¿Qué es el autismo y cuáles son sus síntomas según la edad?

Bebés con autismo

En España, con una estimación de 13.000 niños afectados, las estadísticas constatan que existen entre uno y dos casos por cada 1.000 niños. Debido a este aumento, la vigilancia y evaluación de estrategias para la identificación temprana, podría permitir un tratamiento precoz y unos mejores resultados.

Su origen se halla en una anomalía en las conexiones neuronales que es atribuible, con frecuencia, a mutaciones genéticas. Sin embargo, este componente genético no siempre está presente, ya que se ha observado que los trastornos que sufre una persona autista pueden tener diversos factores, dado que se ha descrito la implicación de varios elementos de riesgo que actúan juntos.

El grado de severidad del autismo varía mucho. Los casos más graves se caracterizan por una completa ausencia del habla de por vida y comportamientos extremadamente repetitivos, inusuales, autodañinos y agresivos.

Este comportamiento puede persistir durante mucho tiempo y es muy difícil de cambiar. Así, se convierte en un reto enorme para aquellos que deben tratar y educar a estas personas.

Las formas más leves de autismo pueden ser casi imperceptibles y suelen confundirse con la timidez, la falta de atención y la excentricidad.

Síntomas de un niño con autismo

Hasta la fecha una de las mayores dificultades a la que se enfrentan los médicos es un habitual retraso en el diagnóstico.

Aunque cada vez hay una mayor sensibilización por parte de los médicos y de la sociedad en general, hay ciertos factores que dificultan el diagnóstico precoz como son la variabilidad individual de cada niño, la variabilidad a lo largo del desarrollo, el miedo de los médicos a equivocarse (son niños de aspecto normal e incluso algunos niños tienen habilidades hipertróficas) y la ausencia de criterios diagnósticos consensuados para niños muy pequeños (menores de tres años). Además muchos profesionales de la pediatría no tienen formación especializada en estos rasgos y necesitan de una mayor familiarización con las herramientas diagnósticas.

Hablaremos de algunos signos precoces que pueden hacer sospechar del diagnóstico en este artículo.

Primeros meses de vida

Los niños nacen ya con algunas habilidades. Les gusta mirar las caras, imitar, presentan cierta sincronía motora y un llanto que resulta informativo de lo que les ocurre.  Se dice que los niños pequeños son “comunicativos antes que intencionales” y son sociales por naturaleza. Los niños antes de nueve meses ya pueden seguir la mirada de su madre.

En estas edades tan precoces ya hay unos signos tempranos de autismo. Los más tempranos son el pobre contacto ocular, es un contacto visual reducido, la sonrisa es escasa, no responden a su nombre, no hay un seguimiento visual… con frecuencia son niños “muy tranquilos”, “no demandantes”.

  Más adelante aparecen signos como la no imitación o simbolización (dar de comer a los padres, a los muñecos, ponerlos a dormir…), la ausencia de atención compartida (disfrutar, por ejemplo, de que un cuento se lea con la madre o el padre), la ausencia de juego con los demás (compartir con otros niños) o el dedicar pocas miradas a las personas.

 

Se trata de unos déficits tempranos que persisten en el tiempo, probablemente porque tienen que ver con el aprendizaje social que está alterado.

Entre los 18 y los 36 meses de edad

Así, entre los 18 y 36 meses de edad se pueden percibir signos como

  • Sordera aparente, no responde a llamadas o indicaciones. Parece que oye algunas cosas y otras no.
  • No persigue por la casa a los miembros de la familia ni alza los brazos cuando está en la cuna para que le cojan. Parece que nos ignora.
  • Cuando se le coge de la cuna o el parque no sonríe ni se alegra de ver al adulto.
  • No señala con el dedo y mira al adulto para comprobar que éste está también mirando donde él señala.
  • No señala con el dedo para compartir experiencias ni para pedir.
  • Tiene dificultades con el contacto ocular, casi nunca lo hace y cuando mira hay veces que parece que «atraviese con la mirada», como si no hubiera nada delante de él.
  • No mira a las personas ni lo que están haciendo.
  • Cuando se cae no llora ni busca consuelo.
  • Es excesivamente independiente.
  • Reacciona desproporcionadamente a algunos estímulos (es muy sensible a algunos sonidos o texturas).
  • No reacciona cuando se le llama por el nombre.
  • Prefiere jugar solo.
  • No dice adiós.
  • No sabe jugar con los juguetes.

A partir de los 36 meses

  • Tiende a ignorar a los niños de su edad, no juega con ellos ni busca interacción.
  • Presenta un juego repetitivo y utiliza objetos y juegos de manera inapropiada; como por ejemplo gira constantemente los objetos, juega con trocitos de papel delante de los ojos, alinea objetos,…
  • Puede presentar movimientos esteriotipados o repetitivos como aleteo con las manos, saltitos, balanceo, caminar de puntillas,…
  • Ausencia de lenguaje, o este es repetitivo y sin significado aparente, con tono de voz inapropiado. No dice cosas que antes decía.
  • No existe imitación.
  • Evita la mirada y el contacto.
  • Parece cómodo cuando está solo y tiene problemas para aceptar cambios en su rutina.
  • Tiene apego inusual a ciertos objetos.
  • Tiene muchas rabietas.
  • Está en su mundo.

En caso de presentar uno de los siguientes síntomas, es necesario consultar con el especialista:

  • No balbucea o no hace gestos de interacción con 12 meses.
  • No dice palabras aisladas con 16 meses.
  • No dice frases completas con 24 meses.
  • Cualquier regresión o pérdida de habilidades adquiridas a cualquier edad.

Por último, FAROS recomienda la película «María y yo», una historia de un padre que se va junto a su hija autista de vacaciones a las Islas Canarias y en la cual, de una forma original, con sentido del humor y con un toque de sinceridad nos relatan cómo se convive con una discapacidad.

Si quieres aprender más sobre el trastorno y saber con más detalle qué se celebra y reivindica  el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, te aconsejamos visitar la web de este movimiento asociativo y sumarte a la campaña #DiaMundialAutismo.

Источник: https://faros.hsjdbcn.org/es/articulo/autismo-cuales-sintomas-segun-edad

Pasos a seguir en el autismo: bebés y preescolares (desde el nacimiento hasta los 5 años)

Bebés con autismo

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Si acaban de diagnosticar a su hijo un autismo, usted tiene mucho que aprender. Se enfrentará a expresiones como «intervención precoz» y «apoyo conductual positivo». Es normal que se sienta superado por la situación.

Pero no se preocupe: usted no está solo. Hay muchos padres que ya han recorrido ese camino. Hay muchos recursos y servicios de apoyo disponibles.

Nuestra lista de siete pasos le puede ayudar a encontrar el mejor camino. Tenga en cuenta los siguientes pasos para su bebé y su niño de preescolar.

1er paso: Aprenda sobre las necesidades de su hijo

Los niños con autismo pueden tener retrasos en el lenguaje o problemas para comunicarse con los demás. Pueden tener conductas extrañas o repetitivas o problemas de aprendizaje. No hay dos niños autistas que sean iguales y, en calidad de padre, usted es un experto en su hijo.

Por lo tanto, cuando hable con sus médicos o terapeutas, hágales muchas preguntas. Explíqueles lo que le preocupa. Y, si no le satisfacen sus respuestas, considere la posibilidad de obtener una segunda opinión.

Algunos niños con autismo tienen otras afecciones como crisis convulsivas, problemas gastrointestinales y dificultades para dormir. Si hay algún tema de salud que le preocupa sobre su hijo, explíqueselo a su médico. Es posible que su hijo necesite que lo vea un especialista y que le hagan pruebas.

Cuando se sienta cómodo con el diagnóstico de autismo de su hijo, aprenda sobre todas las opciones de tratamiento que pueden incluir la psicoterapia y los servicios educativos.

Desde el nacimiento hasta los 3 años: Intervención precoz

En virtud de la ley federal, los niños menores de 3 años con necesidades especiales cumplen los requisitos necesarios para recibir apoyo adicional que les ayude a alcanzar metas evolutivas, como el hablar. Estos servicios educativos se llaman servicios de intervención precoz y se ofrecen a través de un plan de servicio familiar individualizado (IFSP, por sus siglas en inglés).

En la intervención precoz, los niños aprenden con la ayuda de terapeutas en su casa, una guardería o jardín de infancia u otro tipo de instalación. Los padres y los cuidadores aprenden cómo ayudar a mejorar el lenguaje y la comunicación de sus hijos. Algunas de las habilidades a trabajar incluyen las siguientes:

  • establecer contacto ocular
  • interactuar con reciprocidad
  • responder a los demás con gestos o lenguaje
  • prestar atención a un objeto o a sucesos conjuntamente (lo que se llama atención compartida)

Cada estado lleva su propio programa de intervención precoz. Pida al pediatra de su hijo que los derive al Centro de asistencia técnica para la infancia temprana (Early Childhood Technical Assistance Center, en inglés) a fin de que les faciliten información de contacto específica para su estado en concreto.

A partir de los 3 años: IEP y Planes 504

Los niños con autismo de 3 años en adelante pueden ser beneficiarios de un Programa Educativo Individualizado (IEP, por sus siglas en inglés) procedente de su propio distrito escolar.

Este plan determinará las necesidades del niño en aspectos como la terapeuta del habla, la terapia ocupacional y los ayudantes de aula para ayudar en las elecciones conductuales positivas.

Para estar más informado al respecto, llame a la oficina de educación especial de su distrito escolar.

Los niños que no cumplan los requisitos necesarios para beneficiarse de un IEP, es muy probable que se puedan beneficiar de asistencia educativa a través de un Plan 504, que ofrece apoyo en clases ordinarias para facilitar el aprendizaje.

3er paso: Infórmese sobre las coberturas del seguro médico de su hijo

La terapia psicológica para ayudar en los síntomas del autismo puede ayudar a mejorar, pero no todas las terapias están cubiertas por los seguros médicos. La cobertura dependerá del estado al que pertenezca, y no siempre es fácil averiguarlo.

He aquí algunas formas de enterarse de esas coberturas:

  • Llame a su compañía médica para enterarse de cuáles son los servicios que cubre.
  • Hable con el trabajador social del equipo que atiende a su hijo para informarse sobre programas especiales disponibles para su hijo.
  • Busque en Internet herramientas que sirvan para dilucidar las coberturas médicas de su seguro.Algunas organizaciones nacionales sobre autismo ofrecen un listado de preguntas y otras herramientas que ayudan a saber qué es lo que está cubierto por el estado donde vive o por su seguro médico.

Si usted no dispone de seguro médico, los programas CHIP (Programa de seguro de salud infantil) o Medicaid de su estado pueden ofrecer coberturas para su hijo. El programa Medicaid también le puede ofrecer una cobertura adicional si su seguro médico no cubre todos los gastos. La cobertura se basa en la discapacidad y las necesidades específicas de su hijo, no en los ingresos de su familia.

4to paso: Encuentre un jardín de infancia para su hijo si lo necesita

Por ley, los jardines de infancia no pueden discriminar a los niños con necesidades educativas especiales.

De todos modos, usted quiere estar seguro de que el jardín de infancia que usted escoja y su personal disponen de las habilidades y de las instalaciones necesarias para acomodar a su hijo con garantías de seguridad.

Las agencias estatales que gestionan la intervención precoz suelen poder aconsejar y derivar a sus pacientes a jardines de infancia apropiados.

5to paso: Únase a grupos sociales u organice reuniones de niños para que jueguen juntos

Cuando su hijo vaya creciendo, búsquele oportunidades para que pueda socializar con otros niños de su misma edad y poner en práctica las habilidades que haya aprendido en terapia.

Los padres de niños de pocos años y de preescolar pueden considerar la posibilidad de asistir a clases para madres e hijos («Mommy and Me») o de organizar reuniones con niños de edades similares en su vecindario.

Esos encuentros pueden ser una valiosa oportunidad de aprendizaje social para su hijo.

Si es posible, inscriba a su hijo en clases de aprendizaje de habilidades sociales. Están pensadas específicamente para niños que necesitan una ayuda adicional para relacionarse con los demás.

Los niños aprenden cosas como establecer contacto ocular, adoptar turnos y compartir.

La mayoría de las clases las imparte un terapeuta o un trabajador social, y pueden estar cubiertas por el seguro médico o formar parte del IEP.

Y no se olvide de las oportunidades sociales para sí mismo y para sus otros hijos. Muchas localidades disponen de grupos de apoyo para padres o hermanos de niños con autismo. El hecho de relacionarse con otras personas que están atravesando desafíos similares a los suyos le puede ayudar a aprender nuevas formas de afrontar la situación.

6to paso: Busque apoyo cuando lo necesite

La vida con un niño pequeño que tiene autismo puede ser agobiante. Por eso, es importante que se tome momentos de descanso y que pida ayuda cuando la necesite. Le puede costar al principio, pero le permitirá dedicar más tiempo y energía a su familia.

O sea que pida ayuda a otro miembro de la familia en tareas como lavar la ropa o preparar la comida.

Llegue a acuerdos con su pareja sobre el cuidado de su hijo para que ambos puedan disfrutar del tan necesario tiempo para uno mismo.

Contrate a un cuidador que se sienta cómodo cuidando de su hijo o considere la posibilidad de acudir a servicios de respiro familiar para poder salir por la noche.

Dedicar tiempo a sí mismo le pude ayudar a recargar pilas. Volverá junto a su hijo preparado para disfrutar, darle amor y todo lo que puede ofrecer la paternidad.

7mo paso: Asegure el futuro de su hijo

Si aún no ha escrito su testamento ni establecido un marco financiero y legal para el futuro de su hijo, hágalo ahora. Hable con un abogado que esté especializado en la ley de necesidades especiales y con un asesor financiero para dar con la mejor forma de administrar sus bienes y de prepararse económicamente para el futuro de su hijo.

Revisado por: Anne M. Meduri, MD

Fecha de revisión: noviembre de 2017

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/autism-checklist-preschoolers-esp.html

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