Cómo actuar ante las emociones infantiles

Actividades para que los niños trabajen con sus emociones

Cómo actuar ante las emociones infantiles

Siempre es importante que los niños expresen sus emociones, pero estos días todavía más. Ante esta situación excepcional en la que nos encontramos, resulta esencial dotarles de herramientas que les permitan crecer emocionalmente, tal y como nos señala María Díaz, directora pedagógica de la Escuela infantil Cabás, en Madrid.

Por ello, desde este centro educativo nos han dado algunas claves para trabajar con los más pequeños algunos sentimientos que sentirán estos días.

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El miedo

Es una de nuestras emociones primarias. “Gracias a él, reaccionamos antes situaciones reales de peligro, y nos da la oportunidad de generar herramientas para afrontar ciertas situaciones”.

Es normal que los niños también lo sientan, al fin y al cabo, “es una forma de mostrar al mundo que está madurando”, detallan desde la Escuela infantil Cabás.

Por ello, tenemos que enseñarles, a medida que surgen sus temores, cómo hacerles frente.

  • Lo primero que debemos hacer es explicarles que existen miedos reales y falsos, como los fantasmas o la oscuridad. Estos últimos están en nuestra imaginación, nos confunden, y por esta misma razón, debemos aprender a superarlos.
  • Podemos formularles preguntas que les ayuden a pensar sobre ello. Por ejemplo, plantearles cuál es su miedo, cuándo aparece, cómo responde su cuerpo y si no existiera, todo lo que podría hacer.
  • La técnica del fantasma. María Díaz nos propone una técnica que emplean en la clase de niños de cuatro y cinco años. Consiste en crear un fantasma -podemos pintarlo en un rollo de papel higiénico-, que llevará una pequeña bolsa donde guardaremos los miedos del niño. El pequeño deberá dibujar o escribir en un papel qué es lo que le da miedo y guardarlo en esa bolsa. Más tarde, los leeremos para ayudarle a relativizarlo. Por ejemplo, en la escuela tienen a Felipe, y en su bolsa depositan todos sus miedos.

Lee: Cuentos infantiles para fomentar las habilidades emocionales

La ira

En estos días en los que toda la familia se encuentra en casa, pueden darse ciertos conflictos durante la convivencia.

“Es importante explicarle al niño que tener ira no es malo ni antinatural si se sabe controlar”, asegura María Díaz.

“La ira hace que las personas reaccionen frente a lo que no les gusta, produce cambios positivos y nos alerta para actuar”, añade. ¿Qué podemos hacer si nuestro hijo se enfada estos días?

  • Crear un rincón de calma. Un espacio didáctico, que nosotros mismos podemos construir con él. Al entrar, debemos sentir calma, y en ningún caso debemos verlo como “un rincón de castigo”.
  • En este lugar, encontrarán cosas que les ayuden a relajarse: títeres para compartir pensamientos, mandalas y pinturas para colorear, cuentos para leer… De hecho, recomienda tres títulos que nos podrán ayudar: Vaya rabieta, de Mireille D’ Allancé, Cuando estoy enfadado, de Trace Moroney, y La rabieta de Julieta, de Steve Antony. También disponibles en formato audiolibro.

Lee: Cómo educar la inteligencia emocional en los niños

La tristeza

Los niños se percatan de todo lo que sucede a su alrededor. Estos días de incertidumbre y nerviosismo, pueden experimentar momentos de altibajos emocionales.

Sin embargo, ellos cuentan con un ‘arma secreta’ que los adultos hemos perdido con el paso del tiempo: “el asombro y la positividad”.

Así que desde Cabás nos aconsejan una actividad para explicarles que hay que mirar nuestras rutinas diarias de una manera positiva y diferente. Una técnica que, además, advierten que puede servirnos para los mayores.

  • Primero tenemos que hablar con ellos. Preguntarles qué es lo que sienten, qué piensan de este momento y cómo les está afectando. Es muy importante que dejemos que hablen, sin interrupciones.
  • A continuación, les tranquilizaremos y explicaremos que en algunas ocasiones, podemos ver las cosas con pesimismo o tristeza.
  • Taller para aprender a mirar. La clave de esta actividad es que se establecerá relación entre el color negro y los sentimientos negativos, para que ellos lo entiendan mejor. En este taller necesitaremos:

Materiales:

  • Cartulina blanca
  • Ceras de colores, témpera negra
  • Palillos, tenedores…

Pasos:

  1. Pintar la cartulina blanca con una explosión de colores
  2. Cubrir los colores con la témpera negra. La cartulina debe quedarse totalmente negra
  3. Dejar que se seque

A continuación, les invitaremos a sentarse en un lugar que les aporte tranquilidad con su hoja negra. Les diremos que tienen que pensar con atención en esa situación o sentimiento que les preocupa. Cuando estén preparados, les indicaremos que dibujen, escriban… que se expresen, dejando volar su creatividad sobre esa cartulina. Es mejor que les dejemos solos para que no se sientan cohibidos.

Cuando hayan terminado, hablaremos con ellos. Con esto, aprenderemos que, aunque a veces haya cosas ‘negras’, debajo siempre hay algo de color.

Además, “explicaremos que no hay que entrar a valorar la emoción. No es buena ni mala, está ahí y debemos permitirnos sentirla para no quedarnos anclados en ella”, aclara la directora pedagógica de la Escuela infantil Cabás.

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Источник: https://www.hola.com/ninos/20200326164131/actividades-trabajar-emociones-ninos/

Cómo actuar ante las emociones infantiles

Cómo actuar ante las emociones infantiles

Entre el primer y tercer año de edad los niños han adquirido sentido de su individualidad y de sus propios deseos.

Como consecuencia suelen ser presa de cambios de humor repentinos que influyen en su comportamiento. Comprender qué les pasa nos permitirá saber cómo actuar en cada caso de la mejor forma posible.

Descubre, a través de varios ejemplos concretos cómo puedes ayudarles sin coartar sus emociones

Indice

  • Monta en cólera
  • Está triste
  • Tiene miedo
  • Grita de felicidad
  • Tiene envidia

Monta en cólera

La situación: Es domingo, estáis en el parque y pasa un señor vendiendo muñecos de la última peli de dibujos animados. A tu pequeño inevitablemente se le van los ojos hacia ellos, e inmediatamente tira de tu brazo en su dirección y te dice: “¡Mami, quiero uno!” Pero tras tu negativa a comprárselo se tira al suelo y se pone a llorar y a patalear.

¿Qué le sucede? Las rabietas suelen presentarse en niños activos y llenos de energía, que quieren captar la atención de sus padres, conseguir algo de ellos o simplemente controlar el medio que les rodea. El niño tiene muy poca capacidad para demorar la satisfacción de sus deseos y necesidades y tiene poca tolerancia a la frustración.

También puede tratarse de que su lenguaje aún no ha alcanzado el nivel suficiente para pedir con claridad todo aquello que le gustaría conseguir. En general todas las causas tienen un denominador común: son situaciones en que el niño no obtiene lo que quiere.

Estas rabietas reflejan su deseo de ser independiente y capaz de seguir sus propias inclinaciones sin obstáculos en su camino.

¿Cómo reaccionar? Evita decirle no de manera brusca. Puede resultarle humillante, especialmente si con su actuación está tratando de manifestar sus deseos.

Minimiza las situaciones en las que tengas que decir no y trata de detectar las señales de aviso (cara encendida, cansancio, irritabilidad…). Ante el primer indicio lo aconsejable es desviar la atención del pequeño hacia otra actividad.

Si la rabieta ha comenzado no pierdas los nervios, conservando la calma le ayudaremos a tranquilizarse, hablándole suavemente. Es bueno además, hablar después de la rabieta, explicándole por qué sus actos son inadecuados.

En ocasiones se hará necesario ignorar las conductas y retirarle la atención. Con ello lograrás no reforzar dicho comportamiento. Elogia también sus esfuerzos por controlarse (“Como estás pidiendo las cosas bien, voy a comprarte los caramelos”).

Evita: Humillarle (“Eres un niño insoportable y malo”) o castigarle. Evita asimismo la utilización del miedo para atajar una conducta no deseada. Es una solución inmediata, pero acabará haciendo temeroso al niño e impedirá que se desarrolle con libertad.

Está triste

La situación: Vais paseando y sin querer deja escapar el globo que le habían regalado en el restaurante donde acabáis de comer. Sus ojos llorosos están fijos en el globo que se eleva y se eleva hacia el cielo.

¿Qué le sucede? Es normal que esté triste cuando pierde algo que le gustaba. También nos sucede a los adultos.

¿Qué hacer? ¿Está triste? Ábrele tus brazos para que pueda refugiarse y dar rienda suelta a sus lágrimas. Llorar le ayudará a no guardar la tristeza en su interior.

Si es la primera vez que le ocurre, puedes, si quieres, comprarle otro globo o pedir otro. La lección ya está aprendida: sabrá que la próxima vez deberá prestar atención o atarlo a su muñeca para que no se vuele.

Pero puede ocurrir que tu hija no quiera otro globo, sino el que ahora viaja libre. En este caso el disgusto será inevitable.

Evita: Decirle que no llore cuando esté triste. Tampoco menosprecies su dolor. Es sólo un globo, pero para tu pequeña significaba mucho. Seguramente podrás distraerla y hacer que desaparezcan sus lágrimas, sin embargo su sufrimiento permanecerá. Llorar le ayuda a desahogarse.

 

Tiene miedo

La situación: No hay nada que hacer. Se niega a subir a los caballitos. Lleva toda la tarde esperando este momento pero con el tiovivo ante sus asustadizos ojos, le flaquean las fuerzas y se agarra a tu pierna como una lapa.

¿Qué le sucede? Está desarrollando su sistema nervioso y de repente toma conciencia de la velocidad y de los peligros que entraña.

En contra de lo que podamos creer, el miedo es una emoción extremadamente sana. Es un sistema de alarma que nos avisa de la presencia de un peligro. Informa a nuestro cuerpo para que actúe ante un riesgo y se enfrente a él. Nos enseña a prepararnos ante lo desconocido.

Ser valiente es conocer el miedo, vivirlo y reconocerlo, y asimilar todo lo que nos puede enseñar. Tu pequeño debe aprender a aceptarlo, a sobreponerse y a utilizarlo.

Cómo actuar: No le fuerces. Ponte en su lugar e intenta averiguar qué es lo que le produce ese temor: “¿Va muy rápido?” ¿Crees que porque se mueve puedes caerte? ¿Es porque mamá no está a tu lado?” Proponle subirte con él la primera vez. ¿Tampoco quiere subir? Inténtalo al cabo de un par de semanas. Tarde o temprano el miedo dará paso al deseo.

Evita: Tratarle de cobarde. No le presiones para que se sobreponga a sus miedos. Si le obligas reforzarás su angustia y quizás un día u otro el temor resurja en forma de fobia. Si insistes en ponerle en una situación que le provoca malestar correrás el riesgo de que no vuelva a confiar en ti.

 

Grita de felicidad

La situación: Viene de jugar al fútbol y entra en casa histérica de alegría contándote que ha marcado el gol del desempate en el último minuto del partido. Está feliz y te encantaría compartirlo con ella, pero hay un problema: sus gritos han despertado a su hermana pequeña, que acaba de dormirse. ¿No podría ser menos escandalosa?

¿Qué le sucede? Ella está contenta y orgullosa de sí misma; es normal que haga ruido. Todavía no ha perdido la capacidad de chillar de felicidad, como los adultos, reprimidos socialmente. La felicidad es un sentimiento precioso y cada vez que tu hija demuestra alegría y orgullo quedará marcado en su cerebro: la próxima vez lanzará el balón aún con más confianza.

Cómo actuar: Todo depende de cómo sean los gritos. Si chilla y salta durante un tiempo largo, será necesario que aprenda a dominarse y a ser más respetuosa con los demás.

Pero si manifiesta su alegría de forma ruidosa y exagerada, lo que indudablemente está tratando de hacer también es llamar tu atención. ¿Estará celosa de su hermanita? Hazle mimos y habla con ella. Si se trata de un simple grito de felicidad, acompáñala en su alegría, le harás sentirse orgullosa de sí misma.

Celebrar los éxitos reactiva las energías y el entusiasmo y nos ayuda a superarnos otorgándonos deseos de hacerlo mejor la próxima vez.

Evita: Felicitarla en exceso o de manera exagerada. Tu hija no es tonta y sabe que no ha hecho nada fuera de lo común, por lo que podrá descifrar el mensaje como: “Mamá me dice eso porque me quiere pero en realidad soy una inútil”.

 

Tiene envidia

La situación: Ha pedido a los Reyes el Castillo Medieval, pero parece que todos los niños han tenido la misma idea, así que tú te las has visto y deseado para encontrar la única unidad no agotada de toda la cuidad. Sin embargo tras desenvolver su regalo y descubrir ilusionado el castillo ve aparecer a su primo mayor con el último modelo de consola portátil. El castillo ha dejado de existir para él, ahora quiere una consola.

¿Qué le sucede? Si el castillo era una sorpresa, puede ser que la causa de su decepción sea simplemente que no le guste. Pero si por el contrario era un regalo deseado, el problema quizás esté en otro sitio. Tal vez en la relación con su primo.

Piensa, ¿qué tiene su primo que no tenga él? ¿Es mayor? ¿Más fuerte? Seguramente si su pariente es mayor, él le admire y considere que todo lo que hace, dice, tiene y toca es sagrado. En consecuencia todas las cosas de tu hijo dejan de tener valor ante su presencia.

La envidia es un sentimiento inherente al ser humano. Si alguien posee algo que nosotros no tenemos inmediatamente se convierte en algo deseable. Cuando crecemos aprendemos a controlar este sentimiento, pero no podemos pedir a un niño pequeño que lo haga.

Cómo actuar: Hazle entender que comprendes su resentimiento: “¿Te gusta la consola de Alberto? El año que viene cuando seas mayor puedes pedir una si todavía la quieres.

Mientras, podéis jugar los dos juntos”. Pídele a su primo que juegue con él. Esto le permitirá “apropiarse” un poco de ella. Intenta asimismo que tu sobrino juegue con el castillo.

Si acepta lo habrás conseguido: el juguete se habrá revalorizado.

Evita: Censurar sus celos y culpabilizarle. No debe sentirse avergonzado de lo que siente. De otro modo percibirá que debe bloquear sus emociones. Y por mucho que las reprima éstas no desaparecerán. Tendrá que aprender a encauzarlas.

Cólera

Definición:

El cólera es una enfermedad aguda, diarréica, provocada por una infección intestinal por la bacteria Vibrio cholerae.

Síntomas:

Aparición brusca. Dolor abdominal, diarrea acuosa y abundante, apatía, pérdida de memoria, frialdad, palidez, cianosis, hipotensión, deshidratación.

Tratamiento:

Sueros y antibióticos.

TodoPapás es una web de divulgación e información. Como tal, todos los artículos son redactados y revisados concienzudamente pero es posible que puedan contener algún error o que no recojan todos los enfoques sobre una materia. Por ello, la web no sustituye una opinión o prescripción médica.

Ante cualquier duda sobre tu salud o la de tu familia es recomendable acudir a una consulta médica para que pueda evaluar la situación en particular y, eventualmente, prescribir el tratamiento que sea preciso.

Señalar a todos los efectos legales que la información recogida en la web podría ser incompleta, errónea o incorrecta, y en ningún caso supone ninguna relación contractual ni de ninguna índole.

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Источник: https://www.todopapas.com/ninos/psicologia-infantil/como-actuar-ante-las-emociones-infantiles-836

Cómo ayudar a los niños a controlar sus emociones: 4 claves

Cómo actuar ante las emociones infantiles

Muchos padres y madres creen en un mito que, si se aplica a todas las facetas de la crianza, puede resultar muy dañino para los más pequeños de la casa.

Esta creencia consiste en la idea de que los niños y las niñas deben limitarse a relacionarse con sus emociones expresándolas de manera espontánea, sin esforzarse por aprender de ellas ni de las consecuencias que tiene regularlas de una u otra forma.

En realidad, ayudar a que los niños aprendan a controlar sus emociones es fundamental. A continuación veremos por qué esto es así y de qué manera podemos poner de nuestra parte para que se acostumbren a vivir su parte emocional haciendo que esta juegue a su favor.

¿Por qué es bueno que los niños controlen sus emociones?

Es importante tener en cuenta que aunque el modo en el que experimentamos las emociones en primera persona sea subjetivo, las consecuencias de expresarlas de uno u otro modo son objetivas.

Tanto, que buena parte del proceso que nos convierte en personas adultas consiste en dominar unas competencias básicas de regulación emocional que nos permitan conseguir objetivos a largo plazo y vivir en sociedad.

Si damos por hecho que lo único que importa es experimentar emociones, sin más, estamos alimentando una filosofía de vida que ve el aspecto emocional y afectivo como algo de lo que somos sujetos pasivos y de lo que no participamos más que como receptores. Lo ideal es, en todo caso, tener claro que uno debe y puede influir conscientemente sobre los procesos psicológicos vinculados a los sentimientos y afectos… y que esta habilidad debe ser enseñada ya durante la niñez.

Cómo enseñar autocontrol emocional a los niños y niñas

Así pues, a continuación daremos un repaso a varios consejos orientados a cómo favorecer que los niños controlen sus emociones de acuerdo a sus objetivos e intereses, en vez de limitarse a ser un mero recipiente de estados emocionales.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que los niños muy pequeños, de 7 años o menos, tendrán dificultades a la hora de pensar en ciertos matices atribuibles a las emociones.

Por ejemplo, comprenderán lo que significa “miedo”, pero les costará mucho comprender lo que es el temor a no ser capaz de hacer algo.

Es por eso que los padres, madres y tutores deben adaptarse al grado de abstracción en que el pequeño es capaz de pensar.

1. Educa en predicción afectiva

La predicción afectiva es la habilidad mental que nos permite establecer pronósticos sobre nuestro estado emocional en el futuro. Poner el foco en esta aptitud hace más fácil que los pequeños aprendan por qué es útil y bueno aprender a gestionar las emociones, ya que favorece el hábito de comparar las expectativas, por un lado, y la realidad, por el otro.

Una actividad propuesta, por ejemplo, puede ser pedirle al pequeño que piense en cómo cree que se sentirá si va a hablarle a un niño o niña con el que le gustaría entablar amistad, y pedirle, una vez haya ido al encuentro de esa otra persona, que piense en cómo se siente y compare su estado emocional con el que predijo. En estos casos es muy frecuente que se haya pronosticado un grado de miedo y tensión muy superior al que luego se experimenta.

  • Artículo relacionado: «Predicción afectiva: una habilidad mental muy útil»

2. Enséñale a aplazar la gratificación

La capacidad para aplazar la gratificación es una de las más importantes, ya que permite optar a unos objetivos a largo plazo que exigen renunciar a otros a corto plazo pero que aportan beneficios mucho mayores.

Poner retos basados en poner un tiempo durante el cual hay que renunciar a un premio para acceder a una meta más importante es muy bueno, ya que genera el hábito basado en el esfuerzo constante que traerá sus frutos a largo plazo.

Para ello, es importante tener en cuenta que cuanto más joven se es, más cuesta aplazar las gratificaciones; la idea es no excederse con este tiempo mínimo durante el cual hay que aguantar, ya que esto haría que la tarea sea vista como algo poco realista.

Por ejemplo, si se calcula que hay unas actividades de matemáticas a hacer en casa que llevarán una media hora de trabajo, se puede dividir esa media hora en segmentos de 10 o 15 minutos, al final de los cuales hay algunos minutos de descanso o de ocio.

3. No premies sus rabietas

Esto es muy importante. Algunos padres y madres, sin darse cuenta, hacen que compense el hecho de tener una rabieta, dado que estas situaciones causan incomodidad y malestar, y dar lo que se quiere es la manera más simple de hacer que el problema inmediato desaparezca. Sin embargo, la sociedad no funciona así.

Por un lado, la familia es el único grupo de personas que tiene el deber y la responsabilidad de pasar tiempo con ese futuro adulto, así que el resto no tiene motivos por los que plantearse ceder a ese chantaje, y por el otro, montar en cólera no favorece que uno mismo aprenda a solucionar las cosas, sino todo lo contrario.

Así pues, una de las mejores maneras de ayudar a que los hijos e hijas de corta edad, o niños y niñas al cuidado de uno mismo aprendan a controlar sus emociones, es simplemente no dar recompensas por expresar de manera muy extremada sus sentimientos de ira y enfado.

4. Construid juntos explicaciones sobre los fracasos

Controlar las emociones es siempre poner una cierta cantidad de esfuerzo para poder aspirar a metas a largo plazo o que tienen que ver con la participación en círculos sociales.

La frustración puede hacer que los niños abracen la idea de que regular las emociones para poder llegar a objetivos a largo plazo no sirve de nada, y que las renuncias que se hacen por el camino no han valido la pena.

Así pues, es bueno que ante situaciones que pueden producir frustración, los mayores ayuden a los pequeños a comprender lo que ha pasado, y a ver que allí donde en un principio parecía que los esfuerzos han sido en vano, lo que ha ocurrido es que se ha tenido mayores posibilidades de triunfar, aunque pueda no ser evidente.

Por ejemplo, si después de haber estudiado algo más de lo normal para un examen la nota recibida ha sido mala, el niño o niña puede pensar que este resultado habría sido exactamente el mismo que habría obtenido si hubiese cedido al sentimiento del miedo y no se hubiese molestado en enfrentar este malestar exponiéndose a la incómoda tarea de practicar con ejercicios que uno encuentra difíciles. Hacerle ver que detrás de ese aparente fracaso ha habido un progreso es clave.

Источник: https://psicologiaymente.com/desarrollo/como-ayudar-ninos-controlar-sus-emociones

Estos son los tipos de rabietas y cómo debemos actuar ante ellas

Cómo actuar ante las emociones infantiles

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Las rabietas, o también llamadas pataletas, son situaciones por las que todos los niños pasan y pertenecen a su desarrollo evolutivo normal. Sin embargo, es necesario saber distinguir qué tipo de rabieta es para poder actuar de la mejor manera posible ante ellas.

Los padres, maestros y adultos significativos debemos heterorregular sus emociones para que en un futuro sean capaces de autogestionarlas por ellos mismos.

Los mamíferos compartimos la característica de albergar una serie de emociones básicas que comenzamos a desarrollar en el vientre materno.

A través de sofisticadas ecografías hemos podido comprobar que emociones básicas tales como la alegría o el miedo, ya se producen en el periodo prenatal. La ira, rabia o enfado es considerada una de esas emociones básicas con las que nacemos y, por lo tanto, se considera una emoción normal.

Todos los mamíferos y, en concreto, los seres humanos, tendemos a expresar nuestro desacuerdo o displacer con determinadas actividades, situaciones y/o personas. Es por ello que podemos decir que manifestar nuestro enfado no es sólo normal, sino sano, beneficioso y adaptativo.

Pero en ocasiones se puede llegar a convertir en una situación en la que, tanto el niño como los responsables del mismo, pasan un muy mal momento.

La emoción de rabia aparece cuando se da alguna de las tres siguientes situaciones:

  • Cuando entendemos que algo es injusto o no merecido: esto implica un tinte subjetivo que debemos tener en cuenta, es decir, lo que a mí me parece injusto o no tolerable, puede que a ti no te lo parezca.
  • Ante la obligación de hacer algo que no quieres hacer: cuando le mandamos poner la mesa a nuestro hijo, generalmente, aparece la rabia, puesto que no le apetece hacerlo.
  • Cuando hay que dejar de hacer algo que nos gusta: cuando el niño está jugando en el salón a la videoconsola y le decimos que es hora de ir acabando, también aparece la rabia (aunque no se muestre) pues hemos indicado que es el fin de una actividad que el niño disfruta.

Los adultos, por lo general, solemos gestionar bien nuestras emociones básicas, entre ellas la rabia. Gracias a nuestros padres y maestros, nos han ido ofreciendo estrategias y recursos para saber gestionar nuestras emociones, sobre todo las displacenteras. Pero el caso de los niños es bien diferente.

En estos primeros años de vida tienen que pasar por un largo recorrido, que a veces se convierte en un desierto, y que no les suele gustar. Los padres, maestros y adultos significativos debemos heterorregular sus emociones para que en un futuro sean capaces de autogestionarlas por ellos mismos.

¿Qué debemos hacer para controlar o terminar con una rabieta de un niño?

Tradicionalmente lo que hemos escuchado que debemos hacer con un niño que está tirado en el suelo en plena pataleta es no hacerle caso.

Se insistía en la idea de que el niño estaba llamando la atención del adulto, por lo que si lo que queríamos era extinguir dicha conducta inapropiada, lo que teníamos que hacer era ignorarle. Hoy en día seguimos escuchando mensajes del tipo “no le hagas caso que quiere llamar tu atención”.

Y yo me pregunto: si realmente necesita que le ayudemos, ¿por qué no lo hacemos? Es por este motivo por el que es importante distinguir entre los dos tipos de rabietas que vamos a desarrollar a continuación:

1) Rabietas del cerebro inferior

Cuando nuestro hijo o alumno tiene una rabieta del cerebro inferior, al ser completamente genuina, ha de ser atendido

Este tipo de rabietas se caracterizan porque activan las partes más antiguas, involuntarias e inconscientes de nuestro cerebro.

Si realizáramos una técnica de neuroimágen a un niño que está inmerso en una rabieta del cerebro inferior, veremos que las partes que están activas son el sistema límbico y el complejo reptiliano. Dicho de otra manera, el niño está realmente sufriendo una emoción desagradable como la rabia, el miedo o la tristeza.

Es por ello que cuando nuestro hijo o alumno tiene una rabieta del cerebro inferior, al ser completamente genuina, ha de ser atendido. Debemos calmarles, tranquilizarles, abrazarles e intentar que, poco a poco, la activación de sus amígdalas cerebrales (ubicadas en el sistema límbico) se vayan reduciendo.

El objetivo es, en un primer momento, conectar con sus emociones y necesidades (calmar la amígdala cerebral), para posteriormente redirigir la conducta y buscar posibles soluciones.

2) Rabietas del cerebro superior

Las rabietas del cerebro superior sí que deben ser ignoradas. El niño no sufre ni lo pasa mal, sólo hace como si lo estuviera pasando mal. Está actuando. Es lo que coloquialmente se conoce como lágrimas de cocodrilo

A diferencia de las anteriores, las rabietas del cerebro superior suponen cierta planificación y manipulación por parte del niño. Suponen aproximadamente un 20% del total de las rabietas. Son más frecuentes en niños más mayores. En este caso, se activa el cerebro racional, y en concreto, la corteza prefrontal.

Estos niños planifican una acción para obtener algo de sus padres, profesores o cuidadores. Es posible que el niño ponga en marcha esta especie de teatrillo o actuación para obtener algún beneficio (conseguir lo que quiere que le compren, dar pena, ser atendido o escuchado, etc).

Debemos recordar que los niños prefieren llamar la atención aunque sea negativamente antes que ser ignorados. Por este motivo, las rabietas del cerebro superior sí que deben ser ignoradas. El niño no sufre ni lo pasa mal, sólo hace como si lo estuviera pasando mal. Está actuando.

Es lo que coloquialmente se conoce como lágrimas de cocodrilo. A pesar de esto, una vez que acabe todo, debemos hablar con el niño para explicarle cómo se deben pedir las cosas. Debemos ser firmes en que todo se puede hablar, pero hay que hacer especial énfasis en las formas de pedir las cosas.

Ellos están en su derecho de pedir lo que quieran y nosotros valoraremos si es necesario o posible acceder a su petición.

Necesidades versus deseos

En definitiva, en las rabietas del cerebro inferior el niño está tan alterado con la emoción que presenta que no es capaz de activar y usar su cerebro superior, que es el que nos permite razonar, controlar nuestra conducta y pensar en frío. Es por ello que sus amígdalas cogen las riendas de la situación.

En este caso, decimos que el niño tiene una necesidad que ha de ser cubierta (ser calmado, ser atendido, ser escuchado, etc). En cambio, las rabietas del cerebro superior se deben a un capricho, un deseo o algo que no es una necesidad para el niño y es por ello que ponen en marcha un sofisticado plan (generalmente de manera inconsciente) para salirse con la suya.

Es importante establecer límites rígidos y no acceder a este tipo de chantajes. De esta manera entenderán que el camino correcto consiste en el diálogo y la comunicación y no en numeritos teatrales.

Una de las diferencias esenciales es que el cerebro inferior reacciona (una manera de actuar instintiva, automática e inconsciente) mientras que el cerebro superior responde (permite la toma de decisiones de una manera más consciente, fría y voluntaria).

Conectar con la emoción y redirigir la conducta

Veamos un ejemplo. Pablo es un niño de 5 años que está en un cumpleaños en un parque de bolas. Cuando llega el momento de finalizar la fiesta, su madre se acerca para decirle que es momento de ir terminado.

En ese momento, Pablo se enfada con su madre ya que a él le encantaría seguir más tiempo con sus amigos en el parque de bolas. A pesar de la rabia de Pablo, su madre entiende, legitima y respeta la emoción que está viviendo su hijo, pero se mantiene firme en su decisión.

Lo que tenemos que hacer es conectar con la emoción y redirigir la conducta.

En un primer momento vamos a legitimar la emoción del niño (“entiendo que quieras seguir jugando con tus amigos y que no quieras irte de aquí”) para posteriormente redirigir la conducta (“es por eso que te sientes rabioso, pero debemos marcharnos ya que es tarde y mañana hay que ir al colegio”). De esta manera, Pablo se siente respetado y comprendido. Es probable que esta manera de actuar no calme inmediatamente su rabia, pero es importante que nos mostremos comprensivos con el niño y que actuemos en función de lo que consideramos mejor para el niño. Esta manera sensible, cercana y rigurosa de actuar otorga al niño seguridad y tranquilidad.

Orientaciones útiles para actuar ante las rabietas de vuestros hijos o alumnos:

  • Mantén la calma: soy consciente de la dificultad de estar tranquilos ante tales situaciones estresantes. Los llantos, las pataletas, las súplicas y demás acciones pueden ser muy estresantes pero no hay nada como una figura de autoridad que serene, calme y acompañe al menor.
  • Acepta incondicionalmente a tu hijo: a pesar de lo desagradable que es lo que estás viviendo, respétale como persona. En los momentos en los que nuestros hijos peor se portan es el mejor momento para decirles lo mucho que les queremos, a pesar de que critiquemos su conducta.
  • Permite que tu hijo exprese sus emociones: no hay nada peor que un padre o maestro que no legitima las emociones del menor y no le permite su expresión.
  • Agáchate, ponte a su altura y mírale a los ojos para hablar con él y calmarlo
  • Entender y respetar las necesidades de cada etapa del desarrollo evolutivo: es importante tener en cuenta que cada edad tiene unas necesidades diferenciadoras. Por ejemplo, las pruebas de neuroimágen han demostrado que los adolescentes tienen un exceso de dopamina, lo que hace que lleven a cabo un mayor número de conductas de riesgo.
  • Utiliza el lenguaje corporal: ante las rabietas del cerebro inferior, en vez de utilizar la conversación, utiliza el lenguaje no verbal: abrazos, caricias, contacto físico, besos, etc.
  • Conecta y redirige: como hemos visto en el ejemplo de Pablo, en primer lugar lo que tenemos que hacer es conectar emocionalmente con el menor para entenderle, legitimarle y calmarle. En un segundo momento lo que hacemos es redirigir su conducta, es decir, buscar posibles soluciones a su problemática.

Rafael Guerrero Tomás es psicólogo, director de Darwin Psicólogos y profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid. Además, también imparte clase en el Máster de Atención a la Diversidad y Apoyos Educativos del Centro Universitario Cardenal Cisneros. Especialista en TDAH, trastornos del aprendizaje y trastornos de conducta. Autor del libro “Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Entre la patología y la normalidad” (Libros Cúpula, 2016).

Источник: https://www.educaciontrespuntocero.com/recursos/educacion-emocional/tipos-rabietas-como-actuar/

Descubre las emociones básicas de los niños

Cómo actuar ante las emociones infantiles

¿Quién dirige el rumbo de nuestra vida? ¿Quién determina nuestra personalidad? ¿Quién decide que seamos como somos? Las emociones. Sin duda, las auténticas capitanas de nuestra nave.

 Las emociones llegan de golpe. Nacen con nuestro hijo. Son las que le darán las herramientas perfectas para hacer frente a todo tipo de situaciones, y le impulsarán a actuar, a reaccionar y a dar respuestas.

¿Por qué el bebé a veces llora desconsolado? ¿Por qué ríe? ¿Por qué rechaza determinado alimento? Las emociones comienzan a trabajar. Nuestro hijo tendrá que aprender a utilizarlas. No es fácil. De hecho, muchos adultos aún se sienten incapaces de dominar sus impulsos.

Alegría, tristeza, ira, miedo y asco son los nombres de las 5 grandes emociones que manejan nuestras vidas. Tal y como explican a las mil maravillas en la película de 'Inside Out', de Pixar ('Del Revés'). Alegría, por supuesto, es la emoción que debe gobernar sobre el resto.

Pero alegría a veces no puede llegar sin dejar que antes Tristeza haga su trabajo. Pero…

¿por qué son necesarias todas estas emociones? Según el estudio Psicología de la Emoción, de Mariano Choliz, del departamento de psicología básica de la Universidad de Valencia, las emociones tienen una función adaptiva, otra emocional y una última motivacional.

[Leer +: Pulpo reversible casero de las emociones]

Puede que en un momento determinado el miedo necesite hacer acto de presencia. Si nuestro hijo no tuviera miedo de nada, pondría en riesgo su vida constantemente. El niño tiene miedo a caerse, miedo a tropezar… pero también tiene miedo a no ser capaz de lograr lo que se propone.

El miedo, por otro lado, hace que el niño se marque retos y que luche por superarlos. Que aprenda. Y, por qué no, que se sienta invencible. Pero es un arma de doble filo: el miedo también le puede bloquear e incluso, conducir al pánico. Es el máximo nivel de alerta de nuestro cuerpo: si enseñamos a nuestro hijo a utilizar el miedo para crecer, será un arma poderosa para él.

El asco ayuda a elegir, a aprender a decir No. Ayuda al niño a formar una personalidad: 'quiero esto porque esto otro no me gusta'.

Si no existiera el asco (no entendido sólo como asco a un alimento, sino con rechazo a determinadas cosas o aspectos de la vida), nuestro hijo sería tan sumamente conformista que no podría tener una personalidad fuerte ni tomar decisiones importantes en la vida.

Cierto, la ira es la 'menos lista' de las emociones. Cuando se deja llevar, no existe el razonamiento. Explota. Pero es necesaria, sí. A veces la ira desemboca luego en tristeza… y la tristeza da paso a la alegría. De la ira también se aprende.

Es normal que aparezca ira en nuestro hijo cuando alguien le pega, o cuando se aprovechan de él. Es en cierta forma un arma de defensa, una forma de entender 'esto no me gusta' ¡esto me enoja'… 'no quiero sentirme así'. Y en ese momento ira pone en marcha un mecanismo para pensar cómo defenderse ante todo eso que le provoca enfado.

Sin la tristeza no podría existir la alegría. Son complementarias. ¿Cómo íbamos a saber lo maravillosa que es la risa si nunca lloramos? La tristeza a menudo nos hace reflexionar, ahondar más en nuestros sentimientos y motiva a superar y hacer frente a aquello que nos está haciendo tanto daño.

¿Por qué nos sentimos tristes? ¿Qué podemos hacer para evitarlo? Pero cuidado: la tristeza también puede llevar al niño a perder ilusión y llevarle a la depresión.

Siempre, tras un momento de tristeza, debemos intentar que vuelva a aparecer la alegría.

Y, si esto no es así, ya aparecen síntomas como comportamientos agresivos, baja autoestima, duerme mucho o poco, come de manera irregular, interés por irse de casa o conversaciones sobre el suicidio deberíamos consultar con un especialista.

La alegría es el motor que mueve la vida de nuestro hijo. Todos queremos que nuestro hijo sea alegre, que sea feliz. Pero debemos entender que es imposible que siempre sea así y que hay muchos niños a los que les cuesta expresar esa emoción o sentimiento.

La felicidad está formada por grandes momentos de alegría y pequeños instantes de ira, miedo, tristeza y asco. Porque alegría también necesita del resto para continuar su camino.

Las emociones, esas grandes desconocidas para nuestros hijos. Podemos ayudarles a comprenderlas. Siéntate con tu hijo, habla con él, expresa tú las tuyas e intenta explicarle qué siente.

¿Está enfadado? Sintió ira. ¿Por qué? Haz que se plantee todas estas preguntas y sobre todo, haz que entienda que ninguna de estas emociones es mala.

Todas, absolutamente todas, son necesarias y de todas ellas se puede aprender.

Los cuentos infantiles son un buen recurso para trabajar las emociones de los niños. Los cuentos despiertan diferentes emociones en los niños. Hemos seleccionado algunos cuentos que hablan de la tristeza, de la alegría, y otras emociones como el asco, la ira, la frustración y los miedos.

El niño y los clavos. Un cuento sobre el enfado

Ayuda a tu hijo a entender las reacciones que tiene, lo que siente, cuando está enfadado y qué consecuencias tiene, con este cuento. Un cuento para entender las frustraciones.

Juan sin miedo. Un cuento sobre los miedos

Este cuento de Juan sin miedo es un ejemplo de que se puede enfrentar y superar a los miedos. Un cuento ideal para animar y ayudar a los niños a enfrentarse a sus miedos, con coraje y valentía.

La ciudad sin colores. Cuento sobre la tristeza

Un cuento que enseña el valor de una sonrisa. Este cuento 'La ciudad sin colores' habla a los niños sobre la búsqueda de la felicidad, enseña a los niños que sonreír y poner buena cara hace que nuestro día sea un poquito más feliz, mientras que la tristeza sólo genera más tristeza.

La botella de la felicidad. Cuento sobre la alegría

¿Te imaginas que pudiese ? ¿Que hubiese una pócima mágica que con solo beberla te convirtieras en una personas contenta? Esta es la historia de un hombre que acude a una tienda en la que se vende alegría porque está enfermo (muy triste). ¿Logrará sanarse?

Ranita, la rana. Cuento infantil sobre el asco

Los niños pueden sentir experimentar la emoción del asco varias veces al día: asco a algún plato de comida, a los insectos, a la basura.. Y, como no los únicos, el cuento infantil de 'Ranita, la rana', les puede ayudar. Cuenta este cuento de la Ranita la rana para que tus hijos entiendan qué es el asco.

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Источник: https://www.guiainfantil.com/blog/educacion/conducta/las-emociones-basicas-de-los-ninos-alegria-tristeza-miedo-ira-y-asco/

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