¿Cómo ayudar a mi hijo impulsivo?

Corregir el comportamiento de los niños impulsivos

¿Cómo ayudar a mi hijo impulsivo?

Dª. Trinidad Aparicio Pérez, Psicóloga, Especialista en Infancia y Adolescencia.

Los impulsos son característicos de personas poco reflexivas que actúan sin pensar y sin medir las consecuencias de sus actos o palabras. Aunque es normal que los niños pequeños actúen por impulsos, los padres deben corregir este comportamiento para evitar que en un futuro sean adultos impulsivos.

Es importante que los padres estén informados de cómo se comportan en el colegio para corregir su conducta dentro y fuera de casa

Los impulsos son una reacción inmediata y descontrolada ante un determinado acto o hecho. Se realizan sin reflexionar y sin tener en cuenta las consecuencias que pueden tener.

Algunas personas poseen una gran incapacidad para controlar los impulsos, deseos o tentaciones.

Fracasan ante el intento de dejar de hacer algo que desean hacer, a pesar de saber que no deben hacerlo o que resulta dañino para sí mismo o para los demás.

Son personas que sufren el «trastorno del control de los impulsos», como es el caso de los adictos al alcohol, juego, drogas, pirómanos, etc.

En el momento en que realizan el acto, estas personas sienten gran placer o satisfacción, sin embargo, después se arrepienten y se sienten culpables y tristes.

Desean controlar sus impulsos pero no saben cómo hacerlo, por ello necesitan ayuda de profesionales para solucionar su problema.

Hay niños que mientras corren van mirando por dónde van y otros que mientras corren no miran por dónde van, dónde pisan ni dónde pueden caerse. Ante un objeto desconocido, algunos niños lo observarán cuidadosamente antes de tocarlo, mientras que otros lo tocarán sin dudarlo.

Ante una «chuchería», la querrán comer de inmediato mientras que otros podrán guardarla para otro momento. Los niños impulsivos están acostumbrados a cometer errores, a tropezar ante los obstáculos y a recibir regañinas por sus reacciones y forma de actuar. Son las consecuencias de ser impulsivos y no pensar antes de actuar.

Hacen lo primero que les apetece o se les ocurre.

Tienen dificultad para ganarse la simpatía de los profesores y la de los padres de sus amigos, puesto que suelen molestar por sus reacciones, ya que responden sin pensar y hacen comentarios inapropiados.

Pueden tirar un objeto en un momento determinado de malas formas si algo les ha contrariado o dar una patada o decir un exabrupto. No controlan sus reacciones.

Esto hace que los demás niños se quejen y traten de evitarlos, pues no disfrutan al estar con ellos.

Características de los niños impulsivos

Actúan sin pensar. No se detienen a medir las consecuencias de sus actos, lo que les crea complicaciones en el colegio, con los amigos y en casa. Continuamente tienen problemas por su comportamiento inapropiado.

Son impacientes. Quieren satisfacer inmediatamente cualquier deseo. Tener que esperar les supone un gran esfuerzo, les resulta prácticamente imposible. Se impacientan cuando tienen que hacer turnos o guardar una cola; si tienen que esperar empiezan a protestar y a portarse mal, resultando un fastidio para todos.

– En las conversaciones, suelen interrumpir constantemente, responden antes de que se termine de formular la pregunta; si le preguntan a otro y ellos saben la respuesta, tienden a contestar sin detenerse a pensar que no es a ellos a quien están preguntando.

Pasan de una actividad a otra con mucha frecuencia. Son desorganizados y no terminan sus tareas o actividades.

Les falta la capacidad del autocontrol. No controlan sus reacciones, por lo que pueden llegar a parecer niños maleducados, impertinentes o agresivos. Son frecuentes en ellos las rabietas, llantos, ira, malas contestaciones, etc.

Presentan baja tolerancia a la frustración. Reaccionan con rabia o ira cuando se les niega algo o se sienten contrariados.

La actitud de los padres de niños impulsivos

Aunque los comportamientos impulsivos son normales en los niños pequeños, los padres deben tratar de corregirlos para evitar que se conviertan en adultos impulsivos:

Fijar normas claras y precisas en cuanto a las consecuencias de sus impulsos. Las normas deben ser pocas y no se debe ceder ante ellas. El niño tiene que saber que si las incumple, será castigado y que en ningún momento se le permitirá reacciones agresivas o malas formas cuando se le regañe o corrija.

Establecer límites de comportamiento acordados con el pequeño. Debe saber qué se espera de él, qué le está permitido y qué no debe hacer.

No ceder ante las rabietas. Es una reacción muy característica de los niños impulsivos. Si no logran su objetivo o los padres pretenden frenarle el impulso, suelen coger una rabieta.

Supervisar constantemente su conducta. Estos niños precisan de mucha supervisión. Continuamente hay que estar recordándoles cómo deben comportarse ante las situaciones en las que pierden el control o actúan por impulsos. Es importante que los padres estén informados de cómo se comportan en el colegio para poder corregir su conducta dentro y fuera de casa.

Prestar atención al refuerzo positivo. Cuando controle sus impulsos en situaciones en las que habitualmente no lo logra, es muy positivo alabarlo y reconocer el esfuerzo que ha realizado.

Источник: https://www.lechepuleva.es/ninos-3-anos/ninos-impulsivos

Entender la conducta impulsiva de su hijo

¿Cómo ayudar a mi hijo impulsivo?

¿Cuántas veces ha observado a niños actuando sin pensar? Probablemente muchas veces. La mayoría de los niños son impulsivos a veces y dicen o hacen cosas antes de que puedan evitarlo. Por ejemplo, podrían decir algo inapropiado o correr tras un balón en la calle sin estar atentos a los autos.

¿Qué ocurre con los niños que parecen ser incapaces de “poner un freno mental”? Si su hijo interrumpe a las personas, agarra cosas sin permiso y toma riesgos físicos con frecuencia, puede que usted se pregunte cuál es la razón. ¿Inmadurez? ¿Imprudencia? ¿O se trata de otra cosa?

Aprenda sobre la impulsividad y cómo usted puede ayudar a su hijo a controlarse mejor.

Cómo es el comportamiento impulsivo

¿Cómo luce la impulsividad? Cuando ocurre de vez en cuando, puede parecer un comportamiento común del niño. Sin embargo, cuando ocurre a menudo parece lo que en realidad es: dificultad para controlarse.

La impulsividad no se evidencia de la misma manera en todos los niños y puede cambiar cuando crecen. Cuando los niños son impulsivos, podrían:

  • Hacer cosas tontas o inapropiadas para llamar la atención.
  • Tener dificultad para seguir reglas de manera consistente.
  • Ser agresivos con otros niños (en niños pequeños es común que golpeen, pateen o muerdan).
  • Tener dificultad para esperar su turno en juegos y conversaciones.
  • Agarrar cosas que pertenecen a otras personas o empujar en la fila.
  • Reaccionar excesivamente ante la frustración, la decepción, los errores o la crítica.
  • Querer tener la última palabra y ser el primero.
  • No entender cómo sus palabras y su comportamiento afectan a otras personas.
  • No entender las consecuencias de sus actos.
  • Ser más arriesgados en lo que respecta a las citas románticas, el sexo, conducir, el uso de drogas y de alcohol.

El comportamiento impulsivo suele hacer ver a los niños como si tuvieran menos edad de la que realmente tienen. Así que usted podría observar comportamientos que esperaría hubieran desaparecido hace tiempo. Por ejemplo, un niño de 8 años podría tener el autocontrol de un niño de 5.

Qué puede causar la impulsividad en los niños

La impulsividad puede ocurrir por varias razones. A veces es cuestión de inmadurez. No todos los niños se desarrollan al mismo ritmo, y algunos tardan más que otros en desarrollar la capacidad de detenerse y pensar antes de actuar.

La falta de sueño, el estrés y la frustración son otras de las causas de la conducta impulsiva. Los niños pueden actuar impulsivamente cuando tienen problemas en la escuela o en su vida diaria. Los niños pequeños no siempre tienen las palabras para expresar lo que sienten y puede que no sepan por qué están estresados o frustrados.

En algunos niños puede que haya algo más que esté causando que actúen impulsivamente. Una de las causas más comunes es el TDAH. Muchos niños y adultos tienen TDAH, y dado que se transmite genéticamente, podría ver algunas de estas conductas en otros miembros de la familia.

El TDAH dificulta poder controlar las emociones intensas como la rabia. Por ejemplo, cuando los niños con TDAH se enojan, podrían patear los muebles o decir algo desagradable.

También hay condiciones mentales, como las fobias (miedos intensos e irracionales) y los trastornos del ánimo, que podrían causar conductas impulsivas en los niños.

Es fácil hacer suposiciones acerca de qué causa la conducta impulsiva. Por ejemplo, si el niño hace un comentario grosero, las personas podrían pensar que el comentario tiene la intención de insultar. Sin embargo, en muchos casos el niño no intenta ser rudo o agresivo. Solo necesita más ayuda y práctica para aprender a pensar antes de actuar.

Sin importar qué esté causando la impulsividad en su hijo, existen maneras de ayudarlo a mejorar y adquirir confianza en sí mismo. Tener más control sobre sus actos puede hacerlo sentir más “maduro” y aumentar su autoestima.

Cómo ayudar a los niños a controlar su impulsividad

Existen muchas maneras de ayudar a su hijo. Un buen comienzo es tomar notas de lo que usted observa en la casa, ya que le dará una mejor idea de por qué tiene dificultades.

Por ejemplo, si cree que la impulsividad de su hijo está relacionada con la frustración pruebe usar un registro de la frustración. Esta herramienta puede ayudarlo a dar seguimiento a los comportamientos que está observando a lo largo del tiempo y descubrir patrones.

Si identifica un patrón que persiste es recomendable comentárselo a alguien. El maestro o el médico de su hijo pueden proporcionarle información y sugerencias valiosas de cómo ayudarlo.

Si cree que su hijo pudiera tener TDAH, revise cuáles son los próximos pasos a seguir. Si su comportamiento parece “fuera de control” y no está seguro del porqué, averigüe qué hacer. Esto podría incluir una evaluación gratuita en la escuela, la cual puede orientarlo en la dirección correcta para obtener ayuda y en la identificación de los retos y las fortalezas de su hijo.

Aunque no esté seguro de por qué su hijo actúa impulsivamente, usted puede desarrollar destrezas en la casa. Revise estrategias para:

Ser impulsivo o tener cualquier otro comportamiento que sea problemático puede afectar la manera en que se sienten los niños acerca de ellos mismos.

Explique a su hijo que muchas personas tienen esas dificultades y que el autocontrol puede mejorar con la práctica.

Hable sobre las fortalezas de su hijo, y no deje de celebrar hasta los pequeños logros de su hijo a medida que desarrolla autocontrol.

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El equipo de Understood está integrado por entusiastas escritores, editores y moderadores de la comunidad en línea. Muchos de ellos tienen hijos que piensan y aprenden de manera diferente.

Bob Cunningham (EdM) es director ejecutivo del desarrollo del aprendizaje en Understood.

Источник: https://www.understood.org/es-mx/learning-thinking-differences/child-learning-disabilities/hyperactivity-impulsivity/understanding-your-childs-trouble-with-impulsivity

Técnicas y estrategias para ayudar al niño hiperactivo

¿Cómo ayudar a mi hijo impulsivo?

Los síntomas que caracterizan el «Transtorno de Déficit de Atención con Hiperactividad» (TDAH) son la impulsividad, la hiperactividad y la baja atención. Pero, sin duda, lo que ayuda a detectarlo es observar si un niño manifiesta con frecuencia las siguientes conductas:

  • Su comportamiento es infantil para su edad, excesivamente inquieto y dependiente; más propio de un niño de menor edad.
  • Le cuesta concentrarse, no mantiene la atención cuando es necesario.
  • Es desorganizado y suele hacer los trabajos con una baja calidad.
  • Frecuentemente deja los trabajos sin terminar o interrumpe los juegos.
  • Está continuamente levantándose cuando debería estar sentado, por ejemplo, en la clase o a la hora de comer.
  • Es muy impulsivo, hace las cosas sin meditarlas previamente.
  • Mueve mucho las manos y los pies.
  • Suele interrumpir a los demás cuando están hablando o realizando alguna actividad.
  • Siempre está corriendo y saltando, como si tuviera un motor en marcha.
  • Le cuesta relacionarse con otros niños debido a que siempre está cambiando de juego, no respeta los turnos y no sigue las reglas del grupo.
  • A menudo pierde cosas o las olvida.
  • Es desobediente y su comportamiento provoca las quejas de sus profesores.

Si tu hijo cumple algunos de los puntos expuestos aquí, quizás sea recomendable acudir a un profesional para diagnosticar o descartar el trastorno de hiperactividad.

La forma de tratar el «Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad» es modificar o compensar lo más posible aquellas conductas típicas que repercuten negativamente en la vida diaria del niño y de su familia.

El objetivo principal es reducir su impulsividad e inquietud motriz y aumentar su atención, que son la fuente de sus principales problemas. Las corrientes psicopedagógicas conductista y cognitivista ofrecen diversas estrategias para tratar la hiperactividad.

La corriente conductista centra su atención en cómo el ambiente en el que se mueve el niño (la familia, los profesores, etc.) interactúa con él para, manejando esta interacción, modificar las formas de comportamiento.

La corriente cognitivista actúa directamente sobre el niño enseñándole a ejercer su propio control a través del entrenamiento en estrategias.

Corriente conductista: cambiar una conducta inadecuada a través del ambiente

Para modificar determinadas actitudes, como la agresividad o la desobediencia, se emplean técnicas de cambio conductual que se apoyan en la psicología conductista. La base de todas ellas es la idea de que todo comportamiento es una forma aprendida de responder a determinadas circunstancias.

Cuando lo que obtenemos al responder de determinada manera es bueno, agradable o sirve a nuestros propósitos, esa respuesta se instaura en nosotros, es decir, la aprendemos y siempre que nos vemos en circunstancias similares respondemos igual.

Por el contrario, si con nuestra actuación no logramos lo esperado, desechamos la respuesta como «no válida» y dejamos de emplearla.

Esto supone que tu actitud es fundamental a la hora de manejar la de tu hijo, ya que es la que le proporciona la información de si sus respuestas son adecuadas y sirven a sus propósitos o, por el contrario, debe sustituirlas por otras. Los padres pueden, sin darse cuenta, fomentar las respuestas inapropiadas.

Un ejemplo muy claro es cuando se cede a un capricho, que se ha negado en un principio, para contener una rabieta. La conclusión del niño en esta ocasión es clara (y muy lógica): «enfadándome, gritando y tirando las cosas consigo lo que yo quiero».

Resultado: cada vez recurrirá con más frecuencia a las pataletas.

Las técnicas de cambio de conducta lo que hacen es controlar las consecuencias de las acciones convirtiéndolas en agradables, a través del «refuerzo positivo», o desagradables mediante el «castigo».

Aquellas conductas del niño a las que siga un «refuerzo positivo» serán aprendidas como útiles y se repetirán; aquellas otras a las que acompañe una consecuencia negativa terminarán desapareciendo. Los refuerzos pueden ser muy variados.

Al principio, cuando una actitud está muy instaurada, se recurre a recompensas de tipo material (un juguete, una chuchería, etc.).

Posteriormente se van restringiendo este tipo de refuerzos para que el niño no haga las cosas por el premio sino porque realmente ha adquirido nuevas actitudes con las que se siente más satisfecho.

Para ello, desde el principio (junto con las recompensas materiales) y a lo largo del tiempo (cuando ya se han eliminado aquellas) el niño debe recibir refuerzos sociales como abrazos, alabanzas o cualquier otra manifestación de afecto por lo bien que ha actuado. Por otra parte las consecuencias negativas, siempre relacionadas con las conductas que deseamos eliminar, serán cosas como quedarse sin ver la tele o recoger el cuarto, pero jamás castigos físicos. Además, toda consecuencia negativa debe ir acompañado del refuerzo de la conducta alternativa.

¿Cómo puedes aplicar todo esto? 

Una forma es hacer un trato con tu hijo. Piensa en alguna cosa que quieras cambiar de él, por ejemplo, que no se levante de la mesa mientras come. Ya tienes establecido el objetivo general.

Ahora, en función de la problemática, piensa cuándo y cómo vas a reforzar el cambio de comportamiento: si tu hijo no aguanta más de tres minutos seguidos en la mesa, empieza por reforzar que consiga estar sentado al menos cinco minutos.

Según le vaya resultando más sencillo cumplir el objetivo ve aumentando el tiempo hasta que, finalmente, reciba el premio sólo si permanece toda la comida sin levantarse.
El siguiente paso es acordar el premio o refuerzo. En este caso lo más apropiado es un sistema de puntos o fichas canjeables.

Elabora con tu hijo una lista de cosas que le gustaría hacer o conseguir y pon a cada cosa un valor en función de sus características: un caramelo 2 puntos, media hora más con el ordenador 8 puntos, ir al cine 14 puntos, comprar un juguete determinado 20 puntos, etc.

Ya sólo queda ponerlo en práctica: cada vez que tu hijo cumpla el objetivo marcado refuérzale con un punto y cuando desee canjearlos dale la recompensa que le corresponda según acordasteis.

Corriente cognitivista: enseñar a hacer las cosas mejor

Según la corriente cognitivista, la forma más adecuada de ayudar a un niño hiperactivo a resolver sus problemas correctamente es entrenarle en los pasos que debe seguir, es decir, darle estrategias para que sepa cómo actuar.

Por ejemplo, mantener la atención es una habilidad casi automática en la mayoría de las personas, pero para un niño hiperactivo es todo un triunfo.

Para facilitarle esta tarea debemos enseñarle cómo se presta atención facilitándole una serie de instrucciones que resuman eso que hacemos las personas cuando prestamos atención (centrarnos en lo importante, ignorar los estímulos irrelevantes, etc.). En este caso estaríamos hablando de estrategias atencionales.

Dicho así parece muy abstracto, sin embargo lo puedes aplicar de forma particular a cada una de las tareas con las que tu hijo tenga dificultades. Una manera de hacerlo efectivo es el «modelo de autoinstrucciones» que debéis practicar cada día tantos días como sea necesario hasta que tu hijo sea capaz de realizar el quinto paso de forma natural:

  1. Modelado: haz tú la tarea mientras vas diciendo en voz alta los pasos que sigues, mediante instrucciones claras y concisas.
  2. Guía externa manifiesta: ahora es él quien realiza la misma tarea mientras le ayudas repitiendo junto con él los pasos.
  3. Autoguíamanifiesta: el niño repite solo las instrucciones, en voz alta, mientras hace la tarea.
  4. Autoguía manifiesta atenuada: en vez de hablar en voz alta debe cuchichear las instrucciones.
  5. Autoinstrucciones encubiertas: finalmente el niño realiza la tarea en silencio mientras se guía por las instrucciones a través del pensamiento.

Esther García Schmah
Pedagoga

Consejos prácticos relacionados con este artículo: Técnicas y estrategias para ayudar al niño hiperactivo. Consejos prácticos.

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Источник: https://www.solohijos.com/web/tecnicas-y-estrategias-para-ayudar-al-nino-hiperactivo/

Impulsividad en niños. Consejos para ayudar al niño impulsivo a controlarse

¿Cómo ayudar a mi hijo impulsivo?
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Impulsividad en niños: Los niños impulsivos son todo un terremoto, lidiar con ellos puede ser agotador.

No obedece las normas, le cuesta seguir instrucciones, no saben esperar, en cualquier momento aparece una rabieta, dejan las cosas a medias, etc.

Los niños impulsivos parecen tener una energía desbordante que se escapa de cualquier control y para las familias es agotador.

La impulsividad en niños

La impulsividad en niños es un rasgo del carácter contrario a la reflexividad que junto a otros rasgos va a definir la personalidad de una persona. La impulsividad por lo tanto es una característica de algunas personas, que los define y que no pueden evitar. Entendamos un poco más la impulsividad:

  • La impulsividad puede entenderse como un estado de activación neurobiológica. El cerebro de las personas impulsivas libera un mayor número de sustancias (neurotransmisores, hormonas,..) que preparan para la acción, para una reacción motora inmediata. Esto da lugar a una acumulación de energía que ha de liberarse de algún modo.
  • Además la impulsividad también conlleva un déficit del control inhibitorio. Las personas impulsivas tienen dificultades para controlar, para inhibir ciertas conductas. Esto da lugar a actuar sin pensar, ya que tienen dificultades para pararse pensar y controlar su conducta, dirigirla e inhibir los impulsos que pudieran resultar perjudiciales.

Los niños impulsivos

Lo primero que debemos tener en cuenta sobre los niños impulsivos es que tienen grandes dificultades para controlarse. Tienen una gran cantidad de energía, su cerebro no cesa de liberar sustancias que les preparan para la acción, que tiene que salir y además tienen déficit en los mecanismos de control inhibitorio.

Aunque cada niño es distinto, los niños impulsivos tienen algunas características que nos pueden ayudar a reconocerlos:

  • Los niños impulsivos son niños que primero actúan y luego piensan. Tienen muchas dificultades para pararse a pensar antes de actuar.
  • Suelen interrumpir a las personas, no pueden esperar a que el otro termine de hablar. También suelen responder a las preguntas antes de que se haya terminado de formular.
  • Tienen muchas dificultades para esperar su turno en los juegos.
  • Les cuesta tolerar la frustración, por eso tienen mal perder, aceptan mal las críticas y las regañinas.
  • Su autocontrol es muy escaso, por eso tienen a desobedecer a los adultos.
  • Cuando tiene que esperar o estar quieto es habitual que moleste a los demás, que se mueva, que tire del pelo a otros, que les quite cosas, etc.
  • Les cuesta anticipar las consecuencias de sus actos y suelen hacer cosas peligrosas.
  • Aunque entiendan que deben controlarse, tienen muchas dificultades para hacerlo.
  • Los niños impulsivos suelen tener problemas para relacionarse con los demás, se pelean con mucha frecuencia y su actividad puede alterar el clima y las relaciones familiares.

La impulsividad en los niños suele asociarse al Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), siendo entendido como uno de sus síntomas principales.

Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)

Consejos para ayudar controlar la impulsividad en niños

  • En primer lugar debemos comprender que el niño impulsivo no puede controlarse, no es que no pueda hacerlo. Su cerebro le predispone para la activación inmediata y esa energía se libera en forma de rabietas, contestaciones, malas conductas, etc. Eso no quiere decir que debemos tolerar y aceptar las malas conductas del niño, sino comprenderle, ayudarle y tener mucha paciencia.
  • Aunque tenga más dificultades podemos entrenarle para ello. Podemos enseñarle alguna técnica que le permita tomar el control como la técnica del semáforo (en rojo paramos, en amarillo pensamos y en verde actuamos), la del volcán (que se imagine como un volcán en erupción e intente parar la erupción), la técnica de la tortuga, etc.

Juego educativo: la técnica de la tortuga

  • Los adultos deben mantener la calma cuando se produzcan episodios de impulsividad. A menudo entramos en una dinámica de tensión que solo empeora la situación. Se trata de mantener la calma y la firmeza.
  • Enseñarle técnicas de relajación como la respiración, mindfulness, etc.

Mindfulness o meditación para niños: Actividad de iniciación 

Impulsividad en niños. Consejos para ayudar al niño impulsivo a controlarse Clic para tuitear© 2019 ▷ Educa y Aprende ➡➤ [ Impulsividad en niños. Consejos para ayudar al niño impulsivo a controlarse ] Escuela de padres por Celia Rodríguez Ruiz | Psicóloga y Pedagoga @educa_aprende

Источник: https://educayaprende.com/impulsividad-en-ninos/

Cómo ayudar a mi hijo a controlar su impulsividad

¿Cómo ayudar a mi hijo impulsivo?

Este es el primer post de una serie de cuatro dedicados a un tema recurrente en la Psicologóa Infantil y que roba muchas horas a la tranquilidad de los padres mientras piensan: Cómo ayudar a mi hijo a controlar su impulsividad.

El origen de la impulsividad en los niños es dispar, al igual que cada niño y cada familia es diferente, los motivos que se esconden detrás de la conducta impulsiva de un niño también lo son.

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En cualquiera de los dos casos, estos términos, nos evidencian la más que posible mediación de factores orgánicos en la génesis de la impulsividad. Esta activación supone la liberación de una serie de sustancias (neurotransmisores, hormonas) que dotan al cuerpo para una reacción motriz inmediata.

La energía, está ahí y debe “liberarse” de alguna manera. La más habitual (según la edad): las rabietas, los gritos, las agresiones, la conducta desafiante, etc.

Si bien es cierto que se ha descrito el factor hereditario como uno de los relacionados con la aparición de la impulsividad en menores y que la vía genética o herencia determina cierta predisposición a manifestar los síntomas en hijos de padres también con caracteres fuertes, impulsivos o con poca tolerancia a la frustración, no debemos olvidar que la impulsividad no es tan solo algo que podemos heredar, es también una manifestación cognitiva y conductual que puede potenciarse o disminuir en función del entorno.

Es por ello que en ocasiones vemos la impulsividad, asociada o no, a otros trastornos.

Digamos que la impulsividad de tipo primario es aquella que estuvo presente desde el momento de nacer el niño e incluso antes (excesivos movimientos fetales) y es la que suele tener un componente genético más evidente.

En otras ocasiones la impulsividad es de tipo secundario. Que es la que aparece o se potencia en un momento dado del desarrollo y habitualmente está asociada a factores de inestabilidad afectiva, cambios imprevistos, traumas, separaciones, etc.

La impulsividad es un rasgo del temperamento (niños) o personalidad (adultos) que ha estado presente, en un u otro grado, a lo largo de toda la evolución del ser humano. Al igual que en otros post hemos hablado del estrés o la ansiedad como factores adaptativos de la especie humana y que no siempre deben ser vistos como negativos en el caso de la impulsividad se repite esta máxima.

Sin embargo cuando cualquiera de estos rasgos interfieren en los ámbitos familiares, escolares y/o de convivencia pasan a ser un problema para la familia y el niño en cuestión.

Hoy en día es más habitual que la impulsividad se manifieste en muchos niños con una gran intensidad y frecuencia, llegando a alterar la convivencia y condicionar la vida de toda la familia, todo ello, unido al ritmo vertiginoso de vida que llevamos, hace que padres y educadores busquen ayuda en los profesionales.

Algunas pistas para detectar el niño impulsivo:

  • Primero hace, luego piensa.
  • Contesta antes de acabar de oír la pregunta.
  • Dificultades para aguardar el turno en los juegos.
  • Mal perder. No soporta que le ganen.
  • Interrumpir o estorbar a los demás.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Poco autocontrol.
  • Desobediencia, negativismo.
  • El niño reconoce su problema pero no puede controlarlo y reincide.
  • Puede involucrarse en actividades físicas peligrosas sin valorar sus consecuencias.
  • En niños pequeños se dan fuertes rabietas incontroladas.

¿Cómo ayudar a mi hijo a controlar su impulsividad?

1. Hay algo que me gustaría dejar claro desde un principio, es el hecho de que los niños impulsivos tienen dificultades para regular su estado de activación y su comportamiento.

Como bien he dicho antes esto es un hecho, es real y debemos aceptarlo.

 A pesar de que resulta difícil para los padres y educadores encontrar «el equilibrio entre juzgarle y permitirle», es vital que entendamos que ese no es el camino.

En ningún caso es que «el niño no quiera autocontrolarse sino que tienen dificultades reales para hacerlo”. Una vez que se activan (descargas hormonales conjuntamente con emociones intensas de frustración) el niño siente la necesidad de efectuar alguna acción (rabietas, huída, agresión, lanzamiento objetos, etc.).

Si estás leyendo este artículo y has visto retratado a tu hijo/a  hasta aquí, entonces coincidirás conmigo en este punto:

    • La mayoría de niños impulsivos suelen luego arrepentirse y se comprometen a no volver a hacerlo cuando se razonamos con él/ella sobre su comportamiento. No obstante, vuelven a recaer en los mismas conductas disruptivas al tiempo que manifiestan una cierta perplejidad o inquietud al verse superados por sus propios actos y no saber por qué vuelve a ocurrir ni cómo evitarlo.

En este sentido es importante que entiendas que si bien es cierto que para los padres es agotador mantener unas normas, pautas y horarios claros y constantes, para los niños impulsivos es la mejor manera de ayudarles, ya que de lo contarrio puede suceder, que estos episodios se refuercen si con ello el niño consigue lo que quiere, y por tanto, puede aprender a manipularnos a través de ellos.

Otra cuestión importante a tener en cuenta:

    • El niño no es un manipulador, no existen niños manipuladores. Los seres humanos niños o adultos aprendemos a manipular cuando a cambio obtenemos la recompensa que esperamos, si el niño consigue su objetivo, aprende, que tiene que hacer para ello y por eso repite la conducta que le ha dado el resultado que esperaba.

2. Cuando se produzca un episodio de impulsividad extrema (rabieta, insultos, gritos, agresiones, etc.) los padres, maestros o adultos a cargo de la educación del niño deben manter la calma. No chille, ni intente razonar nada en esos momentos. Muéstrese sereno y tranquilo, a la vez que contundente y decidido.

Por ejemplo: Ante una rabieta podemos decirle: “ X (adulto ya sea mamá, papá, abuelos) están ahora tristes con tu comportamiento y no queremos estar contigo mientras estés así”. De esta forma el adulto se retira y propicia una cierta distancia física y afectiva. El mensaje que transmitimos al niño con nuestra actitud es muy claro: Así no vas a conseguir las cosas.

3. No es suficiente con actuar de forma adecuada ante sus conductas impulsivas. Los niños impulsivos necesitan que les expliquemos qué es lo que les pasa y qué pueden hacer. Estos razonamientos o reflexiones sobre los hechos o sus comportamientos en ningún caso deben realizarse en el momento de la conducta impulsiva, sino cuando las cosas se han tranquilizado.

Debemos encontrar un buen momento, en el que estemos tranquilos y en una actitud relajada y de cierta complicidad.

En las familias donde la costumbre es acompañar a los niños a la cama en el momento de acostarse y compartir con ellos un cuento o un ratico de conversación antes de ir a dormir, ese sería un momento ideal.

4. A pesar de entender y aceptar al niño tal y como es, debemos enseñarle que sus actos tienen consecuencias. En ocasiones los niños aprenden lo contrario, a escudarse en su incapacidad para controlarse por lo que también hay que explicarles que si bien es cierto que les resulta difícil no es imposible para él conseguirlo.

Para conseguir que entiendan las consecuencias de sus actos podemos:

Luego de una conducta disruptiva, rabietas, conductas desafiantes, agresiones u otros, el niño debe ver que hay unas consecuencias inmediatas (retirada de reforzadores- estímulos o premios, tiempo fuera, retirada de atención, castigo, etc.).

Por ejemplo si ha pegado o insultado a alguien deberá pedir disculpas. Primero esperaremos a que se calme y luego le exigiremos que cumpla con lo que le decimos, en este caso pedir disculpas.

Un error que en ocasiones se comete es que ante una conducta determinada, los padres aplican un arsenal de correctores a la vez, digamos que en el caso anterior como respuesta al insulto, lo primero es esperar a que se tranquilice, no intentar razonar en ese momento y luego la consecuencia es pedir disculpas. No se debe pedir al niño/a  que pida disculpas, castigarle sin tele, sin cromos, sin, sin, sin…..

Es claro, conducta – consecuencia, nunca el ya conocido «Estás castigado sin todo»… Insisto en la necesidad de mostrarnos tranquilos delante del niño cuando corrijamos sus actos.

Si él percibe en el adulto inseguridad, discrepancias entre los padres, vergüenza ante una situación, percibirá que tiene mayor control sobre nosotros y la conducta inadecuada se incrementará.


De allí la importancia de que su hijo/a no le vea descontrolado, chillando o llorando a raíz de una de sus conductas.

5. Exprésele a su hijo/a que la conducta es inadecuada y que se ha comportado mal, haciendo referencia al conducta concreta y que eso puede arreglarlo en un futuro si se empeña en ello, no calificando al niño.

Imaginese que usted es un niño pequeño y el adulto que le cuida y le quiere, su padre/madre,  le dice que no sabe que hacer con usted: ¿Qué pensaría?:

– Sospecho que como poco el niño, (en este caso usted de pequeño), se quedará perplejo «se supone que es el adulto quién debería saber»

No compare a su hijo/a con otros niños/as  haciéndole ver que el otro/a es más tranquilo/a  y se porta bien.  Su hijo/a  ya  sabe  eso, necesita que le ayuden a superarlo no que se lo recuerden a cada instante. Por el contrario recuérdele sus puntos fuertes y hable con  él/ella  sobre lo que debe mejorar, pero sin compararle.

Hasta completar este ciclo dedicado a la impulsividad, cada semana dejaré un artículo con estrategias para corregir la impulsividad. Espero que éstas le hayan servido de ayuda.

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Источник: http://www.psico-vida.com/2015/04/como-ayudar-mi-hijo-controlar-su-impulsividad/

Niños e impulsividad: actividades para ayudarlos

¿Cómo ayudar a mi hijo impulsivo?

Es habitual que hoy en día encontremos en nuestras consultas niños y niñas con un alto grado de impulsividad o con un déficit en el control de sus funciones ejecutivas, mostrando dificultades en organizarse, planificar o estructurar una tarea; así como en tomar decisiones correctas que hayan estado elaboradas y pensadas con anterioridad.

¿Por qué surge la impulsividad en los niños?

En muchas ocasiones, la impulsividad surge como respuesta a una mala gestión emocional, en la mayoría de veces un exceso de emoción, como por ejemplo estar sobre excitado o demasiado enfadado.

Cuando esto sucede, se suele hacer mucho hincapié en exponer a los niños qué es aquello que no han realizado bien en vez de poderles dar alternativas a ello o estrategias previas al momento en el que actúen para poder determinar qué consecuencias conlleva eso que quieren hacer. Si logramos transformar los “NO” en actividades o juegos que sean más atractivos para los ellos, ayudaremos a que vivan esta dificultad de una manera más positiva y, asimismo, podremos afianzar el vínculo con ellos.

Ejemplo para gestionar la impulsividad en niños

Una actividad muy sencilla que utilizamos los psicólogos infantojuveniles para conseguirlo, y que da muy buenos resultados, es la de usar el botón del “Pause”, muy útil para frenar la impulsividad del niño justo antes de realizar una conducta que no será beneficiosa para él.

Esta actividad es muy divertida y entretenida para los niños puesto que los elementos principales para desarrollarla serán el mando a distancia de la televisión, la televisión y nuestro propio cuerpo (si la actividad la realizan los padres desde casa) y nosotros en la consulta podremos utilizar vídeos de y un ordenador.

El objetivo principal de este ejercicio para niños impulsivos es relacionar el estado emocional del niño con su capacidad para tomar decisiones.

Para ello, nos basaremos en hacer entender al niño que, igual que ponemos el “pause” cuando queremos parar una película, unos dibujos o un vídeo, nosotros podemos poner “pause” a nuestro cerebro.

Es muy importante que previamente trabajemos con él en qué situaciones le pediremos que lo utilice.

Los niños impulsivos y la regulación emocional

Nos podemos ayudar de unos dibujos que muestren un cerebro sonriendo cuando las emociones están bien reguladas y un cerebro triste cuando las emociones están mal reguladas, ya sea, por ejemplo, debido a un exceso de alegría, un exceso de enfado o por un disgusto.

Posterior a esta explicación, hay que enseñar al niño que cuando estas emociones están mal reguladas el cerebro termina por tomar una mala decisión, puesto que queda bloqueado y no sabe que es lo que debe hacer.

Será muy importante en este punto contar con muchos ejemplos de situaciones en las que al niño le haya sucedido esto que le estamos contando, así que la coordinación con la familia y la escuela será básica en esta actividad.

Una vez contada la historieta sobre su cerebro, se le explica que para poner remedio a esta impulsividad lo que tiene que hacer es darle al «pause» al cerebro, ayudarlo a calmarse y a tomar una buena decisión. En este momento, empezamos a poner un vídeo de alguno de sus dibujos favoritos y le damos a pausar. Seguidamente, le cedemos el turno al niño para que vea que él también tiene este poder.

Cuando el niño haya jugado un rato con el vídeo, nos pondremos manos a la obra con la parte  más práctica. Para ello, le pediremos que se levante y que empiece a saltar por el despacho y que cuando oiga: “¡PAUSE!” deberá detenerse. Podemos jugar un rato y luego pedirle que lo haga al revés, es decir, nosotros saltamos y el niño nos da la orden de parar.

Finalmente, después de estar un rato jugando a esto, es hora de volver a sentarse y enseñarle que igual que hemos hecho con el cuerpo lo podremos hacer con la mente.

Para ello, le diremos que primero serán sus padres quienes le dirán «pause» cuando esté a punto de hacer una conducta poco adecuada.

Una vez el niño se haya adaptado a la nueva técnica, poco a poco se le pedirá que intente hacerlo de manera autónoma siendo él quien se diga “pause” en forma de pensamiento.

Para asegurarnos de que ha quedado todo claro, podemos retomar todos los ejemplos que se le habían dado sobre situaciones en las que no se había regulado emocionalmente bien y pedirle que nos diga en qué momento debería haber usado el pause y qué conducta alternativa podría usar.

Источник: https://www.isep.es/actualidad-psicologia-clinica/ninos-e-impulsividad-actividades-para-ayudarlos/

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