¿Cómo castigar a tu hijo?

Cómo castigar a un niño y que aprenda con ello

¿Cómo castigar a tu hijo?

Uno de los temas que traen de cabeza a los padres es cómo castigar a sus hijos y, sobre todo, cómo conseguir que el niño aprenda algo de ello.

«Es una duda que tenemos todos los padres, cómo cómo debemos castigar, si lo estamos haciendo bien,si será proporcionado…» afirma Alba Castellví, educadora y socióloga experta en asesoramiento a padres que acaba de publicar Una cesta de cerezas, un libro de cuentos en los que quiere enseñar a padres e hijos, de forma práctica, pautas para educar de forma más efectiva.

Quitar la tablet no es, para la experta, una forma válida para educar – a no ser que la fechoría haya tenido que ver con el dispositivo. «Hay que buscar siempre una solución compensatoria.

Actúan bien los padres cuyos castigos son consecuencias lógicas a la travesura y no arbitrarias.

Porque esa es la única manera de que el niño pueda entender el porqué de las cosas, viviendo sus consecuencias».

Otra de las razones por las que la experta no recomienda los castigos en los que se vean involucradas tablets u otros dispositivos es por el peligro que entraña el «ocio electrónico». «Hay que controlarlo mucho para no convertir a nuestro hijo en un niño rata, que se sólo piensa en las pantallas y se olvida incluso de jugar», explica Castellví.

Padres serenos, tranquilos y firmes

En una sociedad en la que los padres cada vez disponen de menos tiempo para estar con los niños, para Castellví la clave para ser efectivos es mantener una actitud «serena, tranquila y firme» y «tener claro que mandan ellos». Esto, que puede parecer difícil, es fácil, afirma la autora, «si se tiene una estrategia de cómo llevarlo a cabo. Educar no funciona con magia, sino con estrategia», añade.

Fomentar la autonomía de los niños es otro de los objetivos que plantea Una cesta de cerezas y que se explica en un sencillo cuento en el que un niño tiene que aprender a pelarse la fruta.

«Los padres tendemos a solucionar los problemas de nuestros hijos para facilitarles la vida, por ejemplo pelándoles la fruta, pero no os damos cuenta que en la medida en que les resolvemos los problemas estamos evitando que pongan en juego sus habilidades.

Somos serviles cuando lo importante es darles las técnicas y herramientas necesarias para que desarrollen su autonomía», explica la educadora.

Pelar la fruta, o aprender a hacer solos cualquier otra actividad es una oportunidad para que los padres puedan fomentar la autonomía de sus hijos pero también transmitirles otro gran valor, el del esfuerzo. «Los padres tienen que entender y transmitir a los niños que todo en la vida implica un esfuerzo y animarles a ello», explica la autora.

«La autoestima no se puede fomentar de forma gratuita, felicitándoles porque sí o diciéndoles qué buenos y guapos son»

Y ese esfuerzo es la clave para conseguir otro de los objetivos que Castellví se ha propuesto transmitir en el libro, el refuerzo de la autoestima. «La autoestima es importantísima para que los niños se sientan seguros, pero hay que tener cuidado.

La autoestima no se puede fomentar de forma gratuita, felicitándoles porque sí o diciéndoles qué buenos y guapos son.

Hay que reforzarla con fundamento, la alabanza debe ser por un esfuerzo que hayan realizado o algo que hayan conseguido trabajándoselo», continúa Castellví, «no hay que compararlos con otros niños pero sí con ellos mismos en momentos anteriores para que vean su propia evolución».

Las rabietas y la importancia de decir «no»

La tolerancia a la frustración es otra de las habilidades que más cuesta transmitir a los niños, que a ciertas edades son más débiles a las típicas rabietas.

«Es comprensible que muchas veces es difícil ceder, porque estamos cansados, ocupados o en un sitio público, pero conceder al niño algo que ha pedido a través de una pataleta es muy mala política, porque aprenderá que esa actitud sirve para algo», afirma Castellví, que en su cuento dibuja un niño que, ante un deseo que no se cumple, empieza a sentirse como si un cocodrilo se despertase dentro de él.

«Un truco para las rabietas es recoger, con papel y boli, la demanda del niño y apuntarla para cuando se pueda en otro momento»

«Los padres deben, sea como sea, mantener la calma y un truco es recoger, con papel y boli, la demanda del niño y apuntarla para cuando se pueda en otro momento.

Esto ayudará al niño a soportar mejor la frustración», añade la socióloga, que ha enfocado sus consejos en forma de cuentos para tratar que padres e hijos puedan «reflexionar juntos y disfrutar a la vez que se aprende a crecer en libertad y responsabilidad».

El libro, editado por Planeta, está orientado a niños de tres a 11 años y recoge unos consejos y preguntas al final de cada cuento para ayudar a los padres a transmitir esas moralejas educativas.

Источник: https://www.elindependiente.com/vida-sana/2017/11/21/como-castigar-bien/

Las 10 claves para usar bien el castigo · El teu espai

¿Cómo castigar a tu hijo?

Cada vez son más, los padres que me dicen que el castigo no les sirve, que por más que castigan constantemente a su hijo, no les obedece. De hecho, cuantos más castigos tiene, peor se porta. Hay niños que incluso tienen castigos acumulados y saben que cuando se acabe uno, aún le queda otro por cumplir.

Las 10 claves para usar bien el castigo

Pero yo os voy a decir un secreto: el castigo genera ira, rabia y agresividad en los niños. Cuando tu sientes esto, es difícil que sientas deseos de portarte bien. Por todos es sabido, que la autoridad a la fuerza nunca ha funcionado.

La propia historia del hombre nos lo ha dicho, ni dictaduras ni genocidios han conseguido someter al ser humano, ante la agresión lo que sentimos es rebeldía. La obediencia a la fuerza tiene los días contados.

Pues esto es lo que pasa con nuestros hijos, si tienen más castigos de los que pueden cumplir, si se pasan la mitad de los días oyendo gritos y amenazas, las ganas de portarse bien y obedecer desaparecen.

Con esto no quiero decir que dejemos hacer a los niños lo que quieran sin imponer ningún castigo.

A los niños hay que ponerles límites porque esa es nuestra función como padres, enseñarles las normas y hacer que las cumplan.

Pero para conseguirlo no podemos usar constantemente el castigo, podemos usar una manera más positiva, podemos usar el refuerzo positivo.

Cuando hacen bien las cosas, debemos decírselo, cuando alcanzan algún logro debemos alegrarnos y compartirlo con toda la familia. Si queremos enseñarles como comportarse debemos hacer de modelos.

Si se portan bien deben saber que estamos orgullosos de ellos. Hay niños que sólo reciben atención de sus padres cuando se portan mal y ahí está el fallo.

No podemos dirigirnos a nuestros hijos únicamente para reñirlos o castigarlos, debemos dirigirnos a nuestros hijos para cosas más positivas, para elogiarlos, para animarlos a ser más autónomos, para motivarlos y que quieran hacerlo cada vez mejor.

Si tu hijo no quiere hacer deberes, en vez de castigarlo si no los hace, prueba a sentarte a su lado para ver como escribe, para decirle lo mucho que ha avanzado, lo bonita que tiene la letra. Seguro que conseguiréis que los haga sin necesidad de gritos y castigos.

Cuando les reforzamos por algo que hacen bien, les estamos diciendo: “esta es la conducta correcta”, cuando les castigamos por algo que hacen mal, les decimos: “esto está mal, esta no es la conducta correcta”, pero no les decimos cual debería ser esa conducta, no les enseñamos como tienen que hacerlo.

Son dos las grandes diferencias entre refuerzo positivo y castigo:

  1. El refuerzo positivo te enseña que conducta es la correcta. El castigo no te lo enseña
  2. El refuerzo positivo te hace sentirte bien, te motiva, te hace querer hacer bien las cosas.

    El castigo te hace sentir ira y resentimiento y te aleja de la conducta en sí, focaliza la atención en el castigo y deja de prestar atención a la conducta castigada. Un niño puede estar castigado por algo que ni recuerda lo que es.

    Ante esto la pregunta que os hago es ¿De qué sirve un castigo de una conducta que ni siquiera recuerda???

Si queremos usar el castigo para poner límites a nuestros hijos, debemos saber usarlos correctamente:

Las 10 claves:

  1. El castigo debe ser adecuado a la edad de nuestro hijo. Antes de los dos años, no es conveniente usar ningún castigo. A partir de los dos años, podemos usar dos tipos de castigo: la retirada de algo positivo para el niño (quitar un juguete) o el tiempo fuera (la sillita de pensar).

    A partir de esa edad ya podemos usar el resto. (En el próximo artículo describiré los tipos de castigos)

  2. El castigo debe ser contingente, es decir inmediato, debe darse justo después de la conducta.
  3. El castigo debe ser explicado claramente.

    En niños pequeños (hasta 3-4 años) hay que explicarlo en no más de 10 segunos, no más de 10 palabras.

  4. El castigo debe ser educativo. Debe enseñar algo, dejarle sin ver la tele es un castigo muy usado, pero realmente no enseña nada.

    Un castigo educativo sería algo que está relacionado con la conducta a castigar, como por ejemplo si tira algo al suelo, que lo recoja, si rompe algo que lo arregle, si ha gritado que hable en voz baja durante una hora, si ha desobedecido que durante una hora haga todo lo que diga la persona a la que ha desobedecido, etc… No siempre son posibles, pero siempre que podamos deberemos usarlos.

  5. Debe ser proporcional a la conducta realizada. Si nuestro hijo ha desobedecido una orden, no le podemos castigar un mes sin ir al parque, sería exagerado. Una conducta pequeña debe tener un castigo pequeño, una falta grave debe tener un castigo grande.
  6. Siempre debemos cumplir el castigo y por lo tanto debemos poner castigos que sean fáciles de cumplir. Yo siempre pongo el mismo ejemplo: nos fuimos de fin de semana, acabábamos de llegar y mi hijo mayor se portó mal, mi marido dijo: “si lo vuelves a hacer nos vamos a casa” y yo, que estaba deshaciendo las maletas, me quedé parada, pensé: como lo vuelva a hacer nos fastidia el fin de semana a todos. Menos mal que no lo hizo!!!.
  7. El castigo debe ser natural. Un castigo material nos aleja de las consecuencias reales de una conducta. Es mejor usar castigos que tengan que ver con no hacer cosas que les gustan, más que castigos que tengan que ver con no comprarles algo. Y si además podemos hacer castigos que se parezcan a las consecuencias naturales de la conducta, mucho mejor. Por ejemplo: si no te vistes no podemos ir al parque porque no puedes salir a la calle sin vestirte. Si no te comes el primero y el segundo, no podrás elegir el postre.
  8. No poner nunca un castigo enfadados. Cuando ponemos los castigos, normalmente estamos enfadados, frustrados y defraudados por lo que ha hecho nuestro hijo. Con esas emociones, es muy fácil que el castigo que elijamos sea desproporcionado y poco educativo. Por lo tanto, deberíamos contar hasta 10 antes de poner el castigo.
  9. Siempre debemos avisar antes de poner un castigo. Debemos darle la oportunidad a nuestros hijos de portarse bien. Cuando avisamos, damos opción, enseñamos como debe hacerlo para evitar el castigo. No es suficiente avisar una vez, deberíamos avisar tres veces antes de castigar. Pero nuestro hijo debe tener muy claro que a la tercera le caerá el castigo. No se trata de usarlo como una amenaza, se trata de dar la oportunidad de hacerlo bien.
  10. Los castigos deben ser cortos. La duración del castigo no debe ser tan larga como para que se les acumulen los castigos. En niños pequeños no más de dos días. En mayores, máximo siete días y estos castigos tan largos deberían estar reservados para conductas realmente graves.

El mejor castigo es el castigo que se ha evitado. Un uso abusivo del castigo va a producir el efecto contrario al esperado. Por eso, debemos pensar muy bien antes de usarlo, debemos pensar si la conducta realizada es realmente importante como para merecer un castigo y debemos pensar en el mejor castigo posible. El problema del castigo es cuando lo usamos enfadados, llenos de rabia y buscamos dañar de alguna manera al niño, “así aprende”, pero así no aprende, así se llena de ira y se desmotiva. Usa el castigo con cabeza, da la oportunidad a tu hijo de rectificar antes de recibirlo y hasta negocia con él el tipo de castigo, pregúntale cual cree que sería el más adecuado, dale opción incluso de reducirlo pero nunca dejes de cumplirlo.

Psicóloga de profesión y vocación (núm. colegiada 10631 del COPC). Con más de 20 años de experiencia en psicología clínica de adultos. Especialista en terapia de pareja y sexualidad.
Fundadora y directora del Teu Espai.

Источник: https://www.psicologosantacoloma.es/las-10-claves-para-usar-bien-el-castigo/

¿Se debe castigar a los niños y niñas? Pautas para que el castigo sea educativo

¿Cómo castigar a tu hijo?
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Castigo educativo para niños: Cuando intentamos educar a los pequeños, en ocasiones no sabemos cuál es la manera más eficaz de tratar con ellos. Es normal que nos surjan dudas sobre que es lo mejor para ellos, y en definitiva para que crezcan felices.

El castigo es un tema polémico, que ni gusta a niños ni a mayores. Queremos que aprendan, y sabemos por un lado que no debemos permitir determinados comportamientos, pero por otro lado tampoco queremos que sufran.

¿Debemos castigar a los pequeños? ¿Cómo castigar a un niño?

Es importante que los niños y niñas aprendan que las acciones que realizan tienen determinadas consecuencias, y a veces estas consecuencias no son de su agrado. El castigo puede ser necesario pero empleado de manera racional con el objetivo de educar al pequeño. Nunca debe ser humillante o perjudicial para su autoestima o bienestar.

El castigo debe entenderse no como una forma de hacer sentir mal a los niños y niñas sino como una consecuencia a una acción determinada. Para aplicarlo es fundamental que los niños y niñas entiendan el porqué del mismo, y comprendan que ocurre cuando hacen determinadas acciones.

Debe entenderse como una especie de trato o acuerdo más que como un castigo, como cosas que debemos hacer para conseguir algo, o cosas que no debemos hacer para dejar de tener consecuencias negativas.

Castigos educativos: En todo caso no debe ser nunca dañino para los niños o niñas. Debe estar basado en el objetivo de educar, de fomentar un aprendizaje en los pequeños. Y siempre debemos tener muy en cuenta su bienestar.

Veamos ejemplos de castigos educativos :

  • Si un adolescente ha suspendido un examen porque en lugar de estudiar estuvo haciendo otras cosas, como ver la tele, dar una vuelta, etc. Debemos dejarle que suspenda, que comprenda que su conducta le ha llevado a ese resultado. En este caso el “castigo” podría ser, tener que cumplir determinadas horas de estudio, si estas no se cumplen no podrá ver la tele o salir con sus amigos. Antes de aplicarlo es bueno dialogar con él o ella sobre la situación, ¿Por qué crees que has suspendido? ¿qué crees que puedes hacer para que no vuelva a ocurrir esto? Siempre reflexionando y dialogando con ellos y nunca imponiendo.
  • Si un niño quiere de postre helado, primero tendrá que comerse las verduras o el plato que tenga en la mesa, si no se come esto no podrá tener helado. Si come lo que tiene que comer, podrá elegir el postre que quiera. En este caso también le explicaremos al pequeño que es importante alimentarse bien para crecer, que no sólo se pueden comer helados. Por eso si quiere comerlo primero debe tomar otros alimentos necesarios para su crecimiento.
  • Si el niño o niña no recoge sus juguetes, no podremos salir a dar una vuelta al parque, porque antes de salir tenemos que dejar todo recogido. Explicaremos al pequeño que no podemos dejar las cosas sin recoger porque llegaremos tarde y cansados para cenar y bañarnos antes de dormir, que es necesario que recojamos los juguetes. Le explicaremos también que puede sacar todos los juguetes que quiera pero que debe recogerlos.

Pautas para educar con el castigo positivo

  1. Consecuentes y contingentes a la conducta. Esto quiere decir que deben ser lógicos en relación a la conducta, no deben ser ni demasiados excesivos ni demasiado flojos. Y producirse cuando se produzca la conducta, no podemos dejarlo para otro momento puesto que no lo relacionarán con la acción.

    Por ejemplo en el caso del adolescente que suspende, si cumple con sus horas de estudio le permitiremos salir, no es bueno excedernos y dejarle sin salir aun cuando haya cumplido esas horas. Si cumple su parte, tiene una consecuencia positiva para él.

    También tiene que ser en el momento, no podemos dejarle este fin de semana que salga, pero a partir del próximo cumplimos con el acuerdo.

  1. Consensuados con el pequeño. Es importante que los “castigos” cumplan una función educativa. Para ello es muy bueno dialogar con el niño o niña y hasta consensuar el tipo de castigo. De esta forma se sentirá responsable de sus actos y de las consecuencias y se implicará más con el castigo. Además colaboramos a la reflexión de los pequeños y a su comprensión.

  2. No deben ser dañinos o humillantes para ellos, en ningún caso. No debemos olvidar que nuestro objetivo es educarles, para que lleguen a ser adultos felices, personas críticas y autónomas, adaptados a la sociedad. Para ello el castigo puede ser necesario, pero si éste es humillante o dañino, pierde todo su valor educativo y conseguimos lo contrario.

  3. Es mejor que los castigos no estén basados en cosas materiales, son más efectivos si los basamos en actividades de su agrado o desagrado. Si el castigo consiste en comprarle o no comprarle algo al pequeño, le estamos enviando un mensaje confuso, que no anima a la reflexión sino a conseguir un bien determinado.

  4. Los castigos no deben ser amenazantes. Se le informará de lo que ocurre si hace o no hace determinada conducta, pero no se le amenazara con ello. Debe ser visto como una consecuencia lógica y no como una amenaza.

  5. Es muy importante que tengan alguna relación con la conducta concreta. Es decir si no come verdura el “castigo” será no comer helado, ya que guarda relación y podemos hacer que comprendan el porqué.

    En cambio si el “castigo” por no comer verdura es no ver la tele. La consecuencia no tiene nada que ver con la conducta y el pequeño no lo entiende.

    Si no puede comer helado es porque necesita alimentarse bien, guarda una relación.

  6. En todo momento seremos comprensivos con el niño, tendremos calma con ellos. Y entenderemos que están aprendiendo y necesitan unas pautas y normas. No es que lo hagan por molestarnos.

  7. Deben cumplirse siempre los castigos, si no es así no serán eficaces. Por eso es bueno hacer un castigo lógico y no excedernos. No podemos castigarles primero con mucha fuerza, excediéndonos y poco a poco ir suavizando. Si el adolescente no puede salir hasta que no cumpla sus horas de estudio, mantendremos firmeza en este acuerdo.

  8. Tienen que ser entendidos por los niños y niñas.  Para que cumpla su función educativa ha de ser comprendido por los pequeños. Para ello dialogaremos con él y le explicaremos las cosas con calma.

  9. Combina el castigo, con castigo positivo y con refuerzos. No se trata solo de que el pequeño tenga consecuencias negativas, también es bueno que estas consecuencias negativas terminen cuando el pequeño deje de hacer determinada conducta (castigo positivo).

    Es decir si no recoge los juguetes no podemos salir al parque, pero en cuanto los recoja esta consecuencia negativa finaliza y salimos todos al parque.

    Los refuerzos también son fundamentales,  elogiar al niño cuando cumple con lo que esperamos y animarle en sus acercamientos a la acción deseada.

Infografía: Pautas para establecer castigos para niños y que sean eficaces

Infografía: Pautas para un castigo positivo

Leer más:

Disciplina positiva o cómo educar en positivo.

Vídeo educativo: 10 pautas para que el castigo sea educativo

Celia Rodríguez Ruiz (Psicóloga y Pedagoga) para el Portal Educapeques

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Источник: https://www.educapeques.com/escuela-de-padres/pautas-castigo-educativo.html

Disciplinar a su hijo

¿Cómo castigar a tu hijo?

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Independientemente de la edad que tenga su hijo, es importante que usted sea coherente al impartirle disciplina. Si los padres no respetan las normas fijadas ni aplican a las consecuencias enunciadas, lo más probable es que tampoco lo hagan sus hijos.

Aquí tiene algunas ideas sobre cómo modificar su enfoque de la discipline para el bien de su familia.

De 0 a 2 años

Los bebés y los niños pequeños son curiosos por naturaleza. Es sensato eliminar de su entorno cualquier tentación y cualquier «¡NO!»: artículos como el televisor o el reproductor de vídeo, el reproductor de música, las joyas y, sobre todo, los productos de limpieza y los medicamentos deberían estar fuera del alcance del pequeño.

Cuando su bebé se acerque gateando o cuando su torbellino de dos años corra hacia algún objeto peligroso o prohibido, dígale sin perder la calma: «No», y aléjelo de ese lugar o bien dirija su atención hacia otra actividad.

La técnica disciplinaria conocida como “tiempo fuera” o “pausa obligada”, consistente en obligar al niño a pasar cierto tiempo solo y en un lugar carente de estímulos y distracciones (por ejemplo, un rincón o una silla), puede ser eficaz con niños de 1 a 3 años.

A un niño de dos años que ha estado golpeando o mordiendo a otro niño o tirando la comida al suelo, se le debe explicar por qué ese comportamiento es inaceptable y luego se le debe llevar al área designada para la pausa obligada, por ejemplo, una silla de la cocina o el primer peldaño de las escaleras, y dejarlo allí un minuto o dos para que se calme (tiempos más largos no son eficaces con niños tan pequeños).

Es importante no golpear, dar cachetes ni abofetear a un niño de cualquier edad. Además, los bebés y los niños pequeños es muy poco probable que sepan establecer una conexión entre su comportamiento y el castigo corporal. Lo único que sentirían es el dolor de los golpes.

Y no se olvide de que los niños aprenden observando a los adultos, sobre todo, a sus padres. Asegúrese de ser un buen ejemplo para su hijo. Usted será mucho más eficaz recogiendo sus propias pertenencias que pidiendo a su hijo que recoja sus juguetes mientras usted deja sus cosas esparcidas por la sala de estar.

De 3 a 5 años

A medida que su hijo vaya creciendo y empiece a entender la relación entre las acciones y sus consecuencias, asegúrese de empezar a informarle sobre cuáles son las normas de la casa.

Es importante explicarles a los niños qué es lo que se espera de ellos antes de castigarlos por su comportamiento inadecuado.

La primera vez que su hijo de tres años use las ceras de colores para decorar la pared de la sala de estar, explíquele por qué no está permitido hacer eso y que pasará si lo vuelve a hacer otra vez (por ejemplo, tendrá que ayudar a limpiar la pared y no podrá usar las ceras de colores durante el resto del día).

Si su hijo vuelve a decorar una pared de la casa al cabo de pocos días, enuncie el recordatorio de que las ceras de colores son solo para pintar papel o cartón y haga cumplir las consecuencias.

Cuanto antes transmita a su hijo el mensaje: «Yo fijo las normas y tú debes escuchar y aceptar las consecuencias», mejor será para todos. Aunque a veces resulte más fácil ignorar un comportamiento inaceptable ocasional o no imponer el castigo enunciado, si actúa de ese modo, sentará un mal precedente.

Las amenazas vacías minan su autoridad como padre, y hacen más probable que su hijo se salte los límites. La coherencia interna y la consistencia a la hora de aplicar la disciplina son claves para una disciplina eficaz.

Es importante que los padres decidan (conjuntamente, si no se trata de una familia monoparental) cuáles son las normas y las apliquen de una forma consistente.

Mientras establece claramente qué tipo de comportamientos no están permitidos y merecen un castigo, no se olvide de recompensar el buen comportamiento.

Y no subestime el efecto positivo que pueden tener sus elogios en su hijo: la disciplina no consiste solamente en castigar, sino también en reconocer el buen comportamiento.

Por ejemplo, decir: «Estoy orgulloso de que hayas compartido tus juguetes con otros niños» suele resultar más eficaz que castigar a un niño por el mal comportamiento de no compartir. Y sea específico a la hora de elogiar a su hijo; no se limite a decirle: «¡Bien hecho!».

Deje bien claro cuáles son las conductas que le gustan. Eso hace que sea mucho más probable que su hijo vuelva a hacer ese comportamiento en el futuro: cuanta más atención le demos a una conducta, más probable será que vuelva a ocurrir.

Si su hijo se sigue comportando de una forma inaceptable, a pesar de todos sus esfuerzos, considere la posibilidad de diseñar una tabla de registro para cada día se la semana. Decida cuántas veces su hijo se puede portar mal antes de aplicarle el castigo y durante cuánto tiempo se debe comportar correctamente para obtener una recompensa.

Cuelgue la tabla en la puerta de la nevera y haga un registro diario del comportamiento de su hijo. Así, tanto su hijo como usted, podrán ver literalmente cómo van las cosas.

En cuanto el sistema empiece a dar frutos, no se olvide de recompensar a su hijo por aprender a controlar su comportamiento y, sobre todo, por superar un problema de largo recorrido.

El “tiempo fuera” también funciona bien con niños de esta edad. Elija un lugar apropiado y carente de distracciones, como una silla o el primer escalón.

Tenga en cuenta que “enviar al su hijo a su habitación” no es eficaz si su hijo tiene computadora, televisor o juegos de vídeo en su dormitorio. Además, el tiempo fuera es un tiempo alejado de cualquier tipo de refuerzo.

Por lo tanto, su hijo no debería recibir ningún tipo de atención por parte suya durante la pausa, incluyendo el hablarle, el contacto ocular y similares.

Asegúrese de establecer la cantidad de tiempo que funcione con su hijo.

Algunos expertos afirman que 1 minuto de “tiempo fuera” por cada año de vida es una buena regla general; otros recomiendan alargar el tiempo fuera hasta que el niño se haya tranquilizado (para que aprenda a autorregularse).

Asegúrese de que, si usted aplica el tiempo fuera porque su hijo no ha seguido sus instrucciones, las deberá seguir después de haber concluido el tiempo fuera.

Es importante que usted le diga a su hijo cómo se debe comportar, no sólo cómo no se debe comportar. Por ejemplo, en vez de decirle: «No se salta en el sofá», puede decirle: «Por favor, siéntate en el sofá y pon los pies en el suelo.»

Asegúrese de darle órdenes claras, directas y concisas. En vez de decirle: «¿Te importaría ponerte los zapatos?», dígale: «Por favor, ponte los zapatos.» Esto no da pie a confusiones y no sugiere que seguir sus instrucciones sea una opción entre varias disponibles.

De 6 a 8 años

El “tiempo fuera» y enunciar las consecuencias de la mala conducta también son estrategias disciplinarias eficaces para este grupo de edad.

De nuevo, la consistencia y la coherencia son cruciales, así como acabar lo que se empieza. Cumpla su palabra a la hora de impartir disciplina o, si no, se arriesgará a perder su autoridad.

Su hijo debe saber que usted hace lo que dice.

Esto no significa que no pueda concederle segundas oportunidades o permitirle cierto margen de error, pero, por lo general, debe ser consecuente y cumplir su palabra.

Asegúrese de no amenazar a su hijo con castigos imposibles o nada de realistas cuando esté muy enfadado («¡Vuelve a dar un portazo y no volverás a ver la televisión!»); si no cumple sus amenazas, su palabra perderá todo su valor.

Si, mientras se dirigen en coche a algún sitio, amenaza a sus hijos con dar media vuelta y volver a casa si no dejan de pelearse, asegúrese de hacer exactamente lo que ha dicho.

Un día de playa perdido es mucho menos importante que la credibilidad que usted ganará ante sus hijos.

Los castigos exagerados le pueden quitar su autoridad como padre o como madre.

Si castiga a su hijo a no salir de casa todas las tardes durante un mes entero, lo más probable es que el niño no se sienta motivado a portarse mejor al darlo todo por perdido.

Le puede ayudar el hecho de establecer unas metas que su hijo pueda cumplir para recuperar los privilegios que ha perdido por haberse portado mal.

De 9 a 12 años

A los niños de este grupo de edad, como en todas las edades, se les puede impartir disciplina apelando a las consecuencias naturales del mal comportamiento. A medida que vayan madurando y reclamen más independencia y responsabilidad, enseñarles a asumir las consecuencias de sus comportamientos será un método disciplinario apropiado y eficaz.

Por ejemplo, si su hijo de once años no ha hecho aún los deberes a la hora de acostarse, ¿debería usted prohibirle acostarse hasta que los acabe o echarle una mano para que los acabe? La respuesta a ambas preguntas es «no» porque estaría desperdiciando la oportunidad de enseñarle una buena lección sobre la vida. Si su hijo no hace los deberes, tendrá que ir a la escuela al día siguiente sin ellos y cargar con la consecuencia de que le pongan una mala nota.

Es natural que usted quiera evitar que su hijo se equivoque pero, a largo plazo, le hará un favor si deja que cometa sus propios errores. Los niños comprueban qué puede conllevar un comportamiento inadecuado y lo más probable es que no vuelvan a cometer los mismos errores.

De todos modos, si su hijo no parece estar aprendiendo de las consecuencias naturales de portarse de forma inadecuada, usted debería establecer sus propias consecuencias para ayudarle a modificar su conducta.

Retirarle privilegios, como jugar a juegos electrónicos, puede ser una consecuencia eficaz en este grupo de edad.

A partir de los 13 años

A estas alturas, usted ya habrá sentado las bases de la disciplina. Su hijo sabe qué es lo que se espera de él y que usted cumple con su palabra en lo que se refiere a las consecuencias del mal comportamiento.

Pero no se le ocurra bajar ahora la guardia: la disciplina es tan importante para un adolescente como para un niño pequeño.

Del mismo modo que un niño de 4 años necesita que sus padres le fijen un horario para acostarse por la noche y lo respeten, un adolescente también necesita que le fijen límites.

Asegúrese de fijar unas normas sobre los deberes, las visitas de los amigos, la hora de volver a casa por la noche y las citas, y coméntelas con su hijo antes de aplicar sus consecuencias para que no haya malentendidos.

Aunque lo más probable es que su hijo proteste de vez en cuando, también se dará cuenta de que es usted quien tiene el control.

Aunque le parezca mentira, los adolescentes todavía quieren y necesitan que les fijen límites y les impongan un orden en sus vidas, incluso aunque usted les garantice una mayor libertad y responsabilidad.

Cuando su hijo en edad adolescente se salte una norma, retirarle privilegios será el mejor plan a seguir. Aunque, por ejemplo, le puede prohibir usar el coche familiar durante una semana, asegúrese también de explicarle por qué llegar a casa pasada la hora del toque de queda es preocupante e inaceptable.

Recuerde que debe permitir a su hijo adolescente tener cierto grado de control sobre sus cosas. Esto no solo reducirá sus luchas de poder, sino que también ayudará a que su hijo respete las decisiones que usted todavía debe tomar por él.

Al principio de la adolescencia, a un hijo se le puede permitir que tome sus propias decisiones en lo que se refiere a la ropa que se pone para ir a la escuela, el peinado que lleva y cómo decora su habitación.

A medida que se vaya haciendo mayor, se le deberá ir ampliando el control que tenga sobre sus cosas, incluyendo, por ejemplo, alargar la hora del toque de queda de vez en cuando.

También es importante centrase en lo positivo. Por ejemplo, retrase la hora del toque de queda cuando su hijo se porte bien, en vez de adelantársela como castigo por un comportamiento irresponsable.

Unas palabras sobre pegar a los niños

Quizás no haya ninguna forma de disciplina que sea más polémica que pegar a los niños . Aquí tiene algunas razones de que los expertos desaconsejen abofetear, dar cachetes o pegar de otra forma a los niños.

  • Al pegar a un niño, se le enseña que está bien pegar cuando estamos enfadados.
  • Y, además, aparte de hacerle daño, se le pueden infligir lesiones corporales.
  • Si se pega a un hijo, en vez de enseñarle a modificar su comportamiento, solo se consigue que tema a sus padres, y lo único que se le enseña es a evitar que lo vuelvan a pillar “in fraganti”.
  • Si el niño se «porta mal» para llamar la atención, una bofetada o un cachete lo puede «recompensar»; una atención negativa es mejor que no recibir ningún tipo de atención.

Revisado por: Lauren M. O'Donnell, PsyD

Fecha de revisión: junio de 2018

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/discipline-esp.html

Embarazo saludable
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