¿Cómo conseguir que un niño exprese sus emociones?

Cómo ayudar a los niños a reconocer sus emociones: 9 ejercicios útiles

¿Cómo conseguir que un niño exprese sus emociones?

A lo largo de nuestra vida y desde el nacimiento, los seres humanos no dejamos de aprender. Pero sin duda alguna los mayores y más importantes aprendizajes se llevan a cabo durante la infancia y la adolescencia.

Uno de los aprendizajes más relevantes tiene que ver con la manera de relacionarse con uno mismo, así como con aprender a reconocer los propios pensamientos, creencias y emociones. Se trata de algo que requiere de aprendizaje, y en algunos casos pueden existir dificultades para reconocer y gestionar las propias emociones.

¿Cómo ayudar a los niños a reconocer sus emociones? A lo largo de este artículo vamos a ver algunas proposiciones o estrategias que pueden ser útiles en este sentido.

La emoción y el reconocimiento de las emociones

Denominamos emociones a aquellas reacciones subjetivas y de carácter fisiológico-cognitivo-conductual que surgen de la confrontación de estimulaciones internas (sensaciones corporales, pensamientos o ideas) o externas (los eventos que proceden del medio) y que tienen como principal función la de dirigir o alterar nuestra conducta de cara a lograr nuestras adaptación y supervivencia.

Las emociones tienen un origen neurobiológico, y tienen su origen en la activación del sistema límbico, pero también se ven fuertemente influenciadas por nuestras vivencias y aprendizajes vitales.

De hecho, tal y como hemos comentado se trata de reacciones ante lo que sucede en nuestra vida, las cuales activan nuestro organismo y nos predisponen a la acción, motivandonos y favoreciendo que actuemos de determinada manera y nos permiten a su vez vincularnos a los demás.

Las emociones aparecen por lo general de manera súbita e innata y durante un corto período de tiempo, y permiten otorgar algún tipo de valor a lo que nos ocurre.

A menudo solemos dividirlas en positivas, negativas o neutras en función del tipo de activación o sensaciones que nos generan (como por ejemplo alegría, tristeza o sorpresa), pero todas ellas nos resultan profundamente adaptativas y han permitido que nuestra especie pueda haberse desarrollado y sobrevivido hasta el momento.

Difieren de los sentimientos en que estos se mantienen en el tiempo y surgen de la concienciación y elaboración cognitiva de las emociones y su vinculación con las causas de su aparición.

Podemos encontrar y experimentar una gran diversidad de emociones, y muchas de ellas tienen características o maneras de expresarse que hacen que en ocasiones puedan confundirse entre sí.

A lo largo de nuestro desarrollo y según las vamos experimentando, dichas emociones van siendo cada vez más fáciles de reconocer, pero lo cierto es que el mero reconocimiento de las propias emociones es una habilidad que precisa entrenamiento, y para la que puede precisarse de ayuda externa.

El reconocimiento de emociones entraría dentro de la habilidad cognitiva básica conocida como conciencia emocional, la cual se define como la capacidad de captar y reconocer las emociones propias y ajenas y ser capaces de clasificarlas e identificarlas con un nombre o dentro de una categoría básica.

La conciencia emocional es uno de los principales componentes que busca de la educación emocional, la cual permite el afrontamiento de las problemáticas del día a día, ser capaces de comprender, reaccionar y adaptarse el entorno y generar una identidad y autoestima propias sanas.

¿Cómo ayudar a los niños de reconocer sus emociones?

La conciencia emocional o reconocimiento de las propias emociones es una habilidad básica que por norma general se va desarrollando naturalmente desde la infancia, pero que requiere de un proceso de aprendizaje en el que la dotación de apoyos externos podría ser útil.

Desgraciadamente, en la educación formal habitual existe por lo general poco apoyo al desarrollo o formación de esta habilidad, con lo que a menudo la capacidad de reconocer las emociones puede quedar relegada como algo secundario y que depende más bien del propio sujeto y las vivencias y aprendizajes que adquiera de familia y amigos. Pero puede ser reforzado.

A continuación os proporcionamos algunos ejemplos de maneras en que podemos ayudar a los niños a reconocer sus emociones mediante el aprendizaje cotidiano.

1. Hablar sobre las emociones

Para poder reconocer las emociones resulta muy importante saber en primer lugar a qué llamamos alegría, tristeza, rabia, asco, miedo o sorpresa.

En este sentido resulta de utilidad que el menor pueda hablar libremente con los adultos o sujetos del entorno sobre sus sensaciones y deseos, y qué nota en distintas situaciones, con el fin de poder ponerle un nombre a la sensación en sí.

Es importante que si definimos una emoción lo hagamos de manera sencilla y comprensible para el grado de desarrollo evolutivo del menor. Sin utilizar conceptos muy abstractos y empleando ejemplos.

2. Poner ejemplos de situaciones en que pueden aparecer

Como ocurre también en la adultez, el hecho de utilizar ejemplos pueden permitir al niño entender qué implica una emoción determinada. Puede ser útil especialmente describir situaciones en que es habitual sentir cada una de las emociones.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que una misma situación puede provocar distintas reacciones emocionales en personas diferentes.

  • Quizás te interese: «¿Qué es la Inteligencia Emocional?»

3. Expresiones faciales: emoticonos, fotografías y dibujos

Una manera clásica de entrenar el reconocimiento de emociones pasa por la identificación de expresiones faciales en caras dibujadas o fotografías. No hace falta que revistan gran complejidad, sino simplemente que puedan observarse el tipo de gestos que se llevan a cabo al experimentar una emoción.

4. Mímica e imitación

Igual de importante que verlas puede ser el aprender cómo las expresamos nosotros mismos. Puede ser de utilidad ensayar con el niño diferentes maneras y gestos que realizamos al sentir una emoción concreta, de manera que el pequeño las imite y pueda reconocer algunas de las sensaciones físicas que su cuerpo lleva a cabo al sentir una emoción determinada.

Un método que puede ser de utilidad es el de ensayar caras y gestos tanto acompañado por un adulto como ante un espejo.

También resulta de gran utilidad la representación física libre de las sensaciones sentidas por parte del menor, de manera que el niño por sí mismo intente expresar las sensaciones que le genera la emoción que siente.

5. Vídeos y películas

A todos o casi todos los niños les gusta ver películas infantiles, y esto es algo altamente beneficioso si tenemos en cuenta que en la mayoría de ellas aparecen personajes que sienten distintas emociones y situaciones que pueden suscitarlas a los propios niños.

Es posible utilizar este tipo de estimulación, que además les agrada y les resulta reforzante, con el fin de que empiecen a aprender a interiorizar intelectualmente situaciones emocionales e incluso a identificar emociones o expresiones físicas que revelen la existencia de una emoción concreta.

Es especialmente útil emplear películas que les sean significativas, aunque también existen diversos cortos que pueden ser de utilidad.

6. Expresar las sensaciones con palabras

Aunque describir una emoción es algo que puede ser complicado a cualquier edad, una forma de aprender qué emociones estamos sintiendo es intentar expresarlas en palabras. En este sentido puede ser de utilidad que los adultos a cargo expresen tanto mediante gestos como a través de las palabras cómo se sienten o el tipo de estimulación que les genera una reacción emocional determinada.

7. No recriminar ni censurar una emoción

Aunque a menudo dividimos las emociones entre positivas y negativas, lo cierto es que todas y cada una de ellas tienen una función y es necesario aprender a saber reconocerlas. Es importante no censurar las emociones o su expresión o hacerles creer que está mal sentirse de determinada manera, un error por otro lado bastante común.

No se trata de motivar que tengan rabietas o se salgan con la suya, pero sí hacerles entender que sentirse enfadado no es malo per sé, o estar triste. Son emociones naturales que deben aprender a interpretar y reconocer para posteriormente poder gestionar.

8. Teatralizar situaciones generadoras de emociones

Otra vía que puede ser de utilidad para aprender a reconocer las propias emociones pasar por hacer simulaciones y representaciones teatralizadas sobre situaciones que por norma general tienden a provocar una emoción como rabia, alegría, tristeza o sorpresa.

Ello ayuda a que el niño experimente la emoción, y tras ello pueda reflexionar sobre cómo se ha sentido y qué tipo de sensaciones le ha generado a nivel fisiológico o mental.

9. Describir situaciones de tal modo que puedan decir qué sentirían

A modo de dilemas éticos, pueden emplearse la descripción de situaciones emocionales para preguntar a los menores qué sentirían en dicha situación. Si bien la respuesta no tiene por qué ser exacta, la reflexión sobre qué sensaciones les provocarían puede llevar a los niños a aprender a identificar sus emociones con mayor facilidad en situaciones parecidas.

Referencias bibliográficas:

  • Bisquerra, R. & Pérez, N. (2007). Las competencias emocionales. Educación XXI, 10, 61-82.

Источник: https://psicologiaymente.com/desarrollo/como-ayudar-ninos-a-reconocer-sus-emociones

3 claves para enseñar a los niños a expresar sus sentimientos

¿Cómo conseguir que un niño exprese sus emociones?

Enseñar a nuestros hijos a comunicarse emocionalmente puede que no sea una tarea fácil pero será algo que nos ayude a apoyar el desarrollo de sus potenciales habilidades emocionales y cognitivas innatas.

Así, al ofrecer a nuestros niños este tipo de educación emocional le ayudaremos a ser feliz y a encaminar su desarrollo como persona. Por eso aprovechando la información que su entorno le otorga podemos ayudarle al niño expresar cómo se siente.

Debemos saber que si no les enseñamos esto, nuestros hijos podrían volverse excesivamente vulnerables a los conflictos tanto internos como externos. Por eso a la hora de “capacitarlos” para la vida es importante que aprendan a traducir sus sentimientos en palabras.

La naturaleza de la comunicación emocional

A un niño que comienza a hablar le resultará muy complicado expresar los sentimientos, por lo que muchas veces tendrá berrinches. Por su parte, gracias al desarrollo de la neocorteza cerebral, un niño de 5 años que ya ha adquirido el lenguaje necesario sí que estará en disposición de concretar algo más sobre sus emociones.

Sin embargo, comprender y comunicar los sentimientos y la capacidad para hacerlo son cosas muy distintas. Por eso es importante que para adquirir el hábito de expresarse los niños se críen en un ambiente en el que los sentimientos se expresan y examinan abiertamente.

Veamos a continuación algunas sencillas claves para hacer que nuestros niños sean duchos en esto:

1. Elabora un diccionario de los sentimientos

Para comenzar podemos pedirle a nuestros hijos que nombren todos los sentimientos que se les ocurran. Anotaremos cada uno de ellos en una página en blanco y los ordenaremos según el alfabeto.

Una buena manera de facilitar esta labor es hojear fotos instantáneas de revistas (no posadas) y preguntarles a nuestros hijos qué creen que está sintiendo cada persona en ese momento. Entonces la escribimos en la hoja y le pedimos que nos diga en qué momentos se ha sentido así.

Si esto le resulta difícil al niño podemos ofrecerles ejemplos nuestros, invitarles a hacer dibujos (niños pequeños) o hacerse una foto expresando cada emoción (niños más mayores).

2.Juegos de sentimientos

Los niños se vuelven más conversadores si utilizamos los sentimientos para jugar. Se trata de analizar nuestro día a día e innovar.

Si viajamos mucho o de camino al colegio hay muchos coches podemos aprovechar las letras de las matrículas para formar palabras que evoquen sentimientos. Por ejemplo, si vemos las letras AM y el niño dice AMOR le ofreceremos puntos que a final de la semana puede canjear por una comida especial o algo que le resulte gratificante. Estos términos tenemos que planteárselos previamente.

También como jugar con los colores y los estados de ánimo que evocan. Con las fotografías y los cuentos y los sentimientos que evocan, etc.

3. Jugar sin ponerle palabras a los sentimientos

Aprender a sentir es el primer paso para poder describir cómo nos sentimos. De hecho, la comunicación no verbal es más del 50% de la comunicación emocional, por lo que debemos poner especial énfasis en esto. Os damos algunas ideas:

  • El juego del sonido apagado (de 7 a 12 años)

Para jugar a este juego tenemos que grabar un programa apropiado para la edad y mostrárselo a nuestro niño con el volumen apagado. Entonces le pediremos que nos describa cómo cree que se siente cada persona del vídeo.

Podemos detener la cinta cada vez que él quiera. También podemos otorgarle puntos cada vez que sepa describir de qué forma una postura, una expresión facial o un gesto puede revelar un sentimiento.

Este juego puede durar 15 minutos y podemos otorgar un máximo de 15 puntos que puede canjear por algo previamente convenido o, simplemente, ganar el juego.

  • Las charadas de sentimientos (desde los 6 años)

Con un grupo de tres o más niños o miembros de la familia tenemos que formar un mazo con unas veinte tarjetas de emociones. El miembro más joven deberá coger una carta y representar el sentimiento sin palabras durante al menos 3 minutos.

La persona que adivina el sentimiento conservará la tarjeta y seguirá jugando. Así, quien obtenga la mayor cantidad de tarjetas será el ganador. Cuando los niños aumenten su destreza con este mazo se deberán añadir sentimientos nuevos y más sutiles.

  • Adivinar el sentimiento (Entre los cinco y diez años)

La idea es leer y grabar una oración simple cinco veces cambiando el tono de voz  para que refleje un nuevo sentimiento. Por ejemplo “Dejé mis libros en el coche” como si estuviera triste, alegre, enfadado, atemorizado o preocupado.  Cada acierto será un punto. El niño deberá hacer lo mismo con otra frase.

  • Vamos a describirnos con sentimientos (entre los cinco y los doce años)

Es importante que los niños aprendan a explorar sus propios sentimientos y a expresarlos a través del rostro y del cuerpo creando un diccionario sobre cómo se expresan las emociones de manera no verbal.

Para esto necesitaremos una cámara de fotos instantáneas, hojas sueltas de papel y una carpeta. Si al pedirle al niño que haga una mueca para expresar un sentimiento le cuesta, entonces podemos hacerles preguntas que les ayuden a evocar. Por ejemplo: Te sientes enfadado cuando tu amigo Juan te molesta, ¿verdad?

Si aún así le cuesta le podemos pedir que se mire al espejo y moldee su rostro hasta que parezca enfadado. Entonces le haremos la foto y la colocaremos en la carpeta para después pedirle que escriba en esa hoja todas las veces que experimentó ese sentimiento concreto.

Utilizar este tipo de estrategias nos ayudará a conseguir que nuestros niños comprendan los matices de la comunicación emocional y no huyan de ella, ya que como sabemos sentir es indispensable para ser una persona completa y feliz.

Fuente bibliográfica consultada: La inteligencia emocional en los niños. De Shapiro E. Lawrence

Источник: https://eresmama.com/3-claves-ensenar-los-ninos-expresar-sentimientos/

Actividades para que los niños trabajen con sus emociones

¿Cómo conseguir que un niño exprese sus emociones?

Siempre es importante que los niños expresen sus emociones, pero estos días todavía más. Ante esta situación excepcional en la que nos encontramos, resulta esencial dotarles de herramientas que les permitan crecer emocionalmente, tal y como nos señala María Díaz, directora pedagógica de la Escuela infantil Cabás, en Madrid.

Por ello, desde este centro educativo nos han dado algunas claves para trabajar con los más pequeños algunos sentimientos que sentirán estos días.

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El miedo

Es una de nuestras emociones primarias. “Gracias a él, reaccionamos antes situaciones reales de peligro, y nos da la oportunidad de generar herramientas para afrontar ciertas situaciones”.

Es normal que los niños también lo sientan, al fin y al cabo, “es una forma de mostrar al mundo que está madurando”, detallan desde la Escuela infantil Cabás.

Por ello, tenemos que enseñarles, a medida que surgen sus temores, cómo hacerles frente.

  • Lo primero que debemos hacer es explicarles que existen miedos reales y falsos, como los fantasmas o la oscuridad. Estos últimos están en nuestra imaginación, nos confunden, y por esta misma razón, debemos aprender a superarlos.
  • Podemos formularles preguntas que les ayuden a pensar sobre ello. Por ejemplo, plantearles cuál es su miedo, cuándo aparece, cómo responde su cuerpo y si no existiera, todo lo que podría hacer.
  • La técnica del fantasma. María Díaz nos propone una técnica que emplean en la clase de niños de cuatro y cinco años. Consiste en crear un fantasma -podemos pintarlo en un rollo de papel higiénico-, que llevará una pequeña bolsa donde guardaremos los miedos del niño. El pequeño deberá dibujar o escribir en un papel qué es lo que le da miedo y guardarlo en esa bolsa. Más tarde, los leeremos para ayudarle a relativizarlo. Por ejemplo, en la escuela tienen a Felipe, y en su bolsa depositan todos sus miedos.

Lee: Cuentos infantiles para fomentar las habilidades emocionales

La ira

En estos días en los que toda la familia se encuentra en casa, pueden darse ciertos conflictos durante la convivencia.

“Es importante explicarle al niño que tener ira no es malo ni antinatural si se sabe controlar”, asegura María Díaz.

“La ira hace que las personas reaccionen frente a lo que no les gusta, produce cambios positivos y nos alerta para actuar”, añade. ¿Qué podemos hacer si nuestro hijo se enfada estos días?

  • Crear un rincón de calma. Un espacio didáctico, que nosotros mismos podemos construir con él. Al entrar, debemos sentir calma, y en ningún caso debemos verlo como “un rincón de castigo”.
  • En este lugar, encontrarán cosas que les ayuden a relajarse: títeres para compartir pensamientos, mandalas y pinturas para colorear, cuentos para leer… De hecho, recomienda tres títulos que nos podrán ayudar: Vaya rabieta, de Mireille D’ Allancé, Cuando estoy enfadado, de Trace Moroney, y La rabieta de Julieta, de Steve Antony. También disponibles en formato audiolibro.

Lee: Cómo educar la inteligencia emocional en los niños

La tristeza

Los niños se percatan de todo lo que sucede a su alrededor. Estos días de incertidumbre y nerviosismo, pueden experimentar momentos de altibajos emocionales.

Sin embargo, ellos cuentan con un ‘arma secreta’ que los adultos hemos perdido con el paso del tiempo: “el asombro y la positividad”.

Así que desde Cabás nos aconsejan una actividad para explicarles que hay que mirar nuestras rutinas diarias de una manera positiva y diferente. Una técnica que, además, advierten que puede servirnos para los mayores.

  • Primero tenemos que hablar con ellos. Preguntarles qué es lo que sienten, qué piensan de este momento y cómo les está afectando. Es muy importante que dejemos que hablen, sin interrupciones.
  • A continuación, les tranquilizaremos y explicaremos que en algunas ocasiones, podemos ver las cosas con pesimismo o tristeza.
  • Taller para aprender a mirar. La clave de esta actividad es que se establecerá relación entre el color negro y los sentimientos negativos, para que ellos lo entiendan mejor. En este taller necesitaremos:

Materiales:

  • Cartulina blanca
  • Ceras de colores, témpera negra
  • Palillos, tenedores…

Pasos:

  1. Pintar la cartulina blanca con una explosión de colores
  2. Cubrir los colores con la témpera negra. La cartulina debe quedarse totalmente negra
  3. Dejar que se seque

A continuación, les invitaremos a sentarse en un lugar que les aporte tranquilidad con su hoja negra. Les diremos que tienen que pensar con atención en esa situación o sentimiento que les preocupa. Cuando estén preparados, les indicaremos que dibujen, escriban… que se expresen, dejando volar su creatividad sobre esa cartulina. Es mejor que les dejemos solos para que no se sientan cohibidos.

Cuando hayan terminado, hablaremos con ellos. Con esto, aprenderemos que, aunque a veces haya cosas ‘negras’, debajo siempre hay algo de color.

Además, “explicaremos que no hay que entrar a valorar la emoción. No es buena ni mala, está ahí y debemos permitirnos sentirla para no quedarnos anclados en ella”, aclara la directora pedagógica de la Escuela infantil Cabás.

Lee: 7 manualidades superfáciles y creativas para hacer con los más pequeños en casa

Источник: https://www.hola.com/ninos/20200326164131/actividades-trabajar-emociones-ninos/

7 Trucos para ayudar a tus hijos a controlar sus emociones

¿Cómo conseguir que un niño exprese sus emociones?

Todos los padres nos preocupamos porque nuestros hijos aprendan correctamente a controlar sus emociones. Después de todo, las emociones mal gestionadas nos pueden meter en problemas y sacarnos del camino de la razón.

Sin embargo, poner límites al comportamiento de nuestros hijos no significa que tengamos que poner límites a lo que sienten.

De hecho, cuando no permitimos que nuestro hijo se disguste estamos, sin darnos cuenta, poniéndole más difícil que aprenda a manejar sus emociones.

La realidad es que no podemos impedir que nuestros hijos se contrarien, se lo permitamos o no.

Es decir, decirle a un niño que no llore no va a evitar su disgusto, simplemente le va a transmitir el mensaje de que hay algo malo o vergonzoso en esa emoción y que tiene que frenarla y esconderla.

Además, cuando los seres humanos reprimimos nuestras emociones, estas pasan al subconsciente y aparecen cuando el niño menos se lo espera, totalmente fuera de control.

Este ‘fuera de control’ que tanto asusta a los padres no está provocado porque los padres permitamos que los niños expresen sus emociones, sino porque cuando quieren expresarlas, sienten que no pueden. Negar las emociones o culpabilizarnos por sentirlas no nos ayuda, pero sin embargo estos 7 trucos sí pueden regular las emociones de tus hijos de forma adecuada:

1. Somos su modelo de conducta

Eso significa que nosotros, como padres, debemos resistirnos a nuestras propias rabietas, y no dejarnos llevar por nuestras ganas de gritarles. En lugar de eso, es mejor que nos demos un momento para contar hasta diez y tranquilizarnos.

Tenemos que intentar tomarnos las cosas con calma y responsabilizarnos de cómo expresamos nuestras emociones; después de todo, los niños aprenden de nosotros. Si gritamos, aprenderán a gritar, pero si hablamos desde el respeto, aprenderán a hablar con respeto.

Esto no significa que reprimas tus emociones, ya que esto, como hemos indicado antes, solo conseguiría hacerlas más difíciles de controlar.

Significa que intentes manejar esas emociones desde la observación, la identificación de lo que te pasa y la tolerancia a lo que sientes, pero sin llevarlo a cabo hasta las últimas consecuencias.

Cada vez que lo practiques, estarás fortaleciendo los sistemas neuronales que controlan tus emociones, que es exactamente lo que tratamos de conseguir con nuestros hijos. Es una tarea que nos llevará toda la vida, por lo que no te agobies si no lo consigues a la primera ¡y sigue trabajándolo!

2. Hablamos de nuestros sentimientos

Investigaciones y estudios han descubierto que los niños aumentan su inteligencia emocional cuando compartimos con ellos nuestros sentimientos, aceptamos los suyos y hablamos en voz alta sobre los de otras personas.

También es importante enseñarles palabras para expresar sus emociones, puesto que esto pone nombre a su experiencia y les ayuda a entender a otras personas.

Sin embargo, etiquetar emociones mientras estamos enfadados solo hará que nuestros hijos se sientan analizados, lo que provocará que sea más difícil trabajar las emociones.

En ese momento, lo mejor es la aceptación y, cuando el ambiente se haya calmado, hablar de lo que ha pasado sin crítica ni juicio, sino buscando la empatía y enseñándoles que perder los estribos no es forma de solucionar las cosas.

3. Priorizamos la conexión con ellos

Sabemos que los bebés crean patrones neuronales para calmarse con su padres, pero ¿sabíais que los niños más mayores también necesitan conectarse con nosotros para regular sus emociones? Cuando te des cuenta de que tus hijos están fuera de sí, lo mejor que puedes hacer (después de calmarte tú mismo), es intentar reconectar con ellos. Si los niños sienten que estamos de su lado, incluso cuando tenemos que decirles que no, estarán más por la labor de cooperar; por lo que cuanto más conectados estemos con ellos, mejor se comportarán.

4. Aceptamos sus sentimientos, incluso cuando son inadecuados

Cuando la empatía se convierte en nuestra respuesta habitual, nuestros hijos aprenden que las emociones pueden no hacerte sentir bien, pero no son peligrosas. Así, aprenden a aceptarlas y procesarlas según aparecen en lugar de reprimirlas.

Saben que alguien les escucha y entiende, así que no tienen que gritar para llamar la atención.

Sentirse apoyados les ayudará a entender que pueden pasar por momentos complicados emocionalmente, pero que tal y como esos sentimientos han llegado, se irán; y esto les ayudará a ser resilientes.

5. Guiamos su comportamiento sin castigarlos

Azotes, castigos de cara a la pared o hacerles pasar vergüenza no enseñan a los niños a manejar sus emociones, sino que les dan el mensaje de que esas emociones son las que les llevaron a portarse mal y son malas.

Eso les hará tratar de reprimirlas, por lo que su carga emocional se llenará de malos sentimientos. Por eso, los castigos consiguen muchas veces lo contrario de lo que pretenden, llevando a los niños a comportarse peor.

En lugar de castigarlos, ayuda a tus hijos a comportarse correctamente con amor.

6. Ponemos límites cuando sea necesario 

Tus hijos no son capaces todavía de tomar sus propias decisiones en la vida y, cuando estén enfadados, harán y dirán cosas de las que luego se arrepentirán. Por supuesto, eso no significa que sean malas personas, sino que no han sido capaces de controlar sus emociones.

No es el momento de decirles que son maleducados, sino de mostrarnos compasivos y permitirles que se expresen y muestren los miedos que les han llevado a comportarse de ese modo.

Si se sienten seguros y apoyados, podrán vivir libremente lo que sienten y se desprenderán del malestar y la rabia.

7. Actuamos como adultos

Cuando no somos capaces de tomar las riendas de nuestro hogar, poner límites apropiados y mantener una actitud positiva, los niños no se sienten seguros.

Aunque no san conscientes, les preocupa que no seamos capaces de hacernos cargo de sus necesidades emocionales, por lo que empiezan a intentar hacerlo por ellos mismos.

Se vuelven mandones y exigentes y, lo que es peor, dejan de acudir a nosotros cuando están tristes o tienen miedo porque no confían en que seamos capaces de lidiar con su vulnerabilidad.

Por eso, se ponen a la defensiva y son incapaces de relajarse y abordar retos adecuados a su edad, como los conflictos con otros niños o probar cosas nuevas. Para hacer frente a estas actitudes, debemos comprometernos a ser padres generosos, que imponen límites desde la empatía y la inteligencia emocional.

De este modo, los niños aprenden que las emociones no son malas, si no que son parte de la riqueza del ser humano y debemos atravesarlas para que puedan cambiar, ninguna se queda para siempre. Normalmente no podemos elegir lo que sentimos, pero sí cómo lo afrontamos.

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Источник: https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/educacion-en-casa/trucos-para-ayudar-a-controlar-emociones/

Cómo enseñar a los niños a conocer y expresar sus emociones

¿Cómo conseguir que un niño exprese sus emociones?

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Todos queremos que nuestros hijossean felices, y conocer las emociones, expresarlas y aprender a gestionarlas es fundamental para conseguirlo.

Sabemos que desarrollar la inteligencia emocional es tan necesario como aprender matemáticas o lengua.

Sentirse bien con uno mismo, formarse un auto-concepto positivo o ser empático y asertivo, nos hace más felices.

Porque lo importante de verdad es que sepan vivir plenamente, con una actitud positiva, gestionando bien cualquier situación.

La inteligencia emocional no está en los libros, está en todas partes, en las relaciones, los afectos, experiencias y, cuando son pequeños, también en el juego.

Para un niño no es fácil poner nombre a sus sentimientos, porque primero sentimos y luego pensamos. Las emociones son conceptos abstractos difíciles de entender, incluso para los adultos.

De ahí que sea tan necesario ayudarles a reconocerlas, saber de dónde vienen, ponerles un nombre y exteriorizarlas. Y esto, también lo podemos hacer jugando, pero sobre todo, desdramatizando y de forma natural.

Las emociones son estados de ánimo, reacciones subjetivas que experimentamos respecto a situaciones externas.

Aunque los estudios han catalogado muchísimas más, las 6 emociones básicas son: Alegría, Tristeza, Miedo, Sorpresa, Aversión y Enfado.

Todas las emociones son importantes, no hay emociones buenas o malas, todas nos acompañan cada día, influyendo en nuestras decisiones para adaptarnos al entorno.

Por ejemplo, gracias al miedo, los hombres hemos sobrevivido en la naturaleza. El enfado nos ayuda a poner límites, pero hay que enfadarse bien. La tristeza es inevitable y nos empuja a pedir ayuda a los demás.

La sorpresa estimula nuestra curiosidad para explorar y aprender. La aversión, la repulsa o el asco nos protegen de algo que puede ser peligroso, y nos ayudan a demostrar rechazo ante lo que no nos gusta.

La alegría es la emoción más abundante, expansiva y motivadora, es la energía necesaria para repetir lo que nos hace felices.

Primero debemos preguntarnos cómo practicamos nuestra propia inteligencia emocional. Por ejemplo, ¿cómo reaccionamos ante los sentimientos de nuestros hijos?, cuando se enfadan o desatan su entusiasmo sin control, ¿qué hacemos? Pensémoslo antes de actuar, porque ellos repetirán lo que vean en nosotros.

Expresa tus sentimientos con palabras

Lo importante para ser su modelo en el aprendizaje de las emociones es que expresemos nuestros sentimientos con palabras, sinceramente, para que vean que es algo normal y cotidiano. Por ejemplo, hemos tenido un mal día en el trabajo y llegamos a casa decaídos, no tenemos ganas de jugar ni de hablar durante la cena.

Pero, se nos ocurre aprovecharlo para comentarlo y hacer el juego del cactus y la rosa.

En este juego, cada uno dice qué ha sido lo peor (el cactus) y lo mejor de su día (la rosa) y cómo se ha sentido en cada momento.

Igual, para nuestro hijo el cactus ha sido que no le han pasado el balón en el recreo y eso le ha enfadado o le ha hecho sentir menos que los demás. Y la rosa, que un amigo le ha cambiado su cromo favorito y se ha puesto súper-contento.

Ojo, no hay emociones negativas, todas son válidas, necesarias y necesitan ser atendidas. No hay que estigmatizar el miedo o el enfado como algo improductivo.

Por eso nunca debemos decirle a nuestros hijos frases como “no te enfades que no es para tanto”, porque en la vida también encontrarán emociones que les harán sentir mal y necesitarán estar preparados para gestionarlas.

Por ejemplo, Marta ha estado un buen rato haciendo una torre de piezas y llega su hermanito pequeño y la derriba. Es lógico que se enfade mucho y se ponga a llorar.

Pero si le decimos: “mi vida, es normal que estés enfadada (empatizamos), con lo que te ha costado hacerla, pero, ¿has visto lo alto que habías llegado? (reforzamos lo positivo), seguro que si lo intentas otra vez, la harás más alta aún, porque ¡eres una constructora profesional! (le animamos a superarse)”, seguro que se siente mucho mejor y entiende que puede enfadarse pero que no hay nada dramático que no se pueda arreglar.

No repitamos el clásico mantra: “no llores”, “no te enfades”, “no tengas miedo”, aunque pensemos que así no serán “llorones”, “enfadicas” o “miedosos”.

Si lo hacemos, les estamos transmitiendo que llorar o enfadarse es algo malo, cuando no es así. Debemos ser comprensivos y ponernos en su lugar para entender por qué los niños sienten lo que sienten en cada momento.

Todas las emociones tienen un lenguaje no verbal propio y universal. Los gestos, la postura corporal, la mirada, el tono de voz, son diferentes según cada emoción. Si les enseñamos a reconocerlas en ellos mismos y en los demás, aprenderán a ser más empáticos.

Por ejemplo, “¿Has visto qué cara de sorpresa ha puesto la abuela, y cómo ha abierto los ojos y la boca cuando le has enseñado tu dibujo?”. También podéis jugar a poner caras según las emociones y a haceros fotos. Además de identificar un gesto con una emoción, os lo pasaréis genial.

Cultivar el conocimiento de las emociones requiere práctica. Con calma, creando un espacio de seguridad y confianza, sin presionar ni interrogar, sabrán que siempre estamos dispuestos a escucharles.

Como hemos comentado antes, hay que aprovechar cada oportunidad que pueda presentarse a diario para hablar de cómo nos sentimos todos en casa.

Ponle nombre a las emociones.

Cuánto más les facilitemos la palabra apropiada, el nombre de la emoción para lo que están sintiendo, alegría, miedo, sorpresa, etc., más les ayudaremos a asociar su estado de ánimo con el nombre de esa emoción y así podrán reproducirla después.

Por ejemplo, “Qué contento te has puesto cuando has visto al abuelo, eso es porque le quieres mucho y te alegra verle”, “Entiendo que te dé rabia que no te salga el dibujo, pero es normal que no salga a la primera.

Pero estoy segura de que si sigues intentándolo lo conseguirás”, “¿ves cómo ha salido precioso?, ahora te sientes muy satisfecho y feliz porque has conseguido algo que te ha costado mucho esfuerzo y mamá también se siente muy feliz por ti”.

Observa cómo juega

Su lenguaje corporal y lo que dice mientras juega o cómo interactúa con sus muñecos y juguetes, nos habla de cómo se siente.

Esos momentos mágicos son una buena ocasión para descubrir su mundo sentimental y, aunque ellos no sepan definirlas, nosotros podemos darle las palabras para sus emociones y las de sus muñecos. Por ejemplo, “¿Cómo está tu muñeco? ¿Quieres que cantemos una canción para alegrarle?”.

El juego siempre es el mejor aliado

Hay muchos juegos divertidos e interesantes para trabajar el conocimiento de las emociones. Os proponemos unos muy sencillos:

  • Colorear emojis, asociando un color a cada emoción. Amarillo: alegría. Rojo: enfado, rabia. Verde: asco, rechazo. Azul: tristeza. Gris: miedo.
  • Recortar círculos de emociones de diferentes tamaños, según cómo de grande sea la emoción y dibujar la carita después.
  • Aprenderlas con ellos en inglés, y hacer frases, como un juego escolar.
  • Imitarlas con gestos y adivinarlas.
  • Con música, escuchando diferentes piezas musicales asociadas a distintos estados de ánimo y bailarlas
  • Animarles a dibujar y pintar cómo se sienten, libremente, la creatividad es una herramienta maravillosa para expresar las emociones.
  • Contarles cuentos, leer con ellos historias pensadas expresamente para transmitir valores y enseñar a conocer los sentimientos y las emociones.
  • Aprovechar que ahora hay juegos creados por expertos que están pensados para aprender las emociones jugando.

Hay algunos muy interesantes como Moggy – un puzzle para crear diferentes emociones-, Emotiblocks – un juego de construcción de bloques basados en las emociones y en las caras que ponemos cuando las sentimos, Emoticapsules – para clasificar y guardar aquellas cosas que nos producen distintas emociones o EmotiFriend – un peluche al que le podemos cambiar la cara en función de cómo nos sentimos.

  • Como aprendemos poco a poco, tendremos en cuenta su edad.Entre los 2 y los 3 años, lo importante es que los niños se sientan seguros y cómodos para expresar sus sentimientos. Ahí están siempre tus brazos para consolarles, hablarles y besarles, aunque estén enfadados.

A los 4 años podemos reflexionar con ellos, analizar sus sentimientos, ofrecer empatía y establecer límites.

A partir de los 5-6 años, saben que pueden contarte lo que les pasa, y que juntos siempre encontráis la mejor solución a cualquier problema, para que más adelante puedan solucionarlos solos.

Trabajar las emociones juntos, ahora que son pequeños, es darles herramientas para la vida, construir su actitud y sus valores.

Es enseñarles a relativizar, aumentar la resilencia y la autoestima, gestionar en positivo y superarse ante las dificultades.

Además, aprender a expresar y compartir los sentimientos, fortalece los lazos afectivos y la comunicación. Al crecer, facilita el diálogo y las relaciones en la adolescencia y, como no, durante la vida adulta.

Si tú tienes alguna idea más que pones en práctica con tus peques para aprender a identificar las emociones, cuéntanosla.

Источник: http://my.imaginarium.es/como-ensenar-a-los-ninos-a-conocer-y-expresar-sus-emociones/

Embarazo saludable
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