Cómo enseñar disciplina a un niño

7 claves para enseñar disciplina

Cómo enseñar disciplina a un niño

Como padres nos gusta estar enterados de que existen claves para enseñar disciplina, pero debemos estar consientes de que no todos los niños son iguales y de que no todos los consejos pueden ser aplicables a nuestro caso. Sin embargo, es preciso valorar que todos los consejos son útiles, dignos de reflexión y a juicio del interpretador.

De sobra está entendido que la infancia es tan complicada porque es la etapa en la cual cada individuo se desarrolla a nivel físico y mental; pero también lo es porque en esta se va a forjar la personalidad, los buenos hábitos y el comportamiento.

En tal sentido, los padres tenemos el reto de promover el desarrollo óptimo de nuestros niños, al tiempo que logramos una relación equilibrada y formamos a una persona respetosa, juiciosa y bien portada.

Por consiguiente es la disciplina en los niños, la principal herramienta para encaminar el accionar de estos en la familia, la escuela o la calle. Sin embargo, también suele ser el momento de la crianza donde las cosas de dificultan.

Enseñar disciplina en 7 claves

Si queremos enseñar disciplina, podemos comenzar por atender las sabias recomendaciones que los especialistas nos dan, pero también es importante tomar en consideración cualquier consejo que venga de nuestros más allegados.

Para comenzar de una vez en esta ardua tarea, es preciso que reflexionemos en estos siete consejos propuesto para ayudar a disciplinar a nuestros niños:

Clave Nº 1 Ser equitativos

El respeto es una de las principales enseñanzas que los niños deben llevar en su lista de quehacer, por eso lo primordial para infundir y pedir respeto es la igualdad. Tratar a los niños como iguales y no como inferiores, permite que exista más disposición en ellos para contribuir.

No es recomendable que un niño demuestre su obediencia tal como si se tratase de sumisión en lugar de respeto. Al no ser demasiado autoritarios, le permitimos comprender que está bien ceder de vez en cuando.

Clave Nº 2 Ser prudente

Con la prudencia podemos evitar muchos males; por ejemplo incurrir en castigos excesivos. Es importante, relacionar las razones por las cuales se está disciplinando al niño, para que nuestras acciones no sobrepasen el hecho.
Esto además del maltrato, también evita que el niño esté predispuesto a que por cualquier cosa lo traten extremadamente mal.

Clave Nº 3 Permitir

Parte de la relación familiar es permitir que los individuos que conforman el grupo tengan los mismos derechos y sean partícipes de las actividades con total libertad.

Para eso es imprescindible dar la oportunidad a los niños de opinar sobre las disposiciones de los padres; esto alimenta la confianza en el grupo y les permite comprender que son escuchados.

Clave Nº 4 Ceder espacio

Como fundamento de la disciplina se encuentra la libertad individual; por eso cuando el niño reconocer que tiene su propio espacio personal para actuar, sin saberlo acepta ser moderado por este beneficio.

Es decir, dejar actuar a los niños en su propio lugar libremente, más adelante puede ser objeto de negociación entre padres e hijos. Es propio para el establecimiento de reglas y límites.

Clave Nº 5 Establecer normas

Por ahí dicen que un problema bien formulado es un problema medio resuelto; es decir, que si en una familia las normas están claras y son de dominio público, no deberían ser objeto de confusiones y desacuerdos.

Ser precisos en el establecimiento de las normas de convivencia, es el primer paso para que los niños aprendan a ser disciplinados al menos en torno a esas reglas.

Clave Nº 6 Evita recompensas no anunciadas

De nada sirve en la enseñanza de un hábito o un comportamiento, que el niño no esté motivado previamente a que va a ser recompensado. Por ejemplo, si queremos que haga una tarea y vamos a darle un premio por ello, es muy importante que el niño lo sepa de antemano.

En tal sentido, si el niño cumple con el objetivo se forja en disciplina de dos maneras: una porque obedeció y la otra porque cumplió con su propósito personal. Es decir, cumplió consigo mismo y con sus padres.

Clave Nº 7 Escucha a tus hijos

Esta clave es la base de la enseñanza de disciplina, porque se enlaza con otras claves como el respeto, la igualdad, la libertad y el cumplimiento de normas.

Nunca está de más escuchar lo que nuestros hijos nos quieren decir, porque nos permite conocer cómo piensan y así nos facilitan nuestro accionar. También, es una herramienta útil para hacerles ver que pueden confiar en nosotros y que tuvieron una oportunidad de defenderse.

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Источник: https://eresmama.com/10-claves-ensenar-disciplina/

Cómo disciplinar a niños pequeños de 1 a 3 años

Cómo enseñar disciplina a un niño

¿Cuándo y cómo empezar a disciplinar a niños pequeños de 1 a 3 años?

Los niños empiezan a saber lo que significa “no” alrededor de los siete meses de edad en promedio, y una vez que pueden hablar, muchos pasan por una etapa en la que se convierte en su palabra favorita.

Desafortunadamente, los padres también pueden contar con que los niños pasen por una etapa donde ignoran alegremente cuando mamá o papá dice que no, y otros intentos y disciplina.

Eso es porque es natural para ellos empezar a tantear los límites; probando su independencia y tratando de explorar el mundo en sus propios términos.

Por qué la disciplina es importante

Una gran parte de la disciplina en los primeros años es simplemente mantener a los niños seguros. No tocamos el horno. No tiramos de la cola del gato. No corremos a la calle. Pero estableciendo límites consistentes temprano, los padres también están sentando las bases para un buen comportamiento en el futuro.

Establecer límites también tiene otros beneficios. Decirle a los niños qué conductas usted quiere y no quiere ver realmente hace que los niños se sientan más seguros. Esto les recuerda que usted está a cargo y los guía a las áreas donde deben desarrollar sus habilidades e independencia (tales como jugar con el set de té plástico y no tratando de tocar el verdadero.)

Las reglas también son una manera de ayudar a los niños a comenzar a considerar la perspectiva de los demás, o al menos preparar el terreno para la empatía. Los niños de dos años podrían ser demasiado egocéntricos para comprender cómo se sienten los demás, pero pueden comenzar a aprender que compartir es algo agradable y practicar la entrega de un juguete a la abuela.

Pero, ¿cómo deben los padres compartir las reglas con los niños y cómo se pueden hacer cumplir esas reglas, especialmente cuando los niños son muy pequeños y no entienden el concepto de consecuencias?

Estableciendo rutinas

Kristin Carothers, psicóloga clínica del Child Mind Institute, dice que los padres probablemente ya están estableciendo límites sin darse cuenta. “Una de las maneras más naturalistas de crear límites es tener unas rutinas para sus hijos”, dice la Dra. Carothers.

“Es posible que no sepan qué hora es, pero saben la rutina de acostarse: tenemos nuestro baño, leemos nuestro libro, vamos a dormir en nuestra propia cama”.

Al crear una rutina familiar, los padres están enseñando a los niños qué deben esperar en cada situación, por lo que no hay sorpresas desagradables, y al mismo tiempo que establecen un límite claro sobre cuando comienza la hora de acostarse.

Discipline los niños pequeños de 1 a 3 años en el momento

Por supuesto, gran parte de la vida no está prevista, por lo que los padres necesitan estrategias para corregir el comportamiento y reforzar los límites en el momento. “Si hay una regla que quieras seguir, como no golpear, entonces eso es algo que tienes que corregir en el momento en que lo ves”, dice la Dra. Carothers. Pero la forma cómo la corrige importa.

Los padres a menudo dicen: “No hagas eso” o “No”, pero la Dra. Carothers dice que en realidad es más útil decirle a los niños lo que quieres que hagan.

“Los niños saben lo que “no” significa, pero no necesariamente saben qué hacer después de que digamos que no, por lo que siempre quiere asegurarse de que tiene una alternativa para ellos”, explica.

Diciendo: “Mantén tus manos en su lugar” o “Usa tus manos para acariciar” lo deja claro.

Para los niños alrededor de tres años de edad, los padres pueden hacer que el niño tenga un tiempo de reflexión cuando muestra una conducta agresiva. La Dra. Carothers explica que el tiempo de reflexión es “tiempo sin recibir atención positiva”. Por lo tanto, podría decir: “Mantenemos nuestras manos en su lugar.

Tú golpeaste a tu hermano, así que ahora tienes que sentarte en esta silla”. “Para los niños de 1 a 3 años, el tiempo de reflexión no debe ser más de tres minutos.

Entonces, después de que el tiempo de reflexión haya terminado, puede decirle al niño lo que debe hacer a continuación: “Puedes pedirle a tu hermano el juguete” o “Puedes tocar a tu hermano suavemente”.

Los padres también pueden comenzar a establecer las consecuencias naturales de la mala conducta de un niño.

Por ejemplo, si un niño salta en el sofá, una consecuencia natural podría ser el practicar sentarse tranquilamente en el sofá. Si ella escribe en la pared, entonces usted podría ponerla a lavar la pared.

Por supuesto, puede que ella no logre realmente limpiar la pared, pero sólo el hecho de tratar de lavarla refuerza sus reglas.

Manteniendo expectativas realistas

Para algunas situaciones, depender de su capacidad para responder en el momento podría no ser suficiente.

Por ejemplo, los niños pequeños correrán a la calle si ven algo interesante y no se dan cuenta del peligro potencial.

“No podemos esperar que un niño pequeño establezca ese límite para sí mismo”, explica la Dra. Carothers, “así que usted como padre necesita hacer la intervención en el lado opuesto”.

Para caminar en la acera, eso significa que usted necesita agarrar la mano de su niño en todo momento para mantenerlo seguro. La Dra. Carothers también anima a los padres a decir algo como, “¡Buen trabajo agarrando la mano de mamá! Gracias por estar cerca de mí”, lo que le permite a su hijo saber que estos son los tipos de comportamientos que a usted le gusta ver.

Considere lo que su hijo puede y no puede hacer según su nivel de desarrollo, e identifique lo que no está haciendo. Así como caminar con de manera segura afuera puede ser poco realista, también lo puede ser el esperar que se comporte bien durante una aburrida (para ella) función social. “Como padres tenemos que manejar nuestras expectativas”, dice la Dra. Carothers.

Por ejemplo, los niños pequeños son muy egocéntricos, por lo que es apropiado para este nivel de desarrollo que ellos estén más preocupados por satisfacer sus propias necesidades que sentarse tranquilamente en la cena.

Hay maneras de promover el buen comportamiento; como darle muchos elogios por sentarse en su asiento, tenerle cosas que hacer mientras está sentada, y tomar descansos.

Sin embargo, en esta etapa probablemente no es el momento de llevarla a un lugar donde se espere que tenga modales perfectos.

Respondiendo a los berrinches

Esta es también la etapa cuando los niños comienzan a tener berrinches. Hay algunas razones para esto.

Los niños pequeños de 1 a 3 años todavía están aprendiendo a comunicarse, y sus habilidades de lenguaje no son muy sofisticadas todavía.

“Un niño podría actuar agresivamente en ausencia de lenguaje desarrollado para comunicar sentimientos como frustración, ira o vergüenza”, explica la Dra. Carothers.

Pero un niño podría también tener una rabieta porque se ha dado cuenta de que cuando actúa muy molesto las personas tienden a responder y, más a menudo que no, obtiene lo que quiere. Por eso es importante ignorar las rabietas, incluso cuando son embarazosas.

Sucumbir a la rabieta de un niño inadvertidamente refuerza el comportamiento que él utilizó para conseguir lo que quería, y eso no es algo que usted quiere alentar.

En su lugar, los padres deben esperar a que su hijo se calme y luego inmediatamente elogiarlo por estar tranquilo.

La Dra. Carothers da un ejemplo. “Digamos que usted está dejando la tienda de comestibles y su hijo comienza a lanzar una rabieta en el estacionamiento porque quiere galletas. Usted puede decir: “Gracias por decirme que quieres galletas; Me gustan las galletas también. La próxima vez que vayamos a la tienda podremos comprar unas galletas”. Si su hijo no deja de rabiar, la Dra.

Carothers recomienda dejarlo que siga y no ceder, incluso si usted está tentado a intervenir. Además de no querer reforzar los berrinches como una táctica de negociación efectiva, la Dra. Carothers señala: “Es bueno para nosotros enseñarles a los niños que hay momentos en que obtendremos lo que queremos y momentos en los que no conseguiremos lo que queremos.

Esa es una parte natural de la vida”.

Satisfacer la necesidad de control

Los niños de esta edad también pueden actuar porque quieren sentir más control. Y es apropiado desde el punto de vista del desarrollo que los niños comiencen a tomar más decisiones y sean más independientes, dentro de lo razonable. La Dra.

Carothers está de acuerdo en que los niños deben comenzar a tomar más decisiones a medida que van creciendo, pero advierte que deben limitarse a tomar “las decisiones apropiadas el nivel de desarrollo que los niños pequeños de 1 a 3 años debe tener”.

En otras palabras, su hijo de dos años puede elegir qué juego quiere jugar, o qué programa de TV le gustaría ver, pero no debería decidir cuánto tiempo durará viendo televisión o si tiene que tomar un baño después. Esas son decisiones para los adultos.

Источник: https://childmind.org/article/disciplinar-a-ninos-pequenos-de-1-a-3-anos/

Disciplinar a un niño con necesidades especiales

Cómo enseñar disciplina a un niño

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Desde el momento en que recibió el diagnóstico, supo que la vida iba a presentar más desafíos para su hijo. Por lo tanto, cuando le pide que haga algo y no lo hace, lo deja pasar. ¿Realmente necesita que usted señale sus limitaciones? ¿Será que usted teme que lo que desea que haga o deje de hacer le resulte imposible de lograr?

Pero ésta es la realidad: Si siente que su hijo no merece ser disciplinado, equivale a decirle: «No creo que puedas aprender». Y si usted no lo cree, ¿cómo podrá creerlo su hijo?

Lo que los expertos denominan «manejo de la conducta» no tiene nada que ver con castigar o desmoralizar a su hijo. Al contrario, se trata de una manera de establecer límites y comunicar las expectativas con amor y para educar.

Corregir los actos de los niños, mostrándoles qué está bien y qué no, qué es aceptable y qué no, es una de las maneras más importantes en las que todos los padres pueden mostrarles a sus hijos cuanto los aman y se preocupan por ellos.

A continuación, incluimos algunas estrategias para ayudar a los padres a disciplinar a un niño con necesidades especiales.

Sea coherente

Los beneficios de la disciplina son los mismos, sin importar si se trata de niños con necesidades especiales. De hecho, los niños que tienen problemas para aprender responden muy bien a la disciplina y la estructura. Pero para que esto funcione, los padres deben transformar la disciplina en una prioridad y ser coherentes.

Corregir a los niños implica establecer normas (ya sea que se trate de fijar una rutina matinal o de modales a la hora de la cena) para luego enseñarles cómo alcanzar esas expectativas. Todos los niños, sin importar sus capacidades y sus necesidades, necesitan esta coherencia. Cuando pueden predecir lo que ocurrirá a continuación en el día, se sienten seguros y confiados.

Obviamente, pondrán a prueba los límites; todos los niños lo hacen. Pero de usted depende afirmar que esas normas son importantes y hacerle saber al niño que cree que puede cumplirlas.

Obtenga información acerca de la afección de su hijo

Para comprender la conducta de su hijo, debe comprender los factores que la afectan (incluida su afección). Por lo tanto, sin importar cuál sea el problema de su hijo, intente obtener la mayor cantidad de información acerca de los factores médicos, conductuales y psicológicos particulares que afectan su desarrollo.

Lea acerca de la afección y pregúntele al médico si no comprende algo.

Además, hable con los integrantes del equipo de atención de su hijo y con otros padres (en especial con los que tienen hijos con problemas similares) para que lo ayuden a determinar si la conducta de su hijo es típica o está relacionada con su discapacidad individual.

Por ejemplo, ¿otro padre puede comprender el problema que usted tiene para que su hijo de 5 años se vista por las mañanas? Compartir experiencias le dará un criterio para medir sus expectativas y determinar qué conductas están relacionadas con el diagnóstico de su hijo y cuáles se deben exclusivamente a su desarrollo.

Si tiene problemas para encontrar padres de niños con problemas similares, tenga en cuenta la posibilidad de unirse a un grupo de apoyo y defensa en línea (Internet) para familias de niños con necesidades especiales. Una vez que sepa cuál es el comportamiento típico para la edad de su hijo y sus problemas de salud, podrá establecer expectativas realistas de conducta.

Definición de las expectativas

Establecer reglas y disciplina es un desafío para cualquier padre. Por lo tanto, su plan de conducta debe ser sencillo y debe trabajar sobre un problema por vez. A medida que su hijo alcance una meta de conducta, puede esforzarse para alcanzar la siguiente.

Éstas son algunas sugerencias.

Utilice recompensas y consecuencias

Trabaje con un sistema que incluya recompensas (refuerzo positivo) para las conductas adecuadas y consecuencias naturales para la conducta inadecuada. Las consecuencias naturales son castigos relacionados directamente con la conducta. Por ejemplo, si su hijo arroja comida, le quitará el plato.

Pero no todos los niños responden a las consecuencias naturales; por lo tanto, es posible que las consecuencias deban coincidir con los valores de su hijo. Por ejemplo, un niño autista a quien le agrada pasar el tiempo solo podría considerar la penitencia tradicional como una recompensa; en su lugar, quítele su juguete o videojuego favorito durante un período de tiempo.

Después de corregir a su hijo por hacer algo indebido, ofrézcale una conducta alternativa.

Por ejemplo, si su hijo está hablando demasiado fuerte o golpeando para que le preste atención, trabaje para reemplazar estas actitudes por conductas adecuadas como decir o indicar «ayúdame» o llamar su atención de maneras adecuadas, como tocarle el hombro.

La ignorancia activa es una buena consecuencia para el mal comportamiento que va dirigido a obtener su atención. Esto significa que no recompensará una conducta inadecuada con su atención (aun cuando se trate de atención negativa, como un reto o un grito).

Utilice mensajes simples y claros

Comunique sus expectativas a su hijo de manera sencilla. En el caso de niños con necesidades especiales, tal vez sea necesario hacer algo más que simplemente expresar las expectativas. Tal vez necesite usar imágenes, actuar o realizar gestos para asegurarse de que su hijo sepa qué es lo que se espera de él.

Mantenga un lenguaje verbal y visual simple, claro y coherente. Explíquele, con la mayor sencillez posible, qué conductas desea ver. Como la coherencia es fundamental, asegúrese de que los abuelos, las niñeras, los hermanos y los maestros compartan sus mensajes.

Felicítelo

Aliente el esfuerzo y los logros recordándole a su hijo lo que puede obtener si alcanza las metas que usted fijó, ya sea que se trate de autoadhesivos, tiempo para pasar frente a una pantalla o escuchar su canción favorita. Y asegúrese de felicitar y recompensar a su hijo tanto por el esfuerzo como por el éxito. Por lo tanto, si un niño se rehúsa a ir de cuerpo en el baño, puede recompensarlo por utilizar un orinal cerca del baño.

Otra estrategia: ponga en práctica la «antipenitencia»: cuando vea que su hijo hace algo bien, felicítelo. En algunos casos, la antipenitencia puede ser más efectiva que el castigo, porque los niños naturalmente desean complacer a sus padres. Por lo tanto, si obtienen crédito por hacer algo correctamente, lo más probable es que deseen volver a hacerlo.

Si sus esfuerzos no traen como resultado cambios después de una o dos semanas, pida ayuda a una trabajadora social u otro profesional del desarrollo. Ellos podrán ayudar a reevaluar el plan de conducta, identificar cuáles son los disparadores, desarrollar un sistema de recompensas o idear consecuencias para las conductas que desea erradicar.

Establezca una rutina

Los niños con determinadas afecciones, como autismo o ADHD (síndrome de déficit de atención con hiperactividad), responden particularmente bien a la disciplina que se basa en saber exactamente qué ocurrirá a continuación.

Por lo tanto, intente respetar la misma rutina todos los días. Por ejemplo: si su hijo suele estar agotado por la tarde, después de la escuela, establezca un horario de tiempo libre.

Tal vez necesite un refrigerio antes de hacer la tarea, para finalmente disfrutar de un rato de juego.

Las tablas pueden resultar útiles. Si su hijo aún no habla o habla poco, haga dibujos o use autoadhesivos para indicar qué ocurrirá a continuación. Establezca un horario realista y aliente a su hijo a que brinde información cuando corresponda.

Crea en su hijo

Si después de dar sus primeros pasos, su niño se hubiera seguido cayendo, ¿le hubiera comprado muletas o una silla de ruedas? No. Por lo tanto, no haga lo mismo con un niño que tiene necesidades especiales. Tal vez, su hijo no pueda colocarse los zapatos en el primer intento, ni en el décimo, pero continúa intentándolo. ¡Aliéntelo!

Si usted cree que su hijo puede hacer algo, le da la fuerza necesaria para que alcance esa meta. Lo mismo ocurre con la conducta. Por ejemplo, si su hijo es demasiado agresivo cuando juega con otros niños, no detenga el juego abruptamente.

Por el contrario, trabaje con su hijo para limitar la rudeza del juego.

Utilice la disciplina cuando sea necesario, retirando al niño del juego, obligando a respetar turnos y fijando reglas que impidan el contacto; y ofrezca recompensas cuando se cumplan sus deseos.

Sin importar lo que haga, no se dé por vencido con su hijo cuando las circunstancias sean complejas.

La mala conducta que se ignora en los primeros años puede tornarse insoportable e incluso peligrosa en la adolescencia y la adultez.

Sea paciente y tómese el tiempo necesario para trabajar con su hijo a fin de ayudarlo a alcanzar su máximo potencial. A veces, lo único que necesita su hijo para alcanzar el éxito es su voto de confianza.

Confíe en sus capacidades

La disciplina es una tarea agotadora.

Habrá días buenos en los que estará encantado con los avances de su hijo, días malos en los que parecerá que todo el trabajo arduo fue olvidado, y mesetas en las que parecerá imposible avanzar más.

Pero recuerde: el manejo de la conducta es un desafío para todos los padres, incluso los de niños con un desarrollo típico. Por lo tanto, ¡no se dé por vencido!

Si establece una expectativa acorde con las capacidades de su hijo y cree que puede lograrla, lo más seguro es que esto ocurra. Mientras tanto, utilice todos los recursos profesionales, personales y en línea que tenga a su alcance para ayudarlo a alcanzar sus metas.

Revisado por: Michelle J. New, PhD

Fecha de revisión: octubre de 2012

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/discipline-special-esp.html

5 Consejos efectivos para fomentar la disciplina en tus hijos

Cómo enseñar disciplina a un niño

Todos los niños nacen con una serie de deseos y de preferencias. Desde los primeros instantes de vida vemos como nuestros hijos ya empiezan a manifestar sus características innatas. En esto radica la belleza de la individualidad.

Sin embargo, nuestros pequeños no saben lo que es bueno o malo para ellos.

No cuentan con experiencias vitales, no pueden prever las consecuencias de sus acciones, y no tienen modo alguno de controlar sus deseos y sus impulsos si nosotros no les enseñamos cómo han de hacerlo.

La disciplina es, simplemente, la manera de mostrarles a nuestros hijos cómo queremos que se comporten, para que estén bien y no les pase nada, para que estén bien alimentados, fuertes físicamente y sanos y para que se conviertan en unas personas buenas y agradables. Todas estas lecciones de vida les ayudarán a integrarse sin problemas en todo tipo de grupos, en el colegio y en su entorno social.

¿Cómo podemos inculcar disciplina a los niños?

Unos breves principios orientativos es todos lo que necesitas para inculcar a tu hijo la disciplina de manera segura y eficaz:

  1.  Pon límites y cíñete a ellos. Los niños solo son capaces de asimilar los límites y las fronteras si nosotros, como padres, los hacemos respetar sistemáticamente. Los niños aprenden mejor y más rápido si aplicamos siempre los mismos límites y las mismas expectativas de comportamiento.
  2. Los límites no se pueden negociar con el niño. Los padres saben qué es lo mejor, tanto por la experiencia vital que han acumulado como por su capacidad para prever las consecuencias de los actos. Nuestros hijos no saben qué es lo mejor para ellos. Sus deseos son necesidades que pueden provenir de muchas motivaciones distintas.  os niños no deberían elegir sus propios límites.
  3. Enseña derechos y obligaciones. Todo el mundo nace con derechos y también con obligaciones. Cuando vivimos en comunidad, como es el caso de una familia, cada miembro tiene una serie de derechos y de obligaciones que ha de cumplir para que todo funcione como la seda. Los niños pueden aprender desde que son bien pequeños cuáles son sus derechos y obligaciones.
  4. Mantén la disciplina como disciplina. La disciplina no es un debate entre padres e hijos para llegar a una decisión de consenso que satisfaga a ambas partes. La disciplina es una actividad de los padres para reconducir a un hijo hacia un comportamiento más positivo. Tenemos que mantener nuestra autoridad para que la disciplina funcione, o acabaremos negociando con nuestro hijo (véase el punto núm. 2 anterior).
  5. Educar: completa la disciplina con debate y conversación.La disciplina es el primer paso para aclararle a nuestro hijo que lo que ha hecho no encaja con los valores, los principios morales o las expectativas de comportamiento que hay en la familia. Con frecuencia se le pone un castigo al niño para recalcar y enfatizar la importancia del problema. Una vez que ha acabado la parte de la disciplina, es útil conversar con el niño para que aprenda cómo solucionar el problema, cómo manejar una situación así o cómo elegir mejor en el futuro.

¿Qué es lo que no debe usarse jamás como disciplina?

Hay actividades que los padres deberían evitar utilizar como método para inculcar disciplina porque podrían dañar de modo permanente al niño, sea física, emocional o psicológicamente.

  • Disciplina física – Los estudios han demostrado que la disciplina física no les enseña a los niños a comportarse mejor. La disciplina física puede resultar eficaz a corto plazo, pero a largo plazo ya no da tan buenos resultados. Quizá logre poner freno a ciertas conductas a través del miedo, pero no muestra cómo se ha de resolver un problema o cómo tomar decisiones más acertadas.
  • Avergonzar – Cuando un padre o madre pone en ridículo o avergüenza a su hijo lo que está haciendo es atacarle por ser quien es, en vez de corregir un mal comportamiento. Un ejemplo podría ser: «Eres un imbécil y un inútil por haber derramado la leche de nuevo». Estas palabras se centran más en el niño que en su conducta. Un ejemplo de disciplina centrada en el comportamiento y que no trata de avergonzar al niño podría ser: «Te dije que no jugaras cuando estás sentado a la mesa.  No me hiciste caso y has derramado todo el vaso de leche». Estas palabras se centran más en expectativas no satisfechas que en el niño mismo.
  • Hiperdisciplina – El estar constantemente encima del niño vigilando todo lo que hace e impidiendo que elija de manera independiente cómo se va a comportar puede limitar también la capacidad del niño para aprender a autocontrolarse y a tomar decisiones. Se supone que los niños tienen que cometer errores de juicio para poder aprender cuáles son los límites. La hiperdisciplina entorpece este proceso natural, al negarle al niño la posibilidad de dirigir su propia conducta.

La disciplina es una tarea que se puede abordar de manera sencilla con estos 5 principios básicos.

Ser claro, coherente y justo a la hora de plantear y aplicar la disciplina es la base para tener unas sólidas reglas familiares lo que, a su vez, hace que a los niños les resulte más sencillo acatar la disciplina.

A medida que los niños van aprendiendo qué se espera de ellos y aprenden a controlar su conducta para cumplir las expectativas de los padres, se van sintiendo más seguros y consiguen tener más confianza en sí mismos.

El conocimiento es el poder

  • ¿Qué has aprendido o qué has sacado en claro de esta entrada? 
  • ¿Te ha ayudado a identificar algún aspecto de vuestra vida familiar que os gustaría modificar? 

En el espacio que aparece a continuación, haznos partícipes de tus experiencias y dinos qué medidas tienes previsto adoptar para cambiar el rumbo de la dinámica familiar.

Sobre la Instructora
Paternidad Proactiva
Dra.

Deanna Marie Mason PhD
Mas de 20 años de experiencia clínica ayudando a familias: Licenciada en Enfermería, Máster en Práctica Avanzada de Enfermería: Pedriatric Nurse Practitioner y Doctorado (PhD) en enfermería.

Profesora universitaria, especialista en educación del paciente, investigadora pediátrica, colaboración con publicaciones científicas internacionales de primer nivel, actividad filantrópica continuada relacionada con la promoción de la salud y el bienestar, esposa y madre de dos hijos.

Источник: https://proactiveparenting.com/es/2016/01/27/5-consejos-efectivos-para-fomentar-la-disciplina-en-tus-hijos/

Tabla para aplicar disciplina a los niños según su edad

Cómo enseñar disciplina a un niño

¿Cuándo podemos comenzar a aplicar disciplina a nuestros hijos? Muchos padres piensan que sus bebés no pueden aprender o seguir ciertas reglas y se relajan en cuanto a la aplicación de normas en casa.

Cuando el niño ya tiene 4 o 5 años, se ha hecho con el mando de la situación y cambiar su actitud o conducta es más complicado.

 Los límites y la disciplina que aplicamos en la educación de los niños deben estar adaptados según la edad que tengan.

Se puede aplicar disciplina a los niños desde las primeras etapas y además es lo mejor para que en casa haya una armonía y un orden. De hecho, todos los psicólogos con los que he hablado me cuentan que en su consulta el principal problema que encuentran entre padres e hijos es la ausencia de disciplina en los niños.

Disciplina y límites para niños de 0 a 2 años

Es una etapa de descubrimiento, de exploración y curiosidad. El desafío por moverse y hacer cosas por ellos mismos es enorme. En esta etapa los niños desconocen el peligro, por lo tanto, nuestra labor de disciplina hacia ellos ha de estar centrada en la prevención para evitar accidentes, tanto en casa como en el parque.

Las rabietas o berrinches han de ser controlados mediante el consuelo y, sobre todo, la distracción en las primeras etapas y después hemos de ignorarlas y no ceder al «chantaje».

Hemos de minimizar las luchas por el poder y siempre expresarle lo que esperamos de ellos sin gritar.

Todavía son pequeños para aplicar el tiempo fuera, pero sí ayuda retirarlo de la situación para ayudarle a calmarse.

No debemos sobreestimularles y sí incentivarles para colaborar con nosotros.

Límites y disciplina a un niño de 3 a 4 años

Ya son más independientes y esto les llena de orgullo, aunque a su vez tienen más ganas de probarse a sí mismos. Pueden ser frecuentes los enfados o berrinches. También es la etapa en la que se pueden sentir frustrados por pequeñas cosas.

Debemos poner normas y límites, pocas y muy sencillas. Ya pueden comprender que, si hacen algo mal, tendrá una consecuencia. Por lo tanto, podemos aplicar las consecuencias educativas.

Para ello debemos avisarle y explicarle lo que ocurrirá si se comporta mal, siempre poniendo ejemplos porque «portarse mal» es un concepto demasiado amplio para ellos.

Las consecuencias han de ser cortas, concisas e inmediatas, no podemos castigarle un día entero sin televisión pero sí unos minutos sin jugar.

Límites y disciplina a niños de 5 años

Han ido conociendo poco a poco las consecuencias a sus actos, por lo tanto emerge el sentido de conciencia. Pueden seguir las reglas e incluso ayudar con tareas en casa pero es normal que intenten llevar las situaciones al límite para conseguir lo que desean. Pueden controlar mejor sus impulsos y rabietas aunque pueden tener algún estallido de rabia en alguna ocasión.

Podemos comenzar a hacerles entender qué es la empatía, el efecto que causan nuestras acciones sobre los demás, enseñarles a ponerse en el lugar del otro. Hemos de continuar aplicando consecuencias educativas a las malas acciones. Podemos utilizar el «tiempo fuera» ante un mal comportamiento o una rabieta.

Cómo aplicar disciplina a niños de 6 a 7 años

Están desarrollando sus habilidades sociales y se están iniciando en las académicas. Han de aprender a autocontrolarse no sólo en casa, sino también en la escuela.

Han de saber que no tiene que pegar, gritar o molestar a los compañeros, en definitiva, aprender a relacionarse con sus iguales de forma amable.

En esta etapa los niños funcionan mejor con refuerzos positivos, es decir, no sólo elogiarle si hace sus tareas o cumple con lo que le pedimos, sino además poner pequeños premios alcanzables, por ejemplo, «cuando termines todas las tareas, jugamos un rato juntos a hacer construcciones».

Hemos de comenzar a aplicar disciplina a los niños de prevención y no sólo para corregirles, es decir,  encontrar soluciones a los posibles conflictos que puedan presentarse y no solo a reprenderle cuando haga algo mal. Cumplir con nuestra palabra cuando ponemos una consecuencia es fundamental para aplicar disciplina a los niños.

Los límites para niños de 8 a 10 años

En esta etapa ha de tener ya asumida cuáles son las normas y límites que imponemos en casa, y en el colegio su desafío será encajar en su grupo de amigos.

Conoce las diferencias entre lo que está bien y lo que está mal, pero es importante que mantengamos un diálogo ante un mal comportamiento, el niño querrá discutir. Nosotros tendremos que hablar de lo que hizo e intentar encontrar el por qué.

Querrá negociar, eludir sus tareas y en ocasiones se mostrará desmotivado. Nosotros podemos darle opciones si quiere negociar, no haremos sus tareas si las deja inacabadas e intentaremos reforzarle para mantener el esfuerzo. Los privilegios los tendrá por un buen comportamiento.

A los niños se les puede corregir de forma positiva y constructiva, sin amenazas o castigos. Lo importante es que se inculque consciencia al niño sobre todas sus actitudes. Que el niño sea consciente de lo que ha hecho mal y que lo intente él mismo, corregirlo. Cuando regañes a tu hijo por algo que haya hecho mal, debes considerar:

1. Esperar el momento apropiado para llamar la atención de tu hijo
Hay momentos en que resulta más conveniente esperar para estar solo y hablar con tu hijo. No regañarle delante de los demás, ni hermanos ni amigos.

2. Enfócate solo en la mala conducta de tu hijo y escúchale
Hable o regáñale solo por lo que ha hecho en este momento y no en actitudes o errores del pasado. No lo confundas. Es mejor centrarte en el presente, escuchar todo lo que tenga que decir, y charlar solo sobre su conducta de ese momento.

3. No compares ni construya miedos en tu hijo
Comparar a tu hijo con sus hermanos o amigos es totalmente inapropiado para la construcción de su YO. Puede dañar su autoestima y su autovaloración. Las amenazas también son recursos inadecuados. Solo harán que los niños obedezcan por miedo y no por respeto.

4. No grites ni insultes a tus hijos
Enseñas a tus hijos tu enfado pero para ello no es necesario que hagas uso de los gritos ni de insultos. Solo conseguirás que el niño te imite para resolver sus conflictos. Los gritos dañan a su autoestima, les humillan, y ellos perderán la confianza en ti.

5. Hagas uso de la firmeza y coherencia
Para que el niño sepa lo que esperas de él, es necesario que todo límite que apliques sea firme y coherente. No adelanta de nada no dejarle que haga algo hoy y al minuto siguiente dejarlo que lo haga. El niño tiene que saber qué esperas de él, con claridad, y sin dudas.

6. No ignores ni pierda la calma
Una cosa es que te enfadas con tu hijo por lo que ha hecho mal, y otra es dejar de quererle. Aunque regañes a tu hijo por algo, jamás debes ignorarlo o alejarlo de tu amor y cariño. Aunque se porte mal, él debe saber siempre que lo amas y que estarás siempre ahí. Regañar o llamar la atención a los hijos también es una forma de quererles.

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Embarazo saludable
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