Consejos para padres con niños agresivos

¿Tienes un adolescente conflictivo? Te enseñamos cómo manejarlo

Consejos para padres con niños agresivos

Cuando nuestros hijos llegan a una determinada edad cambian de actitud hacia los padres y se vuelven más celosos de su intimidad, incluso, en determinados casos pueden llegar a adquirir una actitud agresiva.

En este sentido, se pueden diferenciar dos tipos de vertientes, según informa el psicólogo Enrique Morales Salinas, del Instituto Sexológico Murciano.

“La primera, donde el adolescente siempre ha tenido una actitud de rebeldía desde la edad preescolar y que ha ido in crecendo durante el resto de su etapa evolutiva, y la segunda, en la que se encuentran los que muestran una actitud de rebeldía con un inicio posterior a los diez años, normalmente en relación con la entrada al instituto y, en muchos casos, asociados a factores ambientales o cambios hormonales”.

Detectarlo es simple: “Los padres detectan cambios de comportamiento como, por ejemplo, el rechazo de actividades u objetivos muy comunes antes, como dejar de ponerse un jersey que le encantaba sin explicación ninguna”, ejemplifica Cristina Pérez, psicóloga de Siquia.  

Aunque las reacciones y actitudes son diferentes en cada adolescente y no se puede generalizar, “los datos señalan que, de media, los niños muestran conductas de rebeldía más relacionadas con una forma de agresión exteriorizada (robos o confrontaciones físicas”, informa Morales Salinas.

“Podría decirse que tienden a enfrentarse a su entorno mientras que la conducta de las mujeres se redirige haca el plano interno (mentir, faltar a clase, escaparse, abuso de sustancias)”, describe.

En resumen, podría decirse que “en lo masculino destaca la fuerza y en lo femenino la sensibilidad”, resume Pérez.

La prevención de este tipo de reacciones y su manejo dependerá mucho de la comunicación que tengan los padres con sus hijos y de su fomento durante la infancia.

De esta forma, podrán ganarse la confianza de sus hijos con el fin de que puedan hablar con ellos de sus problemas. Según Morales Salinas, el mejor consejo para los padres es que trabajen para conocer a sus hijos.

“Que muestren interés por ellos y que sean partícipes de las cosas que les gustan sin excederse y parecer policías interrogando”.

Aquí su recomendación sería “observar a sus hijos y aprender de sus respuestas, analizar cuándo es el mejor momento para acercarse a ellos, qué señales dan cuando están mal y cuándo hay que dejarlos a solas”.

Por su parte, Pérez cree que es importante jugar con dos valores: “La empatía, es decir, entender la situación que atraviesan nuestros hijos y su visión del mundo; y reciprocidad”.

La amistad entre padres e hijos

En esta relación padre-hijo, los padres deben entender que la amistad será relativa. “La comunicación, la confianza y la cercanía a la hora de establecer contacto con nuestros hijos es posible, dejando claros los roles que se adquieren en la familia”, explica Pérez.

Morales Salinas cree que la amistad puede existir dependiendo de lo que se entienda por amistad. Está claro que si se define como una relación entre iguales la respuesta es no e incluso “sería contraproducente”. En su opinión, los padres “tienen que mantener su rol y hay muchos temas en los que es mejor no inmiscuir a los adolescentes, como son los problemas de los padres”.

Si, por otra parte, “se entiende la amistad como una relación sana, de confianza, donde cada uno puede ejercer su rol y compartir dudas desde el respeto, entonces sí es posible”, informa el experto. De hecho, a su juicio “ésta sería la amistad que se debería perseguir entre padres e hijos”.

¿Cómo frenamos un acto de rebeldía?

Si la comunicación, la confianza y la “amistad” no funcionan y tu hijo adolescente tiene un comportamiento rebelde éste se debería abordar desde el aprendizaje.

Según Morales Salinas, “si la conducta es leve, se podrá abordar desde la perspectiva del aprendizaje, usando herramientas como el castigo; pero si es más grave, llegando a poner en riesgo la integridad de los demás o de la del propio sujeto, lo mejor sería contactar con un especialista que nos apoye en el proceso, dada la complejidad de la situación”.

Sobre los castigos, Morales Salinas tiene claro que “son necesarios” pero que hay que saber “cómo hacerlos” ya que, aunque es una “buena herramienta de aprendizaje” la realidad es que “es muy complicada y no se debe hacer de cualquier forma”.

El experto distingue dos tipos de castigos: los positivos y los negativos.

  1. El positivo será todo aquél castigo “en el que se aplica un estímulo aversivo al sujeto, por ejemplo gritar o golpear”. Este es el más conocido y el primero en el que pensamos cuando oímos la palabra castigo. Según el psicólogo “desde una perspectiva educacional, siempre se debe entrenar a los padres para evitarlos y ofrecer otras herramientas para mejorar el trato con sus hijos ya que los efectos a largo plazo de este tipo de castigos son negativos”.
     
  2. En segundo lugar, estarían los castigos negativos. Estos implican “la retirada de un estímulo que produzca satisfacción, como dejar al adolescente sin consola o sin móvil”, detalla Morales Salinas. Para él estos serían los más apropiados y estarían dentro de los que trabajan los expertos en el entorno educativo, eso sí, siempre que se hagan con conciencia.

Así, para que un castigo sea efectivo “tiene que ser cercano al momento en que se produce la conducta, que el castigado conozca el motivo y que sea consciente de él”, detalla. Esto es importante ya que, según el experto, aquí es donde más errores se cometen.

 “Muchos padres castigan a sus hijos un mes sin móvil pero, tras la insistencia, agresividad o cariñosidad del menor, el padre cede y el mes se convierte en unos pocos días”, describe. Con esta actitud lo que aprenden los niños es que “las consecuencias de sus actos no son tan graves y que con una sonrisa o con un grito pueden arreglarlo todo”.

Por ello, su consejo es hacer castigos realistas y cumplirlos siempre sin excepciones. Además, “serán adecuados a la edad del niño y al tipo de mal comportamiento. No vamos a dejarle sin jugar toda la semana por dejarse un poco de comida en el plato”, añade Pérez.

Refuerzos de buenas conductas

Por tanto, los castigos bien formulados y realistas son efectivos, pero no solo esto es eficaz en la educación del niño o del adolescente sino que más importante que castigar es reforzar las buenas conductas. Así lo afirma Morales Salinas. “Si nuestro hijo está en silencio, callado y haciendo los deberes, será positivo acercarse y decirle que lo está haciendo bien”. En este proceso se evitarán lo refuerzos materiales.

Una inyección de autoestima tiene mejores efectos a largo plazo que regalar un móvil por las buenas notas, ya que en este último caso los niños pierden la motivación intrínseca por aprender y la transforman en la obtención de bienes materiales y éste es otro error grave que cometen los padres”.

No me gustan sus compañías…

Otro de los problemas a los que se tienen que enfrentar muchos padres está relacionado con las conductas insanas (alcohol, drogas o tabaco) o con las malas compañías con las que salen.

Sobre las conductas insanas, el mejor consejo, según Pérez sería empezar por el principio y la prevención. “Es preferible prevenir y educar en valores, reforzar y sacar fortalezas de nuestros hijos para que ellos se den cuenta”, explica.

Si es tarde para eso, lo mejor será abordar el tema desde la calma. “Hablar en frío va a solucionar más problemas que el enfrentamiento directo”, recuerda Morales Salinas. Para ello, aconseja encontrar el mejor momento para hablar de estos temas y “tomar una actitud dialogante y de entendimiento”.

Una buena forma de comenzar la conversación sería “decirle a tu hijo desde el primer momento y sin rodeos que tienes dudas sobre el tema en cuestión mostrando curiosidad para saber cuál es el alcance del problema, sin juzgar y definiendo cuál es la posición que se va a adoptar negociando, entre ambos, para ofrecer toda la ayuda que pueda necesitar”.

El objetivo de hacerlo así es para que “el adolescente no se sienta solo, ya que en muchos casos comienzan estas actitudes por problemas externos, como depresión, malas notas o bullying”, advierte. Por este motivo, cree conveniente “que se consensue con él la visita a un especialista para solucionar el problema y que él, voluntariamente, decida recibir ayuda”.

Si el problema no son las conductas insanas sino las malas compañías la cosa se complica. Pérez tiene claro que los padres deben comprender que “son los amigos de sus hijos y no los suyos” y aconseja trabajar la “escucha activa”.

Morales Salinas recomienda a los padres que se pregunten así mismos por qué sienten ese recelo hacia los amigos de su hijo y si tienen pruebas para sentirse así.

Tras esto, “lo mejor es que, a la hora de tratar el tema, no impongan frases como no quiero que te juntes con este grupo, sino compartir tus inquietudes de forma natural y, dependiendo del caso, tratar la situación siempre desde el entendimiento y la comprensión, intentando respetar lo máximo que se pueda la intimidad”, concluye el experto. 

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Источник: https://cuidateplus.marca.com/familia/adolescencia/2019/02/28/tienes-adolescente-conflictivo-ensenamos-como-manejarlo-169743.html

Un neuropediatra te da las claves de qué hacer con un hijo adolescente y agresivo

Consejos para padres con niños agresivos

Es cada vez más frecuente que padres de adolescentes acudan a consulta preocupados por los importantes problemas de impulsividad y conducta que llegan a desarrollar problemas graves de agresividad a la familia. «No es una cuestión baladí que haya que minimizar pensando que es cosa de la edad.

La adolescencia se caracteriza por actitudes de rebeldía contra casi todo pero la rebeldía no implica agresividad», explica Manuel Antonio Fernández, más conocido como El Neuropediatra, un experto en cuestiones de comportamiento y Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), así como enfermedades del espectro autista (TEA).

¿Qué hacemos con un adolescente violento?

¿Qué se debe hacer? Lo primero, responde el especialista, es reconocerlo. «En la mayoría de estos casos acuden refiriendo otros motivos menos llamativos como problemas escolares, nerviosismo, problemas de concentración o TDAH en general. A veces no hablan del tema salvo que se les pregunte de forma clara y abierta. ¿Por qué?

Hay muchas respuestas a esta pregunta: «Probablemente la más frecuente cuando les pido alguna explicación de esa ocultación es la sensación de vergüenza o fracaso educativo de la familia y el miedo a la exposición social de la situación», sostiene el experto.

Ese miedo lo tienen, prosigue Fernández, «porque normalmente el comportamiento del chico da problemas en casa, importantes problemas, pero no fuera. Esto, unido a la presión familiar y social les hace creer y que es culpa suya que el adolescente se comporte así. Cuando la situación llega a extremos muy altos, también aparecen los problemas con los compañeros, profesores… ».

Este neuropediatra es claro: «Un chico con TDAH y un Trastorno de Conducta asociado, no es así por culpa de unos padres, ni por su modelo educativo ni por su situación familiar o social. Estos problemas arrastran una enorme carga genética y se va desarrollando con la edad».

La sociedad culpa a los padres pero no es así

«La sociedad actual está complicando mucho estas situaciones. Esto no significa que sea la causa de estos trastornos pero no se lo pone nada fácil como padre de un chico de estas edades», sostiene el doctor. «Además -agrega-, hemos pasado de un extremo al otro».

En enero de 2015 tuvo lugar en Madrid un congreso de de profesionales especializados en TDAH y sus comorbilidades (problemas añadidos). En uno de los talleres se trató específicamente el tema de los adolescentes.

«La primera diapositiva que se puso era la comparación de dos fotos. Una de un grupo de niñas de un colegio de hace unos 20 años y otra de varios adolescentes actuales.

En la primera, en blanco y negro con un grupo de niñas de uniforme, falda larga lisa y oscura, pelo recogido y en general todas muy similares. La segunda, fotos en color de chicos de diferentes edades, peinados, vestimenta.

Ambas fotos demostraban los grandes cambios de nuestra sociedad en los últimos años. Muchos de estos cambios han sido muy positivos pero también han aparecido algunos que no lo son tanto», y que se pueden resumir de la siguiente manera:

De ser los dominados, a ser los dominadores

Básicamente por un exceso de protección, sostiene el experto.

«Con esto no quiero decir que no se deba proteger y ayudar a los niños y jóvenes, por supuesto, pero esto debe llevar aparejado unos mayores niveles de responsabilidad por su parte y no caer en el paternalismo excesivo y mal entendido de para que no tenga que hacerlo él lo hago yo ya que el pobre ya tiene bastante con estudiar».

O también la excusa de muchos padres que es y oigo mucho en consulta: «como yo tuve tantas dificultades de pequeño no quiero que ellos tengan ninguna carencia». «Esto no les ayuda, le supone la vida real más difícil, no aprender a solucionar los problemas», contesta.

Muchos adolescentes, continua, «han asumido como normal situaciones que no lo son.

Esto nos lleva en muchas ocasiones a que los chicos de hoy en día tengan la sensación de un «merecimiento de todo», sin ningún nivel de esfuerzo a cambio.

Dando por normal situaciones que a sus padres le suponen un importante sacrificio. Además, sin agradecimiento por su parte. Lo ven lo más normal del mundo».

Medidas a tomar

Las medidas de manejo de conducta para los padres y la terapia de conducta para el chico son buenas medidas cuando los niveles de impulsividad son bajos o medios y no hay agresividad verbal o física, «pero cuando pasamos de este límite, debemos añadir medidas más drásticas», sostiene el experto.

«Los chicos no deben asumir esto como normal, pero el problema es que incluso algunos padres viven con esto como una rutina en su día a día. Insultos, agresiones, otras faltas de respeto… Los padres han perdido el papel de autoridad que les toca, en la cercanía, pero de autoridad».

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Источник: https://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-neuropediatra-claves-hacer-hijo-adolescente-y-agresivo-201810300237_noticia.html

Conducta agresiva en niños: cómo reconocerla y gestionarla

Consejos para padres con niños agresivos

Un niño que se enfada de vez en cuando no es violento. Pero, cuando a partir de los siete años y de manera habitual el pequeño muestra conductas violentas como insultos, golpear objetos o personas y faltas de respeto para resolver determinadas situaciones, podemos hablar de que utiliza la violencia en la relación con su entorno.

“Estos comportamientos se dan en un contexto en el que el niño presenta una dificultad evidente en la gestión de sus emociones o se trata de conductas aprendidas por imitación de los adultos o de dinámicas familiares en las que los conflictos o los desencuentros se abordan de manera violenta”, comenta Carla Valverde, psicóloga clínica del Centro de Salud Mental de Alcobendas.

Conviene tener en cuenta que no existen niños violentos sino conductas agresivas. “De esta forma, evitamos colocar al pequeño la etiqueta de violento o agresivo, que tiene importantes consecuencias para el concepto de sí mismo y su autoestima.

Hay niños más sensibles que otros, a los que les cuesta más regular sus emociones y tardarán más tiempo en conseguirlo. La intensidad con que cada niño siente las emociones es diferente. Los hay que toleran mejor que otros las frustraciones.

Es clave ayudar al niño a entender que existen otras formas de expresar sus enfados y para ello es fundamental el ejemplo de los adultos”, explica la psicóloga Carla Valverde.

La conducta agresiva en los niños es una clara señal de que necesitan ayuda para gestionar sus emociones. “Somos los adultos quienes tenemos que descubrir qué les ocurre y porqué, así como ofrecerles modelos de comportamiento respetuosos.

Nadie se defiende si no se siente inseguro, con miedo, una autoestima muy baja o imita un comportamiento adulto basado en respuestas violentas. El primer derecho de un menor, debería ser el de la paz. Todos los demás se tambalean si este no los sostiene.

”, explica María José Lladó Sánchez, psicopedagoga del centro ACIMUT y orientadora psicopedagógica de la editorial Kolima.

Los modelos sociales y familiares influyen en los niños.

“Si los adultos abandonamos los comportamientos tóxicos, resolvemos los desacuerdos sin agresiones emocionales, como gritos o insultos y ponemos límites sanos sin utilizar castigos, el niño se comportará del mismo modo.

Se trata de respetar la individualidad del niño, aceptar su proceso de maduración y acompañarle en el camino de su desarrollo como persona”, añade la psicopedagoga.

Señales de conductas violentas del niño para resolver situaciones

Las consultas de padres preocupados por el comportamiento agresivo de sus hijos son habituales. Pero, ¿qué conductas avisan de que el niño ha adoptado la violencia como forma de actuar y gestionar determinadas situaciones, como la frustración por no conseguir lo que quiere? Algunas de ellas son:

-El niño protesta por todo.

-Está la mayor parte del día enfadado.

-Tiene conductas agresivas y desafiantes: gritos, golpes, insultos, portazos, patadas.

– Las conductas agresivas persisten con más de siete años. El desarrollo del niño incluye etapas, como alrededor de los dos años, en que tiene rabietas porque está en proceso de aprender a ajustar y gestionar sus emociones. A partir de los siete años, el niño aprende a moldear la conducta violenta, aunque se enfade de manera puntual y lo exprese sin agredir.

Pautas para prevenir conductas violentas en los niños o gestionarlas

Desde casa, podemos ayudar a los niños a manejar de manera adecuada la fiera que todos llevamos dentro. La psicopedagoga María José Lladó Sánchez y la psicóloga infantil, Carla Vaverde, hacen varias recomendaciones al respecto:

  1. La música amansa las fieras. El manejo de la respiración, la voz, el sonido y la música, es decir, la vibración sonora, funciona como terapia en casos de niños con conductas agresivas. Es recomendable escuchar música y cantar canciones con los niños. De hecho, a través de la musicoterapia se ha descubierto que hay melodías específicas para cada estado emocional que ayudan a reconducir las conductas agresivas hacia estados emocionales serenos desde donde los terapeutas pueden trabajar con el niño.
  2. Hablar de todo para sacar todos los monstruos y fantasmas del armario. Enfocar con humor las reacciones agresivas para observar su parte esperpéntica y mostrar empatía con el niño cuando se enfada para que entienda que nos ocurre a todos, pero que conviene aprender a moderar y gestionar los arranques violentos por nuestro propio bienestar y el de los demás.
  3. Consensuar el uso de móviles y otros aparatos tecnológicos en casa.
  4. Ofrecer un espejo pacífico en el que se reflejen nuestros hijos y favorecer un ambiente tranquilo donde los desacuerdos se resuelvan sin confrontaciones personales.
  5. Buscar momentos para estar en contacto con la naturaleza y hacer ejercicio. Canalizar la energía de los niños con actividades físicas les ayuda a gestionar sus emociones.
  6. Explicar al niño la importancia del sueño y el descanso. El ejemplo de un adulto que respeta sus horas de sueño cada día y disfruta de su descanso porque entiende la importancia de hacerlo para su bienestar es la mejor forma de que los niños adopten la misma rutina de descanso nocturno.
  7. Sacar nuestro niño interior para recordar que hay comportamientos propios de la infancia. Los niños están en la edad de aprender y no pueden gestionar las emociones de la misma manera que un adulto que cuenta con una experiencia y recorrido al respecto. Nuestro papel es ayudarles en ese proceso de crecimiento personal, ofreciéndoles opciones alternativas para canalizar la ira, como buscar un lugar tranquilo hasta que regrese la calma o hacer alguna actividad, como escuchar música, pintar o simplemente estar un tiempo en soledad y silencio.   

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Источник: https://elpais.com/elpais/2018/12/17/mamas_papas/1545034268_335800.html

7 consejos para evitar la agresividad en los niños

Consejos para padres con niños agresivos

La agresividad en los niños es una manifestación de frustración, miedo, tristeza y muchas cosas más que el simple enfado que se aprecia a simple vista. Como padres, debemos estar atentos a sus necesidades emocionales para poder brindarles el bienestar y el entorno saludable que necesitan para crecer felices.

Existen muchas maneras de evitar la agresividad en los niños, pero para ello lo principal es tener claro qué es una conducta agresiva y por qué no debemos perder el control ante una manifestación de la misma.

Para descubrirlo debes observar algunos aspectos en su comportamiento. Por ejemplo, si tu hijo busca deliberadamente la manera de infligir daño físico o psicológico a otro niño e incluso a sus padres, podría tratarse de un niño agresivo.

Para identificar algunos patrones de agresividad en los niños es importante saber que toda acción intencional de violencia que se manifiesta por medio de patadas, arañazos, mordidas, gritos o malas palabras forma parte de un problema que debe atenderse.

Existen muchas maneras de ayudar a un niño a manejar la agresividad, a continuación te presentamos siete consejos:

1. Crea un ambiente de confianza

Intenta mantener un canal de comunicación abierto, en el cual reine la confianza y el respeto, lo cual le ofrece al niño un clima familiar de confianza. Tu hijo debe sentir que puede expresar sus emociones libremente sin ser censurado o criticado.

Este clima lo ayuda a drenar sus emociones. Ya que al sentirse verdaderamente escuchado y comprendido en el seno de su hogar, lo alejará bastante de una conducta llena de agresividad.

Si el niño comienza a expresarse, aprovecha cuando haya dicho todo lo que piensa para explicarle que es normal sentirse molesto por algo, pero que la solución a sus problemas no se alcanza a través de la violencia.

Refuerza los valores positivos de la personalidad de tu hijo y enséñalo a expresar sus emociones de manera adecuada. Elogiarlo por sus logros es una forma de hacerlo sentir exitoso.

2. Descubre la fuente de su agresividad

Para poder cortar de raíz este mal, lo recomendable es observar el comportamiento del pequeño.

La idea de este ejercicio es identificar las diferentes causas que generan la agresividad en el niño. Así se pueden descubrir varios aspectos interesantes, como por ejemplo que el niño tenga baja autoestima.

También se puede sentir destronado por la presencia de algún nuevo hermano y como no se siente lo suficientemente querido está llamando la atención de manera equivocada.

3. Actuar de forma oportuna puede marcar la diferencia

Cuando la agresividad en los niños afecta a otros, especialmente de su edad, es necesario intervenir y ayudarles a resolver esta situación. De esta forma, el niño podrá establecer vínculos y no será rechazado por su conducta violenta.

Canalizar a tiempo sus emociones de la forma correcta lo ayudará a cambiar su conducta por una más racional. Un niño no debe ser subestimado, así que no esperes a que empiece a mostrar un comportamiento más agresivo para actuar.

Intervén tan pronto observes que se siente frustrado o que se está alterando. Y si notas que le está pegando o mordiendo a su hermano o a otro niño o incluso a un adulto, frénalo sin dudar. Hazle ver que esa conducta no lo ayuda.

4. Consigue la forma de generar el éxito en sus días

Todos conocemos el poder de las palabras, pueden ayudar a una persona levantar reinos o reducir a un ser humano a la nada. Imagina, entonces, todas las cosas buenas que pueden ocurrir en la vida de tu hijo, cuando es criado con inteligencia emocional.

Para ayudar a remediar la agresividad en los niños es recomendable reforzar los valores positivos y enseñarles a expresar sus emociones de manera adecuada. Elogiarlos por sus logros es una forma de hacerlos sentir exitosos.

Una manera adecuada de elogiarlo, es felicitarlo por sus logros y esfuerzos, por ejemplo: En las mañanas cuando el niño haga la cama, felicítalo por lo bien que lo ha hecho y si necesita una corrección, aprovecha el buen ambiente que el elogio genera para decirle lo que necesites hacerle ver.

5. Sé el modelo a seguir de tu hijo

La actitud de un padre cuando se está comunicando o enseñando algo a un niño nunca debe ser agresiva. Debes evitar esto, en primer lugar, porque si le gritas a tu hijo, él no captará el mensaje.

Al gritar o ser agresivo solo se logra que el niño se bloquee y que se ponga a la defensiva. Y lo peor de esto es que el niño que es criado en un ambiente así, asume que esa es la forma correcta de expresarse.

Si el niño ve a los padres gritar en vez de hablar y que el final de cada discusión es coronado por un golpe a una mesa o un portazo, imitará exactamente lo mismo en el futuro, cuando pierda la paciencia.

Por eso, debes ser coherente con tu comportamiento como padre y, además dejar bien claro qué es lo se espera del niño.

6. Maneja con calma cualquier episodio de agresividad

Cuando el niño se ponga agresivo hacia algún miembro de la familia o amigo, lo mejor es frenarlo y apartarlo de esa persona. Siempre será preferible apartarlo y mandarlo a solas a reflexionar sobre lo que ha hecho.

Pero si la violencia es contra ti, la mejor opción es alejarse y dejarlo solo. Ten en cuenta que en ese momento se encuentra en plena explosión de emociones contenidas, por lo que la palabra razonar no cala en su mente.

Cuando haya un clima apto para conversar, hazle comprender que su conducta no fue la adecuada. Dale tiempo para que reflexione en su habitación y de ser necesario aplica alguna medida correctiva hazla lo antes posible.

7. Acude a un especialista si necesitas ayuda

Si has puesto en práctica estas recomendaciones y los resultados siguen siendo adversos, entonces ha llegado el momento de acudir a un terapeuta infantil que pueda encontrar la causa de la agresividad en su comportamiento y ofrecerle ayuda.

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Источник: https://eresmama.com/la-agresividad-en-los-ninos-consejos/

5 formas eficaces de corregir la agresividad infantil

Consejos para padres con niños agresivos

Es probable que antes o después, la mayoría de los padres tengan que lidiar con la conducta agresiva de sus hijos.

Se trata de un problema que afecta a muchos niños y al que se le debe poner coto cuanto antes ya que lo que comienza como una simple respuesta agresiva ante situaciones puntuales, se puede convertir en un trastorno de conducta a largo plazo.

Por eso, es fundamental estar atento a las primeras señales de agresividad del pequeño para ofrecerle herramientas que estimulen su autocontrol y el manejo de sus emociones. En Etapa Infantil te proponemos algunas estrategias que pueden ser muy eficaces en la mayoría de los casos.

1. Recurre a la caja o el monstruo de la rabia

Se trata de una técnica diseñada por la psicóloga Marina Martín, basada en el cuento infantil “Vaya Rabieta”, de la escritora francesa Mireille d’Allancé. Su aplicación es muy sencilla: cada vez que tu hijo se sienta frustrado o enfadado, incítalo a que plasme su ira en un dibujo libre.

Es una herramienta que le permitirá canalizar sus emociones negativas, aliviar la frustración y el enojo y relajar las tensiones acumuladas.

Al terminar el dibujo, pídele que lo observe para que concientice su ira, también le puedes motivar a que le ponga un nombre a su “monstruo de la rabia” y a continuación incítalo a arrugar el papel y depositarlo en una caja con tapa o en la basura para que el monstruo no vuelva a salir nunca más.

2. Motívalo a practicar ejercicio físico

El ejercicio físico reporta enormes beneficios para el cerebro, sobre todo cuando se trata de actividades aeróbicas.

De hecho, se ha demostrado que mientras el niño practica deporte, su cerebro produce más endorfinas, las cuales hacen que se sienta mejor consigo mismo, a la vez que libera las tensiones y se siente más relajado.

Deportes como la natación, las artes marciales o el fútbol le ayudan a gestionar mejor sus emociones, ganar en autocontrol y mantener a raya la ira y agresividad. Además, son una buena excusa para que tu hijo aprenda a relacionarse con otros niños de su edad y desarrolle sus habilidades comunicativas.

3. Muéstrale cómo es el volcán que habita en su interior

Es una técnica muy útil para fomentar el autocontrol, sobre todo en los momentos de ira y agresividad. Para ponerla en práctica, basta pedirle que imagine su interior como si fuera un volcán que contiene toda su fuerza y energía.

Puedes explicarle que, como la mayoría de los volcanes, su interior también puede entrar en erupción, arrasando con todo lo que encuentra a su paso.

De esta forma, le estarás enseñando a reconocer los signos de ira y agresividad, relacionándolos con la lava caliente y la erupción, para que pueda detenerse antes de llegar al punto de no retorno.

Una vez que el pequeño sea capaz de distinguir su enfado e impulsividad, podrás enseñarle algunas técnicas para relajarse, como pedirle que cuente hasta 10 o 20 o que respire profundamente hasta que se le pase la ira.

4. Controla su conducta con un semáforo

Este es un ejercicio muy sencillo con el que le das una retroalimentación al niño sobre su comportamiento, para que pueda reflexionar y controlar su ira y/o agresividad.

Básicamente, la técnica consiste en ofrecerle una señal que le alerte cuando está demasiado irritado o a punto de ponerse agresivo. Para aplicarla necesitarás un cartón de colores, que imiten las luces de un semáforo.

Tendrás que explicarle al pequeño cómo funciona el semáforo y decirle que, a partir de ese momento, funcionaréis como un semáforo en casa.

La luz verde es para indicar que debe buscar una mejor manera de expresar lo que siente, la naranja para señalar que debe reflexionar sobre lo que está sintiendo y la roja para decirle que debe detenerse porque la situación se le ha ido de las manos o está a punto de perder el control.

5. Da el ejemplo

La mejor manera de enseñarle a un niño a autocontrolarse y regular su agresividad consiste en convertirse en su modelo a seguir.

Los niños suelen imitar los comportamientos de los adultos, sobre todo de sus padres, y si tienen un buen patrón de autocontrol, seguramente terminarán aplicando esas mismas estrategias para gestionar sus emociones y comportamientos.

Por eso, es importante que frente a tu hijo siempre intentes mantener la calma y, cuando por algún motivo, pierdas los nervios, utilices una técnica de relajación para retomar el control de tus emociones. También es conveniente que le expliques por qué te has enfadado y reconozcas tu error.

Источник: https://www.etapainfantil.com/formas-eficaces-corregir-agresividad-infantil

Mi hijo se pone muy agresivo: ¿qué hago?

Consejos para padres con niños agresivos

Muerden, dan patadas, hablan mal, rompen cosas, pegan, insultan… Lo que menos necesitan es que les acusemos con el dedo y les digamos lo mal que se portan. Los padres creen que tienen que hacer algo urgentemente para evitar esos comportamientos en el niño o en el adolescente de forma radical.

De forma instintiva, los padres acaban etiquetan a su hijo para luego pasar a castigarle, gritarle o pegarle… Pero hay que saber que si no llegaba a ser un problema, es decir son comportamientos puntuales, con esta respuesta por parte de los padres puede acabar siéndolo.

Un mal comportamiento: ¿qué esconde detrás?

¿Por qué no buscar lo que esconde detrás de esas conductas? El niño o adolescente explota y lo que los padres llaman agresividad, es un proceso emocional que tiene que salir y, probablemente, lleva consigo una gran frustración. Debemos tener en cuenta que la frustración es algo humano, natural y que sienten los niños desde que son muy pequeños.

¿Crees que tu hijo está preparado para manejar la frustración, aceptar que forma parte de él, vivir con ella y gestionarla para que salga de ella poco a poco? ¿Te ves capacitado para acompañarle en todo ese proceso?

Te pongo un par de ejemplos con los que te puedes sentir identificado:

  • Pablo es un niño de tres años ha  mordido a otro niño en el colegio. Los profesores llamarán a los padres y esto generará mucha alarma… Probablemente, el niño a través de esta conducta está intentado comunicar algo, sin embargo no sabe cómo hacerlo. Quizás lo ha hecho sin conocer que eso va a hacer daño a otra persona y con ello quiere expresar rabia, miedo, frustración…
  • Luis es un niño de 11 años que pega a su hermano. Sus padres están cansados de la violencia con la que trata a su hermano desde que era pequeño. ¿Pero que hay detrás de eso? Quizás no se le acompañó adecuadamente en la llegada de su hermano y por eso enfoca toda su frustración contra él. Probablemente, no quiere hacerle daño pero esa rabia solo la sabe sacar de esa manera y luego se siente muy mal.

Como padre debes saber que todas las conductas violentas tienen una historia detrás que hay que investigar y atender.

¿Qué puede hacer ante una conducta agresiva de mi hijo?

  1. No hay que alarmarse sino ocuparse.
  2. ¿Cuáles son sus necesidades emocionales? Ten en cuenta su edad.
  3. Son personas que están en pleno desarrollo y necesitan tu ayuda.
  4. No uses las amenazas, ni le grites.
  5. No le hagas sentirse mala persona o juzgado: no pierdas los nervios.
  6. Procura resolverlo antes de que lleguen a la adolescencia. Las normas deben quedar muy claras desde pequeños.

    El niño debe saber que que las conductas agresivas no están permitidas y también debe saber las consecuencias a corto plazo de dichas conductas.

  7. Frena o evita la agresión si estás delante.
  8. Refuerzo positivo ante situaciones en las que se controle  y actúe de forma diferente y sea más flexible.

  9. Trabaja la comunicación: acompáñale con sus emociones, cuando haya pasado la tormenta.
  10. El acompañamiento emocional y el ejemplo son claves.
  11. Ayúdale a canalizar todo lo que siente. Trabaja los motivos que hay detrás.

  12. Enséñale cuáles son las reglas dentro y fuera de casa. Muéstrale las consecuencias de sus actos.
  13. Ten una disciplina sólida.
  14. Háblale de autocontrol: promuévelo y ayúdale a trabajarlo.
  15. ¿Cómo está su autoestima?
  16. No te des por vencido.

  17. Ayúdale a desarrollar las habilidades que necesita para solucionar sus problemas.

La mejor forma de remodelar las conductas agresivas es un hogar estable y seguro donde se les enseñe los límites y las normas desde muy pequeños con firmeza y con mucho amor.

Cuando estas conductas son muy frecuentes y empiezan a ser un problema en casa, en el colegio o con los amigos, pide ayuda.

Hay que descartar otro tipo de trastornos detrás de estas conductas, trastornos de aprendizaje, traumas emocionales… Precisamente, la Terapia de Aceptación y Compromiso ayuda al niño y adolescente a identificar esa emoción (rabia, frustración, miedo…), no luchar contra ellos con conductas disruptivas y su compromiso hacia un cambio de actitud positiva.

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Источник: https://katiaranzabal.com/consejos-para-padres/mi-hijo-se-pone-muy-agresivo-que-hago/

Embarazo saludable
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