¿Cuándo un bebé muerde?

Mi bebé me muerde durante la lactancia. ¿Qué hago?

¿Cuándo un bebé muerde?

Un problema relativamente frecuente durante la lactancia, y que a veces puede ser incluso causa de destete y abandono de la misma, es que el bebé empiece a morder el pezón. Esto puede ocurrir de manera puntual (y que tal y como venga, se pase), o mantenerse  en el tiempo, siendo no solamente doloroso a nivel físico, sino también muy frustrante a nivel emocional.

Lactancia y primeros dientes

Hay muchos mitos en torno a la lactancia y la duración de la misma. Uno de ellos es que cuando al bebé le salen los dientes, ya no es necesario continuar con la lactancia.

Esto es algo que no tiene sentido, ya que la leche es el alimento principal del ser humano durante el primer año de vida y es complementario mínimo hasta los 2, aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda continuar con la lactancia hasta los 2 años o más. 

¿Por qué suelen morder los bebés?

Que el bebé tenga dientes no es un motivo para destetar, pero sí vamos a ver cuáles son las causas por las que suelen morder al pecho y algunos trucos para solucionarlo:

  • En primer lugar, es muy habitual que coincida con la salida de los dientes. Entonces el bebé se siente molesto y tiene la necesidad de morder. Esto es completamente normal, piensa que en cada salida de dientes sus sensaciones son diferentes y tiene que experimentar.
  • También puede ocurrir si están acatarrados. Si tienen mucha mucosidad y obstrucción nasal que les dificulta la respiración, se pueden ver agobiados mientras toman el pecho y su respuesta puede ser morder.
  • Otra causa también frecuente (sobre todo en bebés y niños y niñas más mayores) son los mordiscos para llamar nuestra atención. Esto ocurre cuando de forma habitual notan que «no estamos presentes» durante la toma. Puede que estemos distraídas, mirando el móvil, hablando con otra persona, haciendo otras tareas… Suelen hacerlo (no de forma consciente) como reclamo, para hacerte saber que ellos están ahí.
  • Otra situación en la que el mordisco se puede dar, es cuando el bebé se duerme al pecho. Hay bebés que justo cuando se están quedando dormidos, cierran fuerte la mandíbula y aprietan el pecho, provocando mucho dolor. 

¿Y qué podemos hacer si empieza a morder de manera habitual?

Si nuestro bebé coge el hábito de morder durante la toma, podemos poner en marcha una serie de recursos:

  • Lo primero (y sé que en ocasiones es difícil) es que debemos evitar gritar o manifestar un dolor intenso. Ellos se pueden asustar mucho ante esta situación y puede que, como consecuencia, tenga lugar una huelga de lactancia (es decir, que rechace el pecho).
  • Lo recomendable es separarlo del pecho a la vez que se le dice: «¡No!» de manera rotunda, firme y seria (pero sin gritar). Una vez retirado se le explica: «no muerdas a mamá que me duele mucho y así no te puedo dar teta» (por ejemplo). Todo esto lo acompañamos con el lenguaje no verbal: que vea en nuestra cara, disgusto, molestia, tristeza o dolor. Después, dejaremos pasar un tiempo prudencial (que dependerá de la edad del bebé: cuanto más pequeño, menos tiempo hemos de esperar; por lo que algunos minutos serán suficientes) antes de volver a ofrecer el pecho. Si llora porque no se lo damos, lo intentamos calmar de otra manera. Cuando esté calmado, le ofrecemos de nuevo el pecho, pero antes de ello les recordamos que «no se muerde a mamá».
  • No tomarlo como un juego. A veces el bebé reacciona como si fuera algo divertido y, aunque le miremos de forma seria, él se ríe. En la medida de lo posible, debemos hacerle entender que no es así, porque es más probable que intente repetir la situación.
  • Estar presentes durante la toma. Darle la mano, mirarle a los ojos, cantarle alguna canción… Que ellos SEPAN que estamos ahí de verdad con ellos, prestándoles atención y disfrutando de ese momento único de conexión.
  • Si está resfriado es recomendable hacerle lavados nasales antes de cada toma.
  • Anticiparse. Cuando el bebé o el niño va a morder, cambia la posición de la boca para poder hacerlo. Al mamar, la lengua la tiene por fuera de la encía y dientes (si tiene) y así no podría cerrar la boca y dar el mordisco, porque se mordería su propia lengua. Por eso, para ello, debe retirar la lengua del pecho antes de hacer el gesto. Es en ese momento (son milisegundos, por eso hay que estar muy atenta), hay que adelantarse y quitarlo del pecho antes de que llegue a morder. Otra recomendación es, en lugar de quitarlo del pecho cuando hace ese gesto de retirar la lengua, hacer el gesto contrario: acercarle más para que automáticamente el bebé se suelte por sí mismo.
  • Cambiar la postura habitual para dar el pecho. A veces esto también funciona, sobre todo si el motivo de los mordiscos es la salida de los dientes. En este caso suele venir bien la postura del caballito: el bebé sentado a horcajadas en la pierna de la madre cogiendo el pecho de frente.
  • En el caso del bebé que se duerme apretando el pecho, se puede probar a introducir el dedo en su boca para romper el vacío o que muerda el dedo en lugar del pecho. También se puede probar a quitar del pecho justo antes de que se quede dormido y terminar de dormirlo de otra forma.

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En cualquier caso son necesarias paciencia y perseverancia. Hay bebés que muerden un par de veces y en cuanto llevas a cabo estas recomendaciones dejan de hacerlo. Por el contrario, hay otros que están varios días o semanas, pero en la inmensa mayoría de los casos, con estas pautas, este problema se soluciona. 

Y en tu caso ¿te ha ocurrido? ¿Cómo lo solucionaste? ¡Cuéntanos tu experiencia en los comentarios!

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Источник: https://www.criarconsentidocomun.com/mi-bebe-me-muerde-durante-la-lactancia-que-hago/

¿Por qué los niños muerden?

¿Cuándo un bebé muerde?

La mordida de un niño pequeño es un evento que atrae instantáneamente la mirada de los adultos provocando toda clase de comentarios, consejos, interpretaciones e incluso “remedios” para atacar esa conducta, a veces duramente juzgada. Hablamos de una situación que tanto a padres como cuidadores les resulta preocupante.

Diversos factores pueden causar que un niño muerda, sin embargo es posible prevenir estos incidentes, disminuirlos e incluso erradicarlos. Para ello es necesario partir desde el conocimiento y comprensión del niño, el ambiente y las interacciones que establece con los demás.

El niño

En los primeros años de vida no cuenta con la madurez suficiente para comunicar sus necesidades, regular su comportamiento y expresar sus deseos con palabras; por lo tanto, cuando el niño experimenta emociones intensas como frustración, enojo, ansiedad o miedo, es posible que reaccione de forma impulsiva mordiendo o lastimando a otros.

Tú debes estar atento a sus necesidades fisiológicas o emocionales para evitar que llegue a sentirse abrumado, desprotegido o estresado. La clave es conocer al niño, brindarle un acompañamiento cercano, ayudarlo a reconocer sus sensaciones y mostrarle alternativas saludables para desahogarse sin lastimar a otros.

El ambiente

Los niños necesitan estabilidad, estructura y rutina, son sensibles a los cambios en su ambiente, cuando hay modificaciones repentinas en su horario, alimentación o sueño pueden sentirse estresados y más aún si los cambios son significativos, como asistir a una estancia por primera vez, la llegada de un hermano o mudarse de casa. Ante situaciones así, el niño puede recurrir ocasionalmente a las mordidas para manifestar su ansiedad.

Considera también otros factores ambientales que pueden resultar irritantes, por ejemplo sonidos estridentes, mucha gente o en general exceso de estímulos.

Morder quizá sea una forma de decir que necesitan descanso o que alguien está invadiendo su espacio.

Recuerda que es importante respetar las necesidades de cada niño, procurar transiciones amorosas y en todo momento brindarles un espacio tranquilo y una presencia confiable.

Las interacciones

La presencia de un adulto debe representar seguridad para el niño, por ello en el momento de estar en relación con él evita juegos que impliquen agitarlo, lanzarlo o elevarlo bruscamente ya que podría sentirse indefenso ante estímulos que no puede controlar y por tanto, tratar de protegerse mordiendo.

Asimismo, es importante observar en todo momento las interacciones que se generan entre los niños, algunas veces demasiada proximidad o una convivencia muy intensa puede provocar reacciones de defensa al reclamar el espacio propio y desencadenar una situación en la que morder sea un recurso inmediato.

Cuando el impulso de morder surge en los niños ¿Qué podemos hacer? Descúbrelo poniendo en práctica las siguientes recomendaciones.

¿Qué necesitas?

Poner atención a las características del ambiente y no perder de vista las reacciones del niño.

Manos a la obra

Si un niño muerde, procede rápidamente y de manera firme para detener la situación, mantén la calma, atiende inmediatamente el dolor físico del niño que fue mordido y ayúdalo a expresar su frustración permitiendo que llore y consolándolo.

El niño que mordió necesitará espacio, condúcelo a un lugar tranquilo y permite que se desahogue de forma segura; puede golpear una almohada, lanzar una pelota con fuerza, llorar o quizá solo necesite ser contenido con un abrazo.
Ayúdalo a detectar lo que siente poniendo palabras a eso que expresó mordiendo y valida sus emociones “sé que te sientes enojado porque tu amigo te quitó tu juguete pero no se vale morder porque duele”.

Evita las siguientes acciones:

  • Lastimarlo.
  • Alarmarlo con gritos, regaños y amenazas.
  • Ignorarlo o alejarlo de ti.
  • Etiquetarlo diciéndole: “eres un niño malo”, “eres grosero”. “te gusta lastimar a los demás”.
  • Excluirlo o aplicar el famoso “tiempo fuera”.

“[…] Se puede enfatizar el enseñar a los niños que muerden a desarrollar y utilizar sus habilidades de comunicación expresiva en vez de morder, para que puedan aprender a “usar sus palabras” para comunicar sus sentimientos.” (Marion, 1998, p. 3).

Referencias

  • DeBord, K. (s.f.). Childhood Aggression: Where does it come from? How can it be managed. United States: North Carolina Cooperative Extension Service.
  • Marion, M. (1998). Ayudando a los niños a controlar el Enojo. ERIC: University of Illinois.
  • Moreno, M. D. (2009). Programa de intervención para tratar los comportamientos de morder dirigido a maestros. Innovación y experiencias educativas. (16), 1‐13.
  • ZERO TO THREE (s.f.). Chew on This: Responding to Toddlers Who Bite. Recuperado de http://main.zerotothree.org/site/PageServer?pagename=ter_key_social_biting&JSevSessionIdr009=4rzxepxog4.app2a#top

Источник: https://educacioninicial.mx/infografias/por-que-los-ninos-muerden/

La etapa de los mordiscos durante la lactancia

¿Cuándo un bebé muerde?

Casi todas las mamis van a sufrir algún mordisco durante el curso de la lactancia. Hay quien opina que esa etapa marca el momento del destete y que si ya tiene dientes, es el momento de dejar de tomar el pecho.

La realidad es que desconocemos la edad del destete en los humanos, ya que estamos condicionados por la sociedad y la cultura en la que vivimos.

Pero si buscamos ayuda en otras disciplinas: antropología, historia, etnología, etología… descubrimos que el destete en los humanos se debería producir entre los dos años y medio y los siete. Así pues, aún y con dientes, los bebés pueden seguir tomando el pecho.

Los mordiscos son una situación habitual que puede formar parte de la lactancia y tan solo es necesario aprender a frenar el proceso y reconducir la situación para volver a disfrutar de la lactancia. Y es importante ponerle freno rápidamente ya que si no se hace a tiempo, la situación se puede complicar y, en ocasiones, puede significar el final prematuro de la lactancia.

Mi bebé me muerde cuando se queda dormido

A pesar de que todo son mordiscos, podemos diferenciarlos en dos tipos: los mordiscos voluntarios y los mordiscos involuntarios, y cada tipo tiene soluciones diferentes.

Los mordiscos involuntarios se producen cuando el bebé se duerme o se relaja mientras mama y cierra la boca de manera brusca.

Es una situación que también se puede experimentar antes de que el bebé tenga dientes, o también si presentan dificultades de succión o agarre.

En estos casos, el bebé va a buscar maneras de conseguir la leche que necesita y es posible que no se agarre del todo bien y puede dañar el pezón al cerrar la boca, simplemente por la presión que realiza con la encía.

La salida de los dientes puede ocasionar indeseados mordiscos nocturnos. En estos casos, hay que tener paciencia e intentar retirar el pecho justo en el momento adecuado (cuando están bastante dormidos) para que no se queden con el pezón dentro de la boca.

Hay madres que colocan el dedo entre los dientes del bebé y el pecho cuando el bebé se va durmiendo; así, si el bebé cierra la boca, el mordisco se lo lleva el dedo que siempre duele menos que en el pecho.

En este caso, no se puede hacer mucho por reconducir la situación. Con el tiempo, a veces es cuestión de días o semanas, dejará de hacerlo sin más.

¿Qué hacer cuando los mordiscos son un juego?

Esta situación suele ocurrir sobre los 8 o 9 meses aproximadamente. Todo suele empezar con una situación accidental, el bebé cierra la boca y muerde, a lo que la madre reacciona. Este hecho le sorprende y le fascina e inicia un “juego”. Cuando el bebé muerde y mira a la madre, se ríe, espera una reacción.

En este sentido, es importante, a menos que nos pille desprevenidas, intentar no chillar ni apartar al bebé de manera brusca. Tampoco hay que reír, los mordiscos duelen pero, cuando los ves con esa cara de pillines, se te puede escapar una sonrisa y eso fomenta el juego: te muerdo a ver qué pasa.

La neutralidad, en la medida que sea posible, es la mejor opción para terminar con esta desagradable situación.

Antes de seguir, quiero dejar claro que los bebés no son manipuladores, no muerden para fastidiar ni para hacernos daño a propósito. Esta es una situación muy habitual, que tiene que ver con la maduración del bebé, que va descubriendo el mundo que le rodea y que, como muchas otras cosas, pasará.

Para evitar que siga pasando es necesario volver a centrarse en la toma; hablar con el bebé, jugar, no perder el contacto visual… muchos mordiscos se producen por un reclamo de atención.

Tenemos que reconocer que a medida que pasan los meses y la lactancia, la normalizamos como una acción casi mecánica y hacemos otras cosas mientras el bebé mama; estamos menos pendientes de lo que hacen.

Si dejamos todo lo que hacemos para estar más atentas al bebé, es posible que no nos muerda.

Es muy importante recolocar al bebé de nuevo al pecho como si fuera un recién nacido durante las primeras semanas de lactancia, es decir: muy pegado al pecho, intentar que abra mucho la boca poniéndola como un “león” y colocarlo en una postura “clásica”, es decir, nada de mamar de pie, de lado o haciendo el pino puente… Hay que evitar que ponga boca de piñón como si succionara un espagueti porque con esa boquita cerrada es muy fácil morder.

Contar con la ayuda de juguetes o leer un cuento, para intentar que estén relajados y no piensen en los mordiscos.

Lo he intentado y sigue mordiendo

Si, a pesar de todo lo anterior, sigues recibiendo mordiscos, hay que ir un poco más allá. Porque si comenzamos a dar el pecho con miedo o tenemos dolor mientras amamantamos, esa lactancia tiene fecha de caducidad.

Aquí te damos algunas ideas para conseguir que deje de morder, siempre de la forma más respetuosa posible. Es mejor que la toma sea breve y evitar que el bebé se aburra o se relaje demasiado.

Avisarlo antes de empezar: “si muerdes, no hay teta”.

Y sobre todo ensayar una cara y un tono de voz lo más neutro posible para recordar al pequeño que la teta no se muerde.

En otras ocasiones, “guardar” el pecho es más que suficiente para que lo entiendan. Se evita seguir con la toma y se informa al bebé de manera pausada y relajada que si sigue mordiendo no hay teta.

Si a pesar de todo sigue mordiendo, la solución pasa por separarse del bebé, dejarlo en un sitio seguro y salir de su campo de visión para poder llorar o gritar. Hay que evitar hacerlo delante de ellos.

Mi bebé me mordió y grité… ahora no quiere mamar ¿Por qué?

Es una situación bastante habitual que un bebé no quiera mamar después de este tipo de experiencias. Literalmente se asustan y no quieren repetir el incidente por lo que dejan de mamar. Rechazan el pecho y todo contacto con él.

Este tipo de destete/huelga puede ser temporal. No es lo ideal que un bebé de menos de un año se destete, así que con un poco de empeño el bebé suele volver a mamar. Tan solo es necesario no forzarle a mamar, debe tener el pecho a pedir de boca pero no debemos ofrecer de manera directa ni ponerle en posición para mamar, especialmente si esto le incomoda.

Es mejor “seducir”, intentar que se relaje cerca del pecho, que se reenamore… y, para eso, lo ideal es hacerle reír mucho, bañarse con él, hacerle cosquillas… y esperar, tener paciencia.

Estos destetes/huelgas pueden durar de unos días hasta un mes. Dependiendo de lo que queramos hacer y de lo que coma el bebé, puede ser recomendable y necesario sacarse leche para ofrecer en otro recipiente y evitar cualquier dificultad con el pecho y una bajada excesiva de producción.

¿Y cómo curo la herida?

Estas heridas se infectan con mucha facilidad. Es vital que mantengas la higiene sobre estas heridas, realizando una limpieza a fondo dos o tres veces al día con agua y jabón neutro y secando la herida dando toques.

Si la herida va a peor no dudes en consultar con tu comadrona o ginecólogo para que te recete una crema antibacteriana tópica que acabará de curar y cerrar la herida.

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Источник: https://blog.lactapp.es/la-etapa-los-mordiscos-la-lactancia/

¡S.O.S.: Mi peque muerde!

¿Cuándo un bebé muerde?

¿Vuestro peque muerde cuando se enfada o mientras juega? ¿Os han llamado la atención en la guarde porque vuestro angelito ha mordido a un compañero? No es un comportamiento al azar. Lo hacen muchos niños pequeños y existen razones por las que los peques que muerden tienen este comportamiento.

Hace unos meses la profe del peque nos comentó que llevaba unas semanas percatándose de que el niño había empezado a morder a sus compañeros mientras jugaba con ellos o para evitar que le quitasen los juguetes.

La verdad es que nos quedamos muy sorprendidos, porque aunque el enano tiene mucho carácter y es cabezota, es un niño muy bueno que nunca había pegado, mordido, empujado, tirado cosas ni roto nada en absolutamente ningún ataque de ira o rabieta.

Suerte que la maestra de nuestro hijo es una fantástica profesional, que sabe cómo conectar con los niños, les respeta y les entiende. Ella nos aconsejó que observásemos en qué circunstancias mordía el peque para poder corregir su comportamiento de una forma u otra.

Poco después, con paciencia y observación, tuvimos la oportunidad de comprobar que, efectivamente, había varias circunstancias en las que nuestro hijo se expresaba o defendía con mordiscos: cuando se sentía avasallado o «atacado» por otro peque, o cuando se sentía contrariado y enojado por un adulto. Es decir: el mordisco era una manifestación de defensa, ira o dominación.

¿Y ahora qué hago?

Según los estudios realizados por la Asociación Nacional Norteamericana para la Educación de los Niños, el niño que muerde puede hacerlo por 4 razones y hay 4 formas de corregir el comportamiento en función de su causa:

1. Explorar: El niño utiliza el mordisco, junto al olfato, la vista y el tacto, para explorar el mundo. Los peques que muerden por este motivo lo hacen generalmente curioseando o jugando y en esta situación muerden tanto una colcha como la mano de otro niño. En estos casos, suele bastar una orden suave para parar: “No, no muerdas”.

2. Reclamar atención: El niño muerde para atraer la atención de los adultos o de sus compañeros de juego porque no sabe o no consigue hacerlo de otra manera.

En este caso, debemos pararnos a explicar al pequeño de forma seria que no debe morder y por qué: «No muerdas, que haces daño a los demás».

También debemos esforzarnos a largo plazo para enseñarle cómo crecer expresando sus frustraciones con palabras, sin dañar a los demás.

3. Defenderse: Muchos niños muerden para defenderse cuando se sienten atacados o ante el temor a ser agredidos por otros niños.

Es necesario explicar aquí que muchos pequeñines perciben la agresión como el intento de arrebatarle sus juguetes, expulsarles de un área que están explorando u obligarles a hacer algo que no desean hacer en ese momento.

En estos casos, debemos tranquilizarle haciéndole sentir protegido y explicándole que nadie le amenaza y que, por tanto, no es necesario defenderse de nada.

4. Controlar la situación: Algunos niños tienen una fuerte necesidad de control. Cuando comprueban el efecto del mordisco sobre los demás, se sienten fuertes y poderosos.

Para disuadirle de su actitud, hay que mostrarle los cuál es el comportamiento correcto de forma adecuada (educación en positivo), por ejemplo enseñándole a compartir los juguetes (sin forzarle a hacerlo) o a dar las gracias.

Así, poco a poco, le iremos mostrando que puede obtener el respeto de los demás sin necesidad de ejercer la violencia.

Y a estas 4 causas nosotros nos atrevemos a añadir una más:

5. La ofuscación: Cuando un peque con mucho carácter (¡como el nuestro!) se siente fuertemente contrariado (porque le obligan a cambiarse el pañal y no quiere o le hacemos bajarse del columpio para volver a casa y no le apetece, por ejemplo) puede ofuscarse, irritarse y morder como auto reflejo.

En este caso a nosotros lo que mejor resultado nos ha dado ha sido ser capaces de conocer tanto al niño como para anticiparnos al mordisco, distrayendo su atención con cualquier otra cosa que resulta atractiva para él.

En pleno berrinche es imposible razonar con ellos y debemos calmarles y esperar a que se serenen para dialogar de nuevo.

Lo que NO debemos hacer nunca para corregir a nuestro peque

Es fundamental ser firmes cuando corregimos a nuestros hijos. Ellos deben recibir el mensaje de que su comportamiento es incorrecto y no lo toleramos de forma clara. Esto es fundamental para que comprendan y asimilen que lo que están haciendo no está bien.

Pero esto no significa gritar, zarandear, levantar la mano ni mucho menos golpear. No se educa a un niño en la no violencia con violencia, aunque la misma agresividad sea verbal. Esto también implica que jamás debemos corregirlo mordiéndolo a él. 

Nunca hay que pegarle, gritarle o castigarle

Aunque nuestra intención sea demostrarle que morder es un acto agresivo y duele, no será capaz de entenderlo, ya que si el niño es muy pequeño quizás aún no tenga la capacidad de ponerse en el lugar de otro. Y si lo regañamos por hacer algo que nosotros también estamos haciendo, simplemente lo confundiremos más.

También debemos evitar los chantajes afectivos. Nunca debemos decirle cosas del estilo «si sigues mordiendo voy a dejar de quererte» o «ya no te quiero porque muerdes».

El amor de una familia es siempre incondicional y no debemos generarle dudas acerca de ello. Lo único que conseguiríamos es que nuestro hijo crezca con inseguridad y miedo ante la posibilidad de perder nuestro cariño.

Un niño inseguro puede convertirse fácilmente en un adulto sumiso, capaz de hacer cualquier cosa por agradar a los demás y ganarse su cariño.

Tampoco debemos colgarle la etiqueta de «niño malo», ya que los niños pequeños se creen a pies juntillas todo lo que les decimos y pueden adoptar justo ese comportamiento por convencerse de que es, precisamente, lo que se espera de ellos.

Proteger a la víctima y pedir perdón

Tal y como resalta el pediatra Carlos González, autor del libro Bésame mucho, es muy importante vigilar al niño que muestra tendencia a morder, corregirle adecuadamente y demostrarle que sus papás prestan apoyo a la víctima del mordisco y se preocupan por su bienestar.

También lo es pedir perdón porque le hemos causado daño y estamos arrepentidos: «proteger a la víctima y que los padres le pidan perdón, porque el niño de dos años que ha mordido no tiene capacidad de pedir perdón o está enfadado y no lo hace. Tampoco debemos tener miedo a separar al niño que muerde a otro lugar, ni a reñirle delante de las demás madres.

Siempre hay que vigilarlo y, sobre todo, nunca pegarle, gritarle o castigarle.«

Источник: https://www.unamamanovata.com/2017/10/04/bebe-muerde/

¿Por qué se muerden?

¿Cuándo un bebé muerde?

Morder es una conducta común en los niños de edades comprendidas entre uno y tres años. Las razones por las que los niños muerden son diferentes en cada uno, pero en cualquier caso es necesario enseñarles, desde el primer momento, las consecuencias de su conducta y cómo aprender a controlar sus sentimientos.

Morder de vez en cuando forma parte del desarrollo normal del niño, pero cuando lo hace de forma persistente, puede ser motivo de preocupación, tanto para los padres como para los educadores.

El mordisco es muy doloroso para el que lo recibe y, además, puede provocar conflictos entre los compañeros. Los niños, una vez que han sufrido repetidas agresiones, tienden a rehusar la cercanía del niño que muerde y terminan aislándolo del grupo.

Para poner fin a este tipo de conducta, el primer paso es saber por qué lo hace.

Numerosas razones

Los bebés utilizan su boca porque es una de las partes más desarrolladas de su cuerpo. La utilizan para explorar, para aprender más sobre su mundo, para relacionarse. Desconocen el dolor ajeno y carecen de autodominio: actúan por impulsos.

Tan pronto muerden porque están alegres, como porque quieren conocer los objetos o necesitan aliviar el dolor de sus encías. El caso de los niños de 1 a 3 años es diferente.

A esta edad se tienen que ir incorporando a la vida en colectividad, pero aún no suelen poseer el lenguaje necesario, ni tener las habilidades sociales suficientes para poder comunicarse y hacerse respetar. Morder es una manera rápida de conseguir un juguete o de llamar la atención.

También utilizan este recurso cuando experimentan situaciones que les causan estrés o frustración, como, por ejemplo, un entorno desconocido, tener hambre, el nacimiento de un hermano o sentirse agredidos. Otros niños muerden, sencillamente, por imitación. En la edad preescolar los mordiscos dejan de ser frecuentes.

A veces pueden recurrir a este arma para controlar una situación, como autodefensa, para llamar la atención o por una gran frustración o enfado.

Pero si a esta edad, un niño muerde de forma persistente, puede reflejar problemas emocionales o de comportamiento, ya que posee las habilidades suficientes para poder expresar sus necesidades y sentimientos sin morder. Es posible que su conducta sea un reflejo de problemas de relación social con otros niños a los que no se quiere someter, el resultado de una disciplina excesiva o severa o una consecuencia de su experiencia como testigo o víctima de acciones de violencia física.

Primero, observar

Una observación minuciosa de las circunstancias en las cuales los niños recurren a los mordiscos puede ser de gran utilidad para averiguar las verdaderas razones que los empujan a morder y, a partir de ahí, tratar de cambiar o evitar este comportamiento.

Cuándo y dónde ocurre, quiénes participan, qué sucede antes y después; si el patrón se repite (lugar, momento, mismo niño); si ha habido cambios familiares o en la salud del niño que muerde; qué necesidades puede tener que no estén cubiertas: hambre, cansancio, etc.

Más vale prevenir

Aunque el problema de los mordiscos es normal, no debemos resignarnos a “sufrirlos” con la esperanza de que desaparecerán con el tiempo, porque en muchos casos no es así.

Hay que estudiar cuáles son las situaciones en las que existe mayor riesgo y debemos tratar de anticiparnos para reducir los comportamientos no deseados.

Si al niño le están saliendo los dientes o está en una fase de exploración, hay que proporcionarle gran variedad de juguetes y cosas que pueda morder para calmarse (mordedores, galletas, zanahorias frías…).

Si dos niños se suelen pelear a menudo por un mismo juguete, podemos comprar más ejemplares para que jueguen simultáneamente. Si suele morder cuando tiene hambre o está cansado, se puede acortar el tiempo de juego para que coma antes y pueda descansar.

Si muerde para llamar la atención, se debería pasar un poco más de tiempo con él, pero siempre haciendo una actividad positiva (leer un cuento, jugar a la pelota…), nunca como consecuencia de haber mordido. Hay que evitar que el grupo de juego se aburra, esté nervioso en exceso o sea demasiado numeroso. Y, por supuesto, estar lo suficientemente atentos y cercanos para poder intervenir con rapidez en caso necesario.

Actitudes coherentes

Para eliminar este tipo de conducta es preciso que padres y educadores intervengan de forma coordinada y coherente. La actitud de todos los adultos ha de coincidir. De nada vale censurar la actitud en la escuela, si se le consiente en casa, o al contrario. Trabajando juntos se identificarán mejor las causas y se responderá de la mejor forma posible.

Siempre hay que transmitir, de forma clara y firme, que la agresión no es aceptada en ningún caso, pero, a la vez, hay que ofrecerle un modelo de conducta adecuado: han de saber lo que esperamos de ellos.

Y siempre, se ha de conservar la calidad del vínculo afectivo: hay que tratar de cambiar este comportamiento a la vez que se mantiene con él una relación positiva.

Cómo poner los límites

¡No se puede hacer daño! Es una frase corta que, dicha con firmeza, cualquier niño entiende. Esta norma siempre ha de estar presente, pero seguramente habrá que recordársela en numerosas ocasiones a lo largo de su infancia. Cuando un niño muerde, hay que intervenir con rapidez pero también con calma.

Hay que separarlo del grupo de juego (después de haber atendido al niño que ha sido mordido) y mostrarle nuestra desaprobación de una manera que no refuerce el comportamiento. Hay que explicarle, mirándole a los ojos, que a su compañero le ha dolido y que no se le va a permitir hacerlo más.

Se ha de tomar un tiempo de reflexión (uno o dos minutos), y no podrá volver al grupo hasta que se haya calmado. Si quiere jugar con los otros, debe parar de morder. También es importante darle la oportunidad de tener una conducta reparadora (ayudar a curar a su compañero, darle un beso, pedirle disculpas…).

¡No me gusta! También los niños deben aprender a expresar su malestar (“No me gusta que me muerdas, me has hecho daño”, “no me quites la muñeca, estoy jugando yo con ella”). Si aprenden a utilizar el “no”, minimizarán la posibilidad de que lleguen a ser víctimas.

Hay otras alternativas

Prohibir a un niño ciertas conductas no implica que aprenda cuál es el comportamiento adecuado. Solo sabe que morder no está bien, pero desconoce cuál es la conducta adecuada para conseguir lo que desea.

A los niños hay que servirles de ejemplo y mostrarles nuevas formas de relación (utilizar el lenguaje para expresar sentimientos, escuchar al otro, establecer turnos, tiempos de espera, caricias y abrazos, etc.).

Y, por supuesto, hay que elogiar a los niños cuando se estén comportando de forma apropiada (por ejemplo, al pedir permiso a otro niño antes de coger un juguete). El desarrollo del lenguaje y la comprensión son fundamentales para conseguir el autocontrol y desarrollar la confianza personal y la autoestima.

Y, en concreto, a un niño que muerde hay que prestarle especial atención cuando está jugando con otros niños pacíficamente; de este modo sabrá que hay mejores formas de comunicarse y de ser reconocido. Verá que valoramos su buen comportamiento y no tendrá que recurrir a conductas agresivas para conseguir que le hagamos caso.

Lo que nunca se debe hacer

El adulto no ha de morder al niño que muerde, como castigo o para demostrarle lo que duele. Cuando son muy pequeños, no pueden relacionar el dolor que ellos sienten cuando los muerden con el dolor que causan cuando muerden a los demás. No hay que utilizar la violencia ni la humillación para erradicarlas. Hay que recalcar que los problemas se resuelven dialogando, nunca por la fuerza.

¿Y si, aun así, no deja de morder?

Generalmente, cuando se trata el problema de manera firme y coherente, la mayoría de los niños entienden lo que se les dice y enseguida dejan de morder.

Pero si a pesar de nuestros intentos, morder se convierte en un problema continuo (sobre todo, cuando el niño sobrepasa los tres años), puede ser necesario buscar la ayuda de un profesional y/o considerar la posibilidad de que el niño esté en un ambiente con menos niños y más atención individual. Virginia González. Psicóloga y profesora de Educación Infantil

Источник: https://www.conmishijos.com/por-que-se-muerden.html

Embarazo saludable
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