Discutir delante de los hijos: ¿cómo les afecta?

Contents
  1. CONSECUENCIAS DE LAS DISCUSIONES DE PAREJA EN LOS HIJOS
  2. Los hijos son un reflejo de la salud de la pareja
  3. Las secuelas que deja en los niños una discusión de pareja 
  4. Discutir delante de los niños puede ser bueno para ellos (si sigues estas pautas)
  5. Conviértete en maestro de resolver conflictos
  6. Una buena discusión enseña qué es el respeto y el control
  7. No mientas, no es la primera ni será la última vez
  8. Los peligrosos efectos de la discusión crónica
  9. ¿Es bueno discutir delante de los hijos? – Somos Psicología y Formación
  10. ¿Es bueno discutir delante de los hijos?
  11. En su opinión, ¿cómo afecta a los niños que sus padres discutan delante de ellos?
  12. En general, ¿qué mensaje le llega al niño cuando presencia una discusión o discusiones reiteradas entre sus padres?
  13. ¿Cree que puede ser positivo que los pequeños presencien estas discusiones? ¿En qué ocasiones?
  14. ¿Qué lecciones podría aprender un niño presenciando una discusión entre sus padres?
  15. ¿Qué elementos deberían aparecer en la discusión para que esta sea positiva para la educación del niño?
  16. El modo en que puede afectar a un niño, ¿depende de la edad del niño? ¿Cree que los bebés se dan cuenta de que sus padres discuten?
  17. El inicio de una discusión no se puede prever. Una vez iniciada, si hay un niño delante, ¿cómo debería tener lugar? ¿Cuál es el mejor tipo de lenguaje, gestos, o actitudes?
  18. ¿Sería bueno tener una conversación después con el niño para explicar lo ocurrido? ¿Cómo debería ser esa conversación?
  19. Cómo sufren los hijos las peleas de los padres
  20. El peligro de las discusiones delante de los hijos
  21. El estrés que generan las peleas de los padres
  22. Protegiendo a los hijos de nuestros conflictos
  23. Aprendizaje por imitación
  24. Discutir delante de los hijos. No siempre hay que evitarlo
  25. Los niños hacen lo que ven
  26. Limitaciones al estudio
  27. No todos están de acuerdo
  28. Discutir delante de los niños es un error
  29. El diálogo y la importancia de la comunicación
  30. Consecuencias de la discusión para los niños
  31. Discutir delante de los niños deja huellas en los hijos

CONSECUENCIAS DE LAS DISCUSIONES DE PAREJA EN LOS HIJOS

Discutir delante de los hijos: ¿cómo les afecta?

La violencia en el entorno familiar no siempre recae directamente sobre el hijo ni está vinculada a la violencia machista. En ocasiones, simplemente, los desacuerdos de pareja se resuelven gritando, insultándose mutuamente e hiriendo al otro.

Estas actitudes que están más extendidas de lo que cabría imaginar, tienen una víctima silenciosa en todo el proceso. Se trata del hijo.

Recabamos algunos datos de estudios como el de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Pontificia de Madrid para acercarnos a los hechos y poder comprobar hasta qué punto los más pequeños son quienes sufrirán las peores secuelas a partir de las discusiones de sus padres.

Los hijos son un reflejo de la salud de la pareja

En este estudio del que nos hacemos eco, se examinaron diferentes situaciones familiares de tal modo que se partió de la base de familias con padres alegres. En estos casos, el 83,4% de los niños se manifestaron felices.

Los problemas comienzan a surgir cuando hay discusiones en la pareja ya que un 37% de los niños manifestaron que se sentían tristes. Mientras, un casi un 20% se mostraron preocupados o estresados.

Un 14% enfadados y, por último, un 7,5% asustados. Este estudio señaló un curioso 12% de niños que se sentían alegres en situaciones en las que discutían sus padres (seguramente debido a que lo habían normalizado).

No obstante, no todos los niños mostraron por igual su preocupación. Entre niños y niñas, estas últimas mostraban una ligera preocupación por encima de sus compañeros varones (aunque menor a un 3% con respecto a ellos). El mayor medidor fue la edad ya que a los 7 años de edad un 77% de los niños consultados sentía indiferencia hacia las discusiones de sus padres.

Las secuelas que deja en los niños una discusión de pareja 

Las conclusiones a las que llegó este estudio son solo una muestra de hasta qué punto es importante educar emocionalmente a los más pequeños. Estas son algunas de las secuelas que se manifiestan en la vida adulta de los niños que vieron constantes discusiones entre sus padres:

  • Conocimiento pobre de las emociones en la edad adulta. Si un niño ve como sus padres discuten durante la infancia y, aún así, continúan juntos en una relación que permanece y que no parece sufrir alteraciones, el pequeño aprenderá que las discusiones de pareja son el motor de las relaciones. De ese modo, el futuro adulto manejará sus relaciones personales del mismo modo que le enseñaron involuntariamente a él, con gritos e insultos. No olvidemos que los niños aprenden de sus progenitores el tipo de relación que, seguramente, después tendrán y, aunque el futuro adulto puede desaprender estos esquemas familiares, lo cierto es que sufrirá debido a que así es como aprendió a manejar sus emociones.
  • Trastornos emocionales y conflictos de parejas con niños. Según varios estudios realizados entre más de 2000 jóvenes en la Universidad de Cambridge, los hijos de padres que discutían a menudo tenían una mayor tendencia a padecer trastornos por hiperactividad, depresión, bipolaridad o esquizofrenia.
  • El niño que aprendió que las discusiones de alta intensidad son el método para resolver conflictos. Quizás la secuela más visible sea la que se puede ver entre miles de jóvenes adultos que no saben llegar a un acuerdo sin discutir en un tono alto que roza el desprecio hacia el interlocutor. Esta característica es compartida por aquellos niños que normalizaron las discusiones de pareja como la manera de resolver un conflicto. Hay otras secuelas derivadas de esta como la mala gestión de la ira o el comportamiento explosivo.
  • Porque discutir es positivo … pero solo si se llega a un acuerdo. Esa es la clave según un estudio ya antiguo, de 2009, en el que el investigador Patrick Davies y su equipo de la Universidad de Rochester (USA) descubrieron que los hijos vean discusiones entre sus padres puede ser positivo siempre y cuando estas sean de intensidad moderada y terminen en un acuerdo. De este modo, los niños sí que pueden aprender a manejar el arrepentimiento y la negociación.

La terapia de pareja puede ayudar en casos de parejas «violentas», que han hecho de las discusiones su modo de «resolver» los problemas.

A veces, cuando alguien en la pareja muestra síntomas de agresividad, es probable que al existir ese problema la sesión tenga un carácter individual para la mejora de las conductas agresivas.

Pero también se hará un trabajo encaminado a la mejora de la relación de pareja en sí misma.

Autora: Alex Bayorti (colaboradora de nuestro Blog)

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Discutir delante de los niños puede ser bueno para ellos (si sigues estas pautas)

Discutir delante de los hijos: ¿cómo les afecta?

Entre tirarse los trastos a la cabeza y mantener una civilizada discusión hay un amplio espectro de situaciones, un abanico que recoge la mayoría de las discusiones maritales.

Y, cuando la pareja tiene hijos, hay muchas posibilidades de que las peleas sucedan delante de ellos, algo que siempre ha puesto a los padres ante la disyuntiva de enviarles a su habitación o permitir su presencia.

El sentido común, y el consejo tradicional, dicen alto y claro que lo mejor para su educación y su bienestar emocional sería evitar que fueran testigos de cómo sus padres se enfrentan verbalmente. Sin embargo, no son pocos los expertos que defienden que las discusiones de los padres tienen un efecto positivo en la formación.

Ahora bien, los mismos especialistas que defienden el lado educativo del conflicto dejan muy claro que los beneficios están reservados a los hijos de los padres capaces de cumplir una serie de condiciones.

Quienes lo consigan podrán afirmar sin miedo que son un buen modelo de comportamiento.

Incluso podrían presentar sus discusiones como una lección que prepare a sus hijos para la vida real, en la que las diferencias de pensamiento y las confrontaciones también existen, y no son situaciones fáciles de llevar.

Conviértete en maestro de resolver conflictos

«Si las discusiones se manejan de una manera adecuada pueden ser una gran oportunidad para que los hijos adquieran habilidades y, cuando ellos tengan que enfrentarse a esas mismas situaciones, puedan resolverlas de manera efectiva, teniendo control sobre sus emociones», defiende la psicóloga Beatriz González, socia directora de Somos Psicólogos y Formación. González remarca que si «esas discusiones tienen lugar desde el respeto, sin alzar la voz ni utilizando insultos ni chantajes emocionales, los hijos podrán desarrollar destrezas para manejar estas situaciones de conflicto con otros niños y, posteriormente, las que se presenten en su edad adulta». En la misma línea, la psicóloga clínica y directora del Grupo Clavesalud, Laura García Agustín, asegura que «una discusión es un buen modelo de aprendizaje si se hace bien». De hecho, conseguir evitar el punto de no retorno en una discusión acalorada es cuestión de tener ciertas habilidades.

La cuestión es, ¿qué entiende la experta por «hacerlo bien»? «Si se mantiene el control de la situación por ambas partes, si se saben expresar emociones de forma correcta, en primera persona, sin atacar o reprochar al otro, sencillamente expresando el enfado de un modo productivo.

Si se sabe utilizar el tono, los gestos adecuados, las palabras y el mensaje correcto, si se sabe escuchar sin reproches ni insultos, y sobre todo, si se llega a acuerdos».

Si los padres consiguen dirimir sus diferencias de un modo tan exquisito, teniendo en cuenta que el efecto de una crítica es 12 veces más potente que el de un piropo, los niños aprenderán que discutir es algo productivo, no una situación necesariamente negativa.

Sin embargo, mantener las formas puede ser complicado. Tanto es así que la experta opina que la mayoría de las discusiones que se producen entre los padres no cumplen con estos requisitos.

Al final, «los niños suelen acabar interiorizando la idea de que discutir es malo porque los padres se enfadan demasiado, gritan, se hablan mal o se dejan de hablar, y esto trae consecuencias a toda la familia, especialmente a ellos, que acaban pagando las desavenencias de los adultos». Por suerte, uno puede mejorar, y la pareja entera también.

Una buena discusión enseña qué es el respeto y el control

A juzgar por los beneficios para la educación de los hijos, vale la pena hacer un esfuerzo por endulzar los tragos amargos de la convivencia en familia. A pesar de que la mayoría de las veces no es sencillo mantener la compostura, si se consigue, las lecciones que un niño puede sacar de una discusión bien llevada son muy valiosas.

Entre ellas está «que existen opiniones diferentes y que estas pueden ocasionar enfado y dolor». Pero los pequeños también comprenderán que «los desencuentros pueden resolverse desde el respeto y el cariño que se tienen los padres, hablando, manifestando su dolor y pidiendo perdón si lo han ocasionado», afirma González.

Eso sí, la petición solo valdrá si cumple ciertas condiciones.

Mantener una discusión modélica «podría resultar muy útil para que los menores desarrollen todas estas habilidades y puedan ponerlas en práctica en las ocasiones de conflicto que les surjan, gestionándolas de manera adecuada y no haciendo daño a la otra persona, sino manifestando sus opiniones de manera asertiva. Es decir, teniendo el control sobre sus emociones y comportamientos», argumenta.

Por su parte, García Agustín señala que hay tres premisas que nunca deben ignorarse antes de iniciar una discusión: la primera es un estado emocional facilitador, o sea, que si uno no está suficientemente tranquilo es mejor no empezar una discusión; la segunda se refiere al momento, y se basa en la idea de que una discusión puede irse al traste si elegimos mal cuándo iniciarla; por último, está el lugar: no podemos desencadenar una situación de conflicto en cualquier sitio. Si no se cumplen estas condiciones, la experta aconseja aplazar la discusión para otro momento, «tomarse un tiempo fuera de la situación para enfriarse un poco y después retomar el tema desde otra perspectiva y estado emocional».

A estas disposiciones previas, la psicóloga Beatriz González añade algunas recomendaciones que considera que es necesario tener en cuenta si uno aspira a tener una discusión ejemplar.

Sus consejos son «plantearla desde un punto de vista constructivo, llegar a acuerdos para evitar volver al mismo asunto, mostrar alguna señal de cariño o afecto al finalizar, respetarse y no insultar y, sobre todo, no involucrar nunca a los niños en la discusión ni utilizarlos para hacer daño». Nada de gritar.

No mientas, no es la primera ni será la última vez

Cuando las aguas por fin vuelven a su cauce y, especialmente en el caso de que la situación se haya salido de madre, «es fundamental tener una conversación con los niños para explicarles lo que ha pasado, para que puedan entender e integrar en su mundo lo que ha sucedido y volver a sentirse seguros y tranquilos en el entorno familiar», sostiene García Agustín. «Tenemos que asegurarles que ellos no han tenido nada que ver en la situación y, mucho menos, con nuestro enfado», añade.

La experta subraya que es crucial no mentir a los niños ni asegurarles que no va a volver a ocurrir, ya que, «si no estamos en disposición de poder cumplirlo, esa será la manera más sencilla de quebrar su confianza en nosotros. Si no podemos garantizarles que no se repetirá debemos ser honestos y decirles que podría suceder de nuevo».

González también cree que hablar con los hijos una vez que el vendaval ha aflojado es, sin duda, conveniente y constructivo. «De esta manera, percibirán que las discrepancias son naturales y verán que pueden solucionarse de una manera adecuada y equilibrada.

Preguntarles lo que han sentido en ese momento, minimizando sus miedos, puede ser muy positivo», explica.

Además, si la discusión no se ha producido de la mejor manera, «lo más adecuado es pedir disculpas tanto a los hijos como a la pareja», aconseja.

Los peligrosos efectos de la discusión crónica

Si los beneficios de buscar la mejor manera de discutir delante de los niños no te convencen, quizá las repercusiones de las peleas «salvajes» de los padres sí te hagan reflexionar.

«Los padres son las figuras de apego del niño y si observan que las discusiones son desde la agresividad, desde la falta de respeto y continuadas en el tiempo, estos niños podrán desarrollar problemas como la baja autoestima, dificultades en sus relaciones sociales y personales, inseguridades, miedos, falta de control en sus emociones y ansiedad», alerta González. Y añade: «Todo esto podría llegar a convertir a los niños en agresores o producirles fracaso escolar».

En el caso de que las peleas se cronificaran y se produjera una escalada de agresividad, dándose maltrato psicológico o físico, los efectos también se agravarían. «Pueden llegar a empujar al menor a autolesionarse o incluso generar ideas suicidio», subraya la psicóloga.

Ahora bien, el modo en que estas situaciones afectan al desarrollo emocional del niño dependerá en gran medida de su edad. En este sentido, Laura García Agustín asegura que «cuanto más pequeño es el niño, mayor será la sensación de miedo e inseguridad, puesto que su fuente de protección se ve alterada».

Asimismo, a medida que va creciendo «pueden aparecer síntomas de ansiedad y alteraciones del estado de ánimo porque se produce una situación de indefensión aprendida.

Es decir, ellos, como niños, no pueden hacer nada para que sus padres dejen de discutir y eso les genera desesperación, frustración y ansiedad», remarca.

González coincide con su colega en la gravedad en el caso de los más pequeños. Eso sí, sin restar importancia a la incidencia en la preadolescencia y adolescencia, etapas en las que «ver a los padres discutir constantemente puede generar agresión y rechazo hacia ellos», concluye.

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Источник: https://elpais.com/elpais/2019/05/08/buenavida/1557333625_661269.html

¿Es bueno discutir delante de los hijos? – Somos Psicología y Formación

Discutir delante de los hijos: ¿cómo les afecta?

El otro día nos escribió Eva Carnero, periodista de El País, interesada en hacernos una entrevista para la elaboración de un artículo. Puesto que el tema es de interés y aborda cuestiones que ya hemos tratado en cierto modo en el blog, aprovechamos para reproducirla aquí en formato completo.

¿Es bueno discutir delante de los hijos?

A priori, el sentido común nos dice que sería mejor evitar las discusiones (que no peleas) delante de los hijos. Sin embargo, hay quienes defienden la idea de que puede ser positivo en determinadas ocasiones.

Todo depende del cuántas veces se hace y sobre todo, de cómo se hace, lenguaje utilizado, intensidad, gestualidad… Los principales argumentos que respaldan esta idea son que el niño puede aprender a resolver conflictos personales viendo cómo sus padres lo hacen.

En su opinión, ¿cómo afecta a los niños que sus padres discutan delante de ellos?

Si estas discusiones se manejan de una manera adecuada puede ser una gran oportunidad para que los hijos adquieran habilidades de cara a que cuando ellos tengan que enfrentarse a esas mismas situaciones, y así puedan resolverlas de manera efectiva, teniendo control sobre sus emociones.

Si  estas discusiones se realizan desde el respeto, no alzando la voz, sin utilizar insultos, ni chantajes emocionales, los hijos podrán desarrollar destrezas para manejar estas situaciones de conflicto con otros niños y posteriormente en su edad adulta.

En cambio si estas discusiones son expresadas desde la agresión, los niños van a imitar estos comportamientos de los padres, repitiendo estas mismas conductas a lo largo de su vida.

Los padres son las figuras de apego del niño y si observan que las discusiones son desde la agresividad, desde la falta de respeto, y continuadas en el tiempo, estos niños podrán desarrollar problemas como baja autoestima, dificultades en sus relaciones sociales y personales, inseguridades, miedos, falta de control en sus emociones y ansiedad. Todo esto junto podría llegar a convertir a los niños en agresores o producirles fracaso escolar.

En general, ¿qué mensaje le llega al niño cuando presencia una discusión o discusiones reiteradas entre sus padres?

Cuando estas se cronifican y lo único que observan sus hijos es que sus padres se relacionan o se comunican por medio de la agresión, es muy probable que esto desemboque en diferentes comportamientos. Estos comportamientos tienen diferencias respecto a la edad, aunque independiente del periodo en que tengan repercutirán en la edad adulta.

Los niños intentaran huir de estas situaciones que están viviendo, se aislaran, dejaran de comunicarse, de expresar sus emociones, tendrán miedo, aislamiento social, baja autoestima.

Si estas discusiones llegaran a ser cada vez más frecuentes y más fuertes, si observaran maltrato psicológico o físico, pueden llegar a autolesionarse o tener ideas de suicidio, y en algunos casos llegar a materializarse.

¿Cree que puede ser positivo que los pequeños presencien estas discusiones? ¿En qué ocasiones?

Es positivo que los niños presencien discusiones siempre que estas se gestionen de manera adecuada, desde el respeto y no desde la agresión. Los niños si observan estos comportamientos en sus padres, aprenderán que es normal que se tengan diferentes opiniones y que estas generen malestar emocional, lo importante es que ellos vean que se puede discutir desde el autocontrol y el respeto.

Estas diferencias deberían tratarse con una comunicación asertiva, sin emplear nunca agresiones verbales ni tener enfados desmesurados que no se correspondan a la situación tratada, y por supuesto sin emplear el chantaje emocional y muchos menos utilizar a los hijos como arma arrojadiza.

¿Qué lecciones podría aprender un niño presenciando una discusión entre sus padres?

Que las diferentes opiniones existen, que las discusiones también, al igual que el dolor o el enfado que estas ocasionan, pero que estas pueden resolverse desde el respeto y el cariño que se tienen los padres, hablándolo, manifestando su dolor y pidiendo perdón si lo han ocasionado.

Esto conseguiría que el menor pueda desarrollar todas estas habilidades para ponerlas en práctica en las ocasiones de conflicto que le surjan, gestionándolas de manera adecuada, no haciendo daño a la otra persona sino manifestando sus opiniones de manera asertiva. Es decir teniendo un control sobre sus emociones y comportamientos.

¿Qué elementos deberían aparecer en la discusión para que esta sea positiva para la educación del niño?

  • Si discuten por una situación concreta, hablar sobre ella, no mezclar aspectos del pasado, es decir no ir a situaciones que ya se solucionaron.
  • No utilizar frases como “Siempre eres igual”, “nunca vas a cambiar”, “ te da igual que yo sufra”, “nunca debí casarme contigo”
  • Pedir perdón de manera clara delante de los niños si se han confundido o han cometido un error.
  • Plantear la discusión desde un punto de vista constructivo, llegar a acuerdos para que estas no se vuelvan a generar malestar, hablar de la situación concreta.
  • Después de una discusión mostrar alguna señal de cariño o afecto.
  • Respetarse, nunca insultarse.
  • No involucrar nunca a los niños en la discusión, ni utilizarlos para hacer daño al otro, por ejemplo diciendo cosas como “como te van a querer los niños si me tratas así…” o “el niño no piensa como tú”.
  • Mantener el silencio lo justo, si nuestra emoción es muy intensa es bueno callarse o quizás alejarse del foco de la tensión, se puede ir uno a duchar, etc…, pero estos silencios no son positivos si dura mucho tiempo.
  • Hablar con los hijos si la discusión ha sido demasiado fuerte, para que estos nunca puedan pensar que son culpables de la misma, o tengan miedo a una posible separación si esta no va a producirse.

El modo en que puede afectar a un niño, ¿depende de la edad del niño? ¿Cree que los bebés se dan cuenta de que sus padres discuten?

Cuando más pequeño sea el niño más problemas a nivel psicológico pueden causar estas discusiones, pero también la pre-adolescencia y la adolescencia tienen sus riesgos. En estas etapas ver a sus padres discutir constantemente puede generar agresión y rechazo hacia ellos.

El niño pequeño puede manifestar regresiones en cuanto a su desarrollo evolutivo, puede volver a hacerse pipi, tener miedo para dormir sólo, mal humor, sensación de culpabilidad, o miedo al abandono.

Hay estudios que indican que los bebés se dan cuenta de las discusiones de sus padres y que estas generan una huella en su desarrollo madurativo, causando problemas en el manejo y reconocimiento de las emociones.

Cuanto más continuas sean estas discusiones más huellas van a generar y más comportamientos poco adaptativos podrán generar. Si estos desde pequeños ven que sus padres están continuamente discutiendo también pueden llegar a no creer en las relaciones de pareja y tener dificultad para formalizar una.

El inicio de una discusión no se puede prever. Una vez iniciada, si hay un niño delante, ¿cómo debería tener lugar? ¿Cuál es el mejor tipo de lenguaje, gestos, o actitudes?

El inicio de una discusión no puede controlarse, y estas son inevitables. Si estas se producen con un niño delante, tendríamos que trabajar en los siguientes aspectos.

  • Intentar ser asertivo, mostrar el dolor de una manera positiva, explicar que “me he sentido dolido o dolida por esto que ha ocurrido”.
  • Intentar ser empático y ponernos en el lugar del otro, para llegar a intentar comprender el motivo de su enfado, y si no fuera así intentar hablar sobre los motivos del mismo.
  • Controlar los gestos del comportamiento no verbal, muecas, movimientos exagerados de los brazos, manos.
  • Nunca utilizar a los niños para hacer daño a la pareja.
  • No dar gritos, ni portazos, ni insultos.
  • Pedir disculpas a lo hijos, si nuestro comportamiento no ha sido el más apropiado, y también a nuestra pareja.

¿Sería bueno tener una conversación después con el niño para explicar lo ocurrido? ¿Cómo debería ser esa conversación?

Es muy positivo hablar con los hijos y explicarles el motivo de la discusión, explicar que se pueden tener diferentes opiniones e ideas, e incluso situaciones que pueden causar que la otra persona pueda sentirse dañada. De esta manera ellos pueden percibir que estas discrepancias son naturales y que pueden solucionarse de una manera adecuada y equilibrada.

También es muy positivo hablar con los hijos y preguntarles lo que han podido sentir en ese momento, minimizando sus miedos si se han producido. También, si se han sentido culpables de la discusión, explicarles que ellos no son el motivo de la disputa; o si tienen miedo a ser abandonados o de que los padres se separen, hacerles comprender la situación tal y como es.

Si la discusión no se ha producido de la mejor manera, lo más adecuado es pedir disculpas tanto a los hijos como a la pareja.

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Источник: https://www.somospsicologos.es/blog/es-bueno-discutir-delante-de-los-hijos/

Cómo sufren los hijos las peleas de los padres

Discutir delante de los hijos: ¿cómo les afecta?

Los hijos son las personas más vulnerables del entorno familiar y es por ello que los conflictos y peleas de los padres pueden suponerles problemas de estrés. Enfrentamientos que afecten a su comportamiento y a su desarrollo cerebral y cognitivo, según muestran los estudios realizados al respecto.

Las discusiones entre las parejas son algo habitual, ya que siempre se presentan desacuerdos y diferencias de opinión que son generadores de disputas. El problema reside en cómo se abordan estos enfrentamientos, si se hace desde el respeto o se tiende a resolver con peleas de manera que una discusión se convierta en una batalla campal.

Las discusiones más conflictivas, sobre todo cuando son frecuentes, dejan una huella desfavorable en los niños que las presencian. Sin embargo, las discusiones que se hacen desde el respeto resultan ser positivas para los niños, ya que se convierten en un modelo de cómo gestionar un desacuerdo.

Los niños son seres indefensos que ante las peleas o las fuertes discusiones se sienten culpables y lastimados.

El peligro de las discusiones delante de los hijos

Los padres que tienen problemas por resolver han de saber que sus hijos perciben esta tensión entre ambos. Es necesario procurar resolver las diferencias en un lugar apropiado, a ser posible nunca delante de los hijos, ya que estos se sienten culpables y frustrados ante la imposibilidad de hacer algo.

Para evitar estas situaciones frente a los hijos es necesario calmarse y no “actuar en caliente” ante las ofensas que sintamos como tal. Lo adecuado es plantear los debates con más tensión lejos de la mirada curiosa de los niños, sobre todo cuando el desacuerdo es anticipable o previsible.

En la Universidad de Cambridge se han realizado investigaciones que han intentado delimitar la influencia de los conflictos familiares en los niños. El objetivo de los estudios era delimitar cómo afectan a su desarrollo cerebral, especialmente en los periodos más sensibles del desarrollo, y definir cómo el estrés puede desencadenar un patrón de conductas conflictivas.

Los niños que presentan habitualmente fuertes disputas entre sus padres tienen más dificultades para enfrentarse y responder ante las situaciones difíciles.

El estrés que generan las peleas de los padres

El estrés que suponen las peleas de los padres pone en riesgo la salud de sus hijos. Existen trabajos científicos que alertan de los daños que supone para los hijos ser testigos de peleas recurrentes en su entorno familiar.

Un estrés continuo en un niño puede desencadenar problemas en su desarrollo y rendimiento cognitivo. Lo que les supondría una disminución en capacidades como la atención, la concentración y la resolución de conflictos. En los hogares conflictivos, los niños tienen un mayor riesgo de desarrollar este tipo de problemas.

Como padres esto es algo que hay que tener en cuenta. Nuestras discusiones pueden afectarles gravemente y pueden de alguna manera condicionar su salud física y mental en la edad adulta. Este riesgo es aún más “tonto” sabiendo que las medidas que puede protegerles son sencillas y están basadas en nuestro autocontrol.

Los niños recuerdan estos hechos como historias desagradables en sus vidas, y esto les perjudica a su vez en la regulación de sus propias emociones.

Protegiendo a los hijos de nuestros conflictos

Si bien es cierto que las discusiones son inevitables entre las parejas, también pueden regularse para que no resulten violentas. Cuando el conflicto se convierte en una lucha, hablamos también de una agresión para quien la presencia.

Evitar este tipo de discusiones no solo es recomendable, sino que es necesario por el bien de la pareja y por el de los hijos.

Lo beneficioso y saludable en este caso es poder dar ejemplo a los hijos a través de las diferencias y conflictos que se presenten en la relación.

Los niños pueden beneficiarse al tener un modelo para resolver los conflictos de una forma adecuada.

Valores como el respeto, la comprensión, la escucha y la asertividad siempre tienen la oportunidad de entrar en juego en una discusión.

Así, los conflictos y las discusiones, inevitables en cualquier relación, pueden convertirse en una oportunidad para dar ejemplo a los hijos de cómo han de solucionarse los conflictos y de cómo se puede alcanzar soluciones a través del compromiso y el respeto.

De este modo, cuando la disputa se sale de tono es conveniente pedir disculpas a los hijos y comprometerse a no volver a repetirlo, ya que como hemos dicho antes esto supone una agresión para ellos.

Los conflictos, las peleas de los padres, lo tanto no siempre son algo que haya que evitar. Lo importante en este caso es el modo en cómo se discute. Podemos transformar esta situación en una oportunidad para que nuestros hijos aprendan a gestionar los conflictos y puedan intercambiar opiniones sin llegar a la agresión y los insultos.

Aprendizaje por imitación

Uno de los primeros aprendizajes que tiene lugar en los niños es el aprendizaje por imitación. Para ellos, los padres son sus referentes, así pues, imitarán todo lo que hagan.

Si observa que sus progenitores solucionan los problemas a gritos, el niño procesará esa información y en un futuro podrá utilizarla.

¿De qué modo? Solucionando los problemas a gritos porque así lo ha visto en sus padres.

Si los niños aprenden a solucionar los desencuentros a través de peleas, no sólo les traerá sufrimiento siendo niños, sino también de mayores. No tendrán herramientas para enfrentar situaciones que les supongan un problema y podrían optar por la vía de la discusión. De este modo no sólo harán sufrir a los demás sino que ellos también se verán afectados.

Como afirma el equipo de Nohemi Romo (2008), “la distorsión en el ambiente común cambia también de manera significativa la personalidad que se forma en el niño”.

 La distorsión de la que hablan se trata de la violencia entre padres y la influencia en la personalidad del niño.

El estudio de estos autores refleja que ser testigos de peleas entre padres influye en la forma de ser de cara al futuro. Y una de estas causas es por el aprendizaje por imitación.

Источник: https://lamenteesmaravillosa.com/sufren-los-hijos-las-peleas-los-padres/

Discutir delante de los hijos. No siempre hay que evitarlo

Discutir delante de los hijos: ¿cómo les afecta?

Siempre se nos ha dicho, apoyado por el sentido común, que no debemos tener discusiones de pareja delante de nuestros hijos. No sólo en lo que se refiere a su educación sino a esa parte de nuestras vidas que aún no tiene como epicentro a nuestros hijos.

¿Pero hasta qué punto es esto bueno para nuestros hijos? ¿Realmente les afecta negativamente?

Estas preguntas y muchas más se las han estado haciendo un grupo de psicólogos de la Universidad de Notre Dame para realizar un estudio a cerca de 500 niños de edades comprendidas entre los 5 y los 18 años durante 20 años. De las conclusiones que se derivan de el estudio podría decirse que no siempre hay que evitar discutir delante de nuestros hijos, eso si con muchos matices.

El estudio se realizó en «escenarios» recreados con actores que entablaban diferentes tipos de discusiones delante de los niños, bueno y teniendo en cuenta que había gente de 18 años diría que no tan niños. Durante la discusión se analizaban los comportamientos, e incluso se analizaba la saliva para comprobar la presencia de cortisol, un indicador del nivel de stress.

Los investigadores se dieron cuenta que la experiencia era positiva para los niños cuando se producía una solución a la discusión.

No parece que las discusiones afecten a los niños si estos ven que hay un esfuerzo por encontrar una solución al problema, afirmó Mark E. Cummings, profesor de psicología de la Universidad de Notre Dame y director del estudio.

Se comprobó también que aquellos niños que habían presenciado una discusión pero no habían presenciado como se solucionaba presentaban niveles de cortisol más elevados que aquellos que sí la habían visto.

Los niños hacen lo que ven

Po Bronson, co-autor del libro «NutureShock,» afirma que él y su mujer suelen discutir delante de sus hijos – un niño de 8 años y una niña de 5- para enseñarles que a pesar de que mamá y papá discuten, también se quieren y pueden llegar a un entendimiento.

Los niños imitan el comportamiento de los adultos y de esta forma les enseñamos que la vida no es de color rosa, que existen discusiones, pero que esto no implica que no podamos llegar a algún tipo de acuerdo, ni que no sintamos cariño por el otro. También les damos a entender que papá y mamá no son perfectos, que pueden cometer errores y que no pasa nada por ello.

De esta forma, podrán llegar más preparados a la vida real. Pudiendo ser capaces de salir airosos de una discusión.

Limitaciones al estudio

Para que presenciar una discusión nuestra sea de utilidad a nuestros hijos, esta tiene que discurrir de una forma tranquila, sin alterarnos en exceso. Por supuesto sin insultos ni menos precio a uno o a otro. Debe ser una discusión como si tuviéramos visitas en casa. Y sobre todo debemos procurar encontrar una solución, evitando dejar el tema para otra ocasión.

No todos están de acuerdo

No todo el mundo está de acuerdo con esta teoría, y así la psicóloga Ammanda Gummer está de acuerdo en que si mantenemos a nuestros hijos apartados de las discusiones no les estamos preparando para la vida real, pero hay que ser un poco sensatos y darnos cuenta que no siempre conseguimos mantener una discusión de forma correcta y desde luego hay veces en que no vamos a llegar a una solución satisfactoria para ambas partes. Esto, sumado a que muchas veces nuestros hijos no van a entender los matices de una discusión entre adultos, incluso cuando se produzca con la mejor de nuestras intenciones, lo que va a provocar que no solo no aprendan nada sino que se sientan perturbados y confusos.

No les va a ayudar demasiado si sólo ven como nos tiramos tierra o mamá se pone a llorar porque papá la ha hecho sentirse mal, afirma Ammanda.

También les vamos confundir si en un momento estamos tranquilos y al minuto siguiente empezamos a chillarnos. En ese caso lo mejor es dejar la discusión y volver sobre ella más tarde cuando estemos más tranquilos. Por eso, la doctora no es muy partidaria de que todas las discusiones se tenga que llegar a una solución en ese momento.

Sabemos, por estudios, que los bebés de un año son ya bastante sensibles a las discusiones de pareja por lo tanto no es un tema para tomar a la ligera.

Hay que ser realistas y tener muy en cuenta que una vez que se inicia una discusión no sabemos dónde va a terminar, ni cuáles van a ser las consecuencias. No sabemos como va a reaccionar la otra persona, por mucho que la conozcamos, ni si vamos a ser capaces de mantener las formas en todo momento.

Por tanto, debemos tener en cuenta que nuestros hijos pueden presenciar situaciones que no van a entender o que les puedan incluso llegar a atemorizar.

Esto es especialmente peligroso cuando sabemos que los argumentos van a tener una fuerte carga emocional y pueden hacer que la discusión suba de tono rápidamente», afirma Wendy Evans, de Family Lives.

Evans tampoco está convencido de que los niños no sepan enfrentarse a la vida real si no ven a sus padres discutir pues ya ven suficientes discusiones en los medios online y en la televisión.

Así que parece que la discusión está servida, ¿discutir delante de nuestros hijos, si o no?

Foto | Noella Choi en FlickrVía | abc news

Источник: https://www.bebesymas.com/educacion-infantil/discutir-delante-de-los-hijos-no-siempre-hay-que-evitarlo

Discutir delante de los niños es un error

Discutir delante de los hijos: ¿cómo les afecta?

Muchas veces los padres se pelean sin darse cuenta que discutir delante de los niños es un error. Por un lado, los niños pueden ser demasiado pequeños para entender lo que sucede y generar emociones negativas en respuesta al estímulo exterior.

Además se les puede creer lo suficiente mayores para afrontar problemas de adultos, sin que esto sea así. En otras palabras, creemos que cuentan con la madurez y las herramientas para manejar la situación de forma saludable y en realidad no cuentan con ello.

El tono de voz, los movimientos bruscos y demás elementos del lenguaje no verbal, pueden ser interpretados de la forma errónea, incluso por un bebé. Aunque no se entienda el contenido, sí se comenzarán a generar emociones muy negativas.

El diálogo y la importancia de la comunicación

La discusión y la comunicación pueden interpretarse como normales. Incluso puede ser una señal de salud mental en una pareja. Todo depende del tipo de discusión y los niveles de agresividad.

Siempre es bueno abordar cualquier tema sin alterarse y que eso no afecte a nadie. Pero cuando la discusión se acompaña de gritos o palabras duras, los niños pueden asustarse.

Algunas de las consecuencias de discutir delante de los niños pueden ser: desde ofrecer un modelo negativo de relación, hasta ir creando reglas o límites ambiguos, pasando por situaciones de gran confusión en los pequeños.

Consecuencias de la discusión para los niños

En primer lugar se transmite un modelo negativo de relación. Los niños son como esponjasy constantemente absorben información de su alrededor.

Ellos de dan cuenta cómo se solucionan los problemas, si hay entendimiento, si hay faltas de respeto, si se deja al otro con la palabra en la boca, si hay contacto ocular, etcétera. Sin duda serán patrones que irán formando parte de su personalidad desde muy temprana edad.

La segunda consecuencia puede ser que se asienten normas o límites ambiguos. Lo ideal es que los padres hagan equipo a la hora de establecer pautas educativas.

Aunque no siempre se está de acuerdo en todo, discutir delante de los niños constantemente, llevaría a perder autoridad.

Los pequeños empezarían a llorar y a poner en duda lo que dice cada uno de los padres, simplemente porque ven que el otro está en desacuerdo. Terminarían por no saber a quién hacerle caso o a manipular ellos mismos, según su conveniencia.

Otra de las consecuencias de discutir delante de los niños es que eso les lleva a preguntarse de lado de quien están. Los hijos no tienen que ser árbitros o jueces de los papas, ni siquiera tienen que asistir a los debates. Ambos padres deben ser muy importantes para ellos, y tener un papel al mismo nivel.

Los niños pueden saber que los padres discuten y tienen diferencias. Pero no tienen que tomar partido ni enterarse de las particularidades de la discusión.

Discutir delante de los niños deja huellas en los hijos

Uno de los recuerdos más dolorosos que los pequeños pueden tener, sin duda son las tensiones entre sus padres. Para un niño, los padres son personas que están ahí para protegerlo y cuidarlo. Cuando de pronto se agreden y gritan frente a él, este se siente indefenso y asustado.

Según un estudio publicado en la revista Development and Psychopathology, y realizado por la Escuela Steinhardt de Cultura, Educación y Desarrollo Humano de la Universidad de Nueva York, la exposición a la agresión entre los padres podría moldear de forma negativa las emociones de los niños.

Los investigadores evaluaron a 1.025 niños de dos meses a los cinco años. Los tests estaban dirigidos a medir el caos de las familias.

Al cabo de 58 meses de evaluación, los investigadores se dieron cuenta que los niños expuestos a mayores índices de agresión en sus hogares, presentaban mayor dificultad para identificar y regular sus propias emociones.

También se observó que la capacidad para identificar y regular las propias emociones está vinculada al desarrollo de la inteligencia emocional.

Un niño expuesto a la agresión entre sus padres, tendrá dificultad para procesar emociones tales como la tristeza, el abandono o el miedo.

Todas estas emociones diarias que hemos visto, mal gestionadas y procesadas, conllevaron a desarrollar síntomas de ansiedad y depresión en años siguientes del niño.

Sabemos lo importante que es para la vida, en general, saber identificar y expresar lo que sentimos. Privar a un hijo de esa facultad puede crearle severos problemas más adelante. Por todo ello, será mejor discutir en privado.

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Источник: https://eresmama.com/discutir-delante-de-los-ninos-error/

Embarazo saludable
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