El león y el ratón

▷ El león y el ratón, ❤️ fábula de Esopo. La bondad tiene recompensa

El león y el ratón

Aquí tienes la fábula el león y el ratón, un cuento sobre la generosidad, disfrútala y aprende la moraleja que lleva esta fascinante fábula de Esopo.

La fábula del león y el ratón

Érase un león que se encontraba durmiendo la siesta a la sombra de un árbol en un caluroso día de verano. En el mismo árbol un ratón había construido su ratonera y allí vivía la familia ratón.

Como el león estaba durmiendo, todos los ratones de la madriguera salieron a jugar al escondite alrededor del león pensando que no se daría cuenta.

Uno de ellos, el más atrevido, tuvo la ocurrencia de esconderse dentro de las melenas del león. Tuvo tan mala suerte que lo despertó.

El león agarro a uno de los ratones entre sus garras y dijo dando un rugido:

  • ¡Cómo te atreves a perturbar mi sueño insignificante ratón!. voy a comerte para que aprendas la lección.

El ratón muy asustado y tembloroso le dijo:

  • Perdona señor León, yo no quise molestarte, si me dejas te estaré eternamente agradecido. Déjame marchar porque algún día tu me podrías necesitar.
  • Ja, ja, ¿Tu ayudarme a mí? No me hagas reír, un ser tan diminuto e insignificante como tu,¿de que forma me porías ayudar?

El ratón le rogó de mil formas y el león al final se compadeció de él y lo dejó marchar.

Unos días después, cuando el ratón paseaba por el bosque escucho unos enormes rugidos de un león.

El ratón temeroso se acercó al lugar de donde procedían los rugidos y vio al león que le había perdonado la vida. ¡Estaba atrapado en una red!.

Entonces, el ratón viéndole en esa situación quiso pagar la deuda, se acercó a el y le dijo:

  • No te preocupes, yo te salvaré.

Seguidamente, el ratón comenzó a roer las cuerdas de la red donde estaba atrapado el león y el león pudo salvarse.

Una vez liberado el león dijo al ratón:

  • Te agradezco que me hayas librado, no sé cómo pagártelo.
  • Ahora entiendo que nadie es menos que nadie, por esta razón gracias.

El ratón le respondió:

  • Hace días te dije que algún día podrías necesitarme tú, aunque te reíste pensando que era un diminuto ratón me dejaste escapar.
  • Por lo tanto, quiero que sepas que aunque soy pequeño e insignificante comparado contigo, soy muy agradecido.

Moraleja:

No hay que menospreciar al más débil, ya que por más pequeño e insignificante que sea, podemos necesitar su ayuda algún día. Tenemos que ser generosos sobre todo con los más necesitados. Ningún acto de bondad queda sin recompensa.

Comprensión lectora de la fábula el león y el ratón

Si lo prefieres, aquí te dejamos todas las preguntas para que lo imprimas y practiques en casa o en el cole.

1.- ¿Qué estaba haciendo el león?

A. Estaba durmiendo la siesta.

B. Estaba cazando.

C. Estaba sentando bajo la sombra de un árbol.

2.- ¿Dónde habían construido la ratonera?

A. Debajo de un arbusto.

B. En el árbol donde jugaba el león.

C. En el mismo árbol donde dormía el león.

3.- ¿Qué le dijo el león al ratón?

B. ¡Que haces corriendo insignificante ratón!

A. ¡Cómo te atreves a perturbar mi sueño insignificante ratón!

C. ¡Silenció insignificante ratón!

4.- ¿Qué le pidió el ratón al león?

A. No fuí yo, fueron aquellos animales.

B. No te enfades, te prometo no volver hacer ruido.

C. Déjame marchar porque algún día tu me podrías necesitar

5.- ¿Cómo liberó el ratón al león?

A. El león al final se compadeció de él y lo dejó marchar.

B. El león no le liberó porque se lo comió.

C. El león le libero pero con la condición de que no haga ruido

6.- ¿Qué entendió el león?

A. No entidió nada porque es el rey de la selva.

B. Entendió que nadie es menos que nadie.

C. Entendió que tenía que ir a dormir a otro lado.

Test de ortografía del león y el ratón

Completa las siguientes palabras con  la letra correcta. Si no la sabes, búscala en el cuento.

Actividades de la fábula el león y el ratón

1.- Dibuja un león y un ratón y coloréalos

2.- Escribe el nombre de cinco animales que más te gustan

Cuentos, fábulas, historias y oraciones para educar en casa y en el colegio

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La generosidad en la fábula el león y el ratón

La generosidad la podemos definir como una virtud y un valor positivo que puede asociarse a la caridad y la filantropía.

De manera similar, podemos decir que es un valor caracterizado por ayudar a los demás de un modo honesto sin esperar obtener nada a cambio.

En el caso de la fábula del león y el ratón podemos deducir, que el león es generoso porque no espera a cambio ningún favor por parte del ratón, por considerarlo un ser diminuto e insignificante.

¿Cómo juzgamos a veces si alguien es generaoso?

Muchas veces juzgamos si alguien es generoso por lo que aporta a otra persona o institución.

Pongamos un ejemplo: una persona adinerada entrega una cantidad de dinero a otra persona o a una institución por esto decimos que esa persona es generosa.

Sin embargo, esa aportación probablemente no le ha costado mucho esfuerzo.

Ver 

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El ratón y el león (Cuento para pensar) ® Chiquipedia

El león y el ratón

Había una vez un fiero león que dominaba toda la selva que le circundaba. No en balde a estos fuertes felinos se les suele conocer como el rey de esos parajes.

Animal que pasara por algún sitio cercano a él, animal que debía reverenciarlo y mostrarle sus respetos, si es que quería evitar algún mal momento.

Un día, tras mucha actividad física, el león se echó en un descampado a tomar una siesta para reparar sus fuerzas. Estaba tan cansado que cayó en un sueño profundo tras tan sólo unos segundos.

Mientras dormía por allí apareció un pequeño ratón muy inquieto y juguetón, al que le hizo gracia ver a aquel enorme león tirado en medio de la nada y roncando a pata suelta.

Al roedor le llamó esto tanto la atención que decidió encaramarse imprudentemente en aquel bulto animal y empezar a jugar allí. Así, corría de aquí para allá sobre el cuerpo del león, sin percatarse que sus pasitos hacían cosquillas y perturbaban el sueño del fiero animal.

A medida que fue pasando el tiempo para el león se hicieron insostenibles las cosquillas y despertó abruptamente. Cuando se percató qué era lo que había provocado la interrupción de su sueño dio un zarpazo tan rápido para atraparlo, que el pobre ratón no tuvo la más mínima oportunidad de escapar.

De esta forma el león tenía aprisionado al roedor entre sus garras y violentamente le preguntó:

-¿Quién diablos te crees que eres pequeño animal? ¿Acaso no sabes quién soy? ¿Por qué eres tan imprudente como para interrumpir mi descanso? ¿No aprecias tu vida? Soy el rey de la selva y todos me deben respeto. Nadie se atreve a molestarme y menos mientras duermo.

Muerto de miedo y comprendiendo su osadía el ratoncito pidió clemencia al fiero animal.

-Lo siento señor. Juro que no volveré a cometer tal tontería. Le ruego me perdone la vida y estaré en deuda eterna con usted. Quién sabe si pueda serle útil de alguna forma en el futuro.

-Útil tú a mí –dijo el león con sorna. –No seas tonto. ¿Cómo podrá un animal tan minúsculo como tú ser útil o ayudar a un animal tan grande y poderoso como yo? Si fuera solo por eso, realmente mereces morir por tus atrevimientos.

-No señor por favor –rogó el ratón. –Le pido reconsidere su decisión y deje vivir a este pobre y tonto animalito. Juro que no volveré a molestarlo nunca más.

Al ver llorar sin medida al pequeño roedor, el león se apiadó de su caso y lo dejó vivir. Además, estaba tan lleno por el atraco de comida que se había dado antes de dormir, que realmente un pequeño ratón no haría la diferencia para su sistema digestivo.

Así lo soltó, no sin antes advertirle que si se volvía tan osado una próxima vez, no viviría para contarlo.

Pasaron días después de esta situación y resulta que en una jornada como otra cualquiera el león andaba de caza por la selva.

Tan enfocado iba en una gacela que tenía más adelante, que no se percató de que estaba yendo directo hacia una trampa hecha por hombres.

Sin margen para maniobrar y escapar, el león cayó presa de tales artilugios y se vio de pronto atado por todos lados.

En vano trató de soltarse y de romper las cuerdas que lo ataban. Por mucha fuerza que tenía, el amarre estaba hecho con tal ingenio, que la fuerza bruta del animal no podían hacer nada contra él.

De esta manera, para escapar y preservar su vida al león no le quedó más remedio que rugir y gritar en busca de ayuda.

Sin embargo, asustaban tanto sus rugidos a los animales, que ninguno se atrevía a acercarse por allí, pues pensaban que el león estaba molesto y acercarse a él podría ser dañino para su integridad.

Dio la casualidad que los rugidos fueron escuchados por el pequeño ratón al que el rey de la selva le había perdonado la vida. El roedor comprendió que algo grave debía estar pasando por los rugidos, razón por la que sin pensarlo dos veces acudió en ayuda de Su Majestad.

Al llegar vio que este estaba completamente atrapado y ofreció su ayuda.

-Señor león, creo que es momento que le devuelva el favor que usted me hizo cuando me perdonó la vida. Yo lo liberaré de tales amarras para que no sea víctima del animal más fiero de todos.

El león, molesto de que solo hubiese acudido el ratón molesto de aquella ocasión, al cual no valoraba en absoluto por su escaso tamaño, dijo:

-Te lo dije una vez y te lo vuelvo a decir. Nada puede hacer un minúsculo animal como tú para ayudarme a mí, el animal más fuerte de esta selva.

-Pues veremos –replicó el ratón, que sin dejarse amilanar se afiló los dientes y la emprendió a mordiscos contra la cuerda principal del amarre.

Tan buenos son los ratones mordisqueando y desgatando lo que se propongan, a pesar de su tamaño, que tras solo unos minutos de haber empezado su faena pudo vencer el grosor de la cuerda y liberar al león.

Este, entre sorprendido y agradecido, no tuvo más remedio que pedir perdón al roedor por sus comentarios y dar gracias por haberle salvado la vida.

Había comprendido de una vez y para siempre que en esta vida todos somos importantes y podemos ser útiles, sin importar nuestro tamaño o fuerza. Lo único que importa es el deseo y el empeño que le pongamos a aquello que nos mueve.

Por supuesto, desde ese día el ratón y el león de nuestra historia fueron muy buenos amigos. Andaban juntos siempre. El león le facilitaba alimentos al roedor, mientras este exploraba primero por él para ver que no hubiese trampas en el camino y si el felino caía en una, pues lo liberaba con su importante habilidad.

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