El niño que no sabe perder: cómo afrontar la baja frustración

Frustraciones infantiles: las causas de la frustración en los niños y cómo ayudarles a tolerarlas

El niño que no sabe perder: cómo afrontar la baja frustración

Inevitablemente, las frustraciones se presentarán a lo largo de la infancia de nuestros hijos. Aunque procuremos protegerles de frustraciones evitables, habrá otras que no podremos evitarles, y tampoco debemos, ya que también enseñan lecciones valiosas.

Ahora bien, algo esencial para poder ayudarles es reconocer las causas de las frustración en los niños, para saber identificar así el motivo que las provoca. Reconocerlas os ayudará a entender mejor a vuestros hijos. La clave está en poner mucho cariño, paciencia y mano izquierda para que consigan superarlas y sacar de ellas una enseñanza.

En el camino hacia su propia independencia experimentará situaciones que no podrá controlar y le crearán frustración. Muchas de ellas podrán evitarse, pero otras aparecerán irremediablemente en su camino.

Las frustraciones son causadas por necesidades o impulsos no satisfechos y forman parte del crecimiento normal del niño.

Pueden convertirse en enseñanzas, pero demasiadas experiencias frustrantes puede dañar su amor propio y hacerle perder tiempo y energía en arranques de furia.

Una clasificación muy interesante de las frustraciones infantiles según las causas que las provocan es la que hace Penélope Leach, psicóloga infantil y autora de varios libros sobre crianza.

Frustración provocada por los adultos

Cuando el niño quiere hacer algo y los adultos se lo impiden es frustrante para él. Los adultos, y en mayor medida los padres, pueden frustrar a un niño muy fácilmente impidiéndole hacer aquellas cosas que consideran que no están bien o no deberían hacer.

La pregunta es, ¿es tan grave dejarle hacer eso que le impedimos? Si es peligroso para el niño, como por ejemplo que meta los dedos en el enchufe, desde luego que se lo impediremos aunque se frustre y llore, porque las consecuencias de que lo haga son muy graves. Pero muchas otras veces decimos que «no» porque no nos viene bien, frustrando a los niños sin ningún motivo.

Los niños, por su propia inmadurez, no son capaces de tolerar demasiada frustración. Un niño constantemente presionado, tiranizado y controlado se siente cercado, sin libertad para actuar, y se pondrá a la defensiva reaccionando con malas conductas.

Sin embargo, pequeñas dosis de frustración les hacen crecer. Si cuentan con el apoyo y el cariño de los padres para superarlas, las frustraciones se transforman en una enseñanza positiva, el niño aprende de ellas y se fortalece para arriesgarse a experimentar nuevas frustraciones.

La clave está en intentar evitar las frustraciones innecesarias y apoyarles cuando se presentan las frustraciones inevitables.

Frustración provocada por otros niños

Los niños pequeños son todavía incapaces de ponerse en el lugar del otro. Un niño no le quita los juguetes a otro por maldad, sino porque le interesa el juguete y es incapaz de entender los sentimientos del otro niño. El más dominante se quedará con el juguete y el otro niño se pondrá a llorar.

Los niños son egocéntricos por naturaleza. La infancia es una etapa en la que el niño está centrado en sí mismo, y es normal. Esto que parecería un signo de egoísmo en los adultos, en los niños es parte de su crecimiento.

Se preocupa por sí mismo, y no es malo que así sea porque está desarrollando su propia autoestima y su personalidad y necesita reafirmarse. El juguete que le gusta será para él, porque sólo piensa en él, al menos hasta los tres o cuatro años cuando empiezan a sociabilizar y a interactuar con otros niños de una forma más empática.

A partir de esa edad, su visión egocéntrica del mundo que le rodea se empieza a ampliar y se preocupa más por las emociones de los demás niños.

Pero las habilidades sociales se desarrollan con la práctica, no ocurre de un día para el otro, y nos necesitan en esa práctica. Por tanto, los padres debemos guiarlos para ayudarles a tolerar mejor las frustraciones provocadas por otros niños y actuar como mediadores de los conflictos, siempre a través del cariño y ayudándoles a encontrar una solución pacífica.

Frustración provocada por los objetos

El niño empieza a descubrir que hay cosas que no puede hacer por él mismo, como ponerse solito un calcetín o encajar una pieza en un puzzle, y esto muchas veces le provoca frustración. Los objetos, al igual que sucede con las personas, no se comportan siempre como él quiere.

Su madurez, su coordinación y su fuerza a menudo le juegan malas pasadas. Sin embargo, las frustraciones que el niño experimenta con los objetos son muy educativas. Es en la exploración, en la perseverancia de los intentos que el niño consigue comprender cada vez mejor el mundo que le rodea.

Sin duda, es una forma de aprendizaje. Empieza a descubrir las cosas que es capaz y no es capaz de hacer.

Cuando la frustración provocada por el objeto le desborde es necesario que los adultos intervengan ofreciéndole su ayuda. No significa hacer las cosas por él, sino brindarle una pequeña ayuda que le permitirá tener éxito en su empeño.

Volviendo al ejemplo del calcetín: no tiene sentido que se los coloquemos nosotros, porque así no aprenderá a hacerlo solo y se seguirá frustrando cada vez que lo intente. Basta con ayudarle un poco (pasar el talón es lo que más suele costarles) sin importar que termine con el calcetín dado vuelta y uno de cada color.

Frustración provocada por la edad o el tamaño

Es una frustración que aparece cuando el niño no consigue hacer algo que le exige más de lo que puede ofrecer para su edad o tamaño. Es aún demasiado pequeño para hacer cosas que hacen los mayores como servirse agua, abrir la puerta o montar en bicicleta. No es consciente de esa incapacidad y se siente decepcionado al no conseguirlo.

Por eso es tan importante ofrecerle los juguetes adecuados para su etapa de desarrollo. A través de los juguetes los niños aprenden, así que no sólo no aprovechará un juguete para niños mayores, sino que le causará frustración.

Todo lo que pongamos a su alcance debe adaptarse a sus capacidades, tanto físicas como mentales, y a su etapa de crecimiento. El niño tiene que sentirse capaz, fuerte y poderoso en su pequeño mundo.

Fotos | iStockphoto, Ba Phi, mentatdgt (Pexels)
En Bebés y más | Cada vez estoy más convencida de que la disciplina positiva es el camino para educar a mis hijos

Источник: https://www.bebesymas.com/desarrollo/frustraciones-infantiles-causas-frustracion-ninos-como-ayudarles-a-tolerarlas

La baja tolerancia a la frustración, una bomba de tiempo emocional

El niño que no sabe perder: cómo afrontar la baja frustración

La vida no es perfecta, y tampoco es controlable. Está repleta de situaciones y desenlaces que se alejan, en gran medida, de nuestras expectativas. Forma parte de nuestro proceso madurativo aprender a aceptar y gestionar esta realidad. No obstante, cuando esto no se logra y crecemos con una baja tolerancia a la frustración, habremos de hacer frente a mucho sufrimiento.

Cuando algo no sucede del modo esperado tenemos dos opciones: aceptarlo y seguir adelante o estancarnos en la negatividad y el rol de víctima. En ningún caso cambiar lo sucedido es una opción. Entonces, ¿qué decides?. La rigidez trae malestar, la flexibilidad oportunidades.

La tolerancia a la frustración en la infancia

Durante la infancia aún no hemos desarrollado por completo nuestras capacidades cognitivas, lo que nos lleva a ser impulsivos e impacientes. Para los niños es complicado demorar la gratificación, desean algo y lo quieren cuanto antes. Ante una negativa a sus anhelos pueden reaccionar con rabia, llanto, gritos y malos comportamientos.

Enseñar a los niños a tolerar la frustración es una de las tareas más complicadas de la educación, pero es completamente necesaria. No siempre es posible obtener lo que queremos y esto no debe generarnos sufrimiento. Cuando a un niño no se le niega nada durante la infancia, se le priva de la posibilidad de desarrollar esta capacidad.

Algunos padres, en su afán por proteger a sus hijos del dolor y la decepción, les conceden todas sus peticiones. Ceden y tratan de resolver, por anticipado, cada necesidad y deseo del niño. De forma que este no haya de enfrentarse a ningún tipo de incomodidad.

Se trata de actos que parten de la buena intención, de un pensamiento amoroso: “ya tendrá tiempo de sufrir cuando crezca”. Sin embargo, es necesario enfrentar la frustración en la infancia para aprender a tolerarla. De lo contrario, en la vida adulta está se presentará en un grado mucho mayor y no contaremos con las herramientas necesarias para hacerle frente.

¿Cómo trabajar la baja tolerancia a la frustración?

Haber crecido con unos progenitores sobreprotectores marca nuestro punto de partida, pero no nos condena.

En todo momento podemos tomar la decisión, como adultos, de modificar nuestra actitud y trabajar nuestras áreas carentes.

Así, si te resulta difícil enfrentar las adversidades, si las percibes como una enorme injusticia, si sientes un gran malestar cuando tus deseos no se cumplen, recuerda que puedes cambiar.

  1. Deja de querer controlarlo todo. No intentes predecir cada pequeño suceso de tu vida, no trates de controlar lo que ocurre. No le temas a la incertidumbre ni al cambio. Permite que todo siga su curso sin apegarte al resultado. La necesidad de control no te otorga la capacidad de modificar lo que acontece, pero te priva de tu tranquilidad.
  2. Establece expectativas realistas. Es ingenuo creer que podemos obtener todo lo que deseamos en cada momento, que nunca enfrentaremos una adversidad. Ni las personas ni los acontecimientos giran alrededor de nuestra persona y hemos de tener la suficiente madurez para aceptar este hecho. Por ello, al generar tus expectativas, trata de adoptar una perspectiva más amplia, que tenga en cuenta la realidad y no solo tu ideal de la misma. 
  3. Sé flexible. Es completamente lícito tener sueños y anhelos, desear que se cumplan y trabajar para lograrlo. Pero también hay que comprender que las circunstancias son cambiantes y que es necesario saber adaptarse a dichos cambios. Si el escenario se modifica, es importante que seas capaz de modificar también tus pensamientos y acciones. No te mantengas rígidamente estancado en cómo pensabas que todo sucedería, encuentra una alternativa a la luz de la nueva información que te ofrezca el entorno.

Una cuestión de confianza

Por último, ante cualquier adversidad o contratiempo acepta y confía. La baja tolerancia a la frustración esconde inseguridad, el temor a no ser capaz de afrontar la negativa que nos pone la vida.

Por ello confía en ti, en tu capacidad para gestionar la incomodidad emocional y salir adelante. Y confía, también, en el proceso. Quizá no todo marche como esperabas, pero tal vez se esté encaminando hacia un rumbo mucho mejor.

Entonces, recuerda: acepta lo que es, adáptate al cambio y confía. No eres una víctima, tienes el poder de decidir cómo reaccionar.

Источник: https://lamenteesmaravillosa.com/la-baja-tolerancia-a-la-frustracion-una-bomba-de-tiempo-emocional/

Mi hijo no sabe perder

El niño que no sabe perder: cómo afrontar la baja frustración

Muchos padres me han realizado la siguiente consulta: mi hijo no sabe perder. Es posible que tú también tengas este problema.

En este artículo te voy a describir en qué consiste la situación, las consecuencias que suele implicar y sobre todo, ofrecerte algunos consejos para abordar este comportamiento desde la familia.

Mi hijo no sabe perder, qué puedo hacer

José Carlos tiene 6 años y no le gusta perder. Cuando juega en casa a alguno de los juegos de mesa, se enfada muchísimo y se siente muy frustrado si pierde en cualquier juego.

El otro día jugando al parchís con su hermano y su tía, cuando veía que no iba a ganar, dijo que dejaba de jugar y que se iba a otra cosa.

Mi hijo no sabe perder: En qué consiste el problema

Cuando un padre dice que mi hijo no sabe perder, suele señalar que su hijo se siente muy frustrado cuando pierde, normalmente en el contexto de un juego o deporte.

Se siente frustrado, sufre de manera desmedida, abandonan el juego antes de terminar o incluso, lloran, se enfadan o llegan a encolerizarse.

En otros casos, encajan de tal manera el hecho de perder que lo que suele provocar es que abandonen la dedicación a esos juegos o deportes.

Consecuencias de no saber perder

Las consecuencias pueden ser varias. La más importante es que no se supera la falta de tolerancia a la frustración, pero también se pierde la oportunidad de aprender de las propias derrotas, se pierde afán de superación y deportividad.

Importancia de saber perder

Tan importante como saber ganar, es saber perder, porque ganar y perder son las dos caras de la misma moneda del juego, del deporte… o de la vida misma.

Hay que enseñar a ganar… y hay que enseñar a perder.

Cómo enseñar a saber perder

A continuación te voy a presentar algunas orientaciones y consejos para que, de manera progresiva, enseñes a tu hijo a saber perder.

1. Tolerar la frustración

Afirmar que mi hijo no sabe perder implica en el fondo, que mi hijo no es capaz de tolerar la frustración. Perder es frustrante, pero perder en un juego o en un deporte es una frustración que se debería llegar a tolerar.

Lo primero es enseñar a tolerar frustraciones y en el juego es una buena oportunidad. La opción no es evitar las frustraciones, sino dejar que las “sufran” y el propio niño sea capaz de “digerir” ese sentimiento negativo.

Porque desgraciadamente la frustración forma parte de la dinámica humana y tolerarlas y afrontarlas, forma parte del afrontamiento de la vida.

No es una buena actitud aprender a abandonar ante la primera desilusión o dificultad.

2. Evitar la derrota continuada

Lo que sí habrá que evitar, especialmente en los juegos, es que pierda constantemente. Perder y no tener casi nunca la opción de ganar, provoca desmotivación.

Por eso, como padre o madre, tendrás que buscar algún tipo de juego y de contricantes, donde tenga la opción de ganar algunas veces.

Un niño que juega cinco partidas de ajedrez y pierde las cinco… no creo que le queden muchas ganas de ganar.

3. Evitar ridiculizar o desafiar al que pierde

Otra actitud que hay que evitar en los juegos, es ridiculizar al que pierde o permitir expresiones humillantes hacia el que ha perdido.

Ese tipo de conductas, penalizan gravemente el hecho de perder. Por eso, esta conducta la tenéis que evitar tanto los adultos, como si lo hacen otros familiares o iguales.

4. Evitar demasiada presión competitiva

A veces los padres someten a cierta presión a sus hijos y ponen unas altas expectativas en su victoria. Mensajes del tipo sé que tú eres el mejor, no me vayas a decepcionar, tengo todas las esperanzas puestas en ti, no son adecuadas.

Con ese tipo de mensajes, cuando se pierde se transmite una idea de decepción. No hay cosa más dolorosa para un niño que sentir que decepciona a sus padres.

5. Dar ejemplo

Continuamos ofreciendo estrategias para afrontar esta preocupación de muchos padres: mi hijo no sabe perder.

Una estrategia clave es que tú como padre o madre, seas también ejemplo de saber perder. La forma en la que expresas la frustración cuando pierdes en un juego, cuando pierde tu equipo y cuando gana, es siempre un modelo de referencia para tu hijo.

6. Utilizar autoinstrucciones

Cuando se está inmerso en juegos en los que a tu hijo no le gusta perder, una buena estrategia es que como padre o madre verbalices en voz alta, la manera adecuada de cómo debería tomarse las derrotas.

Por ejemplo, una madre decía jugando al parchís: “vaya, he tenido mala suerte y no he usado una buena estrategia. Tú has jugado mejor y me has ganado. A ver si en una nueva ocasión, tengo más suerte”

Otro padre comentaba: “¡Oh vaya! ¡He perdido! Así es el juego. La próxima vez a ver si tengo más suerte.

7. Habla con tu hijo sobre este tema

Si eres de los padres que tiene el problema de mi hijo no sabe perder, y parece que es una situación que no se erradica fácilmente, habla con él.

Se trata de razonar las ideas que venimos ofreciendo:

  • Que ganar o perder, forma parte del juego.
  • Al perder se puede aprender de la derrota: en qué has podido fallar, en qué ha sido mejor tu contrincante…
  • Siempre habrá una nueva oportunidad para jugar y para intentar ganar en esa ocasión.
  • Finalmente, aceptar cuando se pierde con deportividad y reconocer y felicitar al contrincante que ha ganado y al final, ha resultado ser mejor.

Recapitulando: mi hijo no sabe perder

Estos han sido los consejos que te he ofrecido cuando tu problema es mi hijo no sabe perder.

  1. Enseñarle a tolerar las frustraciones
  2. Evitar las derrotas continuadas.
  3. Evitar ridiculizar o humillar al que ha perdido
  4. Evitar demasiada presión competitiva.
  5. Dar ejemplo
  6. Utilizar autoinstrucciones
  7. Hablar con tu hijo sobre este tema

Espero que estas pautas te puedan ayudar a mejorar este tipo de comportamientos.

Источник: https://familiaycole.com/2017/04/20/hijo-no-sabe-perder/

13 consejos para superar la frustración

El niño que no sabe perder: cómo afrontar la baja frustración

La capacidad para gestionar de forma positiva la frustración se educa tanto en los niños como en los mayores.

Cuando te sientes frustrado, te sientes mal. Y los mecanismos de defensa conscientes o inconscientes son dañinos para la propia persona y para las que le rodean: agresiones verbales o físicas, golpear o tirar objetos, la retirada silenciosa…

Las emociones son el termómetro que te informa de que tienes que introducir algún cambio. La frustración te dice que algo ha salido mal, que te has esforzado y no has conseguido el premio, pero no te dice que debas abandonar el proyecto.

Tolerar la frustración

Trabajar la tolerancia a la frustración es vital. La tolerancia está relacionada con el tiempo que tardas en reaccionar a la presión, al estrés que experimentas cuando las cosas no salen como deseas.

La tolerancia permite aprender a superarte y pensar de forma creativa. Te hace fuerte y resistente y te prepara para ser competitivo en una sociedad en la que todo el mundo busca lo fácil.

Estamos acostumbrados a que las cosas se quieran ya: informes ya, citas ya, que te contesten al WhatsApp ya, a los mails ya, al teléfono ya, que te atiendan en los establecimientos ya…

Sentimos que se pierde el tiempo y que no hay paciencia, y es porque la tolerancia a la frustración no se ha entrenado.

Hoy en día tenemos un bienestar enorme, a pesar de la crisis. No hay más que comprobar lo accesibles que son las nuevas tecnologías para todo el mundo; en cada hogar hay tabletas y móviles por doquier. Los niños pían y les compramos todo “para que no se frustren y tengan lo mismo que sus compañeros”.

Pues eso, caramba: si lo que los niños necesitan es aprender a frustrarse, a sentirse incómodos y a que su cerebro busque soluciones. Nadie se esfuerza y aprende a pensar de forma diferente y seguir luchando cuando no tiene la necesidad de hacerlo.

Educar a los pequeños a tolerar la frustración implica tener adultos que se sientan capaces, que gestionen mejor sus objetivos, que no abandonen y que, por tanto, sean más felices.

Aprendamos todos a tolerar la frustración con estos consejos

1.- Acepta que luchar por algo no tiene una relación directa con conseguirlo. A veces el premio no es llegar o ganar, sino lo que aprendes durante el camino.

2.- No sobrevalores lo que sientes cuando no consigues lo que deseas, es normal sentirte mal. Pasa de tu emoción; dite algo como “es normal sentirme así, y sé que es pasajero”.

3.- No te quedes en el mundo del victimismo. Deja de hablar de lo mal que te sientes, de lo injusto que es el mundo que no te premia después del esfuerzo.

Cambia tu discurso; es de débiles y te aporta poco.

4.-Busca soluciones. Haz preguntas como “¿por qué no lo logré?”, “¿qué puedo hacer de forma diferente?”. Repetir lo mismo implica obtener lo mismo, ¡no lo olvides!

Planificar de otra forma o buscar un plan alternativo puede ser la solución.

5.- Si se debió a falta de tiempo, preparación o dedicación, repite e insiste. A veces los objetivos requieren más esfuerzo del que pensábamos en un principio.

Podemos no ser conscientes de su nivel de dificultad hasta que nos enfrentamos a ellos. Nuestra mente, aderezada con nuestra ilusión y nuestro entusiasmo, puede distorsionar la realidad.

Así que tu capacidad de persistencia es la que te demostrará hasta qué punto deseas lo que te has propuesto.

6.- No permitas que nadie te diga si vas o no a conseguir tus propósitos. Que alguien te diga que no lo conseguirás, que es muy difícil, que como tú hay miles, que pierdes el tiempo… no significa que se cumpla.

Así que no des valor a las palabras de personas que viven la frustración como algo permanente en sus vidas, que no se arriesgan y han decidido vivir en su zona de confort.

Si lo permites, condicionará tu manera de ver tu progreso y actuar.

7.- Para cada contratiempo busca una solución. Que tardes más de lo que te hubiera gustado no significa que no vayas a llegar. Responsabilízate de tus acciones.

Echar balones fuera te calma o justifica momentáneamente pero no te ayuda; al contrario. Y lo sabes.

8.- Ten presente a esa persona que ha conseguido lo que tú te propones y piensa qué hubiera hecho ella.

Si alguien al que quieres estuviera en tu lugar, ¿qué le dirías?, ¿que lo dejara? No: tú le ayudarías, le motivarías, le harías ver lo que ha conseguido y evitarías que abandonara.

Pues trátate a ti por lo menos igual de bien que lo harías con ese alguien.

9.- Crea tu ruta de cómo vas a hacer para conseguir tu reto. Y, en esa ruta, anota posibles problemas que puedas tener y lo que harás para prevenirlos o solucionarlos.

De este modo te adelantas y evitas sorpresas viviéndolas como fracasos. No olvides que el llamado “fracaso” te acerca a tu éxito. Es tu chivato: te dice qué no debes hacer más. ¡Agradéceselo y hazle caso!

10.- Valora cada logro contigo mismo y con los tuyos, porque todo forma parte de tu objetivo final. A veces se menosprecian los pequeños logros y no se es consciente de que gracias a todos ellos se consigue el final.

Esto te ayudará a reafirmarte en tu propósito y a sentir seguridad y confianza en ti mismo y a sentir que vas por el buen camino. Es fundamental para seguir.

11.- Siempre hay momentos de bajón, pensamientos de “no sé si saldrá”, “¿tanto esfuerzo valdrá la pena?”, etc. Que tu lectura no sea “esto es imposible” o “yo no valgo” y sientas frustración.

Hay que aprender a quitar valor a los pensamientos; pensar no es igual a realidad. Automotívate y prepara tu monólogo interior, ese que te dirás cuando las cosas no funcionen. Él es tu ángel, tu salvador en los momentos grises.

12.- Si tienes que pedir ayuda o consejo, hazlo. No eres menos por ello. Siempre hay personas generosas que aportarán algo a tu camino, personas que ponen su experiencia al servicio de los demás sin temor.

Son personas seguras de ellas mismas. No lo olvides y sé agradecido, porque fueron parte de tu vida y tus retos.

13.- Visualízate. Está demostrado que la representación mental controlada tiene un gran poder en la mejora y superación de nuestros proyectos.

Tu mente se predispone y tus acciones se enfocan a cumplir esa película que te narras. Si no te ves, no lo harás.

Seve Ballesteros dijo una vez:

Busca y trabaja tu “suficiente”, porque ésa es la clave.

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Источник: http://www.elportaldelhombre.com/desarrollo-personal/item/837-13-consejos-para-superar-la-frustracion

9 Técnicas para enseñar al niño a manejar la frustración

El niño que no sabe perder: cómo afrontar la baja frustración

Todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos sentido frustrados porque las cosas no han salido como queríamos. Esto también pasa con los niños. Pero a diferencia de los adultos, a ellos les cuesta controlar la reacción que se desencadena cuando algo no sale como quiere. Sin embargo, existen técnicas para que aprendan a manejar la frustración.

Debemos distinguir la intolerancia de la frustración de una respuesta normal ante un niño que ha perdido a un juego, o sus papás no le han comprado lo que quería, etc. Si solo expresa malestar, su reacción no es desproporcionada y se desanima, esta es normal. Lo que no es normal son las pataletas, gritos, insultos, enfados, en definitiva, respuestas de agresividad.

El que los niños tengan poca tolerancia a la frustración se puede deber a muchas causas: baja autoestima, no saber aceptar fracasos, estar excesivamente mimado y sobreprotegido, etc.

También la sobreprotección es una de las principales causas de que un niño tenga una baja tolerancia a la frustración.

Es importante que desde pequeños entiendan que no siempre se consigue lo que se quiere, ni ganamos en todo. Esto lo ayudará a enfrentarse en un futuro a situaciones adversas, pues no todo serán éxitos, también habrá fracasos.

Los adultos somos capaces de controlar nuestra reacción, pero a los niños les cuesta más, por eso nuestra labor como padres es enseñarles a conseguirlo.

A continuación vamos a analizar una serie de técnicas para enseñar al niño a manejar la frustración.

Evitar la sobreprotección y el exceso de permisividad

La sobreprotección impide a los niños afrontar el fracaso. Evitamos que se produzca dándoselo todo hecho, ayudándoles en todo, evitándoles cualquier problema, etc. La permisividad incapacita a los chicos a hacer frente a los problemas, ya que siempre consiguen lo que quieren.

Dar ejemplo

La actitud positiva con la que los padres afrontamos un fracaso o una situación difícil, le servirá de ejemplo para que ellos aprendan a solucionar sus problemas.

Deja que se frustre

Cuando tu hijo se enfade, grite o patalee, no vayas inmediatamente a satisfacer sus exigencias. De esta forma aceptará que no siempre lleva la razón y tendrá que buscar la solución adecuada ante las situaciones difíciles.

Evita que vea los fracasos como algo negativo

Explícale que en la vida se encontrará con momentos de éxito y otros de fracaso. Los fracasos son aprendizajes, nos ayudan a mejorar y nos dan la posibilidad de crecer también como personas. Lo importante es darnos cuenta en qué nos hemos equivocado y cómo lo podemos solucionar para evitar que vuelva a ocurrir.

Educarle en el esfuerzo

Hay que enseñar a los niños lo importante que es esforzarse en todo lo que hacen. Todas las cosas se consiguen a base de esfuerzo. Y éste será en muchos momentos lo que les ayude a resolver sus fracasos.

Establecer unos objetivos razonables

Hay que poner unos objetivos realistas, adecuados a la edad y madurez del niño, de esta forma tendrá más tolerancia a la frustración. Si los objetivos no son adecuados a su edad, será incapaz de afrontarlos y fracasará, aumentando su malestar personal.

Enséñale a ser perseverante

Es esencial para superar situaciones difíciles. Si el niño aprende a ser constante en todo lo que se ponga a hacer, podrá solucionar muchos de los problemas que se le presenten y podrá manejar la frustración.

Reforzar cuando reaccione de manera apropiada ante una situación difícil

Cuando el niño, ante una situación complicada, tarde en reaccionar con su respuesta habitual de agresividad, tenemos que elogiarlo siempre.

Promueve la independencia

Hazlo cuando los niños ya no son tan bebés (2,3,4 años), adquieren cierto grado de autonomía, y son ellos quienes quieren hacer las cosas, comer, vestirse, etc. Favorece esta autonomía, déjalo hacer tareas solito y de esta manera dispondrá de herramientas para tolerar la frustración.

La frustración es algo característico del ser humano. Si los padres nos empeñamos en evitarlo, estamos condenando a nuestros hijos a la infelicidad.

Tolerar la frustración implica ser capaz de hacer frente a los problemas que nos encontramos a lo largo de la vida.

Si intentamos complacer en todo a nuestros hijos para evitar que se frustren, lo único que estaremos haciendo es impedir su desarrollo como persona.

Recuerda siempre que una persona feliz no es aquella que nunca comete errores o que tiene todo lo que desea. Una persona feliz es aquella que afronta sus errores y aprende de ellos.

Источник: https://eresmama.com/9-tecnicas-ensenar-al-nino-manejar-la-frustracion/

Embarazo saludable
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