Evolución del sueño infantil

El sueño: ¿aprendizaje o evolución?

Evolución del sueño infantil

El sueño infantil es un tema que preocupa mucho a las familias, en torno al mismo circulan muchas dudas: algunas basadas en realidades y otras en mitos.

Algunas de las preguntas que se hacen las familias son: ¿duerme mi hijo lo suficiente?, ¿cómo le puede afectar la falta de sueño en su desarrollo?, ¿cuándo va a dormir del tirón?, ¿cómo le ayudo a dormir?, ¿tiene que aprender a dormir o es un proceso natural?

Cuando las familias no conocen la respuesta a estas preguntas, o peor aún, cuando la situación en casa es muy diferente a la deseada (por ejemplo, hay despertares nocturnos), el nivel de ansiedad y cansancio puede aumentar las inseguridades de los progenitores.

El sueño es un proceso evolutivo, va cambiando según la edad, especialmente durante el primer año y medio de vida (Burnham et al. 2002, Anders et al. 1992; Iglowstein et al. 2003).

Es por eso que debemos tener presente que cualquier niño sano equilibrará progresivamente este ritmo circadiano, disminuirán sus despertares nocturnos y será más constante a partir de los 4 – 6 años (Iglowstein et al.

2003; Jové, 2006; Galland et al., 2012; Contreras 2013).

¿Qué es el sueño?

El sueño es una necesidad irresistible, un fenómeno recurrente y periódico (sigue un ciclo circadiano de 24 horas), que cubre el pensamiento del individuo y sus procesos conscientes. Se caracteriza por una alteración reversible de la reactividad del individuo a los estímulos.

Desde el punto de vista neurofisiológico se considera un síndrome complejo en el que se modifica el estado de activación de diferentes órganos y de los sistemas cerebrales.

Estos cambios se reflejan en la actividad eléctrica cerebral, en la temperatura corporal, en el tono muscular y en diversas funciones neurovegetativas (Sheldon et. al., 2014).

Durante el sueño se atraviesan diferentes etapas cuantificables psicofisiológicamente (Roffwarg, Muzio, & Dement, 1966; Sheldon et. al, 2014): el sueño sincronizado (NREM – No Rapid Eyes Movements) y el sueño desincronizado (REM – Rapid Eyes Movements).

Los adultos necesitan ir pasando por cuatro etapas diferentes de sueño NREM hasta entrar en un sueño profundo seguido por una fase REM. Nunca comienzan el sueño por la fase REM, a menos que exista alguna alteración, como por ejemplo el efecto del jet lag (Contreras, 2013; Barkoukis & Von Essen, 2012).

¿Cómo evoluciona el sueño en los primeros años de vida?

Desde el nacimiento hasta los 3 meses de edad el sueño se caracteriza por ser bifásico, es decir que se divide en dos fases (sueño activo o REM y sueño lento NREM). En estos primeros meses del bebé el sueño es ultradiano, no se diferencia entre el día y la noche.

Además, es polisecuencial, dividiéndose en varios periodos tanto durante el día como durante la noche. Al contrario que los adultos, los bebés, hasta los tres meses, pueden iniciar el sueño en fase REM (Glotzbach et al. 1994; Anders, 1994).

Esto se ha relacionado con las necesidades adaptativas del recién nacido en esta edad: procesamiento de la estimulación del entorno, alimentación a demanda, solicitudes de protección y cuidado.

Entre los 4 y los 7 meses el sueño empieza a adoptar un ritmo circadiano y empieza a ser polifásico, aunque todavía las fases se presentan inestables. El sueño polifásico se caracteriza por la presencia de varias fases NREM y REM (Jové, 2006).

Entre los 8 meses y los 2 años la maduración del sueño es menos rápida que en los primeros meses, pero aún así su consolidación y estabilización circadiana continúa (Scher, 2012; Iglowstein et al. 2003).

Entre los 3 y los 6 años, en la medida en que la siesta tiende a desaparecer, el sueño llega a alcanzar características similares a las del sueño adulto (Burnham et al. 2002, Anders et al. 1992; Iglowstein et al. 2003), desarrollándose principalmente durante la noche (Jenni y Carskadon, 2005).

El rol de los padres en la regulación del sueño

Distintos estudios sugieren que los comportamientos de los padres durante la conciliación y los despertares nocturnos, así como sus creencias sobre la capacidad de su hijo para dormirse, son buenos predictores del desarrollo del sueño infantil (Burnham et al. 2002, Anders et al. 1992; Anders, 1994; McKenna, 2000).

Los “problemas” del sueño en la infancia también dependen de la percepción y expectativas de los padres (Jenni y Carskadon, 2005). Cuando conocemos el desarrollo evolutivo del sueño y comprendemos el mismo como un aspecto más a madurar durante infancia, el proceso de regulación se convierte en un proceso natural y más fácilmente respetado.

De esta manera, si los padres acompañan a los hijos durante la conciliación del sueño y los despertares nocturnos, favorecerán también su autorregulación, acompañándole en la maduración de este ciclo circadiano.

Es decir, un niño que se sienta consolado (sin abandonarle durante la noche, a pesar de tener el objetivo de ayudarle a regularse) desarrollará una mayor autonomía en los patrones y conductas del sueño, a partir de una base afectiva segura y que comprende sus necesidades evolutivas sin sobreprotegerle.

Referencias

  • Anders TF, Halpern LF, Hua J. (1992).  Sleeping through the night: a developmental perspective. Pediatrics 90, p 554-560.
  • Anders, T. F. (1994). Infant sleep, nighttime relationships, and attachment. Psychiatry, 57(1), 11-21.
  • Barkoukis Teri J, Von Essen S. (2012). Introduction to Normal Sleep, sleep deprivation, and the workplace. Review of Sleep Medicine, Third Edition. p.12-20.
  • Burnham MM, Goodlin-Jones BL, Gaylor EE, Anders TF (2002). Nighttime sleep-wake patterns and self-soothing from birth to one year of age: a longitudinal intervention study. J Child Psychol Psychiatry 43, p 713-725.
  • Contreras, S. A. (2013). Sueño a lo largo de la vida y sus implicancias en salud. Revista Médica Clínica Las Condes, 24(3), 341-349.
  • Galland, B. C., Taylor, B. J., Elder, D. E., & Herbison, P. (2012). Normal sleep patterns in infants and children: a systematic review of observational studies. Sleep medicine reviews, 16(3), 213-222.
  • Glotzbach, S. F., Edgar, D. M., Boeddiker, M., & Ariagno, R. L. (1994). Biological rhythmicity in normal infants during the first 3 months of life. Pediatrics, 94(4), 482-488.
  • Iglowstein, I., Jenni, O. G., Molinari, L., & Largo, R. H. (2003). Sleep duration from infancy to adolescence: reference values and generational trends. Pediatrics, 111(2), 302-307.
  • Jenni, O. G., & Carskadon, M. A. (2005). Normal human sleep at different ages: infants to adolescents. SRS basics of sleep guide, 11-19.
  • Jové, R. (2006). Dormir sin lágrimas: dejarle llorar no es la solución. La esfera de los libros.
  • McKenna, J. J. (2000). Cultural influences on infant and childhood sleep biology and the science that studies it: toward a more inclusive paradigm. Lung Biology in Health and Disease, 147, 99-130.
  • Scher, A. (2012). Continuity and change in infants’ sleep from 8 to 14 months: a longitudinal actigraphy study. Infant Behavior and Development, 35(4), 870-875.
  • Sheldon, S. H., Kryger, M. H., Ferber, R., & Gozal, D. (2014). Principles and practice of pediatric sleep medicine. Elsevier Health Sciences.
  • Siegel, J. (2002). Sleep as a circadian rhythm. The Neural Control of Sleep and Waking, 93-101.
  • Roffwarg, H. P., Muzio, J. N., & Dement, W. C. (1966). Ontogenetic development of the human sleep-dream cycle. Science, 152 (3722), 604-619.

© Psise: Servicio de Psicología Clínica del Desarrollo. Unidad de Observación y Diagnóstico Funcional.

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Todo sobre el sueño

Evolución del sueño infantil

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Es probable que el sueño, o su falta, sea el aspecto más discutido sobre el cuidado de los bebés. Como los padres primerizos no tardan en aprender, la calidad y la cantidad del sueño de un bebé afectan al bienestar de toda la familia.

Entonces, ¿cómo conseguir que su hijo se vaya a la cama y que se quede allí? ¿Cómo debería responder cuando su hijo se despierta a media noche? ¿Y cuánto necesitan dormir los niños?

¿Cuánto sueño es suficiente?

Las necesidades de sueño varían según la edad del niño. Pero las reglas generales sobre cuántas horas de sueño necesita un bebé o un niño de 2 años pueden no ayudarlo en lo que respecta a su propio hijo. Estas cifras no son más que simples promedios para grupos amplios de niños de edades particulares.

No existe una cantidad mágica de horas que necesiten todos los niños de un grupo de edad en concreto. Aún y todo, el sueño es muy importante para el bienestar de todos los niños.

La relación existente entre la falta de sueño y el comportamiento del niño no siempre es evidente. Cuando los adultos están cansados, pueden estar irritables y/o tener falta de energía.

Pero los niños se pueden volver hiperactivos, antipáticos y tener cambios de comportamiento extremos.

He aquí algunas cifras aproximadas de horas de sueño en función de la edad, acompañadas de consejos para conseguir que los niños se acuesten por la noche y duerman.

Bebés (hasta los 6 meses de edad)

Los relojes internos de los recién nacidos todavía no están completamente desarrollados. Pueden dormir hasta 18 horas en cada período de 24 horas, divididas aproximadamente por igual entre el día y la noche.

Los padres deben despertar a sus recién nacidos para alimentarlos si duermen más de 4 horas seguidas hasta que se estabilice su ganancia de peso, lo que suele ocurrir antes de que concluyan las dos primeras semanas de vida.

A partir de ese momento, no pasa nada si un bebé duerme durante períodos de tiempo más largos.

Pasadas las dos primeras semanas, los bebés pueden dormir hasta 4 o 5 horas seguidas; esta es la cantidad aproximada de tiempo que sus pequeños estómagos pueden aguantar sin alimentarse. Si los bebés duermen durante mucho tiempo seguido por la noche, lo más probable es que quieran mamar o tomar el biberón más a menudo durante el día.

Justo cuando los padres creen que dormir toda la noche de un tirón parece un sueño inalcanzable, su bebé suele empezar a dormir más tiempo seguido por la noche. A los 3 meses, un bebé promedio duerme unas 14 horas en total, con 8-9 horas de sueño por la noche (generalmente con solo una o dos interrupciones) y hace dos o tres siestas en las horas de luz.

Es importante saber que los bebés pueden llorar y hacer todo tipo de ruidos durante el sueño ligero. Incluso, si se despiertan por la noche, es posible que solo pasen unos minutos despiertos antes de volver a conciliar el sueño por sí solos.

Si un bebé de menos de 6 meses sigue llorando, usted deberá atenderlo. El bebé podría estar muy incómodo: hambriento, mojado, tener frío o incluso estar enfermo. Mantenga las rutinas de cambiar y alimentar al bebé lo más rápidas y silenciosas que se posible.

No le aporte ningún estímulo innecesario, como hablarle, jugar con él, encender la luz o usar un dispositivo móvil iluminado mientras usted espera a que vuelva a conciliar el sueño. Fomente la idea de que la noche es para dormir.

Es usted quien se lo debe enseñar porque a su hijo no le importa qué hora es, siempre y cuando se satisfagan sus necesidades.

Lo mejor es dejar al bebé en la cuna antes de que se duerma. Y no es demasiado pronto para establecer una rutina sencilla para la hora de acostarse por la noche.

Cualquier actividad relajante (bañar al bebé, leerle un cuento o cantarle) llevada a cabo cada noche y siguiendo el mismo orden cada noche, puede formar parte de la rutina.

Su bebé asociará esas actividades con la hora de dormir y lo ayudarán a tranquilizarse.

La meta consiste en que el bebé sepa dormirse solo y aprenda a calmarse y a volverse a dormir sin ayuda en el caso de que se despierte a media noche.

Bebés de 6 a 12 meses

A los 6 meses, los bebés siguen necesitando un promedio de unas 14 horas de sueño en cada período de 24 horas, con dos o tres siestas en las horas de luz, de 30 minutos a 2 horas de duración cada una. Algunos bebés, sobre todo los amamantados, se pueden seguir despertando por la noche. Pero la mayoría de los bebés no necesitan alimentarse a media noche.

Si su bebé se despierta a media noche, y usted cree que no es porque tenga hambre, espere unos pocos minutos antes de ir a verlo. A veces, los bebés solo necesitan unos pocos minutos para calmarse y volver a quedarse dormidos.

Aquellos que no consigan calmarse solos deben ser tranquilizados sin que los saquen de la cuna ni los lleven en brazos (se les debe hablar con suavidad, acariciarlos o frotarles la espalda) y luego dejarlos para que se duerman solos, a menos que estén enfermos. Los bebés enfermos necesitan que los lleven en brazos y que los cuiden.

Si su bebé no parece estar enfermo y continúa llorando, podrá esperar un poco más y luego repetir la breve visita a su cuna.

Entre los 6 y los 12 meses de edad, entra en juego la ansiedad de separación, una fase normal del desarrollo.

Pero las reglas sobre cómo reaccionar ante los despertares nocturnos del bebé seguirán siendo las mismas hasta que su hijo cumpla un año: Trate de no sacarlo de la cuna, encender la luz, cantarle, hablarle, jugar con él ni alimentarlo. Todas estas actividades no permiten que el pequeño aprenda a dormirse solo y favorecen los despertares nocturnos.

Niños de 1 a 3 años

La mayoría de los niños de 1 a 3 años de edad duermen de 12 a 14 horas en cada período de 24 horas. La ansiedad de separación, o las simples ganas de estar despierto con papá y mamá (y no perderse nada), pueden motivar a un niño a quedarse despierto por la noche. Y lo mismo puede hacer el estilo tan propio de los niños de esta edad de llevar la contraria a sus papás.

Es importante establecer unos horarios regulares para la siesta y para la hora de acostarse por la noche. Los padres a veces creen que, si mantienen a sus hijos despiertos hasta tarde, eso hará que estén más cansados y tengan más sueño a la hora de dormir.

Pero a los niños les puede costar mucho conciliar el sueño cuando están demasiado cansados. Aunque la mayoría de los niños de esta edad hacen de 1 a 3 siestas al día, no debe forzar a su hijo a hacer la siesta.

Pero programe un período de tiempo para que se relaje y repose, aunque su hijo prefiera no dormir.

Establecer una rutina para la hora de acostarse ayuda a los niños a relajarse y prepararse para dormir. Para un niño de 1 a 3 años, la rutina puede durar de 5 a 30 minutos e incluir actividades tranquilizadoras, como leerles un cuento, bañarlos o escuchar música suave.

Independientemente de cuál sea su ritual nocturno, lo más probable es que su hijo insista en que sea el mismo todas las noches. Pero no permita que el ritual se alargue demasiado ni que sea demasiado complicado.

En la medida de lo posible, permita que su hijo escoja algunas alternativas dentro de la rutina: qué pijama ponerse, qué peluche llevarse a la cama, qué música escuchar.

Estas decisiones darán a su pequeño cierta sensación de control.

Hasta los niños que duermen mejor pueden despertarse y llamar a sus padres por la noche. La dentición (o salida de los dientes) y los sueños pueden despertar a los niños de esta edad.

Los sueños activos empiezan en esta etapa, y pueden asustar mucho a unos niños tan pequeños. Elija atentamente los libros o cuentos que le lea a su hijo antes de acostarse, y escoja contenidos agradables.

Las pesadillas asustan mucho a los niños de esta edad, que todavía no saben distinguir entre realidad y ficción.

Consuele y tranquilice a su hijo, abrazándolo cuando lo despierte una pesadilla. Deje que hable sobre el sueño si él quiere hacerlo y quédese a su lado hasta que se calme. Luego favorezca que vuelva a conciliar el sueño lo antes posible.

El tiempo que pasan delante de pantallas (como las de la televisión o la tableta) puede alterar el sueño de los niños. Por eso, los expertos en salud recomiendan:

  • limitar el tiempo que pasan delante de pantallas
  • que los niños de 1 a 3 años dejen de ver dispositivos provistos de pantalla una hora antes de acostarse
  • que los niños no tengan dispositivos provistos de pantalla en sus dormitorios

Preescolares (de 3 a 5 años)

Los niños de la etapa preescolar duermen unas 10 a 13 horas por la noche. Lo niños que duermen lo suficiente por la noche pueden no necesitar hacer la siesta durante el día. En estos casos, la siesta se puede sustituir por un período de tranquilidad y reposo por la tarde.

La mayoría de guarderías y jardines de infancia establecen breves períodos en que los niños se acuestan en colchonetas o descansan de otras formas. Cuando un niño deja de hacer la siesta, su hora de acostarse por la noche se puede adelantar con respecto a la de la etapa anterior.

Escolares y preadolescentes

Los niños en edad escolar necesitan de 9 a 12 horas de sueño nocturno. Los problemas para irse a la cama pueden empezar a esta edad por diversas razones.

Los deberes, las actividades deportivas y extraescolares, el tiempo de pasan delante de pantallas (como la televisión, las computadoras, los smartphones y otros dispositivos), así como unos horarios familiares caóticos pueden contribuir a que los niños no duerman lo que necesitan dormir.

La falta de sueño puede hacer que los niños estén irritables o hiperactivos e impedir que presten atención en clase.

Sigue siendo importante que tengan un horario regular para acostarse, sobre todo en los días en que tengan que ir a la escuela.

Deje que su hijo tenga suficiente tiempo sin tecnología antes de acostarse para que le dé tiempo a desconectar antes de apagar la luz.

Considere la posibilidad de apagar todos los dispositivos electrónicos por lo menos una hora antes de acostarse y no deje que su hijo tenga pantallas en su dormitorio.

Adolescentes

Los adolescentes necesitan de 8 a 10 horas de sueño por la noche, pero muchos de ellos no las duermen. Debido a que los centros de estudios empiezan muy pronto, así como la sobrecarga de trabajos escolares, deberes, amistades, medios sociales y actividades extraescolares, muchos adolescentes tienen una falta o déficit de sueño de carácter crónico.

Y la falta de sueño se acumula a lo largo del tiempo; por eso, una hora menos de sueño por la noche cada día equivale a una noche entera sin dormir al final de la semana. Entre otras cosas, la falta de sueño puede conducir a:

  • estar menos atento
  • un rendimiento inconsistente
  • una reducción de la memoria a corto plazo
  • un aumento del tiempo de respuesta

Todo esto puede llevar a tener mal carácter, problemas en la escuela (tanto de tipo académico y con los maestros como con los compañeros de clase), el uso de estimulantes, como la cafeína o las bebidas energizantes para sentirse más despierto, y a accidentes de tráfico por tener un mayor tiempo de respuesta o al «dormirse al volante” .

Los adolescentes también experimentan un cambio en sus patrones de sueño: sus cuerpos quieren quedarse despiertos más tiempo por la noche, lo que suele hacer que intenten recuperar el sueño perdido los fines de semana. Pero estas irregularidades en sus horarios de sueño pueden hacer que acostarse a una hora razonable durante la semana les resulte todavía más difícil.

Lo mejor sería que un adolescente se acueste todas las noches a la misma hora y se levante a la misma hora todas las mañanas, durmiendo un mínimo de 9 horas diarias.

Rutinas para la hora de acostarse

Independientemente de la edad que tenga su hijo, establezca una buena rutina para la hora de acostarse que favorezca unos buenos hábitos de sueño. Los siguientes consejos pueden ayudar a los niños a tener un sueño nocturno reparador:

  • Establezca una hora para acostarse y haga que su hijo la siga, avisándole dos veces, con media hora y 10 minutos de antelación.
  • Incluya un período de relajación en la rutina.
  • Si su hijo es mayor o adolescente, anímelo a seguir y mantener una hora para acostarse que le permita obtener la cantidad de horas de sueño necesarias para su edad.

Revisado por: Elana Pearl Ben-Joseph, MD

Fecha de revisión: junio de 2019

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/sleep-esp.html

Cómo evoluciona el sueño de los bebés y por qué es importante saberlo

Evolución del sueño infantil

Una de las primeras preguntas que os harán como padres será si vuestro hijo duerme bien o, incluso, si ya duerme del tirón.

El sueño de los bebés es un tema complejo, más de lo que nos imaginamos, que a menudo suscita un debate entre familiares y amigos sobre cuánto y cómo debe dormir un bebé.

Hoy vamos a hablar de cómo es realmente el sueño infantil y cómo evoluciona, una información muy importante para entender y asimilar mejor los despertares nocturnos.

Mi bebé se despierta por la noche, ¿es normal?

La mayoría de bebés se despiertan con bastante frecuencia por la noche.

Aunque cada pequeño es distinto, los bebés se despiertan porque el sueño es un proceso evolutivo, igual que lo es gatear, andar o hablar.

¿Verdad que nadie nos dice que debemos enseñar a gatear a nuestro bebé? Pues con el dormir sucede lo mismo. Con el tiempo, unos necesitarán más y otros menos, el bebé dormirá del tirón toda la noche.

¿Verdad que nadie nos dice que debemos enseñar a gatear a nuestro bebé? Pues con el dormir pasa lo mismo, es evolutivo

Cuando nacen, los bebés cuentan con solo dos de las cinco fases de sueño que tenemos los adultos, unas fases que irán adquiriendo a medida que vayan creciendo. Los recién nacidos solo tienen la fase de sueño profundo y la fase REM. De esta forma se despiertan más frecuentemente para poder alimentarse, todas las veces que lo necesiten.

Entender que los despertares nocturnos con una causa natural y vital para los pequeños resulta tranquilizador porque os ayudará comprender su patrón del sueño. Si vuestro hijo se despierta a menudo, es un niño completamente normal y sano, por lo que no debéis preocuparos y, sobre todo, no debéis intentar que “aprenda a dormir” porque lo hará solito.

Etapas del sueño infantil

Aunque el sueño infantil evoluciona a medida que el bebé crece, durante sus primeros años de vida pasa por distintas etapas con algunos aparentes retrocesos.

Mientras que de los 0 a los 3 meses lo más probable es que vuestro bebé tenga un sueño más tranquilo y apaciguado, y duerma más horas, a partir de los 3 o 4 meses su sueño será más ligero y puede despertarse al pasar de una fase de sueño a otra.

A partir de los 4 meses y hasta los 7, aproximadamente, vuestro bebé tendrá un sueño más predecible y veréis como va estableciendo sus propias rutinas y crea un patrón del sueño.

Lo más característico, y fastidioso, de esta etapa es que el sueño del principio es más ligero, volviéndose más profundo con el tiempo, por lo que es muy habitual que si los dejáis en su cuna recién dormidos se despierten.

Entre los 6 y los 7 meses son muy habituales los micro-despertares, que muchas veces pasan a ser un auténtico despertar

Alrededor de los 6 o 7 meses, los bebés ya tienen 4 fases del sueño. ¡Qué bien! No cantéis victoria aún, porque en esta etapa son muy habituales los micro-despertares, que a menudo pasan a ser directamente un despertar.

Los adultos, aunque no seamos conscientes, también tenemos micro-despertares, por ejemplo, cuando nos giramos en la cama o nos volvemos a cubrir con la manta si nos hemos destapado.

La diferencia es que ya tenemos todas nuestras fases del sueño bien establecidas y ni nos inmutamos, porque somos capaces de dormirnos solos de nuevo.

Esta etapa puede resultar un poco dura, ya que algunos bebés se despiertan cada hora y media o dos horas. Además, coincide con algunos hitos importantes en el desarrollo del bebé, como el inicio de la alimentación complementaria o la aparición de los primeros dientes.

A partir de los 8 meses los bebés ya tienen todas sus fases del sueño, pero deben aún ir practicando para dormir igual que los adultos. Esta etapa puede alargarse hasta los dos años, aproximadamente, y en ella también son frecuentes, aunque cada vez menos, los despertares nocturnos.

Muchos de ellos van de la mano de nuevos aprendizajes como el gatear, andar, hablar o el control de los esfínteres, o de otras cuestiones, como la aparición de los dientes, el inicio de la guardería, la aparición de miedos y pesadillas… Cualquier cambio en la vida del pequeño, por insignificante que parezca, puede influir en su patrón del sueño.

Cómo reducir los despertares nocturnos

Aunque, como os decíamos, se trata de una cuestión evolutiva y no conviene tratar de enseñar a dormir al bebé con métodos como dejarle llorar o ignorar su demanda, sí que existen algunas prácticas que os ayudarán a llevar mejor la situación, facilitando el descanso de toda la familia.

Establecer unas rutinas fijas desde el nacimiento del bebé contribuirá a que duerma mejor

Buen ejemplo de ello es el establecimiento de rutinas fijas desde el nacimiento del bebé que le ayuden a relajarse, como por ejemplo escuchar música que le calme o darle un baño antes de acostarse para ayudarle a conciliar el sueño. Por el contrario, prácticas como ver la televisión o realizar actividades que le sobre-estimulen pueden afectar a su somnolencia y hacer que le cueste más dormirse y se despierte mucho más.

Dormir una o varias siestas durante el día, en función de la edad, lejos de lo que puede parecer, también es clave para un buen descanso nocturno. Un niño que está excesivamente cansado por la noche por no haber descansado durante el día se traduce en un niño nervioso y alterado, tanto que puede costarle calmarse y dormirse.

Practicar el colecho también resulta muy beneficioso para el bebé, que concilia el sueño más fácilmente, se despierta menos veces y, en caso que la mamá haya optado por la lactancia materna, tiene el alimento más accesible y a su alcance. Dormir junto a tu bebé, además, mejorará el descanso de toda la familia y reducirá vuestros despertares, por lo que podréis reposar mejor.

Una buena manera de practicar el colecho de forma segura es hacerlo en una cuna anexa a la cama, como la Next2Me de Chicco, que cuenta con paredes envolventes para que el bebé se sienta protegido y un lateral abatible que permite estar muy cerca del bebé, facilitando la lactancia materna al poder darle el pecho casi sin moverte de la cama.

El sueño del bebé es uno de los temas que más preocupa a los padres. Entender cómo funciona y qué se puede hacer es clave para tener paciencia y tratar de buscar soluciones que faciliten el descanso del bebé y sus papás.

En Momentos Chicco

Fotos | iStock: AGrigorjeva / Ondrooo / FamVeld

Источник: https://www.bebesymas.com/momentoschicco/como-evoluciona-el-sueno-de-los-bebes-y-por-que-es-importante-saberlo

Evolución del sueño infantil

Evolución del sueño infantil

Los recién nacidos duermen hasta 20 horas al día. El porcentaje de sueño REM es mayor que en el adulto y pasa del estado de vigilia al REM, sin pasar por los estadios de sueño No REM.

En estos primeros meses duerme unos 5 o 6 periodos al día de 3 o 4 horas cada uno. Obviamente, esto dependerá de si es más o menos dormilón o tragón, pero son unas pautas bastante generalizadas.

Son caóticos, lo que significa que duermen cuando quieren, aún no tienen unos horarios establecidos. Aun así, suelen dormir más tiempo seguido de noche y hacer siestas más cortas de día.

El sueño en bebés de 3 a 6 meses

El sueño se vuelve más predecible y ya sigue unos horarios. Duerme unas 15 horas, 10 de noche y las otras 5 repartidas en varias siestas diurnas. Sus horarios son más o menos despertarse entre las 6 y las 8, acostarse entre las 8 y las 9 y dormir una siesta por la mañana y dos por la tarde. Por la noche ya pueden dormir entre 7 y 8 horas seguidas.

Distinguen el día de la noche y ya no se duermen en fase REM, pasan por la fase NoREM. El sueño del principio es más ligero y por eso pueden despertarse al pasar del sueño ligero al profundo.

Gradualmente van adquiriendo las otras dos fases de sueño hasta tener las 4 fases de sueño que tienen los adultos.

El sueño en bebés de 6 a 9 meses

Es una etapa de gran desarrollo. El niño comprende que la gente y los objetos que no ve siguen existiendo aunque no estén en su presencia.

El sueño total está entre 13 y 15 horas. Duerme más horas seguidas por la noche, puede llegar a dormir 10 u 11 horas del tirón, pero duerme menos de día.

Es común, sobre todo en torno al octavo mes, volver a oír llantos por la noche. Son llantos de angustia porque, al despertarse tras un sueño, se encuentra solo. Bastará con veros para que se calme y se vuelva a dormir.

El sueño en bebés de 9 a 12 meses

Se reducen las siestas diarias, suele dormir una por la mañana y otra después de comer.

El sueño en bebés de 1 a 3 años

El sueño ya tiene todas sus fases, solo necesita que su cerebro madure para dormir igual que los adultos.

Duermen menos horas, en torno a 11 o 12, y con una sola siesta después de comer. Esta siesta será más o menos larga según lo dormilón que sea el pequeño.

Aparecen las pesadillas y los terrores nocturnos.

Aunque pueden dormir toda la noche del tirón, es habitual que se despierten y busquen a sus padres si tienen sed, les duele algo o, simplemente, tienen miedo. 

El sueño en niños de 3 a 5 años

El sueño ya es igual que el de los adultos. Además, los niños son perfectamente capaces de dormirse solos.

A menos que les pase algo, duermen toda la noche del tirón, excepto aquellos niños que sufren terrores nocturnos o episodios de sonambulismo, algo muy habitual a esta edad que suele desparecer solo con el tiempo.

La mayoría ha empezado el colegio y sus nuevos horarios no les permiten dormir siesta después de comer más que los fines de semana, aunque al no estar ya acostumbrados es raro que lo hagan.

Duermen unas 11 o 12 horas por la noche.

El sueño en niños de 6 a 10 años

A esta edad deberían dormir entre 10 y 11 horas, peros los estudios muestran que la mayoría de estos niños duerme menos horas de las que deberían: se quedan hasta tarde viendo la tele, jugando a la consola… Aunque cueste, hay que conseguir que se vayan a la cama a una hora prudencial para que estén descansados por la mañana y rindan mejor en el colegio.

Además, existen hasta un 20% de niños que presenta diferentes problemas de sueño que, en muchos casos, tiene que ser tratados por un especialista.

El sueño en la adolescencia

En esta etapa de la vida se produce una disminución del sueño de ondas lentas (estadios 3 y 4 del NoREM).

A esta edad hay que dormir unas 9 horas, lo cual pocos adolescentes hacen ya que suelen acostarse muy tarde.

Foto: freedigitalphotos.net

Sonambulismo

Definición:

Trastorno del sueño caracterizado por el hecho de caminar o de realizar otra actividad de forma casi inconsciente. Afecta principalmente a niños de entre 6 y 12 años de edad.

Caminar dormido suele ocurrir en la fase de sueño profundo, durante las primeras horas de la noche o cercano a la hora de despertarse.

Puede estar relacionado con la fatiga, la pérdida previa de sueño, ansiedad o fiebre.

Síntomas:

Ojos abiertos durante el sueño, expresión facial ausente, erguirse y parecer despierto, hablar de forma incomprensible y sin sentido, caminar estando dormido, no recordar el episodio y mostrar confusión y desorientación al despertar.

Tratamiento:

No requiere un tratamiento específico porque suele desaparecer por sí solo. Si persiste o va acompañado de otros síntomas sería necesario consultárselo a un especialista.

En caso de tener un familiar sonámbulo, es necesario cambiar la ubicación de los objetos para evitarle cualquier peligro en caso de que se desplace. Tiene que evitar el consumo de alcohol y de sustancias depresoras.

Debe evitar la fatiga, el estrés y la ansiedad.

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Embarazo saludable
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