¿Hasta qué edad es la niñez?

¿Qué es la infancia?

¿Hasta qué edad es la niñez?

La infancia es un período de tiempo que abarca desde el momento del nacimiento de una persona hasta el comienzo de su pubertad.

Definición de infancia

A pesar del hecho de que dichos plazos se consideran de forma individual, ya que no hay una edad precisa para el inicio de la pubertad, la infancia dura aproximadamente de 11 – 14 años.

En la infancia, una persona atraviesa etapas muy importantes de desarrollo mental y físico, las más mínimas alteraciones en las que a menudo conducen a problemas psicológicos y fisiológicos en la edad adulta.

La infancia de una persona cubre aproximadamente el 10% de toda su vida. A pesar de que la personalidad del niño aún no se ha formado, en estado puro ya se puede tener una idea primaria de su carácter y temperamento.

Periodos de la infancia

La infancia se divide en cuatro períodos principales:

  1. Infancia (desde el primer día de vida hasta un año).
  2. Infancia temprana (niños de 1 año a 3 años).
  3. Edad preescolar (de 3 años a 7 años).
  4. Edad escolar primaria (de 7 años a 11 años).

Lo maravilloso de la infancia

La infancia es un momento maravilloso para muchas personas. Ya que este es un período en el que al niño se le protege de todas las preocupaciones de los adultos. Un pequeño se divierte con cosas muy sencillas: jugando con muñecas, coches o a las escondidas y experimenta una alegría sincera al jugar con otros niños. Todo esto se deja de lado en la mente de cada persona.

Durante la infancia, cuando los niños no enfrentan la crueldad e injusticia del mundo que los rodea, estos pueden tratar a las personas sinceramente sin ponerse las máscaras sociales. Por eso, el recuerdo de los momentos maravillosos de la infancia debe preservarse cuidadosamente durante toda la vida.

Diferencia entre adultos y niños

Entre adultos y niños, existen grandes diferencias de naturaleza social, fisiológica y psicológica.

  • La fisiología de los niños es significativamente diferente a la de un adulto, las hormonas que se producen en los adultos aun no son generadas en niños, conduciendo a una diferencia en el crecimiento de la estructura del cuerpo.
  • Los niños no son capaces de mostrar las emociones que muestra un adulto. Un ejemplo de ello es la ira, este sentimiento en adultos siempre se justifica por razones objetivas o subjetivas, mientras que en los niños este sentimiento no está justificado y lo considera parte del juego.
  • Un niño, a diferencia de un adulto, no puede garantizar independientemente su existencia.
  • Un adulto toma decisiones y asume la responsabilidad de su implementación. El niño no puede tomar decisiones independientes.
  • Los adultos están dotados de derechos civiles y también tienen responsabilidades con la sociedad y el estado. Los derechos del niño están determinados por los organismos estatales pertinentes y las organizaciones internacionales.
  • Los adultos asumen la responsabilidad del niño: la organización de su vida, la protección de los derechos y las libertades.

Necesidades básicas en la infancia  

  1. El niño necesita seguridad, protección y confiabilidad en las relaciones familiares. Solo puede experimentar esto si el matrimonio de sus padres es bueno, es decir, si hay una relación dialógica entre la pareja, si se aman, se respetan y si crecen juntos.
  2. El niño necesitapadres que estén contentos con sus vidas.

    Se desarrolla mejor cuando los adultos se aceptan a sí mismos en sus roles de padres, profesionales, amas de casa, etc., equilibrando las diferentes áreas de la vida y, por lo tanto, están allí para el niño sin estar estresados e insatisfechos.

  3. El niño necesitapadres que actúen como modelos positivos.

    Requiere que los padres se comuniquen abiertamente en la familia, se relacionen entre sí y con los niños en sociedad, practiquen un comportamiento positivo de resolución de problemas, conflictos y asuman el liderazgo de la familia.

  4. El niño necesitapadres a los que les guste brindar su atención y que estén interesados ​​en su persona.

    Los padres deben aceptarlo como persona, respetar sus sentimientos y no usarlo para satisfacer sus propias necesidades o abusar de él como compañero sustituto, es importante que demuestren comprensión y empatía por ellos, así que es necesario tratar de entender lo que dicen y hacen para conocer su perspectiva.

  5. El niño necesitapadres que le dediquen tiempo. Este no debe usarse para hacer del niño un objeto educativo. Para los niños pequeños en particular, el juego es la forma apropiada de aprendizaje. Es importante que puedan tener un desarrollo holístico, de modo que no estén malcriados, sobreprotegidos o descuidados.
  6. El niño necesita un alcance de acción que se expande gradualmente. Solo cuando lentamente tiene que asumir más y más responsabilidad por su comportamiento y decisiones, puede volverse independiente y madurar con el tiempo. Los padres tienen que aprender a dejar ir y promover gradualmente su desapego.

La infancia es parte de las primeras etapas de desarrollo de la persona, que influyen en lo que será como adulto, por ello requiere de una atención dedicada por parte de los padres o cuidadores que acompañan al niño para que puedan tener un crecimiento saludable.

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Cuándo empieza y termina la adolescencia

¿Hasta qué edad es la niñez?

Según Unicef, son adolescentes las personas que tienen entre 10 y 19 años. Desde un punto de vista biológico la adolescencia coincide, aproximadamente, con la pubertad, etapa en la que los seres humanos experimentamos importantes cambios fisiológicos, principalmente a nivel sexual y cognitivo.

Sin embargo, la adolescencia no puede definirse solo por los procesos de maduración biológica. Tiene, además, una dimensión social y cultural de la que depende la atribución de significados, conductas y expectativas a esta etapa de la vida, que varían según sociedades y épocas.

La adolescencia es un periodo que incluye la niñez y su superación. La Convención sobre los Derechos del Niño (NN.UU., 1989) define niño como “toda persona menor de dieciocho años” (art. 1). Entre los 10 y los 17 años somos niños y, al mismo tiempo, adolescentes; pero, entre los 18 y los 19, ya no somos niños, aunque sigamos siendo adolescentes.

No hay un único consenso acerca de los límites de la adolescencia; si bien es cierto que la mayoría de las fuentes institucionales y profesionales coinciden en que su inicio se haya entre los 10 y los 11 años, existen importantes diferencias respecto a su finalización, sus etapas y el rango de edades que definen cada una de ellas.

Las tres etapas

Se suelen distinguir tres etapas:

  1. La adolescencia temprana o inicial, que comienza a los 10-11 años. Unos sitúan su final a los 13 y otros la prolongan hasta los 14-15 años.

  2. La adolescencia media, que hay quien llama tardía, que para unos comienza a los 14 y para otros a los 15-16 años. Y para unos llega hasta los 17 y para otros hasta los 18-19 años.

    Como hemos dicho, instituciones internacionales como Unicef, pero también la OMS, fijan a los 19 años el final de la adolescencia. Reputados pedagogos como José Antonio Marina –El talento de los adolescentes.

    Barcelona, Ariel, 2017, 41– proponen que el fin de la adolescencia se haga coincidir con el inicio de la mayoría de edad a los 18 años (opinión que, al parecer, coincide con la de la mayoría de los jóvenes).

  3. La adolescencia tardía, que otros llaman “post-adolescencia”. Para unos comienza a los 18 años y para otros a los 20, prolongándose de manera difusa hasta los 21 o más años y solapándose con lo que también algunos llaman “juventud plena”, alrededor de los 24 años.

Es normal que estos criterios sean un tanto convencionales e imprecisos. Debe tenerse en cuenta que los procesos de maduración biológica no son iguales en todas las personas. Tampoco lo son los procesos de maduración psicosocial, con diferencias según las particularidades de los individuos, a su vez condicionados por las características de las sociedades en las que se desarrollan.

Delimitar y caracterizar a la adolescencia no es un problema menor, pues de ello dependen expectativas y prácticas sociales muy diversas.

Por ejemplo, en el ámbito del marketing hay una constante preocupación por categorizar a las nuevas generaciones (Millennials, Generación Y, Z, etc.).

Pero también los contenidos de las políticas públicas (educación, empleo, salud, vivienda, etc.) dependen de cómo se defina y conceptualice a la adolescencia.

¿Son inmaduros y problemáticos?

Un aspecto que interesa discutir es la asociación entre adolescencia, inmadurez y problematicidad. En general, la adolescencia es percibida por las personas adultas como un periodo problemático, debido a que los chicos y las chicas están expuestos a mayores riesgos por la contradicción entre sus aspiraciones de autonomía, su evolución afectivo-sexual y su inmadurez psicosocial.

La palabra “adolescente” guarda relación con el verbo “adolecer”, que significa experimentar dolencias y/o padecer algún defecto. El punto de partida lingüístico denota una fuerte negatividad respecto a la condición adolescente, alimentada a su vez por el trato sensacionalista que suele recibir de los medios de comunicación.

No hay madurez hasta más allá de los 25 años

Desde el punto de vista biológico hay procesos madurativos que tendrán su recorrido bastante más allá incluso de la mayoría de edad legal.

Por ejemplo, un famoso estudio dirigido por el neuropediatra Jay Giedd descubrió que las áreas del cerebro de las que dependen nuestros juicios racionales y una ponderación más ajustada a la realidad en términos de costes y beneficios, objetivos y riesgos alcanzan su madurez a lo largo de la veintena, antes en las mujeres que en los hombres. Otros expertos afirman que la madurez psicosocial no se alcanza hasta los 27 años.

Esto no inhibe a las sociedades para que, culturalmente, establezcan hitos progresivos de madurez psicosocial. En América Latina es habitual realizar a los 15 años rituales de transición hacia la edad adulta.

En España, tanto la edad laboral como la de consentimiento sexual se han establecido a los 16 años; y la edad penal se establece a partir de los 14 años con diferencias de tratamiento según si es menor o mayor de 16.

También los sistemas educativos establecen una segmentación del itinerario escolar según rangos de edades que presuponen determinados niveles de madurez.

La adolescencia no es, por supuesto, una etapa de la vida exenta de problemas. Sin embargo, la realidad confirma solo en parte la asociación entre adolescencia, inmadurez y problematicidad. Hay muchas adolescencias, al igual que las personas adultas somos también muy diversas y no dejamos de evolucionar en muchos aspectos a lo largo de toda la vida.

Por otra parte, conviene preguntarse qué significa ser una “persona adulta” ¿Se supone que es responsable, juiciosa, tiene autocontrol emocional, es autónoma y asume siempre responsabilidades y compromisos? ¿De verdad todas las personas adultas que conocemos, incluidos nosotros mismos, responden a esta idea de la “adultez”?

Una etapa de gran potencial de desarrollo

La neurociencia puede ayudar a plantear de otro modo la relación entre adolescencia, inmadurez y problematicidad. Si bien es cierto que hay procesos biológicos inconclusos también se verifica que, biológicamente, en este periodo de la vida existe un gran potencial para el desarrollo de muchas capacidades del ser humano.

Conviene entonces sustituir la idea de déficit por la de potencialidad y asumir que el desarrollo de ese potencial requiere determinadas condiciones que incluyen, necesariamente, un cierto grado de problematicidad.

La adolescencia es un periodo de la vida en el que cuerpo y mente piden autonomía, explorar límites, trascender fronteras, tomar decisiones y asumir riesgos y responsabilidades. Nada de esto está exento de problemas. Al mismo tiempo, se necesitan oportunidades y condiciones sociales que lo faciliten. Y, por supuesto, límites, barreras de contención y colchones amortiguadores.

Los problemas de la adolescencia tienen su causa más en los déficits de la sociedad adulta, en lo que no queremos o no sabemos aportar, que en la inmadurez de los jóvenes.

Pensar en positivo

Apostemos por la adolescencia en positivo, poniendo más esperanza y altas expectativas en el talento y las capacidades creadoras de las y los jóvenes. Para eso hay que estar cerca, pero sin invadir sus espacios; saber escuchar y no precipitarse en aconsejar y prohibir, aunque sea imprescindible dejar claras ciertas normas y límites fundamentales, mucho mejor si es con su participación.

Este camino exige recursos que debemos aportar las personas adultas –en diálogo y colaboración con las personas jóvenes– en forma de actitudes desprejuiciadas, educación, formación profesional, sabiduría existencial y condiciones materiales de vida a través del empleo, la vivienda y las ayudas sociales.

Las edades adolescentes configuran una privilegiada etapa biológica y social generadora de oportunidades y nuevos horizontes. Algo bueno está ocurriendo cuando centenares de miles de jóvenes discuten, se manifiestan y proponen soluciones para mejorar este mundo al borde del colapso que sus mayores les vamos a dejar en herencia. ¿Quiénes son los inmaduros?

Источник: https://theconversation.com/cuando-empieza-y-termina-la-adolescencia-119553

Las 6 etapas de la infancia (desarrollo físico y psíquico)

¿Hasta qué edad es la niñez?

La infancia es la etapa de la vida que va desde el nacimiento hasta la juventud. Ahora bien, dentro de esta fase también hay diferentes momentos que marcan los ritmos del desarrollo del niño o niña, tanto en lo físico como en lo psicológico.

Es por eso que es posible distinguir entre diferentes etapas de la infancia. Esta es una clasificación que tanto los psicólogos como los profesionales de la salud en general tienen mucho en cuenta para entender cómo piensan, sienten y actúan los seres humanos cuando pasan por sus primeros años de vida.

Las etapas de la infancia

A continuación daremos un breve repaso a estas etapas de la infancia y a los cambios físicos y mentales que se producen en el paso de una a otra.

Sin embargo, hay que tener presente que los límites entre estas fases son difusos y no se producen siempre del mismo modo; cada niño y niña es un mundo.

En todo caso, en todas estas etapas de la infancia se aprecia un desarrollo que va del procesamiento de la información relativa a los sentidos y al presente, a la comprensión de conceptos abstractos que trascienden el aquí y el ahora.

A no ser que esté presente alguna condición genética o médica, este desarrollo se producirá de manera natural si el ambiente de crianza es propicio.

Por otro lado, esta clasificación asume que los pequeños pasan por un proceso de educación formal en centros escolares; si bien esto no siempre es así, la evolución del sistema nervioso de los niños y niñas se da de manera similar en todas las sociedades y culturas.

1. Período intrauterino

Aunque se considera que la infancia empieza en el momento de nacer, en ocasiones se asume que puede empezar antes, especialmente en los casos de parto prematuro. Esta fase incluye el periodo fetal precoz y el tardío, e involucra procesos de rápida formación y perfeccionamiento de los sentidos.

Hay que tener presente que, aunque en esta etapa se depende totalmente de los demás, ya se producen los principales aprendizajes, especialmente a través del oído. Sin embargo, estos están sujetos a un tipo de memorización muy simple y básico. Por ejemplo, en esta etapa las áreas del cerebro que se ocupan de dar base a la memoria autobiográfica aún no se han desarrollado.

Esta etapa de la vida se caracteriza por el hecho de que ni las estructuras biológicas del organismo han madurado, ni el niño o niña ha tenido la oportunidad de aprender a partir de la inmersión en un ambiente social y sensorialmente estimulante.

2. Período neonatal

Esta fase de la infancia se inicia en el nacimiento y finaliza, aproximadamente, al final del primer mes.

En el período neonatal los bebés aprenden las principales regularidades del mundo que les rodea y se establece la comunicación más directa con otros seres humanos, si bien aún no se está en condiciones de entender el concepto del «yo» y «tú» ya que aún no se domina el lenguaje.

Además, ya desde los primeros días los bebés muestran una asombrosa facilidad para distinguir fonemas y, de hecho, son capaces de discriminar diferentes idiomas por cómo suenan. Esta es una habilidad que se va perdiendo en los primeros meses de vida.

Por lo que respecta a los cambios físicos, en esta etapa de la infancia se empieza a producir el crecimiento de todo el cuerpo menos de la cabeza. Además, en esta fase se es muy vulnerable, y la muerte súbita es mucha más frecuente en este espacio de tiempo.

3. Período postneonatal o lactante

Esta sigue siendo una de las etapas de la infancia más tempranas, pero en este caso, a diferencia de la etapa anterior, los cambios físicos y psicológicos son más fáciles de notar, dado que hay más cambios cualitativos en el comportamiento.

En la etapa lactante se empieza a desarrollar una musculatura suficiente para mantener una postura erguida y, además, hacia los 6 meses se empieza a emitir balbuceos y falsas palabras. Además, se aprende a coordinar partes del cuerpo para que sea sencillo moverlos a la vez con precisión (desarrollo motor fino).

Por supuesto, la lactancia es un elemento muy importante en esta fase del crecimiento, ya que proporciona tanto alimento como un canal de comunicación con la madre que permite que se estrechen lazos afectivos.

4. Período de la primera infancia

La primera infancia va del primer al tercer año de edad, y coincide aproximadamente con la etapa en la que los niños y las niñas asisten a la guardería.

Aquí ya se empieza a controlar el uso del lenguaje propiamente dicho, aunque al principio es un lenguaje telegráfico con palabras sueltas y más tarde se gana la capacidad de formular frases simples con incorrecciones como la generalización (llamar «gato» a un perro, por ejemplo).

Por otro lado, en esta fase se empieza a ganar el control de los esfínteres y se muestra una fuerte voluntad de explorar y descubrir cosas; según Jean Piaget, esta curiosidad era justamente, el motor del aprendizaje.

Además, en esta etapa el pensamiento es fundamentalmente egocéntrico en el sentido de que cuesta mucho imaginarse lo que piensan o creen los demás.

Eso no significa que los niños y niñas quieran hacer daño a los demás, sino que su atención se centra en conceptos que hacen referencia a uno mismo, dado que son los más fáciles de comprender y de relacionar con las experiencias sensoriales.

En cuanto a los cambios físicos, el tamaño del torno y de las extremidades sigue creciendo, y la diferencia de tamaño entre la cabeza y el resto del cuerpo se reduce, aunque este desarrollo es más lento que en las etapas anteriores.

5. Período preescolar

El período preescolar va de los 3 a los 6 años.

Esta es la etapa de la infancia en la que se gana la capacidad de la Teoría de la Mente, es decir, la habilidad de atribuir intenciones, creencias y motivaciones únicas (que sean distintas de las propias ) a los demás. Esta nueva capacidad enriquece mucho las relaciones sociales, aunque también permite que la mentira resulte más útil y eficaz como recurso.

Además, aquí su capacidad para pensar en términos abstractos se desarrolla más, en parte por la mielinización de su cerebro y en parte porque empiezan a tratar habitualmente con comunidades amplias que no son únicamente el padre y la madre.

Por un lado, la mielinización hace que más partes del cerebro estén conectadas entre sí, lo cual permite que se creen conceptos más abstractos a partir de la combinación de ideas de muchos tipos, y por el otro el enriquecimiento del tipo de interacciones a las que el niño o niña se somete hace que sus capacidades cognitivas aprendan a desenvolverse en tareas más complejas.

En esta fase se empieza a llegar a pactos, a negociar y a buscar dar una imagen concreta. Al final de esta, muchas veces se empieza a tratar de ajustar el propio comportamiento a los roles de género, y los casos de disforia de género aparecen con frecuencia a lo largo de esta etapa.

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6. Período escolar

El período escolar es la última etapa de la infancia y la que da paso a la adolescencia. Va de los 6 a los 12 años y en esta fase la capacidad de pensar en términos abstractos y matemáticos se desarrolla mucho, aunque no llega a su máximo.

Esto es debido a que la mielinización del cerebro sigue su curso (y no se ralentizará hasta la tercera década de vida).

Los lóbulos frontales empiezan a estar mejor conectado con otras partes del encéfalo, y esto facilita un mejor dominio de las funciones ejecutivas como la gestión de la atención y la toma de decisiones siguiendo estrategias consistentes.

Además, en la etapa escolar la imagen que se da empieza a tener aún más importancia, y se trata de ganar la amistad de quienes se considera importantes.

El círculo social ajeno a la familia empieza a ser uno de los factores que configuran la identidad de los niños y niñas, y esto hace que las normas familiares empiecen a ser quebrantadas con frecuencia y teniendo consciencia de ello.

Es en parte esto lo que hace que en esta etapa de la infancia se empiece a ser vulnerable a las adicciones, que pueden llegar a dejar alteraciones significativas en el cerebro, como en el caso del consumo del alcohol que en muchos casos empieza con la pubertad al inicio de la adolescencia.

La impulsividad también suele ser una característica de esta etapa, así como la propensión a preferir metas a corto plazo que aquellas que se encuentran muy alejadas en el futuro.

Al final del período escolar el cuerpo empieza a manifestar las señales de la pubertad, marcado por los cambios de voz en los varones y el crecimiento de los senos en las jóvenes, entre otras cosas.

Referencias bibliográficas

  • Berk, L. E. (2012). Infants and children: Prenatal through middle childhood (7 ed.). Allyn & Bacon.
  • Cantero, M.P. (2011). Historia Y Conceptos De La Psicología Del Desarrollo. Psicología Del Desarrollo Humano. Club Universitario.
  • Cromdal, J. (2009). Childhood and social interaction in everyday life: Introduction to the special issue. Journal of Pragmatics. 41 (8): 1473–76.
  • Demetriou, A. (1998). Cognitive development. En A. Demetriou, W. Doise, K.F.M. van Lieshout (Eds.), Life-span developmental psychology (pp. 179–269). Londres: Wiley.
  • Howard C. (2008). Howard C. (2008). Children at Play: An American History. Nueva York: NYU Press.
  • Taylor, L.C., Clayton, Jennifer D., Rowley, S.J. (2004). Academic Socialization: Understanding Parental Influences on Children's School-Related Development in the Early Years. Review of General Psychology. 8 (3): 163–178.

Источник: https://psicologiaymente.com/desarrollo/etapas-infancia

Niñez intermedia (9 a 11 años)

¿Hasta qué edad es la niñez?

Es probable que su hijo muestre ya claras señales de una creciente independencia de la familia y un mayor interés en los amigos.

Tener buenas amistades es muy importante para el desarrollo de su hijo; sin embargo, la presión de sus pares puede ser muy fuerte en esta etapa.

Los niños que se sienten bien consigo mismos son más capaces de resistir la presión negativa de los pares y toman mejores decisiones por sí mismos.

En esta etapa de su vida, es importante que los niños adquieran el sentido de la responsabilidad mientras van desarrollando su independencia. También podrían comenzar los cambios físicos de la pubertad, especialmente en las niñas. Otro cambio significativo para el cual los niños deben prepararse a esta edad es el comienzo de la escuela secundaria media (middle school).

Los siguientes son algunos aspectos del desarrollo en la niñez intermedia:

Cambios emocionales y sociales

Los niños a esta edad:

  • Establecen amistades y relaciones más fuertes y complejas con sus amigos o pares. A nivel emocional, es cada vez más importante tener amigos, especialmente los de su mismo sexo.
  • Sienten más la presión de sus pares.
  • Están más conscientes de su cuerpo a medida que se acerca la pubertad. A esta edad comienzan a surgir problemas con la imagen que tienen de su cuerpo y la alimentación.

Razonamiento y aprendizaje

Los niños a esta edad:

  • Enfrentan mayores retos académicos en la escuela.
  • Se vuelven más independientes de la familia.
  • Comienzan a entender más el punto de vista de los otros.
  • Aumentan su capacidad de atención.

Estas son algunas cosas que usted, como padre, puede hacer para ayudar a su hijo en esta etapa:

  • Dedíquele tiempo a su hijo. Hable con él de sus amigos, sus logros y los retos que deberá enfrentar.
  • Involúcrese en la escuela de su hijo. Asista a los eventos escolares; reúnase con sus maestros.
  • Motive a su hijo, tanto en la escuela como en la comunidad, a participar en actividades de grupo como algún deporte, o a que realice trabajo voluntario.
  • Ayúdelo a desarrollar su propio sentido de lo correcto y lo incorrecto.

    Hable con él acerca de las cosas peligrosas que sus amigos lo pueden presionar para que haga, como fumar o actividades físicas riesgosas.

  • Ayúdelo a desarrollar el sentido de la responsabilidad, asígnele tareas en la casa, como limpiar o cocinar. Hablen sobre el ahorro y enséñele a no malgastar el dinero.

  • Conozca a las familias de los amigos de su hijo.
  • Hable con su hijo sobre el respeto hacia los demás. Anímelo a ayudar a las personas necesitadas. Hable con él sobre qué hacer si alguien se comporta de manera descortés u ofensiva.
  • Ayude a su hijo a establecer sus propios objetivos.

    Anímelo a hablar de las habilidades y destrezas que le gustaría tener y de cómo adquirirlas.

  • Establezca reglas claras y respételas. Hable con su hijo de lo que espera de él (de su comportamiento) cuando no esté bajo la supervisión de adultos.

    Si usted explica la razón de las reglas, su hijo podrá saber qué hacer en la mayoría de los casos.

  • Utilice la disciplina para guiarlo y protegerlo, en lugar de usar castigos que lo hagan sentirse mal consigo mismo.
  • Cuando lo elogie, hágalo pensar en sus logros.

    Decirle “debes estar orgulloso de ti” en lugar de “estoy orgulloso de ti” puede animarlo a que tome buenas decisiones cuando no tenga a nadie que lo elogie.

  • Hable con su hijo sobre los cambios físicos y emocionales normales de la pubertad.
  • Anímelo a leer todos los días. Hable con él sobre sus tareas.
  • Sea afectuoso y honesto con su hijo, y hagan cosas en familia.

La seguridad de los hijos es lo primero

Al tener más independencia y menos supervisión de un adulto, los niños corren más riesgo de sufrir lesiones por caídas y otros accidentes. Estos son algunos consejos para ayudar a proteger a su hijo:

  • Proteja a su hijo cuando viaje en automóvil. La Administración Nacional de Seguridad Vial recomienda que el niño use la sillita de seguridad elevada en el automóvil hasta que alcance el tamaño adecuado para que le ajuste bien el cinturón de seguridad del vehículo. Recuerde que su hijo debe seguir viajando en el asiento de atrás hasta que cumpla los 12 años, ya que es lo más seguro para él. Los accidentes automovilísticos son la causa más común de muerte por lesión accidental entre los niños de esta edad.
  • Esté al tanto de dónde está su hijo y si habrá adultos presentes en ese lugar. Pónganse de acuerdo sobre cuándo lo debe llamar, dónde puede encontrarlo y a qué hora espera que regrese a su casa.
  • Asegúrese de que su hijo use un casco para andar en bicicleta, en patineta o en patines; al andar en motocicleta, trineo o un vehículo todoterreno; o para practicar deportes de contacto.
  • Muchos niños llegan a casa de la escuela antes de que sus padres vuelvan del trabajo. Es importante establecer reglas y planes claros que guíen a su hijo cuando esté solo en casa.

Cuerpos saludables

  • Ofrézcale a su hijo una variedad de frutas y verduras; limite los alimentos altos en grasas sólidas, azúcar agregada o sal, y prepare alimentos saludables para las comidas en familia.
  • No coloque televisores en la habitación de su hijo.

    Limite el tiempo que su hijo pasa frente a la pantalla, como cuando está frente a la computadora o juega videojuegos, a no más de 1 o 2 horas al día.

  • Anime a su hijo a que haga una hora diaria de actividad física que sea adecuada para su edad, que disfrute y que sea variada.

    Asegúrese de que su hijo haga por lo menos tres veces a la semana tres tipos de actividad: aeróbica, como correr; de fortalecimiento muscular, como escalar; y de fortalecimiento de los huesos, como saltar la cuerda.

  • Asegúrese que su hijo duerma la cantidad recomendada cada noche.

    Niños de 6 a 12 años: de 9 a 12 horas cada 24 horas.

Источник: https://www.cdc.gov/ncbddd/spanish/childdevelopment/positiveparenting/middle2.html

Embarazo saludable
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