Hermanos enfadados

La rivalidad entre hermanos

Hermanos enfadados

La rivalidad y competencia fraterna es uno de los temas más analizados en los sistemas familiares, además de la pareja y la familia en general. Si bien es un tema observado y desarrollado en psicoterapia, y muy hablado por las personas, en general poco se ha escrito al respecto y tampoco se ha investigado lo suficiente en términos de literatura científica.

La mayoría de los autores coincide en que hay dos sentimientos que constituyen el motor de la disputa en los juegos relacionales que mayormente se desarrollan entre los hermanos: la envidia y los celos.

En las discusiones y otras beligerancias que se desenvuelven en la fratría, se generan diferentes situaciones conflictivas que se expresan a través del enfado, los gritos, los insultos, el rechazo explosivo, entre otros. Estas dinámicas, también llevan a diferentes triangulaciones con los padres que son involucrados, conformando diversas coaliciones, alianzas y diversos tipos de juegos relacionales problemáticos. Profundicemos.

La trampa de los estereotipos y las generalizaciones

Cuando se habla de la competencia entre hermanos, se cae en el estereotipo de analizar el orden de la secuencia de hermanos.

Así, se habla del hijo mayor, el que sufre las consecuencias de los errores de padres sin experiencia y se le caracteriza como una figura en la que recae demasiada responsabilidad y exigencia; sobre todo por la idea de que tiene que dar el ejemplo a sus hermanos, cuando no se los dejan a su cuidado.

En cambio, cuando se describe al hijo del medio, se indica que pivota entre el hermano mayor y los más pequeños. Se encuentra con la predilección del padre y la madre por el hermano mayor y la sobreprotección que ejercen con el menor, razón por la cual el hijo del medio queda anulado y desvalorizado, con pocas posibilidades de salir adelante y crecer.

Por último, el hijo más pequeño, quien siempre es el sobreprotegido de los padres y de los hermanos mayores, nunca consigue que se le tome como un adulto a pesar de haber crecido. Siempre se le tomará como el Josecito, Carlitos, Juanito, etc., es decir, con un diminutivo que selle en su nombre la imagen del inmaduro.

Estos estereotipos son productos de una lectura muy superficial del juego interaccional de los hermanos. Por tanto, son una interpretación parcial o absolutamente ineficiente.

En principio, porque cada familia es un universo de significados y tiene sus particularidades, cultura, creencias, valores, reglas, ideas, forma de afrontar las situaciones, estilo comunicacional y formas de manifestar afecto.

Entonces, son muy relativas las interpretaciones que se hacen de cada hermano de acuerdo a su secuencia de nacimiento y no conducen a buenos resultados.

Los padres no son los mismos con todos sus hijos

Por otra parte, hay que tener en cuenta que los padres no son los mismos con cada uno de los hijos.

Si bien conservan la identidad a lo largo de los años, los ciclos evolutivos, las experiencias de vida, la convivencia en matrimonio y en familia, traen aparejados diferentes formas de pensar y de sentir, razones por la que la crianza que se desarrolla con cada uno de los hijos tiene una arista similar, pero con bastantes diferencias.

Los padres no son los mismos con el hijo mayor ni con el hijo del medio ni con los menores.

Muchos de ellos han pasado la prueba de ser padres primerizos y posiblemente el mayor ha pagado el precio de la inexperiencia, con lo cual la crianza hacia el resto de hijos cuenta con actitudes más flexibles o simplemente diferentes. Sea como fuere, la crianza de cada hijo es un evento absolutamente particular único e incomparable.

Tengamos en cuenta que un hijo mayor crece durante un determinado periodo de tiempo solo con sus padres, sin hermanos, mientras que el resto de los hijos crecen con padres compartidos con los hermanos.

Ni qué hablar si la familia ha cambiado de estatus económico; hay hijos que crecen con una serie de ventajas que otros no tienen y este hecho también define formas de pensar y actuar.

Las fantasías, las expectativas y la realidad sobre la relación entre hermanos

Muy a menudo los padres fantasean con que sus hijos van a ser afectuosos y responsables entre ellos, que van a ser amigos para toda la vida y que estarán unidos por siempre. Sin embargo, este escenario idealizado pocas veces se concreta.

Por ejemplo, este derrotero se observa en algunos niños de cara al nacimiento de un hermano. Conjuntamente con la ilusión amorosa, la alegría y la sorpresa del nacimiento del hermano, en paralelo se cuece a fuego lento una bronca que a veces se mantiene entre dientes y otras es claramente manifiesta.

Así, la rivalidad entre hermanos puede ser definida como un conjunto de emociones, pensamientos y comportamientos hostiles que experimentan algunos niños frente a alguno de sus hermanos y que emerge sobre una base dolorosa y angustiante.

La presencia de rivalidad fraternal implica siempre una forma particular de sufrimiento que puede expresarse de múltiples modos, algunos más enmascarados y otros más evidentes o alevosos. Desde agresiones y violencia, intolerancia, irritabilidad, explosividad fácil o descalificaciones de los logros del otro hasta comportamientos para atraer la preferencia de los padres.

La rivalidad entre hermanos: entre los celos y la envidia

Es factible que la rivalidad y la competencia entre hermanos se produzca a través de dos emocionalidades básicas: los celos y la envidia. Cada una de ellas compete a dos aspectos relacionales diferentes: mientras que en la envidia la relación es de dos personas, en los celos es un juego de tres.

En estas dinámicas, los juegos triangulares son fatídicos. Se establecen alianzas que se transforman en coalición contra un tercero. El famoso dos contra uno, en el que el tercero deberá soportar la segregación y descalificación de los otros dos: broncas, maltrato, insultos, manipulaciones, ironías, provocaciones, entre otras. Sin duda, un juego tóxico.

Muchas de las rivalidades entre hermanos se producen por la intermediación de los padres.

Algunos hijos sienten que los padres o específicamente el padre o la madre prefieren a alguno de sus hermanos.

Puede producirse este favoritismo y no necesariamente explícito, porque los padres siempre manifiestan que “los hijos son todos iguales”, en el intento de ser equitativos hasta en la nutrición afectiva.

Sin embargo, hay progenitores que muestran predilección por alguno de los hijos y esto favorece la rivalidad entre hermanos, quienes inician una disputa por el “cetro”. También estos triángulos se muestran a la inversa. Un hijo hipervalorado es dejado de lado por los padres porque “puede solo” y el foco de atención lo ocupa el hermano con dificultades.

En relación a esto, hace años asistió a mi consulta un adolescente que hablaba muy poco y por ello los padres decidieron que comenzara psicoterapia. En la primera sesión descubrí que tenía un hermano menor sordo que era el foco de atención de los padres, entre fonoaudiólogos, psicólogos, psicopedagogos, médicos, etc., este hermano robaba toda la atención de sus progenitores.

En cambio, él no tenía problemas, era un alumno brillante. El problema era que sus padres no se ocupaban de él…. hasta que enmudeció. Entonces el mudo comenzó a competir con el sordo por la atención de los padres.    

La envidia

Si hay algo que no respeta la envidia es la lejanía ni la cercanía afectiva. La envidia entre hermanos es doblemente una apuesta a esos sentimientos oscuros.

De cara a un hermano exitoso, el hermano envidioso desea poseer lo que logró su “adversario” o que le sucedan las cosas que ha conseguido su hermano: conquistar el trofeo, lograr el título, meter el gol en el partido, seducir a esa chica, etc.

Este sentimiento oscuro es detonado porque los logros y éxitos del hermano, le muestran al envidioso la propia incapacidad o aptitud para ese logro.

Entonces, este inicia una serie de descalificaciones al envidiado en el intento de destruirlo, porque tan minúsculo se siente, tan impotente frente al éxito del otro, que necesita socavarlo hasta reducirlo y “dejarlo de rodillas” para sentirse superior.

Pero la envidia no solo es codiciar lo que tienen los demás, cosa bastante natural (sobre todo cuando uno tiene poco de eso que se codicia), sino lo que más y mejor caracteriza a la verdadera envidia es el deseo de que, en este caso, el hermano envidiado no tenga lo que tiene, de que no sea real su éxito. Entendida de esta manera, es posible concluir que la envidia es la madre del resentimiento, un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor sino que le vaya peor.

En esta rivalidad de hermanos envidiado y envidioso, el envidioso se convierte en un satélite del envidiado y lleva por dentro su dolor, puesto que si lo hiciese explícito sería declarar su inferioridad.

Entonces aparecen descalificaciones, expresiones de broncas que no hacen foco en las cuestiones que envidia el envidioso, sino en otras situaciones que operan como gatillo para expresar la rabia acumulada. La escena se complica cuando los padres intermedian e inmediatamente caen en la trampa de la triangulación. 

Los celos

En la relación de rivalidad por celos, los hijos compiten por la posesión de los padres y esta posesión se traduce en la atención y el tiempo destinado a expresiones de cariño y aprobación.

Como hemos dicho, un ejemplo de relación de tres son los celos. Una relación de dos es interferida por un tercero real o imaginario, en el que uno de los dos se siente relegado porque cree que el otro se halla ligado a otra persona fuera de la dupla. Este juego genera angustia, agresiones culpas, broncas, desesperación y otros sentimientos contaminantes.

El hermano celoso delimita su percepción a evaluar las expresiones afectivas de los padres.

Desde su punto de vista, estas casi siempre serán aprobatorias para el hermano celado y deficitarias para él mismo.

Por otra parte, no ataca o cuestiona a los padres por su percepción de que ellos tienen predilección por otro hermano -sea fantasía o realidad-. En cambio, vuelca su resentimiento y bronca en el “hermano preferido”.

Una de las rivalidades prototípicas son los celos que siente el hijo que ha monopolizado el amor de sus progenitores, por el nacimiento de su hermano dado que, por una cuestión, entre otras razones, biológica el recién llegado necesitará mayores niveles de atención (alimentación, cuidados mayores, higiene, etc.) que tiene cualquier recién nacido.

Esa rivalidad por el afecto de los padres a partir del nacimiento de su hermano, puede expresarse de diferentes maneras a través de distintas formas conductuales. Muchos de estos hijos sienten culpa por estos sentimientos encontrados, en los que convive el amor por el nuevo hermano y la rabia porque “usurpó” su lugar.

La rivalidad, si es temporaria, es un efecto relacional esperable entre hermanos, el problema se produce si este juego se prolonga y se sistematiza en el tiempo, pues arman cuadros disfuncionales de difícil ruptura. 

Источник: https://lamenteesmaravillosa.com/la-rivalidad-entre-hermanos/

La psicología que explica por qué los hermanos se distancian cuando son adultos

Hermanos enfadados

El mundo (o al menos la parte que presta atención a la familia real británica) se quedó estupefacto cuando el príncipe Enrique y Meghan Markle, duques de Sussex, anunciaron que iban a dar un paso atrás como miembros de la realeza y con todo lo que ha venido después. La pareja manifestó que asumiría menos funciones, sin dejar de “apoyar completamente” a la reina Isabel II.

Para muchos espectadores —o al menos para los que tienen hermanos—, lo más importante era el drama humano en torno a esta historia. Aunque pocos puedan identificarse con la pompa y el rígido protocolo de la vida royal, muchos hemos experimentado el dolor inesperado de distanciarse de un hermano ya de adultos.

Últimamente se ha hablado mucho de que había tiranteces entre el príncipe Guillermo y el príncipe Enrique desde que este último se casó con Markle hace un año y medio. (El gélido lenguaje corporal de los hermanos en sus últimos encuentros —y la revelación de Enrique hace dos meses de que tenía “días buenos y días malos” con su hermano— alimentó aún más los rumores).

Ahora, Enrique —un hombre que ha tenido que soportar que lo llamen “el repuesto del heredero” a lo largo de sus 35 años de vida— quiere alejarse un paso más de la monarquía y forjar su propio camino con su nueva familia… una decisión que, aparentemente, Guillermo ha aceptado a regañadientes.

“Toda la vida he abrazado a mi hermano y ahora ya no puedo hacerlo; somos dos entidades separadas”, se supone que dijo Guillermo a un amigo cercano hace poco, según recoge The Sunday Times. “Eso me entristece”.

Cualquiera que haya visto crecer a los hermanos estará también un poco triste, como Guillermo. No hace falta que seas un monárquico acérrimo, ni siquiera fan de la familia real, para sentir algo de tristeza al ver que los hijos de la difunta princesa Diana han emprendido caminos por separado.

“Dado que todos seguimos la historia de su madre, creo que el relato que queremos ver es el de una amistad cercana y duradera entre los dos hermanos”, explica John Duffy, psicólogo clínico y autor de Parenting the New Teen in the Age of Anxiety. “Pero, por supuesto, son ellos los que toman sus decisiones”.

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La princesa Diana, con sus hijos.

Al fin y al cabo, son dos hombres adultos con personalidades distintas y cada uno con su propia familia.

Como tantos otros hermanos, puede que Enrique y Guillermo simplemente se hayan distanciado con el tiempo.

“Es algo muy frecuente entre hermanos”, asegura Duffy. “No siempre tiene que ver con una pelea, sino simplemente con distintas preferencias.

Con las familias con las que trabajo, siempre me sorprende lo diferentes que pueden ser los hermanos.

A menudo eligen distintos lugares de residencia, distintas ocupaciones, diferentes cualidades en sus parejas y prácticamente difieren en cualquier elemento de su estilo de vida”.

¿Pero por qué se producen tantas separaciones de hermanos? Duffy y otros psicólogos de familias explican a continuación cómo afecta un tratamiento preferente a uno de los hermanos por parte de los padres, qué hace la historia de Guillermo y Harry tan común y cómo se pueden gestionar las cosas si tú también te has distanciado de tu hermano.

Esperar que dos adultos mantengan la misma relación que tenían en su infancia es mucho pedir.

Dejando a un lado la genética y una infancia similar, pensar que tu hermano va a ocupar en tu vida tanto espacio como en tu infancia es hacerse ilusiones. También es algo ingenuo asumir que distanciarte de tu hermano es algo malo en sí mismo, sostiene Kiaundra Jackson, psicóloga de familia en Los Ángeles (California, EEUU).

“Creo que estamos siendo ingenuos si esperamos que las relaciones de hermanos sean iguales que en la infancia, y más ingenuos todavía si malinterpretamos las diferencias entre hermanos como rivalidad”, apunta. “Somos humanos. Cambiamos, evolucionamos, crecemos y queremos cosas diferentes durante las diferentes fases de nuestras vidas”.

“Creo que nunca es buena idea excluir a la familia completamente de tu vida, pero, a veces, en situaciones tóxicas, unos límites fuertes pueden preservar las relaciones”

– John Duffy

Si nos olvidamos de sus títulos, la supuesta fisura en la relación de los Cambridges y los Sussexes es una historia muy sencilla.

Es fácil elaborar una versión no royal del escenario: imagina dos hermanos que van a heredar una granja familiar (como copropietarios, para dar gusto a sus padres).

Mientras uno de los hermanos está ansioso por llevar el negocio familiar (o simplemente le apetece hacerlo), puede que el otro albergue sueños de entrar a una escuela de abogados y de vivir en la ciudad. Ninguna elección es más válida que la otra; simplemente son diferentes.

Cuando el granjero y el abogado estén en edad de casarse, las cosas se complicarán aún más: añade a la ecuación dos parejas con puntos de vista y expectativas totalmente diferentes sobre la familia y el negocio (¿deberían dividirse los beneficios de la granja de otra manera? ¿Por qué no venderla directamente? ¿Por qué tu hermano, el importante abogado, no se implica más?) y aumentará la tensión. Súmale a eso disparidades financieras y discrepancias políticas y será casi imposible que no haya distanciamiento.

Si en la familia son capaces de mantener la mente fría, lo mejor será poner límites, respetar decisiones individuales y dar espacio a ambas partes, recomienda Duffy.

“Sinceramente, a veces creo que esto es lo más sano.

Creo que nunca es buena idea excluir a la familia completamente de tu vida, pero, a veces, en situaciones familiares tóxicas, unos límites fuertes pueden contribuir a preservar las relaciones”, señala.

La rivalidad de la infancia puede calar en la vida adulta.

En muchos casos, una rivalidad infantil mal curada puede reproducirse luego en forma de distanciamiento, explica Jeanne Safer, psicoanalista especializada en temas de hermanos y autora de The Normal One: Life with a Difficult or Damaged Sibling.

Quizás durante la crianza, los padres han tenido un favorito o los han enfrentado cuando les daban las notas o en actividades extracurriculares.

O quizás, como en el caso de Guillermo y Harry, la monarquía constitucional y el orden natural de sucesión han dado un aire de competición a su infancia: mientras Guillermo siempre ha sido criado para ser el futuro rey de Inglaterra, Harry ha ido cayendo en la línea de sucesión cada vez que nacía un nuevo ‘Cambridge’.

(Ahora está en el sexto puesto, lo cual lo convierte en el ‘repuesto del repuesto del repuesto del repuesto del repuesto del repuesto del heredero’. ¿Cómo no iba a querer forjarse su propio camino?).

Es el aspecto jerárquico de esta historia lo que la convierte en un caso práctico tan interesante (y, en muchos casos, familiar) en la dinámica de hermanos.

“Enrique y Guillermo ponen de relieve el tema de la rivalidad”, sostiene Safer. “Muchos hermanos nunca se recuperan de la amargura de una distribución desigual, independientemente de si es la corona o temas de dinero. Aunque tu hermano o hermana no vaya a ser rey o reina, puede haber un favoritismo claro o encubierto, envidias y malentendidos que nunca se han tratado”.

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El príncipe Guillermo y el príncipe Harry, en una imagen de 2006.

A veces, una nueva pareja puede dar lugar a cambios en la relación fraternal.

Una persona que ha estado toda su vida muy apegada a su familia puede ver las cosas de forma diferente cuando se enamora de alguien y empieza a mirar la situación a través de los ojos de su pareja.

“Las parejas suelen arrojar luz sobre una relación familiar tóxica que quizás uno no tiene la capacidad de ver”, señala Duffy.

“A menudo, cuando se incluye a la pareja en la foto, las relaciones se ven afectadas y los límites se refuerzan o reorganizan”.

(Por supuesto, una nueva pareja también puede adoptar un rol más conciliador, fortaleciendo y restableciendo la relación si los hermanos ya están reñidos).

En la mayoría de los casos, la realidad es que se produce un cambio en la lealtad y la atención cuando empezamos a salir con alguien, cuando esa relación se afianza y cuando se tienen hijos.

“Si estás recién casado y además tenéis un bebé, tu esposa, los niños y ese legado se convierten en el centro de atención y, obviamente, eso puede cambiar la relación entre hermanos, ya que tu familia de origen deja de ser la prioridad”, apunta Jackson. “Y es normal”.

De hecho, no sólo es normal; de algún modo, es lo que se espera. Jackson cree que si Enrique hubiera descuidado las necesidades de su mujer y su hijo con tal de no separarse de la tradición familiar, probablemente habría recibido tantas críticas del público como ahora.

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Guillermo y Catalina de Cambridge, y el príncipe Enrique y Meghan Markle, duques de Sussex, en un acto en julio de 2018, en Londres (Inglaterra).

¿Qué pasa si ya estás notando que te alejas de tu hermano?

Si quieres poner algo de distancia (ya sea geográfica, laboral o de otro tipo) entre tú y tus familiares, ¿cómo manejas esta idea sin herir los sentimientos de nadie? Para empezar, Duffy recomienda aumentar la comunicación con tu hermano (o quien sea la persona con la que necesitas espacio) de antemano.

“Creo que la respuesta aquí es una mejor comunicación entre hermanos o entre familiares cuya relación esté rota”, señala. “Las separaciones suelen ser el resultado de una falta de comunicación”.

Cuando hables de tu necesidad de espacio, en vez de sacar a colación tus discrepancias o cualquier toxicidad en la relación, haz hincapié en lo positivo: quieres establecer límites entre los dos porque hay mucho en juego, de modo que merece la pena preservarlo. Ese es el mensaje que se debería comunicar.

“La gente suele hablar de lo que les divide, pero rara vez hablan de lo que les une en la familia”, sostiene Duffy. “Olvidan que quieren a su familia, pese a no estar de acuerdo en temas de dinero, política u otros asuntos importantes”.

Si eres el ‘otro’ hermano —el que preferiría que todo siguiera igual—, ¿qué deberías hacer? (En el caso Enrique-Guillermo, parece que este último es el resignado, aunque también se muestra esperanzado.

Supuestamente, el duque de Cambridge le dijo a un amigo: “Lo único que podemos hacer, lo único que puedo hacer, es intentarlo y apoyarlos, y espero que llegue un momento en el que todos rememos en la misma dirección.

Quiero que todos juguemos en el mismo equipo”).

“Creo que ese es el enfoque adecuado”, opina Jackson. “No puedes culpar a Enrique por querer distancia y algo diferente. Guillermo y todos los miembros de la familia real tienen que entender que siguen siendo familia y que nada lo cambiará. El amor, el apoyo y la positividad pueden ser la clave, para los royals y para el resto de los mortales”.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ EEUU y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano

El Príncipe Harry ayer y hoy

Источник: https://www.huffingtonpost.es/entry/por-que-los-hermanos-se-distancian-cuando-son-adultos_es_5e208946c5b673621f7202c0

Hermanos tóxicos: 10 conflictos entre hermanos problemáticos

Hermanos enfadados

Es sabido que la familia es sumamente importante en nuestras vidas. Se trata de un agente socializador imprescindible para nuestro desarrollo. De hecho, en edades tempranas, la familia es vital para la supervivencia, porque los seres humanos necesitamos la ayuda de los adultos durante un período de tiempo relativamente largo. 

Además, su relevancia no termina ahí; el papel de los progenitores se hace imprescindible para poder crecer sanos y preparados para afrontar los problemas que pueden ir surgiendo a lo largo de nuestras vida, incluso cuando ya somos autónomos en buena parte.

Pero los padres no son la única figura familiar importante para nosotros; cuando están presentes, los hermanos también suelen estar ahí en los buenos y las malos momentos.

Sin embargo, hay ocasiones en las que esta relación fraternal puede volverse tóxica.

En este artículo, hablaremos de los conflictos enquistados que pueden llegar a generarse entre hermanos, y del concepto de «hermanos tóxicos».

Un hermano es un amigo dado por la naturaleza

Los hermanos no solo comparten nuestros genes, la cultura, la educación o la clase social, además comparten la gran mayoría de experiencias que nos suceden dentro de la familia y viven los mismos acontecimientos que nosotros.

Ahora bien, cada persona es única y tiene su propia personalidad. Dos hermanos criados bajo el mismo techo pueden desarrollar formas de comportarse diferentes, sin embargo, ambos comparten los mismos recuerdos y vivencias. 

Los hermanos son personas en las que confías, que raramente te darán la espalda; pueden llegar a ser nuestros mejores amigos. Tal y como afirma el poeta y escritor francés, Ernest Legouve, “un hermano es un amigo dado por la naturaleza”.

Cuando la relación entre hermanos no es buena

Pero las relaciones fraternas también pueden ser complicadas.

Desde pequeños, las peleas pueden ser frecuentes, y de adultos, algunos hermanos pueden acabar mal por distintos motivos, por ejemplo, por temas económicos.

Las relaciones complicadas entre hermanos pueden llegar a ser ser muy intensas y generar situaciones en las que la hostilidad, la rivalidad, la competitividad, los celos y, en ocasiones el odio pueden manifestarse.

Cuando un hermano piensa que recibe un trato diferente por parte de los progenitores, cuando piensa que es la oveja negra de la familia o cuando recibe una herencia compartida y no tiene la misma opinión que su otro hermano sobre lo que deben hacer con una propiedad que han heredado, la batalla puede ser muy destructiva.

Motivos por los que se generan conflictos entre hermanos

Ya sea en la infancia o en la edad adulta, son muchos los motivos que causan estas disputas fraternales. A continuación puedes encontrar una lista razones por las que los hermanos tienen relaciones tóxicas:

1. Motivos económicos

En la edad adulta, puede ocurrir que los hermanos dejen de hablarse por distintos motivos económicos.

Algunos hermanos se pelean porque comparten una empresa, y cuando llegan los problemas de liquidez, la relación se ve afectada. Otros, en cambio, experimentan una pelea patrimonial (en especial, por las herencias).

Los motivos económicos son una fuente frecuente de ruptura familiar si no se sabe gestionar estos conflictos.

2. Búsqueda de atención

En edades tempranas, puede ocurrir que los hermanos estén continuamente peleándose porque busquen la atención de los padres. Generalmente, suelen ser rabietas que no llegan a más, pero en otras ocasiones, la relación puede llegar a ser conflictiva, pues la acumulación de conflictos puede generar conflictos mayores.

3. Comparaciones de los padres

A veces son los padres los que generan niños inseguros. Niños que, de alguna u otra manera, buscarán la atención de los mayores para sentirse queridos.

Puede que uno de los hijos sea muy bueno en el colegio, pues se le dan bien las asignaturas que se imparten en el centro escolar, ya sea matemáticas o ciencias sociales.

Por contra, el otro hijo puede tener un gran talento, por ejemplo, dibujando o bailando.

Este último hermano necesitará el cariño de los padres para desarrollar esa pasión que atesora, pero, como ocurre muchas veces, algunos padres solo contemplan las notas escolares a la hora de valorar el éxito de un hijo. Ese niño puede sentirse muy frustrado, lo que puede provocar cierta rivalidad con su otro hermano al sentirse menospreciado.

4. Un trato parental no equitativo

Las comparaciones entre hermanos no son buenas, pero tampoco es positivo no darles un trato equitativo a los hijos.

Esto puede ocurrir, por ejemplo, con la ropa que sus padres les compran, la cantidad de dinero que les dan para la paga semanal o incluso la cantidad de muestras de amor (abrazos, besos, etc.) que los padres reparten.

Los menores son especialmente sensibles a este tipo de comportamientos de los padres, por tanto, se debe ir con cuidado de no tratar mejor a un hijo que a otro.

5. Diferencia de edad

Parece ser que la diferencia de edad puede determinar los conflictos. Las investigaciones muestran que los niños que tienen menos de dos años de diferencia entre sí frecuentemente tienen más conflictos que los niños con mayor diferencia de edad. 

El hermano mayor, ya sea un niño o niña, suele ser más cariñoso y comprensivo hacia el más joven. Si el hermano mayor tiene bastante diferencia de edad, puede llegar a entender algunas de las razones por las que su hermano pequeño está reaccionando de una determinada manera.

6. La etapa del desarrollo

La etapa del desarrollo también puede influir a la hora de generar conflictos.

Por ejemplo, puede que en edad escolar los hermanos tuvieran una mejor relación, pero al llegar a la secundaria y la etapa de cambios, el hermano mayor se desentienda un poco de la relación con su hermano más pequeño. El hermano menor, en este caso, puede buscar la atención del hermano mayor a través de las disputas.

7. Posesiones personales

Otro motivo que hace que las peleas entre hermano se inicien es cuando alguien toca las posesiones personales del otro. A edades más tempranas puede ser un juguete, pero en la adolescencia igual es una pieza de ropa. Esto puede generar conflictos, especialmente si el objeto que han tomado prestado sin avisar se daña.

8. Diferentes personalidades

Todos tenemos diferentes personalidades e intereses y esto puede generar muchos conflictos. Algunas personas se irritan más fácilmente que otras, unas son introvertidas, otras extrovertidas, etc. El choque de personalidades puede provocar disputas serias en las relaciones fraternales.

9. Déficit de habilidades sociales

Si en algunas ocasiones es la personalidad lo que provoca el conflicto, en otras, es la falta de habilidades sociales. Los conflictos pueden surgir en cualquier relación interpersonal, pero un buen dominio en las habilidades sociales puede ayudar a que ese conflicto se solucione correctamente. De lo contrario, puede incluso acabar peor.

La capacidad de resolución de sus propios problemas y conflictos, la empatía o la habilidad de negociar y dialogar, entre otros, son factores que influyen en cómo se resuelven las problemáticas familiares. Aquí tienen mucho que decir los padres.

10. Celos y envidia

Los celos y la envidia pueden ser motivo de conflicto en las relaciones de hermanos a cualquier edad. A veces es la inseguridad de alguno de los hermanos lo que causa esta situación, pues éste puede sentir un tremendo sentimiento de frustración al ver que su hermano tiene un empleo mejor o una pareja espectacular. 

Источник: https://psicologiaymente.com/social/hermanos-toxicos-conflictos-problematicos

Peleas de hermanos, más irreconciliables a partir de los 50

Hermanos enfadados

El pasado 7 de septiembre Liam Gallagher (46) declaraba a Icon (El País) que sentía que realmente no le gustaba a su hermano Noel (52). «Me da pena, yo le quiero» concluía. Los Gallagher llevan más de una década sin apenas hablarse. Y lo peor puede estar por llegar. A partir de los 50, la herida se endurece y es más difícil la reconciliación 

Pablo mira el teléfono con cara de preocupación. Acaba de tener una conversación con uno de sus hermanos y la cosa ha acabado mal. Se reprochan no ser capaces de superar el conflicto familiar que viven desde hace un par de años.

Este hombre, sin mayores problemas en su vida cotidiana, siente que hace todo lo que puede por aliviar el problema, pero claramente no es suficiente: Enrique, el hermano con el que acaba de colgar, y Marisa, su hermana mayor, no se hablan.

Y no tienen intención de hacerlo.

Más problemas familiares entre los seniors

Muchas familias experimentan conflictos muy parecidos. En el caso de estos hermanos, los tres rebasan la cincuentena. Hace años se llevaban bastante bien; ahora, con una vida propia y asentada, se produce un estallido de desacuerdos y malentendidos que parecen irresolubles.

La pregunta es clara: ¿es la madurez un terreno abonado para los conflictos familiares? “Es una época en la vida de los hermanos en los que se toman decisiones como herencias, organización de eventos familiares, cuidados a padres, toma de decisiones que no siempre se están de acuerdo y surgen muchos conflictos por ver la vida de diferente manera.

Pero normalmente son situaciones que surgen desde la infancia por los diferentes roles que tienen dentro de la familia y el trato diferenciado que tienen los padres con ellos”, explica Juan Castilla, portavoz del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, psicólogo clínico y experto en Inteligencia Emocional, Psicología Positiva y Coaching.

El trato diferenciado de los padres a los hijos durante la infancia es el germen de los conflictos familiares en la madurez

Como indica este profesional, en la madurez convergen varias circunstancias. Es un momento en el que hay pérdidas significativas de algunos miembros de la familia como son los padres y a veces, incluso, los hermanos.

Si los progenitores viven puede ocurrir que los hijos, o especialmente alguno de ellos, se convierte en cuidador, con todo el trabajo y el estrés que eso implica.

Y si por medio anda algún tema de herencia o de gestión laboral (en el caso, por ejemplo, de negocios o empresas familiares), el terreno se convierte en un auténtico campo de minas.

Los conflictos económicos suelen ser el denominador común de muchas peleas de hermanos. Es una variable envenenada porque arrastra a otros miembros de la familia, como los cónyuges, favoreciendo comportamientos intrusivos que sólo empeoran la situación.

Los problemas, sin embargo, suelen gestarse en la niñez.

“El posicionamiento de cada uno de los hijos dentro de la familia en la infancia, las personalidades de cada uno y la evolución individual de cada hermano, si, por ejemplo, tiene éxito en su vida o no, pueden marcar las relaciones en situaciones de conflictos”, afirma Castilla.

De hecho, la niñez y la relación de los padres respecto a cada uno de sus hijos puede favorecer o no las buenas relaciones en la edad adulta. “Los padres desde la infancia tienen un papel esencial en la resolución de conflictos entre hermanos y los roles dentro de la familia.

Ser lo más ecuánimes y justos posibles y no tener favoritismos; tener una buena comunicación familiar y entre hermanos es esencial para crear vínculo sanos en la infancia, que es la semilla de una buena relación en la madurez y cuando se tengan que tomar decisiones familiares”, resume Juan Castilla.

No dejarse llevar por las emociones, primera medida

En una relación entre hermanos prácticamente rota, ¿qué ‘primeros auxilios’ deben practicarse? “Cuando hay conflictos la gestión emocional del enfado es esencial y no hay que dejarnos llevar por esa emoción, pararnos a pensar lo que es mejor en la toma de decisión sin el egocentrismo que a veces nos lleva en situaciones de conflicto”, explica este psicólogo.

Por otra parte, ¿qué actitud deben adoptar los hermanos para superar el conflicto? Para Juan Castilla, “es esencial que respeten la forma personal que tienen de comunicarse entre ellos y que no muestren públicamente su opinión. Cuando la compartan, que lo hagan en la intimidad, comunicando su opinión a cada uno de los miembros para intentar mediar entre posibles disputas”.

El papel de la familia es fundamental. Aunque no sean protagonistas activos del conflicto, todos son actores de manera indirecta y todos se ven afectados de manera activa o pasiva.

En estos casos, la equidistancia no suele comprenderse y se convierte en una fuente inagotable de reproches. Al mismo tiempo, posicionarse a favor de uno de los hermanos culpabiliza automáticamente al otro y crea una dinámica nefasta de ‘buenos’ y ‘malos’.

La familia sufre un complejo juego de fuerzas que, si no se ajustan bien, puede llegar a romperla.

La empatía, una vez más

Si hay actitud realmente sanadora en cualquier situación es la empatía, la capacidad de ponerse en la piel del otro y comprender sus motivos sin juzgar. Eso requiere desplazar el foco de nuestro yo y dirigirlo hacia  la otra persona.

La segunda actitud es el respeto, el reconocimiento del otro: esa persona es tu hermano. Has compartido muchas cosas importantes de la vida y habéis sido felices más de una vez.

¿De repente se ha convertido en un extraño? ¿No lo reconoces?

Es importante no quedar secuestrado por las emociones y ser capaz de mirar el problema con empatía

La tercera es saber vivir el presente. El famoso Mindfulness presupone admitir que no podemos atarnos al pasado (ese que probablemente ha generado el conflicto) ni anticipar el futuro, mucho menos cuando se presenta lleno de incógnitas. Solo tenemos el tiempo presente, pero tampoco es nuestro.

No podemos controlarlo, solo podemos elegir la actitud con la que vamos a interpretarlo. Asumiendo todo esto, tendremos claro que los conflictos obedecen a circunstancias sobre las que no podemos ejercer ningún control.

A partir de ahí, las responsabilidades de cada miembro de la familia empiezan a diluirse.

Recomendaciones que favorecen la buena relación entre hermanos

Antes de llegar a una fractura familiar, hay medidas y, sobre todo, actitudes que favorecen nuestro bienestar y el de los nuestros.

  • Mantener una buena comunicación entre todos los miembros de la familia. Si no os veis lo suficiente, haz una llamada o manda un mensaje de cariño. La tecnología lo pone fácil.
  • Buscar tiempos y espacios de interacción de calidad.

    Los hermanos existen al margen de los cumpleaños, las Navidades o las celebraciones familiares.

  • Ser respetuosos con la familia, el entorno y el espacio personal de los hermanos. No imponer las opiniones propias sobre la educación de los sobrinos o la situación económica o laboral del resto de la familia.

  • No tomar decisiones en momentos tensos, ‘secuestrados’ por las emociones. En las familias es frecuente gestionar asuntos relacionados con el dinero, el trabajo, la educación de los hijos o el cuidado de los padres. Mantener la razón a punto será la mejor estrategia.
  • Admitir las diferencias. Ser diferente no es malo.

    Lo mejor de la madurez es que cada uno ha construido la vida que quiere, o al menos lo intenta. Celébralo, fluye y disfruta.

Источник: https://www.uppers.es/estilo-de-vida/vida-familiar/peleas-entre-hermanos-mayores-50-anos_18_2818470180.html

Embarazo saludable
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