La etapa del no

Etapa del “NO” en niños: Aprende cómo manejar su resistencia

La etapa del no

La etapa del “no” en niños: Cuando parece que la única respuesta que tu hijo sabe dar es siempre“no”. 

Mi hijo solo dice “no” y se niega sistemáticamente a realizar cualquier cosa que le dices.

Se opone continuamente a todo, y parece que la única voluntad es desobedecer y terminar saliéndose con la suya ¿Qué le ocurre? Las rabietas se suceden a todas horas, en la comida, a la hora de vestirse, lavarse los dientes, recoger, irse a la cama, etc… ¡A veces puede decir que “no” hasta a cosas que le gustan! ¿Por qué mi hijo se ha vuelto tan cabezota? ¿Cómo debo actuar?

Edad del “no” en niños ¿Cómo superarla?

La fase del “no” suele darse en los niños y niñas entre las edades de 2 y 4 años. Muchas veces, esta fase de negación pone a prueba la paciencia de los padres más comprensivos. Si lo que antes tu hijo o hija hacía de buena gana y con una sonrisa en la cara, ahora supone berrinches y peleas; no desesperes.

Las negativas constantes de tu pequeño son una fase fundamental de su maduración y desarrollo evolutivo. Su negativa se debe a que ha comenzado a tener conciencia de sí mismo como ser individual. Está aprendiendo a ser “independiente” y, cree que para reafirmarse, debe oponerse a todo lo que tu le digas.

Para que esta etapa del “no” siga su curso natural y desaparezca con el tiempo, es fundamental que comprendas a qué se debe y conozcas algunas estrategias que te ayudarán a encontrar el equilibrio. Aprende a actuar con astucia para lograr que tu  pequeño no pueda negarse a aquello que le pides.

¿Tu hijo te lleva la contraria por sistema? En este artículo Cristina Martínez de Toda, neuropsicóloga, te descubre una serie de consejos. ¡Aprende a manejar mejor la resistencia de tu pequeño!

Etapa del “NO” En niños ¿En qué consiste?

Sencillamente, tu hijo responde ¡no! porque puede. A determinada edad, en torno a los dos años o dos años y medio, los niños descubren que tienen voluntad, y su máxima es ejercerla.

Como padre, es probable que te quedes a cuadros la primera vez que tu hijo te desafía, puesto que esta conducta tiene una aparición brusca y sin motivo aparente. De repente, sin venir a cuento, tu hijo te suelta un ¡no! que te quedas mudo.

Lo bueno que tiene esta etapa es que tan pronto como llega puede irse, dando lugar a otro tipo de respuestas ya no tan rotundas como “no sé” “a lo mejor” o “puede”.

¿Por qué mi hijo me contesta a todo que no?

A partir de los 18 meses, tu hijo está aprendiendo a pensar. Esta etapa es fundamental en su desarrollo intelectual. Y aunque a esta corta edad ya tiene opiniones y voluntad propia, todavía carece de la facultad de razonar. Es tan simple como esto: Su cerebro todavía no ha desarrollado la capacidad de razonamiento de la que disponemos los adultos.

Entendiendo esta realidad, interiorizarás que tu niño no te está retando, sencillamente ejerce su voluntad sin ser consciente de cómo sus decisiones afectan a los demás. Todos los niños y niñas pasan por una etapa egocéntrica en la que priman sus sentimientos. Durante esta fase, los pequeños son incapaces de ceder.

De la misma manera de que no son conscientes de tu frustración ante su actitud, tampoco lo son ante el peligro de sus decisiones.

Tu pequeño madura, y está empezando a tomar conciencia de si mismo, comienza a sentirse autónomo y le gusta ser independiente.

 Esta adquisición de la capacidad de autoafirmación es, en definitiva, una búsqueda de poder.

Comprender que tu hijo no te está desafiando, sino que está buscando formas de obtener el poder y salirse con la suya en sus deseos y actos, te ayudará a manejar de una manera más eficaz su resistencia.

Aprende a manejar su resistencia

Tienes que tener presente que esta etapa del “no”, forma parte del desarrollo evolutivo de tu peque, es sana y natural. Sin ella no podrían llegar a desarrollar su independencia. La clave está en armarse de paciencia y contar con alguna estrategia que pueda ayudarnos a manejar esta “edad del no”.

Para que que el pequeño supere esta fase de manera natural, es imprescindible que en casa existan unas normas y rutinas inquebrantables en las que no se va a tolerar un “¡no!”.

Que las negativas formen parte de su desarrollo, no quiere decir que debamos excusar sus conductas. Tus límites evitarán que su “egocentrismo” se termine transformando en egoísmo y su “autoafirmación” en puro autoritarismo.

Tal vez, te convenga conocer qué es el Síndrome del emperador, y cómo evitar criar a un pequeño tirano en tu propia casa.

Debe existir un equilibrio entre el poder de decisión que le ofreces y las normas inquebrantables que le impones. Porque, solo así podrá convertirse en un adulto feliz, autónomo y respetuoso. Toma nota de los siguientes consejos:

Consejo 1: Deja que exprese su rabia

Lo principal es que tú mantengas una situación serena, aunque es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Explícale su emoción y por qué se siente así; haz que vea que comprendes que llora desangeladamente porque no le has comprado un paquete de cromos. Entiende su rabia, pero de la manera más calmada posible le explicas que no se lo vas a comprar, por el motivo que sea.

Consejo 2: Vigila el uso de tus “noes”

Muchas veces los papás utilizamos el “no” sistemáticamente sin pararnos a pensar si es razonable lo que nuestro hijo nos está pidiendo. En algunas situaciones deberíamos replantearnos si nuestra negativa realmente le está protegiendo de un peligro, o es un acto reflejo.

Quizás hace medio año ni se te ocurría dejarle tirarse solo por el tobogán. Pero, ¿y ahora? Tu hijo crece, y sus peticiones van a ir acordes a su crecimiento a medida que madure.

Es bueno y necesario que aprenda y quiera hacer cosas él solo, por lo que quizá ese “no” podríamos cambiarlo por un “sí, pero papá/mamá va contigo para ayudarte si lo necesitas”.

Consejo 3: Permite el “no”

Nuestros hijos tienen derecho a decir no. Es más, deben aprender a decirlo y utilizarlo con responsabilidad si no queremos criar a un adulto sumiso y doblegado. La mejor forma de manejarlo es hacerle ver que comprendemos y respetamos su negativa, pero en este momento no podemos atender a su petición.

Decirle algo como “Entiendo que estás cansado del entrenamiento de fútbol, porque has corrido mucho. Pero ahora es el momento de bañarte. Más tarde podrás ver los dibujos”

De esta manera tu peque se sentirá escuchado y comprendido, pero le muestras que la autoridad la tienes tú. Un niño que se siente respetado, respeta. Un niño que se siente escuchado, escucha.

Un niño que se siente escuchado, escucha

Consejo 4: Reorienta su conducta

En vez de pedirle tantas veces que deje de hacer algo, podemos empezar a pedirle que haga algo.

Por ejemplo: “No veas tan cerca la televisión”, podemos reorientarlo a un “¿Por qué no te vienes a sentar aquí conmigo?” Lo primero es una orden, y tu hijo puede que reaccione tratando de autoafirmarse.

 Lo segundo, al ser una orden encubierta disfrazada de sugerencia, no tiene una connotación tan negativa con la que tu hijo quiera rebelarse.

Consejo 5. Presta atención a sus “Sí”

Podemos reforzarles positivamente conductas diciendo por ejemplo “Cómo me gusta cuando dices sí ” Procura que estos refuerzos sean verbales o gestuales, como una sonrisa, un beso o un abrazo, y nunca materiales. Si premiamos las conductas en vez de reforzarlas, el niño puede perder de vista el objetivo primordial por la recompensa.

Elogia su conducta y tu hijo irá aprendiendo a sustituir “noes” por “síes” paulatinamente.

Consejo 6: Enséñale otras formas de responder

Uno de los motivos por los que tu peque puede decir “no” es porque todavía no conoce muchas palabras. Puedes ayudarle a mejorar su vocabulario, con juegos del tipo: Dime qué palabra puede estar entre el no y el sí.

(Puede, quizás, a lo mejor…) Empléalas tú todas las veces que puedas cuando hablas con tu hijo. Recuerda que nuestros peques hacen lo que ven y nosotros somos su ejemplo de modelo.

Además, enséñale a que el “no”, puede ser educado: “Lo siento pero no” “No, muchas gracias…”

Consejo 7: Ofrécele opciones para que pueda elegir

Con dos elecciones a esta edad será suficiente, y tu peque podrá desarrollar su capacidad de autoafirmación sin llevarte a ti a un ataque de nervios.

Si siempre tenéis una trifulca a la hora de que se ponga el abrigo para ir a jugar al parque, prueba a decirle “¿Qué prefieres ponerte, el abrigo rojo o el azul con capucha?” De esta manera estás dejando claro de una manera asertiva que no existe la posibilidad de ir sin abrigo, sin embargo le permites a él la opción de elegir cuál de los dos prefiere.

Contar a veces funciona con los peques indecisos, como “Voy a contar hasta diez y entonces tendrás que haber elegido o elegiré yo por tí”. Lo más probable es que tu hijo te conteste en cuanto empiece la cuenta atrás.

De todos modos, procura no utilizarlo muy a menudo o corres el riesgo de que este truco pierda efectividad.

Consejo 8: Mantente firme y no pierdas la calma

Seguro que a pesar de tus titánicos esfuerzos, más de una vez no puedas evitar la rabieta de tu niño. Si esto ocurre, nunca cedas a su petición.

Ten presente que un niño pequeño tiene voluntad pero no puede estar siempre ejerciéndola. De lo contrario, corremos el riesgo de criar a un pequeño delincuente en casa.

Te animo a que eches un vistazo a mi artículo: El Síndrome del Emperador: Consejos para criar a un pequeño delincuente en casa.

Mantente firme y no pierdas la calma

Y ante todo interioriza el flaco favor que le haces a tu peque permitiéndole todo.

“Es demasiado confuso para un niño pequeño tener siempre la última palabra…”

Psicóloga especializada en neuropsicología y neurociencia aplicada a la educación. Curiosa por naturaleza, le encanta investigar sobre la conducta y comportamiento humano y compartir nuevos descubrimientos y consejos útiles que puedan ayudar a los lectores.

Experta en temas de psicología positiva e inteligencia emocional.

Источник: https://blog.cognifit.com/es/etapa-del-no-ninos-resistencia/

La etapa del NO en la infancia: cómo afrontarla con positividad

La etapa del no

Tu hijo acaba de aprender a hablar y ya ha hecho suya esta palabra: NO. ¡Cuánto poder encerrado en una sola sílaba! Popi analiza la etapa del no en la infancia, una fase inevitable y esencial.

Etapa del NO en la infancia: preguntas y respuestas

¿Cómo se manifiesta la etapa del NO?

Poco antes de cumplir los dos años, tu adorable angelito hace un descubrimiento que cambia su vida (y la vuestra): la palabra no. Y practica la fuerza de su negación: «¡Comer, no!», «¡Abrigo azul, no!», «¡Papá, no!»… Una dura prueba para la paciencia (legendaria) de los padres.

Sobre todo, porque es un comportamiento sistemático. El pequeño nos lleva la contraria en todo: ni bañoni ducha; ni verde ni rojo; ni mamá ni papá. Por eso los anglosajones hablan de los terrible two para referirse a los dos años de edad.

Y, por desgracia, es poco frecuente que la etapa haya acabado al cumplir los tres.

¿Esta etapa infantil es una buena señal?

UNO: es una etapa inevitable.

DOS: es esencial para su desarrollo.

Tu hijo no se cansa de repetir no, pero no es porque busque el conflicto ni para poneros a prueba, sino porque empieza a verse a sí mismo como un individuo de pleno derecho. Es más, no empezará a usar el pronombre personal yo hasta haber experimentado ampliamente con no.

Esta etapa corresponde también a la adquisición de la autonomía física. El niño ya camina bien, lo que le permite tomar iniciativas. Todo ello contribuye a transmitir a su entorno el siguiente mensaje: «Soy alguien distinto de mis padres, me niego a seguir siendo uno con ellos. Y, para lograrlo, les digo «no»».

En consecuencia, ¡es un no positivo!

¿Qué podemos hacer ante la fase del NO?

Tomarnos un tiempo para observar. Frente al no del niño, a menudo oscilamos entre dos actitudes:

? Ser muy severos e imponer a la fuerza nuestro punto de vista.

? Tirar la toalla en voz alta: «¡Se acabó! ¡Que haga lo que quiera!».

Estas dos posturas tienen sus límites. Cuantas más cosas exijamos al niño de forma autoritaria, más sentirá que no le dejamos ser él mismo. Y es más probable que se resista a ellas de un modo u otro. O que se someta sin buscar el desarrollo de su individualidad.

Si tenemos en cuenta su no y dejamos que haga lo que quiera, le hacemos responsable de sus actos y de su elección, algo de lo que aún no es capaz: eso le desestabiliza y puede llevarle a querer desplazar los límites más y más.

Es preferible tomarse un tiempo para pensar: «¿Busco a menudo para tener la última palabra?», «¿Tiro a menudo la toalla?». 

Qué podemos hacer ante esta fase negativa en el niño

Educar en el ejemplo: Escuchar el eco de nuestros noes: ¿No será que también es una de nuestras palabras favoritas? «¡No lo toques!», «¡No! ¡Ahora, no!», «¡No, eso, no!».

Aunque el niño ya sabe hacer muchas cosas, todavía hay muchas otras que desearía hacer, pero no puede: se enfrenta a sus límites. Siente impotencia.

¡Eso duele! Es posible que nuestros noes reiterados le exasperen tanto como a nosotros.

Tomar nota de su deseo: Al margen de nuestra respuesta a su negativa, el niño merece que comprendamos y expresemos su deseo: «Te gustaría salir sin abrigo porque así te mueves con más libertad», o «Te gustaría comerte un caramelo antes de comer porque te encantan». Cuando el niño se da cuenta de que hemos comprendido su deseo, acepta mejor (¿con menos dificultad?) que nos opongamos con firmeza: «Fuera hace mucho frío, no puedes salir sólo con un jersey», o «En casa no se toman caramelos antes de comer».

Escoger bien las batallas: Cada vez que dice no, podemos preguntarnos: ¿su negativa es o no aceptable? ¿Es imprescindible enfrentarse por la elección de un pantalón? ¿Es importante que saque una lección de su negativa? Quiere salir sin chubasquero y está lloviendo…

¡Que se dé una vuelta por el jardín! ¿Y si su negativa tiene que ver con su necesidad de tiempo? Nos vamos al colegio en cinco minutos y no quiere calzarse. Tal vez es su modo de decir que no quiere ir tan acelerado por las mañanas.

Quizá la solución sea poner el despertador un poco más temprano.

Hacerle reflexionar: «Mira por la ventana… ¿qué tiempo hace? ¿Cómo crees que tenemos que vestirnos para salir? ¿Y qué zapatoscrees que tenemos que ponernos?»

Evitar el uso del imperativo: En lugar de ordenar «¡Ponte el gorro!», podemos dar un rodeo y ofrecerle una elección sencilla: «¿Qué prefieres ponerte antes, el gorro o la bufanda?».

Darle la posibilidad de decidir: «¿Dónde colgamos el dibujo del colegio, en la cocina o en el pasillo?». Atención: para los pequeños, es difícil escoger. El cerebro todavía no está entrenado para enfrentarse a las consecuencias de la elección. Hay que ofrecer opciones simples.

Evitar hacer por él las cosas que sabe hacer solo: En cuanto se presente la ocasión, hay que dejarle la iniciativa. Por ejemplo, un pequeño que gira la cabeza cada vez que le acercamos la cuchara llena de puré, puede que se lo coma de buena gana si le dejamos que se la lleve a la boca él solo. ¡Y no importa cómo quede la mesa!

Y recordar que no existen las recetas milagrosas, pero que esta etapa es fundamental para el niño.

Anne Bideault

Источник: https://www.conmishijos.com/revista/popi/la-etapa-del-no-en-la-infancia-como-afrontarla-con-positividad/

LA EDAD DEL “NO”… ¿O NO?

La etapa del no

Artículo publicado, probablemente en 2000, en la revista Ser Padres. Las revistas siempre tienen que pulir los artículos, acortar o añadir o cambiar de sitio los párrafos para que cubran exactamente las páginas asignadas. Éste es el manuscrito que yo envié, corregido y actualizado ahora, en 2016.

– No te quites la bufanda

– No le pegues a tu hermano

– No cojas más caramelos

– No te dejes nada en el plato

– No tires los juguetes en la pecera

– No molestes al perro

– No dibujes en la pared

– No rompas la revista

– No toques el enchufe

– No llores

– No veas tanto la tele

Hay una época de su vida, aproximadamente desde que empiezan a caminar hasta que se casan, en que continuamente estamos diciendo “no” a nuestros hijos. ¿A quién puede sorprenderle que sea una de las primeras palabras que aprenden? Una vez aprendida, por supuesto, no les faltará ocasiones en que emplearla. ¡Con la de ejemplos que les hemos dado!

Se habla entonces de la “edad del no”. Los libros serios de psicología infantil no incluyen la edad del no entre las etapas del desarrollo.

Es un invento de divulgadores bien intencionados, según los cuales los niños pasan por una etapa de “negativismo”, quieren “afirmar su personalidad”, nos llevan la contraria por “espíritu de oposición” (el Espíritu de la Oposición, parece un título honorífico para el diputado más activo del año…)

Los que así hablan suelen ver el proceso como algo positivo. Según el Dr.

Spock, el niño que al año no mostrase su “negativismo” sería más tarde un autómata, se dejaría avasallar por todo el mundo… (eso lo dice para consolar a los padres de niños “negativos”; pero tampoco hay que exagerar; si su hijo es de los que nunca dicen no, seguro que no por ello será un autómata cuando sea mayor. Hasta puede que llegue a embajador).

Pero es inevitable que estas obras de divulgación sean leídas, mal entendidas, reinterpretadas, resumidas y retransmitidas. El negativismo se carga de connotaciones negativas (nunca mejor dicho). Los padres pronto son informados, por familiares, amigos e incluso por profesionales, de que los hijos “nos toman el pelo”, “nos manipulan”, “saben latín”, “tienen ganas de fastidiar”…

¿De verdad cree usted que su hijo es así? Si cree usted que su hijo es, básicamente, una buena persona, no permita que otros le insulten, tratándole como un pequeño delincuente.

¿QUIÉN ES EL NEGATIVO DE LA CASA?

Hagamos un sencillo experimento. Apunte, durante todo un día, todas las veces que su hijo le diga “no”, o se niegue a hacer lo que le mandan… y todas las veces que usted le dice “no”, o se niega a hacer lo que él le pide. Probablemente, la primera sorpresa será comprobar la longitud de las dos columnas. Si existe una “edad del no”, es una fase de los padres, no de los niños.

A continuación, repase las veces que usted ha dicho “no”, y anote los motivos.

“No comas caramelos” para que no tenga caries; “no toques la estufa” porque se podría quemar, “ahora no vamos al parque” porque tiene otras cosas que hacer; “no haré el caballito” porque está cansada… ¿Alguna vez le ha dicho que no para fastidiarle? ¡Claro que no! Cada vez, ha tenido usted un motivo perfectamente razonable. ¿Por qué no puede él tener sus motivos? Tal vez no recoge porque tiene otras cosas que hacer, o no se viste porque está cansado, o no se baña porque ya se bañó hace menos de 15 días, o no le presta sus juguetes a su hermano porque tiene miedo de que se los rompa o no se los devuelva. No siempre estará usted de acuerdo con sus motivos, por supuesto. Tampoco él con los de usted. ¿No es hora de empezar a tratarnos con respeto mutuo?

LOS MOTIVOS DE LOS NIÑOS

Y es que a veces, en vez de considerar a nuestros hijos como personas, con ilusiones, deseos y temores de personas, los vemos como monstruos o marcianos, ajenos e inescrutables. No se relacionan, sino que manipulan; no piensan, sino que maquinan. Les atribuimos motivos inhumanos, que jamás atribuiríamos a un adulto.

Supongamos, por ejemplo, que tiene usted en el vestíbulo una figurita de porcelana que le costó un ojo de la cara. Una amiga, al quitarse el abrigo, arrastra la figurita con una manga y la tira al suelo.

Probablemente se apresurarán a disculparse mutua y civilizadamente: “No sabes cómo lo siento, con lo bonita que era, te compraré otra igual…” “No, no te preocupes, verás cómo se arregla con pegamento de ese mágico. La culpa ha sido mía, por ponerla aquí, en un lugar de paso”.

¿Por qué rompió su amiga la porcelana? Evidentemente, por accidente.

¿Y si es su hija de dos años la que rompe la figurita? Tropezó con ella sin querer, o tal vez la tiró con fuerza al suelo como suele hacer con su muñeca de goma.

¿Cómo iba ella a saber que la porcelana se rompe, y que es mucho más cara que el plástico? Muchos padres comprenden que se trata de un accidente, y disculpan a su hija como hubieran disculpado a un adulto.

Pero existe toda una teoría “pedagógica” que afirma que la niña estaba “afirmando su personalidad”, “desafiando la autoridad materna” o “probando hasta dónde puede llegar”. Hay quien cree que debe reprender o castigar severamente a su hijo por un accidente así, o de lo contrario volverá a hacerlo.

Estas teorías son totalmente absurdas. Todos los niños intentan complacer y satisfacer a sus padres siempre que pueden. No lo hacen por miedo al castigo, sino porque nos aman, y porque desean nuestra aprobación.

Para muchos niños, el ver la porcelana rota en el suelo y la cara de dolor de su madre es suficiente para que se echen a llorar, incluso sin que les riñan.

Explíquele qué otros objetos no hay que tocar porque se pueden romper, y eso bastará para evitar nuevos incidentes… a no ser, claro, que sea demasiado pequeña para entenderlo o que ocurra algún otro accidente. Cuando los niños son pequeños, lo más práctico es guardar las porcelanas en lo alto de los armarios.

POR QUÉ NO CAMINAN

Ana está jugando en el parque, mientras su mamá lee un libro sentada en un banco. Hace muchos meses que Ana aprendió a caminar, y ya lo hace con bastante seguridad. Va aquí y allá con su cubo y su pala, corre a enseñarle caracoles y porquerías a su madre, y si te descuidas intenta subir sola la tobogán.

Llega la hora. Mamá se levanta y llama a Ana; Ana se levanta y pide brazos.

– No, señora, venga, a caminar.

– ¡No!

– ¡A caminar he dicho!

– ‘Toy cansada.

– No estás cansada. Si puedes jugar puedes caminar.

– ¡No quero! ¡Upa nena, upa!

– ¡Pero será posible, cada día la misma tomadura de pelo!

Ahora mamá agarra a Ana por un brazo e intenta arrastrarla. Si lo consigue, puede que la arrastre literalmente, como un saco, y en medio de espectaculares llantos.

También es probable que Ana se adelante a su movimiento, y se agarre con ambos brazos a las rodillas de su madre, con la fuerza de diez hombres.

Si mamá opta por irse poco a poco diciendo “Adiós, mamá se va, si no vienes te quedas sola”, es probable que Ana se tire al suelo llorando.

¿Quién no ha vivido esta escena? Es tan frecuente que unos psicólogos británicos, hace ya muchos años, decidieron estudiar en los parques la conducta de los niños y de sus madres. Hasta los 3 o los 4 años, los niños eran sencillamente incapaces de acompañar o seguir a un adulto de un sitio a otro.

Acompañar o seguir es una actividad altamente organizada, mucho más complicada que dar vueltas alrededor de un punto fijo (habitualmente, alrededor de mamá).

Cuando alcanzaban la madurez necesaria, los niños seguían a su madre sin rechistar (o, más exactamente, como los granaderos de Napoleón, “refunfuñaban, pero le seguían siempre).

Cuántos sinsabores y disgustos se ahorrará la mamá de Ana si, sencillamente, la coge en brazos desde el principio (es lo que tendrá que acabar haciendo después de toda la escena). O, si tanto pesa, para eso están los cochecitos.

POR QUÉ NO COMEN

¿Pues por qué va a ser? Básicamente, hay tres motivos por los que puede que un ser humano no coma. Primero, porque no tenga comida (la causa más frecuente en este mundo, para nuestra vergüenza; pero seguro que no es el caso de su hijo). Segundo, porque quiera adelgazar (pero estamos hablando de su hijo, no de usted). Tercero… ¿lo adivina? Porque no tiene hambre.

Alrededor del primer cumpleaños, la velocidad de crecimiento de los niños disminuye radicalmente. El angelito que había engordado 5 o 6 kilos en el primer año sólo engordará 2 en el segundo.

Por lo tanto, necesitará menos comida que antes. Si mamá no está informada, en vez de darle menos intentará darle más, pues parece lógico que “como es más grande, comerá más”.

Parece lógico, pero es falso, y la batalla está servida.

No, su hijo no se niega a comer para manipularla, ni para demostrar quién manda, ni porque está en una fase de afirmación de su personalidad. Se niega a comer porque ya ha comido suficiente. No le obligue nunca, jamás de los jamases, a comer, y se evitará muchos llantos, muchos gritos y muchos vómitos.

POR QUÉ NO DUERMEN

A veces nuestros hijos quieren seguir jugando. A veces no tienen sueño. Las más de las veces, sencillamente, no quieren dormir solos.

Se dice que debemos enseñar a nuestros hijos a dormir. Pero a dormir se nace sabiendo; los fetos ya duermen antes de nacer.

Lo que se puede aprender, en todo caso, son las normas culturales que en nuestra sociedad gobiernan el sueño: dormir de noche, como las personas mayores. Dormir en una cama, como las personas mayores.

Ponerse el pijama, como las personas mayores… ¿Dormir solo, o en compañía? Buena pregunta. Usted es una persona mayor; ¿duerme usted sola?

EN EL COLE RECOGE (OBEDECE, COME…), Y EN CASA NO

Hombre, claro. La que te arman si no recoges en el cole. En la mili, miles de jóvenes se hacen la cama, friegan su habitación, se betunan los zapatos, se lavan la ropa y comen sin rechistar. ¿Quieren más a su sargento que a su madre? No, sólo le tienen más miedo.

Todos nos comportamos “peor” (protestamos, desobedecemos, nos enfadamos…) allí donde nos sentimos más seguros. También papá y mamá hacen en casa cosas que nunca se atreverían a hacer en el trabajo.

No piense por ello que su hijo le falta al respeto o le toma el pelo; todo lo contrario.

Líbrenos el cielo de que nuestros hijos no vean la diferencia entre un hogar y una escuela, o entre un hogar y un cuartel.

¿Y SI NOS PIDEN LA LUNA?

Algunos expertos afirman que los niños “necesitan límites”, para ser felices. Que a veces se comportan de forma irritante porque están “probando los límites”. Que los padres les hemos de enseñar a tolerar la frustración.

La frase “los niños son desgraciados cuando no tienen límites” resulta difícil de probar, porque nunca ha habido un niño (ni un adulto) sin límites.

Hay límites físicos: no pueden volar, no tienen suficiente fuerza, el día sólo tiene 24 horas… Y hasta los padres más “permisivos” ponen cada día a sus hijos cientos de límites por motivos totalmente justificados: no puedes jugar en la calle porque pasan muchos coches, no puedes ver la tele porque es muy tarde, no te doy más caramelos porque no son buenos para los dientes, no te puedo comprar la bicicleta porque es muy cara, no te puedo coger en brazos porque me estoy duchando, no podemos ir al parque porque llueve… Si las frustraciones son buenas para el desarrollo mental, nuestros hijos tienen, cada día, todas las que necesitan.

Ahora bien, si nos piden algo que no cuesta dinero, que no es malo para los dientes, que no es peligroso, que no produce colesterol, que tenemos tiempo de darles… ¿se lo debemos negar, sólo para que aprendan “que no se pueden salir siempre con la suya”? ¿Debemos sacrificar su felicidad y la nuestra, sólo para que algún día “no nos pidan la luna”? No importa; la luna, de todos modos, no se la vamos a dar.

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LOS LÍMITES.

A diferencia de los niños, que dicen “no” para manipularnos, los padres decimos “no” para mostrar a los niños cuál es el límite, para mostrar y mantener nuestra autoridad, para enseñarles a respetar unas reglas sociales, para hacer de ellos hombres de provecho, para que adquieran buenos hábitos desde pequeños… vamos, que NO les estamos manipulando (¿verdad?).

Se han escrito libros enteros sobre el arte de poner límites a los niños. Según algunos expertos, los niños a los que no se ponen límites son desgraciados. Es misión de los padres poner límites a sus hijos, para que crezcan sanos y felices.

Curiosamente, desde los tiempos de Franco (¿se acuerdan de la “libertad dentro de un orden?) no he oído a nadie afirmar que la falta de límites hace infelices a los adultos.

Los mayores nos quejamos más bien del exceso de límites; nos gustaría tener más tiempo libre, más dinero, más salud, más amigos, una casa más grande, disfrutar sin límites…

En otra versión de la historia, hay que negar cosas a los niños para que aprendan a tolerar la frustración.

No perderemos el tiempo discutiendo si los límites dan la felicidad, o si las frustraciones son buenas para formar el carácter (“en la mili te harás hombre”, versión para menores de dos años… que, curiosamente, no harán la mili). Porque el punto realmente importante es: ¿existen niños criados sin límites? ¿Alguien los ha visto, para saber si son desgraciados o no?

Uno tiende a creer que los hijos del vecino no tienen límites, que están horriblemente malcriados.

Les permiten dejar los juguetes por el suelo, les dejan levantarse de la mesa antes de acabar de comer, no se ponen las zapatillas al llegar a casa, se van a la cama tardísimo… Pero, ¿qué hubieran pensado nuestras bisabuelas de nuestros hijos, que no llaman de usted a sus padres, ni besan al mano a sus abuelos, ni rezan cada tarde el rosario? Y, para muchas madres de este mundo, todos los niños de Europa están malcriados: con seis años, todavía no los puedes dejar sólos cuidando a un bebé. Si la escuela está a más de tres kilómetros, ya no quieren ir andando cada día (y, encima, para andar 200 metros, ¡necesitan zapatos!) Se pasan el día jugando en vez de moler maíz o cuidar a las cabras… Vamos, unos mimados holgazanes.

Así que, como mínimo, los límites son una cuestión cultural, y pueden variar de un país a otro o de una época a otra. ¿Por qué no admitir también que pueden cambiar de una familia a otra, y dejar de criticar a los vecinos (o de permitir que nos critiquen)?

Источник: http://www.carlosgonzalezpediatra.com/2016/07/la-edad-del-no-o-no/

La etapa del no quiero en los niños

La etapa del no

La etapa del no es una fase normal del desarrollo de cualquier niño sano. Una fase de autoafirmación por la que deben pasar y en la que la personalidad de nuestros hijos empieza a desplegarse.

La fase del no quiero, una etapa necesaria para el desarrollo de la personalidad

Sobre los 24-36 meses (2-3 años) los niños, nuestros hijos, entran de lleno en una fase negativista, donde a todo contestan «no, no quiero». Una etapa donde niegan prácticamente todo, sin más. Se vuelven tercos y testarudos.

Un periodo lleno de rabietas pero importante e imprescindible para su desarrollo. Una fase de autoafirmación, que a más de un padre (madre) saca de sus casillas. Sin embargo, es importante permanecer tranquilos y mantener la paciencia en todo momento.

Tanto para nosotros los padres, como para ellos mismos, esta etapa del no quiero, es una etapa muy pesada aunque necesaria.

 Pesada porque todo el día estamos viviendo cómo nuestro pequeño adolescente (sí, pequeño adolescente de 2 – 3 años) intenta salirse con la suya, teniendo que insistir una y otra vez que no haga esto, que no toque aquello, rabietas, pataletas, berrinches y un constante degoteo de «no quiero».

Hoy hablamos sobre la fase del «no, no quiero» de nuestros peques. ¿Estáis en ella? ¿cómo la vivís? Si pensáis que algo malo está pasando mi consejo es que no os angustiéis. Es una fase pasajera muy necesaria para la formación de la personalidad de nuestros hijos.

La fase del no ¿Qué hacer?

Justamente cuando estoy escribiendo este post mi hijo P. de prácticamente 30 meses ha entrado de lleno en esta fase. ¿Cómo la estamos viviendo y cómo debemos vivirla los demás padres que nos encontramos en esta etapa? 

Lo primero, como ya he hablado en otros muchos post, es intentar mantener la calma y la paciencia. Entender que no son niños/as malos, ni tiranos (aunque lo parezcan), ni lo hacen para fastidiarnos aunque sí para desafiarnos.

No lo recordamos pero cuando fuimos niños también fuimos así a su edad, y así son la gran mayoría de niños. Por tanto, tenemos un niño sano que justo está haciendo lo que debe hacer para construir su personalidad.

Si leemos sobre este tema, en cualquier manual de psicología o pedagogía o guía para padres, encontraremos alguna referencia a esta fase de autoafirmación y veremos que a nuestro hijo no le ocurre nada malo.

No le pasa nada más ni nada menos que está creciendo y desarrollándose de un modo correcto. Por tanto, si esto es lo que os venía preocupando de un tiempo a esta parte podéis respirar tranquilos.

Tenéis un hijo sano capaz de a sus tres años desafiarnos!! Es como una adolescencia infantil…

Ofrecer alternativas, dejarles decidir

Muchas veces podemos evitar estas negativas insistentes, recurrentes y sistemáticas. Aunque creamos lo contrario, nuestros pequeños pueden tomar algunas decisiones, siempre y cuando lo hagamos de modo controlado.

Es decir, podemos darles la oportunidad de elegir entre dos opciones que previamente habremos escogido nosotros.

Este modo de actuar permite que tengan la sensación de elegir ellos y reduce su necesidad de reclamar su poder, autoridad o mando de un modo tan persistente e incluso inadecuado en algunas ocasiones.

Poner normas y límites claros

De todos modos, y dicho lo dicho en el párrafo anterior, no debemos olvidar que papá y mamá somos quienes debemos poner los límites y normas y … les guste más o menos ellos deben aprender a obedecerlas, con derecho a enfadarse eso sí. Pueden estar en desacuerdo pero las normas están para su bien y los límites para que aprendan que hay cosa que no se deben hacer.

No, no es fácil ser padre o madre pero … recuerda esto la próxima vez que tu pequeño se enteste en un «no, no quiero», para él tampoco es fácil crecer, no es fácil ser niño.

Como adultos, y por tanto con todo lo que ya sabemos y con mayor autocontrol que ellos, tenemos el deber de enseñarles pacientemente (aunque se que cuesta mucho en ocasiones) el modo correcto de proceder.  Que es lo que pueden y qué es lo que no pueden hacer.

Tómate con calma y cuando sus no sean muy insistentes deja que pase un rato o distrae su atención hacia otra cosa, … acabará cediendo sin recordar que previamente había dicho no.

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La etapa del no: en qué consiste y cómo afrontarla

La etapa del no

De un día para otro, tu pequeño, ese niño dulce y complaciente que cooperaba con una sonrisa, ha comenzado a negarse en redondo a absolutamente todo. No quiere ponerse los calcetines, no quiere irse a la cama, no quiere peinarse. ¿Te resulta familiar esta situación?. Probablemente os estéis adentrando en la etapa del no.

Seguramente no das crédito al repentino y brusco cambio que se ha producido en la conducta de tu hijo. Tal vez sientas que solo quiere desobedecerte, desafiarte, que se está comportando mal. No obstante, si descendemos a su altura, podremos ver lo que ocurre desde una perspectiva más amplia.

La etapa del no

Alrededor de los dos años de edad, los niños experimentan una serie de cambios cognitivos importantes. Comienzan a tener conciencia de sí mismos como seres individuales, separados de su madre. Hasta ese momento, su percepción era la de un todo, pero a partir de ahora son capaces de diferenciar su propia existencia, sus propios deseos y opiniones.

Este fascinante descubrimiento los lleva a querer experimentar en su entorno la nueva voluntad de la que han descubierto que disponen. Desean expresar esa individualidad y aprender a utilizarla, y la mejor herramienta para ello es la oposición. Diferencio mis propios intereses de los tuyos, destaco mi propia existencia individual: me niego, luego existo.

De esta forma, el pequeño comienza a ofrecer negativas sistemáticamente. Dicen “no” cuando están enfadados y desean expresar su desacuerdo, pero también lo hacen cuando están cansados e incluso por costumbre. En esta etapa es probable que respondan “no” incluso ante un ofrecimiento que les beneficia. Están aún aprendiendo a ejercer su voluntad.

¿Qué perspectiva adoptar?

Ante este desconcertante cambio de conducta, muchos padres no saben cómo reaccionar. Interpretan las negativas de su hijo como desafío o una manipulación.

Piensan que se ha convertido en un niño desobediente y respondón, y que es una conducta que se debe corregir.

Por ello, es común perder la paciencia y entrar en conflictos y discusiones con el infante que van escalando de intensidad.

En este sentido, la realidad es que, a pesar de poseer una recién descubierta voluntad, aún no tiene completamente desarrollada la capacidad de razonar. El pequeño no quiere fastidiarte, no desea retarte, únicamente está probando, aprendiendo a desenvolverse en el mundo.

Si no tiene en cuenta el peligro de sus actos o las repercusiones que sus negativas tienen en ti, es simplemente porque aún no puede. Hasta cierta edad, el pensamiento de los niños es egocéntrico y son incapaces de tener en cuenta perspectivas ajenas.

Además, si reflexionamos, comprobaremos que muy probablemente nosotros hayamos influenciado su adquisición del no. ¿Cuántas veces al día le dices “no” a tu hijo? ¿Y cuántas veces te lo dice él a ti? Es sencillo comprender por qué los pequeños comienzan a utilizar esta palabra debido a la ingente cantidad de veces que la escuchan.

Adicionalmente, igual que tú tienes motivos para negarte a lo que tu hijo te propone, él también cuenta con sus propios motivos para hacerlo. Evidentemente, no podemos ceder a sus, muchas veces descabelladas, negativas, pero sí podemos adoptar una actitud más respetuosa y comprensiva.

Finalmente, los niños no son autómatas ni objetos de nuestra propiedad, son pequeñas ‘personitas’ con sus propios pensamientos y sentimientos que han de ser igualmente respetados.

¿Cómo afrontar la etapa del no?

  • Comprende el proceso cognitivo por el que está pasando tu hijo. Intenta mirar desde su perspectiva y comprenderás que no te está retando, solo está aprendiendo a vivir.
  • Trata de educar sin el no. De esta forma, estarás siendo modelo de otras formas más constructivas de expresar una opinión.
  • Ármate de paciencia y procura no perder los nervios ante la oposición de tu pequeño. Tal vez te lleve media hora más conseguir que se ponga los calcetines, pero será mejor para el vínculo de ambos evitar gritos y malos modos.
  • Permite al niño que elija ciertas cosas, de modo que ejercite progresivamente su voluntad. Sin embargo, no cedas ante aquello que te parezca importante. Los límites y la coherencia son imprescindibles en el desarrollo infantil.
  • Recuerda que la etapa del no pasará y todo el esfuerzo de amor y respeto que hayas invertido en la crianza dará sus frutos. La guía que le estás proporcionando a tu pequeño sobre cómo manejar sus opiniones y emociones es un valioso legado.

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Источник: https://eresmama.com/la-etapa-del-no-en-que-consiste-y-como-afrontarla/

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