La fiebre de los tres días

“Tengo un dolor de cuerpo como si me hubieran metido en una picadora. Este síntoma comenzó el lunes día 16 de marzo. El martes, día 17, empecé a tener picos de fiebre alta hasta 39,8 grados. Y ya el miércoles apareció la tos.

Llevo tres días intentado ponerme en contacto con los profesionales sanitarios a través de los dos números de teléfono que han facilitado las autoridades para comunicar que soy un posible positivos de coronavirus pero no ha habido forma humana de que alguien me coja el teléfono.

También he realizado la encuesta que aparece en la aplicación móvil de Salud Responde pero hasta el momento (miércoles día 18 de marzo a las 17:30 horas) nadie se ha puesto en contacto conmigo”.

Es el relato desesperado de una mujer, vecina de Almería, que vive encerrada, como es obligación de todos desde que el Gobierno de España decretó el Estado de Alarma.

Asegura que está aislada en la parte de arriba de su casa y procurando tener el mínimo contacto posible con sus dos hijos menores de cuatro años y con su marido, que es trabajador en un centro de menores tutelado por la Junta de Andalucía y cuya labor en estos días de concinamiento la ha estado realizando de forma presencial.

Está tranquila porque no le cuesta respirar

“Estoy encerrada y sin asistencia”, asegura con cierta tranquilidad, pues aunque asegura tener los síntomas que se describen para esta maldita enfermedad que ha llegado y ha puesto el mundo patas arriba en cuestión de semanas, asegura que por ahora puede respirar bien y la tos no es muy persistente.Como ha relatado a Diario de Almería, “ha sido al leer una información de este periódico a través de su página web, cuando me he dado cuenta de que tenía que hacer algo y mi primer pensamiento ha sido llamar a la prensa para poner en conocimiento lo que me está ocurriendo en Almería. Estoy siendo protagonista de una situación que no dista mucho de lo que cuentan los ciudadanos de Madrid, que muchos llevan días denunciando estar con síntomas en su casa pero nadie ha ido a tomarle las muestras para realizar los análisis pertinentes y verificar si son o no portadores del virus”.

La preocupación de L.A.R. va más allá de su salud. Por ahora, a parte de la fiebre, del dolor corporal y de los golpes de tos, asegura que no tiene dificultad para respirar y es precisamente esto lo que le ha llevado a estar en su casa y no acudir a los servicios de urgencias del hospital.

Sin embargo, no puede evitar pensar en el hecho de haber tenido contacto estos días atrás con todos sus alumnos en el colegio donde ejerce como docente.

Su marido, que desde el miércoles está de descanso, ya ha puesto en conocimiento de los responsables del centro la situación que está viviendo su familia.

Piensa en cuántos más como ella estarán a la espera del test

Espera como agua de mayo la llamada de alguien que le pueda dar luz a la incertidumbre y que ponga coto a la ansiedad inevitable de sentirse enferma, portadora de un bicho que corre a sus anchas, sin freno y cada vez más fuerte a tenor de las informaciones que el Gobierno va anunciando. Y no puede evitar pensar en cuántas personas más estarán en su misma situación a la espera de que se le practique el dichoso test que confirme o desmienta que padece la enfermedad.

La última llamada de socorro fue directamente al 061 el miércoles sobre las 17:30 horas.

Allí le indicaron que debía extremar al máximo la higiene, que permaneciera en su vivienda y que como no está diagnosticada que podría deberse también a un simple proceso vírico”.

Está tomando paracetamol y nolotil y asegura que no se fía de tomar ibuprofeno ante las informaciones que ha leído de que puede ser un aliado para el virus, aunque indica no obstante que no sabe si esta información es real o es un bulo.

Mientras tanto, L.A.R., preocupada por la situación que se está viviendo en su casa, sigue con su aislamiento y muy intranquila por la tardanza en la realización del análisis que, por otro la do, ya le han indicado que no se le practicará hasta pasados unos tres o cuatro días, periodo en el que le han pedido que vuelva a ponerse en contacto con ellos si los síntomas continúan o si empeoran.

Indignada por la falta de medios

Siempre pensó que la amenaza del coronavirus podría estar cerca de ella, por el volumen de personas que la rodean en su trabajo, o por sus hijos pequeños, que están asintomáticos por ahora. Sin embargo, asegura no tener miedo, sino “indignación de que no se pongan medidas para frenar la expansión de esta enfermedad”.

Su familia sabe de sus síntomas desde el principio y están más preocupados por ella y los que le rodean en su casa que ella misma.

Mientras tanto, en el laboratorio del Hospital Universitario Torrecárdenas y el del Hospital Virgen de las Nieves de Granada continúan a destajo analizando muestras de pacientes de toda la provincia de Almería.

Источник: https://www.diariodealmeria.es/almeria/dias-sintomas-atencion_0_1447655729.html

El fantasma de la fiebre de los tres días en 1918

La fiebre de los tres días

«Esta de ahora no es cosa de broma, señor Rubes. Es una gripe que no se pasa con dos días de cama y un sello de aspirina».

Así resumió en 'Mi idolatrado hijo Sisí' Miguel Delibes el terrible fantasma que asoló pueblos y ciudades enteras en 1918, una gripe contra la que se agotaban los remedios, las ideas y las fuerzas.

No había herramientas para frenar una pandemia devastadora que superó en víctimas a la I Guerra Mundial -entre 50 y 100 millones-, y que se propagó como la pólvora en Castilla y León, uno de los territorios más azotados de España.

La cara más virulenta del virus comenzó a expresarse hace ahora cien años, con la llegada del otoño, tras una primera oleada en primavera. La provincia de Burgos experimentó la tasa de mortalidad más alta de España en estos meses con 167,7 fallecidos por 10.000 habitantes.

La 'influenza' fue muy cruel también en Zamora, Palencia, León, Segovia, Salamanca, Valladolid y Ávila, las ocho incluidas en la lista de las 13 provincias españolas más afectadas.

Todas superaron las tasas de 109,5 fallecidos, según uno de los estudios más completos sobre los patrones de mortalidad que firman Gerardo Chowell, Anton Erkoreka, Cécile Viboud y Beatriz Echeverri-Dávila.

La gripe mataba en horas a mucha gente joven, sobre todo a adultos de entre 25 y 30 años, y pronto comenzó a llenar de esquelas los periódicos y los libros de difuntos de los hospitales, aunque mucha gente moría en casa, sobre todo en los pueblos, donde las condiciones sanitarias complicaban los cuadros y donde se prohibieron ferias y mercados, toda clase de fiestas, espectáculos y actos públicos en lugares cerrados y mal ventilados.

El riego se hizo evidente en pueblos como Pozal de Gallinas (Valladolid), donde la gripe explosionó un 10 de septiembre después de haberse celebrado una corrida de novillos a la que concurrieron muchas personas de Medina y de Pozaldez.

«La epidemia atacó en masa a todo el vecindario, hasta el punto de tener cerca de 500 invasiones en un pueblo que sólo tenía 140 vecinos». Así lo dejó escrito el inspector provincial de Sanidad por aquel entonces, el doctor Román G.

Durán, en un artículo publicado en el número de mayo de 1920 de La Clínica Castellana.

En este boletín oficial del Colegio de Médicos de la Provincia de la época compuso una memoria descriptiva de la situación y de cuya lectura se puede extraer la angustia y desolación que sufrió durante toda la epidemia.

Rogativas a la Virgen

Tal era la desesperación que las autoridades no atinaban a frenar la propagación de la enfermedad. Es más, en algunos casos ayudaron a difundirla aún más.

El 13 de octubre, en Valladolid se trasladó a la patrona, la Virgen de San Lorenzo, a la catedral y se celebraron varias rogativas por la extinción de la epidemia.

En la edición del 14 de octubre de El Norte de Castilla se podía leer: «Numeroso público presenció su paso en todo el trayecto con gran recogimiento, siendo muchos los fieles que acompañaron a la imagen de la patrona. En muchas casas las familias que tienen enfermos dirigían sus ruegos a la Virgen».

Mientras, en Zamora, el 26 de octubre se sacó en procesión a la Virgen del Tránsito, cuando aún la catedral continuaba cerrada para evitar contagios. Algunos autores, como Beatriz Echeverri y Francisco Javier García-Faria del Corral, atribuyen la alta tasa de contagios a actos religiosos masivos como estos.

Medicamentos que se usaban para tratar la gripe en 1918 y que se muestran en la exposición dedicada a Saturio Serradilla Vicente, en Escurial de la Sierra / Dois Santos

Preservar la salubridad

A medida que avanzaba el otoño, las esquelas copaban las portadas de los periódicos; los productos de zotal inundaban las secciones de 'propaganda', y las autoridades aprobaban instrucciones para preservar la salubridad.

Se habilitaron locales para aislar a los primeros enfermos; se establecieron medidas higiénicas para limpiar las calles, conductos de agua, pozos, sumideros y fuentes, y se obligó a enterrar a los fallecidos lo más rápido posible, sin velatorio ni exposición en las iglesias, y siempre al anochecer o al amanecer y por el camino más corto posible. Éstas fueron algunas de las órdenes sanitarias aprobadas por la Junta Provincial de Sanidad de Valladolid del 27 de septiembre, fecha en la que se declaró de forma oficial la epidemia.

En Palencia, el Ayuntamiento creó un servicio de policía urbana para comprobar que en los barrios se cumplían los mandatos municipales; prohibió las coladas en la Dársena porque había un lavadero público; dio un plazo de «15 días para dotar de aguas a los retretes de edificios enclavados en calles con alcantarillas» y ordenó que el número de retretes fuera «proporcional al de vecinos y no sólo uno por casa». Además, vetó la cría de cerdos y conejos en las casas, según recogió el escritor, periodista e historiador palentino Pedro Miguel Barreda Marcos en un artículo sobre la epidemia publicado en 2009 por la Institución Tello Téllez de Meneses.

El consuelo del médico de cabecera

La gripe del 19 no entendió ni de sexos ni de clases. Morían hombres y mujeres, ricos y pobres y médicos, muchos médicos, por el continuo contacto con los enfermos.

Los que lograron hacer frente al virus casi fallecían de agotamiento, en especial en los pueblos, donde no daban abasto al estar al frente de los municipios de su partido y de aquellos que habían perdido al médico titular.

Y es que los voluntarios no llegaban como se hubiese deseado, pese a los constantes anuncios de reclamo publicados en la prensa. También, muchos no pudieron ayudar por falta de vehículos oficiales, según denunció el Colegio de Valladolid.

La labor de aquellos médicos rurales que salvaron cientos de vidas; que no cejaron en fijar medidas sanitarias e inculcar todo tipo de precauciones quedó en muchos casos relegada al anonimato.

No fue el caso del doctor Saturio Serradilla Vicente, médico de Escurial de la Sierra (Salamanca), que retó a la gripe en esta zona de Las Quilamas con pocas herramientas más que sus instrucciones higienistas y un puñado de frascos de quinina, salpirina, enjuagues y alcanforado.

En mayo de 1920, Román G. Durán analiza la epidemia gripal de 1918 en la provincia de Valladolid en un articulo publicado en 'La Clínica Castellana'.

Transcurridos 100 años de aquel otoño, hoy aún se pueden aprender lecciones.

La principal, que el virus de la gripe puede ocasionar una «pandemia devastadora», y que es necesario el desarrollo de medidas que puedan evitar sus consecuencias, según explica a Ical el burgalés Adolfo García-Sastre, uno de los gurús en investigación de virus gripales. A su juicio, pese a crisis previas, siguen sin darse los pasos necesarios.

«Las medidas para evitar consecuencias por una pandemia no son todavía hoy las adecuadas, tal y como nos demostró la incapacidad de frenar la pandemia mucho más suave del año 2009.

Por eso creo que es importante seguir investigando para encontrar mejores vacunas y tratamientos con las tecnologías más modernas», sentencia este codirector del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes de la Escuela de Medicina Icahn Mount Sinai, en New York, además de director del Centro de Investigación de la Patogénesis de la Gripe de Estados Unidos.

En ello coincide José María Eiros, catedrático de Microbiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid y jefe del Servicio de Microbiología del Hospital Universitario Río Hortega, quien ha trabajado en varios centros nacionales de la gripe y que este año ha publicado, junto a los doctores Rosario Bachiller Luque y Alberto Pérez Rubio, el libro 'La gripe de 1918. Centenario de una crisis sanitaria devastadora'.

«Lo más importante que tenemos que saber es que la gripe es imprevisible. Todavía, en octubre de 2018, adolecemos, carecemos de modelos que nos digan con exactitud cuándo se van a producir las epidemias anuales y mucho más ignoramos cuándo van a emerger fenómenos asociados a virus pandémicos».

En consecuencia, precisa Eiros, España debería adoptar un plan nacional de preparación ante una pandemia que pasa por tensar las estructuras asistenciales; tener capacitación diagnóstica ágil; incidir en la investigación de modelos de alta patogenicidad, y, sobre todo, contar con una planta de fabricación de vacunas propia.

El mensaje es claro: «No puede ser que hayamos vivido pandemias, cuatro en el siglo pasado, y que aún no estemos preparados».

Su ámbito asistencial estaba formado por Escurial de la Sierra, Hondura, Corral de Garcíñigo, Moraleja, Coquilla, Segoyuela y los Arévalos. De sus 1.076 habitantes, 778 fueron víctimas de la gripe.

Su obligación, pero sobre todo sus principios éticos le llevaron a asumir el cuidado de los enfermos de los partidos colindantes de Linares y Navarredonda, donde los titulares causaron baja.

Lo recuerda a Ical Joaquín Sánchez, que lleva diez años investigando sobre la vida de Saturio Serradilla y a quien el destino le permitió descubrir la historia de este médico, un ejemplo de humanidad.

El carácter burgués de don Saturio no impidió que recorriera a lomos de su caballo y de sol a sol hasta el último rincón de La Calería, donde «suministraba leche a los enfermos sin recursos y los aliviaba con las medicinas que él mismo pagaba».

Homenaje al médico rural

Durante la pandemia, Saturio Serradilla fue ante todo persona.

Esta entrega le valió, a instancias de los ayuntamientos de Navarredonda, Tejeda, Berrocal de Huebra, Bárbalos, Herguijuela de la Sierpe, Linares, Valero y Escurial, la concesión de la Gran Cruz de Beneficencia con distintivo morado y negro, el 6 de octubre de 1923, cinco años después de aquella gripe que sirvió para medir el valor humano de los médicos rurales. Hasta qué punto fue querido que aquel título, otorgado por el Gobierno, se materializó en una cruz de oro que pagaron los vecinos con una colecta y el Colegio de Médicos de Salamanca.

Ahora, 100 años después, de la mano de Joaquín, el pueblo ha decidido recordar que es lo que es gracias a aquel doctor, hijo predilecto del pueblo. Saturio Serradilla cuenta desde este mes con una escultura frente a su casa.

Se denomina Génesis; la firma el artista local Severiano Grande, y rinde homenaje a todos aquellos médicos rurales que muchas veces cayeron enfermos no por gripe, sino por agotamiento.

El recuerdo lo completa una exposición, organizada por Joaquín Sánchez, que puede visitarse hasta el 4 de noviembre en el Ayuntamiento de Escurial.

Источник: https://www.leonoticias.com/sociedad/fantasma-fiebre-tres-leon-1918-castilla-20181021171552-nt.html

¿Qué es lo que debes saber sobre la fiebre en bebés o niños?

La fiebre de los tres días

¿Por qué nos asusta tanto la fiebre? ¿Qué hay de verdad en todo lo que se dice y se escucha acerca de la fiebre?La fiebre es, sin ninguna duda, el motivo de consulta más frecuente de la consulta de un pediatra.

El niño tiene fiebre y parece que se paraliza el mundo.

Si nos llaman al trabajo, ya no damos pie con bola; si nos damos cuenta por la noche, empezaremos a darle vueltas (qué mala es la noche) y ya no pegamos ojo; si es la abuela quien se da cuenta, ya habrán saltado todas las alarmas disponibles.

Pero… ¿de verdad tenemos que tenerle tanto miedo a la fiebre?

¿Qué es la fiebre?

Es una elevación de la temperatura corporal por encima de los límites establecidos como normales que son 38º o más rectal, o 37.5ºC axilar.

La causa más frecuente son las infecciones. La fiebre no es una enfermedad, es un síntoma, al igual que los vómitos, la diarrea, la mucosidad nasal o la tos. No debemos darle más o menos importancia que la que tiene.

Los pediatras valoramos todos los síntomas del niño en su conjunto para emitir un diagnóstico. De entrada, le quitaré protagonismo ya que, la mayoría de las veces, la fiebre, no es el dato clave que nos de el diagnóstico de la enfermedad.

¿Cuál es la mejor forma de tomarle la temperatura a un bebé?

En los lactantes pequeños lo más rápido y fiable es la temperatura rectal con un termómetro digital el cual sólo hay que introducir medio centímetro y comprobaréis como a los pocos segundos pita. A esa temperatura debemos restarle medio grado por lo tanto una temperatura de 38ºC rectal, equivaldrá a 37.5ºC axilar.

En los niños más mayores recurriremos al termómetro digital axilar o a termómetros infrarrojos sin contacto aunque aquí os digo que la variabilidad en función de la calidad del dispositivo. puede ser importante.

¿Y por qué sube la temperatura?

Para defendernos y no es que seamos masoquistas, no. La fiebre no es el enemigo, todo lo contrario, es nuestra primera barrera defensiva para luchar contra las infecciones.

La fiebre activa nuestro sistema inmunitario para fabricar glóbulos blancos y anticuerpos que lucharán contra la infección.

Los virus y las bacterias crecen a temperaturas más bien bajas, en torno a 37ºC. Cuando nuestro organismo detecta un agente extraño, lo primero que hace, es elevar la temperatura para eliminar al gérmen. Yo suelo decirles a los niños de la consulta: “Tu cuerpo sube la temperatura para achicharrar a los virus”.

Si nosotros insistentemente descendemos la temperatura con ibuprofeno, con paracetamol, con baños y con todo lo que está a nuestro alcance, lo que conseguimos es favorecer la multiplicación de los gérmenes porque les damos la temperatura perfecta para ello.

¿Debemos tratar la fiebre de un bebé o de un niño?

No tratamos la fiebre, tratamos el malestar. Es decir, si nuestro hijo tiene 38ºC y está bien, tranquilo y sin malestar, déjale. No le des medicinas, aunque tu madre insista y no pare de dar vueltas por el salón con los ojos como platos reprochándote: ”Estas cosas nuevas que hacéis ahora… no las entiendo

Desabrígale y vigílale. En ese momento su cuerpo se está defendiendo, ya está haciendo su labor.

Si por el contrario tiene 38ºC y además tiene dolor, está muy irritable o la fiebre le da nauseas y vomita; entonces sí es el momento de tratar. Le damos paracetamol porque no se encuentra bien, independientemente de su temperatura.

Cómo bajar la fiebre en un bebé o en un niño

Tenemos las medidas físicas y los antitérmicos.

-Las medidas físicas consisten en desabrigar al niño. Y si digo desabrigar quiero decir justamente eso: quitar ropa. La antigua costumbre de cubrir a los niños con 3 mantas para que “sude la fiebre” es mal remedio. Si les abrigamos, aumentará más la temperatura y se encontrarán peor. Quítale la ropa, déjale fresquito.

-Ofrécele agua con frecuencia; la fiebre tiende a deshidratar a nuestros hijos, por lo que ten a mano siempre la botella de agua.

-Intenta mantener una temperatura ambiente neutra (22-24ºC). Me hace gracia cuando me dicen los padres “No hemos puesto el aire acondicionado por si se resfría”.

Primero: el niño está con fiebre, ya está malito. Lo que haya cogido, ya lo tiene. Segundo: Si estamos en pleno mes de agosto a 35 grados de temperatura, hasta a mí me sube la fiebre.

Sí; puedes poner el aire acondicionado, refresca la casa, refresca al niño.

-Si quieres darle un baño que sea de agua tibia. Nunca fría. Si metéis a vuestro hijo en una bañera con agua fría aumentará aún más su malestar, puede tener temblores y podría subir aún más su temperatura. Recordad que hagamos lo que hagamos se trata de aliviar al niño.

-Si la temperatura es alta (39º o más) o el niño está muy molesto, recurriremos a los antitérmicos: Paracetamol (a partir de cualquier edad) e Ibuprofeno (en mayores de 6 meses).

-Es conveniente empezar siempre por paracetamol, tiene menos efectos secundarios. Lo podemos dar cada 4-6 horas a las dosis recomendadas por tu pediatra según los kilos de peso (no se calculan por edad, si no por Kg de peso).

Pregunta estrella: ¿Es conveniente alternar paracetamol e ibuprofeno? La respuesta es NO. Reconozco que es una práctica muy extendida. Pues bien, esta recomendación no está justificada y tiene más riesgos que utilizar un solo antitérmico a las dosis correctas. En casos puntuales tu pediatra podría recomendártelo.

El bebé ha vomitado el antitérmico, ¿Qué hago?

Si han pasado menos de 15 minutos puedes volver a dárselo, si ha pasado más tiempo no es necesario.

No esperes que le baje la temperatura inmediatamente. “Es que le he dado el paracetamol hace media hora y sigue con fiebre”. No pasa nada, el antitérmico hará su función, pero no es inmediato.

Además, recordad que el organismo seguirá luchando por mantener una temperatura alta para combatir la infección. No os asustéis si sólo baja medio grado; si con ese medio grado el niño ya se encuentra mejor, es suficiente. Recordad: tratamos el malestar.

No os obsesionéis ni viváis con el termómetro pegado a la mano.

¿Fiebre alta es igual a enfermedad grave? ¿Fiebre baja equivale a enfermedad leve?

No siempre. No es así de fácil. Hay enfermedades graves que cursan con fiebres bajas (leucemias, linfomas) y enfermedades leves que cursan con fiebres altas (exantema súbito)

¿Qué son las convulsiones febriles?

Las convulsiones febriles es uno de los cuadros que más asustan a las familias y el principal motivo del temor a la fiebre.

“Vamos a bajarle rápido la fiebre no vaya a convulsionar”– os suena ¿verdad? Sé que asustan muchísimo. Lo sé. Pero ni debemos tener tanto miedo a las convulsiones febriles, ya que es una afección benigna, ni por bajarle la fiebre antes, evitaremos que convulsione.

Lo que debemos tener claro es qué es una convulsión febril, qué debemos hacer y cuál es su pronóstico.

Aquí os recuerdo el post que escribí sobre este tema para que sepáis paso a paso qué debéis hacer ante una convulsión febril. 

¿Es bueno darle al niño algún medicamento antes de ir a la consulta?

Esta pregunta me gusta. Sí, si el niño tiene fiebre alta, superior a 39ºC o presenta malestar. Tengo por costumbre creer todo lo que me cuentan los padres, no hace falta que lo traigáis en plena tiritona con 39.5ºC

“No quise darle nada para que lo vieras”- me suelen decir.

Os creo. Si me decís que ha tenido 40º os voy a creer siempre. Igual que si me decís que ha vomitado, no hace falta ver el vómito. O si me decís que ha tenido diarrea.

“Te he traído las cacas en el pañal para que las veas”- esto también es frecuente. Aunque desde que tenemos móviles con cámara, las fotos son las protagonistas.

He de reconocer que en alguna ocasión, esas imágenes, me han aportado mucha información.

Complicaciones de la fiebre en bebés y niños

Las complicaciones, cuando se presentan no son debidas a la fiebre, son debidas a la enfermedad que origina la fiebre. Lo único que puede provocar la fiebre prolongada, sobre todo en lactantes, es la deshidratación: ofrécele agua con frecuencia. La fiebre por sí sola no produce daño neurológico ni de ningún otro tipo.

¿Produce la fiebre convulsiones en un bebé o en un niño?

La fiebre en sí NO produce convulsiones. Las convulsiones febriles se presentan en un pequeño número de niños que tiene predisposición a padecerlas, sobre todo el primer día de fiebre y cuando esta sube con rapidez. En este caso debéis acudir al centro médico más cercano.

Hay padres que vienen a la consulta en la primera hora de fiebre cuando en la mayoría de los casos aún la enfermedad no ha dado la cara y otros, sin embargo, pecan de prudentes y esperan en sus casas más tiempo del recomendable.

Cuándo acudir al pediatra con un niño con fiebre

  • En lactantes menores de 3-6 meses.
  • Si tiene fiebre más de 24-48 horas en niños menores de 2 años.
  • Si tiene fiebre más de 3 días en niños mayores de 2 años.
  • Si está decaído a pesar de bajar la fiebre, o tiene un llanto muy intenso, irritable.
  • Si rechaza la alimentación o los líquidos.
  • Si aparecen manchas en la piel. Ojo con las manchas rojo vino que al estirar la piel con los dedos no desaparecen. Se llaman petequias y es motivo de acudir a Urgencias.
  • Si observáis alguna circunstancia que vosotros mismos consideréis inusual y os preocupe. No tengáis miedo de preguntar, para eso estamos.

Cuándo acudir a urgencias con un bebe o con un niño con fiebre

  • Temperatura superior a 40º mantenida.
  • Fiebre alta y alguna enfermedad crónica grave (cardiopatías, inmunodeficiencias…)
  • Dificultad para respirar o para mantenerse despierto.
  • Rigidez de nuca o dificultad/dolor para flexionar el cuello (Pedidle a vuestro hijo que se mire el ombligo. Cuando tiene fiebre a veces tiene una falsa rigidez de nuca, pero si ha bajado la fiebre y el niño es incapaz de mirarse el ombligo, ojo, a urgencias.

    Os recuerdo el post de las meningitis, no tenéis más que pinchar AQUI)

  • Manchas en piel de color rojo vino o moradas que no desaparecen al estirar la piel.

Soy consciente que tomar la decisión de acudir o no a Urgencias os preocupa. Os comprendo.

Os entiendo porque yo también he tenido que llevar a mis hijos en alguna ocasión a Urgencias. El ser pediatra no te exime de enfermedades, ni de sustos, ni de grandes y pequeñas preocupaciones, creedme.

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Foto de Sergio Gallegos

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Dra. Lucía Galán Bertrand. Pediatra y escritora. Autora de:

Источник: https://www.luciamipediatra.com/verdades-y-mentiras-de-la-fiebre/

Embarazo saludable
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