Lactancia materna e inteligencia

¿La lactancia materna aumenta la inteligencia de los bebés?

Lactancia materna e inteligencia

Tanto en la comunidad científica como en la población general se atribuye un gran número de beneficios a la lactancia materna en comparación con el uso del biberón. Además de la mejora del sistema inmunitario o del ritmo de crecimiento físico, demostradas por la ciencia, en ocasiones se dice también que la lactancia materna aumenta la inteligencia de los bebés.

Las investigaciones disponibles en la actualidad no permiten afirmar de forma rotunda que el consumo de leche materna guarde una relación directa con el cociente intelectual. No obstante, y si bien existen datos contradictorios a este respecto, la probabilidad de que exista una relación causal pequeña pero significativa entre estas dos variables es elevada.

Relación entre lactancia materna e inteligencia

Según un metanálisis de 17 estudios sobre este tema realizado por Horta, Loret de Mola y Victora (2015), parece existir una relación entre la lactancia materna y un mejor rendimiento en las pruebas que miden el cociente intelectual.

La media de las diferencias, afirman los autores de esta investigación, tendría un valor de aproximadamente 3,44 puntos de CI. Se trata de una diferencia relativamente pequeña pero con una elevada significación estadística y que se mantiene en etapas posteriores del desarrollo.

No obstante, estos investigadores resaltan el hecho de que la heterogeneidad entre estudios es elevada, lo cual dificulta la extracción de conclusiones definitivas. Aun así cabe tener en cuenta que procuraron controlar el cociente intelectual de la madre, una variable que podría interferir, pero no así el nivel socioeconómico familiar, potencialmente clave.

Otro hallazgo interesante de este metanálisis es que la lactancia materna no sólo se asocia con un aumento del CI, sino que también podría influir en el rendimiento académico en general y en el nivel de ingresos durante la edad adulta. Estos efectos pueden deberse directamente a la lactancia materna, pero también a variables mediadoras no identificadas.

¿A qué se deben estos efectos?

Horta y sus colaboradores sugieren que el vínculo entre la lactancia materna y el aumento del CI no tiene por qué deberse a la leche materna en sí misma sino que podría venir determinada por otros factores, en particular la mayor interacción entre el pequeño y su madre, que comportaría un incremento de la estimulación que el bebé recibe.

En el caso de que se asuma la hipótesis de que la lactancia materna aumenta la inteligencia de forma directa, esta relación de causalidad podría ser atribuida a dos hechos principalmente: y la potenciación del vínculo entre el bebé y la madre y la riqueza nutritiva de la leche materna.

Este alimento contiene nutrientes muy beneficiosos para los pequeños, como los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga. Su consumo podría potenciar el desarrollo del cerebro y de la sustancia blanca en particular, según Isaacs y colaboradores (2011).

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Evidencia en contra de esta hipótesis

Un estudio longitudinal realizado con una muestra de más de 8 mil familias en Irlanda (Girard et al., 2017) encontró una relación estadísticamente significativa entre la lactancia materna y el CI en las primeras etapas de la vida; no obstante, se trata de un incremento pequeño y que prácticamente ha desaparecido al llegar a los 5 años de edad.

Este equipo de investigación encontró que los bebés que eran amamantados de forma sistemática por sus madres durante los primeros 6 meses después del nacimiento mostraban una mejora en las funciones cognitivas, si bien no se mantuvo a medio plazo. Por tanto, en la edad adulta este incremento del CI sería predeciblemente inexistente.

Según estos autores los efectos encontrados en otros estudios se deberían al control insuficiente de variables. Destacan de forma particular los niveles educativo y socioeconómico de los padres, que a su vez se asocian a una mejor salud, incluyendo una probabilidad inferior de consumo de tabaco.

Otros beneficios de la lactancia materna

Distintas investigaciones han encontrado relaciones entre el consumo temprano de leche materna y un mejor funcionamiento del sistema inmunitario. Esto ayudaría a prevenir enfermedades muy variadas, desde infecciones a la diabetes e incluso al síndrome de muerte súbita infantil.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud afirma que el riesgo de muerte en el primer mes de vida es seis veces menor en bebés que son alimentados con leche materna en comparación con los que se nutren exclusivamente mediante el biberón.

En cualquier caso, es importante tener en cuenta que muchos de los estudios sobre los efectos de la lactancia materna en el organismo podrían estar sesgados de modo similar a los que hemos mencionado al describir la relación de este alimento con la inteligencia.

Por último cabe mencionar la relevancia del vínculo de apego entre la madre y el bebé. Éste puede tener una gran influencia en el desarrollo del pequeño, especialmente desde un punto de vista psicológico. La lactancia materna potencia esta relación íntima, pero por supuesto existen muchos otros elementos que pueden hacerlo.

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Referencias bibliográficas:

  • Girard, L. C., Doyle, O. & Tremblay, R. E. (2017). Breastfeeding, cognitive and noncognitive development in early childhood: a population study. Pediatrics, 139(4).
  • Horta, B. L., Loret de Mola, C. & Victora, C. G. (2015). Breastfeeding and intelligence: a systematic review and meta-analysis. Acta Paediatrica, 104: 14–19.
  • Isaacs, E. B., Fischl, B. R., Quinn, B. T., Chong, W. K., Gadian, D. G. & Lucas, A. (2010). Impact of breast milk on intelligence quotient, brain size, and white matter development. Pediatric Research, 67(4): 357-62.
  • Lucas, A., Morley, R., Cole, T. J., Lister, G. & Leeson-Payne, C. (1992). Breast milk and subsequent intelligence quotient in children born preterm. The Lancet, 339(8788): 261-264.
  • Victora, C. G., Horta, B. L., Loret de Mola, C., Quevedo, L., Tavares Pinheiro, R., Gigante, D. P., Gonçalves, H. & Barros, F. C. (2015). Association between breastfeeding and intelligence, educational attainment, and income at 30 years of age: a prospective birth cohort study from Brazil. The Lancet: Global Health, 3(4): 199-205.

Источник: https://psicologiaymente.com/inteligencia/lactancia-materna-aumenta-inteligencia-bebes

¿Dar el pecho a mi bebé podría hacerle más inteligente?

Lactancia materna e inteligencia

Según los investigadores, los bebés que se alimentan exclusivamente con leche materna durante los primeros meses de vida presentan un mayor desarrollo en zonas clave del cerebro y un desarrollo cognitivo superior, especialmente en el lenguaje, la capacidad motora y la percepción visual. Y cuanto más se prolonga el periodo de lactancia, más y mejores habilidades presentan los niños en la edad adulta.

Otros expertos afirman en cambio que, aunque la leche materna contiene sustancias que influyen positivamente en las capacidades del bebé, la inteligencia humana en la edad adulta es una condición compleja que también depende de otros muchos factores como la propia personalidad, el desarrollo emocional, el contexto social o el nivel cultural.

Cómo influye dar el pecho al bebé: beneficios y ventajas

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la organización no gubernamental UNICEF son dos de las entidades internacionales volcadas en la salud que recomiendan la lactancia materna exclusiva para los bebés durante los seis primeros meses de vida.

La lactancia materna debe comenzar en la primera hora de vida y hacerse a demanda, es decir: con la frecuencia que quiera el niño, tanto de día como de noche, evitándose los biberones y chupetes. A partir del sexto mes, debe complementarse con otros alimentos hasta por lo menos los 2 años de vida del niño.

Previene la malnutrición y combate la mortalidad infantil

La leche materna es el alimento más saludable y natural que existe para los recién nacidos y los lactantes. Les aporta todos los nutrientes que necesitan para su desarrollo durante los primeros meses de vida y sigue aportándoles al menos la mitad de sus necesidades nutricionales durante la segunda mitad del primer año y hasta un tercio durante el segundo año de vida.

Este alimento natural contiene factores biológicamente activos, así como muchas moléculas y células que tienen un rol defensivo contra los microorganismos, además de vitaminas, proteínas, carbohidratos, minerales, grasas y azúcares indispensables para un crecimiento óptimo, así como hormonas y otras sustancias positivas para la salud del bebé.

Además, es fácil de conseguir y asequible por lo que previene la desnutrición infantil. También es inocua y mucho más digestiva que la artificial, todo lo cual favorece la correcta alimentación de los niños y combate la obesidad infantil.

También está comprobado que los bebés que practican la lactancia materna nocturna tienen una menor incidencia del síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL), ya que ésta favorece la posición de boca arriba, combate la hipoglucemia y asegura que la madre esté más atenta.

Aumenta las defensas

La leche materna favorece que los bebés enfermen menos y sus afecciones revistan menos gravedad. Los anticuerpos que contiene este alimento natural aumentan las defensas del bebé protegiéndoles de infecciones y enfermedades frecuentes como la diarrea y la neumonía, que son las dos principales causas de mortalidad infantil en todo el mundo.

También protege a los más pequeños de la casa frente a las infecciones de oído y la gastroenteritis, así como contra las infecciones respiratorias, incluyendo las causadas por rotavirus. Los bebés amamantados son menos propensos a ser hospitalizados con bronquiolitis y en general tienen un menor riesgo de infecciones de las vías respiratorias inferiores.

Gracias a la leche materna, los pequeños obtienen durante sus primeros meses de vida nutrientes específicos que les ayudan a fortalecer y desarrollar su sistema inmunitario inmaduro de una manera que ninguna otra sustancia puede.

Uno de los anticuerpos más importantes es la inmunoglobulina A, que se sintetiza y almacena en el pecho y recubre las superficies mucosas del aparato digestivo del bebé para impedir la entrada de bacterias patógenas y enterovirus. También protege contra Escherichia coli, Salmonella, estreptococo, estafilococo, neumococo, el poliovirus y el rotavirus.

De esta forma, los bebés que toman la leche de sus madres incluso pueden responder mejor a las vacunas contra la poliomielitis, el tétano, la difteria y la Haemophilus influenzae (bacteria que puede causar una infección grave).

Fortalece el vínculo entre madre e hijo y favorece el desarrollo emocional

Al dar el pecho, algo que nadie más puede hacer por ellas, las madres establecen un vínculo mayor y más íntimo con sus bebés. La lactancia les hace dedicar mucho más tiempo a sus hijos, mostrarse más próximas, estar más tiempo cerca de ellos y, por tanto, más pendiente de sus necesidades.

Además, las palabras, las caricias y los besos con las que normalmente se acompaña la lactancia, favorecen el contacto físico y un sano desarrollo emocional en el pequeño.

Beneficios a largo plazo: una mejor salud

Además de mejorar la salud general de los pequeños en su primera fase de desarrollo, la leche materna permite disfrutar de un desarrollo oral óptimo en la etapa infantil debido a que los movimientos de la mandíbula necesarios para la succión y los nutrientes en la leche disminuyen el riesgo de caries dental.

Según han demostrado diferentes estudios, dar el pecho al bebé también previene enfermedades crónicas no transmisibles en la vida adulta como el asma, la diabetes tipo 1 y 2, la colitis ulcerosa, la enfermedad de Crohn y la arterioesclerosis. Asimismo, reduce el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares en general e infarto de miocardio en particular.

Como consecuencia, además de los beneficios inmediatos para el niño, la lactancia materna contribuye a mantener una buena salud durante toda la vida.

Por ejemplo: los adultos que de pequeños tuvieron lactancia materna suelen tener una tensión arterial más baja y menos colesterol.

Asimismo, mantener la lactancia materna durante los dos primeros años de vida del niño permite disminuir el riesgo de obesidad en un 25%.

Mejor desarrollo sensorial y cognitivo: niños y adultos más inteligentes

La leche materna ha sido directamente relacionada por la comunidad científica con un aumento de la capacidad de memoria. Así lo demuestra la investigación publicada en Journal of Nutritional Biochemistry del Departamento de Neurociencias de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Jaén.

Este estudio demuestra que la ingesta del oligosacárido 2′-fucosyllactose, el más abundante de la leche materna, tiene efectos beneficiosos sobre las capacidades de aprender y recordar.

La leche materna también contiene factores que son beneficiosos para el desarrollo sensorial y cognitivo. Hay datos que indican que las personas que tuvieron lactancia materna en su infancia obtienen mejores resultados en las pruebas de inteligencia.

En 1992, los científicos ingleses Lucas y Col publicaron un artículo en la revista The Lancet en el que por primera vez se relacionaba la lactancia materna con el desarrollo cognitivo y de la inteligencia. Estudiaron a niños en condiciones económicas, sociales y familiares similares, con una única diferencia: la alimentación.

Unos habían recibido leche materna y otros, artificial. Los resultados fueron bastante concluyentes: a los 7 años, los niños que habían sido amamantados obtenían entre 7 y 10 puntos más de cociente intelectual (CI) que los que habían sido alimentados con leche de fórmula.

Desde entonces se han hecho muchísimos estudios sobre este tema y este tipo de resultados se han comprobado a lo largo de los años por expertos de todo el mundo, aunque en una primera instancia fueron recibidos con cierto escepticismo por la comunidad científica. Ésta alegaba que la inteligencia humana dependía de muchos factores complejos, y que era difícil valorar el impacto de los beneficios de la leche materna a tan largo plazo.

Sin embargo, en las últimas décadas hay muchas investigaciones que corroboran estas afirmaciones. El año pasado, sin ir más lejos, un artículo publicado en la revista The Lancet hizo públicos los resultados de un estudio realizado en Brasil en el que se evaluó a casi 3.500 personas adultas de 30 años que habían sido amamantadas en su etapa infantil.

Los investigadores tuvieron en cuenta los ingresos familiares, la escolarización de los padres, el peso del bebé en el parto y hasta el tipo de parto para poder discriminar mejor los resultados. Y las conclusiones finales fueron muy claras: los bebés amamantados durante 12 meses o más tienen un CI más alto a los 30 años.

Los participantes que se beneficiaron de pequeños de la leche materna tuvieron una puntuación de cociente intelectual 3,76 puntos de media más alta, más años de educación (0,91 años de media) y cobraban una media de 341 reales brasileños (98 euros) más al mes, que aquellos que no recibieron leche materna o que lo hicieron durante menos de un mes.

A más meses de lactancia, mayor cociente intelectual. Sin embargo, había otros factores de peso.

De hecho, el nivel de ingresos familiares resultó ser incluso más importante que la lactancia a la hora de tener un coeficiente intelectual alto.

No obstante, al ver la progresión de los individuos evaluados, se observó que la lactancia tiene un efecto positivo en todos los estratos sociales.

Los resultados de un estudio de la Universidad McGill Canadá de Montreal, uno de los mayores sobre el tema realizados hasta la fecha, también apoyan las hipótesis de sus colegas brasileños, concluyendo que la leche materna eleva el coeficiente intelectual de los niños y mejora su rendimiento académico.

Según las conclusiones de una tesis doctoral desarrollada en el Hospital Universitario Reina Sofía y la Facultad de Medicina de Córdoba, publicadas en la revista Clinical Pediatrics, los niños que han recibido leche de su madre presentaron de 9 a 10 puntos más de inteligencia en la escala Bayley, que valora el desarrollo mental y psicomotor.

Los científicos participantes destacaron que la leche humana contiene algunos lípidos como el ácido araquidónico y decosahexaenoico que no están presentes en compuestos no naturales y actúan sobre el desarrollo neuronal.

Por último, los especialistas recuerdan que la lactancia materna también es buena para la mamá y se esfuerzan por aclarar los falsos mitos de la lactancia materna, como la creencia extendida de que el tamaño de los senos o el aspecto del pecho influyen en la cantidad o calidad de la leche materna.

Es de señalar que, a pesar de los esfuerzos de la industria farmacéutica por intentar imitar las propiedades naturales de este producto, estas no se pueden igualar porque se desconoce la composición exacta de la leche materna.

En ella existen alrededor de 370 sustancias que van rotando constantemente en la composición de la leche, tanto a lo largo de un mismo día como en las distintas etapas de desarrollo del niño, para darle al niño justo lo que necesita en cada momento.

Источник: https://muysaludable.sanitas.es/padres/dar-el-pecho-bebe-mas-inteligente/

Hallan relación entre leche materna por más de un año y la inteligencia y el sueldo de los adultos de 30 años

Lactancia materna e inteligencia

Son varias las ocasiones que hemos hablado de la posible relación entre la leche materna y el desarrollo de los bebés, porque son varios los estudios que se han hecho al respecto que vienen a demostrar que, cuando un bebé no toma leche materna su desarrollo se ve ligeramente afectado.

A esas investigaciones se suma una realizada en Brasil, cuyos resultados se han publicado recientemente, en la que han analizado a bebés que fueron amamantados, viendo que existe una relación que parece consistente entre mamar más de 12 meses, el nivel de inteligencia y los ingresos. Vamos, que vieron que los adultos de 30 años que no tomaron leche materna más de un año tienen un nivel de inteligencia inferior y un salario menor.

En 1982 se cogió una muestra de 5.914 neonatos de familias que vivían en la zona urbana de la ciudad de Pelotas, en Brasil. Después del parto sus madres fueron entrevistadas y volvieron a hablar con ellas en 1984 y 1986, cuando se logró contactar con 4.979 niños de los iniciales.

En junio del 2012 y hasta febrero del 2013 se invitó a los «niños», ya adultos, a visitar una clínica de investigación donde fueron entrevistados y examinados por investigadores que no sabían cómo habían sido alimentados de pequeños.

Fue en 1984 cuando preguntaron a las madres acerca de la duración de la lactancia materna y la edad en que habían iniciado la alimentación complementaria. Se valoró la edad de lactancia materna exclusiva, pero no se analizó porque por entonces no era una práctica habitual.

Los niños que no habían sido amamantados y los que habían recibido leche materna menos de un mes se clasificaron dentro del mismo grupo.

Se evaluó la inteligencia de los sujetos mediante un test de inteligencia, se anotó el nivel de estudios de cada participante y se les pidió que dijeran cuánto habían cobrado el mes anterior en sus respectivos trabajos.

Para tener unos resultados lo más fiables posible, tuvieron en cuenta diversas variables de confusión: los ingresos mensuales de la familia, el nivel de educación materna, el tabaquismo materno durante el embarazo, la edad materna, el índice de masa corporal antes del embarazo, el tipo de parto (cesárea o vaginal), la edad gestacional y el peso del bebé al nacer. En las visitas de 1984 y 1986 añadieron nuevos factores de confusión: educación de los padres, el poder adquisitivo de cada familia y ascendencia genómica (para valorar la ascendencia de cada niño para diferenciarlos si provenían de europeos, afroamericanos, mexicano-americanos, indígenas,…).

Cuáles fueron los resultados del estudio

En los años 2012 y 2013 lograron entrevistar a 3.493 participantes.

Tanto en los primeros análisis de datos, como una vez se cruzaron todas las variables de confusión, se observó que la duración de la lactancia materna total y la lactancia materna como alimento predominante se asocia positivamente con el cociente intelectual, los logros educativos y el nivel de ingresos.

De hecho, vieron que había asociación dosis-respuesta en lo que a cociente intelectual y nivel de estudios se refiere (cuanto más tiempo fueron amamantados, mejores resultados en los test de inteligencia y más estudios tenían los individuos).

En datos definitivos, los participantes que fueron amamantados 12 meses o más tuvieron una puntuación de cociente intelectual 3,76 puntos de media más alta, más años de educación (0,91 años de media) y cobraban una media de 341 reales brasileños (98 euros) más al mes, que aquellos que no recibieron leche materna o que lo hicieron durante menos de un mes.

En el siguiente gráfico podéis ver cómo a más meses de lactancia, mayor cociente intelectual.

Los triángulos, cuadrados y rombos son el nivel de ingresos familiares y, como veis, tienen mucho que ver en el cociente intelectual de una persona (más importante incluso que la lactancia).

Al ver la progresión, se observa que la lactancia tiene un efecto positivo en todos los estratos sociales.

¿Qué quiere decir esto?

Si tenéis y tenéis amigos o amigas con hijos es posible que hayan enlazado ya a algún artículo que dice que la lactancia materna hace que los niños sean más inteligentes y que cobren más dinero.

Quizás, hasta hayáis llegado a alguno con algún titular tan absurdo como «La lactancia hace más ricos e inteligentes a los bebés» (absurdo, porque para mi gusto está tratado de una manera muy superficial…

un bebé amamantado no tiene por qué ser inteligente, aunque sí lo será un poco más que si no hubiera sido amamantado).

El estudio dice que los niños que toman leche materna más de 12 meses tienen un mayor cociente intelectual, comparados con los que no la toman.

Vivimos en un momento en que lo habitual es que esto no suceda, es decir, que la mayoría de niños no lleguen a tomar teta durante 12 meses.

Por eso se habla de la lactancia por más de un año como del elemento diferencial, el que sucede en raras ocasiones. Sin embargo, lo normal, lo lógico, lo que ha sucedido toda la vida, durante siglos y milenios es precisamente eso.

Los niños han mamado siempre durante más de 12 meses, así que por entonces nadie se preguntaba lo inteligente que iba a ser su hijo con leche materna. Se hacía porque era lo normal, lo que había que hacer para que el niño estuviera alimentado y sobreviviera. Ni más, ni menos.

Así que dar a un bebé leche materna en la actualidad durante más de 12 meses no deja de ser eso, lo normal, lo que tendría que recibir un bebé por el hecho de ser humano: soy una cría humana, bebo leche humana. Con esto quiero decir que no es que los que toman leche materna sean más inteligentes, es que los que no la toman tienen un menor cociente intelectual de media.

Parece que digo lo mismo, pero no es así, es muy diferente. Corre la leyenda que muchas embarazadas famosas dan a luz por cesárea a sus bebés en la semana 37 de embarazo, para evitar el último mes de aumento de peso y recuperar antes la figura.

Pongamos que esto se extiende y la mayoría de mujeres empiezan a dar a luz esa semana, que los médicos empiezan a decir que es mejor, que las mujeres se sienten liberadas de peso y de unas semanas de gestación que acaban viendo como «sobrantes».

Lo normal, lo habitual, será dar a luz entonces, en la semana 37.

Pasarán años, quizás décadas, hasta el punto que lo de dar a luz en la semana 40 sea algo que hacían las abuelas, o aquellas que no tenían dinero e iban a ginecólogos de la salud pública, que no se atrevían a hacer cesáreas antes de tiempo, o mujeres que daban a luz en casa, muy naturales y anticuadas.

Pero habrá gente que se pregunte el porqué, que haga investigaciones, y habrá quien llegue a demostrar que para el bebé es mejor nacer en la semana 40.

Aparecerán esos estudios y los medios dirán «los bebés que nacen en la semana 40 son más listos» y toda una legión de mujeres que dieron a luz en la 37 porque les dijeron que era mejor, porque lo escogieron así o porque tuvieron problemas en el parto se quejarán.

Que si «nos hacéis sentir mal», que «yo qué culpa tengo de que mi bebé no quisiera estar en mi útero hasta la semana 40», que «ahora no dejaré de pensar en que mi hijo tendrá algún retraso», etc.

Pero todo eso, obviamente, no les dará la razón, porque se demostrará que en términos de desarrollo es mejor para un bebé crecer dentro del útero que crecer fuera del útero.

Pero todos sabemos que es mejor crecer dentro del útero

Lo sé. Eso no sucederá porque todos lo sabemos. Por eso cuando un bebé es prematuro y hay contracciones hacen lo posible y lo imposible por que no nazca aún. Fuera del útero, si es muy prematuro, podría morir y dentro, sobrevivir. Siempre es mejor dentro que fuera.

¿Y qué tiene que ver esto con la lactancia? Pues todo. El útero es al desarrollo del bebé dentro lo mismo que la leche materna fuera. La incubadora y el método canguro serían la alimentación artificial. ¿No se puede dar lo que mejor le va al bebé? Pues le damos lo mejor que tengamos, pese a que sabemos que no es lo mismo.

El útero tiene una misión que dura 9 meses. A los 9 meses expulsa al bebé afuera porque, aunque con mucho gusto seguiría desarrollándolo dentro, y seguro que esto sería muy positivo para el bebé, la vida de la madre correría peligro, por no ser capaz de parirlo.

Entonces el bebé nace y el útero y la placenta pasan el testigo a las glándulas mamarias: «seguid vosotras, que aquí ya no podemos hacer nada más por él», y en el momento en que la placenta sale suceden una serie de cambios hormonales que hacen que se empiece a segregar calostro y a madurar la leche, llena de inmunoglobulinas y cientos de componentes, para que el bebé se siga nutriendo como si estuviera recibiendo células maternas a través del cordón, pero por la boca. ¿Células maternas? Claro, eso es la leche humana, un tejido líquido compuesto por células de la madre, para ayudar al desarrollo del bebé.

Es lógico, de cajón, como se dice en España, pensar que si rompemos el acto del amamantamiento el desarrollo no será el mismo, no será el normal, no será el que tendría que haber sido en condiciones normales, de igual modo que si se rompe la gestación antes de tiempo los bebés pueden tener más problemas de salud y de desarrollo que los nacidos a término.

Ahora solo falta que esto lo entendamos todos de una vez, padres, madres, abuelos, abuelas, suegros, suegras, vecinos y vecinas para que las mujeres que amamantan sean protegidas de cualquier crítica, comentario o mirada.

Y que lo sepan las matronas, los médicos, los pediatras, las enfermeras y todo el que atienda a estas madres para que, en caso de que tengan problemas, puedan recibir la ayuda que ellas merecen y la ayuda que sus bebés necesitan.

¿Verdad que cuando una mujer embarazada tiene riesgo de parto prematuro se le ayuda para que el bebé tarde más en nacer? ¿Verdad que no hay ginecólogos que dicen «bueno, pues te lo sacamos», de buenas a primeras? Pues de igual modo, deben extinguirse ya todos los profesionales que en caso de que una mujer tenga problemas le dicen «bueno, pues dale biberón».

¿Y si no se puede? Yo también soy uno de los afectados

Si no se puede, pues no se puede. Yo también soy uno de los afectados. Mi madre me dio lactancia materna tres meses. Luego, biberón.

Probablemente me dio lo mismo que la mayoría de personas de mi generación, así que mi desarrollo cerebral (nuestro desarrollo cerebral) no fue el mismo que el que hubiera sido si me hubieran amamantado más tiempo.

¿Qué hago? Pues nada, no puedo hacer nada, como nada pueden hacer las mujeres que no consiguen dar el pecho y acaban dando biberón porque si no la vida de sus bebés corre peligro y como nada pueden hacer las mujeres que tienen un bebé prematuro.

Lo único que puedo hacer es lo que hago: aceptarlo, asumirlo, interiorizarlo y comunicarlo para seguir luchando por que las madres que quieran dar el pecho a sus bebés durante 12 meses o más, puedan hacerlo.

Y, obviamente, añadir que el cociente intelectual de un bebé, de una persona, tiene mucho que ver con muchas otras cosas, como bien habéis podido ver en el gráfico de arriba.

La leche materna crea una diferencia, pero incide mucho la educación de los padres y la posición social que ocupan, además del entorno en el que viva el niño, el cariño y el respeto que reciba y al amor que se respire en casa.

Más información | The LancetFotos | Thinkstock

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Источник: https://www.bebesymas.com/lactancia/hallan-relacion-entre-leche-materna-por-mas-de-un-ano-y-la-inteligencia-y-el-sueldo-de-los-adultos-de-30-anos

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