Los bebés con problemas graves de sueño pueden tener más ansiedad infantil

Contents
  1. Los bebés con problemas graves de sueño pueden tener más ansiedad infantil
  2. ¿Son comunes los problemas de sueño?
  3. ¿Los problemas de sueño pueden tener efectos a largo plazo?
  4. Que no cunda el pánico
  5. ¿Qué hacer si mi bebé duerme fatal?
  6. Trastornos de ansiedad
  7. ¿Cuáles son los tipos de trastornos de ansiedad?
  8. ¿Cuáles son los signos y los síntomas de la ansiedad?
  9. ¿Cuáles son las causas de los trastornos de ansiedad? 
  10. ¿Cómo se diagnostican los trastornos de ansiedad? 
  11. ¿Cómo se tratan los trastornos de ansiedad? 
  12. ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo?
  13. ¿Tu bebé duerme extremadamente mal? Podría sufrir de ansiedad en la infancia
  14. «No queremos alarmar a los padres»
  15. Más variables en juego
  16. Trastornos del sueño en niños – Somos Psicología y Formación
  17. ¿A qué se deben los trastornos del sueño en niños?
  18. Principales causas de los trastornos del sueño en niños:
  19. ¿Cómo podemos saber si nuestro hijo tiene trastornos del sueño?
  20. Síntomas diurnos frecuentes de trastornos del sueño en niños
  21. ¿Qué tipos de trastornos del sueño en niños hay?
  22. Problemas para conciliar o mantener el sueño: insomnio
  23. Trastornos de movimiento relacionados con el sueño: piernas inquietas
  24. Alteraciones del ritmo circadiano: patrones irregulares de sueño, síndrome de retraso o adelanto de fase
  25. Trastornos respiratorios relacionados con el sueño: ronquido, apnea, asma, etc
  26. Parasomnias infantiles: sonambulismo, terrores nocturnos, pesadillas
  27. Somnolencia diurna excesiva: hipersomnia, narcolepsia
  28. ¿Cómo se pueden prevenir y tratar los trastornos del sueño en niños?

Los bebés con problemas graves de sueño pueden tener más ansiedad infantil

Los bebés con problemas graves de sueño pueden tener más ansiedad infantil

La mayoría de los bebés tiene problemas para dormirse solos por la noche o tiene frecuentes despertares hasta los 12 meses, aproximadamente.

Esto es algo normal por lo que no hay que preocuparse, el problema aparece en bebé con patrones de sueño muy perturbados ya que, además de no descansar bien ni ellos ni sus padres, podrían estar en mayor riesgo de ansiedad y problemas emocionales en la infancia posterior.

Índice

¿Son comunes los problemas de sueño?

Como decíamos, es habitual que los bebés se despierten varias veces por la noche hasta los 12 meses, más o menos. Así como que necesiten ayuda de sus padres para conciliar el sueño.

Ambas prácticas son habituales y no podrían considerarse problemas de sueño de verdad. Sin embargo, hay bebés que presentan problemas mucho más serios. Según un estudio realizado en Australia entre 1.

507 madres primerizas y sus bebés, uno de cada cinco tenía lo que describieron como «problemas persistentes de sueño severo» durante el primer año de vida.

«Muchos de los bebés se despertaban bastante a los tres meses, y eso es normal, pero descubrimos que alrededor del 19% realmente tenía problemas de sueño persistentes y severos que fueron problemáticos durante ese primer año», explica el Dr. Fallon Cook de Murdoch Children's Research Institute en Melbourne, Australia, quien dirigió la investigación.

«Estos son bebés que, incluso a los 12 meses de edad, todavía se despiertan tres o más veces durante la noche», dijo Cook. «Y podrían estar tardando hasta una hora en irse a dormir, y es muy complicado dormirlos cuando se despiertan durante la noche». Es decir no basta con acudir a la cuna y ponerlos el chupete, como ocurre con la mayoría. Las madres involucradas en el estudio describieron los patrones de sueño de sus bebés a los tres, seis, nueve y doce meses en línea y en una entrevista cara a cara.

¿Los problemas de sueño pueden tener efectos a largo plazo?

Después, se les preguntó sobre la salud mental de sus hijos a los cuatro y diez años de edad, utilizando cuestionarios médicos ampliamente utilizados para evaluar la ansiedad y otras dificultades de salud mental.

Los investigadores clasificaron los patrones de sueño de una cuarta parte de los bebés como «asentados», mientras que más de la mitad (56%) tenía problemas de sueño moderados y fluctuantes y el 19.5% tenía dificultades de sueño severas persistentes.

En comparación con los bebés cuyos patrones de sueño se establecieron, aquellos con dificultades de sueño persistentes y graves tenían casi tres veces más probabilidades de tener síntomas de problemas emocionales cuando tenían cuatro años.

Y tenían más del doble de probabilidades de cumplir con los criterios de diagnóstico para un trastorno emocional cuando tenían 10 años. «Estos bebés tenían más probabilidades de experimentar síntomas elevados de ansiedad por separación, miedo a lesiones físicas y ansiedad general elevada que los bebés con patrones de sueño asentados», informó el estudio.

Es posible que los padres quieran estar atentos «para detectar signos de problemas de salud mental y emocional si su bebé tiene problemas de sueño moderados a severos». Es decir, podría servir como un síntoma de advertencia para detectar cuanto antes estos problemas.

«El hallazgo principal de este estudio es que los bebés con problemas de sueño tienen hasta el doble de probabilidades de tener problemas de salud mental, principalmente problemas de ansiedad a los cuatro y 10 años. Poniéndolo en contexto para los padres, la probabilidad aumenta de aproximadamente 5 -15% para todos los niños a aproximadamente 10-25%».

Que no cunda el pánico

«También es importante comprender que estos resultados pueden significar que los problemas de sueño resultan en problemas posteriores. Pero es igual de probable que los problemas de sueño sean un indicador temprano», dijo.

«De cualquier manera, hacer cambios a menudo puede ayudar a un bebé a dormir mejor y puede prevenir problemas posteriores con el sueño y otras preocupaciones». Cook dijo que no quería que la investigación alarmara a los padres de bebés y niños que luchaban con el sueño. «Alrededor del 56% tenía problemas de sueño que fluctuaban.

Definitivamente es normal tener un bebé que tenga dificultades para dormir. Los que debemos vigilar son los que tienen dificultades muy persistentes y graves», dijo.

«Si bien descubrimos que las personas con dificultades de sueño persistentes y severas tenían un mayor riesgo de dificultades de salud mental como la ansiedad, es importante recordar que la mayoría de ellas en realidad no tenían dificultades de salud mental: encontramos una tasa más alta de dificultades de salud mental entre ese grupo».

Por lo tanto, no hay que alarmarse, ya que la mayoría de los bebés no tiene problemas graves de sueño e incluso en estos este estudio refleja solo una tendencia o posibilidad. Eso sí, puede servir para estar más atentos y buscar enseguida soluciones a los problemas de sueño de los bebés para encontrar nuevas formas de intervención para prevenir problemas de salud mental.

¿Qué hacer si mi bebé duerme fatal?

«Necesitamos analizar más lo que sucede en el hogar. ¿Cómo se está acomodando a estos bebés para dormir? Posiblemente también haya factores genéticos en juego», explica Cook.

Por eso, lo primero es analizar las rutinas y horarios de sueño del bebé, ya que puede que ahí esté el problema y la solución.

También se puede hablar con el pediatra para que analice si puede haber algún problema fisiológico detrás que afecte al sueño del bebé. Y seguir estos consejos:

– Crear unas rutinas fijas y cumplir unos horarios para ofrecer seguridad al bebé y favorecer el sueño.

– Pasados los 6 meses, la mayoría de los bebés ya no necesitan comer por la noche, asegúrate de que realmente tiene hambre antes de ofrecerle el pecho o un biberón para que no asocie cada despertar con comer.

– Los chupetes, los dudús o los peluches son objetos de transición que ayudan a los bebés a conciliar el sueño solos.

– Asegúrate de que duerme en un colchón firme y cómodo y que no pasa mucho calor.

– Cuando se despierte, a no ser que sea necesario, no le cojas ni le saques de la cuna, procura calmarlo en ella para que se vaya acostumbrando. Intenta también que se duerma siempre en el lugar en el que va a dormir, no en el sofá, el carrito o tus brazos.

TodoPapás es una web de divulgación e información. Como tal, todos los artículos son redactados y revisados concienzudamente pero es posible que puedan contener algún error o que no recojan todos los enfoques sobre una materia. Por ello, la web no sustituye una opinión o prescripción médica.

Ante cualquier duda sobre tu salud o la de tu familia es recomendable acudir a una consulta médica para que pueda evaluar la situación en particular y, eventualmente, prescribir el tratamiento que sea preciso.

Señalar a todos los efectos legales que la información recogida en la web podría ser incompleta, errónea o incorrecta, y en ningún caso supone ninguna relación contractual ni de ninguna índole.

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Источник: https://www.todopapas.com/bebe/psicologia-bebe/los-bebes-con-problemas-graves-de-sueno-pueden-tener-mas-ansiedad-infantil-11419

Trastornos de ansiedad

Los bebés con problemas graves de sueño pueden tener más ansiedad infantil

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Los trastornos de ansiedad causan preocupaciones y miedos exagerados, y también cambios en el comportamiento del niño, así como en sus patrones de sueño, alimentación y/o estado de ánimo. 

¿Cuáles son los tipos de trastornos de ansiedad?

Los niños y los adolescentes pueden tener varios tipos distintos de trastornos de ansiedad, como los siguientes: 

Trastorno de ansiedad generalizada. Este trastorno hace que los niños se preocupen casi cada día por muchas cosas diferentes. A los niños con un trastorno de ansiedad generalizada les preocupan cosas que les preocupan a la mayoría de los niños, como los deberes, los exámenes y cometer errores. 

Pero se preocupan más y más a menudo por este tipo de cosas. Los niños con este trastorno también se preocupan por cosas cuyos padres pueden no considerar que sean motivo de preocupación.

Por ejemplo, les puede preocupar la hora del recreo o la del almuerzo, las fiestas de cumpleaños, quedarse a jugar con sus amigos o el trayecto en autobus hacia su escuela. A los niños con un trastorno de ansiedad generalizada también les puede preocupar la guerra, el clima o el futuro.

Y, en lo que respecta a sus seres queridos, les puede preocupar su seguridad, que enfermen o que se hagan daño. 

Tener este trastorno puede hacer que a los niños les cueste centrarse en la escuela.  Debido al trastorno de ansiedad generalizada casi siempre hay una preocupación en la mente del niño.

El trastorno de ansiedad generalizada también dificulta que los niños se relajen y se diviertan, que coman bien y que concilien el sueño por la noche.

Sus preocupaciones pueden hacer que se encuentren mal, que estén cansados o muy asustados, lo que les puede hacer perder días de clase. 

Muchos niños con este trastorno se guardan sus preocupaciones para sí mismos.  Hay otros que expresan sus preocupaciones a un padre o un profesor. Es posible que les pregunten una y otra vez si algo que les preocupa va a ocurrir.  Pero les cuesta mucho tranquilizarse y encontrarse bien, por mucho que los intenten tranquilizar sus padres. 

Trastorno de ansiedad por separación. Es normal que los bebés y los niños muy pequeños se pongan nerviosos y ansiosos las primeras veces que se separan de sus padres.

Pero, al cabo de muy poco tiempo, se acostumbrarán a quedarse con un abuelo, una persona a cargo de su cuidado o un maestro.

Y se empezarán a encontrar como si estuvieran en casa cuando estén en la guardería o en la escuela. 

Pero, cuando los niños no superan con la edad este miedo a estar separados de sus padres, esto se conoce como trastorno de ansiedad por separación. Incluso cuando se hacen mayores, los niños con este trastorno se ponen muy ansiosos cuando se tienen que separar de sus padres o tienen que salir de casa. Pueden perder muchos días de clase.

Pueden decir que se encuentran demasiado mal o muy alterados para ir a la escuela. Se pueden aferrar a sus padres, llorar o negarse a ir a clase, a fiestas de pijamas, a quedarse a jugar con sus amigos o a hacer otras actividades sin sus padres.  En su casa, pueden tener dificultades para conciliar el sueño o para dormir estando solos.

Pueden evitar estar en una habitación de la casa si saben que su padreo o su madre no está cerca. 

Fobia social (trastorno de ansiedad social). En la fobia social, los niños tienen mucho miedo de lo que puedan pensar o decir los demás. Siempre temen poder hacer o decir algo que les avergüence.  Les preocupa que puedan parecer raros o que puedan decir cosas inadecuadas. No les gusta nada ser el centro de atención.

No quieren que los demás se fijen en ellos, por lo que pueden evitar levantar la mano cuando están en clase. Si el profesor les pregunta en clase, se pueden quedar congelados de lo nerviosos que están y no poder contestar.

A un niño con fobia social, una presentación en clase o una actividad de grupo con compañeros de clase le puede provocar un miedo extremo.  

La fobia social puede hacer que niños o adolescentes eviten ir a la escuela o ver a sus amigos. Se pueden encontrar mal o muy cansados antes de ir a la escuela o mientras están en la escuela.

  También se pueden quejar de sensaciones corporales que acompañan a la ansiedad.  Por ejemplo, pueden notar que se les acelera el corazón o que les falta la respiración. Pueden estar tan nerviosos e inquietos que no pueden estarse quietos.

Pueden notar que la cara se le pone caliente o se les ruboriza. Y se pueden notar inestables o mareados. 

Mutismo selectivo. Esta forma extrema de fobia social hace que los niños estén tan asustados que dejan de hablar. Los niños y los adolescentes con mutismo selectivo pueden hablar. Y hablan cuando están en casa o con sus mejores amigos. Pero se niegan a hablar en la escuela, con otros amigos o en otros lugares donde sienten ese miedo. 

Fobia específica. Es normal que a un niño pequeño le asuste la oscuridad, los monstruos, los animales de gran tamaño o los ruidos fuertes, como los de los truenos o los fuegos artificiales.

La mayoría de las veces, cuando un niño tiene miedo, los adultos lo pueden ayudar a sentirte seguro y tranquilo. Pero una fobia es un miedo más intenso, más extremo y más duradero a una cosa específica. En una fobia, el niño siente terror ante la cosa temida y trata de evitarla.

Si está cerca de lo que teme, se siente aterrado y resulta muy difícil consolarlo y tranquilizarlo. 

Con una fobia específica, los niños pueden tener un miedo extremo a cosas como los animales en general, las arañas, las agujas o las inyecciones, la sangre, vomitar, los truenos, la gente disfrazada o la oscuridad.

Las fobias específicas hacen que los niños eviten ir a lugares donde creen que se pueden encontrar con lo que temen.

Por ejemplo, un niño con fobia a los perros puede no querer ir a la casa de un amigo suyo, un parque o una fiesta porque teme encontrase perros en esos lugares. 

¿Cuáles son los signos y los síntomas de la ansiedad?

Un padre o un maestro puede detectar signos de que un niño o un adolescente está ansioso. Por ejemplo, un niño se puede aferrar a sus padres a la hora de ir a la escuela, llorar y acabar perdiendo clases.

Puede actuar como si estuviera asustado o muy alterado, o negarse a hablar o a hacer cosas. Los niños y los adolescentes con ansiedad también pueden tener síntomas que los demás no pueden ver.

Pueden estar asustados, preocupados o nerviosos. 

La ansiedad también puede afectar a su cuerpo. Se pueden sentir inestables, inquietos, agitados o faltarles la respiración. Pueden notar mariposas (o nervios) en el estómago, tener la cara caliente, las manos húmedas y pegajosas, la boca seca y el corazón acelerado. 

Estos síntomas físicos de ansiedad son la consecuencia de la respuesta de «lucha o huida». Se trata de la respuesta normal del cuerpo ante el peligro. Esta respuesta desencadena la liberación de sustancia químicas naturales en el organismo.

Estas sustancias químicas nos preparan para afrontar un peligro real. Afectan a la frecuencia cardíaca, la respiración, los músculos, los nervios y la digestión. Se trata de una respuesta cuyo objetivo consiste en protegernos del peligro.

  Pero en los trastornos de ansiedad, la respuesta de «lucha o huida» es excesiva. Porque ocurre cuando no hay ningún peligro real. 

¿Cuáles son las causas de los trastornos de ansiedad? 

Hay varias cosas que pueden desempeñar un papel en las reacciones extremas de «lucha o huida» que ocurren en los trastornos de ansiedad. Entre ellas, se incluyen las siguientes: 

La genética. Un niño que tenga un miembro de la familia con un trastorno de ansiedad es más proclive a padecerlo también. Los niños pueden heredar genes que los hacen más proclives a la ansiedad. 

La química cerebral. Los genes ayudan a dirigir la forma de funcionar de las sustancias químicas que hay en el cerebro (llamadas neurotrasmisores). La escasez de ciertas sustancias químicas específicas o que esas sustancias no funcionen bien puede causar ansiedad. 

Las situaciones de la vida. Las situaciones que ocurren en la vida de un niño pueden ser estresantes y difíciles de afrontar. La pérdida, una enfermedad grave, o la muerte de un ser querido, la violencia o los malos tratos pueden hacer que algunos niños se vuelvan ansiosos. 

Conductas aprendidas. Crecer en una familia donde otros parientes tienen miedos y ansiedades también puede «enseñar» a un niño a tener miedo. 

¿Cómo se diagnostican los trastornos de ansiedad? 

Los trastornos de ansiedad solo los puede diagnosticar un terapeuta formado y con experiencia. El terapeuta hablará con usted y con su hijo, les hará preguntas y los escuchará atentamente. El terapeuta le preguntará sobre cuándo la ansiedad y los miedos de su hijo ocurren con más frecuencia. Esto le ayudará a diagnosticar el trastorno de ansiedad específico que tenga su hijo. 

Un niño con síntomas de ansiedad también se debe someter a revisiones médicas con regularidad. Esto ayuda a descartar que otros problemas de salud estén causando los síntomas. 

¿Cómo se tratan los trastornos de ansiedad? 

La mayoría de las veces, los trastornos de ansiedad se tratan con terapia cognitivo-conductual. Este tipo de terapia ayuda a las familias y sus hijos en edad infantil o adolescentes a aprender a gestionar las preocupaciones, los miedos y la ansiedad. 

Este tipo de terapia enseña a los niños que lo que piensan y lo que hacen afectan a cómo se sienten. Los niños aprenden que, cuando evitan lo que temen, solo están reforzando o afianzando sus miedos.  Aprenden que, cuando le plantan cara a un miedo, ese miedo se debilita y acaba por desaparecer. 

En la terapia cognitivo-conductual:

  • Los padres aprenden la mejor forma de responder cuando sus hijos están ansiosos.  Aprenden cómo ayudar a sus hijos a afrontar sus miedos. 
  • Los niños aprenden habilidades y estrategias para poder afrontar sus miedos y preocuparse menos. 

Los terapeutas ayudan a los niños a poner en práctica esas habilidades, y los apoyan y elogian cuando lo intentan. Con el tiempo, los niños aprenden a afrontar sus miedos y a encontrase mejor.

Aprenden a habituarse a situaciones que antes temían. Se sienten orgullosos de lo que han aprendido. Y, sin tantas preocupaciones, se pueden centrar en otras cosas, como la escuela, las actividades y la diversión.

A veces, también se usan medicamentos para ayudar a tratar la ansiedad. 

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo?

Si a su hijo le diagnostican un trastorno de ansiedad, aquí tiene algunas formas de ayudarlo: 

  • Encuentre un terapeuta con formación y experiencia, y lleve a su hijo a todas las visitas de terapia. 
  • Hable a menudo con el terapeuta de su hijo, y pregúntele sobre la mejor forma en que puede ayudar a su hijo. 
  • Ayude a su hijo a afrontar sus miedos. Pregúntele al terapeuta cómo puede ayudar a su hijo a poner en práctica lo que aprende en la terapia en su casa. Elogie a su hijo cuando se esfuerce en afrontar sus miedos y preocupaciones. 
  • Ayúdelo a hablar sobre sus sentimientos.  Escúchelo y hágale saber que lo entiende, lo quiere y lo acepta. El hecho de tener una relación positiva y afectuosa con usted ayudará a su hijo a mejorar en sus puntos fuertes.  
  • Anime a su hijo a avanzar dando pequeños pasos. No permita que su hijo tire la toalla o evite lo que teme. Ayude a su hijo a avanzar dando pequeños y positivos pasos hacia adelante. 
  • Tenga paciencia. Que la terapia funcione y que su hijo se encuentre mejor en un proceso que requiere tiempo. 

Revisado por: D'Arcy Lyness, PhD

Fecha de revisión: octubre de 2018

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/anxiety-disorders-esp.html

¿Tu bebé duerme extremadamente mal? Podría sufrir de ansiedad en la infancia

Los bebés con problemas graves de sueño pueden tener más ansiedad infantil

Los bebés con patrones de sueño muy perturbados podrían tener mayor riesgo de ansiedad y problemas emocionales en la infancia, según concluye una nueva investigación de científicos australianos.

Investigadores del Murdoch Children's Research Institute, en Melbourne (Australia) analizaron a 1.507 madres primerizas y a sus bebés y descubrieron que una de cada cinco tenía lo que describían como «problemas persistentes y severos del sueño » durante el primer año de sus bebés.

«Muchos de los bebés se estaban despertando bastante a los tres meses, y eso es normal, pero encontramos que alrededor del 19% realmente tenía problemas persistentes y severos del sueño que eran problemáticos a lo largo de ese primer año«, señala a CNN News Fallon Cook, doctor del del Murdoch Children's Research Institute y que dirigió la investigación. Por problemáticos, Cook se refiere a bebés que, incluso con un año, según entrevistas a las madres (a los tres, seis, nueve y doce meses), se despertaban tres o más veces durante la noche, podían tardar hasta una hora en dormirse y eran muy difíciles de calmar cuando se despertaban en mitad de la noche.

«No queremos alarmar a los padres»

Años más tarde, se les preguntó a esas mismas madres sobre la salud mental de sus hijos a los cuatro y a los diez años de edad,dividiendo a los bebés, en función de sus patrones de sueño, en «asentados», cuando no tenían demasiados problemas de sueño (24,5%); con problemas de sueño moderados y fluctuantes (56%) y con dificultades persistentes y graves de sueño (19,5%). Los resultados obtenidos demostraban que, aquellos con dificultades persistentes y graves para dormir, tenían casi tres veces más de riesgo de tener síntomas de problemas emocionales cuando tenían cuatro años de edad. Y tenían más del doble de probabilidades de cumplir con los criterios de diagnóstico para un trastorno emocional cuando tenían diez años. «Estos bebés eran más propensos a experimentar síntomas elevados de ansiedad por separación, miedo a lesiones físicas y ansiedad elevada en general que los bebés que no tenían demasiados problemas de sueño», informa el estudio.

«Es normal los bebés tengan alguna dificultad para dormir. A los que tenemos que vigilar son los que tienen dificultades muy persistentes y severas»

«El hallazgo principal de este estudio es que los bebés con problemas de sueño tienen hasta el doble de probabilidades de tener problemas de salud mental, principalmente preocupaciones basadas en la ansiedad a las edades de cuatro y diez años», indica Jodi Mindell, directora asociada del Centro del Sueño del Hospital Infantil de Filadelfia y presidenta del Consejo del Sueño Pediátrico. «Poniéndolo en contexto para los padres, la probabilidad aumenta del 5 al 15% para los niños en general a alrededor de 10-25% para los niños con problemas severos con el sueño«, Según Mindell, que no participó en la investigación, «es importante entender que estos resultados pueden significar que los problemas de sueño resultan en problemas posteriores. Pero es igual de probable que los problemas de sueño sean un indicador temprano«.

Cook ha confesado que no querían que la investigación alarmara a los padres de bebés y niños con dificultades para dormir. «Alrededor del 56% de los bebés tenía problemas de sueño que fluctuaban. Es normal tener un bebé que tiene alguna dificultad para dormir. A los que tenemos que vigilar son los que tienen dificultades muy persistentes y severas».

Más variables en juego

Los propios investigadores reconocen que «los bebés sin apenas problemas de sueño son la excepción en lugar de la regla, y los resultados deben ser interpretados con esto en mente».

No obstante, Cook sostiene que abordar los problemas del sueño podría ser una vía prometedora para encontrar nuevas formas para prevenir problemas de salud mental, aunque reconoce que el mecanismo entre el sueño y la salud mental no se entiende aún muy bien, y probablemente haya muchas variables involucradas.

Источник: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2020-03-23/bebes-duermen-muy-mal-riesgo-ansiedad-infancia_2489960/

Trastornos del sueño en niños – Somos Psicología y Formación

Los bebés con problemas graves de sueño pueden tener más ansiedad infantil

Los trastornos del sueño en niños son un problema frecuente, hasta tal punto que algunos estudios indican que cerca del 25% – 30% de las visitas al pediatra están relacionadas de uno u otro modo con este desorden.

Este problema implica la incapacidad para dormir del niño, quedarse dormido en momentos inadecuados, o tener demasiado sueño. La principal dificultad es que no suele ser sencillo determinar cuándo existe un verdadero trastorno del sueño.

Esto es porque, aunque se parezcan, no es lo mismo un problema del sueño que un trastorno del sueño.

Este tipo de desordenes son patrones de sueño que pueden ser insatisfactorios para los padres, el niño o el pediatra. Sin embargo, no todos estos problemas son anormalidades ni todos requieren de un tratamiento.

Por el contrario, un trastorno del sueño se da cuando realmente existe una alteración de la función fisiológica del sueño. En estos casos, sí que existe un menoscabo del bienestar psicológico o físico del niño.

Según van creciendo, los niños van madurando y tienen necesidades distintas de sueño. Por este motivo, no son los mismos los trastornos de sueño típicos de un bebé que de un adolescente.

Así, un recién nacido necesita unas 16 horas diarias de sueño, distribuidas en episodios de unas 4 horas de duración; entre los 5 y los 10 años se suelen necesitar unas 10 o 12 horas diarias; y ya en la adolescencia, la necesidad de sueño disminuye hasta las 8 horas diarias.

Por este motivo, lógicamente los tipos de problemas que surgirán en una u otra etapa podrán ser muy distintos.

¿A qué se deben los trastornos del sueño en niños?

Existen más de cien trastornos del sueño en niños diferentes, cada uno de los cuales tiene sus propias causas específicas.

Por este motivo, resulta imposible categorizar un único listado que de cabida a todos los posibles factores desencadenantes.

Sí existen, sin embargo, algunas causas más frecuentes que otras, que suelen presentarse en muchos de los problemas del sueño. Entre estas, encontraríamos las siguientes:

Principales causas de los trastornos del sueño en niños:

  • Privación del sueño o cansancio extremo. Este suele ser uno de los factores que más frecuentemente dan lugar a los trastornos del sueño en niños. Cuando, tras un día entero de actividad frenética el niño se acuesta, puede tener problemas para conciliar el sueño.

    En estos casos, la fatiga extrema puede hacer que se produzcan alteraciones en los ciclos de sueño.

  • Elevado nivel de estrés. Está muy relacionado con el punto anterior, en tanto que el estrés es una sensación de fatiga mental.

    Al igual que con el cansancio físico, puede producir alteraciones en los patrones del sueño.

  • Interrupciones frecuentes del sueño. El ciclo del sueño consiste en diferentes etapas que se suceden una tras otra.

    Si en este proceso se producen interrupciones, cada una de estas etapas no termina de completarse y cabe la posibilidad de no iniciar correctamente la siguiente. Por este motivo, las interrupciones frecuentes del sueño son una de las causas más habituales de estos desordenes.

  • Fiebre.

    Si el niño está enfermo o tiene fiebre, su estado fisiológico se encuentra alterado. Por este motivo, puede ser frecuente que se produzcan trastornos del sueño en niños cuando estos tienen fiebre.

  • Problemas de respiración.

    Las dificultades respiratorias como la apnea, el asma o los ronquidos son otra causa frecuente. Esta dificultad para respirar impide al cuerpo reproducir adecuadamente el ciclo de sueño.

  • Medicamentos o sustancias.

    Algunos principios activos de medicamentos, o sustancias como la cafeína o el azúcar, son también una causa frecuente. Estas sustancias pueden ser tanto estimulantes como depresivas, e influyen de manera directa sobre el patrón de sueño del niño.

  • Trastornos del estado de ánimo. Aquí encontraríamos elementos como la depresión o la ansiedad. Estas alteraciones anímicas pueden influir también sobre la capacidad del niño para conciliar el sueño.

¿Cómo podemos saber si nuestro hijo tiene trastornos del sueño?

Curiosamente, no siempre es fácil detectar los síntomas de los trastornos del sueño en niños.

Esto se debe, en primer lugar, a la gran variedad de trastornos existentes, lo que hace que los síntomas de cada tipo de desorden difieran mucho entre sí.

Por otro lado, está la propia personalidad de cada niño; algunos son más activos, otros más pausados, a veces son perezosos, etc. Por ello, puede ser difícil identificar si un comportamiento es innato del niño o es el síntoma de un trastorno.

En cualquier caso, incluso si no se puede hablar de un listado concreto de síntomas, sí existen algunos indicios. Estos no son tanto una señal inequívoca de la existencia de un trastorno, sino más bien una posible alarma. Por ello, si identificamos varios de estos elementos en nuestros hijos, podría ser necesario hacer una valoración posterior.

Síntomas diurnos frecuentes de trastornos del sueño en niños

  • Disminución del rendimiento académico.
  • Dificultad para concentrarse o realizar esfuerzo intelectual.
  • Exceso de movimiento o hiperactividad.
  • Alteraciones frecuentes en el estado de ánimo.
  • Actitudes agresivas o dificultad para controlar la ira.
  • Propensión a distraerse, caerse o sufrir accidentes.
  • Jaquecas, migrañas o cefaleas.
  • Indicios de retraso madurativo.
  • Exceso de somnolencia durante el día.
  • Cambio significativo en el comportamiento del niño cuando duerme más.

¿Qué tipos de trastornos del sueño en niños hay?

Tal y como ya hemos mencionado, existen más de cien trastornos del sueño diferenciados. Sin embargo, muchos de estos se engloban dentro de unas mismas categorías, en función de sus características principales. Así, podríamos identificar como más habituales los siguientes tipos de trastornos del sueño en niños:

Problemas para conciliar o mantener el sueño: insomnio

Aquí hablamos de aquellos casos en los que el niño no puede dormir apropiadamente. Esto suele deberse a una dificultad para conciliar o mantener el sueño, en la mayor parte de los casos; o bien, otras veces, a que, a pesar de haber dormido, este sueño no es reparador y no ha descansado.

La mayor parte de las veces este insomnio es de tipo conductual. Esto significa que el niño no puede dormir si está solo, por lo que intentará evitar ir a la cama. Para ello, necesitará constantemente de la atención de sus padres para poder dormir.

Otras veces, el insomnio se debe a patrones inadecuados del sueño. Esto se produce, por ejemplo, cuando la actividad diurna es la que interfiere con la capacidad de dormir. Un ejemplo sería cuando no se tienen horarios adecuados durante el día, o si se toma coca-cola antes de dormir.

Trastornos de movimiento relacionados con el sueño: piernas inquietas

Este tipo de trastornos son diferentes a los anteriores, ya que aquí yo hay dificultad para conciliar el sueño. Por el contrario, en este caso el niño empieza a dormir sin problemas, pero se mueve constantemente.

Esto puede suceder ocasionalmente a cualquier niño, y no es un problema en sí mismo; no obstante, si se produce de manera repetida y prolongada en el tiempo, sí puede ser trastorno a considerar.

En estos casos, el niño no descansa y puede sentirse agotado durante el día, lo que interferirá con su calidad de vida.

Este trastorno se caracteriza por una sensación desagradable en las piernas, que hace tener la necesidad de moverlas. Así, se estiran o doblan las piernas para intentar evitar esa sensación desagradable, pero esto impide el sueño. Se desconocen las causas exactas de este desorden, aunque se puede tratar con hábitos de higiene del sueño.

Alteraciones del ritmo circadiano: patrones irregulares de sueño, síndrome de retraso o adelanto de fase

Aquí hablamos de aquellos casos en los que el niño duerme lo suficiente, pero en momentos inadecuados. Por lo general, esto es menos común en niños pequeños y empieza a producirse a partir de los 10 años.

La forma más característica de este desorden es el llamado síndrome de retraso de fase. Aquí, se produce una incapacidad para dormir por la noche, y dificultad para despertarse por la mañana.

Se trata, en definitiva, de niños cuyo ciclo de sueño está alterado, durmiendo de día y activándose de noche.

Al final, este problema suele impactar sobre el rendimiento escolar del niño y una menor capacidad para realizar actividades.

Otras veces se da el denominado síndrome de adelanto de fase; es igual que el anterior, solo que el sueño se produce antes de lo deseado, al igual que el despertar. Por último, encontramos los patrones irregulares del sueño. En este caso, lo que caracteriza el trastorno es que el patrón no es regular, sino que va cambiando aleatoriamente.

Trastornos respiratorios relacionados con el sueño: ronquido, apnea, asma, etc

En esta categoría encontramos todos los problemas respiratorios que impactan de manera directa sobre el sueño del menor. En este sentido, no sería tanto un trastorno de sueño, sino un elemento externo que influye sobre este.

Por lo general, estos problemas se caracterizan porque dificultan la capacidad de dormir. De este modo, el niño que ronca o sufre apnea, dormirá de manera irregular, ya que se despertará frecuentemente; o bien dormirá de seguido, pero no descansará como debiera y se sentirá agotado durante el día.

La cantidad de trastornos que encontramos en esta categoría es muy amplia, y cada uno tiene sus características particulares. Por ello, es importante acudir a un médico para que identifique exactamente qué tipo de problema es y cómo tratarlo.

Parasomnias infantiles: sonambulismo, terrores nocturnos, pesadillas

Las parasomnias infantiles son un fenómeno que hacen que el niño no distinga entre sueño y vigilia. Se producen mientras el menor duerme y, al despertar, la recuperación de la consciencia es parcial. Esto hace que, pese a estar aparentemente despierto, el niño pueda seguir experimentando un sueño o una pesadilla.

Dentro de estas parasomnias, las pesadillas son las más frecuentes.

Estas son normales, al igual que sucede con los adultos; son la manera en la que nuestros miedos se manifiestan subconscientemente a través del sueño.

Se dan sobre todo en momentos en los que el niño está experimentando cambios o está sufriendo estrés. No tienen mayor gravedad, en tanto que no se reproduzcan de manera repetida.

Los terrores nocturnos, por su parte, suelen ser más complicados. Se trata de unas pesadillas particularmente virulentas, en las que el menor se despierta parcialmente. Así, puede moverse o pedir ayuda, aunque en realidad sigue dormido. Normalmente, tras el episodio y una vez despierto, el niño no recuerda lo ocurrido.

Por último, en el caso del sonambulismo hablamos de una parasomnia más acusada. Aquí el niño se encontrará en un estado entre despierto y dormido, aunque sin ser consciente de ello. Es normal que se muevan o hablen, a pesar de que en realidad siguen durmiendo. El sonambulismo, aunque llamativo, no suele ser un problema grave y suele pasar con el tiempo.

Somnolencia diurna excesiva: hipersomnia, narcolepsia

La hipersomnia es uno de los trastornos del sueño en niños más frecuentes. Es justamente la alteración del sueño contraria al insomnio; quienes la padecen tienen dificultades para mantenerse despiertos y activos.

Su rasgo más característico es, por tanto, la incapacidad para permanecer en vigilia. Por estos motivos, quienes lo padecen suelen ver afectado su rendimiento escolar o social.

Además, una vez en la adolescencia, cabe el riesgo de que propicie el consumo de estimulantes en el menor.

La narcolepsia, por su parte, es una forma agravada de hipersomnia. Es el caso característico de aquellas personas que caen dormidas de manera repentina, sin haber intentado dormir. Este desorden es de por sí muy poco frecuente, y en niños sucede solo muy excepcionalmente. Por ello, lo más frecuente es que empiece a desarrollarse en la adolescencia o en la juventud temprana.

¿Cómo se pueden prevenir y tratar los trastornos del sueño en niños?

En cuanto al tratamiento de los trastornos del sueño en niños, no existe un abordaje único. Esto se debe, primero, a la gran cantidad de desordenes distintos que podemos encontrar; y, en segundo lugar, a las importantes diferencias en pautas y necesidades en función de la edad del niño.

Con esto en mente, el primer paso a adoptar será la realización de un correcto diagnóstico. Este tiene por fin determinar si nos encontramos ante un problema del sueño o ante un trastorno del sueño; tal y como ya hemos indicado, unos y otros no son lo mismo, ni todos requieren tratamiento.

En el caso de que efectivamente nos encontremos ante un trastorno del sueño que requiere terapia, esta ha de realizarse por un profesional de la medicina o la psicología debidamente cualificado.

Muchas veces, el tratamiento consistirá únicamente en enseñar a los padres medidas de higiene del sueño.

Estas son pautas de actuación que normalizarán la vida del menor, proporcionándole un entorno más propicio para dormir.

En otras ocasiones, el nivel de la intervención necesitará ser más estructurado.

Esta podrá consistir en enseñar al niño técnicas de relajación, que le ayuden a conciliar mejor el sueño; o en ocasiones, incluso se puede requerir la prescripción de fármacos, siempre bajo prescripción médica. Sea como sea, esto dependerá del caso concreto y de la valoración que se haga del desorden en cuestión.

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Cargando… Trastornos del sueño en niños Trastornos del sueño en niños was last modified: enero 24th, 2019 by

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