¿Los bebés también sufren estrés?

¿Los bebés también sufren estrés?

¿Los bebés también sufren estrés?

La respuesta es sí, aunque no hay que alarmarse, ya que la mayoría de niños sufre estrés bueno (lo que se conoce como eustress), que es una respuesta activa ante un estímulo desagradable o “estresante”, que acaba en cuanto se resuelve el conflicto. Sin embargo, aquellos bebés que tienen estrés patológico o ansiedad sí pueden ver alterada su salud, aunque esto es mucho más raro ya que un niño bien cuidado, alimentado y querido difícilmente sufrirá este problema

Indice

¿Qué es el estrés en bebés?

El estrés, en términos físicos, es el grado de deformidad o tensión que produce una fuerza sobre distintos materiales.

En relación con la salud, el primero en relacionar este término con la sanidad fue el fisiólogo canadiense Hans Selye, en 1936, definiéndolo como “una respuesta general del organismo ante cualquier estímulo estresor o situación estresante; utilizando el término estrés para describir la suma de cambios inespecíficos del organismo en respuesta a un estímulo o situación estimular”. Ligado al estilo de vida actual, podemos considerar al estrés como la respuesta de cada individuo para afrontar una serie de situaciones extremadamente tensas o, simplemente, aquellos factores cotidianos que nos hacen perder los nervios (como un atasco, por ejemplo). Ante estas circunstancias de posible peligro o amenaza, el organismo pone en marcha sus mecanismos de regulación, con carácter adaptativo. Está condicionado por tres variables:

– El medio externo (la situación).

– La personal percepción de la situación. Cada persona reacciona de una manera diferente ante un mismo conflicto.

– Las posibles respuestas ante la misma. Existen dos categorías de estrés: el eustress (bueno) y el distress (malo o negativo) o respuesta de ansiedad.

El bueno se produce cuando la respuesta se adapta a la situación que la provoca (es decir, aceptamos el problema que se nos ha presentado y buscamos soluciones para resolverlo); y el malo o negativo cuando la respuesta, bien por excesiva o por descontrolada, no se adapta a la situación.

Ambos tipos se pueden producir en el bebé, pero sólo el segundo da lugar a un estado de estrés patológico o ansiedad y a problemas de salud. Así lo explica uno de los mayores expertos en proyectos de investigación sobre ansiedad y estrés, el Dr.

Francisco Miguel Tobal, Profesor Titular de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, quien en las “Primeras Jornadas Sobre el Estrés del Bebé”, realizadas por el Forum Almirón, expuso su última investigación sobre el estrés del bebé, comentando las causas, síntomas y estretegias de afrontamiento para reducirlo y evitarlo.

Aumento del número de casos de estrés en bebés

No existen datos sobre la incidencia del estrés en el bebé, aunque existen evidencias de que puede estar aumentando en las últimas generaciones debido a distintas causas, como los cambios en el modelo social y familiar, el exceso de exigencia o permisividad y la incomunicación, entre otros. Algunos autores hablan de una tasa de prevalencia del estrés en la población infantil que oscila entre el 9 y el 21%.

Diversos estudios sobre el tema concluyen que la ansiedad patológica se presenta en un 13- 16% de la población y se eleva a un 20-25% si se le añaden los casos ocultos, unas cifras mayores que hace 15 años. La incidencia de la enfermedad en las mujeres es el doble que en los hombres.

Causas del estrés infantil

Entre las múltiples causas que pueden producir estrés, podemos destacar las siguientes: – El parto. – Enfermedad: cólicos del lactante, flatulencia, otitis… enfermedades muy comunes en los bebés.

– Falta de cuidados (pañales húmedos, inseguridad, miedo, etc.). – Alimentación insuficiente o inadecuada.

– Ambiente familiar problemático (falta de cariño o afecto, discusiones constantes entre los padres, incomunicación, etc.).

Síntomas del estrés infantil

Para María Jesús Mardomingo, Jefe de Psiquiatría Infantil del Hospital Gregorio Marañón (Madrid), el estrés se manifiesta con ansiedad, a veces con depresión o incluso con trastornos del comportamiento, siendo más frecuente en las niñas la ansiedad y la depresión, y en los niños los trastornos de comportamiento (reacciones agresivas, hostilidad, dificultad en las relaciones).

Los bebés manifiestan habitualmente las situaciones que les estresan con el llanto. Además de este síntoma, el pequeño puede estar en un estado de alerta elevado o justo lo contrario, demasiado quieto, duerme mal, está irritado y presenta alteraciones de la alimentación (bien en el sentido de pérdida del apetito o en el de necesitar alimentarse con más frecuencia de lo normal).

Efectos negativos en la salud

Según distintos autores, la ansiedad y el miedo son experiencias humanas universales desde el nacimiento y constituyen uno de los rasgos más relevantes de la personalidad. Pero el estrés patológico puede dar lugar a diferentes enfermedades y problemas de salud.

Físicos:

– Disminución del sistema inmune: pérdida de protección frente a enfermedades, mayor número de infecciones, progresión de tumores (si el niño ya los tuviera, no provoca cáncer).

– Deterioro de la función reguladora, hipersensibilidad (mayor tendencia a contraer alergias).

– Alteraciones del aparato digestivo.

– Alteraciones del apetito.

– Trastornos del sueño. Según un estudio de la Unidad Valenciana del Sueño del Hospital Quirón de Valencia, cerca del 30% de niños padecen trastornos del sueño provocados, entre otros motivos, por el estrés.

Psíquicos:

– Disminución de la confianza y de la seguridad en sí mismo.

– Disminución de la capacidad de empatía.

– Bajo estado de ánimo.

– Alteraciones de la memoria (lo que puede repercutir en sus estudios).
 

¿Cómo prevenir el estrés?

El principal consejo que se puede dar para que un niño no sufra ansiedad es conseguir que se sienta atendido, querido e integrado dentro de la familia y que viva en un ambiente tranquilo.

Un entorno familiar relajado, sin discusiones (no se debe elevar el tono de voz cuando está el bebé y, menos, discutir cuando está presente), crear una rutina horaria que distribuya los alimentos y el descanso, combinar momentos de compañía con los de juego individual… Existe unanimidad para afirmar que la afectividad de los padres y la expresión del amor hacia el bebé son directamente proporcionales a su capacidad de aprender y desafiar las circunstancias de la vida. Además, desde el Forum Almirón de la Inmunonutrición, recomiendan alimentar con leche materna al recién nacido, al menos hasta los 6 meses, ya que la lactancia materna es uno de los mejores inmunorreguladores que existe. En el caso de no poder ofrecer este tipo de alimentación por múltiples razones (enfermedad de la madre, falta de tiempo, etc.), la industria de nutrición infantil ha desarrollado recientemente fórmulas de alimentación infantiles enriquecidas con una mezcla de prebióticos específicos (90% oligogalactosil lactosa y 10% oligofructosil sacarosa) que consiguen un nivel de bifidobacterias y lactobacilus en lactantes nacidos a término similar al de los alimentos con leche materna, así como un pH intestinal similar. Estos prebióticos estimulan el sistema inmune del bebé, reduciendo los procesos alérgicos y las infecciones.

TodoPapás es una web de divulgación e información. Como tal, todos los artículos son redactados y revisados concienzudamente pero es posible que puedan contener algún error o que no recojan todos los enfoques sobre una materia. Por ello, la web no sustituye una opinión o prescripción médica.

Ante cualquier duda sobre tu salud o la de tu familia es recomendable acudir a una consulta médica para que pueda evaluar la situación en particular y, eventualmente, prescribir el tratamiento que sea preciso.

Señalar a todos los efectos legales que la información recogida en la web podría ser incompleta, errónea o incorrecta, y en ningún caso supone ninguna relación contractual ni de ninguna índole.

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Источник: https://www.todopapas.com/bebe/psicologia-bebe/los-bebes-tambien-sufren-estres-1266

El estrés en los niños

¿Los bebés también sufren estrés?

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Los adultos, en su función de proveedores de atención y cuidadores, tienden a ver el mundo de los niños como feliz y despreocupado. Después de todo, los niños no tienen que trabajar ni que pagar cuentas; entonces, ¿de qué podrían preocuparse?

¡De muchas cosas! Incluso los niños muy pequeños tienen preocupaciones y sienten estrés en alguna medida. El estrés es una función de las demandas que tenemos y de nuestra capacidad para satisfacerlas.

Fuentes de estrés

Las presiones a menudo provienen de fuentes externas (como la familia, los amigos o la escuela), pero también pueden surgir de la persona. La presión que nos imponemos puede ser muy significativa, porque a menudo hay una discrepancia entre lo que creemos que debemos estar haciendo y lo que hacemos realmente en nuestras vidas.

El estrés puede afectar a cualquier persona que se sienta abrumada, incluso a los niños. En los niños en edad preescolar, el hecho de separarse de sus padres puede ocasionarles ansiedad. A medida que los niños crecen, las presiones académicas y sociales (en especial, la tarea de «encajar») crean estrés.

Muchos niños están muy ocupados y no tienen tiempo para jugar de manera creativa o relajarse después de la escuela. Los niños que se quejan de la cantidad de actividades en las que participan o se niegan a asistir a ellas pueden estar dando a entender que están demasiado atareados.

Hable con sus hijos acerca de cómo se sienten respecto de sus actividades extracurriculares. Si se quejan, conversen sobre los pros y los contras de dejar una actividad. Si no es posible que la dejen, analice maneras de ayudar a organizar el tiempo y las responsabilidades de su hijo a fin de que no le generen tanta ansiedad.

El estrés de los niños no sólo puede aumentar por lo que sucede en su propia vida.

¿Sus hijos escuchan cuando usted habla sobre sus problemas en el trabajo, se preocupa por la enfermedad de un pariente o discute con su cónyuge sobre problemas económicos? Los padres deben tener en cuenta la manera en que hablan sobre estos problemas cuando sus hijos están cerca, porque los niños reconocerán la ansiedad de los padres y comenzarán a preocuparse.

Las noticias del mundo pueden causar estrés. Los niños que ven imágenes perturbadoras por televisión o que escuchan hablar sobre desastres naturales, guerra y terrorismo pueden preocuparse por su propia seguridad y la de las personas que quieren. Hable con sus hijos acerca de lo que ven y escuchan, y controle lo que ven por televisión, de modo de ayudarlos a entender lo que sucede.

También debe tener en cuenta los factores agravantes, como una enfermedad, la muerte de un ser querido o un divorcio, que cuando se suman a las presiones cotidianas que los niños enfrentan, magnifican el estrés.

Incluso el divorcio más cordial puede ser una experiencia difícil para los niños, debido a que su sistema básico de seguridad —su familia— atraviesa un cambio complicado.

Los padres separados o divorciados nunca deben colocar a los hijos en una posición en la que deban elegir un lado, ni exponerlos a comentarios negativos sobre el otro cónyuge.

Signos y síntomas

Si bien no siempre es fácil reconocer el estrés en los niños, los cambios a corto plazo en la conducta, como los cambios de humor, el mal comportamiento, el cambio en los patrones del sueño o el hecho de mojar la cama, pueden ser indicaciones. Algunos niños experimentan efectos físicos, que incluyen dolor de estómago y dolor de cabeza. Otros tienen problemas para concentrarse o terminar la tarea escolar. Otros niños se abstraen o pasan mucho tiempo solos.

Los niños más pequeños pueden mostrar signos de reacción frente al estrés al adoptar nuevos hábitos, como chuparse el dedo, enroscarse el cabello con el dedo o meterse el dedo en la nariz.

Los niños mayores pueden comenzar a mentir, a agredir a otras personas o a desafiar la autoridad.

Un niño estresado también puede tener pesadillas, dificultad para irse de su lado, reacciones exageradas a problemas menores y cambios radicales en el desempeño académico.

Cómo reducir el estrés

¿Cómo puede ayudar a sus hijos a enfrentar el estrés? El descanso adecuado y la nutrición correcta, así como una buena crianza, pueden aumentar las habilidades para enfrentar las situaciones. Hágase un tiempo para sus hijos todos los días. Esté disponible para ellos, ya sea que necesiten hablar o simplemente estar en el mismo cuarto que usted.

Incluso a medida que los niños crecen, el tiempo de calidad es importante. Para algunas personas, realmente es difícil regresar del trabajo, agacharse y jugar con sus hijos o tan sólo hablar con ellos sobre su día, en especial cuando ellos mismos han tenido un día estresante. Pero expresar interés por el día de sus hijos les demuestra que, para usted, ellos son importantes.

Ayude a que su hijo enfrente el estrés hablando sobre sus posibles causas. Juntos, pueden proponer algunas soluciones, como reducir las actividades después de la escuela, pasar más tiempo hablando con los padres o los maestros, formular un régimen de ejercicios o llevar un diario.

También puede ayudar si se adelanta a las situaciones posiblemente estresantes y prepara a sus hijos para enfrentarlas.

Por ejemplo, avísele a su hijo con anticipación (pero no demasiada) que se aproxima una cita con el médico y háblele sobre lo que sucederá.

Sin embargo, debe tener en cuenta que los niños más pequeños probablemente no necesiten mucha preparación por adelantado. Darles mucha información puede causar más estrés. La seguridad es la clave.

Recuerde que cierto nivel de estrés es normal; hágales saber que está bien sentir enojo, temor, soledad o ansiedad y que otras personas comparten esos sentimientos.

Cómo ayudar a que su hijo enfrente el estrés

Cuando los niños no puedan o se nieguen a hablar sobre estos problemas, intente hablar sobre sus propias inquietudes. Esto demuestra que usted está dispuesto a tratar temas difíciles y que estará disponible para hablar cuando ellos estén listos. Si su hijo no está dispuesto a hablar y muestra síntomas que le preocupan, consulte a un consejero o a otro especialista en salud mental.

Los libros pueden ayudar a que los niños más pequeños se identifiquen con los personajes que atraviesan situaciones estresantes y vean cómo las enfrentan. Considere estas opciones: Alexander and the Terrible, Horrible, No Good, Very Bad Day de Judith Viorst; Tear Soup de Pat Schweibert, Chuck DeKlyen y Taylor Bills; y Dinosaurs Divorce de Marc Brown y Laurene Krasny Brown.

La mayoría de los padres cuentan con las habilidades para solucionar el estrés de sus hijos. Debe buscar atención profesional si cualquier cambio en la conducta persiste, si el estrés causa ansiedad grave o si la conducta genera problemas significativos en el funcionamiento en la escuela o el hogar.

Si necesita ayuda para buscar recursos para su hijo, consulte a su médico o a los consejeros y maestros de la escuela.

Revisado por: Steven Dowshen, MD

Fecha de revisión: febrero de 2015

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/stress-esp.html

El estrés en los niños en tiempos de coronavirus y confinamiento

¿Los bebés también sufren estrés?

El estrés se refiere a la tensión que sufre un organismo, en este caso una persona, ante situaciones que le es difícil manejar y que alteran su bienestar físico y emocional.

No cabe duda alguna de que la situación que estamos viviendo por el coronavirus y por el confinamiento durante varias semanas puede provocar a un amplio número de personas, incluidos los niños, una reacción de estrés.

    • El primero es el estrés positivo, lo que indica que no siempre es perjudicial. En ocasiones es beneficioso porque ayuda al organismo a adaptarse a las situaciones cambiantes de su entorno.Activarse para realizar un examen o una tarea que supone un reto son ejemplos cercanos de un estrés positivo.
    • Un segundo tipo de estrés es el denominado tolerable. En estos casos, las situaciones estresantes pueden ser más perjudiciales, como las condiciones de vida agobiantes por las dificultades sociales y económicas que se viven en la familia o por la muerte de un familiar. Se habla de estrés tolerable porque se produce en un ambiente de apoyo afectivo al niño y de comunicación por parte de su familia, lo que facilita que se pueda afrontar con más seguridad y confianza el impacto de la situación.
    • El tercer tipo es el estrés tóxico, el más perjudicial. Supone la activación continuada del organismo ante situaciones difíciles de controlar por parte del niño sin que encuentre adultos que le den confianza y seguridad y que le acompañen para hacer frente a la situación de estrés. El abandono y el maltrato físico o psicológico se encontrarían en este tipo. Si el estrés es prolongado, sus efectos en los niños reducen el ritmo del desarrollo cerebral y provocan alteraciones importantes en el sistema neuroendocrino de respuesta al estrés y en las estructuras cerebrales más estrechamente vinculadas con el desarrollo socioemocional y la empatía.

No todas las personas experimentan estrés ante la misma situación.

Su nivel y su impacto depende principalmente de tres factores: el primero, las características de la situación estresante, su intensidad y duración; el segundo, las dificultades de las personas para afrontar esta situación; y el tercero, los factores protectores o de riesgo existentes. Veamos cada uno de ellos en relación con el coronavirus y el confinamiento. Al final, plantearemos dos propuestas educativas.

El coronavirus y el confinamiento pueden provocar un importante efecto emocional en los niños. Algunos pueden manifestar este impacto en los primeros días, otros podrían manifestarlo en semanas posteriores, mientras que un tercer grupo pueden adaptarse sin especiales dificultades a esta situación.

Aunque el coronavirus y el confinamiento es común a todas las personas, su vivencia en cada familia es muy variable, pues depende de cómo les afecte: la muerte de un ser querido en el tiempo del confinamiento; la experiencia de contagio de uno mismo o de algún familiar o el temor a ser infectado; las dificultades para gestionar de forma tranquila y equilibrada el confinamiento; los problemas sociales y emocionales que han existido en la familia o en alguno de sus miembros y que se manifiestan ahora con mayor crudeza; la inseguridad por la pérdida del empleo, la reducción de ingresos o la anticipación de un futuro incierto. El coronavirus y el confinamiento impactan directamente a los niños, pero también y muy especialmente a través de cómo están influyendo en su familia.

Diferencias individuales para afrontar esta situación

La forma como un niño reacciona y los signos comunes de sufrimiento emocional pueden variar según la edad del niño, sus experiencias previas y cómo el niño afronta normalmente el estrés. Estas diferencias son debidas a los siguientes factores:

  • El temperamento y la sensibilidad emocional de cada niño
  • Los temores ante la posible pérdida de sus familiares más próximos.
  • Las competencias sociales del niño.
  • La capacidad de expresar sus emociones y de comunicar sus preocupaciones y sus temores.
  • Las experiencias que está viviendo en estas semanas de confinamiento.
  • Las actividades que desarrollan a lo largo del día, tanto corporales como intelectuales.
  • Las experiencias gratificantes vividas cada día.
  • Los amigos y compañeros con los que se comunica
  • El mayor peso de los factores protectores frente a los de riesgo.

Factores protectores: la familia y los amigos

La familia tiene un papel muy importante para cuidar a sus hijos y limitar el impacto de la nueva situación que están viviendo por la pandemia y por el confinamiento Nos referimos a los familiares próximos, padres y hermanos, pero también a aquellos que no viven en el hogar familiar: abuelos, tíos, primos. El artículo de Evelyne Josse publicado en Eduforics Niños y adolescentes cnofinados, instrucciones de uso ofrece pistas muy adecuadas para las familias.

También los amigos y compañeros del niño pueden jugar un papel importante para hacer frente a los efectos de esta situación.

Los principales factores protectores podrían resumirse en los siguientes:

    • Familia relajada, afectuosa y tranquilizadora, que da seguridad.
    • Capaz de favorecer la expresión de las emociones y la comunicación con sus hijos.
    • Dispuesta a impulsar actividades comunes y a establecer rutinas flexibles.
    • Interesada en que sus hijos tengan relación virtual con otros familiares y también con sus amigos y compañeros.
    • Flexible para adaptarse a la situación emocional de su hijo y para facilitar refuerzos positivos (juegos, movimiento, algún capricho de alimentación) que generen endorfinas y satisfacción.
    • Preocupada por ser un buen ejemplo para sus hijos.
    • Dispuesta a proporcionar a sus hijos recursos variados para ocupar su tiempo: tablet, juegos, lecturas…
    • Que puede y se preocupa por asegurar una alimentación suficiente y equilibrada
    • Niños con una red de amigos y de compañeros con los que se comunica de forma habitual.
    • Niños con profesores que se comunican con ellos no solo por los aprendizajes escolares, sino también para conocer su situación personal y proporcionarles una vía de comunicación, sobre todo con aquellos alumnos en condiciones de mayor riesgo.

Factores de riesgo

Los factores de riesgo son aquellos que agravan el impacto de la situación estresante. Los más relevantes son los siguientes:

  • Conflictos familiares continuos.
  • Problemas emocionales, trastornos mentales o de adicción en alguno de los miembros de la familia.
  • Conductas de maltrato a la pareja o a los hijos.
  • Falta de afecto.
  • Ausencia de comunicación.
  • Insuficiencia de recursos familiares para la alimentación.
  • Escasa variedad de estímulos y de actividades.
  • Dificultades del niño para contactar con sus compañeros.
  • Niños habitualmente solitarios o aislados.
  • Niños que han sufrido maltrato en su centro educativo.
  • Niños en condiciones de riesgo cuyos profesores no se comunican con ellos.

En síntesis

Niños con entornos familiares y amistosos protectores.

El posible estrés provocado por el coronavirus no va a tener un especial impacto en aquellos niños que viven en una familia afectuosa, protectora, comunicativa y estimulante y que mantienen relaciones virtuales con amigos y compañeros. Incluso se puede afirmar que saldrán emocionalmente fortalecidos si el confinamiento no se prolonga durante mucho tiempo.

Niños con entornos de riesgo.

El coronavirus y el confinamiento van a tener un efecto negativo en los niños con entornos familiares de riesgo y que no disponen del apoyo de redes educativas o amistosas.

Entender la situación emocional de los alumnos en el confinamiento

Las directores de los centros deberían orientar a los docentes a que conversen con sus alumnos sobre su situación emocional durante el período de confinamiento y a que presten especial atención y apoyo a sus alumnos en situación de riesgo. Las clases on line y los deberes escolares no deberían ser la única preocupación.

Atención a la situación emocional de los alumnos después del confinamiento

Las Administraciones educativas deberían orientar a los centros educativos para que dediquen tiempo suficiente durante los primeros días de vuelta a clase a conversar sobre el impacto del coronavirus y del confinamiento en sus alumnos.

Junto con la comunicación en clase, deberían tener prioridad aquellas actividades que refuercen la cohesión de los grupos de alumnos: deporte, música, canto, trabajos grupales y en colaboración y proyectos en la naturaleza.

Puedes consultar dos entradas, una de Eduforics sobre Aprendizaje en la naturaleza y otra de la web Escuela con cerebro sobre beneficios del aprendizaje en contacto con la naturaleza.

El coronavirus y el confinamiento vuelven a subrayar la importancia de incorporar el desarrollo socioemocional de los alumnos como uno de los objetivos principales de la educación escolar.

Un ejemplo que no debe imitarse. Los días posteriores al asesinato del presidente Kennedy en los EEUU se suspendieron las clases. Cuando los alumnos regresaron al centro educativo, la gran mayoría de los profesores continuaron con el temario que habían dejado el último día de clase sin otros comentarios.

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Источник: https://www.eduforics.com/es/estres-en-ninos-coronavirus/

ESTRÉS EN NIÑOS: CAUSAS, DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTOS

¿Los bebés también sufren estrés?

El estrés infantil es una triste realidad que tenemos que presenciar hoy en día. Y es que el ritmo acelerado también afecta a los más pequeños, que ven amenazada su seguridad en numerosas ocasiones. El estrés en niños es, prácticamente, natural, como en casi todos los seres humanos (a niveles normales).

El cortisol, hormona responsable de activar los núcleos de alarma y atención, desencadena una reacción a posibles peligros o alerta de algún problema. Hasta aquí todo es normal. El problema del estrés surge cuando estos niveles de cortisol permanecen en auge durante más tiempo del que dura esa actividad o situación que lo provoca.

En ese momento estamos hablando de estrés como enfermedad. ¿Crees qué los niños se libran de este trastorno?

¿Por qué tienen estrés los niños?

Cuando los adultos pensamos en nuestra infancia, a menudo, nos imaginamos felices y despreocupados, desconectados de la montaña de hipotecas, deudas y obligaciones a las que tenemos que hacer frente cuando llegamos a la edad adulta.

Sin embargo, nadie piensa que los niños puedan tener problemas.

¿Por qué habrían de tenerlos? Pueden dedicar su tiempo a estudiar, a realizar numerosas actividades extraescolares, a conocer nuevos amiguitos y a vivir un montón de aventuras de niños.

Ahora vamos a tratarlo desde otras perspectivas:

¿Tu hijo hace alguna actividad extraescolar diaria?

¿Cuánto tiempo dedica a los deberes caseros?

¿Quiere quedar con otros niños o prefiere estar solo en su habitación?

¿Te ha mencionado que quiere abandonar alguna actividad?

Estas son solo algunas de las cuestiones que los padres nos debemos plantear cuando estamos valorando un caso de estrés en niños, o estrés infantil.

Diagnóstico del estrés infantil

El cuadro que presenta un niño con estrés suele contener síntomas físicos y emocionales – de comportamiento -. Podemos identificarlos por separado de la siguiente manera:

Síntomas físicos del estrés en niños: El primer síntoma que tiene consecuencias son las alteraciones del sueño. Junto a esto, el tartamudeo, las pesadillas, la enuresis, la cefalea y las molestias estomacales son algunos de los síntomas inequívocos de que se padece estrés infantil.

Síntomas de comportamiento: Preocupación y ansiedad, incapacidad para relajarse, miedos recurrentes, dependencia de los padres, rabia y llanto, incapacidad para gestionar las emociones y baja tolerancia a la frustración, comportamiento agresivo y/o terco, regresión y rechazo a participar en todo tipo de actividades escolares y/o familiares.

Tratamiento del estrés en niños

Es muy importante que se valore la posibilidad del estrés infantil con un especialista en terapia infantil. El tratamiento suele incluir la reestructuración cognitiva mediante el conocimiento por parte del niño de la causa que le provoca el estrés.

Cómo apoyan los padres a un niño con estrés infantil

  • La actividad física es imprescindible para que el niño libere el exceso de energía.
  • Aunque, obviamente, no todas las decisiones deben ser tratadas con el niño, aquellos grandes cambios que puedan afectar a su vida – es el caso de las mudanzas por ejemplo – deberían ser tratados en familia.
  • Los padres deben aprender a aplicar recompensas para reforzar conductas positivas en vez de castigar las conductas negativas.
  • Enseñar a nuestro hijo a comunicarse le llevará a que sea más capaz de resolver sus problemas con los demás en un futuro.

El estrés infantil, un mal de nuestro siglo

El siglo XXI ha traído numerosos avances técnicos y tecnológicos así como nuevas formas de vivir, de descubrir el mundo…etc. Sin embargo, el estrés puede que sea una de las mayores lacras de esta era que nos toca vivir.

Quizás lo más alarmante sea que los cuadros de ansiedad o depresión hayan alcanzado a la más tierna infancia.

Según un grupo de investigación de la Universidad de Málaga, el 30% de los niños incluidos en un estudio (eran más de siete mil) presentaban cuadros de ansiedad. Y esto solo en Andalucía. 

Si quieres saber más acerca del estrés infantil y otros trastornos y situaciones que afectan a la infancia, te invitamos a que aprendas más en nuestro blog. Puede interesarte este artículo sobre juegos que favorecen la comunicación con los menores.

Aprende más acerca de tus hijos y descubre cómo puedes ayudarles en su desarrollo. ¿Quieres encontrar noticias y artículos de psicología para mejorar la vida? Síguenos y no dudes en compartir los contenidos que puedan ser de utilidad a tus seres queridos.

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Imágenes:Understood , ventureinside

Autora: Alex Bayorti (colaboradora de nuestro Blog)

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Источник: https://www.psicoadapta.es/blog/estres-en-ninos-causas-diagnostico-y-tratamientos/

¿Un recién nacido puede sufrir estrés?

¿Los bebés también sufren estrés?

Un bebé recién nacido no está exento de sufrir estrés, aunque no lo parezca, los más pequeños tienen muchas razones para estresarse, por ejemplo todos los factores del ambiente que son nuevos para él. Pese a que los bebecitos parecen estar todavía en una burbuja al nacer, es posible que su nuevo contexto les cause estrés; recordemos que todo cambió en sus vidas de un momento a otro.

A pesar de las situaciones estresantes que pueden haber en la vida de un recién nacido, en la mayoría de los casos los padres hacemos todo lo posible por evitarlas. Es por esta razón que preparamos un ambiente especial para él, evitamos el ruido y cualquier cosa que consideremos una molestia para el bebé.

Sin embargo, las causas del estrés en los recién nacidos pueden ser muy simples, porque él se encuentra viviendo un período de adaptación, donde todo es diferente e inexplicable. Ya convencidos de que los bebés pueden sufrir estrés desde temprana edad, los especialistas se han dedicado a estudiar cuáles podrían ser las consecuencias de este padecimiento.

En este sentido, la mayoría de los resultados de estas investigaciones, han arrojado la teoría de que muchos de los problemas que puedan experimentar los niños en esta etapa, pueden permanecer en ellos para siempre. Entre las principales consecuencias se encuentra la dificultad para memorizar, lo cual desencadena en futuros problemas de aprendizaje.

Señales que nos indican que el bebé puede sufrir estrés

El nivel de estrés que sufre un bebé no puede ser cuantificado claramente, pero se puede poner en evidencia su padecimiento por medio de ciertas señales. En términos generales, el principal medio que utilizan los bebés para comunicarse es el llanto, por lo tanto, es también la mejor manera de saber si el niño está incómodo.

Así como a los adultos nos cuesta identificar que en realidad estamos estresados, para los niños pequeños es aún más difícil. Por esta razón, es posible que la angustia que notemos en ellos pueda ser cualquier cosa, incluso estrés.

Un bebé que llora sin que podamos identificar la causa, podría estar estresado. Pero, necesitamos estar seguros que de hecho no hay motivos para llorar; por ejemplo, si no tiene hambre, su pañal está seco, no está enfermo o sufre estreñimiento.

No obstante, pese a que sus necesidades estén cubiertas, no es todo lo que el bebé demanda para estar totalmente relajado; a veces lo que los niños están esperando es que le den amor.

Si fuera el caso y tuviéramos que separarnos de nuestros hijos por un período largo, es posible que esta ausencia los haga sentirse estresados, sentirán quizá inseguridad o desconfianza.

Otros síntomas pueden indicar estrés en los recién nacidos; el llanto recurrente y angustiado es señal de que el bebé está estresado, las causas pueden ser diversas, por ejemplo.

  • Dolor causado por cólicos prolongados u otitis
  • Aislamiento o falta de relación social.
  • Ambientes alterados por ruidos, discusiones familiares u horarios acelerados.
  • Falta de atención; en especial cuando se trata de padres que están presentes pero ocupados con el móvil, la computadora o la televisión.
  • Padres estresados, ambientes tensos y estados de ánimo bajos, podrían afectar al bebé sin que este tenga conciencia de esto. Por lo general el estrés de los que nos rodean puede afectarnos como si fuera propio.
  • Cambios bruscos de temperatura en el ambiente, el calor puede ser muy estresante, pero el frío también para un bebé
  • Sueño, hambre o incomodidad, pueden ser estresantes sin pasa mucho tiempo en este estado.
  • El exceso de estimulación es a veces la principal causa. Aunque debemos estimularlo y mantenerlo conectado con su entorno, no es recomendable que exageremos con estímulos que no le dejen relajarse un tiempo.

Evitemos que nuestro bebé tenga que sufrir estrés

Sabemos que es algo difícil de medir, pero la mayoría de los motivos que estresan a los bebés son reconocibles por los adultos. Mantener sus necesidades cubiertas, asegurarnos de que duerma bien y viva en un ambiente tranquilo, es algo que con interés podemos lograr efectivamente y sin esfuerzo.

Crear hábitos y evitar que lo alcancen nuestros problemas es una responsabilidad que no podemos obviar. Además de estas cosas, también es recomendable que dediquemos tiempo de calidad a los pequeños, que aunque pareciera que no se enteran de nada, en realidad están conscientes de gran parte de los factores que los rodean.

Es muy importante el vínculo familiar, que comencemos desde los primeros días a estimular su desarrollo socioemocional, para que se sienta seguro, querido y tranquilo. Evitémosle la mayor carga de estrés ahora, pues ya tendrá bastante en el futuro.

Источник: https://eresmama.com/recien-nacido-puede-sufrir-estres/

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