Mãma tenho mucosidades

Distinguir una gripe o catarro infantil de COVID-19, ¿misión imposible?

Mãma tenho mucosidades

La pequeña Alicia, de dos años y medio, empezó con mocos el pasado lunes.

Vive en una de las 37 zonas básicas de salud donde la Comunidad de Madrid ha restringido la actividad y movimientos: el distrito centro de Alcobendas.

El martes sus padres decidieron no llevarla a la escuela infantil y se pusieron en contacto con el centro de salud. Ese mismo día, su padre empezó con fiebre y cansancio. ¿Catarro? ¿Gripe? ¿Coronavirus?

«El miércoles fuimos al centro de salud a hacernos las pruebas», explica a Newtral.es Laura, madre de Alicia, que permanece desde entonces autoaislada en la medida de lo posible (no puede dejar de trabajar, su hija no es oficialmente caso) y a la espera de resultados de las PCR, que no llegarán antes del miércoles próximo, según le dijeron.

«Yo no tengo ningún síntoma y su padre, a estas alturas, apenas tiene fiebre, pero ha pasado un par de días regular». Alicia ya está estupendamente. Y, seguramente, para cuando tengan el resultado del test en la mano, toda la unidad familiar se encuentre bien… aun con un posible positivo en el papel. ¿Qué pasa entonces?

El médico de familia José María Molero, del Grupo de Infecciosas de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria, recuerda que «si no puedes tener una PCR a tiempo, rápida, en 24 o 48 horas, deja de ser funcional [para el control de la epidemia]». La escasez de reactivos (químicos específicos para hacer la prueba) para tantos sospechosos, entre otros factores, ha llevado a que en la Comunidad de Madrid no se tengan resultados hasta una semana después de la prueba.

De tirar con el Dalsy al aislamiento y PCR

Hasta hace medio año, estas situaciones, de lo más común en las familias, carecían de mayor importancia. Se sabe que la infancia es reservorio para virus como el gripal o los catarrales, y es común que lo lleven a casa sin mayores consecuencias, aunque la gripe estacional no es un tema menor. Con el SARS-CoV-2 la cosa se complica.

Adiós al chupito de Dalsy (ibuprofeno). El ministro de Sanidad Salvador Illa decía el 27 de agosto no concebir que haya padres que manden a sus hijos enfermos a clase. Pero la realidad se impone en muchos casos y a la costumbre se solapan los problemas de conciliación en algunas familias.

El problema es que apenas es posible distinguir la sintomatología de un catarro, una gripe incluso un virus digestivo de la que provoca el coronavirus en los más pequeños.

«Hay que empezar a reconocer que se sabe poco, que se ha podido estudiar de manera limitada en niños, porque se infectan con apenas sintomatología».

Desde la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP), la doctora Concha Bonet asegura que ya se están dando estas situaciones de duda antes de la temporada de gripe y de virus respiratorio sincital.

Síntomas de gripe y catarro vs. síntomas de coronavirus

Los Centros de Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos publicaron una guía para orientar sobre la sintomatología más características ante casos leves de COVID-19 frente a los de gripes y catarros.

Similitudes: Fiebre / escalofríos, tos, dolor de cabeza, dificultad para respirar, fatiga, dolor de garganta, mocos, dolor muscular, vómitos-diarrea

Más específicos COVID-19: Pérdida de olfato y/o gusto. Además, recomiendan acudir a urgencias ante: presión en el pecho, confusión, dificultad para permanecer despierto, labios o rostro azulados.

En el caso de gripe, frente a catarro y COVID-19, suelen aparecer los síntomas repentinamente.

De acuerdo con el doctor Juan Ruiz-Canela, vicepresidente de la AEPAP y pediatra en el centro de salud Virgen de África de Sevilla, «para sospechar de gripe lo mas importante es ver si se da en la época epidémica».

Comparte lo que dice la guía de síntomas de los CDC, pero reconoce lo difícil de distinguirlos. Si bien «la rinorrea (secreción nasal) es bastante improbable, alrededor del 7% de los casos entre 0 y 9 años», apunta. ¿Descartamos COVID-19 para nuestra Alicia? No tan rápido.

Hay gripes con mocos, pero el virus «generalmente en nuestro país es más propio del invierno. Covid no parece tener esa predilección, como estamos comprobando». Igualmente, «hay que tener en cuenta la historia conocida de alergia» en el paciente.

«Gripe y covid son infecciones diferentes y pueden coexistir –precisa el doctor–, pero en el hemisferio sur el uso de las mascarillas sobre todo y el distanciamiento ha disminuido la incidencia de gripe e infección respiratoria». Con suerte, algo se notará también en nuestras latitudes.

37,2ºC: la nota de corte para ‘entrar’ en el cole

La primera barrera es térmica. Si hay fiebre, no se entra. Es de las pocas reglas de oro que excluyen a un niño o niña con sintomatología. Pero ni es determinante ni la COVID-19 se caracteriza necesariamente por ser febril. La toma de temperatura en la puerta tiene sus limitaciones. Hacer tests masivamente, ante la más mínima sospecha, también.

Toma de temperatura en un colegio de Cataluña | Marta Pérez, Efe

«Los colegios están haciendo lo que pueden. Falta aterrizar protocolos claros para determinar quién hace qué», cree Bonet. Porque para hacer tests «hace falta personal, y ahora están agotados y doblando turnos». Reconoce que a su centro de salud le puede llegar de golpe una clase entera para hacer PCR.

«Si se hace [una PCR] en un determinado periodo, en los primeros 7 días, la sensibilidad de la PCR es elevada, pero disminuye muchísimo cuando pasan unos días, porque, evidentemente, la PCR se puede negativizar”, aseguraba a Newtral.

es el doctor Carlos Debán, médico de familia y miembro de la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid. Al contrario, que se encuentre la genética del virus en ciertos tejidos no implica necesariamente que pueda infectar.

Hacia los tests rápidos de antígeno, ¿también el cole?

La Consejería de Sanidad ha comprado nuevos test de antígeno. Es esta la tecnología que, según su titular, Enrique Ruiz-Escudero, se empleará en las pruebas masivas que prevé hacer en las zonas sanitarias con restricciones.

Unos de estos tests, a diferencia de los de la pasada primavera, no toman una gotita de sangre para medir si está presente el virus (o un fragmento). Se toma una muestra nasal o de garganta, igual que con la PCR, pero se deposita sobre una especie de tarjeta que da el resultado en minutos.

«Funciona y correlaciona bastante bien con los sintomáticos», lo cual útil cuando un alumno llega con mocos, toses o unas décimas. Pero, como añade el epidemiólogo, profesor y pediatra Quique Bassat (ISGlobal), «tener que meter el palito en la nariz genera rechazo».

Bassat conoce bien lo que es perseguir a un virus entre un grupo de niños. Ha estado al frente del estudio que se realizó en campamentos y casales de verano con chavales de Cataluña. Aunque es muy prudente, su trabajo concuerda con otros que apuntan a menos contagios entre menores de 10 años.

Él no ve tan claro que puedan ser tan útiles este tipo de pruebas rápidas dentro del entorno escolar. «Sobrecargar a los coles con una tarea adicional es hacerles un flaco favor. Ya han asumido muchas responsabilidades que no les tocan».

Bassat sí que piensa que son pruebas rápidas «revolucionarias» para dar una respuesta rápida, sobre todo si pudieran ser manejadas por la propia población, antes de enviar al niño o niña a clase. Aunque para que se pudieran ofrecer en farmacias, primero la gente tendría que ganar algo de experiencia en la toma de la muestra.

Molero cree que deberían ser manejadas por profesionales, en la enfermería escolar, de haberla en el colegio o instituto, o en centros de toma de muestras, fuera de los centros de salud, creados específicamente para ello. «Incluso unidades móviles. Conseguiríamos cribados muy rápidos».

¿Niños Supercontagiadores? ¿Inmunes? ¿Iguales que adultos? En qué quedamos

A día de hoy apenas sabemos una cosa: que los pequeños tienden a ser pacientes de COVID-19 muy leves o asintomáticos. Y eso complica los cribados.

No está tan clara la sensibilidad del test de antígeno ante casos así o con bajas cargas virales. Y aquí empieza otro de los grandes rompecabezas actuales: ¿tener muchos virus equivale a contagiar más o ponerse peor?

Para Quique Bassat, «hay evidencia contradictoria. Niños sin síntomas tienen a veces carga virales mayores que adultos sintomáticos, pero quizás estamos mirando momentos diferentes de la infección. Y eso no es sinónimo de que sea supertransmisor».

En su estudio, en colaboración con el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, vieron que la tasa reproductiva básica era R0=0,3 en su población infantil, frente a la R0=3 o R0=2 típica en adultos. Es decir, cada chaval infectado no llegó a contagiar a una persona más antes de recuperarse. En adultos, uno puede contagiar a otros tres o dos.

“La infectividad está determinada por muchos factores, como la fuerza y la frecuencia con que se tose, la proximidad de los contactos, la ventilación del entorno, etc.

», añade la pediatra Begoña Santiago, del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. En una entrevista con Mónica G.

Salomone en Sinc en que destaca cómo la consulta de pediatría se ha convertido en un termómetro de la pobreza.

Para Santiago, «si una persona tose con más fuerza proyecta las partículas virales a más distancia. Ese es un factor muy importante”. Al pasar la enfermedad con síntomas más leves, los niños tosen con menor intensidad.

Carmen Muñoz-Almagro, microbióloga molecular del Hospital Sant Joan de Déu, Barcelona, explica que “la mayor carga viral se observa en los primeros días de síntomatología, en los que toser, hablar o exhalar va a favorecer la transmisión de la infección; un enfermo tosedor con baja carga, que no mantiene distancia social y no usa mascarilla, va a transmitir mucho más que un paciente con carga más alta pero que usa mascarilla, se lava las manos y no tose porque está asintomático”.

Tengamos una anotación detallada de los contactos diarios de nuestros hijos.

Quique Bassat. Epidemiólogo y pediatra.

Entretanto, ya desde el punto de vista epidemiológico, Bassat da un consejo sencillo: «tengamos una anotación detallada de los contactos con los que están nuestros hijos».

Por otra parte, la vacunación frente a «enfermedades que no están incluidas en el programa oficial de inmunizaciones sistemáticas, como la gripe y el rotavirus, cobra aquí especial relevancia», añade Ruiz-Canela

Saber, a ojo, si esa tos o esa fiebre es coronavirus o no «va a ser tarea imposible –conluye Bassat–. Sintomatología compatible es común en casi cualquiera de las enfermedades respiratorias de la infancia. Nos va a obligar a curarnos mucho en salud. Muchos tests, nuestra obligación debería ser descartar, más que confirmar».

Además: todo sobre el coronavirus, en 10 vídeos: La Covidpedia

Источник: https://www.newtral.es/distinguir-una-gripe-o-catarro-infantil-de-covid-19-mision-imposible/20200919/

Mocos y catarro en niños: mitos y verdades

Mãma tenho mucosidades

Los padres con hijos matriculados en escuelas infantiles y en los primeros cursos de educación infantil nos acostumbramos a verlos durante gran parte del curso escolar con mocos.

No en vano, según calculan los pediatras Elena Blanco y Gonzalo Oñoro, pediatras en el Hospital Universitario La Moraleja y autores del blog Dos pediatras en casa, lo habitual es que un niño que acude a guardería se contagie de unos 10 o 12 catarros durante el invierno: “Si tenemos en cuenta que la mucosidad de un catarro se puede prolongar durante 20 días, eso garantiza cerca de 200 días al año de mucosidad”.

Así las cosas, aceptamos sin preocuparnos el goteo acuoso, transparente y constante que emana de la nariz de nuestros hijos. Sin embargo, nuestras señales de alarma se disparan cuando ese moco acuoso muta hacia una sustancia más viscosa y de tonalidades más verdes.

Y, por si acaso es síntoma de que el niño va a peor, acudimos a la consulta del pediatra. “El moco es una primera barrera de defensa de nuestro organismo. En su composición contiene leucocitos, que segregan una enzima que se llama peroxidasa y sirve para eliminar a los virus y las bacterias.

Esta enzima, entre otros efectos, oxida el hierro, lo que provoca el cambio de color del moco del trasparente al amarillo y de este al verde. Es algo parecido a lo que sucede con los moratones tras un golpe.

Por ello el cambio de color del moco es algo habitual en un catarro y no debe preocupar a los padres”, explican Elena y Gonzalo.

Sin embargo, el mito que asocia los mocos verdes a gravedad del resfriado está muy instaurado en la sociedad. Tanto como el pedir un antibiótico para hacerles frente.

Para ambos pediatras esto puede deberse “a una práctica heredada de la medicina de los adultos, ya que la sospecha de sinusitis (fiebre, cefalea, dolor en senos paranasales y moco verde) garantiza la prescripción de un antibiótico”; aunque matizan que las causas de las infecciones de la vía respiratoria de los niños varían respecto a la de los adultos, “ya que son los virus los patógenos más frecuentes y por ello, pese a los mocos verdes de los niños, no es necesario un tratamiento antibiótico”.

La pregunta es qué responsabilidad tienen los profesionales sanitarios en la transmisión y la pervivencia de este mito. “A nosotros nos gusta contar a los padres por qué ocurren las cosas y por qué estás tomando una actitud concreta con sus hijos.

Sin embargo, en época invernal, cuando las consultas de pediatría y las urgencias están hasta arriba, a los pediatras nos cuesta encontrar el tiempo y la paciencia para explicar a los padres por qué pese a la fiebre y el moco verde que tienen sus hijos se van a ir de la consulta sin un antibiótico”, afirman los autores de Dos pediatras en casa, que destacan la importancia de vencer a las prisas para, además de realizar un diagnóstico adecuado, dar a los padres los consejos de salud necesarios para que sepan enfrentarse de forma adecuada a los resfriados de sus hijos: “si esto no ocurre acabarán viniendo una y otra vez solicitando un antibiótico. Es fundamental que esta información cale en los padres para que se genere una relación de confianza médico-paciente de la que finalmente saldrán beneficiados los niños”.

Mocos que bajan al pecho y otros mitos

El de los mocos verdes y la gravedad del catarro no es el único mito asociado a los mocos de los niños que los pediatras escuchan muchas veces en consulta.

Elena Blanco y Gonzalo Oñoro reconocen que “hay otros muchos”, pero coinciden al afirmar que el más recurrente de todos ellos se sintetiza en una frase («los mocos ya le han bajado al pecho») que transmite un temor habitual en todo padre con un hijo resfriado.

Una frase y un mito en el que en su opinión también tienen cierta responsabilidad los pediatras, “ya que muchas veces para resumir lo que le está ocurriendo al niño utilizamos esa expresión sin explicar qué es lo que está ocurriendo realmente”.

Y lo que ocurre realmente no es que los mocos bajen al pecho como si se deslizasen por un tobogán: “La evolución de infecciones de la vía respiratoria baja como las bronquitis y las bronquiolitis siempre es la misma.

En primer lugar, se produce una fase catarral en la que el moco se encuentra solo en la nariz para, a los tres o cuatro días, encontrarse ya en la vía aérea inferior. Pero esto no ocurre porque el moco «baje al pecho» como si goteara por detrás de la garganta y se colara en la tráquea.

Ocurre porque el virus que provoca este tipo de infecciones tiene esa capacidad, primero coloniza la nariz para luego avanzar y llegar hasta el pulmón”.

Muy asociada a este mito está una recomendación típica muy instaurada en el imaginario colectivo que aboga por mantener al niño incorporado «para que no le bajen al pecho».

En ese sentido, según los pediatras, cuando un niño tiene una bronquiolitis “una de las cosas que podemos hacer para que respire mejor es incorporarle, ya que los pulmones de los humanos están diseñados para respirar en posición vertical, es decir, mientras estamos de pie”.

Pero no, sin embargo, con el objetivo de que los mocos no «bajen al pecho» por efecto de la gravedad: “Incorporemos o no al niño, el virus que provoca la bronquiolitis llegará a los pulmones en los casos en que tenga capacidad para hacerlo».

Y luego están los mucolíticos. No habrá adulto crecido en los ochenta y en los noventa que no probase alguno de ellos. Y, claro, hoy los pedimos para nuestros hijos. Incluso nos sorprende que no nos los receten en consulta, con los mocos verdes que tienen nuestros hijos, que no les dejan ni respirar.

Para Elena y Gonzalo “ningún estudio científico de calidad con mucolíticos ha conseguido demostrar suficiente eficacia como para recomendarlos de manera rutinaria”. Y así lo establece también en un documento de información para padres la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría: “No existen medicamentos que curen los catarros.

Los medicamentos anticatarrales (mucolíticos, anticongestivos) son de dudosa eficacia”.

¿Cómo tratar los catarros cuando derivan en mocos que se vuelven molestos para los niños, sobre todo cuando son pequeños y no saben sonarse?

Desde la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría, en el mismo documento citado, recomiendan evitar los ambientes secos en casa, no forzar a los niños a comer si se muestran inapetentes, ofrecerles líquidos y realizarles lavados nasales frecuentes.

“En estos casos lo más adecuado es realizar una limpieza nasal”, refuerzan los pediatras, que añaden que para ello basta con una botella de suero fisiológico que podemos encontrar en cualquier farmacia y una jeringa de 5 o 10 mililitros: “Para hacer el lavado nasal colocaremos al niño tumbado y de lado y administraremos con fuerza el suero por un lado de la nariz. La intención es que el moco salga por la otra por lo que hay que realizarlo con un poco de «mala leche», como les solemos decir a nuestros pacientes. En el fondo es pura fontanería”.

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Источник: https://elpais.com/elpais/2018/04/05/mamas_papas/1522935221_607864.html

Embarazo saludable
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