Mi bebé tiene miedo al agua

Mi hijo tiene miedo al baño. ¿Qué hago?

Mi bebé tiene miedo al agua

Uno de los cuidados básicos y diarios que hay que realizarle al bebé es el del baño, para conseguir que su higiene personal sea impecable, evitando que puedan aparecerle infecciones o que desprenda mal olor.

No obstante, hay niños de seis meses en adelante que muestran auténtico miedo a ese momento, rechazan meterse en la bañera y lo demuestran llorando desconsoladamente, dando patadas al aire, agitando los brazos…

Si ese es tu caso, si tu hijo odia y sufre cuando tiene que lavarse, debes tomar medidas. En concreto, para poder ponerle remedio, es importante que primero conozcas desde las posibles causas del citado pavor hasta las acciones que puedas llevar a cabo para acabar con el mismo:

Posibles causas

Puedes pensar que no han existido situaciones que hayan podido provocar que tu bebé desarrolle este miedo que ahora nos ocupa. Y eso lo puedes creer, porque para ti no se han dado hechos que pudieran provocarlo. Sin embargo, para el niño cualquier pequeña “bobada” ocurrida mientras se estaba bañando se puede convertir en auténtica generadora de pánico.

En concreto, entre las causas que han podido llevar a su rechazo a la bañera se encuentran estas:

  • Un día se le llenaron los ojos de jabón.
  • Una vez le cayó agua en la cara de manera inesperada.
  • En una ocasión se te escurrió la mano que le sostenía y el agua le llegó al cuello.
  • Hay ruidos que le provocan pánico cuando está dentro de la bañera, como, por ejemplo, el que hace el desagüe al quitar el tapón.
  • Un día le estabas bañando y comenzaste a gritar y a discutir allí con tu pareja.

Consejos para acabar con el miedo

Si importante es ser consciente del conjunto de situaciones que han podido provocar el miedo al baño de tu pequeño, también lo es que conozcas a la perfección cuáles son las medidas que puedes llevar a cabo para ponerle fin:

  • Lo primero y fundamental es que tengas paciencia. Eso supone que si empieza a llorar o a realizar aspavientos porque no quiere bañarse, no pierdas la calma en ningún momento. Debes estar tranquilo, abrazarle, darle besos y explicarle con una voz suave que no pasa nada.
  • Partiendo de que puede ser que su pavor venga por algún chorro de agua inesperado que le cayó en el rostro, opta por meterlo en la bañera cuando ya se encuentre llena. Por supuesto, para que pueda sentirse a gusto en la misma, vigila con extremo cuidado la temperatura que tendrá el agua.
  • Ni que decir tiene que debes hacer todo lo posible para evitar brusquedad a la hora de meterlo dentro de la bañera. ¿Eso qué significa? Que no debes meterlo de golpe, lo recomendable es, poco a poco, y mientras le vas hablando para que se tranquilice.
  • De la misma manera, para evitar que se te pueda escurrir y que trague agua, sujétalo correctamente. La mejor forma es colocar tu brazo izquierdo detrás de su espalda para que su cabeza pueda descansar en tu antebrazo.
  • Otra de las recomendaciones fundamentales para conseguir que, poco a poco, pierda este miedo y vea el momento del baño como algo divertido es que le des juguetes para que pueda divertirse en el agua. Puedes recurrir tanto a cubitos como a patitos pasando por libros especiales para el agua. Así, mientras esté divirtiéndose con cualquiera de esas propuestas se olvidará de su temor. Eso sí, en todo momento debes estar a su lado y no perderle ni un segundo de vista.
  • Entre el conjunto de medidas que puedes tomar para lograr que tu bebé de seis meses pierda el miedo al agua es que toméis el baño juntos. De esta manera, al sentirte dentro del agua a su lado, al poder comprobar que lo proteges con tus brazos y al cerciorarse de que estás tranquilo, también se relajará y empezará a ver, poco a poco, el momento del baño como un instante muy divertido y especial que comparte contigo.

La rutina del baño

Para poder conseguir que todos los consejos dados anteriormente te ayuden realmente a conseguir que tu hijo pierda el miedo al agua, es necesario que el momento del baño se convierta en una rutina diaria.

De esta manera, se habituará al mismo, no tendrá sorpresas inesperadas porque sabrá que llega el momento de lavarse e incluso puede comenzar a ayudarte a preparar el baño llevando en su mano, por ejemplo, la esponja o el juguete que vaya a utilizar.

Para crear el hábito debes llevar a cabo el baño a la misma hora, siguiendo los mismos pasos previos de preparación y acometiendo paso a paso idénticas acciones para quitarle la ropa, meterlo en la bañera, lavarle, secarle y ponerle el pijama.

Con todas estas indicaciones, ten por seguro que tu bebé muy pronto comenzará a ver el momento del baño como algo divertido, necesario, relajante y especial.

Источник: https://okdiario.com/bebes/hijo-tiene-miedo-bano-7437

Niños con miedo al agua

Mi bebé tiene miedo al agua

A los niños les suele encantar el agua, especialmente a la orilla del mar. Es refrescante, hace cosquillas en las rodillas cuando llegan las olas. …¿Es tu hijo la excepción que confirma la regla?

No hay que preocuparse. En realidad, a bastantes niños les ocurre lo mismo. Lloran en cuanto intentamos acercarlos a la orilla, no les gusta el agua fría ni las olas que vienen a “comérselos”, y los gritos de los bañistas en lugar de divertirlos los asustan.

Primer paso: la ducha

Lo primero que los niños necesitan para familiarizarse con el agua es intimidad: el cuarto de baño es ideal para eso.

Un juego que puede ayudar es la “lluvia en la ducha”: abrir el grifo, sin demasiada presión y a una temperatura agradable (más cerca del frío que del calor) y meterse, junto con el niño, en bañador.

Después, avisando al pequeño previamente, vamos mojando poco a poco los pies, las piernas, los brazos… Es un juego: en nuestra compañía, en un lugar conocido y bajo un agua tibia, todo irá bien.

El “rodaje” en una minipiscina

Si es posible, no es mala idea hacerse con una pequeña piscina hinchable que se colocará en el jardín (si no, se puede jugar en la bañera). Poca agua en una gran superficie es lo ideal. Además, podemos acompañar al niño.

Bien sujeto, con una de nuestras manos en su tripita y la otra en los muslos, paseamos con él por el pequeño estanque.

Después, le damos la vuelta sosteniéndolo por la nuca y por debajo de las nalgas, haciendo el mismo circuito “en plancha”, y finalmente le animaremos a que gire él solito en esos 25 centímetros de profundidad.

Aclimatación en “agua dulce”

Antes de pasar a las olas, damos una vuelta con el pequeño por la piscina, a una hora tranquila. De pie en el agua, ya no ve sus piernas de las rodillas para abajo, y eso puede resultarle inquietante. Lo esencial es que comprenda que puede “apoyarse en el agua”, aunque no necesariamente sobre los pies.

Para animarle a que pruebe la experiencia de perder el apoyo plantar, al que tanto apego tiene, se le puede hacer “caminar”… con las manos. Equipado con manguitos, le hacemos agarrar el tercer escalón de la escalerilla de la piscina, de manera que sus hombros queden cubiertos de agua. Le cogemos por los pies y jugamos a la “carretilla”.

Luego, le proponemos soltarle un pie, después los dos…, solo en caso de que esté de acuerdo (si no, es mejor no insistir).

Afrontar las olas

1. Si hay que pasar directamente de la ducha al mar, hagámoslo sin brusquedad.

Conviene situarse en un lugar lo más tranquilo posible de la playa y empezar jugando con su cubito lleno de agua, regándole primero los pies, luego las piernas, la tripa, los hombros.

… Hay que avisarle siempre antes de hacerlo, y también hay que dejarle que nos moje, hasta que se canse de esa “ducha recíproca” y él mismo pida acercarse a la orilla.

2. Ya en la orilla, nunca sin manguitos, los balones hinchables pueden ayudarnos a que descubra lo divertido que es tumbarse encima y rodar de atrás adelante… mojando alternativamente las manos y los pies en la espuma de las olas. Seguro que se cae alguna vez, pero enseguida se levantará… muerto de risa.

3. Cuando acepte que el agua le llegue al ombligo (insistimos, siempre con manguitos), jugamos a saltar y a bailar con él, agarrados de las manos.

Es otra forma de que despegue los pies del suelo.

También, podemos dejarle que se suba a nuestra espalda y nadar un poco, con él agarrado a nuestro cuello, por donde no nos cubra (con cuidado siempre de que el niño tenga la cabeza fuera del agua).

4. Un nuevo reto: papá y mamá juntos sostienen al niño “a 4 manos”. El niño se tumba boca arriba, papá le sostiene por la nuca y los hombros y mamá por los riñones y las piernas.

Mamá anuncia que retira una mano (la de debajo de las piernas), después la otra…

¡Casi está flotando solo! En el siguiente baño podemos ir más lejos, siempre que no se asuste y se hunda, porque habría que empezar de nuevo.

¿No hay manera?

Volveremos a intentarlo… el año que viene.

¿No ha sido posible convencer al niño de que se acerque al agua? No pasa nada: es preferible intentarlo las próximas vacaciones y que el niño vuelva de la playa con buenos recuerdos antes que con la memoria de lágrimas amargas, de las que se acordaría al año siguiente y que le dejarían el miedo al agua en el cuerpo para mucho tiempo.

Источник: https://www.conmishijos.com/educacion/comportamiento/ninos-con-miedo-al-agua/

Miedo al agua. Y las clases de natación fallidas

Mi bebé tiene miedo al agua

Este post se llama miedo al agua, que lo mismo podría llamarse las fallidas clases de natación, la higiene comprometida o desesperación de padres… Pero al final, miedo al agua es la frase que mejor define la angustia que hemos vivido estos últimos 3 meses.

¿Cuando y como comenzó el miedo al agua?

Pues ni el como ni el cuando los tengo seguros…

El cuando lo sitúo allá por finales de Junio o principios de Julio. Fue algo que ocurrió sin darnos mucha cuenta. De repente un día lloraba a la hora del baño, luego te dabas cuenta de que habían pasado 3 días y no quería saber nada del baño.

Y de repente se convirtió en nuestra rutina.

Llegaba la hora del baño y daba igual si le preguntabas o no. Daba igual si la preparabas o no. Daba igual si le enseñabas el agua o no. Si te metías con ella, si lo hacías rápido. Con agua más o menos templada…

Como mucho tocaba el agua que salía del mango de la ducha, pero meterse en la bañera o en la ducha era como echarla a la lava incandescente.

Se revolvía y se ponía tiesa como la niña del exorcista, gritando como si le arrancaras las entrañas, y llorando como si la abandonaras para siempre.

El como empezó todo esto, lo sospechamos pero no lo tenemos claro.
No mucho antes de empezar esta “cuesta abajo sin frenos”, estuvimos montando la piscina de casa. Estaba super emocionada y SantoPadre la metió con él mientras acabábamos de prepararla y se iba llenando.

El año pasado le había encantado el agua y pensamos que le encantaría jugar en ella desde el principio.

Y entonces pasó

Hago hincapié en que hay que estar siempre con el ojo encima de los niños cuando estamos cerca del agua, ya sea la piscina, el mar o la bañera. Por qué pasan cosas y pasan en cuestión de segundos. No olvidéis tener en cuenta las recomendaciones de la campaña #niñoalagua y no dejéis jamás a los niños solos cerca del agua.

Se emocionó más de la cuenta y se escurrió. Y realmente no pasó nada más allá de que se pegó un buen culetazo y se asustó. A pesar de que intentamos hacer los aspavientos justos para no montar más drama. Pero eso creo que la marcó.

Pocos días más tarde, le volvió a pasar dentro de la bañera.

En verano estaba en una época super activa, ya había conseguido dominar el andar y el correr a la perfección, estaba desatada buscando “sus limites”. Por lo que estaba super suelta con el movimiento. Y aún no calculaba bien su equilibrio o el peligro.

Ese par de sucesos sospechamos que fueron el detonante, y poco a poco fué implantándose en casa el reino del terror y el miedo al agua.

Y entonces se me ocurrió la “idea feliz” que lo empeoró todo.

Las clases de natación, o como aumentar el miedo al agua

No se en que momento se me ocurrió que sería una buena idea, y claramente tenía que haberlo dejado estar cuando empezamos a ver que el baño había dejado de gustarle y había empezado a darle miedo el agua.

En mi cabeza imaginaba que sería un problema pasajero, que en unos días se le pasaría, y quería a toda costa que tuviera unas nociones básicas y supiera manejarse en el agua, porque como os he contado tenemos piscina en casa.
Y no pensaba dejarla sola jamás o tener la piscina accesible cuando no estuvieramos mirando. Pero quería que se sintiera cómoda y a gusto en el agua… y nada más lejos.

El primer día de clase llegamos pronto, y decidimos acercarnos a la piscina de chapoteo, que mide tan solo 40 cms de profundidad… y a pesar de que estaban allí muchos de sus amiguitos, no le hizo mucha gracia. Algo se mojó los pies, pero nada.

Y entonces subimos a la piscina, y descubrí que todo estaba mal. A la hora que daban la clase hacía ya demasiado frío en el agua para los pequeños (de entre 0 y 2 años), le asustaba horrores no sentir el suelo bajo sus pies, y obligarla a hacer ahogadillas fue la guinda del pastel.

No nos escuché, no supe leer su miedo al agua. No hice caso a nuestro instinto

Mi cuerpo me gritaba que no hiciera caso, que saliéramos de allí, pero aún así no lo hacía. No se porque hice caso a los demás e insistí. “Ya se le pasará, verás como se acostumbra”.

Pero no se acostumbró.

No os contaré en detalle el resto de las dos semanas que siguieron a aquel día, porque da para 3 posts.

Hubo de todo,  desde el día que no fuimos por una siesta demasiado larga, hasta los días que decidimos no ir a la piscina grande y quedarnos en la de chapoteo, a la que se fue acostumbrando poco a poco, y así poco a poco conseguimos pasarla a la piscina pequeña agarrada a mi, y aguantar media clase en el agua.

Pero nunca lo disfrutó, nunca le gustó, siempre hubo lloros.

Hoy en día, esta es una de las principales decisiones que más me pesan haber tomado desde que nació.

No solo no conseguimos que se sintiera cómoda en el agua, sino que perpetuamos el terror que le tenía al momento de entrar en la bañera o la ducha.

El miedo al momento del baño

No sabíamos a que le tenía miedo exactamente.

¿Sería el agua? ¿O sería la temperatura? ¿A lo mejor el recipiente? No lo sabíamos.

Suponíamos que tenía que ver con las caídas que había tenido, pero ni siquiera dejaba que la sentáramos dentro del agua o que se metiera conmigo en la ducha.

Os podéis imaginar la angustia que vivíamos “a diario”. Y entrecomillo el diario, porque os podéis imaginar que con este panorama, no nos planteabamos ni en broma bañarla a diario.

La rutina habitual era limpiarle muy bien las zonas íntimas, algo que con el sistema de limpieza que tenemos ya es sencillo (os conté en este post porque no usamos casi toallitas). Y cada 2-3 días, volvíamos intentar bañarla, sin éxito, y la rutina de baño acababa consistiendo en pasarle la esponja del baño FUERA de la bañera, mientras jugaba a tirar los juguetes dentro.

Cuando una rutina diaria se convierte en un suplicio

Bañarla se había convertido en el final desastroso del día. Su miedo al agua era mi miedo a la hora del baño.

Yo me ponía nerviosa con solo de pensarlo y ya todo era una pelea. Todo lo que antes era un juego y nos divertía “de camino” a la cama, ahora era un suplicio.

Desvestirla era una guerra, no había quien le pusiera crema, lavarse los dientes era (y sigue siendo) cosa de 2 segundos y ponerle el pijama… pues eso.
La receta perfecta para acabar el día todos de mal humor.

Viendo esto, también probamos a ofrecerle el baño en diferentes horarios, en los que estuvieramos menos cansados y agotados todos pero nada funcionaba.

Pasaban las semanas y no veía la luz al final del túnel.

De repente entendí a todas las madres que sufren con niños que no duermen, o que no comen… entendía como llegaban a sucumbir a todas aquellas cosas que sabían que no estaban bien, con tal de que sus hijos comieran o durmieran.

Yo ya no sabía que hacer para que mi hija tuviera una rutina mínima de higiene corporal. El lavado del gato está genial cuando un día se hace tarde y ya no es buena idea pasar por el baño… pero no es algo que se deba hacer muchos días. Ya no os digo durante meses.

Nos dejamos vencer por el miedo al agua

Leía artículos sobre como vencer el miedo al agua, preguntaba a todas mis Mamigas que podíamos hacer… pero nada funcionaba. Ni cambiar la hora del baño, ni meterme yo, ni ofrecerle el pecho, ni salir yo de la ecuación, ni ducharla, ni cambiar de lugar…

Me rendí.

Pero no podía dejar de darle vueltas. Es algo necesario para el día a día, es importante mantener la higiene y tener una buena rutina de cuidado.

Habíamos pasado por todas las fases y en mi desesperación, habíamos guardado la bañera de bebé, donde casi no cabía, y no habíamos vuelto a verla.
Pero seguía rondando mi cabeza.

Por probar cosas… habíamos probado casi de todo. ¿Porque no probarlo? ¿Y si era esa la fórmula mágica?

Así que un día dije… vamos a intentarlo.

Con mucha ilusión, haciendo una fiesta de ello, como lo intentabamos a menudo, llenamos la bañera y la invitamos a entrar.

Y para nuestra sorpresa, no pasó nada de lo que había pasado hasta entonces día sí día también durante meses. No gritó, no lloró, no suplicó que la sacáramos de allí.
Tampoco montó una fiesta, no os voy a engañar. Pero estuvo jugando en el agua, se atrevió a sentarse y hasta se enjabonó ella sola.

No me lo podía creer. Había funcionado!!!!

Pero… al día siguiente volvimos a las andadas. Gritos y angustia. No quería entrar en el agua bajo ningún concepto. Había sido un espejismo.

Pero esta vez, no me rendí. Había funcionado una vez, así que había que seguir persistiendo.

Pasaron 2 días más sin baño en condiciones, porque volvimos muy tarde a casa y ni siquiera cenó.

Con la misma tranquilidad que hacía unos días y con todo el amor y la ilusión volvimos a preparar el baño. Me metí yo en la bañera, como buenamente pude, y su padre la metió en el agua, con mucha cautela.

¡Y funcionó!

Más adelante os escribiré otro post, que este ya es muy largo, sobre otro punto que creo que ha influído mucho en este tema, y es que nos da la sensación que ha empezado a reaccionarle la piel con los champús y jabones de Jhonsons & Jhonsons.

El primer día que conseguimos que volviera a la bañera, amaneció al día siguiente con unas ronchas inmensas en su piel que es semiatópica. Y lo tuvimos claro. Dejamos de usarlo, y nos pasamos a una pastilla de jabón natural de marsella hasta que le compramos los jabones que ahora tiene.

Adios miedo al agua

O eso esperamos. A día de hoy llevamos 2 semanas bañándonos sin problemas.

Y se ha vuelto a escurrir algún día, porque no sabe estarse quieta, pero no ha vuelto a rechazar el momento del baño.

Intentamos día a día que el baño sea un momento de diversión y de relax para todos. Que se lo pase bien mientras mantenemos una rutina de higiene saludable. Nos maravilla verla coger la esponja y lavarse ella sola.

Espero en el futuro contaros que esto se ha mantenido y que solo ha sido una mala racha que hemos pasado.

Esto desde luego ha sido una prueba para todos en casa, y yo lo he pasado muy mal.
Me sentía un fracaso, que no valía, que si no conseguía esto que iba a ser del resto de problemas que nos encontráramos en adelante. Si no puedo conseguir que mi hija se bañe y lo disfrute… ¿que va a pasar cuando empiece con las rabietas?

Mientras el resto de personas me decían que era una supermamá por llevar adelante trabajo, blog, eventos, hija y casa (a medias con SantoPadre)… yo pensaba, pero si no valgo, ellos no saben que no sirvo.

Escuchaba podcasts sobre cepillarse los dientes, y yo lloraba amargamente, porque era la guinda del pastel de la rutina nocturna. Era un fracaso, era una madre pésima…

Pero solo fue una racha. Una mala racha, que duró más tiempo del que podía gestionar con tranquilidad… pero que pasó.

Si estáis pasando por una mala racha, si hay algo que no conseguís llevar bien, no os desespereis.
Buscad información, probad alternativas, sed comprensivos con vuestros hijos y si es necesario delegad esa tarea en otra persona. Y sobretodo, tened paciencia con vosotros mismos y pensad que todo pasa. Lo bueno y lo malo. Son rachas, y al final pasarán.

Y vosotros, ¿habéis pasado por una fase de miedo al agua? ¿O por alguna otra circunstancia que o ha hecho pensar que estabais fallando como padres?

Fotografía de Freepik by bearfotos

Источник: https://conciliandoporlavida.com/miedo-al-agua/

Mi hijo tiene miedo al agua, ¿qué hacer?

Mi bebé tiene miedo al agua

Los baños sumergidos pueden generar temor en los pequeños de la casa. Esto suele ser normal, debido a que este es un ambiente diferente e incontrolable para cualquier niño. Ante esto, muchos padres se preguntan: ‘¿Qué debo hacer si mi hijo tiene miedo al agua?’.

El hecho de flotar en el agua y no tocar el suelo suele ser una experiencia diferente a lo que los niños están acostumbrados. Además, si el pequeño ha pasado algún leve susto de ahogo, tendrá miedo de volver a la piscina o la playa.

En la práctica, existen mecanismos y ejercicios que podemos poner en marcha para hacer que un niño supere sus miedos. Nosotros, los padres, podemos transformar la fobia en diversión y disfrute.

Experimentando el agua progresivamente

Es un error introducir de repente a los niños a un baño sumergido, en lo que es un ambiente desconocido para ellos. Al hacerlo, es lógico que su reacción sea de sobresalto, angustia y miedo. Recordemos que se trata de una experiencia nueva para ellos.

De esta forma, lo correcto es introducirlos al agua de forma progresiva. Primero podemos comenzar por una pequeña bañera llena de agua no muy profunda; la idea es que el pequeño al principio sienta que tiene el control de la situación.

A continuación, podemos intentarlo con piscinas inflablesy recipientes un poco más grandes. Esto será similar a la evolución en el andar del niño: primero gatean y luego caminan. Antes de que puedan nadar, ellos deberán experimentar de forma más sencilla y donde perciban riesgos menores.

Mi hijo tiene miedo al agua: entra con él para ayudarle

Los padres y demás familiares representan la imagen de seguridad de todo pequeño. De esta forma, si nosotros participamos en una actividad, ellos lo intentarán con mayor facilidad. Sea por repetición, curiosidad o integración social, tarde o temprano lo harán.

Para servir como ejemplo, los primeros que debemos disfrutar del agua somos los padres. Una excelente idea es organizar juegos con los niños mientras nos bañamos; lógicamente, se utilizará una profundidad manejable para que se sientan confiados.

Los primeros ejercicios deberían realizarse en la comodidad del hogar. Después de que el niño se sienta confiado y en un ambiente controlado, podremos pasar a una piscina infantil y, más adelante, a la playa. No obstante, es aconsejable que siempre estemos junto a ellos.

Ofrecer siempre seguridad

Ante el miedo, cualquier ser humano necesita de garantías. Lo mismo les ocurre a los pequeños al bañarse en piscinas, lagunas o en la playa.

Por ejemplo, podemos introducir a los niños en una zona de la piscina donde existan agarraderas. En estos casos, podrían distraerse con el agarre y hasta hacer del aprendizaje un juego.

Los flotadores también son una excelente opción.

Hay que recordar que, al principio, es necesario que el niño sienta que tiene donde pisar. De lo contrario, se activará nuevamente el temor a lo desconocido. Incluso estando a pocos centímetros de la superficie, el pequeño podría entrar en crisis.

“Es un error introducir de repente a los niños a un baño sumergido, en lo que es un ambiente desconocido para ellos. Al hacerlo, es lógico que su reacción sea de sobresalto, angustia y miedo”

Consejos para introducir a un niño al baño sumergido

Seguir estas sugerencias te será de gran utilidad en este proceso que afrontas con tu hijo:

  • Cero sustos: debemos evitar a toda costa los sobresaltos del pequeño. Esto significa prevenirlos de que traguen agua o caigan en áreas algo profundas.
  • Busca una buena temperatura: se trata de alejar cualquier sensación que evoque desagrado, lo que podría incrementar las alertas en el infante. Si vamos a una piscina o playa, debe ser en una hora cálida del día.
  • Inicia con periodos cortos: si el niño está muy tenso, no debemos torturarlo con un baño largo. Dejemos que sea el propio niño el que decida cuando quiere salirse.

No es malo tenerle respeto al agua

Por otra parte, es importante entender que el miedo de los niños hacia ciertos escenarios no es algo negativo. Muy por el contrario, saber que a los pequeños se les activan sus sensores de peligro naturales es buena señal. Lo ideal es que esas alertas sean moderadas y no los paralicen.

Existen dos tipos de miedo: los evolutivos y los que devienen de traumas. En el primer caso, todo dependerá de la adaptación. Por el contrario, si el chiquillo ha pasado algún susto, el proceso será un poco más largo y difícil de tratar.

En última instancia, no olvidemos que el juego será nuestro mejor aliado. La distracción será la motivación más eficiente que tendrán nuestros pequeños; además, será también la herramienta más aconsejable para ayudarles.

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Источник: https://eresmama.com/mi-hijo-tiene-miedo-al-agua-que-hacer/

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