Miedos en niños de 4 años

Contents
  1. Fobias y miedos en los niños – Somos Psicología y Formación
  2. ¿A qué se deben las fobias y miedos en los niños?
  3. ¿Cuáles son los principales síntomas de las fobias y miedos en los niños?
  4. Síntomas emocionales
  5. Síntomas conductuales
  6. Síntomas físicos
  7. ¿Qué tipos de fobias y miedos en los niños hay?
  8. De los 0 a 6 meses
  9. De los 6 meses a los 2 años
  10. De los 4 a los 6 años
  11. De los 6 a los 12 años
  12. De los 12 a los 16 años
  13. ¿Cómo se tratan las son las fobias y miedos en los niños?
  14. Miedos infantiles: detección y superación
  15. Definición de los miedos infantiles.
  16. Miedos evolutivos
  17. Manejo de los miedos evolutivos.
  18. Cuando solicitar ayuda profesional.
  19. La solicitud de ayuda profesional debería realizarse si:
  20. Bibliografía
  21. Miedos en niños de 4 años
  22. ¿Mi hijo tiene miedo?
  23. Miedos habituales con 4 años
  24. ¿Cómo ayudarle con sus miedos?
  25. Miedos infantiles. Guía para enseñar a superarlos
  26. Miedos evolutivos según la edad
  27. Cómo reaccionan los niños y niñas ante los miedos infantiles
  28. Cuando preocuparnos por los miedos infantiles de nuestros hijos e hijas
  29. 10 consejos básicos para ayudar a superar los miedos infantiles
  30. Autora
  31. Temores infantiles. Los miedos más comunes en los niños
  32. Los 10 miedos más comunes en la infancia
  33. Miedo a la oscuridad
  34. Miedo al agua o a nadar
  35. Miedo a los ruidos fuertes: tormentas o fuegos artificiales
  36. Miedo a los animales
  37. Miedo a las personas desconocidas
  38. Miedo a dormir fuera de casa
  39. Miedos y terrores nocturnos: las pesadillas
  40. Miedo a separarse de su madre/padre o a estar solo
  41. Miedo a ir al médico o dentista
  42. Miedo a los monstruos y las caretas/disfraces

Fobias y miedos en los niños – Somos Psicología y Formación

Miedos en niños de 4 años

Una de las mayores dificultades a las que pueden enfrentarse los padres son las fobias y miedos en los niños. En las etapas infantiles, es normal la aparición de este tipo de emociones; estos miedos, aparentemente injustificados, pueden generar un gran malestar en los menores.

El miedo, al igual que la ansiedad, es una emoción innata en todas las personas. Como tal, todos los niños experimentan miedo en diferentes momentos de su vida. Así, podemos afirmar que cada edad tiene sus propios temores y miedos característicos. En realidad, se trata de un proceso normal que no debiera alarmarnos.

Tan solo hay un problema cuando el miedo deja de ser transitorio y se convierte en permanente; o bien cuando hablamos de un temor irracional e incontrolable, capaz de generar reacciones extremas como nauseas, temblores, mareos, etc. Dependiendo del niño y del nivel de gravedad de la fobia, el tratamiento a emplear variará en intensidad y duración.

Los miedos son en realidad la sensación de un peligro o de una amenaza, sean estos reales o imaginarios. Además, esta amenaza no necesariamente tiene por qué ser inminente: se puede temer algo futuro, o incluso algo ya pasado. En el caso de los niños, el problema suele agravarse debido a que no saben aún como gestionar estas emociones.

Así, al no disponer de herramientas que les permitan manejarlos adecuadamente, estos temores pueden terminar convirtiéndose en problemas severos; en estos casos, las fobias terminan impactando negativamente sobre la calidad de vida del menor, tanto a nivel personal como familiar, a la vez que se vuelven más difíciles de controlar.

¿A qué se deben las fobias y miedos en los niños?

La aparición de las fobias y miedos en los niños es un proceso totalmente normal; al igual que todas las demás emociones, el menor irá experimentando distintas sensaciones a medida que crezca. En este proceso, entrará en contacto con los sentimientos de indefensión, amenaza o temor. Se trata de una forma de maduración, en la cual pasará por distintas etapas y fases.

El miedo es una emoción adaptativa que nos sirve para evitar posibles peligros; en este contexto, todas las personas aprendemos a identificar y gestionar este sentimiento.

Cuando esa sensación de peligro se produce siempre ante unos mismos estímulos (p. ej. arañas, perros, etc.) hablamos de miedos.

Así, cada etapa evolutiva tiene unos miedos frecuentes, que se superan antes de pasar a la siguiente etapa.

Únicamente hablaríamos de fobias cuando estos miedos se vuelven excesivamente fuertes o difíciles de controlar. Esto es menos común, aunque también sucede frecuentemente con los niños.

Las causas concretas de cada una de las fobias y miedos en los niños pueden variar de manera significativa.

Algunas de ellas vienen motivadas por una mala experiencia, o bien por una sugestión al respecto; otras veces, pueden deberse a refuerzos por parte de la familia, o bien a rasgos de la personalidad del niño.

Sea como sea, no existe una única causa, sino que cada caso en concreto suele deberse a unos factores específicos.

¿Cuáles son los principales síntomas de las fobias y miedos en los niños?

Cuando hablamos de fobias y miedos en los niños, son varios los síntomas que pueden delatar su existencia.

Muchas veces, estas señales no son tan evidentes como pudiera parecer; de hecho, la mayor parte de las veces, cuando un niño acude a terapia psicológica lo hace por un motivo distinto, como por ejemplo el fracaso escolar o problemas de conducta, aunque finalmente suele surgir como problema de fondo la existencia de alguno de estos temores. Solo en el caso de las fobias podríamos hablar de una sintomatología evidente.

Además, muchas veces los padres no saben distinguir si el niño exagera o si realmente el miedo es intenso. A esto se une que frecuentemente el menor no quiere expresarse libremente, al sentirse avergonzado. Así, en ocasiones los padres ni siquiera son conscientes de la existencia de fobias y miedos en los niños.

Evidentemente, los síntomas que puedan indicar la existencia de un miedo variarán en función de la edad del niño. Además, es imprescindible atender a la duración e intensidad de estas señales, ya que en función de las mismas el problema será más o menos severo. En base a estos criterios, podríamos hablar de distintos tipos de síntomas:

Síntomas emocionales

  • Sentimiento de tristeza o melancolía.
  • Cambio en el estado anímico.
  • Poca tolerancia a la frustración.
  • Bloqueo del pensamiento.
  • Dificultad para concentrarse.

Síntomas conductuales

  • Rabietas y berrinches.
  • Arranques de ira o violencia.
  • Dificultad para asumir normas o límites.
  • Desinterés por actividades que antes eran consideradas placenteras.

Síntomas físicos

  • Náuseas y mareos.
  • Dolores de estómago o cabeza.
  • Temblor en la voz o en el cuerpo.
  • Palpitaciones, taquicardias y sudoración.
  • Incontinencia urinaria.
  • Alteraciones del sueño.
  • Dificultades psicomotrices.

¿Qué tipos de fobias y miedos en los niños hay?

Existen multitud de fobias y miedos en los niños, aunque algunas de ellas se repiten más en determinadas etapas. Por este motivo, en vez de desglosar los distintos tipos de temores, resulta de mayor utilidad hablar de las diferentes etapas evolutivas y los miedos inherentes a cada una de ellas. En base a esta distinción, podríamos clasificar del siguiente modo los principales miedos:

De los 0 a 6 meses

  • Ser abandonado por la figura de referencia.
  • Perder la alimentación.
  • Perder el equilibrio o caer.
  • Ruidos fuertes.

De los 6 meses a los 2 años

  • Personas o animales con los que no se ha tenido contacto.
  • Objetos o lugares desconocidos.
  • Músicas o imágenes que no son del agrado del niño.

De los 4 a los 6 años

  • Miedo a los seres imaginarios.
  • Temor ante la posibilidad de sufrir daño físico.
  • Miedo a los accidentes, catástrofes o desastres naturales.

De los 6 a los 12 años

  • Temor al ridículo.
  • Miedo a ser evaluado y desaprobado.
  • Miedos relacionados con la escuela.

De los 12 a los 16 años

  • Miedos sociales, especialmente relacionados con la familia o con los amigos.
  • Miedo a hablar en público.
  • Miedo al fracaso, al aspecto físico o al desempeño académico.

¿Cómo se tratan las son las fobias y miedos en los niños?

La mayor parte de las fobias y miedos en los niños tiende a desaparecer con el tiempo, sin necesidad de tratamiento. A medida que el menor madura, va aprendiendo a controlar sus emociones, con lo que estos temores se van reduciendo. Solo en una pequeña proporción, será necesario acudir a un profesional para recibir ayuda experta.

En aquellos casos en los que sea necesario realizar una intervención, esta apenas difiere de los tratamientos empleados en adultos.

La diferencia no estriba en la técnica psicológica que se utiliza, sino en el modo en que esta se aplica; así, se intenta recurrir a una comunicación que pueda entender el niño, y se involucra también a los padres.

Esto último es importante, ya que, puesto que el niño aún no dispone de una madurez suficiente como para controlar sus emociones, los padres pueden jugar un papel importante de apoyo.

Lo más habitual, suele ser exponer gradualmente a los menores a sus miedos y fobias. Así, pueden aprender a gestionarlos, lo que les permitirá adquirir poco a poco la madurez necesaria como para no dejarse llevar por esas fobias. Junto a esto, se suelen emplear también distintas técnicas de relajación; estas permiten al niño modular su estado de ánimo, controlando así sus reacciones.

Mediante el empleo de todas estas técnicas, un psicólogo especialista en terapia infantil podrá fácilmente resolver el problema. Se trata de una intervención sin gran complicación, que en la inmensa mayoría de los casos no requiere de farmacología. Esta solo será necesaria si se presentan otros problemas adicionales, como trastorno obsesivo-compulsivo o trastornos de ansiedad.

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Miedos infantiles: detección y superación

Miedos en niños de 4 años

A menudo la estrecha relación que existe entre los miedos, la ansiedad o las fobias específicas genera cierta confusión a la hora de conceptualizar una conducta (o respuesta) que se observa en el individuo. Es por ello que estos tres términos deben estar correctamente diferenciados para una buena evaluación.

El miedo y la ansiedad son respuestas psicofisiológicas que surgen como reacción a una amenaza en un momento determinado, ya esté la misma presente o sea imaginada.

Ambas reacciones implican una activación neurofisiológica del Sistema Nervioso Autónomo, alteraciones comportamentales externas y sentimientos y estados emocionales que a menudo resultan desagradables y molestos para el sujeto (Martínez, 1990).

Se considera que el miedo llega a constituir un trastorno psicológico (fobia) cuando genera malestar clínicamente significativo, porque repercuta negativamente en el área personal, familiar, escolar y/o social durante un tiempo considerable (Méndez, Inglés, Hidalgo, García-Fernández y Quiles, 2003).

Si bien es cierto que los diagnósticos, como el de “fobia específica”, procuran una comunicación más objetiva entre los miembros de la comunidad científica, lo cierto es que en la práctica los criterios temporales para establecer un diagnóstico (como la presencia de los síntomas durante seis meses que propone el DSM-V) generan en ocasiones confusión en lo que a los miedos infantiles se refiere, ya que son, en su mayor parte, de carácter temporal, porque se resuelven en el curso de la maduración del niño. Sin embargo, es precisamente esta concepción de que con el paso del tiempo se resolverán la que a menudo procura un agravamiento y cronificación que puede desencadenar en una fobia específica, requiriendo ayuda profesional.

Definición de los miedos infantiles.

Los miedos infantiles evolutivos son una emoción que surge con el propósito de preservar el desarrollo infantil, ya que son necesarios para la supervivencia de la especie, por ejemplo, procuran que el niño no se vaya con un desconocido, que tema animales peligrosos o se aleje de calles oscuras.

Al igual que la ansiedad puede funcionar de forma adaptativa (si nos sirve para evitar un peligro real u obtener soluciones congruentes con la situación que vivimos) el miedo es una emoción que puede resultar completamente funcional, como en los ejemplos del párrafo anterior.

Se considera que el miedo opera de forma adaptativa cuando es una alarma “bien calibrada”, que se presenta ante un peligro real. En este caso, una regulación emocional adecuada vendría caracterizada por la capacidad de la persona para retomar un estado de calma cuando el estímulo desaparece.

Por contra, el miedo se vuelve patológico cuando constituye una alarma mal ajustada, tanto en su activación como en su regulación (André, 2005). Es decir, se activa cuando no existe peligro o permanece demasiado cuando el peligro ha pasado.

Los miedos infantiles, en este sentido, constituyen una excepción, y esto se debe a que pueden producirse a pesar de no presentarse (e incluso no existir) el estímulo amenazante. Sabemos por ello que es frecuente que los niños tengan miedo a fantasmas, a que alguien se cuele en casa por la noche o a animales que jamás han visto fuera de los libros.

Miedos evolutivos

Tal y como enuncian Méndez et al (2005): “El miedo constituye un primitivo sistema de alarma que ayuda al niño a evitar situaciones potencialmente peligrosas. Es una emoción que se experimenta a lo largo de la vida, aunque las situaciones temidas varían con la edad. El desarrollo biológico, psicológico y social, propio de las diferentes etapas evolutivas (infancia, adolescencia, etc.

), explica la remisión de unos miedos y la aparición de otros nuevos para adaptarse a las cambiantes demandas del medio”.

Según la literatura científica, en un análisis más descriptivo, los miedos infantiles de carácter evolutivo tienden a ser compartidos por niños y niñas en función de su edad de desarrollo, estableciéndose como los más frecuentes según criterio cronológico los siguientes:

  • Durante el primer año. Estímulos intensos o desconocidos, como ruidos fuertes y personas desconocidas para el bebé, ajenas a su contexto.
  • Hasta los seis años. Animales, tormentas, oscuridad, seres fantásticos como brujas o fantasmas, catástrofes y separación o divorcio de los padres.
  • De los seis a los doce años. Miedo al daño físico, al ridículo y, más próximo a la adolescencia, a las enfermedades y accidentes, al bajo rendimiento escolar y a las desavenencias entre los padres.
  • Desde los doce hasta los dieciocho años. Prevalecen los miedos relativos a las relaciones interpersonales y la pérdida de la autoestima. En esta etapa del desarrollo, con la llegada de las interacciones sociales se produce un decremento del temor a otro tipo de daño (como el daño físico) y va en aumento el miedo al rechazo, a hablar en público o a hacer el ridículo (Méndez, Inglés e Hidalgo, 2002).

A través del desarrollo cognitivo, esto es, de la capacidad del niño para entender el mundo y su funcionamiento, los miedos se pueden ir superando gracias al conocimiento y con apoyo de los padres.

Con el aprendizaje y las experiencias, el niño va comprendiendo e interiorizando qué cosas son realmente peligrosas y cuáles no, de tal forma que, tras múltiples ocasiones en las que, por ejemplo, el niño experimenta que a pesar de quedarse dormido con la luz apagada y sólo en su habitación no aparece el hombre del saco se produce dicho aprendizaje y el miedo cae por su propio peso.

Manejo de los miedos evolutivos.

Como padres y madres o cuidadores, la tarea de procurar que los hijos vayan resolviendo y superando sus temores implica desplegar una serie de actuaciones a nivel emocional y conductual que colaborarán a que el niño supere adecuadamente el miedo y, además, generarán un fortalecimiento de su autoestima y capacidad de regulación emocional.

A pesar de que los miedos evolutivos no requieran de un tratamiento específico, la ayuda en la gestión de los mismos por parte de los padres constituye un factor de protección fundamental para evitar que estos temores “se enquisten» o se conviertan en situaciones problemáticas. Lo primero, es calmar al niño.

El vínculo que une al niño con sus padres hace que su sola presencia y apoyo incondicional ayuden a que el niño se tranquile. Siempre que el adulto proporcione una base que genere seguridad, que transmita un apoyo incondicional y que valide las emociones que el niño está sintiendo.

Algunas de estas conductas específicas que pueden ejercer como factores de protección son las siguientes:

  • Mostrar afecto y protección tanto verbalmente como con acciones no verbales. Por ejemplo, agacharse, ponerse a su altura mostrar afecto y protección. Es una forma de aprovechar y construir un vínculo seguro con el niño.
  • Procurar que el niño exprese su emoción y validarla, sin decirle que no tiene sentido lo que siente. Hay que transmitirle que es lógico que sienta miedo y que se puede enfrentar a lo que teme, transmitirle que puede sentir miedo y enfrentarlo.
  • Nombrar la emoción y explicarle que lo que siente es desagradable, pero que le prepara para enfrentarse a lo que teme. Es decir, darle sentido a su miedo: explicarle en qué consiste y para qué sirve.
  • Desarrollar una narrativa respecto a aquello temido que esté a su alcance según su nivel cognitivo.
  • Normalizarlo sin quitarle importancia: aunque como adultos sepamos que lo que le ocurre al niño es fruto de su edad y tiene carácter temporal, él no lo sabe, y su miedo y el sufrimiento que tiene es real.
  • Fomentar conductas de autonomía de forma gradual (por ejemplo, para procurar que duerma solo).
  • Cuando el niño se exponga al temor, reforzar siempre sus intentos, aunque no logre mantenerse en la situación (por ejemplo, estar a oscuras).
  • Creer que son capaces de superar su miedo y transmitírselo, pero no a través de la presión (ej. “ya eres mayor, esto para ti no es nada”) sino de la empatía (“es difícil, pero sé que lo vas a conseguir”).
  • Acompañarle a explorar aquello que le infunde temor. 
  • Autorrevelación: que los padres desvelen a sus hijos los miedos que tuvieron en su infancia constituye una herramienta muy potente, ya que el niño siente que se empatiza con él y se le comprende, al tiempo que se le envía el mensaje de que lo que le ocurre se puede superar.

Cuando solicitar ayuda profesional.

Los miedos infantiles son evolutivos y, si se gestionan adecuadamente, no es habitual que sean objeto de tratamiento.

Sin embargo, si por el contrario las experiencias del niño en relación a ese miedo han sido de evitación y no se han desarrollado (o fomentado) estrategias de afrontamiento esto puede evolucionar hasta convertirse en un trastorno de ansiedad, como por ejemplo una fobia específica.

La ansiedad en los niños se presenta con frecuencia en forma de llanto, a través de rabietas, con la petición constante de abrazos o incluso con la inhibición (el niño deja de hacer cosas, se bloquea).

Además, los niños no suelen percibir sus temores como excesivos e incluso en ocasiones no expresan malestar (Gutiérrez y Caballo, 2005), por ello en muchas ocasiones no piden ayuda o incluso son reacios a recibir tratamiento.

La solicitud de ayuda profesional debería realizarse si:

  • El miedo se ha prolongado mucho en el tiempo y en lugar de disminuir va en aumento.
  • A pesar de generar el espacio y condiciones propicias para la superación de ese miedo, el niño no muestra ninguna mejora.
  • El niño evita constantemente y con una reacción desproporcionada cualquier estímulo que esté relacionado con el temor (por ejemplo, no quiere ir al colegio porque hay un parque donde puede haber perros).
  • Para contrarrestar la ansiedad que le genera un determinado objeto, situación o pensamiento comienza a hacer pequeños rituales.
  • El temor está generando malestar significativo y deterioro de las áreas fundamentales de la vida del niño (fracaso escolar, síntomas de depresión, etc).

Bibliografía

André, C. (2005). Psicologia Del Miedo/The Psychology of the Fear: Temores, Angustias Y Fobias/Fright, Anguish and Phobias. Editorial Kairós.
Gutiérrez, S. G., & Caballo, V. E. (2005).

Miedos infantiles y estilo de educación: diferencias y similitudes entre España y Costa Rica (Doctoral dissertation, Universidad de Granada).
Martínez, M. T. G. (1990). Los miedos en el niño: Aspectos teóricos y un estudio directo. Aula, 3.
Méndez, F. X., Inglés, C. J.

, Hidalgo, M. D., García-Fernández, J. M., & Quiles, M. J. (2003). Los miedos en la infancia y la adolescencia: un estudio descriptivo. Revista Electrónica de Motivación y Emoción, 6(13), 150-163.
Méndez, F.X., Inglés, C.J. e Hidalgo, M.D. (2002).

Estrés en las relaciones interpersonales: Un estudio descriptivo en la adolescencia. Ansiedad y Estrés, 8, 23-31.

1/6/2019

Источник: http://www.psicoterapeutas.com/paginaspersonales/Pilar/miedos_infantiles.html

Miedos en niños de 4 años

Miedos en niños de 4 años

Los miedos son habituales en los niños pequeños, aunque estos miedos cambian y evolucionan a medida que lo hace el niño. A los 4 años, su imaginación desbordada les juega malas pasadas y, uno de sus mayores miedos, es el temor a los monstruos o personajes imaginarios.

Indice

¿Mi hijo tiene miedo?

Lo primero para ayudar al niño a afrontar y superar sus miedos es saber cuándo está experimentando este sentimiento.

Así, en bebés lo normal es que lloren, se sobresalten y eviten a toda costa la situación u objeto que les causa temor.

En niños un poco mayores es posible que nos hablen de que algo les da miedo, lloren, nos busquen para que les consolemos y no quieran estar en presencia de la fuente de su miedo.

También se manifiestan estos miedos diurnos en las pesadillas nocturnas, relacionadas muchas veces con lo que han experimentado por el día.

Y, otras veces, el niño sufre una regresión, como volver a hacerse pis por la noche o a chuparse el dedo.

Como norma general, los padres no debemos preocuparnos de estos miedos que experimentan los niños ya que son habituales en su desarrollo y, de hecho, les ayuda a crecer y madurar. Solo debes preocuparte si tiene tanto miedo de algo que no puede continuar con su vida normal.

Miedos habituales con 4 años

Criaturas imaginarias, como monstruos, fantasmas, brujas o dragones.

Con esta edad, su imaginación es un torbellino que no para, a lo que se une que todavía no son capaces de distinguir la realidad de la ficción, por lo que cualquier cuento que lean o película que vean, pensarán que puede hacerse real y que el monstruo malvado o el lobo feroz puede llegar a su casa y comérselos.

Oscuridad. Ligado al miedo anterior, la oscuridad les asusta porque les hace pensar que cualquier figura extraña o movimiento puede estar acechando en ella. Y es que el no ver es una sensación que siempre asusta, incluso a los adultos.

Amenazas reales, como animales o ladrones. Es habitual en los niños de esta edad tener miedo a los perros o los gatos ya que tienen miedo de que les puedan dañar o hacer alguna herida. Igualmente, si escuchan noticias de atracos o robos, pueden tener miedo a que un ladrón entre en su casa y los robe o secuestre.

Desastres naturales, como inundaciones o terremotos. Casi seguro que nunca ha vivido un terremoto en primera persona ni una inundación grave, pero lo puede haber visto en la tele. Y es que, como hemos dicho antes, los niños de esta edad tienen miedo a que les hagan daño o les causen heridas, y estos desastres naturales son causantes de grandes desgracias.

Ansiedad por separación que, a partir de esta edad, se puede ver incrementada por el miedo a que su madre o su padre se mueran y se vayan para siempre. Aunque aún no entienden bien qué es la muerte, saben que implica la separación definitiva de sus papás.

¿Cómo ayudarle con sus miedos?

1- Identifica qué es lo que le causa miedo ya que no todos los niños son igual de miedosos ni le tienen miedo a lo mismo.

2- Escucha sus miedos y temores sin reírte ni burlarte, aunque te parezcan ridículos. Debes ponerte en su pellejo y entender cómo ve el mundo un niño de 4 años. Tampoco debes decirle frases como “sé valiente” o “no hay que tener miedo” ya que le harán sentir incomprendido y perderá la confianza en contarte sus problemas.

3- Sé paciente y comprensivo con sus miedos, no te pongas nervioso si tarda un buen rato en cruzar la calle porque hay un perro.

4- Transmítele seguridad y confianza para que vea que no hay porqué tener miedo. Si tú eres una persona miedosa, transmitirás esos miedos a tu hijo.

5- No le obligues ni le fuerces a enfrentarse a sus miedos, pero ayúdale y acompáñele cuando quiera hacerlos frente.

6- Fomenta su autoestima, su independencia y su autonomía.

7- Enséñale cómo contrarrestar el miedo o la ansiedad cuando la sienta: realizar actividades divertidas, escuchar música, relajarse, etc.

8- El humor es un gran antídoto para luchar contra el miedo, transformando aquello que le da miedo en algo gracioso o un juego.

9- No reacciones de forma exagerada cuando se asuste o solo lograrás que sienta aún más miedo.

10- Si es un niño muy miedoso, evita los libros, historias o películas de miedo antes de ir a la cama. 

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Источник: https://www.todopapas.com/ninos/psicologia-infantil/miedos-en-ninos-de-4-anos-8182

Miedos infantiles. Guía para enseñar a superarlos

Miedos en niños de 4 años

(Tiempo de lectura 8 minutos)

Son días de la fiesta de Halloween, también conocida como Noche de Brujas o Día de Brujas donde se pone en práctica el truco o trato.

El otro día escuché en televisión, en un canal de programación infantil, una canción que anunciaba esta festividad y decía algo así: Let’s go to Halloween y no te asustes, si un monstruo va hacia a ti, tú dale chuches.

 Me llamó la atención la expresión “no te asustes” y pensé en los miedos infantiles: miedo a la oscuridad, a dormir solo, a los monstruos y fantasmas, a lo desconocido, al daño físico, a los ruidos fuertes, a la aceptación social, a la soledad, a la enfermedad, a la muerte….

Os puede parecer exagerado, pero sé que para los pequeños y pequeñas de la casa los miedos son realmente terroríficos y les pueden llegar a producir verdadera angustia. Para los padres también resulta difícil manejar la situación.

Dudas e incertidumbre sobre los miedos y sus remedios: ¿Le dejo dormir en la cama o no? ¿Les dejo una luz encendida? ¿Qué le ocurrirá? ¿Por qué tiene esos miedos? Los padres quieren ayudar pero se agotan los recursos y sus ánimos.

Se prueba de todo: “talismanes y mascotas”, cambios de habitación, de cama o se evitan hacer algunas actividades.

Un día una paciente me comentaba algo sobre miedos infantiles, el miedo que tenía su hija de 9 años a separarse de sus padres. No podía soportar que sus padres se fueran y ella se quedara con sus abuelos. Imaginaba que les ocurría una desgracia o que nunca volverían.

En otra ocasión, traté a una niño de 11 años que no podía dormir solo sin sus padres, tres peluches, el perro y una luz tenue.

Recientemente, he finalizado una tratamiento con una niña que padecía miedos infantiles, el miedo a los fuegos artificiales y a los globos.

Otro de mis pacientes, un niño de 7 años, me contaba que tenía pavor a que por la noches apareciera en su habitación un personaje famoso fallecido, de nuevo los miedos infantiles

Llevamos poco tiempo del nuevo curso escolar. He observado la importante adaptación que supone para toda la familia: horarios, ropa, material escolar.

Pero sin duda son los niños y niñas quienes tienen que adaptarse, y lo deben hacer a horarios, profesores y compañeros, no solo de clase sino también a los compañeros de todo el colegio. Necesitan de nuestra ayuda y comprensión.

Imaginaros que empiezas en una empresa nueva cada septiembre, mejor aún que empiezas a trabajar en una gran empresa, con nuevos jefes y compañeros de trabajo: ¿Cómo te sentirías? ¿Sentirías miedo, nervios, incertidumbre?.

Podría describiros más casos que observo y escucho a diario, tanto en consulta como fuera de ella. Me encantaría también poder conocer los miedos que “sufrís” en casa con vuestros hijos e hijas.

El miedo es una emoción común en todos nosotros, cuya función es activarnos al percibir un peligro o amenaza para nuestra vida. En cada uno de nosotros predomina más uno que otro.

Si te paras a observar a tu hijo o hija, o niños de tu entorno, podrás ver que en cada uno predomina un miedo más que otro, y es fundamental conocer que los miedos pueden ser evolutivos dependiendo de la edad que tengan.

Miedos evolutivos según la edad

  • Durante las primeras semanas de vida, el bebé va discriminando entre reacciones positivas y negativas: lloran ante necesidades como el sueño, hambre o sustento –reacción negativa– hasta que su necesidad es satisfecha –reacción positiva–. Estas reacciones van creando la capacidad de prever su satisfacción.
  • A partir del segundo año descubren que hay animales que les pueden hacer daño, que no les gusta la oscuridad, no pueden dormirse solos, se angustian cuando se hacen alguna herida y les asusta lo desconocido. Por ello, siguen sin querer separarse de los padres.
  • Con 3 y 4 años sus miedos se hacen más patentes. Su imaginación les “juega” malas pasadas. Generan fantasías acerca de los fantasmas, monstruos o malos de los “cuentos” que se esconden en la oscuridad, en los pasillos oscuros o debajo de la cama. También les asusta el daño físico y aparece el miedo a los ruidos fuertes (cohetes, globos…) y fenómenos naturales (truenos, viento, terremotos…).
  • Entre los 5 y 9 años, mantienen el miedo a separarse de sus padres, a los animales, a la oscuridad y al daño físico. Además se suma el miedo a los seres malvados (ladrones, secuestradores…), a los personajes imaginarios (brujas, fantasmas, el “coco”, personajes de dibujos animados…) y/o seres sobrenaturales. También les pueden asustar los médicos, sobre todo si llevan bata blanca, y les preocupa la enfermedad y la muerte.
  • A los 7 y 8 años, añaden su temor a hacer el ridículo. En esta tienden a guardar más el secreto de sus miedos.
  • De 9 a 12 años disminuye el miedo a la oscuridad y a los seres imaginarios, pero ahora son especialmente sensibles al colegio (exámenes, suspensos…), a la aceptación social (integración en el grupo, aspecto físico…), a la soledad, a la enfermedad y a la muerte.

Cómo reaccionan los niños y niñas ante los miedos infantiles

Los bebés pueden reaccionar con sobresalto o llanto y según van pasando los meses, además de llorar, intentan evitar a toda costa la fuente que les causa el temor, buscan la compañía de un adulto que les proteja.

En la niñez se puede experimentar algún cambio en la conducta habitual, por ejemplo, pueden manifestar algunos comportamientos regresivos en sus hábitos, volviéndose a orinar en la cama, a chuparse el dedo, pedir el biberón o chupete o volver a buscar la cama de los padres cuando ya dormían solos.

Diferenciar los miedos evolutivos y normales de aquellos miedos infantiles que nos están avisando Clic para tuitear

Cuando preocuparnos por los miedos infantiles de nuestros hijos e hijas

Los miedos evolutivos no deben ser motivo de grandes preocupaciones, pero si son tan intensos y persistentes que repercuten negativamente en su desarrollo, en su vida cotidiana o en sus estudios, y la familia, a pesar de sus esfuerzos, no sabe cómo manejar la situación, sería conveniente que colabore en buscar soluciones con un buen profesional de la psicología infantil.

10 consejos básicos para ayudar a superar los miedos infantiles

  1. Identifica el miedo que tiene. Deja que lo cuente y escúchale.
  2. Haz que sienta comprensión y seguridad. Frases como: No te asustes o Tienes que ser valiente le puede hacer sentir que no le entiendes y soledad ante el peligro. Siente que si sus padres niegan su miedo seguramente no le van a poder ayudar a superarlo.

    Prueba a decirle: Es normal que te sientas así. Soñar con esos seres tiene que ser horrible.

  3. Reacciona de forma relajada y tranquila, sin regañarle. Exagerar la situación puede dar lugar a que el niño o la niña sienta mayor atención ante sus miedos y sin querer, reforcemos sus temores.
  4. Enséñale a comprender la ansiedad.

    Evitar lo temido hace que supere momentáneamente el miedo, pero no le ayuda a vencerlo definitivamente. Explícale los hechos de manera sencilla, adecuando el contenido a su edad. Una información adecuada sobre un hecho que les supera (por ejemplo por qué es bueno ir al doctor) les ayuda.

  5. Enséñale trucos para manejar la ansiedad: música, relajación, pintar, escribir o cualquier actividad que le guste y le pueda ayudar. Permitir dormir con los padres debe ser algo muy excepcional, como motivo de fiesta, pero nunca como medio para solucionar el problema.

    Concédele, en la medida de lo posible, alguna cosa que le ayude a sentirse más a gusto en la situación: una “mantita”, un peluche, tener encendida una luz tenue, contar, tener una mascota, su mochila o su estuche favorito, etc.

  6. Buscar soluciones conjuntamente para ayudarle a que se enfrente de forma gradual a sus temores.

    Al principio con vuestra ayuda, dándole tiempo para que lo vaya haciendo poco a poco solo o sola, siendo constantes pero sin exigirle.  Elógiale en cada paso.

  7. Favorece su autoestima y autonomía para que vaya tomando sus propias decisiones sobre cómo afrontar sus miedos.

    Un conjunto de habilidades que ayudan a afrontar miedos son las que tienen que ver con la educación emocional y social o la inteligencia emocional en la escuela.

  8. Ofrécele una visión adecuada del día a día, enséñale a no preocuparse o enfardarse excesivamente por lo que ocurre, y a que lo mejor es buscar soluciones a los problemas.

    Sé un modelo de superación para el niño y trata de no transmitirles los tus temores personales.

  9. Ayúdale a que los demás en su entorno también comprendan sus temores. La burla o el ridículo de sus temores no es una ayuda para superarlo sino que hace que sienta menos confianza en sí mismo o en si misma y que trate de ocultar su miedo.

    Si queremos ayudarle tenemos que comprenderle

  10. Y sonríe. Si algo es aterrador con un toque de humor será mejor. Buscar juntos lo gracioso y divertido (por ejemplo haciendo un dibujo o cantando una canción… si un monstruo va hacia ti, tú dale chuches).

10 consejos esenciales para ayudar a nuestros hijos e hijas a superar sus miedos infantiles Clic para tuitear

Madres y padres, ayudemos a nuestros hijos e hijas con sus miedos infantiles, conociendo cómo son y de dónde proceden. El objetivo: conseguir que ellos mismos los superen porque… ¿no es superar los propios miedos lo que todos queremos, también los adultos?.

Autora

Mariola Bonillo

Psicóloga Sanitaria. Especialista en Psicoterapia con niños y adolescentes. Experta en altas capacidades intelectuales: superdotación, precocidad y talento. Responsable de Psicología Infantil del Centro de Psicología  Área Humana.

Estamos a tu disposición para cualquier duda o consulta que desees hacernos | Psicólogos Madrid Centro de Psicología Área Humana

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Источник: https://www.areahumana.es/miedos-infantiles/

Temores infantiles. Los miedos más comunes en los niños

Miedos en niños de 4 años

Los temores infantiles son parte del proceso de aprendizaje. La misión de los padres es ayudarles a superarlos para que no se terminen convirtiendo en fobias y les perjudiquen en su día a día.

Es normal que tengan miedo a lo desconocido o a miedos clásicos como la oscuridad, los animales, los ruidos fuertes o a las personas extrañas.

Además tiene su lado positivo, estos miedos les ayudarán a ser conscientes de los peligros reales y una vez los hayan superado fortalecerán su autoestima.

Los 10 miedos más comunes en la infancia

Si bien un niño puede tener miedo a algo en concreto, el sonido de un juguete, una fotografía o un cuadro, una muñeca antigua, etc. lo habitual es que el origen de sus temores sea lo que a la mayoría de nosotros nos ha asustado alguna vez en nuestra vida. Por ello, los más típicos son los siguientes:

En esta guía te damos una serie de recomendaciones para evitar accidentes comunes en el hogar con la corriente y los enchufes, productos de limpieza, medicamentos y pinturas, objetos peligrosos, quemaduras y peligros en el agua (piscinas, playa y bañeras)

Miedo a la oscuridad

El temor a la oscuridad es el más frecuente en los niños y surge alrededor de los dos años. El niño que se encuentra en una habitación a oscuras se siente desubicado, su imaginación se dispara y cualquier ruido le asusta.

La mayoría de los niños precisan de una pequeña iluminación a la hora de irse a la cama para no sentir la oscuridad plena. Ayuda al niño a entender la oscuridad y hazle ver que es bonita, explícale porque por la noche ya no está el sol, que las estrellas y la luna iluminan el cielo, etc.

Una opción puede ser decorar el techo de su habitación con estrellas decorativas que brillan en la oscuridad. A pesar de no dar luz, el niño podrá jugar con su imaginación y perder ese miedo.

Miedo al agua o a nadar

El miedo al agua de la piscina o del mar nace de nuestra condición como seres humanos, puesto que sabemos que no podemos respirar bajo el agua.

Además, este temor suele aparecer tras una experiencia traumática con el medio acuático. Como adultos, no debemos forzar al niño a meterse al agua lanzándolo contra su voluntad.

Además, debemos intentar no bromear dentro del agua para evitar así crear una fobia al medio acuático.

Miedo a los ruidos fuertes: tormentas o fuegos artificiales

Los ruidos fuertes de las tormentas y los aullidos del viento pueden provocar al niño temor, una necesidad de que sus padres les protejan de la tormenta. La solución es tomarlo como un juego.

En el caso del clima por ejemplo, salir a la calle cuando llueve y jugar con el paraguas y la ropa de lluvia, que vea que también puede ser divertido.

Por otro lado, si tu hijo tiene miedo a los ruidos fuertes como el de los fuegos artificiales, acudid a un evento festivo y jugad con los colores de los fuegos. Si tiene miedo a los petardos, exponerlos a ellos de forma progresiva.

Miedo a los animales

Los niños en sí no tienen porque tener miedo a los animales, por ejemplo a los perros, a no ser que hayan tenido una mala experiencia. Por regla general, los niños se acercan a los perros y gatos, les acarician, hasta que un día un perro se revuelve, y le ladra o se le sube encima. Es cuando el niño coge miedo a los animales.

Tenemos que tener claro que los niños se asustan ante lo desconocido, y ellos no saben cómo va a reaccionar un animal. Como adultos, cuando veamos un perro podemos acercarnos a él, acariciarlo y decirle al niño lo bonito que es el perro, en vez de sobreprotegerlo cuando se cruce en nuestro camino un perro.

 La clave está en generar tranquilidad.

Miedo a las personas desconocidas

El miedo a los extraños en un temor saludable, de autoprotección. Ellos deben saber que no deben irse con gente que no conocen. El problema viene cuando teme a personas que no ve de forma regular, como familiares o amigos.

Intenta permanecer cerca de tu hijo con un comportamiento natural, para que el niño vea que son gente de confianza a la que no tiene que temer.

Si es vergonzoso, advierte a las otras personas para que hablen con él sobre actividades que les gusten al niño, de manera que poco a poco se vayan acercando.

Miedo a dormir fuera de casa

Los niños que tienen miedo de dormir fuera de casa probablemente tienen miedo a la oscuridad y a separarse de sus padres. Pasar la noche fuera de casa, ya sea en casa de un amigo o de campamentos puede ser una aventura, pero también puede generar miedo a los pequeños.

Para que esto no ocurra, debemos preparar la salida con antelación, haciéndole ver que se lo va a pasar muy bien y que ante cualquier problema, puede llamarnos por teléfono, que el niño tenga seguridad.

  Asegúrate de informarle de las actividades que podrá realizar al dormir fuera de casa o en el campamento y lanza mensajes motivadores para que sus ganas sean mayores que sus temores.

Los niños con temor a dormir fuera de casa pueden presentar nerviosismo, dolor de estómago, vómitos, manos frías y sudorosas o dolor de cabeza.

Es muy importante actuar ante la falta de sueño en los niños ya que, que puede afectarles en su alimentación, actividad física, bienestar emocional y rendimiento escolar. En esta guía explicamos la importancia del dormir las horas adecuadas, y varios consejos para conseguir un sueño saludable desde pequeños.

Miedos y terrores nocturnos: las pesadillas

Los terrores nocturnos o parasomnias, a diferencia de las pesadillas, no provocan que el niño se despierte. Cuando el niño se despierta no recuerda qué ha soñado.  Se suelen dar en niños a partir de los tres años y desaparecen en la adolescencia.

Si las pesadillas afectan prácticamente a todos lo niños, los terrores nocturnos afectan al 5% de la población infantil. Los terrores nocturnos son reacciones que tienen lugar en la fase más profunda del sueño. El niño se asusta, grita de forma angustiosa, suda y se le acelera el ritmo cardíaco.

Algunos incluso se levantan de la cama, y el consuelo no les afecta positivamente. Minutos después el niño se calma y sigue durmiendo sin acordarse de lo sucedido.

Por otro lado, las pesadillas son sueños con contenidos muy elaborados. Al despertarse el niño siente miedo y ansiedad, asociadas al recuerdo del sueño.

Son normal entre los niños entre 3 y 7 años. Si son muy frecuentes pueden estar asociadas a niños con alguna inseguridad o tras haber estado separados de su padres durante un tiempo.

Se superan con la edad sin necesidad de tratamiento psicológico.

Miedo a separarse de su madre/padre o a estar solo

El niño se preocupa cuando sus padres salen de casa (por motivos de viaje, de trabajo o simplemente se salen de la rutina diaria). Su temor es que les pase algo malo, que se pongan enfermos o que fallezcan.

Este temor puede interferir ya que los padres se sientan sobrecargados al estar el máximo tiempo posible con el niño, que no puedan salir de casa sin él o no puedan hacer planes de ocio dejándoles con un familiar.

Miedo a ir al médico o dentista

Para algunos niños la visita al pediatra o al dentista puede suponer síntomas de terror: lloros, gritos, malestar general, etc. El niño tiene temor a lo desconocido y al dolor que pueda provocarle la visita.

Si no ha sufrido una mala experiencia en el médico, es importante informarle de lo que va a ocurrir. Dile que el médico va a mirar su cuerpo y va a curarle, escuchar tu corazón y ver que está fuerte y grande.

Estas palabras le calmarán y le harán ver que la visita al médico no es un castigo, sino algo bueno para él.

Miedo a los monstruos y las caretas/disfraces

A los niños les pueden asustar las personas disfrazadas o las máscaras de monstruos. La razón se basa en que no saben qué es o quien está detrás de ese disfraz.

La solución es hacerles ver que detrás de ese disfraz hay una persona, que le muestre la cara para que él mismo lo compruebe, y además podemos intentar ponerle a él esa máscara y vea que es solo un complemento más.

Источник: https://quierocuidarme.dkvsalud.es/salud-para-ninos/temores-infantiles-los-miedos-mas-comunes-en-los-ninos

Embarazo saludable
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