Motivar a los niños

Por qué es necesario que los niños que piensan y aprenden de manera diferente permanezcan motivados

Motivar a los niños

Si todos los días usted tiene problemas en el trabajo y recibe comentarios negativos por las cosas que hizo o dejó de hacer, ¿cómo se vería afectada su confianza y autoestima? ¿Qué lo haría continuar esforzándose por mejorar?

Muchos niños que piensan y aprenden de manera diferente tienen experiencias negativas en la escuela por lo que hicieron o no hicieron.

Piense en el niño con que sigue olvidando su tarea y en consecuencia su calificación empeora. O el niño con que rara vez termina la hoja de ejercicios de matemáticas, o que la mitad de sus respuestas son equivocadas.

Imagine lo frustrantes y desalentadoras que podrían ser esas experiencias.

Entonces, ¿qué hace que los niños que piensan y aprenden de manera diferente continúen esforzándose por mejorar? La respuesta radica en mantenerse motivado.

La importancia de la motivación

La motivación es el impulso que sustenta una acción que usted realice. Es la fuerza detrás de largas horas de entrenamiento deportivo o lo que lo impulsa a permanecer despierto en la noche para que el proyecto de ciencias quede mejor.

Usualmente esto involucra un incentivo. Da satisfacción lograr ser aceptado en el equipo deportivo o que las personas admiren su proyecto en la feria de ciencias, y eso hace que el esfuerzo que conlleva valga la pena. Los comentarios positivos son fuente de motivación para hacerlo nuevamente.

También puede conducir a que los niños continúen intentándolo a largo plazo. El incentivo de tener experiencias y resultados positivos puede mantenerlos trabajando a pesar de las dificultades. Y la habilidad de hacerlo es importante para los niños que piensan y aprenden de manera diferente.

La motivación y los niños que aprenden diferente

¿Qué es lo que impulsa a los niños a hacer las cosas? A menudo es el prospecto de tener éxito o de al menos mejorar para poder triunfar. Mientras más capacitados se sientan los niños en una tarea, más probable es que disfruten la actividad y quieran hacerla mejor. El éxito desarrolla motivación y esto genera más éxito.

Pero los niños que piensan y aprenden de manera diferente usualmente experimentan más contratiempos que sus compañeros. Y mejorar y triunfar pueden lograrse más lentamente o con menos frecuencia a pesar del esfuerzo. Eso puede perjudicar su motivación.

Si un niño estudia para un examen y no sale bien, podría estar motivado para esforzarse más y salir mejor la próxima vez. Pero si sigue saliendo mal puede empezar a pensar: “¿Para qué voy a estudiar para el próximo examen? No hará ninguna diferencia”.

Con el tiempo, puede que empiece a anticipar resultados adversos en cualquier cosa que haga. Eso puede provocar que se dé por vencido rápidamente, no se esfuerce y evite los retos por completo.

Pero si tiene la motivación para intentarlo nuevamente, puede conducir a la perseverancia. Podría estar dispuesto a continuar, aun cuando al principio no tenga experiencias positivas. Y eso puede desarrollar resiliencia.

Cómo ayudar a su hijo a encontrar motivación

Los niños que piensan y aprenden de manera diferente necesitan motivación para intentarlo una y otra vez. Pero sin una historia sólida de logros, su hijo puede que necesite más que un impulso de su parte. Estas son algunas maneras en las que usted puede ayudarlo a permanecer motivado.

Ayúdelo a sentirse exitoso. Los sentimientos de éxito no se limitan al fin del proyecto. Con un poco de ayuda al inicio, su hijo puede tener momentos positivos durante el proceso.

Por ejemplo, si tiene que escribir un ensayo, usted podría descargar de Internet un organizador visual y ayudarlo con el borrador. Esa ayuda adicional puede hacerlo sentir más involucrado en el proceso de escribirlo.

También puede desarrollar seguridad mientras lo hace. Así que si el resultado no es grandioso, la sensación de triunfo mientras lo hace puede ayudarlo a sentirse motivado cuando haga el próximo trabajo.

Enfóquese en el esfuerzo, no en los resultados. Si a su hijo le va bien en un examen, no exprese emoción solo por la calificación. Existen maneras más beneficiosas de elogiar. Pregúntele qué hizo para prepararse. ¿Hizo fichas o le pidió ayuda al maestro?

Haga lo mismo si no le fue bien. Reflexionar sobre cómo estudió puede ayudarlo a descubrir otras maneras de lograrlo la próxima vez. Eso puede motivarlo a intentar un enfoque diferente.

Promueva una mentalidad de crecimiento. Si su hijo lo intenta pero no lo logra, evite decir que lo que está hecho, hecho está y dejarlo así. Enfocar la discusión en los pasos que puede tomar lo hará avanzar en lugar de sentirse estancado.

Enfocarse en la “próxima vez” puede ayudar a su hijo a desarrollar “una mentalidad de crecimiento”. Puede inculcar la creencia de que mejorará con la práctica. Eso es mucho más motivador que una “mentalidad inflexible”, o la creencia de que si no eres bueno en algo por naturaleza nunca serás bueno en ello.

Saque a su hijo de su zona de confort. Cuando los niños experimentan resultados negativos, pueden perder la motivación de intentar cosas novedosas. Eso también puede ocurrir con actividades fuera de la escuela. Pero tomar riesgos e intentar cosas nuevas puede ayudar a los niños a descubrir nuevas destrezas y pasiones.

Por ello es importante resaltar la ventaja de intentar cosas que son difíciles al principio. Supongamos que su hijo está comenzando a recibir lecciones de piano. Él tendrá dificultades como todos los niños cuando empiezan a aprender una nueva actividad. Pero si está acostumbrado a tener malas experiencias cuando empieza algo, puede que evite practicar.

En ese caso, usted puede decir: “Sé que al principio es difícil. Pero imagina lo bien que te sentirás cuando puedas tocar esa canción”. Eso puede que lo incentive a seguir practicando.

Reconocer el éxito. Sin importar qué tan bien lo haga, encuentre algo positivo que decir a su hijo y que sea cierto. Los ejemplos incluyen: “Hoy jugaste muy bien con tu equipo”, “cantaste muy afinado ” o “es maravilloso que hayas pedido ayuda a tu maestro”.

No siempre es fácil encontrar motivación cuando las cosas son difíciles de hacer, pero las recompensas pueden ser enormes. Descubra maneras de ayudar a su hijo si en ocasiones él se siente derrotado. Y aprenda a dar elogios que desarrollen la autoestima.

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Kate Kelly ha estado escribiendo y editando por más de 20 años, enfocándose en cuidado parental.

Donna Volpitta (EdD) es coautora de The Resilience Formula: A Guide to Proactive, Not Reactive, Parenting.

Источник: https://www.understood.org/es-mx/friends-feelings/managing-feelings/feeling-victimized/the-importance-of-staying-motivated-for-kids-with-learning-and-thinking-differences

Motivar a los niños en edad preescolar para que se mantengan activos

Motivar a los niños

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Los niños en edad preescolar pueden ser imparables: corren, dan vueltas, saltan y trepan ante cada oportunidad que se les presenta. Su deseo incontenible de moverse hace que este sea un gran momento para alentar hábitos duraderos para mantener el buen estado físico.

Los niños necesitan estar en forma por las mismas razones que los adultos: mejorar su salud y asegurarse de que sus cuerpos puedan hacer lo que ellos necesitan que hagan. El ejercicio físico regular ayuda a los niños a desarrollar músculos y huesos fuertes, desarrolla habilidades motrices importantes y mejora considerablemente su autoestima.

¿Cómo puedo mantener activo a mi hijo en etapa preescolar?

Entonces, ¿qué deberían hacer los padres y las personas a cargo del cuidado de estos niños?Probablemente ya sepa qué es lo que motiva a los niños de esta edad: divertirse.

Para que el momento de actividad física sea divertido, conozca las actividades más adecuadas para la edad de su hijo y asegúrese de que lo más importante sea pasarla bien.

Por ejemplo, un niño en edad preescolar podría refunfuñar si lo lleva a caminar en una pista de ejercicios porque le parecerá aburrido.

Pero si camina por el bosque y se detiene a admirar la naturaleza y arrojar piedras en un arroyo, la caminata será mucho más atractiva.

Comprender las habilidades que tiene su hijo (y desarrollarlas) es otra clave para mantener la diversión. Pueden pasarla muy bien pateando la pelota juntos, pero probablemente su hijo no se divierta tanto si lo hace jugar un partido de fútbol con todas las reglas.

Diversión fuera de casa

Busque posibilidades de mantenerse activo fuera de su casa. En la guardería o el preescolar, ¿los niños tienen acceso a un patio de juegos o un gran espacio para jugar? No es necesario que los juegos o el equipo sean lujosos.

Los niños disfrutan los juegos sencillos, como atrapar la pelota, jugar con pelotas y bates de plástico, bailar y dar volteretas. Y todavía les encanta jugar al «Huevo podrido», «Martín pescador» o «Víbora del mar», o «Simón dice».

Los niños en edad preescolar están mejorando algunas habilidades, como saltar, hacer equilibrio en un pie, lanzar y atrapar pelotas, pedalear en triciclos y saltar a la soga o la comba.

Si los niños aprenden estas habilidades básicas a esta edad, tendrán confianza y será más probable que continúen siendo físicamente activos cuando crezcan.

Intente hacer al menos 60 minutos de actividad física estructurada (guiada por un adulto) por día.

Tiempo libre

Un poco de libertad también puede motivar a los niños en edad preescolar a mantenerse activos.

Si bien parte de su actividad física debe ser estructurada y guiada por un padre o una persona encargada de su cuidado, también es importante dejar que ellos tomen las decisiones de vez en cuando.

Ayude a su hijo en etapa preescolar a hacer al menos 60 minutos de actividad física no estructurada (juego libre) por día.

El juego libre activo significa que el niño escoge la actividad y decide qué hacer; siempre dentro de un entorno seguro y supervisado. Esto podría incluir explorar el jardín, correr en el parque o disfrazarse.

Durante el juego simbólico o de simulación (jugar a ser otra persona) los niños en edad preescolar suelen asumir un rol de un género específico porque están comenzando a identificarse con los miembros del mismo sexo. Por ejemplo, una niña tal vez finja ser su mamá que «trabaja» en el jardín, mientras que un niño imitará a su padre «cortando» el césped.

Los padres desempeñan un papel importante

Un mensaje importante es que su hijo en edad preescolar está observando de qué manera pasa usted su tiempo; por lo tanto, dé un buen ejemplo haciendo ejercicio físico regularmente. Su hijo verá esto como algo que sus padres hacen y, naturalmente, querrá hacerlo también.

Otras formas de alentar la actividad física son las siguientes:

Limitar el tiempo delante de una pantalla. Permita un máximo de 1 o 2 horas de programación de calidad en un televisor, tableta u otro dispositivo por día.

Si bien muchos programas de computación se publicitan como «para preescolar», ninguno es necesario para el desarrollo del niño.

Si decide permitir el uso de una computadora, escoja cuidadosamente el software y los sitios que su hijo puede visitar.

Mantener la diversión. Ayude a su hijo a buscar actividades que le agraden y después dele la oportunidad de disfrutar de ellas. Mantenga los equipos y elementos necesarios a mano; si es posible, al alcance de su hijo.

Supervisar de cerca. Las habilidades físicas de los niños en edad preescolar (como trepar hasta lo más alto de un juego del parque) suelen superar su capacidad de determinar qué es seguro y qué es peligroso.

Del mismo modo, no se dan cuenta de cuándo es el momento de tomarse un descanso en un día caluroso. Una parte importante de ayudar a los niños a divertirse al aire libre es asegurarse de que estén seguros; por lo tanto, no pierda de vista a su hijo.

¡Y recuerde llevar una botella con agua, un tentempié y pantalla solar!

Revisado por: Ryan J. Brogan, DO

Fecha de revisión: enero de 2017

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/active-preschooler-esp.html

Seis claves para motivar a los niños a aprender en casa

Motivar a los niños

Hace casi dos meses que, de la noche a la mañana, los niños y niñas salieron del 'cole' para no volver hasta septiembre. En principio, esta medida tan excepcional iba a durar dos semanas, aunque enseguida se vio que ese corto plazo era más una ilusión que un pensamiento lógico.

Los estragos de la pandemia se revelaron con toda su crudeza y, poco a poco, la vuelta a las aulas, ansiada por los escolares y también por los padres, se fue alejando en el horizonte. Hasta septiembre. Por eso, docentes, padres y madres se han tenido que poner las pilas estas últimas semanas para 'terminar' el curso en casa.

La mayoría de los colegios están trabajando online con sus alumnos y organizando actividades para que los alumnos sigan aprendiendo y no se queden en 'stand by' tantos meses. Esto es algo que, al principio del confinamiento, se hacía con rigor, hasta con gusto. Pero tanto tiempo después… la motivación de adultos y peques ha bajado.

Es lógico, muchos mayores ya trabajan o teletrabajan y no pueden dedicar todo el tiempo que requieren estas tareas (lo que genera no pocas discusiones y problemas de organización) y los alumnos ya no tienen ganas de hacer nada. Les faltan sus compañeros, el intercambio de ideas con ellos y con sus profes…

y se desaniman ¿Cómo solucionar esto y afrontar las últimas semanas de 'curso', a recta final, de la mejor manera posible?

«Los niños no se encuentran en una situación de aprendizaje ideal u óptima», afirma Amalia Gordóvil, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, quien recuerda que el estado emocional influye en el proceso de aprendizaje, «y es evidente que estamos viviendo una situación en la que el miedo, la tristeza o la rabia están presentes en la vida de muchas personas», señala la doctora en Psicología.

Así lo afirman estudios como el publicado hace solo unas semanas en 'The Journal of Pediatrics', en el que se concluía que los tres síntomas que los niños sufrieron más durante el confinamiento en China fueron irritabilidad, tristeza y depresión.

Pero además del estado emocional, hay otros obstáculos que dificultan poder 'montar' el colegio en casa.

Gordóvil recuerda que el estudio virtual requiere planificación y autodisciplina, y no todos los niños, ni los niños de todas las edades, pueden poner en marcha estas habilidades al mismo ritmo.

Y eso sin contar con que en casa aumentan las distracciones, «que interfieren en la atención sostenida y la capacidad de concentración, ambas necesarias para el estudio», señala. Salvar todos esos obstáculos es complicado, pero resulta factible paliarlos. Estas estrategias pueden ayudarnos:

Durante el periodo escolar, muchos niños van a la escuela por la mañana y parte de la tarde, hacen actividades físicas y extraescolares, socializan y juegan con los compañeros y, cuando llegan a casa, hacen los deberes.

Adriana Ornellas, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación y coordinadora del grupo de investigación eTIC de la UOC, afirma que no podemos reproducir al 100 % esta realidad, pero sí establecer hábitos y rutinas que nos acerquen a una situación de normalidad.

Según la profesora de la UOC, es recomendable priorizar las mañanas, cuando los niños están más activos y dispuestos a participar, para que los docentes establezcan las conexiones con el grupo de clase y los estudiantes se conecten a los entornos virtuales, conozcan las tareas asignadas, planifiquen el trabajo y hagan actividades. Después, es importante «destinar un tiempo del día para el paseo, el juego y la actividad física en los espacios exteriores, ahora que se han flexibilizado las medidas de confinamiento». Las tardes son más apropiadas para leer, escribir, pintar, escuchar música, hacer tareas conjuntas o conectarse virtualmente con amigos y familiares.

2.

Espacios fijos para concentrarse

En función de las posibilidades del domicilio y de cada familia, podemos controlar algunos aspectos que promuevan la concentración.

Si intentamos que estudien en un espacio lo más aislado posible, con todo el material necesario, les estaremos ayudando a reducir estímulos externos.

«Así evitaremos interferencias de otras personas y que tengan que levantarse para buscar material», señala Gordóvil, que también es psicóloga infantojuvenil.

3.

Seguir la regla de las cinco 'C'

Para Adriana Ornellas, la clave para lograr la motivación de los niños es promover actividades de aprendizaje que incluyan las cinco 'C': contexto, creatividad, curiosidad, control y colaboración.

La primera se refiere a conectar el aprendizaje con los conocimientos y las experiencias previas, articulando lo que se aprende con la realidad que se está viviendo; la creatividad se logra estimulando la resolución creativa de problemas reales y significativos; en cuanto a la curiosidad, se trata de procurar despertar el interés del estudiante por lo que está aprendiendo; el control se refiere a que los estudiantes puedan influir en lo que aprenden y elegir cómo lo aprenden, y respecto a la colaboración, la idea es promover la interacción y el trabajo en equipo entre los estudiantes y las familias.

4.

Marcarse objetivos pequeños y concretos

Para fomentar la motivación de los niños, podemos concretar objetivos no demasiado ambiciosos. De esa forma, serán alcanzables «y ellos verán que van consiguiendo algo. Por ejemplo, hoy haremos los ejercicios de esta página.

O estas diez multiplicaciones», señala Zenaida Aguilar, profesora colaboradora del máster universitario de Psicología Infantil y Juvenil: Técnicas y Estrategias de Intervención de la UOC, que advierte que hacer lo contrario -es decir, marcarse metas muy ambiciosas- solo conseguirá frustrarlos. «En la situación actual, la prioridad de nuestro cerebro es adaptarse y sobrevivir.

Hay que darse cuenta de que los ritmos van a ser diferentes y no podemos pretender que estudien lo mismo que cuando iban al colegio todos los días», afirma.

Las necesidades, los intereses y las formas de aprender de cada niño son distintas, y tenerlo en cuenta es una ventaja a la hora de motivarles. «No todos los niños tienen la misma capacidad de atención ni la ponen en práctica de la misma manera.

Hay niños que en movimiento retienen más, otros lo hacen pintando, a algunos lo que les funciona es aprender a partir de enseñar a sus peluches o «trabajando» junto con mamá o papá… Con los descansos también hay que adaptarse a cada niño y niña, ya que la capacidad de concentración varía», explica Zenaida Aguilar.

Por eso cree que lo importante es que los padres se adapten a las necesidades de sus hijos y sugiere que se les pregunte a ellos mismos.

6.

Llegar a pactos y presencia de calidad

Si todos en casa saben los horarios de los demás y se respetan, será más sencillo mantener un orden necesario tanto para el aprendizaje como para que los padres puedan trabajar, si lo hacen desde casa, o tengan su espacio de tiempo individual.

De lo contrario, la situación puede desbordarnos. «Es fundamental ser congruente con lo pactado.

Al fin y al cabo, lo mejor que nos deja este confinamiento es la posibilidad de conectar con los niños y las niñas y que sientan nuestra presencia, pero esta presencia ha de ser de calidad.

Por ello estará bien poder decir «ahora no puedo» o «este ratito es para mí»», afirma Zenaida Aguilar, que es psicóloga del Instituto Carl Rogers, además de profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC.

Источник: https://www.elcorreo.com/familias-bbk-family/seis-claves-motivar-20200506131131-nt.html

Cómo motivar a los niños para aprender desde casa

Motivar a los niños

Las escuelas, institutos y centros de formación profesional están cerradas desde hace más de nueve semanas, lo que ha supuesto que más de ocho millones de estudiantes no universitarios en España hayan tenido que continuar con su aprendizaje desde sus hogares. Es, sin duda, una de las situaciones más excepcionales que ha vivido el ámbito educativo y escolar en el último siglo.

Sin tener aún muy claro cuándo y cómo podrá retomarse la actividad educativa normal, los alumnos y profesores deben permanecer en sus casas, haciendo desde allí lo que hacían en las aulas.

Ante este nuevo escenario, surgen numerosos retos a los que hacer frente.

El primero de ellos es adaptarse a la nueva situación: se cambia de ambiente, de horarios y de rutinas y, en muchos casos, se ha tenido que pasar de padres-hijos a profesores-alumnos.

Un cambio extraño que puede derivar en que muchos niños y adolescentes no tengan ganas de hacer nada, estén desmotivados, distraídos y no quieran hacer las actividades o deberes que proponen los docentes.

Según una investigación realizada por la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, el 86% de los padres españoles ha observado cambios en el estado emocional y el comportamiento de sus hijos durante la cuarentena, sobre todo dificultad para concentrarse en un 69% de los casos.

Cómo recuperar la motivación

Ante esta realidad, es fácil que muchos niños y adolescentes requieran más atención que antes, tengan problemas para dormir y muestren enfado, tristeza o cansancio.

Todo ello hace que no respondan como es habitual a los estímulos de aprendizaje y no se sientan enganchados a lo que se les plantea porque el estado emocional influye directamente en el proceso de aprendizaje.

Un aprendizaje, además, que ha cambiado totalmente: debe hacerse desde casa, solos, frente a un ordenador o tableta, un soporte, además, que requiere mucha disciplina y organización.

¿Cómo se pueden superar todas estas dificultades? En primer lugar, lo más importante es fijar rutinas, tanto de alimentación, como de sueño, estudio y, sobre todo, de tiempo libre. Levantarse siempre a la misma hora, desayunar, recoger la mesa y pautar horarios para que trabajen y para que puedan jugar y hacer lo que más les gusta es fundamental durante estos días.

La Universitat Oberta de Catalunya (UOC) da algunas pautas para ayudar a los niños y motivarlos estos días en casa para que sigan con los estudios y el aprendizaje:

  • Establecer tiempos cortos de estudio: el día tiene muchas horas y siempre hay algún rato en que los niños pueden estar más despiertos. En la mayoría de los casos esto ocurre por las mañanas. Se deben encontrar aquellos momentos del día en los que están menos cansados y más concentrados. Para los menores de ocho años, por ejemplo, es recomendable no superar el máximo de 45 minutos de estudio.
  • Fijar siempre el mismo lugar de estudio: es muy importante, para que puedan estudiar o trabajar a gusto, contar con un espacio en el que se sientan cómodos y en el que tengan todo lo que necesitan a mano (lápices, colores, libros, folios, ordenador o tablet, etc.) para evitar así distracciones y no tener que perder el tiempo cada vez que necesitan algo.
  • No centrarlo todo en los libros: el aprendizaje no tiene por qué venir siempre de los libros. Según la UOC, las actividades deben incluir las cinco «C»: contexto (aprender a partir de la propia experiencia); creatividad (solucionar problemas reales); curiosidad (intentar despertar el interés por todo lo que se está aprendiendo); control (el alumno puede influir en lo que aprende y cómo lo hace); colaboración (incentivar la interacción y el trabajo en equipo entre estudiantes y familias). Pueden completarse las clases teóricas con ejemplos prácticos y con juegos si es posible. También es un buen momento para que hagan cosas nuevas, para que inventen, que experimenten, incluso que aprendan a cocinar y para que lean, también ver películas en inglés o en cualquier otro idioma.
  • Adaptarse al niño: no todos los niños son iguales, ni aprenden de la misma manera ni al mismo ritmo. Unos tendrán más facilidad para un tipo de actividad o ejercicio que para otro, otros necesitarán descansar más a menudo, etc. Es importante prestar atención a cómo se siente para adaptar la actividad en cada momento. Es normal también que durante estos días no sigan el ritmo que tenían en la escuela. Si los notamos más atentos, podemos aprovechar para hacer aquellas tareas que requieran más concentración, como escribir o hacer operaciones matemáticas; si, en cambio, los notamos más distraídos, pueden realizar alguna actividad que no les exija tanta concentración como dibujar o pintar. Debe tenerse en cuenta que el aprendizaje se consigue no solo si hay motivación, sino también cuando las emociones acompañan.
  • Fijar objetivos concretos: a la hora de establecer el trabajo y los deberes debe hacerse con instrucciones claras, precisas y cortas para que las puedan resolver con autonomía y en un plazo corto de tiempo. Acabar una página de multiplicaciones o hacer un dictado son actividades cortas que les permiten ver que van consiguiendo pequeñas cosas. Esto les motivará y los animará a hacer pequeños pasos y nuevas actividades. Establecer metas muy ambiciosas o tareas muy largas que les cueste acabar solo conseguirá que se desmotiven y agobien un poco más.
  • Ser congruentes: si se respeta todo lo pactado (horarios, obligaciones, distribución de tareas, etc.) será más fácil mantener el orden en todas las esferas (aprendizaje, teletrabajo, organización de las tareas domésticas, etc.) y poder encontrar momentos para todo y para todos.

Es un buen momento también para aprovechar la situación y realizar actividades que hasta ahora no habíamos podido hacer.

El Colegio Oficial de de Psicología de Madrid, y como parte de sus Orientaciones para la gestión psicológica de la cuarentena por el coronavirus, recomienda aprovechar estos días para encontrar espacios para estar juntos, para jugar (juegos de mesa, interactivos online en familia, etc.

); para la creatividad (hacer que escriban cuentos, relatos breves o pequeñas historias); y, muy importante cuando hay niños en casa, cuidar mucho los pensamientos y emociones para que podamos construir y responder de forma adecuada a momentos en los que falla el ánimo y la motivación.

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Источник: https://www.eldiario.es/consumoclaro/madres_y_padres/motivar-ninos-aprender-casa-confinamiento_1_5972390.html

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