Parto con goteo

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Parto con goteo

El Goteo es una de las intervenciones más frecuentes vinculadas al inicio del trabajo de parto, o realizada en algún momento de su evolución, es la colocación de un «goteo intravenoso» (que consiste en una aguja introducida en una vena del antebrazo y conectada a una tubuladura de polietileno y ésta a un frasco de solución fisiológica). En esta solución habitualmente se introduce una cantidad variable de la hormona ocitocina sintética, que es la que produce la actividad del útero: contracciones.

La gran mayoría de las mujeres que han atravesado y atraviesan el parto pueden relatar la experiencia de este goteo de distintas maneras

Frecuentemente hacen referencia a este goteo con el término de inducción. Pero es necesario aclarar la diferencia que existe entre lo que denominamos ‘inducción’ con la llamada ‘conducción’ del parto.

En primer término, la inducción es la aplicación de una serie de intervenciones con el objeto de desencadenar el parto: es decir que el goteo con ocitocina es una de las intervenciones que se realiza para provocar contracciones con el objeto de que el trabajo de parto comience con las modificaciones iniciales del cuello del útero y su dilatación.

En la conducción del parto, el goteo de ocitocina se coloca cuando ya existen contracciones y hay algún grado de dilatación del cuello del útero.

Es decir, forma parte de las intervenciones cuyo fin es lograr que el parto ocurra con la mayor rapidez posible y para lograrlo, este goteo produce contracciones muy frecuentes e intensas, con lo cual crea la necesidad de practicar una anestesia peridural.

Ambas situaciones, como decíamos, son las que atraviesan la mayoría de las mujeres al final de su embarazo, siendo abrumadora la falta de una indicación adecuada y oportuna para su realización.

Llegado el final del embarazo, la complejidad de los cambios que se fueron produciendo en el crecimiento y desarrollo del bebé y en el cuerpo de la madre, desencadenan con distintas modalidades el trabajo de parto. A veces, con cambios precoces en la maduración del cuello del útero (algunos días antes de la fecha del parto), y en otras oportunidades estos cambios se producen sobre la fecha o pasados algunos días.

El elemento más importante en este desencadenamiento y el desarrollo del parto es debido a la producción de una hormona llamada ocitocina por parte de la glándula hipófisis que se encuentra ubicada en la base del cerebro.

El hecho fundamental y relevante en relación con esta producción fisiológica de ocitocina y su acción sobre el útero es que en condiciones saludables dicha producción y la respuesta en el avance del parto están íntimamente influenciadas por algunas condiciones biológicas (por ejemplo, el cansancio de la madre) y fundamentalmente por las circunstancias externas e internas que determinan el estado emocional de la mujer (desinformación, temor, soledad, mal trato, abandono, falta de acompañamiento adecuado, estímulos descalificantes, urgencias, etc.)
Estas causas son determinantes a los efectos de la evolución del trabajo de parto. La incapacidad para tolerar los tiempos que la natural fisiología del mismo establece para su comienzo y por las características singulares de cada mujer en cuanto a su evolución, llevan a la práctica cada vez más dada de iniciar el trabajo de parto artificialmente (inducción del mismo), muchas veces apelando a distintas razones para no llegar a la fecha establecida de antemano.

Y en prácticamente la totalidad de los partos asistidos, aún con el comienzo espontáneo de la actividad del útero, se coloca inicialmente un goteo con ocitocina para regular y controlar la marcha del mismo y su evolución en el menor tiempo posible.

Claro que todo esto no es gratuito para la futura madre. Estas contracciones incrementadas, anulan la posibilidad de que el propio organismo y una situación emocional favorable por parte de la madre autoregulen la actividad del útero, en intervalos variables a lo largo de la duración del parto.

No es además gratuito porque la mayor incomodidad muchas veces se torna intolerable y aparece justificada la anestesia peridural, que resulta en inmovilidad de la madre, imposibilidad de la búsqueda espontánea de diversas posiciones para parir, episiotomía en posición acostada con las piernas levantadas, y con frecuencia bebés que son separados inmediatamente de la madre para realizar maniobras de reanimación, justificadas por esa cadena de procedimientos.

Es decir que la colocación de un goteo de ocitocina sin haber comenzado el trabajo de parto (inducción), sólo debe estar indicado en situaciones muy precisas, que señalen la interrupción del embarazo, para preservar la salud de la madre o del niño (que son escasas), ya que en su mayoría son desmentidas por el elevado número de inducciones que se realizan. Más aún, esta intervención del goteo con ocitocina se transforma en un hecho universal para «conducir» el parto en los tiempos necesarios para los asistentes, sin tomar en cuenta las necesidades de cada mujer. Los partos son conducidos casi en su totalidad en el medio institucional, y es esta una decisión que convalidan muchas futuras mamás.

Tanto la inducción del parto como su conducción, son procedimientos valiosos para resolver situaciones que presumen alteraciones en la salud de la madre y el bebé

Pero ambas, transformadas en una actitud rutinaria vinculada al reemplazo de la actividad fisiológica contráctil del útero, llegan a incrementar innecesariamente el malestar del bebé y su mamá, y a terminar en un elevado índice final de intervenciones cesáreas (que superan el 50%) e intervenciones innecesarias sobre el recién nacido.

La naturaleza tiene previsto desde sus orígenes y así seguirá funcionando, la capacidad de cada mujer para producir la ocitocina necesaria, dentro de un entorno amigable, de respeto, de intimidad, de libertad, para que cada una pueda ser plena protagonista de su parto y el nacimiento de su hijo.

Dr. Carlos Burgo Médico obstetra y ginecólogo
mail.  [email protected]www.partohumanizado.com.ar

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Inducción del parto

Parto con goteo

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Es habitual que muchas mujeres embarazas, sobre todo las que van a ser madres primerizas, vean pasar su fecha probable de parto sin tener ni una sola contracción. Y cuanto más se alejan de esa fecha (también conocida como FPP), más nerviosas se ponen. Es posible que hasta empiecen a dudar de que su bebé vaya a nacer algún día.

La última etapa del embarazo puede resultar difícil de sobrellevar: usted se sentirá enorme, le dolerán los pies y la espalda, le faltará energía para hacer cualquier cosa y estará más que preparada para conocer al bebé que ha estado alimentando y cuidando durante todo este tiempo. Por eso, esperar un poco más de lo que usted pensaba puede resultarle bastante difícil.

De todos modos, el hecho de que ya haya pasado su fecha probable de parto no implica que su médico (u otro profesional de la salud que lleve su embarazo) vaya a hacer algo para provocarle (o iniciar de forma artificial) el parto; por lo menos, no de inmediato.

¿En qué consiste?

La inducción o provocación del parto es lo que hacen los médicos para iniciar el parto utilizando medicamentos u otras técnicas médicas. Años atrás, algunos médicos inducían el parto por costumbre.

Pero ahora no se sigue esta práctica a menos que exista una necesidad médica real. Se suele permitir que el parto siga su curso natural.

Sin embargo, en algunas situaciones, es posible que el profesional de la salud recomiende inducirlo.

¿Por qué se practica?

Es posible que su médico sugiera inducirle el parto si:

  • ha roto bolsa de aguas pero no tiene contracciones
  • su bebé todavía no ha nacido dos semanas después de la fecha probable de parto (un embarazo se considera postérmino cuando han pasado más de 42 semanas de gestación)
  • tiene una infección en el útero (denominada «corioamnionitis»)
  • cumple ciertos factores de riesgo (por ejemplo, presenta diabetes del embarazo o hipertensión)
  • no tiene suficiente cantidad de líquido amniótico
  • tiene un problema en la placenta
  • su bebé no está creciendo como debería

La inducción del parto puede ser recomendable en determinadas circunstancias, como cuando el embarazo ya está a término y la madre tiene antecedentes de partos rápidos y/o vive lejos del hospital.

Algunas madres solicitan que les provoquen el parto por pura conveniencia, pero ésta opción implica asumir algunos riesgos. Los médicos tratan de evitar este tipo de inducciones porque es posible que la fecha probable de parto no sea la correcta y/o que el cuello uterino de la mujer no esté preparado todavía.

¿Cómo se lleva a cabo?

Algunos métodos para inducir el parto son menos agresivos y se asocian a menos riesgos que otros. Entre las formas con que los médicos pueden intentar provocar un parto favoreciendo el inicio de las contracciones, se incluyen las siguientes:

  • Ruptura de membranas. El médico se pone guantes e introduce un dedo en la vagina de la mujer hasta atravesar el cuello uterino (la abertura que conecta la vagina con el útero). El médico mueve el dedo hacia delante y hacia atrás para separar la fina membrana que conecta el saco amniótico (que alberga al bebé y al líquido amniótico) a la pared del útero. Al romper esta membrana, el cuerpo libera unas hormonas denominadas prostaglandinas, que ayudan a preparar el cuello uterino para el parto y que es posible que desencadenen las primeras contracciones. Este método funciona en algunas mujeres, pero no en todas.
  • Ruptura de la bolsa de aguas (también denominada amniotomía). El médico rompe el saco amniótico durante la exploración vaginal, utilizando un pequeño gancho de plástico para romper las membranas. Si el cuello uterino está preparado para el parto, la amniotomía lo suele desencadenar en cuestión de horas.
  • Administración de la hormona prostaglandina para favorecer la maduración del cuello uterino. Se introduce en la vagina un óvulo vaginal o un gel que contiene prostaglandina o bien se administra un comprimido que contiene dicha hormona por vía oral. Generalmente, esto se lleva a cabo en el hospital, donde pernoctará la mujer, y se espera que por la noche vaya «madurando» su cuello uterino (se ablande y se afinen sus paredes), preparándose para el parto. Si se administra sola, la prostaglandina puede desencadenar el parto, pero también se puede utilizar antes de administrar la hormona oxitocina.
  • Administración de la hormona oxitocina para favorecer las contracciones. Se administra esta hormona (generalmente el medicamento Pitocina) de forma continua por vía intravenosa, primero a dosis reducidas, y luego se va incrementando la dosis hasta que el parto evoluciona sin complicaciones. Después de administrar el medicamento, se debe monitorizar atentamente el estado del feto y del útero. La oxitocina también se utiliza a menudo para acelerar los partos lentos o estancados.

¿Qué sentiré?

La ruptura de membranas puede resultar un poco dolorosa o molesta, pero solo suele durar alrededor de un minuto. También es posible que sienta fuertes espasmos (o contracciones) y pequeñas pérdidas de sangre durante el día o los dos días siguientes.

La ruptura de la bolsa de aguas también puede resultar algo molesta. Es posible que sienta un tirón seguido de una pérdida de líquido tibio, sea en forma de hilillo o de chorro.

Si le administran prostaglandina, es posible que sienta fuertes espasmos (o contracciones). Con la oxitocina, las contracciones suelen ser más frecuentes y regulares que en los partos naturales.

Riesgos y precauciones

Inducir un parto no es lo mismo que «abrir un grifo». Si el organismo de la madre no está preparado, la inducción puede fracasar y es posible que, después de intentarlo durante horas o días, se deba practicar una cesárea. Esto es mucho más probable cuando el cuello uterino todavía no está maduro.

Si el médico rompe el saco amniótico pero no logra que se inicie el parto, puede ser necesario utilizar otro método de inducción del parto. Esto es debido a que, si el saco amniótico permanece abierto durante mucho tiempo antes de que nazca el bebé, existe riesgo de infección, tanto para este último como para la madre.

Cuando se utilizan la prostaglandina o la oxitocina, existe el riesgo de que se desarrollen contracciones anómalas. En tales casos, el médico retirará el óvulo vaginal o reducirá la dosis de oxitocina.

Aunque se trata de algo muy poco frecuente, también aumenta el riesgo de desgarro uterino (o rotura uterina) cuando se utilizan estos medicamentos.

Otras complicaciones asociadas al uso de la oxitocina son la hipotensión y la reducción de la concentración de sodio en sangre (que puede ocasionar problemas como las convulsiones).

Otro posible riesgo de la inducción del parto es la posibilidad de dar a luz a un bebé ligeramente prematuro (nacido después de la semana 34 y antes de la 37). ¿Por qué? Debido a que la fecha probable de parto podría ser errónea. Su FPP se calcula sumando 40 semanas al primer día de su último periodo menstrual.

Los bebés ligeramente prematuros suelen estar sanos, pero pueden presentar problemas de carácter temporal, como ictericia y dificultades para alimentarse, respirar y/o mantener la temperatura corporal. También son más proclives que los bebés a término a presentar problemas evolutivos o en el ámbito escolar más adelante.

A pesar de que los partos inducidos conllevan sus riesgos, alargar el embarazo más allá de la semana 42 también puede ser arriesgado. Muchos bebés que nacen después de la FPP no presentan ninguna complicación, pero los partos postérmino se pueden asociar a los siguientes problemas:

  • El parto vaginal resulta más complicado debido a que el bebé es de mayor tamaño. Cuanto más grande sea el bebé, mayores serán las probabilidades de que sufra lesiones durante el parto, como las fracturas.
  • La placenta, encargada de proporcionar alimento al bebé, se empieza a deteriorar.
  • El líquido amniótico puede ser demasiado escaso o contener un exceso de meconio (las primeras deposiciones del bebé). Si el bebé inhala meconio, puede tener problemas para respirar.

Existen muchas supersticiones sobre procedimientos para provocar el parto, como el uso de aceite de ricino. No es seguro tratar de inducir el parto de forma artificial tomando aceite de ricino, que puede provocar náuseas, diarrea y deshidratación.

Y tanto la toma de plantas medicinales como de suplementos elaborados con estas plantas para inducir el parto pueden ser perjudiciales. La estimulación de las mamas puede provocar contracciones uterinas al desencadenar la liberación de oxitocina.

De todos modos, algunos estudios han sugerido que el bebé puede tener latidos cardíacos anómalos tras la estimulación mamaria de su madre.

Algunas mujeres tienen la sensación de que el hecho de mantener relaciones sexuales al final del embarazo puede inducir el parto, pero todavía no se han llegado a ninguna conclusión al respecto.

Hable con su médico antes de probar cualquier cosa para intentar favorecer el nacimiento de su bebé. La inducción del parto debe estar en manos de los profesionales de la medicina; las personas ajenas a éste campo pueden causar más mal que bien.

Por frustrante que le pueda resultar esperar a que su bebé se decida a nacer, es importante que deje que la naturaleza siga su curso, a menos que su médico le indique lo contrario. ¡Antes de que se de cuenta, se encontrará demasiado ocupada como para recordar que su hijo tardó en nacer!

Revisado por: Elana Pearl Ben-Joseph, MD

Fecha de revisión: junio de 2018

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/inductions-esp.html

Descubre todo sobre el parto vaginal inducido

Parto con goteo

Dr.D. Ángel Agüerón de la Cruz, Jefe de Obstetricia del hospital Gregorio Marañón de Madrid y Dr. D. Antonio González, Jefe de Obstetricia del hospital La Paz de Madrid

Lo normal es que el embarazo culmine con parto vaginal a su tiempo. Sin embargo, hay ocasiones en las que, por diferentes causas, el embarazo presenta complicaciones o el parto no llega en su momento. Es entonces cuando es necesario provocar o inducir el parto.

La forma más conocida es el parto inducido por oxitocina, una hormona que estimula el parto y se administra mediante goteo

El parto vaginal inducido es el inicio del parto de forma artificial mediante la aplicación de un medicamento para finalizar la gestación cuando es necesario. Las causas que pueden llevar a inducirlo son, principalmente, motivos fetales o motivos maternos.

Entre los motivos fetales, se induce al parto cuando el embarazo se prolonga más de las 42 semanas habituales, lo que puede provocar un envejecimiento de la placenta y, por tanto, el feto no recibe los nutrientes ni el oxígeno necesario.

A estos embarazos más largos se les conoce como gestación prolongada o postérmino. Otra de las causas que pueden llevar a la inducción es que el bebé sea demasiado grande porque está hipermaduro.

También se puede provocar porque el feto tenga una enfermedad grave y necesite tratamiento.

En cuanto a los motivos maternos, se inducirá al parto cuando la madre tenga una enfermedad crónica o aguda que implique un peligro para su salud o la del feto. La hipertensión, la preeclampsia, la diabetes o problemas renales son algunas de ellas.

A estas dos causas se suma una tercera que se conoce como inducción electiva. En este caso se habla con la paciente para tener su permiso y se provoca el parto cuando convenga.

Este tipo de inducción se da en caso de que la mujer viva lejos del hospital y no haya neonatólogos, por ejemplo.

Igualmente, para provocar la inducción hay que explorar con anterioridad a la madre y comprobar que tiene el cuerpo y el cuello ya preparado para que el bebé pueda nacer sin complicaciones, es decir, ha de estar muy madura para garantizar que todo va ir bien.

Características y fases

La inducción se puede hacer de dos maneras. La más conocida es el parto inducido por oxitocina. La oxitocina es una hormona que se encarga de estimular el parto y se administra mediante goteo.

Con la oxitocina se inician o se aumentan las contracciones para dilatar el cuello del útero y mejorar así la exploración.

Cuando se llega a la dilatación adecuada, se inyecta a la paciente la epidural y pasado un tiempo prudencial finaliza la dilatación, termina el expulsivo y pare.

También puede suceder que la mujer vaya con el cuello muy verde, es decir, que esté muy retrasado en la maduración. En estos casos es necesario aplicar un gel de prostoglandinas, un fármaco precursor de la oxitocina. Su función es modificar y ablandar el cuello uterino para después aplicar la oxitocina.

Riesgos para la madre y el bebé

La inducción es generalmente segura aunque también supone riesgos. Si el cuello sigue estando muy verde, a pesar de la oxitocina, aumentan las posibilidades de llevar a cabo una cesárea.

En el caso de que un feto esté bien, si se le somete a una inducción muy larga y costosa, se le puede producir estrés al niño.

La obligación del médico, entonces, es valorar la gravedad de la causa que ha motivado la inducción con respecto a la gravedad que se puede producir por haber hecho esa inducción.

Igualmente, hay excepciones en las que no se debe aplicar el parto inducido. No debe hacerse en caso de que el bebé tenga déficit de oxígeno y necesite nacer de inmediato, ya que al provocar las contracciones se le quita el poco oxigeno que tiene. Tampoco hay que aplicarla si la madre tiene cesáreas anteriores.

Existen varias creencias populares que aseguran que hay técnicas naturales para inducirse el parto una misma. Entre éstas se encuentran las relaciones sexuales, tomar picante o ciertas hierbas y remedios caseros.

Sin embargo, no hay ninguna evidencia científica que demuestre su eficacia y, de hecho, no suelen ser nada eficaces.

Debe ser el médico quien recomiende a la madre la inducción sólo cuando considere que el riesgo, tanto para ella como para el bebé, es mayor que esperar a que empiece naturalmente.

Источник: https://www.lechepuleva.es/embarazo/parto-vaginal-inducido

Goteo, ¿para qué sirve? | Revista Ahora Mamá

Parto con goteo

Se denomina plan de hidratación parenteral, o “goteo”, a la administración de una solución estéril por vía parenteral, endovenosa o intravenosa. El procedimiento se realiza mediante un catéter o una aguja conectados a un tubito plástico (guía de suero), que se introduce en el frasco o sachet que contiene el líquido.

Esta técnica se utiliza en diferentes situaciones: para hidratar, transfundir sangre o administrar medicamentos, entre otras, o simplemente para disponer de una “puerta de entrada” rápida a la circulación sanguínea en caso de urgencia.

De acuerdo con la velocidad del flujo del líquido (que se puede regular con elementos muy simples o con aparatos de alta precisión) y el calibre de la aguja o del catéter, el sistema distribuye el fluido gota a gota, de manera muy lenta.

El goteo en el trabajo de parto

Colocar un plan de hidratación parenteral es una medida preventiva. Mientras no se suministren medicamentos (antiespasmódicos, antibióticos, analgésicos, antitérmicos), solo permite el pasaje de líquido e hidrata a la futura mamá como si estuviera bebiendo.

Pero en ocasiones, cuando las contracciones no son lo suficientemente regulares e intensas, es preciso estimularlas administrando una droga llamada oxitocina, diluida en una solución dextrosa o salina.

De todos modos, no debe asustar: la oxitocina provoca las contracciones pero no por eso van a resultar más dolorosas. De hecho, su intensidad y su frecuencia no dependen de que sean espontáneas o inducidas. Y en cuanto al dolor, cada uno tiene su propio “umbral”.

Por eso, hay mamás que apenas perciben las contracciones y otras que las padecen más.

¿Cómo actúa lo oxitocina?

La oxitocina es una sustancia producida por el cerebro de todos los mamíferos, que se acumula en la parte posterior de la hipófisis para ser liberada cuando se necesite. Básicamente, su tarea consiste en provocar la contracción del músculo del útero, que se va incrementando a lo largo del embarazo.

Cuando la frecuencia o la intensidad de las contracciones originadas por la oxitocina materna no resultan suficientes para desencadenar el trabajo de parto, es preciso administrar oxitocina diluida por medio de un goteo.

En el postparto inmediato, también se la puede utilizar para acelerar la expulsión de la placenta y las membranas (alumbramiento), y mejorar el pasaje de sangre al bebé, a fin de evitar que sufra una anemia.

Pero además, la oxitocina tiene otras funciones: ayuda a evitar el sangrado posterior al alumbramiento, contribuye a la retracción del útero, y favorece la salida de la leche materna.

Sólo cuando es necesario

El goteo con oxitocina no es un procedimiento de rutina. Solo se realiza cuando es necesario para:

  • Inducir o conducir el trabajo de parto.
  • Favorecer el alumbramiento.
  • Mejorar la contracción uterina después de la rotura de la bolsa.
  • Evitar la hemorragia postparto, una de las causas más importante de muerte materna.
  • Evitar pérdidas sanguíneas excesivas cuando la mamá padece hipertensión arterial.
  • Favorecer la eyección de la leche materna.

La oxitocina después del alumbramiento

En determinados casos, puede administrarse oxitocina después del alumbramiento. Por ejemplo:

  • Cuando el bebé es muy grande (macrosomía fetal).
  • Cuando se trata de un embarazo múltiple.
  • Cuando la mamá tiene mucho líquido en la bolsa (polihidramnios).
  • Cuando la madre estuvo embarazada muchas veces, y el útero tiene dificultad para contraerse.
  • Cuando el trabajo de parto se hace muy prolongado.
  • Cuando se trata de una mamá añosa.
  • Durante el puerperio, en forma de spray por vía nasal, para favorecer la retracción uterina (sobre todo si la mamá es hipertensa), o para facilitar la eyección de la leche materna.

Un método seguro

La administración de oxitocina diluida en forma controlada no conlleva ningún riesgo para la mamá ni para el bebé.

Si están dadas las condiciones (embarazo de término y cuello “maduro”), el goteo con oxitocina es seguro y eficaz para desencadenar las contracciones, que provocarán el acortamiento (borramiento) y la dilatación del cuello uterino, y que, junto con los pujos, ayudarán al bebé a descender por el canal de parto.

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