Psicología para niños desobedientes

Niños desobedientes: 5 claves para actuar

Psicología para niños desobedientes

Los hijos presentan una buena cantidad de desafíos a los padres. Por norma, desde el momento del embarazo, alrededor de ellos existe ilusión, pero también incertidumbre.

En este sentido, no podemos anticiparnos a todo lo que sucederá, ya que cada niño o niña es de una manera.

Generalmente, no tienen por qué surgir problemas mayores, pero cuando se trata de niños desobedientes podemos encontrarnos con cuestas con una considerable pendiente.

La desobediencia en los niños y su actitud desafiante pueden intensificarse con los años si no realizamos un planteamiento adecuado de la situación.

En este caso, no existe una fórmula mágica que lleve a los niños a acatar las normas y comportarse de forma ideal.

No obstante, desde la psicología se pueden aplicar una serie de pautas que reconduzcan la situación. A continuación te traemos algunas de las más importantes.

La desobediencia en los más pequeños

Antes de realizar cualquier intervención, es necesario identificar si el niño o niña es realmente desobediente. En la infancia es común el tránsito por algunas etapas y algunas de ellas se caracterizan por la negación y el desafío a los padres.

Aproximadamente, desde los 15 meses hasta los 3 años, los niños pasan por la “etapa del no“. Durante este período, podemos ver como casi de manera sistemática se posicionan en contra de nuestras propuestas.

No obstante, esto forma parte de su desarrollo social.

Están aprendiendo que sus respuestas tienen un efecto en su alrededor y, por tanto, comienzan a desarrollar su independencia y fortalecer su carácter.

Ante esto, lo mejor es tomar una actitud paciente, entenderlo y prever las situaciones dándoles más opciones donde elegir. De esta manera, se sentirán más cooperativos y las reacciones no serán tan negativas.

La desobediencia como tal, aparece a partir de los 2 o 3 años, tras esa etapa negacionista si no se maneja adecuadamente. Los niños desobedientes son aquellos que se saltan o se niegan a cumplir las normas de forma continua y, además, muestran cierta hostilidad hacia sus padres u otras figuras de autoridad.

Algunos padres piensan que a medida que el niño crezca, la desobediencia irá desapareciendo, pero la verdad es que puede suceder todo lo contrario. Si no se corrigen estas conductas, ni se le proporcionan alternativas de comportamiento, puede ser que ese niño o niña se convierta en un adolescente con un comportamiento disocial.

¿Cómo actuar ante los niños desobedientes?

Para tratar la desobediencia en los niños, lo mejor es comenzar a actuar cuanto antes. Empezar por intervenir en la “etapa del no” puede hacer que todo sea mucho más fácil en los años que vengan. En ese período natural, lo más adecuado, según los expertos, es mantener una actitud que mantenga un equilibrio entre la permisividad y la firmeza.

Una vez pasada esta etapa, si el problema permanece, es recomendable seguir las siguientes instrucciones:

1. Motivar al niño

Los niños desobedientes no disfrutan con su actitud. El problema es que, posiblemente, no conozcan otras formas de actuar ni los beneficios que puede aportarles. Así pues, es necesario encontrar la manera de motivar a los más pequeños a comportarse adecuadamente. Hacerles entender que todos saldrán beneficiados y que puede expresarse de otra manera.

Durante años se ha comprobado y defendido que el mejor estilo educativo es aquel que equilibra la disciplina y el afecto.

Por lo tanto, hay que explicarles con cariño los problemas que se derivan de su comportamiento, de forma que entre ambos se pueda pactar un plan de acción.

De esta manera, los niños comenzarán a entender lo positivo de obedecer y comunicarse de una forma saludable.

2. Actuar inmediatamente sin perder los nervios

Aunque puede resultar muy complicado, es esencial no impacientarse y perder los nervios ante el desafío impuesto por los niños. Muchísimo menos viable es entrar en una pelea por ver quién puede más. Ante una conducta no aceptable, una buena técnica es situarse a la altura del niño y decirle, con un tono suave, pero firme, que no se va a tolerar esa reacción.

Es importante que la reacción o corrección del adulto se produzca de forma inmediata, no horas o días después. Una vez pasado el momento, al niño le será más complicado entender el alcance de su conducta y el malestar o tensión que puede generar. Así como le resultará más difícil relacionar las normas o instrucciones con la situación concreta.

3. Establecer rutinas

Un aspecto clave para evitar comportamientos desobedientes e inesperados es establecer una rutina clara. Mantener un horario estable y una coherencia en el día a día ayuda al niño a prever qué viene después. Facilita que comprenda la dinámica que hay a su alrededor, fomentando su colaboración y el equilibrio en todo lo que hace.

Por el contrario, una rutina desorganizada le transmitirá que no existe una estructura, ni límites ni normas. Que no se espera nada de él y que puede hacer lo que le parezca oportuno en cualquier momento. De hecho, es posible que un niño actúe de forma desobediente o desafiante porque no comprende cuál es responsabilidad.

4. Poner normas y límites

En esa rutina es fundamental que existan normas y límites. Estas deben ser claras, argumentadas y adaptadas a la edad y los recursos.

El niño o niña debe poder entenderlas; si no, no será capaz de llevarlas a cabo.

Por ello, es importante, a la hora de establecer las normas, que todos los miembros estén presentes y se explique por qué se deciden, qué se espera y en qué beneficia.

Los mensajes deben ser claros. De nada sirve que a un niño o niña se le diga “no hagas eso” sin comunicarle cuál es la conducta deseable. Si lo que se pretende es que deje de jugar para que se siente a comer, será mejor indicarle: “Es el momento de dejar de jugar. Deja el muñeco en su sitio y siéntate a comer”.

5. Evitar el castigo y reforzar los buenos comportamientos

Durante años se ha venido comprobando que al utilidad del castigo es cuestionable. Es más, un castigo puede conllevar más actitudes desafiantes y comportamientos indeseables, porque la conducta inadecuada está teniendo un efecto. Así, los resultados del reforzamiento, o lo que es lo mismo, recompensar los comportamientos positivos, son muchos más potentes.

Cuando el niño o niña se porte bien, es fundamental indicarle que eso está bien y por qué. Para ello no es necesario hacerle un regalo o darle algo material. Basta con un gesto de cariño, agradecérselo y comunicarle la satisfacción. Un abrazo o unas palabras serán suficientes para que también ellos quieran repetir esa situación.

La desobediencia no nace de la nada

Si hay en casa niños desobedientes, hay que recordar que esta actitud no nace de la nada y que no se produce por capricho. Detrás de estas conductas es posible que haya un niño intentando comunicar que quiere participar en su entorno. Puede que necesite saber qué se espera de él y cómo tiene que actuar.

Por ello, es fundamental que toda la familia se implique y que las vías de comunicación permanezcan abiertas. Si siguiendo estas pautas el problema se mantiene, sería necesario considerar la posibilidad de acudir a un profesional para que guíe el proceso.

Источник: https://lamenteesmaravillosa.com/ninos-desobedientes-5-claves-para-actuar/

Niños desafiantes y desobedientes ¿Qué podemos hacer?

Psicología para niños desobedientes

Hay niños a los que les cuesta cumplir las normas, seguir órdenes y que, a menudo, desafían abiertamente a sus padres.

 Cuando les pedimos algo, la palabra que más escuchamos es “no”, “ahora voy”, “luego”.

 Tienen dificultades para tolerar la frustración, quieren salirse siempre con la suya, parece que se sienten cómodos en el conflicto, parece “que nos buscan” (y, a menudo, nos encuentran).

Y los papás nos preguntamos ¿Por qué mi hijo se comporta así? ¿Qué hago mal? ¿Cómo debo tratarle?Vamos a tratar de dar respuesta a estas preguntas.

¿Por qué se comporta así?

Puede haber muchas causas detrás del comportamiento desafiante y disruptivo de nuestro hijo. Por lo general, habrá más de una causa, ya que en psicología rara vez una única causa explica un comportamiento.

Es posible que nuestro hijo tenga un temperamento difícil, un carácter fuerte, o que tenga unos rasgos de personalidad determinados que favorecen este tipo de comportamientos.

Esto es algo con lo que el niño «nace», son factores hereditarios.

Por otro lado, está el estilo educativo de los padres. Generalmente, detrás de estos problemas de conducta hay un estilo educativo parental demasiado permisivo.

Papás a los que les cuesta hacer cumplir las normas, que tienen dificultades para manejar los retos y desafíos de los niños o que sucumben a menudo a las peticiones de los niños «por no oírles».

Los niños tienen una capacidad especial para llevar la perseverancia a su máxima expresión, y lo difícil es mantenernos firmes y ser más constantes aún que ellos.

Hay que tener en cuenta también si existe algún otro problema que pueda estar influyendo en la conducta de nuestro hijo. Por ejemplo, los niños con TDHA, en un alto porcentaje, presentan problemas de conducta. Los niños depresivos también pueden exhibir este tipo de comportamientos, ya que la depresión en niños no tiene los mismos síntomas que en el adulto.

Por otro lado, una baja autoestima o inseguridad pueden expresarse de esta manera, así como problemas con sus relaciones: sufrir bullying en el colegio, celos de algún hermanito, necesidad de más atención por parte de los padres. A veces, estas malas conductas son la manera en que los niños expresan la rabia que sienten por otras cosas que están sucediendo en su vida y sobre las que no tienen control.

Es importante pedir ayuda de un profesional si sospechamos que nuestro hijo pueda presentar cualquiera de estos problema. Por lo general, como decíamos, la causa suele ser la suma de varias.

Si hemos descartado que el niño necesite intervención psicólogica, y consideramos que se trata más bien de un problema relacionado con su temperamento y nuestro estilo de crianza, es el momento de ver qué podemos hacer.

¿Qué estoy haciendo mal?

No se trata de buscar culpables, pero si de asumir responsabilidades. Como padres tenemos que ser conscientes de esa responsabilidad.

Hay una parte que no depende de nosotros y que, cómo decíamos, puede estar relacionada con el carácter del niño o con circunstancias por las que atraviesa, pero hay otra parte que depende directamente de nosotros.

De si conocemos bien a nuestro hijo, del tiempo y la dedicación que le brindamos, de nuestra capacidad para informarnos y «aprender» a educar a nuestros hijos. De nuestro estilo educativo y nuestra dispobilidad emocional.

¿Qué podemos hacer?

Empezar a educar desde que nacen. A veces escucho a los papás decir que no ponen límites a sus hijos, o no les dicen cómo deben comportarse, o no les enseñan normas básicas de educación, «porque son demasiado pequeños» (y no se están refiriendo a un niño de un año). Los niños están aprendiendo SIEMPRE.

Son pequeñas esponjas con una capacidad grandísima de aprendizaje, de observación, de ensayo y error. Habrá muchas cosas que las aprenderán simplemente de vernos a nosotros. Otras irán aprendiéndolas a base de experimentar las consecuencias de sus actos. Otras por ensayo y error.

Y muchas otras, porque nosotros se las enseñamos directamente.

La frustración. El gran caballo de batalla

La frustración es el sentimiento desagradable que se experimenta cuando no se consigue lo que uno quiere. Aprender a tolerarla es muy importante, porque en la vida son muchísimas las ocasiones en que es necesario tolerar lo que no nos gusta, que las cosas no salgan como esperamos, etc.

¿Y cómo se aprende? Poco a poco, desde pequeños. En primer lugar, experimentándola. Los padres a veces no permitimos que eso suceda. Nos anticipamos a las consecuencias negativas de las cosas, sobreprotegemos. Damos a los niños todo lo que piden. Consentimos sus conductas inapropiadas.

 Así que no les estamos permitiendo experimentar la frustración.

Y aprender a manejarla. Este es el segundo aprendizaje que deben hacer nuestros hijos. Aprender a tolerar las emociones negativas que acompañan a la frustración, y saber qué hacer con ellas, cómo expresarlas.

La rabia es la emoción que suele aparecer. La rabia se puede expresar de muchas maneras, algunas mejores para nosotros que otras. Puede aparecer en forma de violencia ( pegar, insultar, golpear objetos), en forma de llanto y de gritos.

Como padres debemos favorecer una expresión adecuada de la ira, enseñando al niño a ir controlándola y manejándola, y permitiendo que esa emoción se exprese pero en formas más adaptativas. Se trata de dar salida a la ira, no se trata de evitarla o de anularla. Pero de la manera adecuada.

Poner límites claros, normas claras

Y hacerlas cumplir. Hay muchas formas. No es necesario ni mucho menos estar todo el día castigando. Hay que saber motivar, hay que hacer entender las consecuencias de sus actos, también permitir que las experimenten, hay que ofrecer consecuencias positivas a su buen comportamiento, y hay que predicar con el ejemplo.

Ser consecuente, y perseverante

No vale castigar y levantar el castigo a la media hora. No vale permitir hoy una conducta, y mañana no. No vale educar según tenga yo el día ni según mi grado de cansancio.

Elegir las batallas

Pocas pero con paso firme. No tolerar lo intorable. Y dejar pasar lo intrascende. A veces nos desfondamos en cosas sin importancia «lávate los dientes», » no pongas los pies en el sofá», pero permitimos insultos, agresiones y faltas de respeto.

Si ves que no sabes cómo hacerlo, pide ayuda

A veces los padres necesitan unas pocas sesiones de asesoramiento con un psicólogo para que les dé pautas. Otras veces es necesario también intervenir con el niño, pero no siempre. Ante la duda, consultar. También son muy importantes las escuelas de padres y los libros sobre educación.

«Cuando nace un niño, nacen un padre y una madre». Y no, no traen manual de instrucciones. Así que tomemos nuetro tiempo en aprender a ser buenos padres y madres, porque es de las tareas más bonitas y, a la vez, más difíciles que vamos a hacer en nuestra vida.

Úrsula Perona
Psicóloga infantil
Colaboradora de Sapos y Princesas

ConsejosEducación en casaConducta conflictiva Hiperactividad – TDAH Infantil (3-6 años) Límites Preadolescencia (11-12 años) Primaria (7-10 años) Rabietas Valores

Источник: https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/educacion-en-casa/que-hacer-con-ninos-desafiantes-y-desobedientes/

Niños desobedientes: ¿Por qué?

Psicología para niños desobedientes

Los niños desobedientes son aquellos niños que, de manera reiterada y a lo largo del tiempo, reaccionan con un patrón de conducta disruptiva.

La conducta disruptiva es aquel comportamiento que busca el enfrentamiento, desafía las normas y límites de los adultos, sigue un comportamiento agresivo (verbal y/o físico) y tiene dificultades para regular sus emociones y conducta.

Forma parte del desarrollo normal de un niño el hecho de experimentar con los límites, poner a prueba la autoridad de los padres o adultos.

Este proceso es lógico y necesario para que el niño empiece a entender cuáles son los límites y qué pasa si se los salta. De este desarrollo dependerá la identidad y personalidad del niño.

¿Qué pasa cuando ese experimento supone una dinámica negativa en el hogar, que se repite en el tiempo y no cambia?

En esos casos, los niños desobedientes no contestan cuando se les llama, no cumplen sus obligaciones, se niegan a recoger sus cosas y ayudar en casa, e incluso contestan mal a sus padres o cuidadores. ¿Por qué se ha llegado a ese punto?

Factores personales en niños desobedientes

Existen factores personales asociados a los niños desobedientes, es decir, aquellas condiciones que favorecen el desarrollo de una conducta negativa en el niño. Éstos son:

  • Tener vulnerabilidad biológica para el desarrollo de problemas del comportamiento
  • Tener un temperamento elevado, es decir, una alta reactividad, un efecto negativo alto y una falta de regulación
  • Haber generado un vínculo inseguro con las figuras de apego (padres o cuidadores)
  • Padecer un retraso cognitivo
  • Tener un déficit en pautas sociales

Padres de niños desobedientes

Por otro lado, existen otros factores externos al niño asociados al desarrollo de la conducta desobediente. Los estilos educativos asociados al desarrollo de problemas de conducta en niños son:

  • Insensibilidad o falta de respuesta a las necesidades del niño
  • Falta de atención
  • Falta de calor y afecto expreso
  • Estimulación social y cognitiva limitada
  • Estrategias de control inflexibles
  • El castigo físico
  • Estrategias de control laxas
  • Expectativas de desarrollo inapropiadas

En cuanto a la composición familiar asociada al desarrollo de los problemas de conducta:

  • Desacuerdos de pareja
  • Trastornos psicológicos de los padres
  • Desacuerdo parental referente a los estilos educativos y de crianza.

Los niños desobedientes, sean cuales sean las variables que han originado y mantenido el problema, obtienen algún premiopor su conducta negativa. Es por ese motivo que la conducta no se ha extinguido ya. El niño desobediente obtiene algo que considera valioso para él o ella. Con su conducta de desobediencia puede conseguir:

  • La atención y mirada de sus padres (aunque sea una mirada de horror)
  • Conseguir no hacer cosas (no ordenar, no recoger, no cooperar en casa)
  • Conseguir obtener cosas (un premio por dejar de chillar o pegar, que le hagan los deberes, que le dejen ver los dibujos que quiere)

Tratamiento para niños desobedientes y sus familias

En CAPIA trabajamos las dinámicas familiares para abordar los problemas de comportamiento en los niños desobedientes. Ello quiere decir que primero evaluamos el problema a través de una entrevista con los padres.

En esta entrevista se llega a una primera hipótesis del motivo por el cual el niño muestra este problema, y qué variables están haciendo que se mantenga en el tiempo. En segundo lugar, se lleva a cabo una evaluación del niño.

En esta evaluación se observan variables personales del niño, y aquellos significados que él o ella da a la dinámica familiar. Se descartan otros problemas que pudieran estar asociados al problema de conducta del niño (como por ejemplo una reacción a una situación estresante para él/ella).

En tercer y último lugar, se lleva a cabo la intervención. En ella, se buscan otras vías por las cuales el niño pueda aprender a expresar sus deseos, antes expresados a través de la conducta negativa, y aprenda a entender la importancia de las normas y límites.

En la intervención se plantean unas normas y límites para el hogar, y unas reglas claras y concretas de cómo el hijo lo llevará a cabo.

En la implementación de normas y límites (llamado Metas y Premios) se proponen una serie de ventajas (para el hijo) por el cumplimiento de dichas normas.

Se propone un registro semanal de las metas y los premios que se conseguirá (nunca materiales), más un cambio conductual de los padres, que facilite la conducta positiva del hijo. Esta intervención, sumada a una intervención sobre la autoestima del niño, hará posible la eliminación de las conductas negativas del niño desobediente.

Ponte en contacto con nosotros y encuentra un especialista en problemas de comportamiento en niños y adolescentes. CONTACTO.

Miriam Bosch

Psicóloga col. 21339

Fundadora y directora en:
CAPIA – Centre d’Atenció Psicològica Infanto-juvenil i de l’Adult
C/ Caballero, 40 bajo 08014 Barcelona

Tel. 93 008 42 27

Móv. 688 93 81 82
info@psicologiacapia.com

Источник: https://www.psicologiacapia.com/ninos-desobedientes-por-que/

Consejos para corregir la conducta de niños rebeldes

Psicología para niños desobedientes

Publicado en BlogFamiliaNiñez

Desde nuestra área de psicología infantil en Cartagena, nuestra psicóloga infantil nos trae varios consejos para corregir la conducta de niños rebeldes.

Ningún padre se propone educar a un niño malcriado. Sin embargo, los bebés no vienen con un manual de instrucciones bajo el brazo, por lo que a menudo es necesario recurrir a nuestro instinto, lo cual no es siempre garantía de éxito.

No cabe duda de que la crianza es una de las tareas más complejas y desafiantes a la que nos enfrentamos a lo largo de la vida, por lo que es normal cometer errores que terminen reflejándose en el comportamiento infantil.

La buena noticia es que podemos rectificar esos fallos. Nunca es demasiado tarde para detectar qué estamos haciendo mal y reencauzar nuestras pautas educativas porque una educación demasiado protectora o permisiva puede tener consecuencias terribles, no solo para el desarrollo del niño sino también para la dinámica familiar.

Los padres deben tener presente que un niño malcriado no es un niño feliz, y su familia tampoco lo es. Por eso es fundamental aprender a detectar las primeras señales de peligro y ponerles coto lo antes posible.

¿Qué es un niño rebelde?

El niño rebelde no nace, se hace. Eso significa que es el resultado de un estilo de crianza demasiado permisivo. Un niño no se malcría por recibir amor, abrazos, mimos y cariño. Se malcría por la ausencia de límites y normas.

De hecho, aunque la etiqueta “malcriado” se le adjudica al niño, en realidad es tan solo el reflejo de una educación inadecuada en la que todos se pliegan a sus deseos. El niño rebelde es, por tanto, un pequeño que muestra una actitud prepotente, demandante y egocéntrica que le impide relacionarse de manera asertiva con los demás, lo cual termina afectando su desarrollo.

¿Cómo corregir a los niños rebeldes?

  1. Identifica los comportamientos a cambiar. Puede parecer una verdad de Perogrullo, pero no lo es. Muchos padres cometen el error de generalizar tanto que terminan echando en el mismo saco todos los comportamientos infantiles. Al colocar la etiqueta de “hijo malcriado” lo que haces es reforzar los comportamientos problemáticos. Por eso, el primer paso para corregir a un niño malcriado consiste en identificar los comportamientos a cambiar y, sobre todo, los comportamientos positivos a reforzar.
  2. Deja de excusarle. No minimices el mal comportamiento de tu hijo. No justifiques sus rabietas diciendo “es cosa de niños” ya que ello le alentará a mantener ese patrón de comportamiento. Tampoco es conveniente que pidas disculpas en su lugar cuando comete algún error. Debe aprender a responsabilizarse por su comportamiento y asumir las consecuencias por lo que, en vez de excusarte en su lugar, anímalo a pedir disculpas. Asumir los errores es el primer paso para madurar y abandonar la postura egocéntrica.
  3. Establece reglas consistentes. Para que un niño malcriado deje atrás sus malos hábitos y construya otros nuevos y más adaptativos, debes indicarle el camino estableciendo una serie de normas. Debes aplicar esas reglas sin importar dónde ha tenido lugar el acto de falta de respeto. Lo más importante es ser consistente porque si el niño nota que unas veces aplicas las normas y otras no, se sentirá confuso y le resultará más fácil seguir comportándose mal que esforzarse por desarrollar una buena conducta.
  4. Especifica. No reprendas al niño, reprende el comportamiento. No digas frases como “eres un hijo malcriado”. Especifica lo que no te ha gustado y cómo debería haberse comportado. Puedes decirle, “en esta casa no se alza la voz”, de manera que no solo indiques el mal comportamiento, sino que también le hagas notar lo que esperas de él.
  5. Permite que los otros adultos lo regañen. En el pasado, era normal que los maestros y adultos regañaran a los niños cuando hacían algo mal. Ahora muchos padres lo desaprueban y exigen ser ellos quienes regañen al niño. Sin embargo, no hay nada malo en que otros adultos corrijan los malos comportamientos, siempre que lo hagan de manera adecuada y dentro de límites razonables. Eso le motivará a comportarse de manera más respetuosa en todos los contextos.
  6. Deja que afronte sus propios problemas. Muchas veces, un niño malcriado es un niño mimado y sobreprotegido. Los padres generalmente quieren evitarles problemas a sus hijos, pero convertirse en unos padres helicóptero no les hará bien, al contrario, les arrebatará oportunidades para poner a prueba sus habilidades y madurar. Por tanto, siempre que sea posible, deja que tu hijo resuelva los problemas por sí solo. Dale pequeñas ayudas, si las necesita, pero no resuelvas todo en su lugar.
  7. No interactúes cuando está enfadado. Nunca debes tolerar las respuestas groseras, pero no tiene mucho sentido intentar razonar con el niño cuando está demasiado enfadado. Explícale que solo le responderás cuando sea capaz de comunicarse de manera adecuada. En muchos casos, los comportamientos malcriados son una demanda de atención, por lo que dejar de prestarle atención a tu hijo cuando se enfada puede hacer que ese comportamiento se extinga pues comprenderá que no es una estrategia válida para lograr sus deseos.
  8. No permitas ningún tipo de chantaje emocionalMuchos padres, con tal de evitar las rabietas o el enfado de los niños, sobre todo cuando están en público, terminan cediendo a sus caprichos. Así solo logran reforzar el comportamiento negativo ya que el niño lo asumirá como una estrategia eficaz para lograr lo que desea. En su lugar, debes hacerle comprender que solo a través de la razón y la asertividad podrá lograr lo que quiere.
  9. Refuerza los buenos comportamientos. La mayoría de los padres cometen el error de castigar únicamente los malos comportamientos, olvidándose de brindar un modelo positivo a seguir. Por tanto, no olvides apreciar los buenos comportamientos del niño, hazle saber que comprendes y valoras el esfuerzo que está haciendo para cambiar.
  10. Disciplina con amor, controlando tus reacciones. No disciplines por vergüenza o enfado. Es posible disciplinar con firmeza pero desde el amor. No es conveniente que hagas sentir a tu hijo avergonzado ni que pierdas la calma. Recuerda que eres su modelo a seguir y, si le estás pidiendo que sea capaz de controlar sus emociones, debes demostrar que sabes gestionar las tuyas. Jamás condiciones el amor. Tu hijo debe saber que le amas.

Источник: http://www.psicologiamenssana.com/blog/consejos-para-corregir-la-conducta-de-ninos-rebeldes/

Terapia psicológica para niños rebeldes

Psicología para niños desobedientes

Aunque tanto niños como niñas pueden mostrarse rebeldes, es cierto que la rebeldía es un problema más habitual en los niños (hasta tres veces más que en las niñas) y en ciertas etapas como la adolescencia.

La rebeldía puede aparecer por un sistema educativo muy permisivo de los padres, que haga que los niños no sepan aceptar ni respetar las normas de la sociedad, o tras diversos problemas o situaciones familiares complicadas, como un divorcio, la muerte de un familiar, una mudanza, etc. Los niños pueden echar la culpa de estos conflictos a sus padres y, como consecuencia, desobedecer y portarse mal para llamar la atención y mostrarles su descontento.

En los casos más graves, es posible que el niño sufra lo que se conoce como Trastorno Negativista Desafiante (TND), un comportamiento rebelde y desafiante del niño que altera la armonía familiar y que se caracteriza por una conducta extremadamente hostil hacia los padres, llegando incluso a los insultos o los golpes. Además, este problema puede formar parte de otros trastornos como Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) o el Trastorno Disocial.

¿Qué deben hacer los padres?

Si tu hijo se muestra rebelde, lo primero que debes intentar hacer es averiguar la causa para ver si es algo puntual ligado a algún problema que está atravesando o algo permanente que arrastra desde hace tiempo.

Además, puedes seguir estos consejos para minimizar su comportamiento y mejorar su conducta:

1- Mantener el control y no dejar que el niño nos lleve a su terreno de gritos e insultos. Mantén la calma y muestra una actitud responsable para darle el ejemplo adecuado de cómo hay que comportarse.

2- Ayudar a comprender y gestionar sus emociones de otra forma, ya que muchas veces esta rebeldía es fruto de un gran enfado o frustración que el niño no sabe expresar más que portándose mal. También puede ser una llamada de atención, por lo que habrá que estar atento a sus posibles causas.

3- Acuerda unas normas claras y consensuadas con tu pareja y manteneos firmes en su cumplimiento. Muchas veces, el Trastorno Negativista Desafiante se genera cuando el niño aprecia que las normas de conducta son difusas. Las sanciones o consecuencias también deben ser claras y aplicarse en el momento.

4- Las nomas, además, deben ser justas y adaptadas a la edad y madurez del niño, puesto que las normas demasiado estrictas pueden provocar este comportamiento rebelde.

5- Pasa mucho tiempo con tu hijo y crea un vínculo de amor y seguridad. Es importante saber escuchar a nuestro hijo antes de actuar, ponernos en sus zapatos e intentar ver por qué se comporta así, ya que los actos de rebeldía, al menos al principio, suelen tener un motivo. Dialogar y emitir críticas constructivas es mucho mejor que juzgar o castigar.

6- Elogia a tu hijo cada vez que obedezca y se porte de manera adecuada. La educación positiva es mucho más eficaz, aunque puede llevar un tiempo ver resultados, así que paciencia.

Y, si nada funciona y la convivencia cada vez es más complicada, no dudes en buscar ayuda psicológica, ya que la terapia, individual o familiar, puede ayudaros mucho.

Si estos consejos no han funcionado y ya no sabes qué más hacer, no dudes en consultar a un psicólogo infantil especializado en mala conducta, ya que ellos tienen las herramientas y las terapias para averiguar la raíz del problema y fundar unas nuevas bases familiares que mejoren la convivencia y la conducta del niño.

En este caso, la terapia suele ser tanto individual como familiar, ya que el psicólogo necesitará trabajar tanto con el niño, modificando su conducta y sus esquemas mentales, como con los padres y el niño juntos para mejorar su relación.

Dentro de todas las terapias, las más efectiva y habitual en estos casos es la terapia cognitiva conductual (TCC).

Las terapias cognitivo-conductuales están orientadas a la vinculación del pensamiento y la conducta, aceptando la tesis conductista de que la conducta humana es aprendida y puede modificarse, así como los pensamientos que tenemos sobre nosotros y el mundo que nos rodea.

Por ello, la terapia cognitivo conductual ayuda a cambiar la forma cómo piensa (lo cognitivo) y cómo actúa (conductual). Unos cambios que pueden hacer que se sienta mejor consigo mismo lo que, sin duda, redundará en su buen comportamiento.

En resumen, esta terapia se ocupa del desarrollo y la orientación personal, la resolución de conflictos, el entrenamiento en habilidades y estrategias internas y la autorregulación emocional.

Otras terapias que pueden ser positivas y que suelen usarse en este tipo de problemas son la Terapia de modificación de conducta (que se basa en los condicionamientos operantes y el uso de reforzadores y castigos, trabajando las normas y los límites para modificar los malos comportamientos); técnicas de relajación y control de estrés; o el entrenamiento en habilidades sociales si tiene problemas para relacionarse con los demás.

Trastorno Negativista Desafiante

Definición:

Patrón persistente de conducta negativa  hostil, desafiante y exagerada para el nivel de desarrollo sociocultural del niño, y también excesivo para su edad, que le causa un deterioro del funcionamiento social significativo. Ocurre más al sexo masculino que al femenino.

Síntomas:

Frecuente pérdida de los nervios, discusiones repetidas con los adultos, continuas y deliberadas molestias a otras personas, censuras a otros por sus errores, se molestan fácilmente con otros, suelen enfadarse y estar resentidos y suelen mostrarse con frecuencia rencorosos y vengativos.

Tratamiento:

No existen tratamientos farmacológicos útiles para este trastorno. Se puede acudir a los especialistas para que ayuden al niño a canalizar esos ataques de rabia repentina fomentando también la terapia familiar.

Los padres por su parte deberán establecer normas de comportamiento en casa y deberán ser intransigentes y poco permisivos, han de mantenerse fuertes en casos de rebeldía excesiva y penalizar al hijo siempre que éste viole o salte alguna de las normas dispuestas en casa.

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Источник: https://www.todopapas.com/ninos/psicologia-infantil/terapia-psicologica-para-ninos-rebeldes-10434

Cómo educar a los niños desafiantes y rebeldes: 8 consejos de crianza

Psicología para niños desobedientes

La crianza de los hijos puede generar angustia cuando los niños no hacen caso a las indicaciones de los padres, o incluso toman actitudes desafiantes cuando se les da una indicación. Esto es algo que suele pasar a menudo y muchos padres y madres no saben qué hacer al respecto.

En este artículo veremos cómo educar a los niños desafiantes y rebeldes de manera que la crianza no se vuelva un proceso angustioso para adultos y niños. Además, también vamos a ver la importancia de corregir este tipo de conductas a tiempo.

¿Por qué es importante corregir estas conductas?

Algunos padres no hacen caso del comportamiento desafiante de sus hijos, y piensan de manera errónea que a medida que vayan creciendo irán dejando atrás estos comportamientos sin necesidad de que ellos tengan que intervenir. Nada más alejado de la realidad.

La verdad es que si no sabemos cómo educar a los niños y niñas desafiantes y rebeldes estamos expuestos a que estas conductas se vayan intensificando a medida que crezcan, y luego será cada vez más complicado corregir estos patrones de comportamiento negativos.

Lo ideal es que nos aboquemos en corregir las conductas no deseadas cuanto antes; es más probable que existan cambios significativos en la conducta cuando los niños en etapas tempranas del desarrollo social y cognitivo. De no hacer caso a las conductas oposicionistas de los niños, luego podríamos tener que afrontar la situación de tener un adolescente con comportamiento marcadamente disocial.

Existe una triada de rasgos psicológicos que comienza en la niñez con los comportamientos desafiantes; luego en la adolescencia estos comportamientos se intensifican y pasan a conocerse como disociales, hasta llegar a su desarrollo total en la edad adulta.

¿Cómo educar niños desafiantes?

En las próximas líneas vamos a ver un listado de consejos sobre cómo educar adecuadamente a los niños con conductas de constante oposición a la norma y la rebeldía.

1. Disciplina con afecto

Por lo general, muchas personas piensan que el afecto únicamente consigue consentir a los niños, y la verdad es que es todo lo contrario. Se puede disciplinar empleando el afecto como base, el secreto está en mantener un equilibrio adecuado entre afecto y autoridad.

2. Evita los castigos físicos

Cuando golpeamos a los niños porque se han portado mal, lo único que hacemos es reforzar en ellos los comportamientos negativos. Les damos motivos para que nos desafíen, y los hacemos volverse desobedientes para salir de esa dinámica de violencia.

Ten en consideración que cuando le pegas a un niño no estás haciendo que te respete, sino que te tema, y educar en base al temor nunca es saludable para nadie. En lugar de castigos físicos, puedes optar por quitarle al niño algún objeto que para él sea significativo, o en su defecto algún privilegio durante un tiempo.

También es importante que le expliques al niño por qué lo estás castigando, así el podrá internalizar que la conducta negativa que realizó lo llevó al castigo y de esa manera comienza la extinción de dicho comportamiento en él. No vale de nada castigar arbitrariamente sin una explicación de por medio.

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3. Evita reírte de las conductas negativas

Un error bastante común que comente los cuidadores es tomar como algo gracioso los comportamientos desadaptativos de los niños, incluso llegar a reírse de las conductas negativas que presenta el infante. Aunque esto en principio pueda parecer inofensivo, en realidad se trata de un reforzamiento negativo, lo cual nos perjudicará.

Si tomamos como algo gracioso la rebeldía de los niños, sus pataletas o sus maneras de burlar las normas, estaremos normalizando esta conducta en ellos, y luego será más complicado hacer que desaparezcan los comportamientos no deseados.

Lo ideal es mostrarles que lo que han hecho nos afecta, y tomar una actitud seria en el momento de hacerlo.

4. No dejes pasar las faltas de respeto

Algunos padres o cuidadores permiten que los niños tengan un trato hostil hacia ellos, y no les corrigen cuando les levantan la voz o les contestan de mala manera. Este tipo de crianza permisiva tampoco resulta saludable para ninguna de las partes.

Si no les enseñamos a los niños el valor del respeto desde pequeños, irán creciendo con la idea equivocada de que tienen el derecho de expresar sus ideas de forma hostil y de que eso es normal. Se trata de hacerles ver a los niños que existen formas adaptativas de expresar sus emociones, con amabilidad y respeto.

5. Evita las comparaciones

A los niños les gusta sentirse especiales, y que los adultos significativos para ellos así lo vean. Cuando cometemos el error de hacer comparaciones habituales entre dos o más niños, estamos generando una sensación de frustración en ellos. Lo más recomendable es enfocarnos hacia las virtudes de cada uno de ellos, sin comparar.

6. Demuestra amor incondicional

El amor incondicional que les brindamos a los niños representa un factor protector ante cualquier conducta negativa que este puedan llegar a tener; la manera correcta de hacerlo es mediante la disciplina positiva. Abrazando, demostrando cariño verbalmente, y pasando tiempo de calidad con ellos.

7. Ayuda con la rutina

Las rutinas ayudan a los niños a mantener un control sobre sí mismos, y al mismo tiempo favorecen que vayan a prendiendo a ser disciplinados respecto a las cosas que deben hacer. Es recomendable que junto con el niño o niña hagamos un cronograma de las actividades diarias y nos encargamos de ayudarle a cumplirlas.

8. Premia el buen comportamiento

Del mismo modo en el que debemos castigar los malos comportamientos, es importante asegurarnos de que el niño sepa que estamos contentos con su manera de comportarse. Los premios no tienen que ser objetos necesariamente; decirle que estamos contentos con él y mostrarle afecto en el momento adecuado bastará.

Referencias bibliográficas:

  • Castorina, J.A. y Lenzi, A.M. (comps.) (2000). La formación de los conocimientos sociales en los niños. Investigaciones psicológicas y perspectivas educativas. Barcelona: Gedisa.
  • Pérez Pereira, M. (1995). Nuevas perspectivas en psicología del desarrollo. Un enfoque histórico crítico. Madrid: Alianza Editorial.

Источник: https://psicologiaymente.com/desarrollo/como-educar-ninos-desafiantes-rebeldes

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