¿Qué decirle a un niño cuando llora?

11 frases para decirle a tu hijo cuando está llorando

¿Qué decirle a un niño cuando llora?

No es ningún secreto que escuchar a nuestros hijos llorar nos hace sentir incómodos. Solo piensa en lo ansioso que te sientes cuando tu pequeño llora sin una razón obvia.

 Sabemos que la forma principal de comunicación de un recién nacido es llorar, pero todavía lo vemos como algo que debe “arreglarse”, como si estar llorando fuese algo malo.

Por eso, dile estas frases a tu hijo cuando está llorando.

Una vez que ese bebé se convierte en un niño que camina y habla, a veces, esperamos que procese las emociones de la manera en la que lo hacemos nosotros, en lugar de la forma en la que siempre lo han hecho: llorando.

De hecho, hay estudios que muestran que nuestros cerebros están programados para tener una reacción instantánea ante un niño que llora, y nos hacen más atentos y listos para ayudar y actuar rápido.

Un bebé que llora desencadena una respuesta de lucha o huida, aumenta el ritmo cardíaco y nos empuja a la acción, incluso si ese niño no es nuestro. Parece que tenemos que reaccionar ante un niño que llora, pero ¿cómo?

Un niño llorando no siempre está triste

Para muchos niños pequeños, llorar no es un reflejo de tristeza, sino una forma de procesar cualquier emoción. Pueden llorar de ira, de frustración, de miedo, de emoción, de confusión, de ansiedad o incluso de felicidad.

El problema es que también pueden carecer de la capacidad verbal y de la autoconciencia para explicar cómo se sienten. Esto significa que preguntarles qué es lo que pasa rara vez dará una respuesta productiva.

Decir “¡No llores!” te hace la vida más difícil

Puedes pensar que detener el llanto también evitará que tu hijo y tu corazón sufran, pero cuando le dices a tu hijo que deje de llorar o “No llores”, inmediatamente, pensará que no entiendes cómo se siente. Por lo tanto, es probable que tu mensaje se haga más fuerte y más persistente.

Al pedirle o decirle que pare, también le estás diciendo a tu hijo que sus emociones son inválidas y que no tienen importancia. Independientemente de cuán trivial te parezca la razón, tu incapacidad para reconocer cómo se siente en ese momento os priva a ambos de la oportunidad de aprender a procesar esa emoción de una manera más positiva.

Nuestro objetivo como padres, por muy difícil que parezca, es apoyar el desarrollo de la autorregulación emocional de los pequeños, algo que solo podemos hacer cuando los tratamos con empatía y comprensión.

No distraigas a tu hijo cuando está llorando

Muchos de nosotros, como padres, vemos la distracción como la herramienta definitiva en nuestro arsenal emocional, y suponemos que, si podemos distraer a nuestro niño que llora de lo que sea que esté llorando, puede dejar de llorar por completo. Sin embargo, lamentablemente, la distracción hace que pierdas la oportunidad de conectar con tu hijo y que puedas enseñarle a lidiar con sus emociones.

¿Qué decir en su lugar? 11 frases para decir a tu hijo cuando está llorando

La próxima vez que te enfrentes a un niño que llora, trata de tomarte un momento para asegurarte de estar tranquilo. Si estás enfadado, estresado o frustrado, las cosas que dices solo aumentarán la angustia de tu hijo.

Toma un respiro o dos, reconoce cómo se siente, concéntrate en lo que está sucediendo dentro de su cuerpo (su corazón puede latir un poco más rápido su mandíbula puede estar apretada, puede sentirse tenso…). Cuando estés lista, dile estas frases a tu hijo cuando está llorando:

  1. “Estamos en el mismo equipo, te ayudaré a estar mejor”.
  2. “Puedo ver que esto es difícil para ti”.
  3. “Entiendo que estés triste (decepcionado, asustado, ansioso, feliz…) y eso está bien”.
  4. “Todos nos hemos sentido así alguna vez, es normal”.
  5. “Vamos a tomar un descanso”.
  6. “Eso ha sido realmente triste, frustrante o decepcionante, ¿verdad?”.
  7. “Te quiero, estás conmigo, estás bien”.
  8. “¿Quieres un poco de ayuda para volver a intentarlo?”.
  9. “¿Necesitas un descanso para intentarlo de nuevo después?”.
  10. “Puedo escuchar que estás llorando, pero no sé lo que necesitas. ¿Puedes ayudarme a entenderlo?”.
  11. “Vamos a encontrar una solución juntos”.

Además, recuerda mantener silencio y darle espacio mientras tu hijo llora, si es lo que necesita en ese momento. Sé un pilar de empatía y fortaleza para que sepa que puede confiar en ti en cualquier momento de su vida.

En definitiva, todos los padres queremos ayudar a nuestros hijos a desarrollar habilidades para resolver problemas. Encontrar una solución que les ayude a procesar sus emociones les enseña cómo ver la situación objetivamente y encontrar posibles soluciones.

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Источник: https://eresmama.com/11-frases-decirle-hijo-cuando-esta-llorando/

Calmar las rabietas

¿Qué decirle a un niño cuando llora?

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Los padres esperan rabietas de los niños de 2 a 3 años de edad, pero los arranques de enojo no necesariamente se detienen después de la primera infancia. Los niños mayores a veces también tienen problemas para manejar el enojo y la frustración.

Algunos niños solo pierden la calma ocasionalmente. Pero a otros parece costarles más trabajo cuando las cosas no salen como ellos quieren. Los niños que, por naturaleza, tienden a tener reacciones fuertes necesitarán más ayuda de sus padres para controlar sus rabietas.

Controlar los arranques puede ser difícil para los niños, y ayudarlos a aprender a hacerlo es un trabajo difícil para los padres que los aman. Intente ser paciente y positivo, y tenga en cuenta que desarrollar estas habilidades toma tiempo y que prácticamente todos los niños pueden mejorar con la orientación adecuada.

El rol de un padre

Manejar a los niños puede ser un reto. Algunos días, mantener la paz y la calma al mismo tiempo parece imposible. Sin embargo, cuando está reaccionando a un empeoramiento ocasional del temperamento o a un patrón de arranques, controlar su propio enojo cuando las cosas se encienden hará más fácil enseñar a los niños a hacer lo mismo.

Para ayudar a controlar una rabieta, intente ser aliado de su hijo. Los dos están apoyando a su hijo para que triunfe sobre el temperamento que sigue ocasionando problemas.

Si bien su propia paciencia se puede desgastar debido a los arranques de enojo, la oposición, el desafío, las peleas y las contestaciones, es durante estos episodios que usted más necesita tener paciencia. Por supuesto, usted está enojado, pero lo que cuenta es cómo lo maneja.

Reaccionar a las crisis de su hijo con sus propios gritos y arranques, solamente les enseñará a hacer lo mismo (y de hecho, se asocia con un incremento de las conductas negativas de su hijo). Pero mantener la calma y manejar tranquilamente una situación frustrante le permite mostrar y enseñar formas adecuadas de manejar el enojo y la frustración.

Digamos que escucha a sus hijos pelear por un juguete en la otra habitación. Usted lo ha ignorado, esperando que puedan resolverlo entre ellos. Pero la discusión se transforma en gritos y pronto escucha portazos, el sonido de un golpe y llanto. Decide involucrarse antes de que alguien salga realmente lastimado.

Al momento en que usted llega a la escena de la pelea, puede que esté a punto de perder su propia paciencia. Después de todo, el sonido de los gritos es molesto y es posible que se sienta frustrado porque sus hijos no comparten o no están intentando llevarse bien. (¡Y usted sabe que, dentro de poco, el juguete por el que están peleando se perderá, se romperá o será ignorado!)

Entonces, ¿cuál es la mejor forma de reaccionar? Con su propio autocontrol intacto. Enseñar mediante el ejemplo es su herramienta más poderosa. Hable con calma, claridad y firmeza, no con enojo, culpa, críticas severas, amenazas ni palabras humillantes.

Por supuesto, es más fácil decirlo que hacerlo. Pero recuerde que está intentando enseñar a sus hijos cómo manejar el enojo. Si grita o amenaza, modelará e inculcará precisamente los tipos de conducta que desea desalentar. Sus hijos verán que usted está tan enojado y es tan incapaz de controlar su propio temperamento, que no puede evitar gritar, y eso no les ayudará a aprender a no gritar.

Lo que puede hacer

Regular las emociones y controlar el comportamiento son habilidades que se desarrollan lentamente a lo largo del tiempo durante la niñez. Como cualquier otra destreza, sus hijos necesitan aprenderla y practicarla, con su ayuda.

Si normalmente su hijo no tiene rabietas, en las raras ocasiones en que esto suceda, es posible que todo lo que tenga que hacer es revisar las reglas claramente, pero con calma.

«Sé que estás molesto, pero nada de gritos ni de insultos, por favor» podría ser todo lo que su hijo necesita para recuperar la compostura.

Siga con claridad, calma y paciencia, dando una instrucción como «dime por qué estás enojado» o «por favor, discúlpate con tu hermano por decirle eso». De esta forma, estará guiando a su hijo de vuelta a una conducta aceptable y alentando el autocontrol.

Además, dígale a su hijo lo que sucederá si no se calma; por ejemplo «si no te calmas, tendrás que irte a tu cuarto hasta que puedas dejar de gritar».

En el caso de los niños cuyos arranques de rabietas son rutinarios, es posible que carezcan del autocontrol necesario para manejar la frustración y el enojo, y requieren más ayuda para ayudarlos a controlar esas emociones. Estos pasos pueden ayudar:

Ayude a los niños a explicarlo con palabras. Si su hijo está en medio de un arranque, averigüe cuál es el problema.

Si es necesario, utilice un tiempo fuera para que su hijo se calme, o recuérdele con calma cuáles son las reglas de la casa y las expectativas: «No está permitido gritar ni arrojar cosas; por favor, detente inmediatamente y cálmate».

Recuérdele a su hijo que debe hablar sin lloriquear, hacer pucheros o gritar. Cuando su hijo se haya calmado, pregúntele qué le hizo enojar. Podría decir: «Usa tus propias palabras para decirme qué pasa y por qué estás enojado».

Esto ayuda a su hijo a convertir las emociones en palabras y a comprender qué se requiere para resolver el problema, si es necesario hacer algo. Sin embargo, no presione demasiado para que su hijo hable inmediatamente. Es posible que necesite tiempo para reflexionar antes de estar listo para hablar.

Escuche y responda. Una vez que su hijo explique sus emociones con palabras, depende de usted escucharlo y decirle que lo comprende.

Si a su hijo le cuesta trabajo encontrar las palabras correctas, ofrezca algo de ayuda: «así que eso te hizo enojar», «te debes haber sentido frustrado» o «eso debe haber herido tus sentimientos».

Ofrézcase a ayudar para encontrar una respuesta si hay algún problema que se pueda resolver, un conflicto que arreglar o una disculpa que se deba ofrecer. En muchos casos, sentirse escuchado y comprendido es todo lo que su hijo necesita para recuperar la compostura.

No obstante, aunque reconozca los sentimientos de su hijo, deje claro que las emociones intensas no son una excusa para el comportamiento inaceptable. «Sé que estás enojado, pero no está bien golpear». Luego dígale a su hijo otras cosas que puede intentar lugar de eso. Algunos niños en realidad solo necesitan ser «escuchados» primero.

Cree reglas básicas y adhiérase a ellas. Establezca y mantenga expectativas claras sobre lo que es y no es aceptable, sin utilizar amenazas, acusaciones ni palabras humillantes.

Su hijo comprenderá el mensaje si hace afirmaciones claras y simples acerca de lo que no está permitido, y le explica lo que desea que haga. Podría decir: «No está permitido gritar en esta casa. Usa tus palabras para explicarme qué te está molestando».

Intente tener estas discusiones antes del arranque de enojo, de forma que los niños conozcan las expectativas con anticipación.

O intente esto:

  • En esta familia, no se golpea, no se empuja y no se agrede.
  • No se permiten los gritos.
  • No hay portazos en nuestra casa.
  • No hay insultos.
  • No hacemos eso en esta familia.
  • No puedes arrojar cosas ni romperlas a propósito.

Estrategias para afrontar el enojo para niños

Los niños que han aprendido que no está bien gritar, golpear y arrojar cosas cuando están molestos necesitan otras estrategias para calmarse cuando están enojados. Ofrezca algunas ideas para ayudarlos a aprender formas seguras de expresar su enojo o para encontrar otras actividades que puedan crear un mejor estado de ánimo.

Tomarse un descanso de la situación. Dígales a sus hijos que está bien alejarse de un conflicto para evitar un arranque de enojo. Al moverse a otra parte de la casa o al patio trasero, un niño puede obtener algo de espacio y trabajar en calmarse.

Encontrar una forma de liberar el enojo (de forma segura). Es posible que no haya paredes para golpearlas, pero puede sugerir algunas formas para que un niño se desahogue.

Dar algunos saltos abriendo y cerrando las piernas («jumping jacks»), bailar en su dormitorio, o salir y hacer ruedas de carro son todas buenas opciones.

Otra alternativa es que su hijo elija escribir o hacer un dibujo acerca de lo que le molesta tanto.

Aprenda a cambiar de estado de ánimo. Esto es difícil para los niños… y para los adultos también. Explique que una parte de calmarse es cambiar de un estado de ánimo realmente enojado a un humor más controlado.

En lugar de pensar en la persona o la situación que ocasionó el enojo, aliente a los niños a que piensen en hacer otra cosa que podría dar lugar a un mejor estado de ánimo, como dar un paseo alrededor de la cuadra, andar en bicicleta, jugar un juego, leer un libro favorito, cavar en el jardín o escuchar una canción favorita.

Hagan algunas de estas cosas juntos para que ambos experimenten cómo hacer algo diferente puede cambiar la forma en que se siente una persona.

Cómo crear bases firmes

Afortunadamente, los episodios de verdadero enojo no suceden muy a menudo en la mayoría de los niños. Los que tienen problemas con el temperamento, a menudo tienen un estilo activo, con una voluntad fuerte y energía adicional que requiere descargarse.

Intente seguir estos pasos durante los momentos de calma; pueden evitar problemas antes de que comiencen, al ayudar a los niños a aprender y a practicar las destrezas necesarias para manejar el momento de la rabieta:

Asegúrese de que los niños duerman lo suficiente. El sueño es muy importante para su bienestar. La relación entre la falta de sueño y el comportamiento de un niño no es siempre obvia. Cuando los adultos están cansados, pueden estar malhumorados o tener poca energía, pero los niños se pueden tornar hiperactivos o irritables, o tener conductas extremas.

Las necesidades de sueño de la mayoría de los niños están dentro de un rango predecible de horas que depende de su edad, pero cada niño es un individuo único con necesidades de sueño específicas.

Ayúdelos a nombrar las emociones. Ayude a que los niños adquieran el hábito de decir lo que están sintiendo y por qué. Por ejemplo, «estoy enojado porque tengo que limpiar mi cuarto mientras mis amigos están jugando».

Usar palabras no impedirá que un niño haga una tarea, pero hablar sobre eso puede calmar la situación. Estarán teniendo una conversación en lugar de una discusión.

Elogie a su hijo por hablar sobre eso en lugar de dar un portazo, por ejemplo.

Asegúrese de que los niños realicen muchas actividades físicas. Los juegos activos realmente pueden ayudar a los niños con un temperamento fuerte. Aliente los juegos y los deportes al aire libre que le gusten a su hijo.

El karate, la lucha libre y las carreras pueden ser actividades especialmente buenas para los niños que están intentando controlar su temperamento.

Sin embargo, cualquier actividad que acelere el corazón puede ayudarlos a consumir energía y a disminuir el estrés.

Aliente a los niños a tomar el control. Compare una rabieta con un cachorro que todavía no ha aprendido a comportarse y que está corriendo por todos lados metiéndose en problemas.

Los cachorros no se portan mal a propósito, pero se deben entrenar para que puedan aprender a no comerse los zapatos, saltar sobre la gente o ciertos muebles, etc.

El punto es que el temperamento de su hijo, como en el caso de un cachorro, se debe entrenar para aprender cuando está bien jugar, cómo utilizar toda esa energía adicional y cómo seguir reglas.

Reconozca los logros. Muchas veces estos no se reconocen, así que asegúrese de comentar lo bien que su hijo manejó una situación difícil cuando observe conductas positivas.

Intente ser flexible. Criar a un hijo puede ser una experiencia fatigosa, pero intente no ser demasiado rígido. Escuchar «no» constantemente puede ser desalentador para los niños.

Por supuesto, a veces «no» es absolutamente la única respuesta: «no, no puedes andar en bicicleta sin tu casco!». Pero en otras ocasiones, podría dejar a sus hijos ganar alguna vez.

Por ejemplo, si su hijo quiere seguir jugando un juego de béisbol infantil durante un poco más de tiempo, tal vez podría permitirle otros 15 minutos.

Intente identificar las situaciones «de riesgo» y sea proactivo. Por ejemplo, si a su hijo le cuesta trabajo manejar las transiciones, adviértales con anticipación.

De forma similar, si sus hijos tienen problemas para apagar la televisión cuando se los pide, sea claro acerca de cuánto tiempo pueden verla o jugar videojuegos, y dé un aviso 5 minutos antes.

Asegúrese de cumplir con lo acordado.

Como cualquiera que haya estado realmente enojado sabe, seguir un consejo sensato puede ser difícil cuando las emociones son intensas. Otorgue a sus hijos la responsabilidad de controlarse, pero esté presente para recordarles cómo hacerlo.

La mayoría de los niños puede aprender a mejorar el manejo de su enojo y frustración.

Sin embargo, si su hijo se involucra con frecuencia en peleas y discusiones con sus amigos, sus hermanos y adultos, es posible que requiera ayuda adicional.

Hable con otros adultos que forman parte de la vida de su hijo: los maestros, consejeros escolares y entrenadores podrían ayudar, y el médico de su hijo puede recomendarle un consejero o psicólogo.

Revisado por: Lauren M. O'Donnell, PsyD

Fecha de revisión: junio de 2018

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/temper-esp.html

Mi hijo llora por todo, ¿qué hago para evitarlo?

¿Qué decirle a un niño cuando llora?

El principal medio empleado por el niño para comunicarse en los primeros tiempos del ciclo vital es el llanto. Llorando, el niño comunica que tiene hambre, sueño, malestar, aburrimiento, necesidad de cambio de postura, que está sucio u orinado.

En fin, un sinnúmero de contenidos que, si bien todos se comunican por el llanto, el mismo asume una variabilidad en el tono y la forma, lo que permite a la mamá identificar, con estrecho margen de error, lo que está reclamando el niño.

En este período esta conducta es entendible y muy rara vez la madre se plantea “mi hijo llora por todo”.

La necesidad de comunicar sus estados se presenta en los niños desde los primeros momentos de la vida, cuando aún ni por asomo existe el lenguaje ya el niño precisa comunicarse con su mamá para trasmitirle sus necesidades. El dominio del lenguaje como forma de comunicación demora en ellos alrededor de 2 años, a esa edad los niños pueden expresar con mayor o menor claridad lo que sienten o lo que quieren.

Ya entre los 24 y 30 meses, el niño debe sustituir paulatinamente el llanto de bebé por el lenguaje como forma más compleja de comunicación, que amplifica exponencialmente las posibilidades de intercambio con los adultos.

Esta sustitución ocurre gradualmente, mientras el lenguaje se utiliza para expresar nuevas necesidades de tipo secundarias en el niño, el llanto sigue siendo, por un tiempo, la vía fundamental de expresión de las necesidades primarias.

Es en extremo frecuente que niños, en estas primeras etapas de la vida, se tornen muy majaderos y llorones cuando tienen sueño, lo cual es perceptible incluso por personas que no tienen demasiada relación con él. Hacen una crisis de excitación para luego sumergirse en una inhibición profunda que garantice una adecuada profundidad en el sueño. Esta es una conducta por completo normal.

Sin embargo, en algunos niños el llanto habitual no se limita a esta causa, sino que acompaña casi cualquier intento de comunicación con los adultos, en especial con la madre, lo que en ocasiones se torna insoportable para la familia. Todo lo piden llorando y por más que le dicen que no llore, el llanto se mantiene incluso después de el niño haber cumplido 4 años.

Diferencias entre las rabietas y el niño que llora por todo

La familia debe saber diferenciar entre la perreta o rabieta y el llorar por todo. La primera, invariablemente, es un mecanismo de imposición o de lograr algo que previamente se le ha negado, por lo general ocurre solo con los adultos y el llanto tiene un volumen e intensidad muy elevados.

En el llorar por todo, el llanto es mucho menos intenso, se asocia a casi cualquier comunicación o solicitud de atención del niño, en cosas tan elementales como pedir agua para beber. Esta forma de llanto puede con frecuencia presentarse no solo en la comunicación con los adultos, sino que igualmente puede mostrarse cuando el niño se comunica con otros niños.

En ambos casos, la rabieta y el llorar por todo, por lo general no se observan lágrimas.

Causas que provocan un niño llorón

El llorar por todo no se asocia a la intención de violar normas familiares, imponerse, o ganar algo. Tampoco es sinónimo, como en ocasiones se piensa, que el niño tiene problemas, que es un niño muy sufrido, que está deprimido o que sencillamente es infeliz.

Esta molesta expresión de los niños, es sencillamente el resultado de que el niño no logra una adecuada sustitución, en tiempo, del llanto como forma de comunicación por el lenguaje como forma más eficiente.

Desde muy pequeño el niño se acostumbró a que cuando llora los adultos lo atienden y satisfacen sus necesidades. Esto tiende a provocar un reforzamiento del llanto que, en algunos casos, hace que el mismo se mantenga, aun cuando ya el lenguaje cumple a cabalidad su función.

No es poco frecuente que situaciones de este tipo se presenten en los niños. Si bien en mi consulta no es común que este problema se presente como motivo de solicitud de atención, sí los padres lo refieren como parte de sus preocupaciones por el normal desarrollo del niño. Especialmente lo hacen entre los 2 y los 5 años del niño, rara vez con posterioridad a estas edades.

Por lo general este tipo de actitud genera burlas de los familiares hacia el niño y sentimientos de lástima, fundamentalmente en las madres, también genera impotencia y desespero en los adultos cuya tolerancia al llanto va disminuyendo con el crecimiento del niño, incluso hasta el extremo de provocar el uso de métodos educativos violentos, fundamentalmente regaños, críticas y comparaciones desventajosas, aunque he conocido de casos que llegan a la violencia física.

Rara vez estas reacciones, de los adultos surten el efecto deseado y en consecuencia la paciencia y la tolerancia siguen en decrecimiento progresivo, y en consecuencia se agudizan las reacciones descritas.

Aclaraciones pertinentes sobre el llanto en los niños

Llegados a este punto me gustaría ser más explícito en algunos aspectos relacionados con el llanto en los niños.

¿Se trata de que los niños no pueden llorar?

Para nada, el llanto sigue y seguirá teniendo durante toda la niñez e incluso en la vida adulta, una importante función comunicativa de la afectividad en las personas.

Llorar es normal, siempre será una forma válida de expresión de tristeza o dolor, pena o vergüenza, ayuda a que las personas descarguen sus emociones y en tal sentido disminuye el sufrimiento.

Llorar en determinadas situaciones puede hacer más bien que mal. No es síntoma de debilidad y los niños, claro está, pueden hacerlo.

¿Debe ser diferente la tolerancia de la familia con el llanto del niño en dependencia de su sexo?

Tampoco. Aun cuando perduran, en muchos de nuestros espacios, posiciones machistas que dicen que los varones no lloran, estas consideraciones, por suerte, van siendo cada vez menos frecuentes, los niños tienen igual derecho a llorar que las niñas. Los hombres también lloran y eso no disminuye su hombría ni afecta su sexualidad.

Nadie debe pretender que sus hijos varones sean personas insensibles. Educarlos como hombres no debe nunca estar en contradicción con que sean buenas personas, capaces de sufrir por ellos y por los demás.

Aun cuando en este artículo, de alguna manera, atraemos la atención sobre el llanto de los niños para eliminarlo, nunca pretendemos que la familia intente que los niños no lloren, que pierdan su capacidad de hacerlo. Nuestro objetivo está únicamente centrado en ese llorar por todo, que en ocasiones se torna en una verdadera molestia.

El propósito debe ser que el niño mejore el control de sus emociones, nunca que se haga inmune a ellas, no importa el sexo del mismo.

Hay muchas situaciones en que es totalmente normal que el niño llore, sería absurdo tratar de mencionarlas todas, pero ante el sufrimiento, ante el dolor, ante el arrepentimiento por algo que no estuvo bien, ante la pena, es totalmente normal y justificado el llanto, alegrémonos cuando en situaciones de este tipo los niños lloran, peor sería que no lo hiciesen.

El llamado es a tratar de controlar la costumbre de llorar por situaciones que no lo justifican, el llorar, por tres razones, debe ser eliminado: por todo, por gusto y por nada. Educar al niño en renunciar al llanto para la comunicación normal y sustituir esta por el uso del lenguaje.

¿Cómo hacer que el niño deje de llorar por todo?

Hace poco en mi consulta una madre me explicaba que en su casa había un orden bien establecido para las cosas, se duerme en las habitaciones, se come en la mesa y se llora en el rincón de llorar. Había seleccionado, desde que su primer hijo era pequeño, un lugar relativamente apartado para llorar por gusto, sin molestar a nadie ni a la dinámica normal de la familia.

Su medida le había sido, según me refirió, muy efectiva, pero aun cuando no dudo de su efectividad no creo, sinceramente, que sea necesario llegara a tanto. Basta con cumplir invariablemente cuatro recomendaciones muy sencillas, pero que deben ser cumplidas estrictamente por todos los adultos que se relacionan con el niño.

  • No hacer caso a lo que dice el niño llorando.
  • Decirle al niño que no se puede entender lo que dice porque está llorando.
  • Pedirle que lo diga sin llorar.
  • Actuar en correspondencia con lo que dice o quiere el niño una vez lo diga de la manera correcta.

Los niños aprenden con mucha facilidad. Sí se cumple estas recomendaciones, en muy pocos días, el niño dejará de llorar por todo y usted podrá estar más tranquilo.

Oriundo de Manicaragua, un pueblo de montaña en el centro de Cuba. Psicólogo de profesión, Máster en Salud Pública y Doctor en Ciencias de la Salud. Me desempeño como Profesor Titular de La Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara.

Источник: https://www.psicologiadeomar.com/antencion-a-ninos/llora-por-todo/

Embarazo saludable
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