¿Qué hacer con un niño problemático?

​Lidiar con niños difíciles y desobedientes: 7 consejos prácticos

¿Qué hacer con un niño problemático?

Es un hecho que la infancia parece una etapa especialmente diseñada para construir seres humanos con poco apego por las normas sociales y la toma de responsabilidades. 

Tiene sentido que sea así, ya que en este momento de la vida es más importante saber cómo es el mundo que aprender a encajar perfectamente en él, siendo que aún no se conoce del todo.

Sin embargo, esto puede suponer que en muchos lugares del mundo haya millones de adultos lidiando con jóvenes que necesitan reglas para vivir pero que a la vez se muestran muy reacios a seguirlas.

¿Cómo educar a un niño complicado?

Esto es, hasta cierto punto inevitable: todos los niños y niñas portan en su interior el espíritu rebelde típico de alguien que quiere explorar todo aquello que no es abarcable por las explicaciones de los adultos. Sin embargo, esto no significa que no haya ciertas actitudes y estrategias para hacer de la educación de los más pequeños algo más llevadero. 

Aquí tienes 7 consejos que te pueden ser de utilidad para mejorar tu manera de relacionarte con niños y niñas desobedientes.

1. Reserva un tiempo para comunicarte con ellos

A nadie le gusta seguir unas normas a las que no se les encuentra sentido.

Por eso, la delimitación de lo que se puede y no se puede hacer debe ir acompañada de la explicación sobre por qué estas normas son útiles.

Se pueden poner ejemplos concretos para ilustrar con mayor facilidad los peligros que se evitan con ciertas reglas, por ejemplo, o las ventajas de seguir ciertos pasos a la hora de hacer las cosas.

2. Pon énfasis en lo positivo

Resulta de gran utilidad hacer saber a los niños lo bien que siguen ciertas normas básicas y reconocer sus esfuerzos cuando se aplican para cumplir con las reglas.

Esto, además de ayudar a estrechar lazos con ellos, influye en la imagen que tienen de sí mismos y hará que asuman ser personas a las que se les da bien seguir ciertos ejercicios de disciplina.

De este modo, la posibilidad de romper las reglas perderá atractivo.

3. No muestres discrepancias o inconsistencias

Las normas son útiles si están bien establecidas. Por eso, conviene que los adultos no cuestionen estas reglas delante de los niños, ya que la idea de que ninguna norma tiene por qué ser adecuada podría generalizarse a todas ellas. Del mismo modo, lo mejor es no hacer que estas directrices de comportamiento no cambien si no hay buenos motivos para ello.

4. No busques siempre el origen del problema en el niño o niña

Algunas normas, simplemente, son poco adecuadas. Puede que sean muy difíciles de seguir, no estar bien justificadas o no amoldarse bien a la meta a la que están orientadas.

Los más jóvenes de la casa son curiosos y activos por naturaleza y normalmente les cuesta esfuerzo seguir las pautas de comportamiento que les dan los adultos: por eso conviene que estas sean las adecuadas.

5. Prescinde de los premios todo lo que puedas

Las normas no deberían sostenerse en premios, ya que estos dan forma a un tipo de motivación extrínseca. Lo ideal que los pequeños vean como algo positivo el pripio cumplimiento de estas normas, ya sea porque refuerza su autoestima o porque les parece estimulante cumplir con estos mini-objetivos.

6. No respondas a sus rabietas con más agresividad

Abordar los episodios en los que un niño o niña exterioriza su enfado no debe ocasionar el mismo tipo de enfado en nosotros.

En estas situaciones, el proceder de un cuidador o educador debe estar orientado hacia la educación de la otra persona, en vez de aprovechar ese contexto para descargar tensiones (algo que al niño o niña no le sirve de nada que hagamos).

Por eso, lo mejor es intentar calmarlo, por ejemplo, abrazando su cuerpo, y esperar un rato hasta abordar el tema de las normas y los deberes. De este modo abordaréis estos temas en un momento en el que ambos sois receptivos.

7. Acepta que hay cosas de ellos que no podrás cambiar

La educación es en parte ayudar a que los más jóvenes se desenvuelvan bien en el mundo real y entiendan el funcionamiento de la cultura que los rodea.

Sin embargo, eso no significa que para educar sea necesario limar todas las aristas de los niños y niñas hasta el punto de que se amolden perfectamente al arquetipo de hijo/a ejemplar.

Si eres el padre o madre de estos pequeños, admitir que en cada hijo o hija hay aspectos que no se pueden controlar puede hacer de la paternidad o maternidad algo más llevadero.

Un consejo más: aprende la importancia de fomentar una autoestima saludable en tu hijo

Cuando el niño tiene un autoconcepto equilibrado y positivo sobre sí mismo, es capaz de afrontar la vida diaria de una forma mucho más saludable. Para que el niño goce de esta buena autoestima es muy importante que los padres tengamos en mente ciertas técnicas y hábitos.

Puedes descubrirlo leyendo este post: «10 estrategias para mejorar la autoestima de tu hijo»

Источник: https://psicologiaymente.com/desarrollo/lidiar-ninos-dificiles-desobedientes-consejos

Detrás del niño problemático, hay una emoción que no se sabe manifestar

¿Qué hacer con un niño problemático?

Detrás de todo niño problemático se esconde un caos emocional que lo desborda y se disfraza de rebeldía o desobediencia. Si bien es complejo abordar estos problemas de conducta infantil, es fundamental enseñar al chico a manejar lo que siente.

Contrariamente a lo que se cree, cualquier castigo físico, reprimenda o palabra subida de tono solo intensifica la frustración y las emociones negativas que se apoderan del niño problemático, terminando de pulverizar su autoestima.

Por este motivo, antes de buscar las posibles razones por las cuales tenemos un hijo ‘difícil’ es conveniente comprender que detrás de sus conductas indeseadas hay necesidades aparentemente insatisfechas, las cuales requieren de una mayor atención.

Niño problemático, niño carente o demandante

Muchos padres protestan por el comportamiento de su niño problemático, pues mediante las rabietas o la desobediencia suelen desahogar de manera inapropiada una emoción cargada de bronca e ira, o bien manifestar ciertas necesidades afectivas.

“¿Soy una mala madre?” o “¿Qué estoy haciendo mal?”, suelen preguntarse a sí mismas estando abatidas muchas madres frustradas ante estas situaciones desesperantes. Sin embargo, simplemente se trata de asumir que se está frente a hijos más demandantes.

Posiblemente ese niño problemático no sabe manifestar correctamente sus necesidades y carencias afectivas. Puede que encuentre en los malos comportamientos un modo de de pedir atención a sus progenitores: lloran en exceso, duermen poco y pasan de la risa al llanto en instantes.

Estos pequeños ‘hiper-demandantes’ suelen precisar más apoyo, palabras y seguridad, y este hecho excede todo error cometido durante la crianza de menor. No obstante, es responsabilidad de todo padre brindar respuestas certeras a estos llamados haciendo uso de una gran cuota de paciencia y altas dosis de amor.

Niños problemáticos y emociones bloqueadas

Los niños problemáticos suelen generar un nivel de estrés considerable en sus padres pero esto sencillamente se debe a que tienen sus emociones bloqueadas y desconocen el modo de exteriorizarlas. Nuestra misión durante su crianza es precisamente destrabar estos sentimientos.

Para que estas emociones fluyan se requiere de una buena comunicación y mucho afecto. Ese niño problemático no necesita más que comprensión para abandonar su postura hermética, logrando conocer qué le pasa y manifestarlo adecuadamente.

Entonces, si el niño difícil pone muros, no levantes nuevos fuertes alrededor. Deja de lado los castigos que tienden a aislarlo, sumirlo en la soledad y descuidarlo, desatendiendo sus necesidades y carencias silenciadas.

Si bien llegar a ellos no siempre es una tarea sencilla, considera hacerlo sentir cómodo y seguro a la hora de liberarse y expresar esos sentimientos contenidos a fin de desahogarse y conocerse a sí mismo.

¿Qué hay detrás del niño problemático?

  • Son chicos con baja autoestima, inseguros y con sentimientos de incomprensión
  • Necesitan sentirse reconocidos por sus acciones y logros
  • Su inseguridad genera la necesidad de refuerzos positivos frecuentemente
  • Suelen sentir celos, por lo que buscan llamar la atención de sus padres para sentirse amados
  • Experimentan con mayor intensidad las denominadas emociones negativas (miedo, tristeza, soledad).

Conforme estos chicos difíciles van creciendo, su sentimiento de inseguridad sumada a cierta sensación de falta de reconocimiento suelen traducirse en reacciones desproporcionadas. No obstante, en el fondo de estos infantes no hay más que angustia, soledad, tristeza y angustia.

Por esto mismo resulta fundamental ayudar a tu hijo a comprender, gestionar y canalizar sus emociones, para lo cual es preciso educar su inteligencia emocional y ofrecerle paralelamente estrategias que reduzcan esa necesidad de refuerzos externos que lo hagan sentir bien.

¿Cómo actuar ante un niño problemático?

  • Apela al poderoso refuerzo positivo. Se trata de una útil estrategia educativa que no consiste simplemente en abrazar al niño cuando hace algo indebido sino que evita el castigo que genera reacciones infantiles negativas. Acércate al pequeño a preguntar porqué se comporta de ese modo y explícale con calma sus errores, indicándole la actitud adecuada. Finalmente acude al refuerzo positivo: “Confío en ti”, “Yo sé que puedes hacerlo mejor”, “Yo te apoyo y te quiero, no me defraudes”. No hay lugar para recriminaciones ni reprimendas dado que causan más rabia y ansiedad. Una palabra positiva genera una emoción positiva.
  • Educa su Inteligencia Emocional. Este factor es fundamental en la crianza de cualquier chico para que pueda identificar sus emociones y traducirlas en palabras. “¿Qué sientes?”, pregúntaselo todo el tiempo y ofrécele palabras a cada suceso que atraviese. Sé receptiva y empática, además de propiciar un diálogo fluido y ameno en el que muestres confianza y cercanía, sin reírse ni burlarse de lo que exprese.
  • No juzgues ni compares. No hay pecado paterno más grande que comparar al niño problemático con hermanos, primos u otros niños. Tampoco es recomendable enjuiciarlos con sentencias y etiquetas del tipo “eres malo”, “siempre te portas mal”, etc. Es aconsejable buscar el momento indicado para dialogar con el pequeño, conectar mediante un tono de voz ameno y comprenderlo.
  • Propicia su equilibrio interno. Enséñale a tu hijo que cada emoción puede convertirse en una palabra capaz de ser compartida. Explícale que no es malo llorar y que tú siempre estarás dispuesta a escucharlo. Tampoco está de más realizar juntos determinadas actividades que los ayuden a distraerse, como respiración, relajación, etc.

Источник: https://eresmama.com/detras-del-nino-problematico-una-emocion-no-se-sabe-manifestar/

Niños desafiantes y desobedientes ¿Qué podemos hacer?

¿Qué hacer con un niño problemático?

Hay niños a los que les cuesta cumplir las normas, seguir órdenes y que, a menudo, desafían abiertamente a sus padres.

 Cuando les pedimos algo, la palabra que más escuchamos es “no”, “ahora voy”, “luego”.

 Tienen dificultades para tolerar la frustración, quieren salirse siempre con la suya, parece que se sienten cómodos en el conflicto, parece “que nos buscan” (y, a menudo, nos encuentran).

Y los papás nos preguntamos ¿Por qué mi hijo se comporta así? ¿Qué hago mal? ¿Cómo debo tratarle?Vamos a tratar de dar respuesta a estas preguntas.

¿Por qué se comporta así?

Puede haber muchas causas detrás del comportamiento desafiante y disruptivo de nuestro hijo. Por lo general, habrá más de una causa, ya que en psicología rara vez una única causa explica un comportamiento.

Es posible que nuestro hijo tenga un temperamento difícil, un carácter fuerte, o que tenga unos rasgos de personalidad determinados que favorecen este tipo de comportamientos.

Esto es algo con lo que el niño «nace», son factores hereditarios.

Por otro lado, está el estilo educativo de los padres. Generalmente, detrás de estos problemas de conducta hay un estilo educativo parental demasiado permisivo.

Papás a los que les cuesta hacer cumplir las normas, que tienen dificultades para manejar los retos y desafíos de los niños o que sucumben a menudo a las peticiones de los niños «por no oírles».

Los niños tienen una capacidad especial para llevar la perseverancia a su máxima expresión, y lo difícil es mantenernos firmes y ser más constantes aún que ellos.

Hay que tener en cuenta también si existe algún otro problema que pueda estar influyendo en la conducta de nuestro hijo. Por ejemplo, los niños con TDHA, en un alto porcentaje, presentan problemas de conducta. Los niños depresivos también pueden exhibir este tipo de comportamientos, ya que la depresión en niños no tiene los mismos síntomas que en el adulto.

Por otro lado, una baja autoestima o inseguridad pueden expresarse de esta manera, así como problemas con sus relaciones: sufrir bullying en el colegio, celos de algún hermanito, necesidad de más atención por parte de los padres. A veces, estas malas conductas son la manera en que los niños expresan la rabia que sienten por otras cosas que están sucediendo en su vida y sobre las que no tienen control.

Es importante pedir ayuda de un profesional si sospechamos que nuestro hijo pueda presentar cualquiera de estos problema. Por lo general, como decíamos, la causa suele ser la suma de varias.

Si hemos descartado que el niño necesite intervención psicólogica, y consideramos que se trata más bien de un problema relacionado con su temperamento y nuestro estilo de crianza, es el momento de ver qué podemos hacer.

¿Qué estoy haciendo mal?

No se trata de buscar culpables, pero si de asumir responsabilidades. Como padres tenemos que ser conscientes de esa responsabilidad.

Hay una parte que no depende de nosotros y que, cómo decíamos, puede estar relacionada con el carácter del niño o con circunstancias por las que atraviesa, pero hay otra parte que depende directamente de nosotros.

De si conocemos bien a nuestro hijo, del tiempo y la dedicación que le brindamos, de nuestra capacidad para informarnos y «aprender» a educar a nuestros hijos. De nuestro estilo educativo y nuestra dispobilidad emocional.

¿Qué podemos hacer?

Empezar a educar desde que nacen. A veces escucho a los papás decir que no ponen límites a sus hijos, o no les dicen cómo deben comportarse, o no les enseñan normas básicas de educación, «porque son demasiado pequeños» (y no se están refiriendo a un niño de un año). Los niños están aprendiendo SIEMPRE.

Son pequeñas esponjas con una capacidad grandísima de aprendizaje, de observación, de ensayo y error. Habrá muchas cosas que las aprenderán simplemente de vernos a nosotros. Otras irán aprendiéndolas a base de experimentar las consecuencias de sus actos. Otras por ensayo y error.

Y muchas otras, porque nosotros se las enseñamos directamente.

La frustración. El gran caballo de batalla

La frustración es el sentimiento desagradable que se experimenta cuando no se consigue lo que uno quiere. Aprender a tolerarla es muy importante, porque en la vida son muchísimas las ocasiones en que es necesario tolerar lo que no nos gusta, que las cosas no salgan como esperamos, etc.

¿Y cómo se aprende? Poco a poco, desde pequeños. En primer lugar, experimentándola. Los padres a veces no permitimos que eso suceda. Nos anticipamos a las consecuencias negativas de las cosas, sobreprotegemos. Damos a los niños todo lo que piden. Consentimos sus conductas inapropiadas.

 Así que no les estamos permitiendo experimentar la frustración.

Y aprender a manejarla. Este es el segundo aprendizaje que deben hacer nuestros hijos. Aprender a tolerar las emociones negativas que acompañan a la frustración, y saber qué hacer con ellas, cómo expresarlas.

La rabia es la emoción que suele aparecer. La rabia se puede expresar de muchas maneras, algunas mejores para nosotros que otras. Puede aparecer en forma de violencia ( pegar, insultar, golpear objetos), en forma de llanto y de gritos.

Como padres debemos favorecer una expresión adecuada de la ira, enseñando al niño a ir controlándola y manejándola, y permitiendo que esa emoción se exprese pero en formas más adaptativas. Se trata de dar salida a la ira, no se trata de evitarla o de anularla. Pero de la manera adecuada.

Poner límites claros, normas claras

Y hacerlas cumplir. Hay muchas formas. No es necesario ni mucho menos estar todo el día castigando. Hay que saber motivar, hay que hacer entender las consecuencias de sus actos, también permitir que las experimenten, hay que ofrecer consecuencias positivas a su buen comportamiento, y hay que predicar con el ejemplo.

Ser consecuente, y perseverante

No vale castigar y levantar el castigo a la media hora. No vale permitir hoy una conducta, y mañana no. No vale educar según tenga yo el día ni según mi grado de cansancio.

Elegir las batallas

Pocas pero con paso firme. No tolerar lo intorable. Y dejar pasar lo intrascende. A veces nos desfondamos en cosas sin importancia «lávate los dientes», » no pongas los pies en el sofá», pero permitimos insultos, agresiones y faltas de respeto.

Si ves que no sabes cómo hacerlo, pide ayuda

A veces los padres necesitan unas pocas sesiones de asesoramiento con un psicólogo para que les dé pautas. Otras veces es necesario también intervenir con el niño, pero no siempre. Ante la duda, consultar. También son muy importantes las escuelas de padres y los libros sobre educación.

«Cuando nace un niño, nacen un padre y una madre». Y no, no traen manual de instrucciones. Así que tomemos nuetro tiempo en aprender a ser buenos padres y madres, porque es de las tareas más bonitas y, a la vez, más difíciles que vamos a hacer en nuestra vida.

Úrsula Perona
Psicóloga infantil
Colaboradora de Sapos y Princesas

ConsejosEducación en casaConducta conflictiva Hiperactividad – TDAH Infantil (3-6 años) Límites Preadolescencia (11-12 años) Primaria (7-10 años) Rabietas Valores

Источник: https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/educacion-en-casa/que-hacer-con-ninos-desafiantes-y-desobedientes/

¿Tienes un adolescente conflictivo? Te enseñamos cómo manejarlo

¿Qué hacer con un niño problemático?

Cuando nuestros hijos llegan a una determinada edad cambian de actitud hacia los padres y se vuelven más celosos de su intimidad, incluso, en determinados casos pueden llegar a adquirir una actitud agresiva.

En este sentido, se pueden diferenciar dos tipos de vertientes, según informa el psicólogo Enrique Morales Salinas, del Instituto Sexológico Murciano.

“La primera, donde el adolescente siempre ha tenido una actitud de rebeldía desde la edad preescolar y que ha ido in crecendo durante el resto de su etapa evolutiva, y la segunda, en la que se encuentran los que muestran una actitud de rebeldía con un inicio posterior a los diez años, normalmente en relación con la entrada al instituto y, en muchos casos, asociados a factores ambientales o cambios hormonales”.

Detectarlo es simple: “Los padres detectan cambios de comportamiento como, por ejemplo, el rechazo de actividades u objetivos muy comunes antes, como dejar de ponerse un jersey que le encantaba sin explicación ninguna”, ejemplifica Cristina Pérez, psicóloga de Siquia.  

Aunque las reacciones y actitudes son diferentes en cada adolescente y no se puede generalizar, “los datos señalan que, de media, los niños muestran conductas de rebeldía más relacionadas con una forma de agresión exteriorizada (robos o confrontaciones físicas”, informa Morales Salinas.

“Podría decirse que tienden a enfrentarse a su entorno mientras que la conducta de las mujeres se redirige haca el plano interno (mentir, faltar a clase, escaparse, abuso de sustancias)”, describe.

En resumen, podría decirse que “en lo masculino destaca la fuerza y en lo femenino la sensibilidad”, resume Pérez.

La prevención de este tipo de reacciones y su manejo dependerá mucho de la comunicación que tengan los padres con sus hijos y de su fomento durante la infancia.

De esta forma, podrán ganarse la confianza de sus hijos con el fin de que puedan hablar con ellos de sus problemas. Según Morales Salinas, el mejor consejo para los padres es que trabajen para conocer a sus hijos.

“Que muestren interés por ellos y que sean partícipes de las cosas que les gustan sin excederse y parecer policías interrogando”.

Aquí su recomendación sería “observar a sus hijos y aprender de sus respuestas, analizar cuándo es el mejor momento para acercarse a ellos, qué señales dan cuando están mal y cuándo hay que dejarlos a solas”.

Por su parte, Pérez cree que es importante jugar con dos valores: “La empatía, es decir, entender la situación que atraviesan nuestros hijos y su visión del mundo; y reciprocidad”.

La amistad entre padres e hijos

En esta relación padre-hijo, los padres deben entender que la amistad será relativa. “La comunicación, la confianza y la cercanía a la hora de establecer contacto con nuestros hijos es posible, dejando claros los roles que se adquieren en la familia”, explica Pérez.

Morales Salinas cree que la amistad puede existir dependiendo de lo que se entienda por amistad. Está claro que si se define como una relación entre iguales la respuesta es no e incluso “sería contraproducente”. En su opinión, los padres “tienen que mantener su rol y hay muchos temas en los que es mejor no inmiscuir a los adolescentes, como son los problemas de los padres”.

Si, por otra parte, “se entiende la amistad como una relación sana, de confianza, donde cada uno puede ejercer su rol y compartir dudas desde el respeto, entonces sí es posible”, informa el experto. De hecho, a su juicio “ésta sería la amistad que se debería perseguir entre padres e hijos”.

¿Cómo frenamos un acto de rebeldía?

Si la comunicación, la confianza y la “amistad” no funcionan y tu hijo adolescente tiene un comportamiento rebelde éste se debería abordar desde el aprendizaje.

Según Morales Salinas, “si la conducta es leve, se podrá abordar desde la perspectiva del aprendizaje, usando herramientas como el castigo; pero si es más grave, llegando a poner en riesgo la integridad de los demás o de la del propio sujeto, lo mejor sería contactar con un especialista que nos apoye en el proceso, dada la complejidad de la situación”.

Sobre los castigos, Morales Salinas tiene claro que “son necesarios” pero que hay que saber “cómo hacerlos” ya que, aunque es una “buena herramienta de aprendizaje” la realidad es que “es muy complicada y no se debe hacer de cualquier forma”.

El experto distingue dos tipos de castigos: los positivos y los negativos.

  1. El positivo será todo aquél castigo “en el que se aplica un estímulo aversivo al sujeto, por ejemplo gritar o golpear”. Este es el más conocido y el primero en el que pensamos cuando oímos la palabra castigo. Según el psicólogo “desde una perspectiva educacional, siempre se debe entrenar a los padres para evitarlos y ofrecer otras herramientas para mejorar el trato con sus hijos ya que los efectos a largo plazo de este tipo de castigos son negativos”.
     
  2. En segundo lugar, estarían los castigos negativos. Estos implican “la retirada de un estímulo que produzca satisfacción, como dejar al adolescente sin consola o sin móvil”, detalla Morales Salinas. Para él estos serían los más apropiados y estarían dentro de los que trabajan los expertos en el entorno educativo, eso sí, siempre que se hagan con conciencia.

Así, para que un castigo sea efectivo “tiene que ser cercano al momento en que se produce la conducta, que el castigado conozca el motivo y que sea consciente de él”, detalla. Esto es importante ya que, según el experto, aquí es donde más errores se cometen.

 “Muchos padres castigan a sus hijos un mes sin móvil pero, tras la insistencia, agresividad o cariñosidad del menor, el padre cede y el mes se convierte en unos pocos días”, describe. Con esta actitud lo que aprenden los niños es que “las consecuencias de sus actos no son tan graves y que con una sonrisa o con un grito pueden arreglarlo todo”.

Por ello, su consejo es hacer castigos realistas y cumplirlos siempre sin excepciones. Además, “serán adecuados a la edad del niño y al tipo de mal comportamiento. No vamos a dejarle sin jugar toda la semana por dejarse un poco de comida en el plato”, añade Pérez.

Refuerzos de buenas conductas

Por tanto, los castigos bien formulados y realistas son efectivos, pero no solo esto es eficaz en la educación del niño o del adolescente sino que más importante que castigar es reforzar las buenas conductas. Así lo afirma Morales Salinas. “Si nuestro hijo está en silencio, callado y haciendo los deberes, será positivo acercarse y decirle que lo está haciendo bien”. En este proceso se evitarán lo refuerzos materiales.

Una inyección de autoestima tiene mejores efectos a largo plazo que regalar un móvil por las buenas notas, ya que en este último caso los niños pierden la motivación intrínseca por aprender y la transforman en la obtención de bienes materiales y éste es otro error grave que cometen los padres”.

No me gustan sus compañías…

Otro de los problemas a los que se tienen que enfrentar muchos padres está relacionado con las conductas insanas (alcohol, drogas o tabaco) o con las malas compañías con las que salen.

Sobre las conductas insanas, el mejor consejo, según Pérez sería empezar por el principio y la prevención. “Es preferible prevenir y educar en valores, reforzar y sacar fortalezas de nuestros hijos para que ellos se den cuenta”, explica.

Si es tarde para eso, lo mejor será abordar el tema desde la calma. “Hablar en frío va a solucionar más problemas que el enfrentamiento directo”, recuerda Morales Salinas. Para ello, aconseja encontrar el mejor momento para hablar de estos temas y “tomar una actitud dialogante y de entendimiento”.

Una buena forma de comenzar la conversación sería “decirle a tu hijo desde el primer momento y sin rodeos que tienes dudas sobre el tema en cuestión mostrando curiosidad para saber cuál es el alcance del problema, sin juzgar y definiendo cuál es la posición que se va a adoptar negociando, entre ambos, para ofrecer toda la ayuda que pueda necesitar”.

El objetivo de hacerlo así es para que “el adolescente no se sienta solo, ya que en muchos casos comienzan estas actitudes por problemas externos, como depresión, malas notas o bullying”, advierte. Por este motivo, cree conveniente “que se consensue con él la visita a un especialista para solucionar el problema y que él, voluntariamente, decida recibir ayuda”.

Si el problema no son las conductas insanas sino las malas compañías la cosa se complica. Pérez tiene claro que los padres deben comprender que “son los amigos de sus hijos y no los suyos” y aconseja trabajar la “escucha activa”.

Morales Salinas recomienda a los padres que se pregunten así mismos por qué sienten ese recelo hacia los amigos de su hijo y si tienen pruebas para sentirse así.

Tras esto, “lo mejor es que, a la hora de tratar el tema, no impongan frases como no quiero que te juntes con este grupo, sino compartir tus inquietudes de forma natural y, dependiendo del caso, tratar la situación siempre desde el entendimiento y la comprensión, intentando respetar lo máximo que se pueda la intimidad”, concluye el experto. 

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Источник: https://cuidateplus.marca.com/familia/adolescencia/2019/02/28/tienes-adolescente-conflictivo-ensenamos-como-manejarlo-169743.html

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