Qué hacer cuando mi hijo de dos o tres años me pone a prueba

Contents
  1. Cómo disciplinar a niños pequeños de 1 a 3 años
  2. Por qué la disciplina es importante
  3. Estableciendo rutinas
  4. Discipline los niños pequeños de 1 a 3 años en el momento
  5. Manteniendo expectativas realistas
  6. Respondiendo a los berrinches
  7. Satisfacer la necesidad de control
  8. La forma perfecta de dar una lección a su hijo cuando se pone insoportable
  9. 1. En un arrebato de ira, su hijo de unos 5 años le dice: «¡Déjame en paz, ojalá te mueras!»
  10. 2. El hijo adolescente reniega de usted pero exige el dinero de papá y mamá
  11. 3. Es un tirano con sus hermanos
  12. 4. Es destructivo: aficionado a romper juguetes ajenos o vaciar el bote de gel por placer
  13. 5. Es de los de «no, no y mil veces no»
  14. Qué hacer cuando mi hijo de dos o tres años me pone a prueba
  15. Reafirmación de la identidad del niño
  16. Calma y paciencia
  17. Observación
  18. Comprensión
  19. La silla de pensar
  20. Alternativas al no
  21. Quiero Reclamar la Paternidad
  22. ¿Quien tiene derecho a interponer una demanda de paternidad?
  23. Un hijo tiene derecho a reclamar a lo largo de toda su vida, pero hasta que cumpla la mayoría de edad tendrá que ser la madre (o el Ministerio Fiscal) quien le represente en este procedimiento. Para acudir a los tribunales y que se le reconozcan sus derechos de filiación, es necesario contar con los servicios de un abogado y un procurador. Igual que en el caso anterior, para que la demanda se admita a trámite, habrá que acreditar de algún modo que los supuestos padres mantuvieron una relación en la época en la que se calcula que fue concebido
  24. Las pruebas de ADN
  25. Ese extraño momento cuando tienen 2 ó 3 años en que no quieres que crezcan y deseas que se hagan mayores
  26. No quieres que crezcan
  27. Quieres que se hagan mayores cuanto antes
  28. La revisión de su hijo cuando tenga 2 años (24 meses)
  29. De cara al futuro
  30. Alimentación
  31. Aprendizaje
  32. Cuidados cotidianos y seguridad

Cómo disciplinar a niños pequeños de 1 a 3 años

Qué hacer cuando mi hijo de dos o tres años me pone a prueba

¿Cuándo y cómo empezar a disciplinar a niños pequeños de 1 a 3 años?

Los niños empiezan a saber lo que significa “no” alrededor de los siete meses de edad en promedio, y una vez que pueden hablar, muchos pasan por una etapa en la que se convierte en su palabra favorita.

Desafortunadamente, los padres también pueden contar con que los niños pasen por una etapa donde ignoran alegremente cuando mamá o papá dice que no, y otros intentos y disciplina.

Eso es porque es natural para ellos empezar a tantear los límites; probando su independencia y tratando de explorar el mundo en sus propios términos.

Por qué la disciplina es importante

Una gran parte de la disciplina en los primeros años es simplemente mantener a los niños seguros. No tocamos el horno. No tiramos de la cola del gato. No corremos a la calle. Pero estableciendo límites consistentes temprano, los padres también están sentando las bases para un buen comportamiento en el futuro.

Establecer límites también tiene otros beneficios. Decirle a los niños qué conductas usted quiere y no quiere ver realmente hace que los niños se sientan más seguros. Esto les recuerda que usted está a cargo y los guía a las áreas donde deben desarrollar sus habilidades e independencia (tales como jugar con el set de té plástico y no tratando de tocar el verdadero.)

Las reglas también son una manera de ayudar a los niños a comenzar a considerar la perspectiva de los demás, o al menos preparar el terreno para la empatía. Los niños de dos años podrían ser demasiado egocéntricos para comprender cómo se sienten los demás, pero pueden comenzar a aprender que compartir es algo agradable y practicar la entrega de un juguete a la abuela.

Pero, ¿cómo deben los padres compartir las reglas con los niños y cómo se pueden hacer cumplir esas reglas, especialmente cuando los niños son muy pequeños y no entienden el concepto de consecuencias?

Estableciendo rutinas

Kristin Carothers, psicóloga clínica del Child Mind Institute, dice que los padres probablemente ya están estableciendo límites sin darse cuenta. “Una de las maneras más naturalistas de crear límites es tener unas rutinas para sus hijos”, dice la Dra. Carothers.

“Es posible que no sepan qué hora es, pero saben la rutina de acostarse: tenemos nuestro baño, leemos nuestro libro, vamos a dormir en nuestra propia cama”.

Al crear una rutina familiar, los padres están enseñando a los niños qué deben esperar en cada situación, por lo que no hay sorpresas desagradables, y al mismo tiempo que establecen un límite claro sobre cuando comienza la hora de acostarse.

Discipline los niños pequeños de 1 a 3 años en el momento

Por supuesto, gran parte de la vida no está prevista, por lo que los padres necesitan estrategias para corregir el comportamiento y reforzar los límites en el momento. “Si hay una regla que quieras seguir, como no golpear, entonces eso es algo que tienes que corregir en el momento en que lo ves”, dice la Dra. Carothers. Pero la forma cómo la corrige importa.

Los padres a menudo dicen: “No hagas eso” o “No”, pero la Dra. Carothers dice que en realidad es más útil decirle a los niños lo que quieres que hagan.

“Los niños saben lo que “no” significa, pero no necesariamente saben qué hacer después de que digamos que no, por lo que siempre quiere asegurarse de que tiene una alternativa para ellos”, explica.

Diciendo: “Mantén tus manos en su lugar” o “Usa tus manos para acariciar” lo deja claro.

Para los niños alrededor de tres años de edad, los padres pueden hacer que el niño tenga un tiempo de reflexión cuando muestra una conducta agresiva. La Dra. Carothers explica que el tiempo de reflexión es “tiempo sin recibir atención positiva”. Por lo tanto, podría decir: “Mantenemos nuestras manos en su lugar.

Tú golpeaste a tu hermano, así que ahora tienes que sentarte en esta silla”. “Para los niños de 1 a 3 años, el tiempo de reflexión no debe ser más de tres minutos.

Entonces, después de que el tiempo de reflexión haya terminado, puede decirle al niño lo que debe hacer a continuación: “Puedes pedirle a tu hermano el juguete” o “Puedes tocar a tu hermano suavemente”.

Los padres también pueden comenzar a establecer las consecuencias naturales de la mala conducta de un niño.

Por ejemplo, si un niño salta en el sofá, una consecuencia natural podría ser el practicar sentarse tranquilamente en el sofá. Si ella escribe en la pared, entonces usted podría ponerla a lavar la pared.

Por supuesto, puede que ella no logre realmente limpiar la pared, pero sólo el hecho de tratar de lavarla refuerza sus reglas.

Manteniendo expectativas realistas

Para algunas situaciones, depender de su capacidad para responder en el momento podría no ser suficiente.

Por ejemplo, los niños pequeños correrán a la calle si ven algo interesante y no se dan cuenta del peligro potencial.

“No podemos esperar que un niño pequeño establezca ese límite para sí mismo”, explica la Dra. Carothers, “así que usted como padre necesita hacer la intervención en el lado opuesto”.

Para caminar en la acera, eso significa que usted necesita agarrar la mano de su niño en todo momento para mantenerlo seguro. La Dra. Carothers también anima a los padres a decir algo como, “¡Buen trabajo agarrando la mano de mamá! Gracias por estar cerca de mí”, lo que le permite a su hijo saber que estos son los tipos de comportamientos que a usted le gusta ver.

Considere lo que su hijo puede y no puede hacer según su nivel de desarrollo, e identifique lo que no está haciendo. Así como caminar con de manera segura afuera puede ser poco realista, también lo puede ser el esperar que se comporte bien durante una aburrida (para ella) función social. “Como padres tenemos que manejar nuestras expectativas”, dice la Dra. Carothers.

Por ejemplo, los niños pequeños son muy egocéntricos, por lo que es apropiado para este nivel de desarrollo que ellos estén más preocupados por satisfacer sus propias necesidades que sentarse tranquilamente en la cena.

Hay maneras de promover el buen comportamiento; como darle muchos elogios por sentarse en su asiento, tenerle cosas que hacer mientras está sentada, y tomar descansos.

Sin embargo, en esta etapa probablemente no es el momento de llevarla a un lugar donde se espere que tenga modales perfectos.

Respondiendo a los berrinches

Esta es también la etapa cuando los niños comienzan a tener berrinches. Hay algunas razones para esto.

Los niños pequeños de 1 a 3 años todavía están aprendiendo a comunicarse, y sus habilidades de lenguaje no son muy sofisticadas todavía.

“Un niño podría actuar agresivamente en ausencia de lenguaje desarrollado para comunicar sentimientos como frustración, ira o vergüenza”, explica la Dra. Carothers.

Pero un niño podría también tener una rabieta porque se ha dado cuenta de que cuando actúa muy molesto las personas tienden a responder y, más a menudo que no, obtiene lo que quiere. Por eso es importante ignorar las rabietas, incluso cuando son embarazosas.

Sucumbir a la rabieta de un niño inadvertidamente refuerza el comportamiento que él utilizó para conseguir lo que quería, y eso no es algo que usted quiere alentar.

En su lugar, los padres deben esperar a que su hijo se calme y luego inmediatamente elogiarlo por estar tranquilo.

La Dra. Carothers da un ejemplo. “Digamos que usted está dejando la tienda de comestibles y su hijo comienza a lanzar una rabieta en el estacionamiento porque quiere galletas. Usted puede decir: “Gracias por decirme que quieres galletas; Me gustan las galletas también. La próxima vez que vayamos a la tienda podremos comprar unas galletas”. Si su hijo no deja de rabiar, la Dra.

Carothers recomienda dejarlo que siga y no ceder, incluso si usted está tentado a intervenir. Además de no querer reforzar los berrinches como una táctica de negociación efectiva, la Dra. Carothers señala: “Es bueno para nosotros enseñarles a los niños que hay momentos en que obtendremos lo que queremos y momentos en los que no conseguiremos lo que queremos.

Esa es una parte natural de la vida”.

Satisfacer la necesidad de control

Los niños de esta edad también pueden actuar porque quieren sentir más control. Y es apropiado desde el punto de vista del desarrollo que los niños comiencen a tomar más decisiones y sean más independientes, dentro de lo razonable. La Dra.

Carothers está de acuerdo en que los niños deben comenzar a tomar más decisiones a medida que van creciendo, pero advierte que deben limitarse a tomar “las decisiones apropiadas el nivel de desarrollo que los niños pequeños de 1 a 3 años debe tener”.

En otras palabras, su hijo de dos años puede elegir qué juego quiere jugar, o qué programa de TV le gustaría ver, pero no debería decidir cuánto tiempo durará viendo televisión o si tiene que tomar un baño después. Esas son decisiones para los adultos.

Источник: https://childmind.org/article/disciplinar-a-ninos-pequenos-de-1-a-3-anos/

La forma perfecta de dar una lección a su hijo cuando se pone insoportable

Qué hacer cuando mi hijo de dos o tres años me pone a prueba

La alimentación, los buenos modales, los estudios y la realización de las tareas domésticas son las cuatro grandes cuestiones en torno a las que giran la mayor parte de las discusiones familiares, como apunta el estudio Padres e hijos en la España actual del profesor Gerardo Meil, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid. «Los hijos siempre nos van a plantear situaciones difíciles que nos sacan de nuestra tranquilidad, de nuestra zona de confort. Lo primero que hay que ver es si esa rabieta es algo puntual o está ocurriendo con frecuencia. También hay que tener en cuenta la edad del niño: no es lo mismo una rabieta a los dos que a los 10 años”, afirma Susana Cruylles, psicóloga clínica, terapeuta de familia, y codirectora de La Escuela de Padres (Madrid). La buena noticia es que se trata de un mal común. Y la mejor, que es (o debería ser) temporal y puntual. “Todas las familias pasan por etapas difíciles y todo tiene solución”, tranquiliza la especialista.

Puede que esté pensando que eso suena muy bonito en teoría, pero difícil en la práctica. Todo es cuestión de hacerlo bien.

Aunque el castigo continuado repercute en una baja autoestima (“al niño se le está mandando una imagen negativa de él, como si todo lo que hace, lo hiciera mal”, dice Cruylles), sí existen “castigos” que funcionan.

“Yo prefiero llamarlo ‘consecuencias’ en vez de castigos, pero sí, funcionan y estarán siempre bien aplicados si vemos que mejora el comportamiento. Para que funcionen tenemos que saber que cada niño es diferente.

Para cada uno en particular, y a cada edad, son útiles unos castigos o consecuencias diferentes. Por eso es importante conocer a nuestros hijos y saber qué les gusta y motiva para que cuando hagan algo mal podamos aplicar la consecuencia adecuada en base a eso”, explica la especialista Cruylles.

Hemos planteado cinco situaciones concretas con las que usted seguramente habrá tenido que lidiar, y expertas en psicología infantil y juvenil explican cómo gestionarlas.

1. En un arrebato de ira, su hijo de unos 5 años le dice: «¡Déjame en paz, ojalá te mueras!»

Por su puesto, su hijo no quiere verle muerto.

Como dice Cristina Otaduy Vivo, especializada en psicopedaogía y directora de Psicotaduy Educación y Salud (Valencia), “un niño de esa edad no es consciente de la gravedad de las acusaciones que puede llegar a usar en sus rabietas, simplemente, desea expresar su estado emocional de ansiedad y frustración, la agresividad que siente dentro de sí mismo, y transmitir su oposición”. Pero al mismo tiempo, también hay que hacerle entender que, como aclara Silvia Álava Sordo, psicóloga y directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes (Madrid), “lo dicho es una cosa muy grave y sus palabras, más allá del enfado, duelen y causan tristeza”.

Cómo reaccionar: Primero, conténgase. «Generalmente, con esa situación el niño busca que la situación explote, que el padre se enfade muchísimo, y así tener más tiempo para no hacer lo que le estaban ordenando, además de ganar atención”, afirma Silvia Álava. Y a continuación, actúe ante él como si, efectivamente, usted no existiera.

«Han de mirar al niño con seriedad, y dejar de hacerle caso durante un ratito e incluso si hace falta, salir de la habitación e irse a otro sitio», añade Álava. ¿Cuánto tiempo ha de durar el mutismo absoluto? Los psicólogos suelen aplicar la regla de un minuto por año; es decir, el niño de cinco años se quedará unos cinco minutos sin padre o madre.

“Lo normal es que el niño acuda corriendo al progenitor y no respete ese límite de tiempo. Cuando pregunte por qué no se le hace caso, es cuando hay que explicarle con calma y seriedad que eso que dijo es una muy serio, que ha dolido y que ahora ha de esperar a que se pase para que pueda hablar con él”, indica Álava, autora del libro Queremos hijos felices (JdeJ Editores).

Según esta psicóloga, esto hará pensar al niño y funcionará mejor que el simple «¡ahora te dejo sin jugar!».

2. El hijo adolescente reniega de usted pero exige el dinero de papá y mamá

Es la típica reacción de esa edad, cuando necesita sentirse autónomo pero, al mismo tiempo, aún no puede prescindir de la ayuda de sus padres. “Reflexione profundamente de cuándo, cómo y por qué han llegado a esta situación.

Y valore también cómo se siente como persona, no como padre, cuando su hijo le trata de ese modo, y por qué se lo permite. Si la respuesta es: ‘Es que es nuestro hijo y hay que ir a por él al cole’, no vale.

Hay que ver qué haríamos sin el filtro emocional si fuera otro chico”, comenta Otaduy.

«Si su hijo le grita ‘¡Ojalá te mueras!’, deje de hacerle caso durante un rato e incluso, si hace falta, salga de la habitación y váyase a otro sitio» (Silvia Álava, psicóloga infantil)

Cómo reaccionar: Si tras hablarlo con él no entra en razón, pasemos a la acción. “Se le despoja de aquello que pagamos con nuestro dinero, porque no somos sus banqueros sino sus padres. A partir de ese momento se tendrá que ganar su móvil, su wifi, su ordenador, lo que sea. En lugar de tener más privilegios, tendrá menos.

Y si no quiere que vayamos al cole a por él, le diremos que si nos habla con ese mal tono sí iremos, y que además, haremos lo posible para que se nos vea bien vistos, pero si lo hace con educación actuaremos de acuerdo a lo que consideremos necesario”, expone Otaduy.

El objetivo es transmitir el mensaje de que el respeto y las normas son necesarias para la convivencia, y en este caso, se escriben y se cumplen.

3. Es un tirano con sus hermanos

Si un menor la paga con otro hermano, es necesario, según la experta, hacerle sentir fuera de la manada. “El mensaje es que como familia, nos ayudamos unos a otros, pertenecemos a un grupo. Si todo se hace con respeto y consideración, se permanece unido”. Y para quien no respeta, la cosa cambia.

Cómo reaccionar: Se trata de excluirle del grupo de forma temporal. “Alejarle de lo que yo denomino el círculo de las palabras. Dejarle en silencio.

Y mostrarle que como no ha cumplido la norma del respeto al grupo, no se hablará con él, pero sí con los hermanos; no se le besará, no se le abrazará y se irá solo a la cama.

La exclusión dependerá de la gravedad del maltrato a los otros”, advierte la psicóloga Otaduy.

4. Es destructivo: aficionado a romper juguetes ajenos o vaciar el bote de gel por placer

Para corregir y prevenir, conviene explicarle al crío que aquello que rompe o malgasta tiene un precio.

“Son niños que no dan valor a lo material porque lo obtienen gratis, y no les cuesta esfuerzo obtener esas cosas”, afirma Otaduy.

Y si es demasiado pequeño para que entienda lo que es un «precio», hágaselo saber obligándole a subsanar el desperfecto con algo personal (si ha desperdiciado la plastilina de otro niño, haga que le regale la suya).

Cómo reaccionar: “Si se trata del gel que acabamos de comprar, le retiraremos de la hucha o del valor de sus cromos de fútbol o de su colección de muñecas, el valor del gel, por ejemplo.

Y para ser precavidos, sería más fácil si en lugar de un bote grande de gel, le dejamos un recipiente pequeño, para que se acostumbre a otras cantidades. Esto se puede aplicar a todo lo que suele despilfarrar”.

5. Es de los de «no, no y mil veces no»

Puede ser una negativa a pasar un día en el campo, a merendar en casa de una tía, a bañarse, a ingerir alimentos… Es una actitud bastante habitual entre los cuatro y seis años y, si es reiterativa en situaciones concretas (por ejemplo, salir al campo) conviene averiguar si no esconde algún mal recuerdo o miedo a los bichos.

Cómo reaccionar: Según Silvia Álava, “lo primero es no hacerle mucho caso y lo segundo, ponerle un reto. Por ejemplo, decirle: ‘Mira, vamos a ir a pasar el día en el campo y tú vas a ser el encargado de llevar el picnic de la comida o de escoger el sitio donde vamos a comer’.

O si se trata de ir al supermercado, asignarle la tarea de que ser el responsable de encontrar y colocar en el carro tres cosas de la lista.

El objetivo es darle una atención en positivo, de que sea también protagonista del plan, pero no a través de una rabieta con la que se acostumbra a tener nuestra atención solo si nos enfadamos”. Ante todo, no se agobie.

Como sospechamos, los hijos no están en contra de sus padres y, como asegura Susana Cruylles, “las rabietas son algo evolutivo y sano para mostrar sus necesidades y preferencias”. Así que, sea paciente y confíe en los consejos de las expertas.

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Источник: https://elpais.com/elpais/2016/10/24/buenavida/1477262518_786898.html

Qué hacer cuando mi hijo de dos o tres años me pone a prueba

Qué hacer cuando mi hijo de dos o tres años me pone a prueba

Los niños cuando tienen dos y tres años de edad están en una edad muy bonita ya que todo es nuevo y todo puede ser muy divertido, incluso las normas de los padres les pueden resultar muy divertidas y así desafiarles para ver hasta dónde pueden llegar.

Indice

Reafirmación de la identidad del niño

Los niños a partir de los dos años (y quizá un poquito antes) empiezan a proyectar su identidad y a oponerse a lo que los padres les imponen; es como si fuera “la primera adolescencia” para poner a prueba sus límites.

Generalmente lo hacen a partir de gritos, rabietas y negaciones sistemáticas a cosas que antes podían hacer de buen gusto.

Esto hará que su comportamiento se convierta en algo complicado de manejar, pero con calma y paciencia se pueden conseguir grandes resultados.

Este tipo de actitud infantil es saludable porque significa que está evolucionando correctamente ya que el niño de dos años empieza a darse cuenta de que es un ser diferente a sus padres.

Es capaz de reconocer que puede hacer las cosas por sí mismo sin ayuda y quiere llegar más lejos con su propia autonomía, algo fundamental para su independencia.

Pero ¿qué hacer cuando un hijo de dos o tres años pone a prueba a los padres? ¿Se debe imponer mano dura y ser contundentes con el comportamiento o más bien tener comprensión ante este comportamiento?

Calma y paciencia

Cuando un niño niega y se enrabieta haciéndolo no siempre puede comprender esos sentimientos que le recorren por dentro así que hay que estar con él en ese proceso para calmarle. Para lograrlo los padres deberán estar calmados porque intentar tranquilizar a un niño mientras uno está muy nervioso es imposible.

Responder a las rabietas con fuerza o agresividad además de inadmisible dañará gravemente la confianza y el vínculo entre padres e hijos, además de que afectará al buen desarrollo del pequeño.

Por este motivo los padres deberán actuar siempre como modelo y buen ejemplo de comportamiento para que el niño empiece a observar cómo la calma, la paciencia y el diálogo son los mejores compañeros para solucionar conflictos.

Observación

La observación es la mejor herramienta porque se puede descubrir y predecir gracias a su comportamiento cuándo tiene sueño o hambre, cuándo intenta poner a prueba a los padres, qué aspectos le pueden generar estrés, etc. De este modo los padres podrán ver cómo empieza a comportarse su hijo para poder evitar comportamientos inadecuados.

Comprensión

Cuando un niño quiere poner a prueba a sus padres no hay que entrar en su juego, ni enfadarse ni tampoco recriminar el comportamiento del pequeño que lo único que está haciendo es explorar su entorno.

Si un niño se enfada o tiene una rabieta es probable que acabe llorando y gritando por lo que será necesario la comprensión por parte de los padres de este comportamiento ofreciéndole todo el cariño necesario para que vea que existen unas normas y unos límites en casa pero también grandes dosis de amor y comprensión.

La silla de pensar

Cuando un pequeño se rebela hay que actuar con firmeza pero con calma. Antes se usaba mucho la “silla de pensar”, que implicaba sentar al niño los mismos minutos que edad tiene para que se calmara y reflexionara sobre su comportamiento; mientras, los padres respiraban hondo y también podían calmar sus posibles frustraciones.

Actualmente no se aconseja esta técnica, ya que implica dejar al niño sentado solo, lo cual puede hacerle sentir abandono.

Por eso, es mejor usar otras técnicas para tranquilizarse, como la respiración profunda, y no dejar al niño solo salvo que estés tan nervioso que necesites irte unos minutos para calmarte, pero no dejarle sentado en una silla (y mucho menos solo en otra habitación o castigado de cara a la pared).
 

Alternativas al no

Cuando un niño pone a prueba es porque sabe la respuesta de sus padres así que una forma de romper con esto es ofrecerle al niño oportunidad de elección y de este modo olvidar el “no” porque además de desgastar cansa tanto a adultos como a niños. Para conseguir esto y además potenciar su capacidad de elección se puede también distraer al pequeño cuando está poniendo a prueba al adulto para que vea que no le damos importancia  a sus ataques.

En cambio, si se da importancia a los desafíos sin duda alguna el pequeño verá que tiene resultados e intentará mejorar sus tácticas poniendo a prueba más a menudo a los adultos.

El pequeño debe ver y entender que para tomar sus decisiones no es necesario tener que enfrentarse a los padres sino que con diálogo y comunicación se pueden llegar a acuerdos en los que todos salgan contentos.

Pero eso sí, llegar hasta este punto es un trabajo difícil que requiere de mucha paciencia y comprensión por parte de los padres.

TodoPapás es una web de divulgación e información. Como tal, todos los artículos son redactados y revisados concienzudamente pero es posible que puedan contener algún error o que no recojan todos los enfoques sobre una materia. Por ello, la web no sustituye una opinión o prescripción médica.

Ante cualquier duda sobre tu salud o la de tu familia es recomendable acudir a una consulta médica para que pueda evaluar la situación en particular y, eventualmente, prescribir el tratamiento que sea preciso.

Señalar a todos los efectos legales que la información recogida en la web podría ser incompleta, errónea o incorrecta, y en ningún caso supone ninguna relación contractual ni de ninguna índole.

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Источник: https://www.todopapas.com/ninos/desarrollo-infantil/que-hacer-cuando-mi-hijo-de-dos-o-tres-anos-me-pone-a-prueba-6217

Quiero Reclamar la Paternidad

Qué hacer cuando mi hijo de dos o tres años me pone a prueba

Hasta hace algunos años, era relativamente frecuente encontrar hombres que no quisieran asumir sus obligaciones de paternidad para con sus “hijos no reconocidos”. Las razones podían ser distintas: Por estar casado con otra mujer, porque el niño fuera fruto de un relación esporádica, etc. Algunos de estos ejemplos han sido muy sonados en la prensa rosa.

Demanda de Paternidad

A día de hoy, aunque no es tan frecuente, siguen dándose casos.

Los ejemplos que solemos encontrarnos en el despacho son relaciones extra-matrimoniales fracasadas, en la que las madres deciden asumir solas su maternidad y prescindir por completo del padre biológico y años después ese hijo o hija quiere conocer su procedencia o cuando ellas mismas (las madres), transcurridos unos años cambian de opinión y deciden reclamar al padre que ejerza sus obligaciones paternofiliales. Hijos fruto de una relación esporádica que no es asumida por el padre donde la madre quiere hacer valer los derechos de pensión alimenticia de sus hijos. También nos encontramos con familias que reclaman un apellido a través de una demanda de paternidad para que le sean reconocidos sus derechos sucesorios. No hay un perfil definido de las personas que presentan una demanda de paternidad.

¿Quien tiene derecho a interponer una demanda de paternidad?

Son padres que quieren reconocer a un hijo pero se encuentran con la negativa de la madre. Son poco habituales pero existen. La Ley de Enjuiciamiento Civil les reconoce su derecho en los artículos 764 y siguientes.

En esta situación, si la madre no quisiera admitir la paternidad del progenitor, éste puede reclamar mediante un procedimiento judicial. La demanda deberá ir acompañada de algún tipo de prueba.

Ya sean testigos, fotos, correos, certificados de empadronamiento, facturas de suministros, de hotel… Algo que pueda acreditar que verdaderamente existió convivencia entre la pareja o que demuestre que existió una relación entre ambos en la fecha aproximada de la concepción.

 Si el juez reconoce la paternidad, dictará una sentencia, y automáticamente el padre tendrá tanto los derechos como las obligaciones derivados de la paternidad.

Un hijo tiene derecho a reclamar a lo largo de toda su vida, pero hasta que cumpla la mayoría de edad tendrá que ser la madre (o el Ministerio Fiscal) quien le represente en este procedimiento. Para acudir a los tribunales y que se le reconozcan sus derechos de filiación, es necesario contar con los servicios de un abogado y un procurador. Igual que en el caso anterior, para que la demanda se admita a trámite, habrá que acreditar de algún modo que los supuestos padres mantuvieron una relación en la época en la que se calcula que fue concebido

SI se confirma la paternidad, ese hijo adquirirá automáticamente todos los derechos y obligaciones que la ley prevé tales como cambio de apellido, pensión de alimentos o derechos hereditarios.

El Tribunal Supremo ha reconocido la retroactividad de la pensión de alimentos cuando la filiación sea reconocida judicialmente mediante sentencia firme. Se podrán entonces reclamar, el reembolso de las cuantías que habría tenido que asumir el progenitor en concepto de pensión de alimentos de los últimos 5 años desde la interposición de la demanda.

La determinación legal de la filiación en sentencia tiene, tal como hemos visto efectos retroactivos y según el artículo 807 del Código Civil también afectará al reconocimiento forzosos como heredero al hijo reconocido. Lo que significa que tendrá derecho a la legítima.

Las pruebas de ADN

Para confirmar o descartar la paternidad biológica se suele recurrir al Diagnóstico de Paternidad, que analiza el material genético o ADN de los involucrados.

Para poder realizar la prueba se necesita contar con muestras de saliva o sangre principalmente que se llevarán a analizar a un laboratorio de análisis clínicos.

El diagnóstico, suele presentar un porcentaje de fiabilidad muy amplio y será capaz de determinar si existen la paternidad. 

Si quieres reclamar tus derechos de paternidad, llámanos o escríbenos sin compromiso y te explicaremos de qué forma puedes hacerlo.

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Источник: https://celtibericabogados.com/reclamar-la-paternidad/

Ese extraño momento cuando tienen 2 ó 3 años en que no quieres que crezcan y deseas que se hagan mayores

Qué hacer cuando mi hijo de dos o tres años me pone a prueba

Este niño de la foto, y de las fotos que veréis a continuación, es mi hijo Guim. Mi tercer hijo Guim. El último de mis herederos. Tiene ahora 3 años y desde hace más o menos un año entró en una etapa de lo más extraña, al menos para su padre.

Extraña porque está en una edad en la que aún quedan rasgos de la época en que era bebé, porque aún es pequeñito y sientes que ya no tendrás nunca más un niño chiquitín, y quieres que no crezca más, y extraña porque está en una edad en que parece que sufre una adolescencia temprana y hay momentos en que se pone tan insoportable que te dan ganas de gritar: «¡qué ganas de que tengas 6 años!».

Pues de eso hablo hoy, de ese extraño momento cuando tienen 2 ó 3 años en que no quieres que crezcan y deseas que se hagan mayores.

No quieres que crezcan

Hace unas semanas puse una foto suya en mi y dije «no crezcas nunca», porque está en una etapa graciosísima de la vida, en que es todo inocencia, todavía puro, espontáneo, tal y como es. Dice lo que le apetece y lo que no, pues no lo dice. Hace lo que quiere y lo que no, pues no lo hace. Tiene esa lengua de trapo con la que inventa cada día su propio idioma.

Pocoyó es «Copoyó», Superman es «Chucheman», Spiderman es «Síniman», imposible es «implosible», plastilina es «apilina», tengo pipi es «quendo pipi», hacer es «asé» y claro, cuando hila varias de estas palabras una tras otra en una frase, gesticulando y poniendo cara de trascendental, lo miras y te dices «no sé si contestarle o comérmelo a besos».

Y unas veces le contestas y otras, te lo comes a besos.

Y está en la época en que aún se deja. Lo puedes coger, achuchar, hacer cosquillas, darle besos en sus mofletitos y aún se ríe como cuando era bebé. Se parte de la risa, y si le dices que te dé un besito, te lo da con esa asincronía en que primero tocan los labios con los tuyos, o con tu mejilla, y medio segundo después, o antes, suena el beso.

Y te lo encuentras solo, jugando con unos muñecos, y uno le dice a otro «¡El poblema es el poblema!» y el otro le contesta con una voz de tío afónico y peligroso «¡No! Tenemo que asé algo. ¡Ere malo!» y claro, no puedes evitar quedarte mirando y escuchando qué se cuece en esos suburbios imaginarios, momentos antes de que llegue el héroe de turno a solucionar el tinglado.

Tiene aún esas piernecitas cortitas, los pies que pone hacia adentro cuando está tumbado y encogido, concentrado en algo, como cuando estaba hace tiempo en el útero, los hoyitos en diversas zonas del cuerpo y esa barriguita de bebé que no quiere irse todavía.

Y aún pesa poco, aún le puedes coger en brazos, aún puedes llevarlo en hombros, aún puedes disfrutar de cogerle y alzarlo por encima de tu cabeza y él se ríe, y le encanta esa sensación de alejarse del suelo, confiando en los brazos de papá, que le hacen volar.

Que se disfraza a todas horas, y le da igual ponerse un disfraz que pegarse un papel a una pierna con celo, o pintarse con rotulador todo el cuerpo, incluso la cara, y si puede ser, que sea un día antes de que pase algo importante, para que tenga que acudir con la cara toda roja, no sea que los demás no piensen que le has pegado una paliza a tu hijo. Y así, disfrazado, sale a la calle porque a él le da igual ir de una manera o de otra. Él es el Capitán América, y si puede enterarse todo el mundo, mejor. Que sepan que ha venido a impartir justicia.

Está en esa época, además, que se convierte en tu mejor socio. Allí donde vas, va él. Ni que vayas a tirar la basura. «Pero si bajo y vuelvo a subir». Le da igual, si te vas, él va.

Corre a por sus zapatillas, se las pone como no toca (pero hijo, ¿todavía te las pones al revés?) y aparece a medio vestir, que te obliga a darle un repaso para ponerle los pantalones rectos y las zapatillas en el pie que van en realidad.

Y le das la mano y te lo llevas, como si fuerais de excursión, basura en una mano, niño en la otra, al contenedor.

Y hace eso tan gracioso de señalar algo que te quiere enseñar y cerrar un ojo, como afinando la vista para explicarte claramente qué está señalando, cual arquero afinando su puntería para que la flecha haga diana.

Está en esa edad en que no conoce el peligro, y le da igual tener delante un perro chiquitín que uno que le triplique el peso.

Los adora, y corre hacia ellos, y les acaricia como si no fuera a verlos nunca más, cogiéndoles de todas partes y haciendo ese «¡¡Aaaayyy!!» que parece que los quiere abrazar con todas sus fuerzas, como le hace a su perro, Roc, que lo tiene loco… que tanto le hace carantoñas como le da una paliza («¡Noooo le pegueeesss, que le haces dañooo!»).

Y esto solo son los detalles. Es un todo, es ver que está en el final de la época de bebé, que pronto será un niño más mayor y dejará atrás todo esto para dar paso a otras cosas también divertidas y especiales, pero diferentes. Yo querría que mi hijo fuera siempre así.

Quieres que se hagan mayores cuanto antes

Porque no tiene paciencia, que abre el armario para pedirte algo y como no vayas a la primera, o a la segunda, empieza a dar portazos. Que ve lo que tiene el otro y lo quiere, pero ya. Y si lo consigue, después de lágrimas, intento de lesión y de tratar de romper todo lo que está a su alcance acaba por dejarlo olvidado segundos después.

Que ya puedes tú explicarle que todavía no es la hora de comer, que te monta un pollo porque él quiere comer no sé qué (normalmente chocolate o algo que lo lleve) aunque no sea el momento. Que se pone a jugar con el perro, a hacerle daño jugando, y acaban los dos peleados, y el niño llorando.

Que juega con sus hermanos y se extralimita en el uso de las fuerzas, y los oyes saltando, riendo y gastando energía y al rato los oyes llorando, gritando y tratando de arrancarle el pelo al otro.

Que se despierta a las tantas de la mañana, desajustado con el horario de los demás, y luego se duerme a las tantas de la noche, con el mismo desajuste, y si encima ha echado una siesta porque estaba cansado, te puede dar la una, momento en el que tu cuerpo pide clemencia: sí, muchas noches es el último en dormirse.

Es esa mini-adolescencia en la que por cualquier cosa te la lían, se enfadan, te destrozan lo primero que pillan y te demuestran que tienen una paciencia mínima, como mínima intentan que sea la tuya, que te la ponen a prueba constantemente.

Y tienes ganas de que pasen los años de una vez y empiecen a entender las cosas, pero luego vuelven a hacer algo del anterior apartado, y te los quedas mirando, y te sorprendes diciendo: «no crezcas nunca».

Y peor (o mejor)… Cuando crecen, se te olvida todo y dices «¿Y si tenemos otro?» Y así nos juntamos en casa con tres.

En Bebés y más | ¿Tener otro hijo?, 14 razones por las que deberías tener más de un hijo, Desarrollo del lenguaje en el niño: de dos a tres años

Источник: https://www.bebesymas.com/nuestras-experiencias/ese-extrano-momento-cuando-tienen-2-o-3-anos-en-que-no-quieres-que-crezcan-y-deseas-que-se-hagan-mayores

La revisión de su hijo cuando tenga 2 años (24 meses)

Qué hacer cuando mi hijo de dos o tres años me pone a prueba

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Lo más probable es que el pediatra y/o el personal de enfermería que atienden a su hijo hagan lo siguiente:

1. Midan el peso, la estatura y el perímetro cefálico de su hijo representen estas medidas en las curvas de crecimiento. El pediatra también calculará y representará el índice de masa corporal (IMC) de su hijo.

2. Administren a su hijo una prueba de detección que ayuda a identificar de forma precoz el autismo.

3. Le hagan preguntas, le resuelvan inquietudes y le den consejos sobre los siguientes aspectos relacionados con su hijo:

Comida. No se sorprenda si su hijo se saltea alguna comida principal de forma ocasional o si le encanta un alimento en concreto un día y no lo soporta al día siguiente. Programe tres comidas principales y dos o tres tentempiés nutritivos al día. Usted es quien controla el menú, pero deje que sea su hijo quien decida cuánto quiere comer.

Orina y deposiciones. La mayoría de los niños están preparados para aprender a utilizar el inodoro cuando tienen entre 2 y 3 años. Es posible que usted haya detectado conductas que indican que su hijo ya está preparado, como las siguientes:

  • mostrar interés por el váter (como observar cómo usan el váter sus padres o hermanos, sentarse en el inodoro, etc.)
  • tener secos los pañales durante periodos más largos
  • subirse y bajarse los pantalones con ayuda
  • relacionar la sensación de orinar o de hacer de vientre con ir al baño
  • comunicar que sus pañales están mojados o sucios

Sueño. Por lo general, los niños de 2 años necesitan dormir aproximadamente de 11 a 14 horas al día, incluyendo una siesta.

Desarrollo. Alrededor de los 2 años, es habitual que muchos niños:

  • digan más de 50 palabras
  • digan dos palabras juntas para formar una frase («Como manzana»)
  • se hagan entender por lo menos la mitad del tiempo
  • sigan instrucciones de dos pasos (recoge la pelota y tráela)
  • corran bien
  • pateen una pelota
  • bajen escaleras
  • tracen líneas y garabatos circulares
  • jueguen junto a otros niños

4. Hagan una exploración física a su hijo desvestido mientras usted está presente. Esta incluirá explorar los ojos del niño, examinarle los dientes, auscultarle el corazón y los pulmones y prestar atención a los movimientos, el uso del lenguaje y el comportamiento del niño.

5. Actualicen sus vacunas. Las vacunas protegen a los niños de importantes enfermedades propias de la infancia, de modo que es fundamental que su hijo las reciba a tiempo. Los programas de vacunación pueden variar entre distintos consultorios médicos; por lo tanto, pregunte al pediatra al respecto.

6. Soliciten pruebas. Es posible que el pediatra evalúe el riesgo de su hijo a la exposición al plomo, la anemia, el colesterol elevado y/o la tuberculosis y que, en caso de ser necesario, solicite las pruebas pertinentes.

De cara al futuro

He aquí algunas de las cosas que deberá tener en cuenta hasta la próxima revisión, que se llevará a cabo cuando su hijo tenga 30 meses:

Alimentación

  1. Las «manías» por consumir un solo tipo de alimento son habituales durante la primera infancia. Aunque su hijo se empeñe en comer solo determinado alimento, siga ofreciéndole una variedad de alimentos entre los que elegir. 
  2. Deje que su hijo decida qué comer y cuándo está lleno.

    Sírvale tentempiés saludables y evite las bebidas azucaradas.

  3. Cambie a la leche semidescremada o descremada y a otros productos lácteos descremados o semidescremados. Puede servir sustitutos de la leche fortificados, como leche de almendra o soja.

  4. Limite su consumo de jugos a no más de 120 ml (4 onzas) al día.

Aprendizaje

  1. Los niños aprenden mejor interactuando con sus padres, otros cuidadores y su entorno.

    Limite el tiempo que pasa su hijo delante de la televisión o de cualquier otro tipo de pantalla, incluyendo las computadoras y los teléfonos inteligentes, a no más de una a dos horas al día de programas infantiles de calidad.

  2. Tenga un área de juegos segura y permita abundante tiempo a su hijo para la exploración y el juego activo.
  3. Léale a su hijo cada día.

Cuidados cotidianos y seguridad

  1. Su hijo ya puede empezar a cepillarse los dientes con su ayuda. Puede cepillarse dos veces por día usando un cepillo de dientes blando con una cantidad reducida de pasta de dientes que contenga flúor (no más cantidad que el tamaño de un guisante). Repase las áreas que parezca haberse olvidado.

    Si todavía no lo ha llevado al dentista, programe su primera visita.

  2. Esté pendiente de aquellas conductas que indican que su hijo está preparado para empezar a aprender a utilizar el inodoro. Si no muestra ningún interés, es correcto esperar unos pocos meses antes de volverlo a intentar.

    Un niño que utiliza el orinal y que controla bien la orina durante el día, puede seguir necesitando los pañales por las noches.

  3. Asegúrese de establecer unas normas razonables y coherentes. Refuerce las conductas positivas.

  4. Las rabietas son habituales a esta edad y tienden a empeorar cuando los niños están cansados o hambrientos. Intente evitarlas antes de que ocurran, distrayendo a su hijo o alejándolo de situaciones frustrantes.
  5. No le pegue a su hijo.

    Los niños no establecen ninguna conexión entre el hecho de recibir una bofetada y el comportamiento que se intenta corregir. Si es necesario, utilice una breve «pausa obligada» (o «técnica del tiempo fuera») para disciplinar a su hijo.

  6. Cuando viajen en coche, siente a su hijo en una silla de seguridad orientada en el sentido contrario a la marcha (hacia atrás) hasta que alcance los límites de peso o estatura establecidos por el fabricante de la silla. Antes, se recomendaba cambiar de posición a los niños a los 2 años de edad.

    Pero ahora, los expertos en seguridad dicen que la orientación debe basarse en el tamaño del niño, no en la edad. De esta manera, los niños pequeños pueden permanecer mirando hacia atrás hasta los 3 o 4 años.

  7. Observe a su hijo atentamente cuando juegue en el exterior y en parques o instalaciones recreativas.

      Asegúrese de que su hijo lleva siempre puesto un casco cuando monte en triciclo o se siente en la bicicleta que lleva un adulto.

  8. Proteja a su hijo de las heridas por arma de fuego evitando guardar este tipo de armas en su casa. Si tiene un arma de fuego, guárdela descargada y bajo llave.

    Las municiones deberían guardarse en un lugar distinto. Asegúrese de que los niños no pueden acceder a las llaves.

  9. Hable con su médico si le preocupa su situación vital. ¿Dispone de todo lo que necesita para cuidar de su bebé? ¿Dispone de suficiente comida, de un lugar seguro donde vivir y de seguro médico? Su médico le puede informar sobre recursos de la comunidad o derivar su caso a un trabajador social.

Estas listas de recomendaciónes son congruentes con las guías de la Academia Americana de Pediatría (AAP) (Directrices Futuros Brillantes o «Bright Futures Guidelines» en inglés).

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/checkup-2yrs-esp.html

Embarazo saludable
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