Si gritas a tu hijo, prepárate para una vida de gritos

Qué le pasa al cerebro de tus hijos cuando les gritas

Si gritas a tu hijo, prepárate para una vida de gritos

Llegas a casa después de una larga y dura jornada de trabajo y con unas ganas locas de estar y disfrutar con tus hijos. Empezamos a disfrutar con ellos, pero en algún momento, un determinado comportamiento nos hace poner el «grito en el cielo».

Si ese grito es lo habitual, advierte la psicóloga Piedad González Hurtado, no tiene vuelta atrás. «Por más que luego les pidamos perdón por haber perdido los nervios y les demostremos cariño, el daño está hecho», asegura.

Los gritos continuados, explica, «tienen un impacto en el cerebro humano y en el propio desarrollo neurológico del niño ya que el acto de “gritar” tiene una finalidad muy concreta en todas las especies, que es la de alertar de un peligro.

Nuestro sistema de alarma se activa y se libera cortisol, esa hormona del estrés que tiene como finalidad poner las condiciones físicas y biológicas necesarias para huir o pelear».

El hipocampo, prosigue, «esa estructura cerebral relacionada con las emociones y la memoria, tendrá un tamaño más reducido.

También el cuerpo calloso, punto de unión entre los dos hemisferios, recibe menos flujo sanguíneo, afectando así a su equilibrio emocional, a su capacidad de atención y otros procesos cognitivos…».

Por tanto, si estamos permanentemente gritando, «provocamos una liberación excesiva y permanente de cortisol sume al niño en un estado de estrés y alarma constante, en una situación de angustia que le impide pensar con claridad por lo que no obedece que es nuestro objetivo».

Lo que dicen las investigaciones

La Universidad de Pittsburgh y la Universidad de Michigan han colaborado en un estudio conjunto, publicado por la revista Child Development, en el que han hecho un seguimiento del comportamiento de casi mil familias compuestas por padre, madre e hijos de entre 13 y 14 años.

De él se extrae que el 45% de las madres y el 42% de los padres admitieron haber gritado y en algún caso insultado a sus hijos.

Los investigadores comprobaron los efectos de esa violencia verbal sobre los niños y encontraron que habían desarrollado diversos problemas de conducta en el año sucesivo comparado con los niños que no habían recibido gritos.

Los problemas iban desde discusiones con compañeros, dificultades en el rendimiento escolar, mentiras a los padres, peleas en el colegio, hasta robos en tiendas y síntomas de tristeza repentina y depresión.

Estrategias alternativas

¿Por qué gritamos, entonces? «Quien ejerce la ardua tarea de educar puede sentirse en momentos determinados desbordado y perder el control, todos lo hemos sentido en algún momento.

No podemos dramatizar si es puntual, pero hay que trabajar para tener estrategias alternativas a estos; y sobre todo hay que educar en el respeto y el ejemplo es una de las formas más coherentes de educar», sugiere esta psicoterapeuta.

Lo que ocurre, añade, «es que algunas personas repiten el patrón educativo de sus padres y pueden pensar que utilizar los gritos sirve manejar el comportamiento inadecuado de sus hijos. Cuesta desprenderse de lo aprendido. Ahora, convertidos en adultos son incapaces de usar otras herramientas, otras alternativas más útiles y respetuosas».

Estas se sienten mal, tristes y culpables. La culpa, señala González Hurtado, «es como una de la emociones displacenteras que más presentes están en este ejercicio de la parentalidad.

Nos inmoviliza, nos bloquea, pero sirve para analizar nuestro comportamiento y buscar alternativas y soluciones a los conflictos, porque nos hace cuestionarnos qué es lo que es más importante para ti.

¿Estamos haciendo bien nuestro trabajo, intentando ser mejores, dando lo mejor de nosotros? Cuestionarnos de esta forma es una de nuestras responsabilidades más importantes respecto de la crianza».

Opciones alternativas

Así, concluye esta experta, «educar sin gritos es lo mejor para nuestros hijos».

«Disciplinar, corregir pero sin lastimar, guiar y enseñar sin recurrir al grito es la manera eficaz de cuidar su mundo emocional, de atender su autoestima, de enseñarles que existe un tipo de comunicación que no duele, esa que sabe entender y conectar con sus auténticas necesidades». «No es fácil, cuesta, especialmente cuando hemos sido educados de esa forma. Pero se puede modificar conductas que reconocemos que son dañinas para nuestros hijos».

En momentos en los que nos sentimos desbordados y estamos a punto de perder el control, tenemos que aplicar estrategias de autocontrol, tales como:

Reconocer que gritar es perder el control, por lo que tenemos que parar, mantener la calma y reflexionar,

Detectar los pensamientos hostiles que alimentan el enfado, Entender, empatizar con el niño y se requiere paciencia y cercanía.

Busca distracciones: disminuir la activación fisiológica de la ira Buscar la forma de canalizar la energía hacia un fin más productivo, por ejemplo realizando alguna actividad.

Si es difícil para ti aplicar esas estrategias y el grito se convierte en un patrón habitual de relación con tus hijos es el momento de pedir ayuda psicológica.

En definitiva, ejercer la parentalidad con disciplina pero con amor requiere de un trabajo diario.

«No existe una clave mágica que nos sirva en todas las situaciones y con todos los niños, pero existen cuestiones importantes a tener en cuenta tales como compartir nuestro tiempo con ellos, establecer órdenes coherentes y cumplirlas, identificarnos como figuras de apoyo incondicionales y favorecer que asuman aquellas responsabilidades que están a su alcance por su nivel de desarrollo», finaliza esta psicóloga.

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Источник: https://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-pasa-cerebro-hijos-cuando-gritas-201802122116_noticia.html

Siete razones por las que no debes gritar a tu hijo

Si gritas a tu hijo, prepárate para una vida de gritos

Seamos sinceros, ¿quién no ha perdido los estribos alguna vez con sus hijos y les ha gritado? El peso de la responsabilidad de ser padres, y el ritmo apresurado que nos impone la vida diaria, hace caer a los padres en el error de gritar. Pero si se convierte en una práctica habitual y no se corrige, puede desencadenar en el niño miedo y convertirle en un futuro gritón.

“Se grita cuando se canaliza de manera indebida las emociones. Todos los padres acabamos por gritar a nuestros hijos tarde o temprano y quien diga lo contrario, miente. Pero que sea casi inevitable, no significa que esté justificado.

Por ello, cuando ocurre conviene pedir disculpas, explicar con calma las razones por las que hemos perdido los nervios y reconocer que no hemos sabido gestionar la situación, para así evitar que ocurra en más ocasiones”, comenta Iván Carabaño Aguado, médico adjunto del servicio de pediatría en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid.

Cuando los progenitores están más sobrepasados por el estrés, cansados y cargados emocionalmente surge la situación de descontrol con el tono de voz, lo que suele ocurrir de manera más habitual a última hora del día.

“Es entonces, cuando los padres comentan que pierden la paciencia con más facilidad y les cuesta mantenerse calmados, por lo que llegan a gritar cuando quieren que sus hijos hagan determinada cosa. También influye la transmisión generacional.

Si los padres recibieron gritos de sus progenitores, es posible que normalicen esa situación como la forma habitual de manejar los momentos de desencuentro o tensión con sus hijos”, explica Carla Valverde, psicóloga clínica infantojuvenil del Centro de Salud Mental de Majadahonda (Madrid), que apunta también las razones por las que hay que evitar gritar a los niños:

  1. Los gritos generan en el niño estrés yalarma que suele desencadenar el llanto. Es conveniente elegir las palabras, el tono y volumen de voz adecuados y que vayan acompañados de una comunicación no verbal (gestos, miradas) acorde al mensaje que se pretende transmitir.
  2. Los momentos de descontrol emocional, como cuando se pierden los nervios y se grita, dificultan el hecho de que el niño pueda reflexionar con tranquilidad sobre lo que provoca el enfado de sus progenitores. Los gritos bloquean la capacidad del pequeño para discernir sobre la situación. Se sentirá desbordado y sus padres no resultarán un modelo para gestionar y expresar sus emociones de manera adecuada y ajustada en cuanto a forma e intensidad (tono y volumen adecuado de voz).
  3. De padres gritones, hijos que también gritan. Los niños aprenden sobre todo por imitación. Así que, si no queremos recibir lo mismo, es preferible controlar el volumen de voz que usamos con nuestros hijos. Los progenitores resultan un espejo para sus hijos en cuanto a la forma de expresar sus emociones, en este caso su enfado.
  4. El niño puede desarrollar un concepto negativo de sí mismo y tener baja autoestima. La autoestima del niño se desarrolla sobre todo en el seno de la relación con sus padres. Cuando los gritos son habituales (sobre todo si van acompañados de mensajes negativos), el niño sentirá que todo lo que hace es incorrecto y está justificado que le griten.
  5. Se generan sentimientos de angustia y ansiedad. Si el niño/a es muy sensible y tiende a no expresar sus emociones y defenderse por temor cuando sus progenitores le gritan, es posible que cuando se encuentre en situaciones similares con otras personas, sienta ansiedad y se bloquee.
  6. Sentirá enfado y frustración. Por lo que el niño se puede enfadar con más facilidad, ya que puede sacar la conclusión de que los gritos son un recurso habitual de sus progenitores porque resultan eficaces para conseguir objetivos.
  7. Los gritos creansentimientos de indefensión. Si el tono de voz elevado ante las desavenencias es la norma, el niño/a puede llegar a la conclusión de que sus sentimientos o necesidades son desatendidos y tenderá a no expresarlos en el futuro.

Educar a un hijo no implica imponerle a toda costa las normas, como a través de los gritos, que provocan miedo y generan un modelo incorrecto sobre cómo gestionar las emociones.

Cuando queremos conseguir que nuestros hijos se adapten a ciertas pautas se puede utilizar un tono firme, seguro y determinante (diferente de los gritos) para que comprendan que establecemos ciertos límites que son innegociables.

Entrenar el volumen adecuado de voz con los niños

Lo mejor es tratar de cortar la situación de los gritos con la mayor brevedad posible y tomarse un tiempo, pueden ser minutos o incluso días, hasta que el enfado desaparezca y regrese la calma. Es conveniente explicar al niño/a que se está enfadado y se necesita un tiempo hasta poder retomar una conversación de manera serena.

¿Hay alguna excepción en la que esté justificado gritar a los niños/as?

Salvo en circunstancias muy puntuales, no está justificado gritar a los niños. Solo en situaciones que puedan suponer un riesgo para su salud o integridad, como cuando se acerca a una carretera y puede ser atropellado.

Cuando hemos gritado a nuestros hijos, ¿qué podemos hacer para solventarlo?

Una vez que nos sintamos calmados, lo mejor es buscar un momento y lugar adecuado para hablar sobre lo que ha sucedido.

Será necesario pedir disculpas por la reacción de gritar y evitar justificaciones como: Si no te portaras así no tendría que gritarte. Conviene que los adultos se hagan responsables de sus propias reacciones.

Se puede explicar a los niños que no se está orgulloso de haber gritado, para demostrar que lo idóneo es buscar maneras alternativas de manejar el enfado.

Conviene evitar huir del modelo de perfección a la hora de educar a los hijos. A veces, a pesar de intentarlo se cae en el error de elevar el tono de voz. Pero resulta conveniente mantener el compromiso de diálogo con los hijos/as y buscar vías alternativas para comunicar el enfado desde la calma.

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Источник: https://elpais.com/elpais/2018/07/12/mamas_papas/1531380854_250014.html

Gritar a los niños daña su autoestima: educa sin gritos

Si gritas a tu hijo, prepárate para una vida de gritos

A menudo, los gritos no son vistos como una forma de violencia hacia el niño. Casi todos los padres han gritado alguna vez a sus hijos y muchos lo hacen de forma habitual, pero debemos saber que gritar a los niños daña su autoestima y por eso, evitar hacerlo.

Como padres, que queremos sembrar en nuestros hijos una personalidad sólida, deberíamos tener más autocontrol antes de levantarles la voz porque gritándoles les estamos dejando una huella psicológica irreversible que no se borra luego con un beso y un abrazo.

Como bien nos contaba Ramón Soler en una entrevista que nos concedió para el blog, los «Gritos, amenazas y chantajes son violencia psicológica», son manifestaciones de maltrato, aunque nos cueste verlo.

Los adultos somos nosotros, y somos los padres quienes tenemos que encontrar y poner en práctica las herramientas para no perder el control, saber controlar la ira y no explotar cuando las situaciones parezca que nos superan.

Porque es lógico, todos somos padres y vivimos cotidianamente con los hijos situaciones que nos ponen al borde del abismo. En segundos somos capaces de convertirnos en monstruos temerarios. La pregunta que tenemos que hacernos es ¿queremos que nuestros hijos nos vean así? ¿Queremos ser monstruos temerarios o padres comprensivos?

Lo peor es que el grito no tiene vuelta atrás. Por más que luego les pidamos perdón por haber perdido los nervios y les demostremos cariño, el daño ya está hecho y nada puede remediarlo.

Está comprobado científicamente

Muchas veces se piensa «si total por un par de gritos, qué le va a pasar», pero está comprobado científicamente los efectos que tienen los gritos en la infancia sobre los niños.

La Universidad de Pittsburgh y la Universidad de Michigan han colaborado en un estudio conjunto, publicado por la revista Child Development, en el que han hecho un seguimiento del comportamiento de casi mil familias compuestas por padre, madre e hijos de entre l3 y 14 años.

El 45% de las madres y el 42% de los padres admitieron haber gritado y en algún caso insultado a sus hijos. Los investigadores comprobaron los efectos de esa violencia verbal sobre los niños y encontraron que habían desarrollado diversos problemas de conducta en el año sucesivo comparado con los niños que no habían recibido gritos.

Los problemas van desde discusiones con compañeros, dificultades en el rendimiento escolar, mentiras a los padres, peleas en el colegio, robos en tiendas y síntomas de tristeza repentina y depresión.

Los efectos de los gritos

Todos esos problemas de conducta surgen a raíz de que los gritos van minando poco a poco su autoestima y su autoconfianza. Ni hablar si además se utilizan insultos como «inútil» o «vago».

El niño acaba creyéndose que es un inútil o un vago, o incluso etiquetas más light que les solemos poner como torpe, tonto, etc.

Los gritos no dejan secuelas físicas, pero sí psicológicas y emocionales. Crecer con un patrón familiar donde los gritos son moneda corriente les hace inseguros, retraídos y acaban creyendo que es la única manera de hacerse valer, sometiendo a otro a gritos.

Evitar los gritos es posible

Nadie dice que sea fácil, especialmente cuando hemos sido educados en una casa con gritos y cuando por norma comenzamos a hacerlo también con nuestros propios hijos.

Pero nunca es tarde para modificar conductas que reconocemos que son dañinas para nuestros hijos. Los queremos y queremos lo mejor para ellos.

En momentos en los que nos sentimos desbordados, en los que sentimos que estamos a punto de perder el control y la ira se apodera de nosotros, debemos detenernos antes de que el volcán explote.

En primer lugar, hay que reconocer la ira para poder frenarla y controlarla. Luego descargar nuestra frustración de otra forma que no sea a través de los gritos hacia nuestros hijos.

Lo importante es saber que se puede educar a los hijos de otra forma, porque gritar a los niños daña su autoestima, dejando una huella imborrable en ellos en una etapa de la vida en la que están construyendo su personalidad.

En Bebés y más | Cómo poner límites a los niños con respeto y empatía: siete claves de la disciplina positiva

Источник: https://www.bebesymas.com/educacion-infantil/gritar-a-ninos-dana-su-autoestima-educa-gritos

5 razones para dejar de gritar a tus hijos,10 claves para conseguirlo

Si gritas a tu hijo, prepárate para una vida de gritos

La mayoría de los padres piensan que deberían dejar de gritar a sus hijos pero luego, sin darse ni cuenta, se sorprenden a sí mismos recurriendo una y otra vez al grito.

Parece que nuestros hijos no obedecen hasta que, hartos de repetir la misma orden, se la gritamos.

Es verdad que el grito llama su atención en un primer momento, pero a la larga dejará de tener efecto y entonces ¿qué haremos? ¿Gritar más fuerte, gritar más rato, vivir a gritos?

¿Es posible educar sin gritar?

os dejo también mi explicación en vídeo

Evidentemente sí. De hecho debería ser nuestra elección. Nuestros hijos han aprendido a no obedecer hasta que nos ven realmente enfadados y este es un mal hábito que han adquirido.

Por lo tanto, es un hábito que debemos hacer desaparecer y generar uno más saludable. Gritar entrena a nuestros hijos a no escuchar hasta que se les levanta la voz.

Cuanto más lo usamos, más los entrenamos y más nos costará que obedezcan sin necesidad de gritar.

Dejar de gritar no es fácil porque supone tener un gran autocontrol sobre nuestras emociones sobre todo de la ira y la rabia que nos genera ver la desobediencia diaria en nuestros hijos.

Es un entrenamiento que lleva tiempo.

Primero sabremos frenarnos al minuto de estar chillando, pero poco a poco, seremos capaces de frenar antes de empezar a gritar, es cuestión de proponérselo, es cuestión de añadirlo a la lista de objetivos del 2021.

Y para que vosotros hagáis como yo y pongáis este deseo en vuestra lista, os voy a dar 5 razones para dejar educar sin gritar que os convencerán:

1. Gritar convierte a los niños en sordos

Cualquier explicación o aprendizaje que queramos darles con el grito será inútil, porque los oídos de nuestros hijos se cierran automáticamente después de oírlo.

Después de una interacción negativa nadie está dispuesto a escuchar con verdadera atención y con ganas de aprender y mejorar, eso solo se consigue con interacciones positivas.

Si queremos hacer mejores a nuestros hijos, no lo conseguiremos a gritos.

El grito es una respuesta de agresividad, no de asertividad, que provoca en el que lo escucha una respuesta similar. Tal vez, en la infancia no nos respondan gritando pero es cuestión de tiempo que ellos también usen el grito como respuesta.

2. Gritar no ayuda a gestionar las emociones

Nosotros somos un ejemplo de comportamiento de nuestros hijos. Cuando perdemos el control y gritamos, lo que les enseñamos es a gestionar la ira y la rabia con agresividad.

Conseguiremos unos adolescentes llenos de rabia que gritan y pierden el control delante de la explosión de emociones que se tiene en esa etapa evolutiva.

Si nosotros ayudamos a nuestros hijos a gestionarlo de otra manera, con autocontrol, con calma, hablando abiertamente de las emociones en casa, ellos aprenderán a dar respuestas más adecuadas a la ira y a la rabia. Si oyes gritos aprendes a gritar.

Gestionar emociones como la ira o la rabia no es nada fácil. De hecho es probable que a muchos de nosotros nadie nos enseñara a hacerlo. Por eso, a veces, nos es muy difícil controlarnos y no gritar. Al final es un aprendizaje que nosotros también tenemos que hacer.

3. Gritar asusta a nuestros hijos

Ellos sienten miedo al principio y después rabia e impotencia.

¿Es miedo lo que queremos que sientan nuestros hijos? Seguro que no, nuestra intención cuando gritamos es que obedezcan, que aprendan, que hagan lo correcto, que nos respeten, etc… pero no queremos provocarles miedo.

Por lo tanto, con nuestra actitud no conseguimos el efecto que queremos: el respeto se gana respetando, la obediencia se gana con paciencia, los aprendizajes requieren un tiempo y un esfuerzo y que hagan lo correcto dependerá en gran medida de nuestro propio comportamiento.

4. Gritar los aleja

Cada vez que les gritamos, ponemos una piedra de un muro que nos separa. Perdemos autoridad positiva, perdemos respeto, perdemos comunicación, ganamos distancia, ganamos frialdad en las relaciones, ganamos más gritos y ganamos malestar emocional.

5. A más gritos, menos autoestima

Educar a gritos tiene un efecto nefasto sobre la autoestima de nuestros hijos.

Lejos de sentir que estamos orgullosos de sus logros y sus esfuerzos, lo que sienten es que nunca están a la altura, hagan lo que hagan, siempre aparecen los gritos y borran cualquier sentimiento de haber hecho algo bien.

Un grito tiene tanta fuerza que puede borrar los elogios que le haya podido hacer a lo largo del día. Nuestro hijo/a solo recordará el grito y lo que ha hecho mal. Por eso aumenta la sensación de no hacer nunca nada bien.

1. Adquirir un compromiso

Será como un pacto de familia donde nos comprometemos a dejar de gritar y a hablar con respeto. Diremos a nuestros hijos que estamos aprendiendo a hacerlo y que nos tendrán que ayudar, que es probable que cometamos errores pero que si tienen paciencia cada vez lo haremos mejor.

2. Nuestro trabajo como padres es controlar nuestras emociones

Con el manejo de nuestras emociones les enseñamos a controlar las suyas. Si somos un buen ejemplo, ellos serán mejores.

Por lo tanto, debemos empezar a trabajar con nuestras emociones, lo que sentimos, lo que transmitimos y como lo controlamos. Es un entrenamiento que requiere tiempo y esfuerzo.

 Trabajar nuestra gestión de las emociones es una asignatura pendiente. Nos hará mejores a nosotros y hará mejores a nuestros hijos.

3. Recordar que los niños deben actuar como niños

Son cientos las veces que he oído decir a los padres en consulta:

  • Es que tengo que repetirle mil veces que se vista. Cada mañana es la misma historia. Está claro que le gusta verme enfadado/a
  • ¿Cuántos años tiene su hijo/a?
  • Cinco años. Yo creo que ya sabe lo que debe hacer pero solo piensa en jugar.

Ante esto, yo siempre digo lo mismo: lo que realmente me preocuparía es que usted se sentara en esa silla y me dijera que su hijo/a de cinco años se viste solo/a cada mañana sin necesidad de que usted le recuerde lo que debe hacer.

Porque entonces seguro que habría algún problema. Los niños deben jugar, es lo que les toca a esa edad y nosotros somos los encargados de recordarles cada día sus obligaciones. Es nuestro trabajo de padres.

Somos generadores de hábitos, cada día debemos recordarles las mismas cosas hasta que adquieran el hábito y entonces tendremos que recordarles las siguientes. Es un trabajo que nunca acaba.

¿Cuánto tiempo tardamos en conseguir que nuestros hijos se laven solos los dientes sin que yo se lo recuerde? Una media de 10-11 años. Es solo un ejemplo de la paciencia que hay que tener.

4. Dejar de reunir leña

Cuando tienes un mal día, cualquier chispa encenderá el fuego. Date un momento, haz algo que te haga sentir mejor y deja de reunir leña para el fuego. En algún momento tienes que parar.

Muchos de nosotros llegamos a casa estresados del trabajo y no tenemos ni un segundo para descansar que ya empezamos con las obligaciones paternales o maternales. En el día a día no disponemos de tiempo para desconectar y poder llegar a casa sin el estrés del trabajo.

Hay muchos padres que me lo han comentado, si al menos tuviera un momento para mí, tal vez podría atender mejor a mis hijos, pero no lo tengo. Para todos los que os sintáis así, os recomiendo la práctica del mindfulness.

5. Ofrecer empatía cuando tu hijo expresa cualquier emoción

Cualquier emoción, buena o mala, debe ser escuchada. Para mostrar empatía debemos hacer entender a nuestro hijo que comprendemos cómo se siente.

Así aprenderán a aceptar sus propios sentimientos que es el primer paso para aprender a manejarlos.

Una vez que los niños pueden manejar sus emociones, podrán manejar también su comportamiento.

El cerebro infantil es un cerebro inmaduro que todavía no ha desarrollado la capacidad de empatizar ni tampoco la de gestionar las emociones. Podemos ayudarles en este proceso hablando de emociones en casa, poniendo nombre a lo que siente y ayudándole a regularlo. 

6. Trata con respeto a tu hijo

Cuando los niños son tratados con respeto sienten más ganas de portarse bien y de tratar con respeto a los demás. Simplemente debes entender que tu hijo merece tu respeto más que cualquier otra persona.

7. Cuando te enojas, STOP

Para, cierra la boca. No hagas nada ni tomes decisiones. Respira hondo. Si ya estás gritando para en medio de la frase. No sigas hasta que no estés tranquilo.

Hablar, castigar o actuar cuando uno está enfadado aumenta notablemente la probabilidad de tomar malas decisiones, de gritar en vez de hablar, de usar castigos exagerados y poco educativos y actuar de manera desproporcionada.

  Le invitamos a leer nuestro post las 10 claves para usar bien el castigo.

8. Respira y date cuenta de tus sentimientos

Cuando te enfades con tu hijo/a y sientas ira y rabia, aléjate de la situación si es posible y respira. Lávate la cara y piensa en lo que hay debajo de esa ira que suele ser miedo, tristeza y decepción. Date un espacio para sentirlo y llora si así lo sientes, después verás como la ira desaparece.

Si los dos padres estáis presentes, podéis ayudaros.

Si uno de los dos pierde el control, el otro puede coger las riendas diciendo «déjame a mi, ya me encargo yo de los niños, tu puedes ir a hacer la cena si quieres».

De esta manera, el padre que está más nervioso puede irse de la situación y calmarse y el padre que está más tranquilo puede reconducir mucho mejor la situación que se haya producido. 

9. Encuentra tu propia sabiduría

Analiza la situación de manera objetiva. Ahora que ya no sientes ira, será más fácil. Piensa en qué quieres conseguir y cuál es la mejor manera de hacerlo. Quieres que tu hijo te obedezca, ten paciencia y repite la norma las veces que haga falta, incluso ayúdale físicamente a hacerlo, cógele de la mano y guía sus pasos.

Quieres que tu hijo te respete, enséñales con el ejemplo. Quieres educar bien a tu hijo, hazlo desde el reconocimiento y desde el afecto no desde los gritos y los castigos. Fija tus objetivos y fija también tus pasos.

Los aprendizajes requieren tiempo y paciencia, tu hijo no lo puede aprender todo a la primera, más bien es al contrario, no aprenderá nada a la primera.

10. Adopta medidas positivas, busca un lugar tranquilo

todos hemos vivido esos momentos de tensión en casa, momentos que generan un gran malestar emocional y que cada movimiento no hace más que aumentar la tensión. Unos gritan, otros lloran, nadie hace lo que debe hacer y parece que nada puede parar esa escalada de ira. ¿Qué podemos hacer?

  • Pide a tu hijo un time-out: tiempo fuera. Uno en cada sitio hasta que se desvanezca la ira.
  • Pídele disculpas.
  • Ayuda a tu hijo a gestionar la rabia que siente, que se sienta comprendido, explícale que tú también te sientes así a veces.
  • Busca un lugar tranquilo donde esconderos, debajo de una gran sábana para dejar pasar de largo la ira y la rabia. Esta técnica es para usarla sobre todo con niños pequeños. Las cabañas para los más pequeños son lugares seguros donde podemos escondernos de esa rabia.
  • Lee un cuento tras otro, hasta que se desvanezca la rabia. Vendría a ser como usar técnicas de distracción hasta que la emoción vaya desapareciendo.

A veces, basta con dar un paso para ayudar a nuestro hijo a que se sienta mejor para que la ira desaparezca.

La emoción va acompañada de unas sensaciones físicas a veces muy potentes y que necesitan un tiempo para desaparecer. Se trata de ayudar a nuestros hijos a regular esta curva, para que disminuya lo antes posible. El grito hace justo lo contrario, eleva esta curva al máximo haciendo más difícil que desaparezca.

Ayudando a nuestros hijos a gestionar bien sus emociones, aprenderemos mucho de las nuestras y seguro que esto nos hará a todos mucho mejores. Cuando me propongo ser mejor padre, me convierto en mejor persona y ayudo a mis hijos a ser también mejores. Todos ganamos si decido educar sin gritar.

Источник: https://www.psicologosantacoloma.es/razones-para-dejar-de-gritar-a-tus-hijos/

Gritos de los niños: ¿cómo manejarlos?

Si gritas a tu hijo, prepárate para una vida de gritos
iStockphoto/Thinkstock

Algo que puede ser muy desagradable es que los niños griten.

Todos estamos de acuerdo: no hay necesidad de gritar para comunicarse, por tanto, es algo que debemos evitar en nuestros hijos.

Pero seamos honestos, si un niño grita, ¿quién lo enseñó a hacerlo? Muchas veces no nos damos cuenta de que inconscientemente fomentamos este mal hábito en los pequeños.

Origen

Los bebés no tienen un lenguaje formado para expresar sus necesidades. Por ello ejecutan lo único que pueden para llamar la atención: patear, menear las manitas, señalar, hacer ruidos y…gritar. Entonces los padres, los abuelos y toda la familia vienen corriendo. El niño grita nuevamente. Y así sucesivamente cada vez que quiera algo.

Los padres reaccionan ante los gritos moviéndose más rápido, para que el niño pare de gritar. Pero será temporal; cuando quiera otra cosa volverán los chillidos. Los menores condicionan a los padres a moverse con mayor rapidez cada vez, así que se anticiparán a los deseos de su hijo para evitar que este grite. Exactamente eso hacen los sirvientes con sus amos.

Los niños aprenden entonces que gritar es más práctico y eficaz que el lenguaje hablado. Mejor los gritos que las palabras. Pronto también los padres comenzarán a gritarse entre ellos para que paren los chillidos.

No ignores el problema, dale solución

Los padres son los responsables primeros de enseñarles conductas apropiadas a los hijos. Si le restamos importancia al asunto, los niños nunca sabrán cuál comportamiento es correcto y cuál errado. Para lograr educar hijos independientes y responsables necesitamos mostrarles los límites.

Las personas felices no les gritan a las demás. Si quieres que tu hijo crezca respetando a los otros (incluyéndote) es importante enseñarle “por qué” no está bien gritar. Necesitan la explicación que está detrás de la disciplina. Por supuesto, las razones dependen de la edad del menor.

Si es más pequeño le puedes decir que molesta los oídos de las personas. A los mayores se les explica que deben controlar sus emociones y ser felices. También que hay que respetar a las demás personas para que a su vez seamos respetados. Estas lecciones son de autocontrol y deben empezar desde muy temprano para que se enraícen en la personalidad.

¿Cómo hacerlo?

Cuando el niño comience a gritar debes hacer lo siguiente: dile en tono calmado que baje la voz. Coloca tu dedo firmemente en su boca y llévalo a un lugar apartado. Hazle saber que permanecerá allí sentado hasta que hable correctamente. De ese modo le das el control del futuro, decidirá cuándo bajar la voz y dirigirse a los demás agradablemente.

Como padre, estás haciendo de guía. Simplemente le estás mostrando lo inconveniente que es para él gritar. Es un buen incentivo para que cambie su mala conducta y rechace las relaciones de poder.

Si se levanta del sitio donde lo colocaste y sigue gritando, vuelve a colocarlo allí una y otra vez.

Si te llama y pregunta si puede pararse de allí le respondes con voz amable que está en sus manos hacerlo, basta que deje de vociferar y se dirija a ti correctamente.

Sé consistente y no te rindas

Si estás en un lugar público debes hacer lo mismo. Pon tu dedo en su boca con firmeza y di: “No puedes gritar, debes pedir lo que quieras en voz baja” (a los niños muy pequeños se les indica lo mismo con señales gestuales).

Lo importante es que seas consistente con tu patrón de conducta. Cada vez que el niño dé una escena de gritos debes dar la misma respuesta y no dejarte vencer. Nunca jamás debes rendirte frente a esta situación. Es tu función como padre enseñar a tus hijos a tener en cuenta a las demás personas y a respetar sus derechos.

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No le grites a tu hijo

Todo padre debe saber que antes de lograr un cambio en su hijo primero él mismo debe cambiar. Ser tú mismo lo que quieres que tu hijo sea es la única manera posible de enseñarle a ser mejor pues él siempre repetirá tu modelo.

Aprende a controlar tus emociones y tu pequeño devolverá la misma respuesta. No le grites, siempre comunícate con él usando palabras y hablando en voz calmada, incluso cuando esté comportándose indisciplinadamente. Te toca encauzarlo cuando se desvíe y eso solo se logra con racionalidad, equilibrio y firmeza.

Y recuerda, los niños no son el centro del universo. No los trates como si fueran a ser personas infelices. Si realmente amas a tu hijo, enséñale a llevarse bien con el resto de las personas mostrándole la importancia del buen trato y la comunicación correcta. Te aseguro que al crecer, lo agradecerá.

¿Necesitas más información sobre disciplina infantil? Lee aquí: ¿Cómo enseñar a los niños a controlar sus emociones? y ¿Cómo disminuir la agresividad de tu hijo?

Источник: https://www.vix.com/es/imj/familia/4058/gritos-de-los-ninos-como-manejarlos

Embarazo saludable
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