Trastornos de ansiedad en los niños

Ansiedad infantil: qué es y cómo solucionarla

Trastornos de ansiedad en los niños

La ansiedad infantil es uno de los desórdenes más frecuentes en niños y adolescentes; de hecho, diversos estudios estiman que entre un 9% y 21% de los niños y jóvenes padecen este trastorno.

Este contexto debería servir, no para alarmarnos, sino considerar que se trata de un problema bastante común. Se trata por lo tanto de una problemática frecuente, a la que es posible encontrar solución.

La ansiedad es una respuesta adaptativa que nos pone en alerta ante posibles amenazas; por lo tanto, es una emoción que todas las personas experimentan y que cumple una función, no es mala.

Siempre que se mantenga en niveles normales, hay que considerarlo como algo sano, ya que es un mecanismo de protección.

Sin embargo, cuando un niño presenta una ansiedad elevada y mantenida en el tiempo, es señal de alarma.

Únicamente hablaríamos de ansiedad patológica cuando nos encontramos ante situaciones en las que su intensidad, frecuencia y duración resulten excesivas. También es característica de la ansiedad patológica el mostrarse incluso sin que haya ningún motivo que la desencadene. En estos casos, las consecuencias de este trastorno, tanto fisiológicas como psicológicas, pueden resultar muy nocivas.

Los niños son además especialmente vulnerables a este problema, ya que no disponen aún de los conocimientos y herramientas que les permitan controlar adecuadamente sus impulsos y emociones. Una parte importante del proceso de aprendizaje y maduración pasa por adquirir estas habilidades.

Según van creciendo, los niños van afrontando distintos miedos y aprendiendo a controlarlos. El miedo a la oscuridad, a ir al colegio, a no estar siempre con los padres, son solo algunos ejemplos.

El problema puede darse cuando no aprenden a gestionar esta ansiedad adecuadamente, momento en el que habremos de ayudarles.

¿A qué se debe la ansiedad infantil?

No está claro qué hace exactamente que algunas personas sufran ansiedad y otras no; tradicionalmente se ha creído que se debe a una combinación de factores genéticos y ambientales. En este sentido, sobre los factores genéticos existe poca certeza; tan solo se sabe que los niños con familiares que padecen ansiedad tienen una mayor propensión a sufrir asimismo este trastorno.

Cuestión aparte son los factores ambientales. La ansiedad y el estrés se producen siempre ante una situación de cambio o de amenaza. Cuando se percibe que en el entorno existe algún elemento que puede resultar perjudicial para uno, se desencadena la ansiedad.

Lo curioso, es que esto sucede no solo cuando los cambios son negativos, sino que puede ocurrir incluso cuando dichos cambios suponen una mejora de la situación del afectado.

Esto significa que, de hecho, el mayor desencadenante de la ansiedad es el simple hecho de afrontar un cambio.

En el caso de los niños, este tipo de cambios suelen estar razonablemente acotados. Situaciones como el cambio de colegio, la pérdida de un familiar, o la separación de sus padres, son ejemplos comunes. Es cuando se producen estas situaciones de incertidumbre, a las que el niño no está acostumbrado, que aparece la ansiedad.

Existen otras muchas situaciones comunes que pueden dar lugar a la aparición de la ansiedad, como por ejemplo:

  • Cambio de curso o de clase.
  • Cambio de ciudad o de domicilio.
  • Incremento de las tareas escolares.
  • Separación o pérdida de un amigo.
  • Enfermedad, ya sea propia o de un familiar.
  • Vivencias traumáticas.
  • Estilo educativo en el colegio o en el hogar.

¿Cuáles son los principales síntomas de la ansiedad infantil?

Los comportamientos que puede delatar que nuestro hijo sufre ansiedad son variados. Conviene estar alerta ante estos síntomas, ya que nos pueden poner sobre aviso en caso de que haya algún problema. Así, algunos de los signos más distintivos de la ansiedad infantil son los siguientes:

  • Preocupaciones excesivas, muy continuadas en el tiempo o por muchos motivos distintos.
  • Dolencias físicas, como pérdida de apetito, dolor de cabeza o de estómago, o náuseas y mareos.
  • Hiperactividad e inquietud en las actividades diarias.
  • Problemas para dormir, como insomnio, hiper-somnolencia o pesadillas.
  • Orinarse en la cama, una vez que ya se había superado.
  • Dificultad para concentrarse o para realizar esfuerzos intelectuales.
  • Cambios emocionales o anímicos, como rabietas, llantos, tristeza, agresividad, etc.
  • Evitar ir al colegio o estar con los amigos.
  • Miedo a la separación, dependencia excesiva hacia los padres.
  • Timidez, retraimiento social o tendencia a evitar a la gente.
  • Aparición de múltiples miedos que anteriormente no se tenían.
  • “Infantilización” o vuelta a comportamientos más propios de cuando el niño era más pequeño.
  • Estrés y ansiedad.

¿Qué tipos de ansiedad infantil hay?

Hay que distinguir entre la ansiedad infantil y los trastornos de ansiedad en la infancia. En el primer caso, hablamos de una reacción normal y bastante común en los niños. En el segundo, estaríamos hablando ya de un desorden severo, que requeriría de intervención profesional.

Cuando hablamos de ansiedad infantil en este contexto, es importante comprender su dimensión; al tratarse de un proceso normal y no grave, lo primero es no alarmarse.

Por lo general, bastará con ayudar al niño a reconocer y controlar su ansiedad, lo que generalmente resuelve el problema.

Por ello, cuando un niño tiene ansiedad no suele ser necesario acudir a un psicólogo; esto solo será necesario cuando esta ansiedad resulta excesiva y termina por generar lo que denominamos un trastorno.

Cuando hablamos ya de trastornos de ansiedad propiamente dichos, no diferenciamos aquí entre niños y adultos.

Aunque existen peculiaridades en función de si estos trastornos los padece un niño o una persona mayor, el desorden en sí es esencialmente en mismo.

Esto hace que, en última instancia, los niños puedan padecer los mismos problemas relacionados con la ansiedad que los adultos. Estos trastornos son los siguientes:

Tipos de trastornos de ansiedad en niños

  • Trastorno de ansiedad generalizada. Consiste en una preocupación extrema y constante sobre cualquier aspecto de la vida del niño. Suele tratarse de niños hiper-responsables y excesivamente preocupados. (Leer más)
  • Trastorno de pánico. Los niños que lo padecen sufren ataques repentinos e intensos de pánico. Estos ataques suelen aparecer repentinamente, y puede durar desde unos minutos a varias horas. (Leer más)
  • Trastorno de ansiedad social. En estos casos, los niños muestran temor a las situaciones en las que han de interactuar con otras personas; no se trata de timidez, sino de auténtico pavor a sentirse evaluados o humillados por otros. Además, no se da únicamente cuando interactúan con adultos, sino también con niños de su misma edad. (Leer más)
  • Trastorno obsesivo compulsivo. Al igual que los adultos, muchos niños presentan también compulsiones u obsesiones. En el caso de los menores, estas están habitualmente relacionadas con que algo puede ser nocivo, peligroso o incorrecto. (Leer más)
  • Trastorno de ansiedad por separación. Se da ante el temor que muestra el niño a la hora de separarse de sus padres. Este miedo suele consistir en que pueda sucederles algo malo a los progenitores, o a sentirse solo y desprotegido. (Leer más)
  • Estrés y estrés postraumático. Se da cuando el niño ha vivido algún suceso que le ha impactado de manera severa, ocasionándole un fuerte estrés. A partir de dicho evento, el menor lo revive de manera constante manteniendo activa su ansiedad. (Leer más)
  • Fobias y miedos. Son muy comunes en los niños, y suelen darse ante distintos estímulos. Algunos de los miedos más comunes son a objetos, a la oscuridad, a la soledad, a animales, o a situaciones concretas. (Leer más)

¿Cómo se trata la ansiedad infantil?

Si detectamos que nuestro hijo tiene ansiedad, no debemos alarmarnos y ante todo hemos de saber cómo actuar. No se trata de una problemática compleja y, por lo general, es sencillo ponerle solución.

El primer paso consiste en normalizar la situación y en ayudar al niño a cambiar sus creencias. Hablar abiertamente con él, comprender qué le preocupa y enseñarle a mostrar sus sentimientos es el punto de partida.

Se trata de que el niño no se sienta mal por sentir preocupaciones, que comprenda sus emociones y que empiece a aprender cómo tomar control sobre las mismas.

Aquí es fundamental la labor de los padres, que han de servir de ayuda y actuar como modelos de conducta.

En una segunda etapa se empezará a trabajar sobre la exposición, esto es, confrontar al niño con sus miedos. Esto ha de hacerse de manera gradual, de menos a más. En este proceso ayudaremos al menor a enfrentarse a aquellas situaciones que le generan ansiedad; así aprenderá a gestionar su estrés poco a poco, lo que le permitirá no generar cuadros ansiosos en un futuro.

En la mayoría de los casos, con este enfoque y dedicando tiempo y atención al niño, el problema se soluciona.

Solo en raras ocasiones encontraremos cuadros ansiosos severos, que revisten una mayor complejidad. En estos supuestos, lo mejor es acudir a un psicólogo especialista en terapia infantil.

Este profesional podrá desarrollar una intervención clínica con el niño para tratar el desorden ansioso.

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Ansiedad y depresión

Trastornos de ansiedad en los niños

Muchos niños tienen miedos y preocupaciones, y de vez en cuando se sentirán tristes y desesperanzados. Surgirán miedos intensos en diferentes momentos del desarrollo.

Por ejemplo, los niños pequeños a menudo sienten mucha angustia al separarse de sus padres, aunque estén seguros y al cuidado de otra persona. Cuando los sentimientos de miedo y tristeza son persistentes o extremos podrían deberse a ansiedad o depresión.

Debido a que los síntomas son principalmente pensamientos y sentimientos, se les llama trastornos de internalización.

Ansiedad

Cuando los niños no superan los miedos y las preocupaciones típicos de los niños pequeños, o cuando los miedos y las preocupaciones son tantos que interfieren con las actividades escolares, en la casa o en el juego, puede que se diagnostique un trastorno de ansiedad. Ejemplos de los distintos tipos de trastornos de ansiedad incluyen los siguientes:

  • Sentir miedo al estar separado de los padres (ansiedad de separación).
  • Sentir un miedo extremo acerca de una situación o algo específico, como los perros, insectos o ir al doctor (fobias).
  • Sentir mucho miedo de la escuela o de otros lugares donde haya personas (ansiedad social).
  • Estar muy preocupado por el futuro y acerca de que sucedan cosas malas (ansiedad general).
  • Presentar reiterados episodios de miedo intenso, repentino e inesperado, que se producen con síntomas como palpitaciones del corazón o dificultad para respirar, o sentirse mareado, tembloroso o sudoroso (trastorno de pánico).

La ansiedad puede presentarse en forma de miedo o preocupación, pero también puede hacer que los niños estén irritables y enfadados.

Los síntomas de la ansiedad también pueden incluir problemas para dormir, además de síntomas físicos como fatiga, dolores de cabeza o dolores de estómago.

Algunos niños ansiosos no comunican sus preocupaciones y, por lo tanto, los síntomas pueden pasar desapercibidos.

Las afecciones relacionadas incluyen el trastorno obsesivo-compulsivo y el trastorno por estrés postraumático.

Depresión

Sentirse triste o desesperanzado en algunas ocasiones es parte de la vida de todos los niños.

Sin embargo, algunos niños se sienten tristes o sin interés en las cosas que antes solían disfrutar, o se sienten indefensos o desesperanzados en situaciones en las que podrían hacer algo para cambiarlas. Cuando el niño siente tristeza y desesperanza persistentes, puede que se diagnostique depresión.

Ejemplos de comportamientos que a menudo se observan en niños que están deprimidos incluyen los siguientes:

  • Sentirse triste, desesperanzado o irritable la mayor parte del tiempo.
  • No querer hacer cosas divertidas ni disfrutarlas cuando se hacen.
  • Cambios en los patrones de alimentación: comer mucho más o mucho menos de lo habitual.
  • Cambios en los patrones del sueño: dormir mucho más o mucho menos de lo normal.
  • Cambios en el nivel de energía: sentirse cansado y sin fuerzas o tenso e inquieto la mayor parte del tiempo.
  • Tener dificultad para prestar atención.
  • Sentirse despreciable, inútil o culpable.
  • Comportamientos autodestructivos o querer autolesionarse.

La depresión extrema puede hacer que el niño piense en el suicidio o planee suicidarse. En los jóvenes de 10 a 24 años, el suicidio es la principal causa de muerte.

Algunos niños quizás no hablen acerca de sus pensamientos de desesperanza e indefensión, y es posible que no parezcan estar tristes. La depresión también podría hacer que un niño cause problemas o actúe sin motivación, de manera que los demás quizás no noten que está deprimido o lo cataloguen de manera incorrecta como alborotador o perezoso.

Tratamiento para la ansiedad y la depresión

El primer paso del tratamiento es hablar con un proveedor de atención médica para hacer una evaluación.

La Academia Estadounidense de Siquiatría Infantil y de Adolescentes (AACAP, por sus siglas en inglés) recomienda que los proveedores de atención médica evalúen a los niños en forma rutinaria para detectar problemas de salud mental y del comportamiento.

Algunos de los signos y síntomas de ansiedad o depresión son los mismos que en otras afecciones, como en el trauma. Hay síntomas específicos, como la dificultad para concentrarse, que pueden ser un signo del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Es importante que se haga una evaluación meticulosa para obtener el mejor diagnóstico y tratamiento. La consulta con un proveedor de atención médica puede ayudar a determinar si la medicación debe ser parte del tratamiento. Los profesionales de la salud mental pueden planificar una terapia que sea la mejor para el niño y su familia.

La terapia del comportamiento incluye la terapia infantil, la terapia familiar o una combinación de ambas. La escuela también puede ser incluida en el plan de tratamiento. En el caso de los niños muy pequeños, la participación de los padres en el tratamiento es clave.

La terapia cognitivo-conductual es una forma de terapia que se usa para tratar la ansiedad o la depresión, en particular en niños mayores. Ayuda a que el niño cambie los pensamientos negativos en una forma de pensar más eficaz y positiva, lo cual conduce a un comportamiento más eficaz. La terapia del comportamiento para tratar la ansiedad puede incluir ayudar a los niños a enfrentar y manejar los síntomas de ansiedad, mientras se los expone gradualmente a sus propios miedos a fin de ayudarlos a aprender que no suceden “cosas malas”.

Los tratamientos también pueden incluir varias maneras de ayudar al niño a sentirse menos estresado y a estar más sano, como con alimentos nutritivos, actividad física, suficientes horas de sueño, rutinas predecibles y apoyo social.

Busque ayuda para encontrar tratamiento

Buscador de siquiatras para niños y adolescentesexternal icon, una herramienta de búsqueda de la Academia Estadounidense de Siquiatría Infantil y de Adolescentes (AACAP).

Источник: https://www.cdc.gov/childrensmentalhealth/spanish/anxiety.html

Trastornos de ansiedad

Trastornos de ansiedad en los niños

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Los trastornos de ansiedad causan preocupaciones y miedos exagerados, y también cambios en el comportamiento del niño, así como en sus patrones de sueño, alimentación y/o estado de ánimo. 

¿Cuáles son los tipos de trastornos de ansiedad?

Los niños y los adolescentes pueden tener varios tipos distintos de trastornos de ansiedad, como los siguientes: 

Trastorno de ansiedad generalizada. Este trastorno hace que los niños se preocupen casi cada día por muchas cosas diferentes. A los niños con un trastorno de ansiedad generalizada les preocupan cosas que les preocupan a la mayoría de los niños, como los deberes, los exámenes y cometer errores. 

Pero se preocupan más y más a menudo por este tipo de cosas. Los niños con este trastorno también se preocupan por cosas cuyos padres pueden no considerar que sean motivo de preocupación.

Por ejemplo, les puede preocupar la hora del recreo o la del almuerzo, las fiestas de cumpleaños, quedarse a jugar con sus amigos o el trayecto en autobus hacia su escuela. A los niños con un trastorno de ansiedad generalizada también les puede preocupar la guerra, el clima o el futuro.

Y, en lo que respecta a sus seres queridos, les puede preocupar su seguridad, que enfermen o que se hagan daño. 

Tener este trastorno puede hacer que a los niños les cueste centrarse en la escuela.  Debido al trastorno de ansiedad generalizada casi siempre hay una preocupación en la mente del niño.

El trastorno de ansiedad generalizada también dificulta que los niños se relajen y se diviertan, que coman bien y que concilien el sueño por la noche.

Sus preocupaciones pueden hacer que se encuentren mal, que estén cansados o muy asustados, lo que les puede hacer perder días de clase. 

Muchos niños con este trastorno se guardan sus preocupaciones para sí mismos.  Hay otros que expresan sus preocupaciones a un padre o un profesor. Es posible que les pregunten una y otra vez si algo que les preocupa va a ocurrir.  Pero les cuesta mucho tranquilizarse y encontrarse bien, por mucho que los intenten tranquilizar sus padres. 

Trastorno de ansiedad por separación. Es normal que los bebés y los niños muy pequeños se pongan nerviosos y ansiosos las primeras veces que se separan de sus padres.

Pero, al cabo de muy poco tiempo, se acostumbrarán a quedarse con un abuelo, una persona a cargo de su cuidado o un maestro.

Y se empezarán a encontrar como si estuvieran en casa cuando estén en la guardería o en la escuela. 

Pero, cuando los niños no superan con la edad este miedo a estar separados de sus padres, esto se conoce como trastorno de ansiedad por separación. Incluso cuando se hacen mayores, los niños con este trastorno se ponen muy ansiosos cuando se tienen que separar de sus padres o tienen que salir de casa. Pueden perder muchos días de clase.

Pueden decir que se encuentran demasiado mal o muy alterados para ir a la escuela. Se pueden aferrar a sus padres, llorar o negarse a ir a clase, a fiestas de pijamas, a quedarse a jugar con sus amigos o a hacer otras actividades sin sus padres.  En su casa, pueden tener dificultades para conciliar el sueño o para dormir estando solos.

Pueden evitar estar en una habitación de la casa si saben que su padreo o su madre no está cerca. 

Fobia social (trastorno de ansiedad social). En la fobia social, los niños tienen mucho miedo de lo que puedan pensar o decir los demás. Siempre temen poder hacer o decir algo que les avergüence.  Les preocupa que puedan parecer raros o que puedan decir cosas inadecuadas. No les gusta nada ser el centro de atención.

No quieren que los demás se fijen en ellos, por lo que pueden evitar levantar la mano cuando están en clase. Si el profesor les pregunta en clase, se pueden quedar congelados de lo nerviosos que están y no poder contestar.

A un niño con fobia social, una presentación en clase o una actividad de grupo con compañeros de clase le puede provocar un miedo extremo.  

La fobia social puede hacer que niños o adolescentes eviten ir a la escuela o ver a sus amigos. Se pueden encontrar mal o muy cansados antes de ir a la escuela o mientras están en la escuela.

  También se pueden quejar de sensaciones corporales que acompañan a la ansiedad.  Por ejemplo, pueden notar que se les acelera el corazón o que les falta la respiración. Pueden estar tan nerviosos e inquietos que no pueden estarse quietos.

Pueden notar que la cara se le pone caliente o se les ruboriza. Y se pueden notar inestables o mareados. 

Mutismo selectivo. Esta forma extrema de fobia social hace que los niños estén tan asustados que dejan de hablar. Los niños y los adolescentes con mutismo selectivo pueden hablar. Y hablan cuando están en casa o con sus mejores amigos. Pero se niegan a hablar en la escuela, con otros amigos o en otros lugares donde sienten ese miedo. 

Fobia específica. Es normal que a un niño pequeño le asuste la oscuridad, los monstruos, los animales de gran tamaño o los ruidos fuertes, como los de los truenos o los fuegos artificiales.

La mayoría de las veces, cuando un niño tiene miedo, los adultos lo pueden ayudar a sentirte seguro y tranquilo. Pero una fobia es un miedo más intenso, más extremo y más duradero a una cosa específica. En una fobia, el niño siente terror ante la cosa temida y trata de evitarla.

Si está cerca de lo que teme, se siente aterrado y resulta muy difícil consolarlo y tranquilizarlo. 

Con una fobia específica, los niños pueden tener un miedo extremo a cosas como los animales en general, las arañas, las agujas o las inyecciones, la sangre, vomitar, los truenos, la gente disfrazada o la oscuridad.

Las fobias específicas hacen que los niños eviten ir a lugares donde creen que se pueden encontrar con lo que temen.

Por ejemplo, un niño con fobia a los perros puede no querer ir a la casa de un amigo suyo, un parque o una fiesta porque teme encontrase perros en esos lugares. 

¿Cuáles son los signos y los síntomas de la ansiedad?

Un padre o un maestro puede detectar signos de que un niño o un adolescente está ansioso. Por ejemplo, un niño se puede aferrar a sus padres a la hora de ir a la escuela, llorar y acabar perdiendo clases.

Puede actuar como si estuviera asustado o muy alterado, o negarse a hablar o a hacer cosas. Los niños y los adolescentes con ansiedad también pueden tener síntomas que los demás no pueden ver.

Pueden estar asustados, preocupados o nerviosos. 

La ansiedad también puede afectar a su cuerpo. Se pueden sentir inestables, inquietos, agitados o faltarles la respiración. Pueden notar mariposas (o nervios) en el estómago, tener la cara caliente, las manos húmedas y pegajosas, la boca seca y el corazón acelerado. 

Estos síntomas físicos de ansiedad son la consecuencia de la respuesta de «lucha o huida». Se trata de la respuesta normal del cuerpo ante el peligro. Esta respuesta desencadena la liberación de sustancia químicas naturales en el organismo.

Estas sustancias químicas nos preparan para afrontar un peligro real. Afectan a la frecuencia cardíaca, la respiración, los músculos, los nervios y la digestión. Se trata de una respuesta cuyo objetivo consiste en protegernos del peligro.

  Pero en los trastornos de ansiedad, la respuesta de «lucha o huida» es excesiva. Porque ocurre cuando no hay ningún peligro real. 

¿Cuáles son las causas de los trastornos de ansiedad? 

Hay varias cosas que pueden desempeñar un papel en las reacciones extremas de «lucha o huida» que ocurren en los trastornos de ansiedad. Entre ellas, se incluyen las siguientes: 

La genética. Un niño que tenga un miembro de la familia con un trastorno de ansiedad es más proclive a padecerlo también. Los niños pueden heredar genes que los hacen más proclives a la ansiedad. 

La química cerebral. Los genes ayudan a dirigir la forma de funcionar de las sustancias químicas que hay en el cerebro (llamadas neurotrasmisores). La escasez de ciertas sustancias químicas específicas o que esas sustancias no funcionen bien puede causar ansiedad. 

Las situaciones de la vida. Las situaciones que ocurren en la vida de un niño pueden ser estresantes y difíciles de afrontar. La pérdida, una enfermedad grave, o la muerte de un ser querido, la violencia o los malos tratos pueden hacer que algunos niños se vuelvan ansiosos. 

Conductas aprendidas. Crecer en una familia donde otros parientes tienen miedos y ansiedades también puede «enseñar» a un niño a tener miedo. 

¿Cómo se diagnostican los trastornos de ansiedad? 

Los trastornos de ansiedad solo los puede diagnosticar un terapeuta formado y con experiencia. El terapeuta hablará con usted y con su hijo, les hará preguntas y los escuchará atentamente. El terapeuta le preguntará sobre cuándo la ansiedad y los miedos de su hijo ocurren con más frecuencia. Esto le ayudará a diagnosticar el trastorno de ansiedad específico que tenga su hijo. 

Un niño con síntomas de ansiedad también se debe someter a revisiones médicas con regularidad. Esto ayuda a descartar que otros problemas de salud estén causando los síntomas. 

¿Cómo se tratan los trastornos de ansiedad? 

La mayoría de las veces, los trastornos de ansiedad se tratan con terapia cognitivo-conductual. Este tipo de terapia ayuda a las familias y sus hijos en edad infantil o adolescentes a aprender a gestionar las preocupaciones, los miedos y la ansiedad. 

Este tipo de terapia enseña a los niños que lo que piensan y lo que hacen afectan a cómo se sienten. Los niños aprenden que, cuando evitan lo que temen, solo están reforzando o afianzando sus miedos.  Aprenden que, cuando le plantan cara a un miedo, ese miedo se debilita y acaba por desaparecer. 

En la terapia cognitivo-conductual:

  • Los padres aprenden la mejor forma de responder cuando sus hijos están ansiosos.  Aprenden cómo ayudar a sus hijos a afrontar sus miedos. 
  • Los niños aprenden habilidades y estrategias para poder afrontar sus miedos y preocuparse menos. 

Los terapeutas ayudan a los niños a poner en práctica esas habilidades, y los apoyan y elogian cuando lo intentan. Con el tiempo, los niños aprenden a afrontar sus miedos y a encontrase mejor.

Aprenden a habituarse a situaciones que antes temían. Se sienten orgullosos de lo que han aprendido. Y, sin tantas preocupaciones, se pueden centrar en otras cosas, como la escuela, las actividades y la diversión.

A veces, también se usan medicamentos para ayudar a tratar la ansiedad. 

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo?

Si a su hijo le diagnostican un trastorno de ansiedad, aquí tiene algunas formas de ayudarlo: 

  • Encuentre un terapeuta con formación y experiencia, y lleve a su hijo a todas las visitas de terapia. 
  • Hable a menudo con el terapeuta de su hijo, y pregúntele sobre la mejor forma en que puede ayudar a su hijo. 
  • Ayude a su hijo a afrontar sus miedos. Pregúntele al terapeuta cómo puede ayudar a su hijo a poner en práctica lo que aprende en la terapia en su casa. Elogie a su hijo cuando se esfuerce en afrontar sus miedos y preocupaciones. 
  • Ayúdelo a hablar sobre sus sentimientos.  Escúchelo y hágale saber que lo entiende, lo quiere y lo acepta. El hecho de tener una relación positiva y afectuosa con usted ayudará a su hijo a mejorar en sus puntos fuertes.  
  • Anime a su hijo a avanzar dando pequeños pasos. No permita que su hijo tire la toalla o evite lo que teme. Ayude a su hijo a avanzar dando pequeños y positivos pasos hacia adelante. 
  • Tenga paciencia. Que la terapia funcione y que su hijo se encuentre mejor en un proceso que requiere tiempo. 

Revisado por: D'Arcy Lyness, PhD

Fecha de revisión: octubre de 2018

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/anxiety-disorders-esp.html

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